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Se encontraban de regreso de una aventura, los dos pequeños y su papá cuervo. El día había sido agotador, consiguiendo algunos nuevas plantas, objetos decorativos y materiales que podrían necesitar a futuro.
Guardaron sus cosas en el lugar que corresponde, dejando algunas decoraciones colocadas, finalmente se alistaron para dormir. Los niños se acostaron en sus camas, siendo arropados por su papá, quien, con un beso en la frente, les deseó dulces sueños.
Los pequeños se durmieron, estando abrigados y protegidos del frío de la noche. Su papá, por otro lado, a pesar de estar listo para dormir, no se acostó todavía. En su lugar, se encontraba en el balcón, viendo el movimiento de las olas del mar.
Dichas se movían suavemente, chocando contra la costa y en su reflejo se observaba la imagen de la luna. Notando el reflejo, la mirada del cuervo se dirigió al cielo, donde el astro se alzaba brillante en una luna llena.
Su luz blanca iluminaba la tierra con cariño, a pesar de la frialdad de la noche. Se quedó observándola, notando los detalles de esta, como no es completamente blanca, o la carencia de una superficie lisa. Imperfecciones que solo la convierten en algo único y especial.
Además de solo poder observarla de esa forma cada cierto tiempo, logrando mirar solo pequeños detalles de dicha durante el periodo de espera, que concluye con el momento especial de poder verla en su totalidad.
Este pensamiento le recordaba a alguien especial. Aquel que solo se dejaba ver con hermosos dibujos y detalles, para que tiempo después, se encuentren cara a cara. Un momento especial como la luna llena.
Y bajo la luz del astro, solo podía pedirle que su propia luna llena llegue pronto.
