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Y con el calor y con el frío

Summary:

Ser un esqueleto trae sus ventajas como desventajas, esto lo tenía muy claro Missa desde que se convirtió en uno. Y aunque esto no le importaba mucho, las cosas cambiaron con la llegada de su familia.

* Primera historia siguiendo la dinámica de la Deathduo Week
** Día 1: Invierno/Verano

Notes:

Buenas, estoy participando en una dinámica sobre el Death Duo, y como no soy tan bueno con los dibujos, decidí escribir algo corto.

La historia puede se leída como platónica o romántica, no tengo problemas.

Es mi primera vez publicando algo por aquí, así que espero les guste.

* Primera historia siguiendo la dinámica de la Deathduo Week
** Día 1: Invierno/Verano

Work Text:

El miedo al dolor es un instinto que todos los seres compartimos. Aunque cada especie busca formas distintas de evitarlo. Razón por la que, las personas cuentan relatos y cuentos, advirtiendo al resto sobre posibles peligros y el dolor que estos pueden traer.

Pero desde que Missa se había convertido en esqueleto, esta posibilidad se anuló para él. No es que haya perdido su miedo al peligro, eso siempre esta con él, pero al no tener órganos o piel, tampoco sentía dolor. Una ventaja para muchos al poder hacer lo que uno plazca, sin miedo a salir herido.

Incluso, por un tiempo, Missa lo sintió así, al ver como muchos hablaban sobre lo asombroso que era. Una temporada en la que se sintió afortunado de su condición. Así fue, hasta que consiguió a su familia. A su amado esposo platónico y a sus dos preciosos niños.

No sabía que había hecho para recibir la mejor familia que alguien pudiera desear. Aunque se ausentara durante periodos largos, ellos siempre lo recibían con una sonrisa, celebrando su llegada.

La protección que sus dos pequeños le daban y los momentos que compartían juntos, así el cómo, a pesar de no ser la persona más habilidosa, su esposo lo comprendía y ayudaba. Una situación que nunca había imaginado, pero que no cambiaría por nada.

Y todo iba bien, hasta que llegó el verano.

Se había planeado una fiesta en la playa, donde todos estaban invitados. Llegaron temprano al lugar, buscando una zona donde instalar su sombrilla y tener sus pertenencias.

Estando una vez acomodados, lo primero que quería hacer Missa era construir un castillo de arena junto a los niños, pero se vio interrumpido por Phil, quien detuvo a sus pequeños para colocarles bloqueador.

“Deben de colocarse bloqueador para evitar quemarse la piel” indicó, mientras esparcía la crema por el rostro de los dragones, y le colocaba un sombrero a cada uno.

El esqueleto se quedó mirándolos, sosteniendo su cubeta y pala en cada mano. Había olvidado cuan peligroso era exponerse al sol, y lo dolorosas que eran esas quemaduras si uno era descuidado.

Se sintió mal, por olvidar algo así de importante, pero no pudo centrarse en ello, debido a como sus dos pequeños lo tomaban de cada brazo y lo llevaban a la orilla de la playa.

Así, la construcción de su castillo empezó, Missa colocando cada torre y sus muros, Tallulah con los detalles de las ventanas y algunas figuras de las personas, y Chayanne quien dibujaba los ladrillos.

Pronto, finalizaron su construcción, presentándola al papá cuervo, quien se había quedado recostado bajo la sombra, evitando los rayos del sol. Otros habitantes de la isla también se acercaron para observar su creación, aplaudiéndolos, hasta que una ola los interrumpió, desasiendo su creación.

Los tres gritaron ante la destrucción de su gran construcción, teniendo que resignarse a su ida, empezaron a jugar con el agua, mojando a Phil en el proceso. Sus peleas en el agua los llevaron a ingresar al mar, dejándolos completamente empapados.

El medio día llegó, marcando la hora del almuerzo, lo cual los obligó a salir del mar. Missa observaba como su familia temblaba ante el frio que sentían por dejar el agua, nuevamente esto lo dejó confundido, hasta recordar lo helado que es en realidad el mar.

Después del almuerzo los invitaron a jugar vóley de playa, aceptando la propuesta. Aunque el único que jugó fue Phil, ya que Missa terminó enterrado en la arena por los niños dragón.

Paso la tarde observando el juego desde su lugar en la arena, notando los rostros cansados y sudados de los participantes. Hace un tiempo que no participaba en deportes, por lo que verlos le trajo nostalgia de los tiempos en que jugaba.

Recordar la felicidad que traía una victoria y el sin sabor de una derrota, podía decir que recordaba el cansancio y aquel calor que jugar generaba en el cuerpo, pero lo había olvidado.

Aunque no quisiera admitirlo, ahora esas sensaciones eran alienígenas para él.

Pronto el anochecer llegó, terminando el encuentro y trayendo su desentierro de la arena. Caminaron por un rato por la orilla, observando el horizonte. El cuervo tenía la mano esquelética de su compañero entrelazada entre sus dedos.

“Vamos” habló después de largos minutos de silencio “Regresemos a casa antes que nos agarre el frio de la noche”

Phil, aun tomado de su mano, lo guio donde estaban sus dos pequeños esperándolos. Así, dejaron la playa, regresando a su hogar. Cenaron y se alistaron para dormir. Una vez listos, se acomodaron en el nido, juntándose y abrigando al otro con su propio calor corporal.

“Buenas noches” se despidieron por el día, y la familia cayó dormida, a excepción de la calaca, quien miraba el techo de la habitación, pensando en cómo había sido el día. Y aunque se había divertido mucho junto a su familia y amigos, había un detalle que le molestaba.
En ese momento preciso, se sentía exactamente como se sintió durante todo el día. Ahí fue cuando su condición empezó a molestarlo.

Podía tomar las manos de sus pequeños, guiarlos durante sus aventuras, abrazarlos, mimarlos, pero no podía sentir el calor que estos producían. Y no era solo con ellos, esto también sucedía con su compañero.

No podía compartir esos pequeños momentos, como lo era quemarse por el sol, temblar por lo frío que es el mar, incluso el cansancio que produce el jugar vóley.

Fue entonces, que se dio cuenta que, al no sentir dolor, tampoco podía sentir placer.

Aquel placer que te da el poder sentir el calor de tus seres queridos, poder compartir momentos, saber que se encuentran contigo y que están bien. Una gran molestia inundó su cabeza, así como una gran pena frente a su propia situación.

Dio un gran suspiro, no podía permitirse verse desanimado frente a sus hijos, decidiendo no darle más vueltas al asunto, y dormir. Mañana sería un nuevo día y quería sentirse descansado para poder disfrutar el día que se avecinaba.

Así, este pensamiento no regresó a su cabeza, hasta que el invierno llegó.

La isla se encontraba cubierta por una gran capa de nieve, obligando a todos a utilizar ropa abrigadora, para evitar congelarse.

Esta situación le trajo un nuevo miedo al esqueleto, no podía permitirse que sus pequeños se congelaran y que no lo supiera hasta que fuera muy tarde.

Esto produjo situaciones en las que terminaba abrigándolos de forma exagerada, como si de un tamal se tratara cada que salían de casa. Incluso al estar en casa, no podían quitarse el exceso de ropa, y al estar en el nido, el calor que producía era sofocador.

Esto llevó a que los pequeños hablen con su papá cuervo sobre lo que estaba sucediendo. Phil había pensado que Missa estaba siendo un poco sobreprotector, pero no pensó que esto los llegaría a incomodar.

“Missa” habló, interrumpiendo al mencionado, quien estaba reacomodando las sabanas del nido “¿Te parece si hablamos un momento?” preguntó.

“Claro” contestó dejando las sabanas y sentándose en el nido, Phil se acercó, posicionándose al lado de su compañero, quien jugaba con sus pulgares. Ambos se quedaron en silencio por un momento, hasta que el hombre cuervo empezó.

“Hay una situación que me comentaron los niños” habló “Y amb-”

“¡¿Les pasó algo?!” preguntó alterado “¡¿Están bien?! Dime que están bien”

“No les paso nada” respondió apresurado “Ambos están bien” respuesta que generó un suspiro de alivio en Missa.

“Entonces ¿Qué sucedió?” preguntó.

“Ambos están preocupados por ti”

“¿Por mí?”

“Si” contestó “Has estado comportándote raro desde que empezó el invierno ¿Ha pasado algo?”

Missa se encontraba mirando el suelo, no tenía el valor de mirar su esposo a los ojos y comentarle el miedo tan absurdo que tenía. Pasaron varios minutos en silencio, por lo que Phil tomó las manos de esqueleto de su compañero entre las suyas, atrayendo la mirada del contrario.

“Missa” lo llamó, mirándolo a los ojos, juntando el celeste de sus pupilas con el purpura del contrario “Si hay algún problema, podemos solucionarlo juntos”

Lo miraba con preocupación, y aunque Missa no podía sentir su contacto, saber que lo tenía tomado de las manos, le daba un poco de consuelo. Pequeñas lagrimas se formaron en sus ojos, preocupando más a su acompañante.

“Lo siento por preocuparlos” habló “Es solo que” hizo una pequeña pausa, ahora podía sentir como sus pulmones inexistentes se quedaban sin aire “Yo” se quedó callado.

Como uno podía decir que tenía miedo de despertar un día y encontrar que su familia se había congelado debido a que él no había notado algo tan natural como el cambio de la temperatura.

“Respira conmigo” habló el cuervo ayudando al esqueleto a conseguir aire y calmarse, hicieron ese ejercicio unas cuantas veces, hasta que Missa se sintió más tranquilo “Ahora cuéntame que sucede”

“Como sabes, yo soy un esqueleto” el contrario asintió “Yo solo soy huesos, al carecer de piel, yo no puedo sentir” la mirada de Phil se agrandó de la impresión “No puedo sentir el calor o el frio, no puedo sentir la calidez del sol, de tus manos o la de los niños” lagrimas volvieron a sus ojos “Tengo miedo de que su calidez se valla y yo no me dé cuenta”

Phil lo miraba preocupado, no quería hacerlo sentir así, este se acercó a su rosto, besando sus mejillas donde sus lágrimas se deslizaban.

“Puede que no tengas piel con la cual sentir todo lo que dices” habló mirándolo a los ojos “Pero sé que en tu alma y corazón sientes todo el cariños y calidez que te damos” le sonrió “Así que no tengas miedo, tu siempre vas a tener nuestra calidez contigo”

Aun sosteniendo las manos esqueléticas, las acercó a su pecho, y aunque Missa, sabía que era imposible que sintiera algo, podía jurar que sintió la calidez de las manos de su esposo y el amor que su mirada le transmitía.

Después de ese día, su miedo disminuyó hasta desaparecer junto con la nieve derritiéndose bajo el sol.

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