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Medianoche

Summary:

Kazuha está exhausto luego de un largo día. Encontrar a Kunikuzushi esperándolo en la habitación mientras lee un libro, es más que suficiente.

Notes:

Kisspril, día 26: Interrupción

Work Text:

Luego de un largo y exhausto día de clases, Kazuha por fin puede ir a la cama a descansar y recomponer energías para el siguiente día. La semana de exámenes está a la vuelta de la esquina y ahora con un trabajo de medio tiempo en una pequeña y acogedora cafetería ubicada en el centro de la ciudad de Inazuma para costear algunos materiales de su carrera universitaria, Kazuha apenas tiene tiempo para darse un respiro. Aún así, no tiene muchas quejas al respecto y maneja su día a día con la mejor cara: le gusta lo que estudia y el ambiente en la cafetería es tranquilo durante sus turnos de trabajo.

 

Una vez que ya ha podido cenar algo, se asea los dientes en el baño y después se despoja de sus ropas para cambiarse a un cómodo y holgado pijama, para de este modo entrar a su habitación. Kazuha sonríe cansado al ver a su persona favorita sobre la cama, ya acostado, esperándolo mientras está absorto leyendo un libro en completa calma. Avanza con pasos perezosos, soltando un gran bostezo y estirando los brazos para relajar los músculos. Cuando ya está cerca de la cama, él se sienta a la orilla y antes de abrir las sábanas para acostarse, por última vez se estira, esta vez de manera prolongada y luego se masajea la nuca.

 

—¿Tuviste un largo día?

 

—Hm.

 

—¿Qué tal el trabajo?

 

—Perdí la cuenta de cuántos cafés tuve que hacer —una risa cansada brota de los labios de Kazuha, mientras él se coloca bajo las sábanas—, pero fue divertido. La señorita Faruzan como mi jefa es un encanto de persona.

 

—Es bueno escuchar eso.

 

La cabeza de Kazuha se instala cómodamente sobre el hombro de Kunikuzushi. El otro joven no se inmuta, acostumbrado a esta acción cuando Kazuha está demasiado exhausto. Su mirada, adornada por un par de lentes morados oscuros de marcos cuadrados, sigue enfocada en el libro que lee con detenimiento, un recurso de utilidad para la tesis que está escribiendo y lleva desarrollando hace unos cuantos meses para poder titularse de su carrera. Como si fuese un mecanismo que ya ha aprendido gracias a la costumbre, su brazo derecho rodea a Kazuha para proporcionarle mayor comodidad.

 

—¿Sigues leyendo eso? —inquiere Kazuha, un poco adormilado.

 

—Es necesario para mi tesis —responde Kunikuzushi, dando un pequeño resoplido.

 

—¿Cómo vas con eso?

 

—Relativamente bien, si logro acabar este libro dentro de unos días, podré avanzar lo necesario.

 

Kunikuzushi aparta por un momento la mirada de su lectura, para tomar el teléfono móvil que tiene sobre la mesita de noche. Revisa la hora, dándose cuenta que ya es medianoche y le echa una mirada a Kazuha, quien está absorto intentando leer de su libro. Ve que apenas puede mantener los ojos abiertos y los pestañeos se vuelven más prolongados a raíz del cansancio. Incluso cree que ver pequeñas bolsas debajo de los ojos de éste.

 

—Vete a dormir —le ordena Kunikuzushi con voz suave—, estás cansado y mañana tienes el día ocupado.

 

Kazuha emite un pequeño y débil quejido, mientras se acurruca en el muchacho. Kunikuzushi rueda los ojos, suspira y se vuelve a su libro, no sin antes de dejar el teléfono móvil sobre la mesita.

 

—No tengo intenciones de ayudarte a despertar al día siguiente —le advierte ahora—, mucho menos siendo el día que entro a clases más tarde.

 

De pronto, un suave y casto beso en su mejilla rompe el hilo de su concentración, interrumpiendo su lectura y de paso descoloca sus lentes. Kunikuzushi se ruboriza a modo de respuesta y antes de poder decir alguna protesta, sus labios son aprisionados por los de Kazuha. Un quejido que él emite se ve ahogado en medio del lento, pero dulce beso. No pasa mucho tiempo para que terminen tomando un poco de distancia; pese al cansancio, Kazuha sonríe satisfecho y victorioso. Kunikuzushi, por otro lado, le observa irritado y con el rostro enrojecido como un tomate.

 

—Me hacía falta eso el día de hoy.

 

—No era necesario que me interrumpieras la lectura —se queja Kunikuzushi, acomodándose los lentes.

 

—Lo sé, pero me gusta tomarte por sorpresa —dice Kazuha mientras vuelve a acomodarse en el hombro de su novio.

 

El chico no se molesta en responde, sólo coloca los ojos en blanco e intenta buscar el párrafo que estaba leyendo antes de ser interrumpido por esos besos. El silencio vuelve a aparecer, trayendo consigo la calma. Los minutos pasan con rapidez y Kunikuzushi observa por el rabillo del ojo a Kazuha, quien ya duerme plácidamente sobre su hombro.

 

Decide que seguirá con el resto de libro para mañana, así que él cierra el libro dando por finalizado su lectura del día y se quita los lentes para dejarlos sobre la mesita de noche. Luego, Kunikuzushi acomoda a Kazuha a su lado, intentando no irrumpir su sueño, cubriéndolo mejor con las sábanas, después se acomoda él. De pronto, siente como Kazuha lo aprisiona en un abrazo, lo que le hace exhalar un pequeño suspiro. Antes de poder apagar la luz de la lámpara, Kunikuzushi se detiene un momento para contemplarlo durante unos largos minutos: el semblante sereno y calmado adornado con una diminuta sonrisa en el rostro, los suaves ronquidos y su cabello lacio cayendo como cascada sobre la cara.

 

Finalmente la lámpara es apagada, dejando la habitación en completa penumbra. El chico bosteza y luego se acurruca cerca de Kazuha.

 

—Buenas noches, dulces sueños —murmura Kunikuzushi en un hilo de voz, cerrando los ojos para por fin descansar.

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