Chapter Text
— Pero el gemelo bueno, tiene que ser el gemelo bueno — insistió Motoya —. ¡Es el que me gusta a mi Kiyo, el gemelo bueno!
— Pues a mí me parecen los dos iguales — argumentó Kiyoomi, con su cara de asco usual cuando su primo le hablaba del chico que le gustaba —. Horribles, los dos son horribles.
Y es que Sakusa Kiyoomi no podía soportar a ninguno de los dos Miya, sobre todo porque no podía soportar que Atsumu le rondara. Y si Atsumu le rondaba, eso implicaba que el otro Miya le fuera también detrás. Habían nacido juntos y aparentemente no eran siameses de milagro. Luego también estaba Suna Rintaro, que aparecía detrás grabándoles y que era igual de insoportable o más, porque además era imbécil.
Por otro lado, Komori Motoya, desde el primer día de instituto hacía tres meses estaba perdidamente enamorado de Osamu. Le había dado parte de su comida el primer día de Instituto, cuando se había dejado la suya, y la verdad es que cocinaba de maravilla… Bueno, él o su madre, pero no importaba. ¡Había compartido su comida con él! ¡Sin conocerle! Y Atsumu le había comentado que ni siquiera por él hubiera hecho algo así. Aquello era amor a primer bento, así había decidido llamarlo Motoya.
— Técnicamente tu reto dice que tienes que besar a cinco personas — Puntualizó Sakusa mirando el papel en el que ponía su reto. No debía lavarse las manos en toda la semana del reto. Matizaba que ni se podía duchar, sus manos no podían tocar el agua. Y una mierda iba hacer aquello —. No te serviría besar cinco veces al siamés Miya.
La época de retos era siempre una semana de la temporada de lluvias. Retos que solo hacían los de primero ¿Quién había establecido aquellos juegos? No se sabía, pero Sakusa prefería introducirse en los juegos del hambre a aceptar aquel reto de mierda, pensado para putearle y hacerle sufrir. Porque estaba claro que lo habían pensado para él. Y claramente había sido uno de los siameses malignos.
Los retos siempre los ponían algunos seleccionados de primero. La gente de tercer año conocían y profundizaban con sus kohais en aquel primer trimestre, investigando a los más populares que luego elegirían aquellas pruebas para todos sus compañeros. Si tenías suerte, tu reto lo elegía el estudioso simpático que se llevaba bien con algún senpai majo, pero si tenías mala suerte aquel año… Bueno, si tenías mala suerte tu reto lo elegía Miya Atsumu. Carita de ángel sí, pero asqueroso como ningún otro.
— Tampoco creo que fuera capaz de besarle cinco veces seguidas — explicó Motoya, rojo como un tomate y sujetándose las mejillas, que le ardían —. Me gustaría, pero mi corazón no lo soportaría.
Kiyoomi pensaba que aquel “amor” de su primo era puramente físico, porque ni siquiera se dirigían la palabra seguido, pero tampoco se lo iba a comentar. Porque no quería herir la sensibilidad de Toya diciéndole que el que no soportaría aquello sería él, cuando se lo contara histérico y revolcándose por el suelo.
— Tendrás que buscar a alguien más para besar — añadió Kiyoomi, estirándose en la cama de su primo. Tal vez era la única persona en aquel universo en la que confiaba en términos de higiene, porque ni sus padres cumplían sus estándares.
Motoya suspiró al tiempo que asentía decepcionado, pero es que no tenía otra. No se sentía capaz de ponerse delante de Osamu y decirle “oye, ayúdame con mi reto, bésame”, porque cualquier otra persona sería sencillo, pero Osamu no. Se podía poner delante de cualquiera y, con lo sociable que era, conseguir un beso de esa persona fácilmente, pero Miya estaba a otro nivel para él.
— ¿Y si me besas tú? — propuso Komori, subiéndose a la cama y acercándose a su primo. Sakusa por su parte, y aunque no le gustara hacerlo, se bajó al suelo en un instante.
— Komori Motoya, te quiero mucho, pero no pienso besarte. NUNCA —. Dijo aquello con una tranquilidad inaudita, despacio y de la forma más clara que se le ocurría. No era que le molestase la idea de besar a su primo, un beso solo era un beso. Pero aquel sería su primer beso y no quería que fuera algo tan ridículo como un reto o una apuesta. Y menos con su primo. Quería que fuera algo, quizá sino especial por lo menos que no fuera una obligación y que a él le apeteciese.
Eran conscientes que aquellos retos venían de parte del gemelo malo, porque Komi Haruki le había elegido a consciencia.
Si bien normalmente los de tercero eran los que elegían quien ponía los retos, Komi había sido el rey de los retos el año anterior, ganándose el respeto de los de tercero y el honor de poder elegir aquel año.
Komi Haruki entró en primero siendo el mismo gilipollas que había sido desde el día que nació. Aquello le había regalado enemigos de tercero desde el primer día, pero ciertamente le importaba una mierda. Hasta que le pusieron su reto: Debía cagar en una bolsa y mandárselo al director. Cualquiera podría haber pensado, y seguramente si hubiera tenido dos dedos de frente habría sido así, que nunca habría cumplido aquel reto. Total, lo peor que podía pasar si no cumplías el reto era que algún rumor extraño sonase por el por todo el instituto lo que quedaba de año.
Pero para Komi perder no era una opción viable. Aquel tipo de tercero le había intentado poner la zancadilla, pero no tenía ni idea de a qué clase de persona tenía delante. Así pues, cagó en una bolsa de papel que entregó personalmente al director con una sonrisa mientras esperaba su expulsión.
Aquello le había convertido en el rey de los retos para todos.
A pesar de las acciones de Haruki, todos sus amigos se habían visto manchados por sus idioteces iniciales y habían tenido que cumplir sus retos para evitar la humillación pública. Eran retos que excedían la dureza del resto, pero todos habían cumplido, a excepción de dos. A raíz de ello, se esparció el rumor de que Konoha Akinori estaba becado solo porque su madre era la profesora de arte, y lo cierto es que resultó ser verdad. Así mismo, se esparció el rumor de que Shirofuku Yukie era lesbiana. Otra verdad, pero es que ni Konoha ni Shirofuku pensaban en vestirse con el uniforme femenino durante una semana de lluvias ni evitar comer la semana entera respectivamente.
De todas formas, Bokuto Kotaro había comido 100 frankfurts con pan incluido en treinta minutos, provocando que faltara el resto de la semana por indigestión. Washio Tatsuki había estado en el vestuario de chicas mientras estas se cambiaban, solo que había sido más listo de avisar y además vendarse los ojos para no incomodarlas. Por último, Sarukui Yamato debía poner por todo el instituto fotos suyas en ropa interior. Él también había sido más listo, como Washio, y había editado su cara sobre una foto de un chico de Kpop, Wonho de Monsta X, para después colgarla fingiendo ser él.
Dada aquella situación, a los de tercero del año anterior no les había quedado más remedio que admitir que Komi Haruki era un tipo que, aunque gilipollas, tenía muchos huevos. De hecho, todos habían coincidido que nadie era mejor para elegir.
La mala suerte la habían tenido Kiyoomi y Motoya, que habían caído en la lista de Atsumu y este, lejos de ser amable con nadie, había puesto los peores retos de aquel año. Se podría decir que el de Komori era flojo a comparación con otros, pero lo cierto es que aunque no se supiera públicamente, tenía que ver con aquel primer día de clase y una apuesta con su hermano. No que Atsumu se lo fuera a contar a nadie, suficiente había hecho ya.
— ¿Tú crees que va a haber cinco personas dispuestas a besarme? — preguntó Motoya, estirado en su cama como si se hubiera caído del mismo techo que miraba en aquel instante. Lo cierto es que la atención siempre solía llevársela Kiyoomi, a pesar de lo dulce que fuera Komori. Si bien era capaz de convencer a la gente, no quería forzar a nadie y prefería si podía besar a gente interesada. Aunque si lo pensaba, tal vez eso sería algo malo de su parte. Podía llegar a romperle el corazón a alguien.
— Claro que sí, Toya — intentó tranquilizar Sakusa a su primo, posando su mano sobre la de Motoya. No iba a subir a la cama porque se sentía sucio después de tirarse al suelo y no quería ensuciarla, pero sabía por dónde iba el mayor —. Le interesas a mucha gente, solo son menos molestos que la población general y tal vez por eso no se dejan ver.
Sakusa tampoco tenía ni idea de aquello, pero a ver estadísticamente no podría ser de otro modo. Su primo además era un tipo sociable, agradable y que ayudaba a todo el mundo, más bien lo raro sería que nadie se interesase en él.
Pero en parte aquello hacía que Komori sintiera que era mentira, que nunca le iba a interesar a nadie porque era demasiado amable con todo el mundo como para ser algo más que una segunda opción. El chico que se queda con la chica a la que al protagonista no le interesa porque no tiene las tetas tan grandes o alguna chorrada parecida sin sentido. Él no quería ser un segundo plato, él era el protagonista de su vida y quería que el gemelo bueno, Osamu, se muriera de ganas de besarle cinco, seis, siete, ocho y mil veces seguidas.
— ¡Ya sé! — Dijo levantándose de golpe en la cama y sentándose sobre esta, sin soltar la mano de su primo —. Le pediré a algún senpai que me ayude, ellos ya han pasado por esto antes.
Sakusa solo suspiró, esperando que realmente su primo se saliera con la suya. No quería ver a Komori herido por algo como aquello.
— Solo son cinco besos, puedo hacerlo.
