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Habían pasado varios meses desde que su familia estaba completa. Los niños de la casa estaban emocionados y felices, después de muchas noches, habían podido dormir junto a sus dos papás.
Ahora estaban despiertos, era todavía muy temprano, el sol todavía no se asomaba en su totalidad, mas sus rayos empezaban a aclarar la oscuridad dejada por la noche. Estaban susurrando y riendo viendo como sus papás dormían todavía.
Pasando unos minutos, y de conversar, decidieron levantarse. Ya tenían planeado el como pasar el día. De forma cuidadosa bajaron de la cama, se alistaron y salieron de la habitación, en dirección de la cocina.
Ambos padres se encontraban desparramados en la cama. Pasó un tiempo y por fin los rayos del sol se escabullían por la ventana, iluminando el rostro del papá cuervo, quien movió sus alas para cubrirse del sol. Tal acción lo empujó hacia su acompañante, recostándose en su pecho, buscando seguir durmiendo.
Pasaron pocos minutos hasta que se dio cuenta que algo faltaba. Abrió los ojos rápidamente y se sentó en la cama, notando que sus dos niños no se encontraban ahí. Inspeccionó la habitación, notando la falta de las cosas de los pequeños, esto inmediatamente lo preocupó.
Regresó su mirada a la cama, topándose con su esposo, quien seguía durmiendo de forma placida y despreocupada. Lo miró unos segundos con ternura, en verdad había extrañado verlo, pero ahora tenían otras cosas más importantes. Tomó uno de sus hombros y lo sacudió ligeramente, despertándolo.
“Ay ¿Qué pasa?” habló somnoliento, abriendo sus ojos.
“Buenos días” saludó sonriendo.
“¡Oh! ¡Philza!” contestó feliz “Buenos días ¿Cómo dormiste?”
“Bien bien” rio “¿Y tú?”
“También bien” giró a su lado, como buscando algo “¿Dónde están los niños?”
“Justo por eso te despertaba” contestó “Acabo de despertar y no están”
“A lo mejor están en la cocina, vamos a ver”
Se levantaron de la cama, y estando todavía en pijama, salieron a buscar a sus hijos. Al llegar a la cocina, confirmaron su teoría, viendo como Chayanne estaba cocinando, mientras Tallulah alistaba la mesa.
“Buenos días” saludaron al unísono. La preocupación inicial de Phil desapareció, sus pequeños estaban bien.
“Alístense que ya tenemos el día planeado” habló Tallulah.
“¿Así?” dijo Phil sonriendo “¿Y qué vamos a hacer?”
“Es sorpresa” contestó sonriendo presumida.
“Bueno” interrumpió Missa “Si es sorpresa, nos alistaremos, vamos Phil” invitó sonriendo con dulzura y tomando la mano contraria.
Phil giró a verlo, topándose con su mirada amable y sonriente. Se quedó sin palabras, esto no sucedía todos los días, así que lo tomaba por sorpresa. Asintió con la cabeza, generando unas pequeñas risas burlonas de sus hijos. Los miró queriendo regañarlos con la mirada, pero solo podían notar la felicidad de sus ojos.
Así, se dirigió la pareja de esposos de regreso a su habitación. Se cambiaron el pijama y alistaron sus mochilas. Una vez listos se dirigieron a la cocina, encontrándose con la mesa servida.
Se sentaron cada uno en su lugar, agradeciendo a Chayanne por darse el trabajo de cocinar el desayuno. Sabían que era algo que lo apasionaba a su pequeño guerrero, pero querían hacerle saber lo felices que eran con su comida.
El desayuno inició, conversando entre todos sobre aventuras que habían tenido en el pasado y algunas anécdotas. Había vida en la mesa, que después de mucho tiempo, esta completa.
“¿Debemos parar algo para hoy?” preguntó Phil.
“Nosotros ya preparamos todo papá” contestó Chayanne “No te preocupes”
Phil no podía evitar preocuparse sobre que podrían necesitar, ya que estando en casa tenía todas sus cosas a disposición, pero fuera, las cosas eran distintas. Una vez finalizado el desayuno, se alistaron para salir.
Tallulah llevaba un cesto, que se veía un poco pesado, por lo que Missa se ofreció a llevar. Una vez listos, se dirigieron a este lugar misterioso que los niños habían escogido.
Los dos pequeños señalaban el camino, dejando a sus papás atrás, quienes se limitaban a seguirlos. Phil estaba un poco nervioso, quería volver a tomar la mano de su esposo como había sido en la mañana, pero no sabía cómo preguntar. No quería verse desesperado, pero había sido tanto tiempo el que pasó.
Missa, notó el nerviosismo de su acompañante, sabía que este se llegaba a preocupar demasiado, no lo culpaba debido a lo peligroso que llegaba ser la isla, pero prefería verlo sonriente.
“No te preocupes Phil” habló, tomando su mano “Todo va a salir bien hoy” sonrió.
Ahora Phil se sentía avergonzado, su esposo se había dado cuenta de su nerviosismo. Su rostro estaba sonrojado, pero podía lidiar con ello, consiguió lo que quería, así que valió la pena.
Continuaron con el camino hasta que los pequeños, empezaron a llamarlos, avisando que habían llegado a su destino. El lugar era un campo de flores enorme, había una gran cantidad de flores distintas, se veía como si fuera un gran mar, y al centro había un árbol, que se erguía como si fuera el rey del lugar.
Los dos niños corrieron en dirección del árbol, hundiéndose en el mar de flores. Los dos adultos los siguieron, hasta alcanzarlos. Tallulah tomó la cesta de las manos de Missa, la colocó en el suelo, sacando una manta ancha y esparciéndola en el suelo.
Los niños habían planeado un día de picnic en familia.
Se sentaron sobre la manta, para que Missa fuera jalado por los dos pequeños, pidiendo que juegue con ellos. A lo cual, el mayor accedió, pasando un tiempo jugando hasta que fue hora del almuerzo.
Probaron nuevamente la deliciosa cocina de Chayanne, para nuevamente volver a los juegos. Una vez entrada la tarde y con el cansancio de los pequeños, se quedaron recostados en la manta, disfrutando del sonido del viento empujando a las flores y las hojas del árbol.
Se sentía una gran tranquilidad en el aire, y Phil observaba como es que su familia estaba recostada descansando. De su mochila, sacó su cámara, con cuidado de no despertarlos, les tomó una foto. Esos momentos eran los que más atesoraba en su corazón.
