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Summary:

Es octavo año y Draco ha descubierto recientemente que ama dibujar, pero no cualquier cosa, sino al niño que vivió. Extrañamente no puede dejar de observarlo entre clases y soltar suspiros mientras detalla cada una de sus facciones.

No estaba en sus planes que Harry lo descubriera y mucho menos terminar en un tierno romance con él, pero bueno ¿eso a quién le importa? Después de una guerra uno ya solo quiere dejar de preocuparse, y rendirse al fin a sus profundos sentimientos parece un muy buen primer paso para comenzar a vivir feliz.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Hacía unos meses, al igual que al resto del alumnado, a Draco le había llegado una carta invitándolo a regresar a Hogwarts, después de que se anunciara en El Profeta que por fin había terminado su periodo de reconstrucción. 

Al inicio, no había estado muy seguro de aceptar, aún con el miedo latente en su corazón de que, al regresar, todos sus compañeros lo señalaran como lo que era, un repugnante ex mortífago. Se tomó la libertad de postergar su decisión, dejando ligeramente doblada la carta con la invitación en la mesa de su comedor, consciente pero ignorando que la había puesto a la vista adrede, solo para que al pasar, pudiera sentir la presión de responder la misiva. 

Duró unos cuantos meses más en sopesar sus opciones, al final decidiéndose con que no. No regresaría al castillo. 

Su decisión igual se fue al caño cuando un día, atreviéndose a perturbar la relajante sesión de té que estaba teniendo con su madre, trabajadores del ministerio invadieron la mansión y los desalojaron, mostrándoles una orden donde indicaban que tenían permiso de tomar posesión de esa y sus otras propiedades hasta nuevo aviso. 

¿Qué significaba nuevo aviso? Para él solo era una excusa barata para joderle la existencia a su familia. Aún así, resignados, obedecieron. Su madre lo miró triste, pero tomando la carta del colegio entre sus pálidas manos, lo invitó a reconsiderar su decisión y aceptar, aliviándose un poco de que al menos su hijo sí tuviera una opción de alojamiento en ese periodo en que se quedarían sin hogar. 

Y fue así como Draco Malfoy, recargado en la pared de un callejón oscuro, e iluminado solamente por el lumus que emitía la varita de su madre, reescribió su carta y la envió de vuelta a las oficinas del colegio, esta vez con una respuesta positiva.

Cuando Draco volvió a Hogwarts para el nuevo año, no esperaba que todo luciera tan diferente. Los cuadros, las escaleras y los pasillos seguían allí, pero después de una guerra, ya nada volvía a ser igual. Los primeros días incluso le costó respirar, y cuando pasaba por los pasillos, ciertos flashazos de recuerdos se cruzaban por su mente, haciéndolo sentir como si sus pasos se ralentizaran y sus pies se hundieran entre la dura piedra del suelo, imposibilitándole escapar. 

Él había solicitado a la directora que lo dejara quedarse dos meses antes del inicio formal de las clases, argumentando vergonzosamente que se había quedado sin hogar. La profesora McGonagall no dudó en darle el sí y fueron esos dos duros meses los que le costaron, antes de que el castillo volviera a cobrar vida con la llegada del resto de los estudiantes. 

No eran muchos, lo que extrañamente lo sorprendió. Había escuchado que varios de sus compañeros se mudaron a otros países, que habían cambiado de escuela, tomado un sabático o que incluso habían abandonado los estudios. Lo más loco fue que, contra lo que él pensaba, quien había sufrido más después de la guerra, y quien menos esperaría que regresara, regresó. Harry Potter estaba de vuelta en el castillo y Draco no pudo evitar sentir cierto nerviosismo manifestarse en su estómago al verlo. 

Se veía bien. Harry Potter siempre se había visto bastante bien. Incluso después de la guerra, después de morir y volver a la vida. La última vez que lo había visto, cuando Potter lo sorprendió defendiéndolo en su juicio, ahí también se las había arreglado para lucir bien. Draco no podía entender cómo lo conseguía.

Sea como sea, eso ya no importaba más. Potter estaba bien, lo cual de alguna forma le alegraba, pero hasta ahí. Draco había prometido cambiar ese año, y eso incluía dejar atrás su obsesión con Potter, tal vez así podría controlar sus impulsos y dejar de actuar como el hijo de puta que se había asegurado que todos creyeran que era, porque si se proponía ignorar al chico, al menos así no tendría la tentación de actuar con malicia.

Bueno, pues todo le salió mal.

A ver, que no sabía si considerar mala o buena suerte eso, pero el hecho de que ese año eran pocos los alumnos, de buena forma ayudó a que se consolidara una extraña unión entre casas, considerando que los maestros no querían desgastarse y terminaron juntando a los alumnos de cada año en un solo grupo, obligándolos a tomar clases juntos, incluso si la diferencia en los colores de sus uniformes se veía extraña.

Al inicio estaba reacio a unírseles, conflictuado por tener que convivir con compañeros que aunque conocía de vista, nunca había saludado. Fue tan extraño cuando, contra todo pronóstico, sus compañeros no hicieron más que comportarse amables con él e invitarlo a unírseles. Draco casi llora de alivio cuando notó que les agradaba y que había conseguido muchos nuevos amigos. 

Incluyendo al famoso Harry Potter. 

Y es por eso que decía que todo su plan inicial había salido mal, porque por mas que trataba de ignorarlo, Harry no paraba de sonreírle entre clases, y Draco, bobamente, no podía dejar de suspirar por él.

Oh, y también lo dibujaba. Draco Malfoy había descubierto que en sus tiempos libres (y también entre clases, por qué no) encontraba cierta fascinación en dibujar el perfil de su nuevo amigo, que se sentaba apenas una banca frente a él. 

No iba a mentir, Potter siempre le había parecido un chico atractivo. Muy estúpido, sí, molesto e impulsivo también, pero irritablemente atractivo. 

Aunque no había forma de que Malfoy se lo admitiera en voz alta, esos pensamientos se los guardaría en su pecho. En su pecho y en su libreta, donde tenía ya un repertorio completo de las diversas expresiones que había descubierto que ponía el niño que vivió.

Justo ese día, estaba dibujándolo soñadoramente en el reverso de un pergamino sucio, mientras escuchaba el parloteo del profesor de encantamientos como un zumbido lejano a sus oídos. No podía prestar atención, el gesto de concentración de Harry y la manera casi imperceptible en que había descubierto fruncía el ceño cuando no entendía algo, lo tenía encantado. 

—¡Malfoy! 

Dio un respingo en su lugar y levantó su plateada vista al profesor Flitwick, que lo miraba enojado, bajándose de la pila de libros en que se había montado y dando pasos rápidos hasta su lugar. Las miradas de todos sus compañeros se dirigieron sin pudor hacia su persona. 

—¡¿Qué es tan entretenido que no puede prestar atención a mi clase?!

El profesor quiso tomar el pergamino entre sus manos para examinar su contenido, pero antes de que pudiera lograr su cometido, un brazo se cruzó frente a él y una fuerte y nudosa mano lo tomó primero. 

—Es mío, profesor. Yo le pedí a Draco que me ayudara a corregir mi ensayo de transformaciones. Sé que estuvo mal hacerlo en medio de su clase, pero yo se lo pedí. 

Draco sudó frío. Harry Potter lo estaba defendiendo frente a toda la clase, y entre sus dedos, arrugado, se encontraba el dibujo que llevaba su rostro. Draco quería morirse de la vergüenza y rogó al cielo que el chico no quisiera bajar la mirada y descubrir de qué se trataba. 

El profesor Flitwick bufó enojado, ofendido con la afirmación de Potter, y ejerciendo su autoridad como profesor frente al héroe de la comunidad mágica, se atrevió a replicar. 

—¡Ambos, salgan de mi clase! 

Aún titubeando, Draco se levantó y salió del salón, hundiendo el rostro entre sus propios hombros para ocultar el sonrojo de sus mejillas. Quería salir corriendo, de esa forma al menos, si Harry terminaba viendo su dibujo, el ya no estaría ahí para recibir sus comentarios. 

—¡Espera, olvidaste tu pergamino!

Sus piernas flaquearon pero siguió, ahora solo caminando rápido y dudando a dónde se dirigía. Ni siquiera lo había pensando, solo quería huir. 

La suerte no estaba de su lado, porque la fuerte mano de Harry lo paró en seco al ponerla sobre su hombro. Draco se estremeció cuando sintió el calor que emitía la piel del moreno y cómo la sensación se colaba aún entre la tela de su uniforme. 

—¿Eh? -miró el pergamino extendido entre los dedos del chico, solo consiguiendo enrojecer más- ¡Ah, sí. Gracias! 

Quiso tomarlo, pero al jalarlo el pergamino se rasgó y se rompió en dos. De la impresión, soltó el pedazo que sostenía entre sus dedos y este cayó ondeándose hacia el suelo. Draco se inclinó nervioso, arrodillándose para recogerlo. 

Merlin, que vergüenza estaba pasando. 

La magia se burló de él y creyendo que no podía empeorar más, se sorprendió cuando al levantarse, Harry tomó el pedazo que Draco había recogido y se lo quitó de las manos, sacando su varita y lanzando un reparo sobre la superficie del pergamino. Parpadeó varias veces, sorprendido cuando enfocó la vista en el dibujo que realizó Draco.

—¿Este... este soy yo? 

Era buen momento para que algún alumno pasara y le lanzara una maldición que lo convirtiera en slime, para que al menos tuviera una excusa para no responder. 

Lo escuchó carraspear, y manteniendo la cabeza gacha, miró como Harry se revolvía entre sus pies. Levantó la mirada y se encontró con un muy bonito y sonrojado Harry Potter. Eso solo lo hizo sentir más vergüenza. 

—Ajá

Los fuertes ojos verdes de Harry se clavaron en su rostro, pidiéndole silenciosamente que aclarara más su respuesta. 

—Eres tú, Potter, ¿no es eso evidente? 

Lo escuchó tragar y vio con detalle cómo la manzana de Adán del moreno se movía lentamente en su garganta. 

—¿Por qué? -ahora lucía confundido aunque nervioso, abriendo y cerrando los puños a sus costados- ¿por qué me dibujabas en clase? 

Dioses, ¿no era evidente la razón?, ¿por qué se esmeraba tanto en avergonzarlo? Vio la oportunidad de desviar la conversación a otro sentido, lejos de sus evidentes y profundos sentimientos, confiando en que Harry sería lo suficientemente despistado para no notarlo. 

—No es tan complicado como crees. En realidad me gusta dibujar mucho, así que cuando me aburro, dibujo lo primero que veo.

Pero no contaba con que Harry de hecho era bastante listo. Este arqueó una ceja, recobrando su habitual picardía y sonriéndole ladino. 

—¿Así que estabas viéndome? 

—¡¿Qué?! -sus piernas volvieron a temblar cuando Harry se acercó a pasos lentos hacia su cuerpo- sí, pero... ¡no siempre te dibujo a ti! 

—¿No siempre? -asintió comprendiendo, aún con tinte burlón- ¿eso significa que me has dibujado antes? 

—¡No! ¡Cállate! 

Potter se carcajeó en sus narices, cubriéndose la boca con su palma y doblándose levemente sobre su estómago, pronto recomponiéndose y mirándolo con una gran sonrisa provocativa.

¡¿Quién se creía para burlarse de él?! Estaba siendo tan fastidioso de nuevo que quería golpearlo. Harry Potter y su maldita sonrisa coqueta. 

—¡¿De qué te ríes?! 

—¡Merlin, eres...! -con la misma mano que había cubierto su sonrisa, tomó un mechón del cabello levemente largo de Draco y lo acarició, antes de pasarlo detrás de su oreja. Parecía que iba a soltar algo grande, pero al final sus labios dudaron y disminuyendo considerablemente su sonrisa, terminó su frase- gracioso. 

Eso solo lo hizo enfurecer. 

—¡No es verdad! -se acercó al rostro de Harry para gritarle- ¡ya no te burles, ¿bien?!

El moreno pestañeó lentamente tres veces, su sonrisa creció cuando reparó en la poca distancia que lo separaba de Draco. 

—Perdón -levantó sus manos con inocencia- creo que usé mal mis palabras. En realidad quería decir lindo. 

Draco se separó de él al menos un metro, casi sintiendo como si la respiración de Harry en sus mejillas le quemara. Tomó una fuerte inhalación. 

—Eso tampoco es verdad...

—¿Huh? ¿Y por qué no? 

El cuello y las orejas pálidos se le enrojecieron más de ser posible. Siempre que tenía una conversación con ese estúpido chico, terminaba así. 

—¡Pues porque no tiene sentido y ya! -lucía ofendido- a parte es vergonzoso que lo digas...

—¿Y eso por qué? -ladeaba la cabeza con aparente confusión, y Draco pudo habérselo creído si Harry no le estuviera sonriendo con burla- 

—¿Podrías callarte? De verdad no estoy dispuesto a tener esta ridícula conversación contigo -se giró queriendo dar por finalizado el encuentro, pero de nuevo, el tonto de ojos verdes encantadores que tanto le gustaban, lo tomó del hombro- ¡suéltame!

—¿Me regalas el dibujo? 

¿El dibujo? ¡Al carajo el dibujo! Ni siquiera se acordaba de su existencia.

—¡Quédatelo, me da igual!

—¿No afectará eso tu colección de dibujos míos? -hizo un puchero y Draco tuvo el impulso de golpearlo justo ahí. O besarlo, lo que su mente decidiera hacer primero- 

—¿Y quién dijo que tengo una colección tuya? 

—Tú dijiste que me habías dibujado antes... ¿no la tienes? -lo soltó- vaya, ahora me siento decepcionado. 

Draco se talló el hombro donde Harry lo había tocado, para intentar disipar la sensación de escalofríos.

—Potter, que seamos amigos no quiere decir que te idolatre como el resto del mundo mágico. Ahora, solo déjame. 

Se volvió a girar para escapar, pero esta vez Harry no lo detuvo. 

 

_____

 

—Es una estupidez que trataras de negárselo -dijo Padma mientras mordía la mitad de una uva- todo el grado sabe que suspiras de amor por Potter. 

—¡No se lo negué! -exclamó ofendiéndose- solo omití decirle la verdadera razón por la que lo dibujo.

—Exacto, lo cual es igual de estúpido que el que Potter no se haya dado cuenta por sí solo -negó con cansancio- enserio que ambos me tienen agotada. Siempre con lo mismo. 

Draco la miró con confusión, inclinándose en el sillón para acercarse más a ella y hablarle. 

—¿Qué quieres decir?, ¿él te ha dicho algo? 

La chica hizo una mueca cuando se dio cuenta de que tal vez había soltado información de más y que ahora, el curioso de su amigo no se iría hasta saciarse con sus respuestas. 

—No me corresponde a mí decirlo, pero sólo se les tiene que prestar atención por un rato a ambos para darse cuenta de que están compitiendo constantemente por quien suspira más por el otro. 

Él frunció el ceño y se regresó a su lugar en el sillón, ahora con los brazos cruzados en protesta. 

—No es verdad

—Entre los suspiros y lo ciegos que son, enserio no sé quién va ganando. 

En eso Finnigan entró a la habitación y se desparramó entre ambos, con una sonrisa cansada. 

—¿De qué hablan, chicos? 

—Que Draco no quiere aceptar que Harry gusta de él. 

Ahora el chico carcajeó. 

—¡Tienes que estar bromeando! Vengo de hablar con Harry y... -se cubrió la boca con ambas manos en travesura- solo diré que no tienes que preocuparte demasiado, Harry está igual de loco por ti que tú por él. 

La respiración de Draco comenzó a fallar. Merlin, si Finnigan hablaba con la verdad entonces eso significaba que... no podía ser, ¿cierto? Él llevaba deseándolo por tantos años y ahora por fin... ¿Harry de verdad, de verdad, de verdaaaaad gustaba de él? 

—¿Lo juras? 

Draco lo miró suavemente bajo sus pestañas, haciendo brillar sus orbes en esperanza. Seamus carraspeó un poco sonrojado cuando lo notó, recomponiéndose rápidamente en su asiento y acomodándose la corbata. 

—Claro que sí, compañero

Le extendió la mano y Draco se le estrechó, haciéndolo temblar levemente. Soltó la mano del rubio y escondió la suya en su bolsillo, aún levemente incómodo. 

Malfoy se levantó del sillón con una sonrisa, meneando su mano izquierda levemente en el aire al despedirse de sus amigos, caminando a la salida del área común. Cuando ya había desaparecido, Seamus volvió a respirar. 

—Merlin, ese chico es tan lindo -respiró pausadamente- si no supiera que Harry lo quiere para él, no dudaría en tratar de conquistarlo. 

Padma solo rodó los ojos y se terminó la última uva de su racimo, sonriendo con ligereza a la reacción de su amigo. 

—Como si Draco tuviera ojos para alguien más. 


________

 

Harry había estado nervioso desde la tarde anterior, después de su encuentro con Malfoy no había podido parar de pensar en él, y aunque eso no era novedad desde hace un tiempo, el dibujo que reposaba en su mano era una prueba tangible de esperanza que se negaba a soltar. 

Eran amigos, pero casi no hablaban, era difícil hacerlo cuando al hablarle, lo único que podía pensar era en lo lindo que se veía, lo mucho que deseaba acariciar su bonito cabello, y en cómo su cuerpo batallaba por no lanzársele encima y plantarle un buen beso en esos lindos labios rosados que poseía, y que no dejaba de fruncir tiernamente cuando se quejaba.

Era tan bonito y quería adularlo en voz alta, frente a él, y susurrarle lo mucho que le gustaba. 

Ya se había atrevido a llamarlo lindo, haciendo uso de su valentía Gryffindor, que para ser honesto le fallaba mucho cuando estaba alrededor del rubio. El único problema es que Draco no le había creído. ¿Por qué no lo había hecho? Para Harry era sorprendente que tratándose de alguien tan hermoso y vanidoso como Malfoy, este se avergonzara y negara su belleza. 

Bueno, igual eso no importaba mucho por ahora, pues ya tendría tiempo de hacérselo saber, con más calma, cuando fueran novios y estuvieran solos, y pudiera tomar su mano, jugar con ella y describirle al oído todos y cada uno de los detalles que Harry admiraba encantado de él. 

Se sentía asquerosomente cursi y a veces odiaba sentirse así, ¡pero por todos los grandiosos magos de la historia! ¡Entiéndanlo, era Draco Malfoy!, había estado enamorado de él por dos años consecutivos y no había tenido una oportunidad antes para desearlo o mirarlo con fervor, siempre discutiendo con él y preocupándose por el futuro del mundo. 

Ahora era diferente, Malfoy era su amigo. Y si el mundo no volvía a escupirle en la cara, como había estado haciendo durante todos esos años, esperaba que ahora sí pudiera ser feliz por primera vez y lograr hacer de Draco su novio.

Volvió su vista al pergamino entre sus manos, alisándolo con ternura por décima vez consecutiva en el día. Estaba encantado por haber descubierto esa nueva faceta del chico, y más aún cuando esta lo incluía a él. 

En el dibujo, Harry observó que se veía extrañamente atractivo. Al inicio le costó creer que fuera él, pero luego los detalles tan específicos como la cicatriz en su frente y su cabello desordenado, saltaron a la vista. ¿Así se veía a ojos de Malfoy? Porque de ser así, entonces permítanle ilusionarse, pero ese hombre parecía tan perdido por sus ojos como él. 

Se permitió imaginar si habrían más de dónde provino ese dibujo. Cerró sus ojos y sonrió, queriendo creer que sí. 

La puerta del aula de transformaciones rechinó aunque fue abierta con fineza, indicando que alguien había ingresado. A Harry no le faltó voltear a ver para saber de quién se trataba. Se reacomodó en su asiento con nerviosismo, ansioso por ver al alumno cuando se cruzara en su línea visual. 

—¿Qué haces en mi lugar, Potter? 

Harry apretó sus labios en una fuerte línea para tratar de contener su sonrisa. 

—¡Hola! -lo saludó entusiasmado- ¡creí que podíamos sentarnos juntos esta vez! 

Draco lo miró confundido y Harry como que tuvo la intención de inclinarse y besar entre sus cejas fruncidas. 

Después de mucha vacilación, el chico terminó aceptando con un leve asentimiento y tomó la silla a lado de Harry. Estaba de sobra indicar que este se puso de lo más feliz por la compañía.

—¿Qué hiciste ayer después de nuestra conversación? -las mejillas de Harry temblaron de emoción al hablar- 

Malfoy hundió más su ceño en confusión cuando lo escuchó. ¿Estaba bien o por qué parecía que le habían lanzado un encantamiento regocijante? 

—¿Por qué te contaría toda mi vida, Potter? -arqueó una ceja- no creo que te interese lo que haya hecho después de nuestro encuentro. 

Encuentro. Harry encontró cierta emoción y vergüenza en esa nueva palabra, pero no supo por qué, solo que se escuchaba bien. 

—Me gustó el dibujo, es bastante genial. 

—Claro que lo es, lo he hecho yo. 

Harry rió bajito y lo miró con ojos brillantes. 

—Tienes razón, es así porque lo hiciste tú. Ni de lejos yo podría lucir tan increíble como me haces parecer aquí.

Draco estrechó los ojos y cruzó sus brazos, mirándolo indignado. 

—Yo solo dibujo lo que veo

—¿Entonces eso significa que soy así de guapo para ti?

Extendió el dibujo para que ambos pudieran verlo y el otro chico se inclinó, casi recostando su cabeza sobre el hombro de Harry para ver mejor, pero no dándole tiempo para disfrutarlo cuando volvió a erguirse en su lugar. 

—Ya veo, sí. Lamento decepcionarte pero creo que a este le hice algunos retoques. 

Harry rió escandaloso al escucharlo, echando la cabeza levemente atrás y recostándola en el respaldo de su silla. 

—¡Vaya! Entonces creo que lo mandaré a enmarcar para que lo usen en mi funeral, así todos me recordarán como el valiente y muy atractivo chico del dibujo. 

Draco reviró los ojos, repentinamente disgustado por el comentario. 

—No digas tonterías, Potter. Aquí no habrá ningún funeral. 

—Sí, pero cuando lo haya, definitivamente quiero que me recuerden luciendo así de bien -señaló otra vez el dibujo, delineando el contorno con su dedo índice y acariciándolo en el proceso- eres realmente talentoso, Draco. 

El mencionado se sonrojó furiosamente, pero evadió su mirada, enfocándose estrictamente en la nueva profesora que había entrado a impartirles clase. Todos callaron y prestaron atención las siguientes dos horas de su lección. O al menos eso intentaron, pues los dos tontos de Gryffindor y Slytherin traían la cabeza en las nubes y no pudieron entender nada de lo que articulaba la profesora.

_______

 

Hermione suspiró cansinamente cuando Harry volvió a abrazar el dibujo con aire anhelante. 

—Solo ve y dile que te gusta, está más que claro que es mutuo.

—No lo entiendes, Hermione -se recostó a lo largo del sillón, inflando sus mejillas en el proceso y luego desinflándolas con aire desalentador- no me quiero ilusionar con él y luego terminar cagándola, no ahora que por fin tenemos una amistad sólida. 

Ginny, que se encontraba comiendo unas golosinas frente a ellos, intervino enojada. 

—¡Harry James Potter, que no se te ocurra! -le gritó mientras masticaba un caramelo de fresa- ¡terminaste conmigo porque descubriste que estabas enamorado de Malfoy, así que haz que al menos haya valido la pena! 

Se encogió en su lugar al sentirse regañado, cubriendo el dibujo entre sus brazos a modo de protección, pues nunca se sabía qué esperar de Ginny enojada. Bajó sus piernas del sillón y se irguió bien para sentarse, apenas dándole una mirada avergonzada a su ex, que todavía lo veía en reprimenda. 

—¡Te hizo un dibujo, qué más quieres! Leí por ahí que los artistas suelen demostrar su amor dibujando a su enamorado, ¡así que mínimo siente atracción por ti o te considera su musa!

Musa. Nunca se le había cruzado por la mente que podría ser la musa de alguien. Sintió hormiguear su piel de solo pensarlo. 

—¿De verdad lo creen? Aún me cuesta asimilar que lo haya sorprendido dibujándome, pero... de eso a que corresponda mis sentimientos... creo que aún está bastante lejos. 

—¡Por favor cállate! -gritaron ambas señoritas, hastiadas de escucharlo dudar-

Ron, que había estado jugando una nueva partida de su recién descubierto juego muggle, solitario; tiró las cartas de su mesa, enojado, girándose a Harry y mirándolo con una dureza con la que no lo había visto nunca. 

—¡Seis meses! -levantó los brazos teatralmente- ¡llevamos seis meses conviviendo en el mismo salón con Malfoy desde que regresamos este año!, ¡¿y sabes qué es lo único de lo que estoy seguro todos los días al salir de clases?! -lo señaló con su fuerte dedo índice, casi perforándole la frente, incluso si los separaban unos cómodos tres metros- ¡de que se mueren de amor por el otro!

Se levantó encolerizado de su asiento y llegó a zancadas hasta el costado de su amigo, aún señalándolo con el dedo. 

—¡Así que vas a ir, te vas a confesar a Malfoy y vas a regresar a esta sala a darnos la buena noticia! -tomó de los hombros y levantó con ligereza al desconcertado Harry- ¡o si no, comenzaré a creer que nos has engañado todo este tiempo y que esos anteojos que llevas son de juguete!

Al menos media sala coincidió con lo dicho por Weasley, soltando varios comentarios de apoyo, logrando abrumar más a Harry. 

—¡Bien! -se rindió al fin- pero si sale mal te echaré la culpa -declaró, regresándole los pinchazos en el pecho a su amigo-

Al terminar, todos los ahí presentes lo miraban en silencio, sin pestañear y expectantes a su siguiente movimiento.

—¡¿Qué?! -levantó sus brazos en cansancio- ¿no esperarán que lo haga ahora mismo, o sí? ¡Debo prepararme mentalmente!

Saltó del sillón y se paró con rostro de escándalo. Todos los ojos lo volvieron a seguir con una coordinación milimétrica. 

Harry se tensó y más aún cuando Parkinson se apareció de improvisto, sorprendiéndolo por la espalda, tomándolo con fuerza y apresándole las manos mientras le susurraba aterradoramente al oído. 

—Irás ahora, Potter -su voz contra su oído lo erizó- no permitiré que dejes a mi amigo esperando más por ti.

Harry asintió lentamente, casi no queriendo moverse, para no chocar con la nariz de Pansy que se clavaba en su mejilla. Se avergonzó al notar que todos sus amigos parecían muy en la tarea de hacerlo confesarse, como si ya lo supieran todo y estuvieran hartos de esperar. 

Pensó que iba a ser soltado, pero la chica pelinegra no lo hizo, en cambio lo escoltó a la salida de la sala, como queriendo asegurarse de que no se le escapara. Como si tuviera bien sabido que no era la primera vez que la situación ocurría y que trataba de huir a último momento. 

Cuando vio que se dirigían al pasillo que llevaba al jardín, no le quedó de otra más que inhalar y exhalar pesadamente para tratar de tranquilizarse. Estaba sumamente nervioso, pero agarró valor y marchó junto a Pansy, repitiéndose mentalmente que era Harry Potter, y que si había logrado vencer al mayor mago oscuro de los últimos tiempos, confesarle su amor a Draco Malfoy no sería tan difícil. 

Aunque cuando cierta cabellera rubia apareció en su línea de visión, ya no estuvo tan seguro de su valentía. 


_______

 

Cuando Harry fue empujado por la chica en dirección el árbol donde se apoyaba Draco, soltó un quejido y trastabilló para no caerse, maldiciendo por la bajo a Parkinson por ser tan bestia y casi avergonzarlo antes de su confesión. Ella lo ignoró y corrió, dejándolo a la deriva y atinando a esconderse detrás de un arbusto, para mirarlo todo desde primer plano. 

Harry regresó su mirada a Draco, que aún yacía recostado pasivamente contra el fuerte tronco, y soltando un fuerte suspiro, se acercó a él, escondiendo sus manos en sus bolsillos para calmar su temblor. 

Al metro de distancia lo escuchó parlotear y canturrear al aire, aquello desconcertándolo y llevándolo a ocultarse detrás del tronco, para no interrumpir el tren de pensamientos que parecía estar teniendo el chico.

Al no verlo actuar, Pansy le hizo grandes señas de protesta desde el arbusto. Harry viró los ojos y movió los labios en mímica para indicarle que se calmara, que lo tenía bajo control. Se asomó levemente y espió con curiosidad a Draco, todavía debatiéndose si entrar o no a escena. 

—¡Es un tonto, jamás se lo diría! -hablaba entre risas- solo le subiría el ego y ya lo tiene bastante alto con ese título de "salvador del mundo mágico" -hizo comillas con sus dedos y se burló de sus palabras con voz chistosa- a parte dudo que él se sienta igual respecto a mí...

El corazón de Harry bombeó desenfrenado al escucharlo hablar, estirando sus dedos dentro de sus bolsillos cuando trató de disipar el hormigueo nervioso que lo recorrió. Draco estaba hablando de él y eso solo le estaba dando más seguridad para confesarse. 

—No, ¿qué dices, Flori? -jugueteaba en el aire con su mano libre, sonriendo, para después enfocarse en dibujar con su otra mano sobre la libreta que reposaba en su regazo- yo creo que está quedando bastante bien. 

“¿Con quién rayos habla?“

Frunció el ceño confundido, y guiado por la curiosidad, Harry se inclinó un poco más desde el borde del tronco, entonces viéndolo. Draco no estaba hablando solo, una bonita hada merodeaba alrededor de su cabeza, susurrándole cosas al oído y riéndose con él mientras conversaban. 

Entonces, como era un tonto carente de discreción, la diminuta criatura lo notó, y gritando como un chillido, alertó a Draco de su presencia. Este se giró y clavó sus grises irises en él, al inicio con confusión, pronto cambiando a terror cuando notó que probablemente Harry lo había oído todo.

—¡¿Qué haces aquí?! -su rostro pasó de pálido a rosado en un instante, descomponiéndose en fingido enojo al tratar de ocultar su vergüenza- ¡es de mala educación espiar conversaciones ajenas, ¿lo sabías?! 

Si la poca seguridad que había adquirido hacia unos minutos había servido de algo, esta se esfumó con el viento cuando Draco le gritó, jalándolo del antebrazo y sacándolo de su escondite. El plan de confesión inicial estaba completamente arruinado y Harry se mordió el labio inferior al esforzarse en pensar cómo rescatar la situación. 

Desvió la mirada unos centímetros y se encontró con la hadita zumbando junto a la sien de Draco, la criatura aprovechando que la veía para sacarle la lengua amenazadoramente. Quiso reírse por lo cómico de la situación, recordando que con Draco las cosas nunca habían sido fáciles y esta no sería la excepción. 

—Perdóname, no sabía que tenías compañía -dijo inclinando la cabeza para señalar al hada- pero me urge hablar contigo. 

Eso debió interesarlo, porque un brillo de curiosidad eclipsó sus ojos y Draco le dedicó su profunda atención. 

—¿Hablar sobre qué? -cruzó sus manos sobre su regazo y cerró su libreta en un movimiento rápido pero delicado- ¿qué puede ser tan importante? 

Harry resopló entrecortado y sacó las manos de sus bolsillos, sacudiéndolas y balanceándose sobre las puntas de sus pies en un gesto nervioso. Bien, era ahora o nunca.

Lo miró de reojo, pidiéndole un permiso silencioso para sentarse junto a él en el pasto. Draco se lo concedió con un movimiento de cabeza.

—Nosotros... bueno, nos conocemos desde hace casi ocho años, ¿cierto?

"Ok. Mal comienzo. Pésimo de hecho. ¡Eso no fue lo que practicamos Harry!" Se golpeó mentalmente por su deprimente manera de abrir el discurso. Draco lo miró juzgador de arriba a abajo, sonriéndole sardónico. 

—¡Vaya Potter, así que sabes contar! -se burló junto a su amiga el hada, que ahora revoloteaba sobre la cabeza de Harry, buscando molestarlo- ¿qué más sabes hacer?  -preguntó con fingido interés, sus grises irises brillando en malicia- 

Harry descompuso su rostro, sintiendo que el vacío de su estómago, ocasionado por los nervios, se hacía más grande por la burla del rubio. Tomó una bocanada de aire antes de continuar.

—Te sorprendería todo lo que puedo hacer, Malfoy -aún nervioso, se las arregló para acortar el espacio entre su rostro y el contrario- 

El hada como siempre, metiche, chilló encantada por la escena. Harry tuvo el impulso de levantar su mano y golpearla para que saliera despedida por los aires. Se contuvo. 

A Draco le tomó unos segundos reaccionar por el espacio, y luego alargó su cuello hacia atrás, miedoso, y buscado poner distancia entre sus rostros. 

—Habla bien, Potter, no estoy para juegos. 

Un silencio, y después el moreno volvió a tomar la palabra. 

—Cuando te veo, algo se remueve dentro de mi. 

Harto por el juego, Draco suspiró cansado.

—¿Odio? Sé directo con lo que buscas decir Potter, que soltar frases al azar no te está funcionando... 

—¡Lo estoy intentando! -chilló- ¡¿por qué siempre es tan difícil hablar contigo?! -jaló su cabello con frustración- 

—¿Disculpa? -Draco se removió en su lugar, ofendido e incómodo- yo no soy quien... 

—¡Ya!, ¡no hables!, ¡estoy pensando! -levantó su índice para ordenarle que se callara- 

—¡A mi no me calla nadie, cállate tú! 

—¡Déjame ordenar mis pensamientos! 

Draco rió. 

—¡Eso es lo que se suele hacer antes de pedirle hablar a alguien! -y con la misma se levantó de su lugar- búscame cuando tengas claro lo que quieras decir y no me hagas perder el tiempo. 

Harry no lo dejó escapar y tomó su brazo. Draco tembló de frustración cuando se preguntó cuántas veces no llevaba ya Harry usando el mismo método para evitarle que huyera.

—¡Bien, al diablo el discurso, de todos modos ya se me olvidó! -se levantó también del pasto y se puso a la altura de Draco, buscando hablarle a los ojos- ¡me gustas! 

Así, sin titubeos. Directo. Al corazón. Vamos. 

Un gran peso se liberó de los hombros de Harry y se felicitó mentalmente por al fin haberse confesado. 

Draco titubeaba, con los ojos abiertos en lo más grande y procesando con extrema lentitud lo que había escuchado. 

¿Harry Potter gustaba de él?

—¿Qué? 

—¡Que me gustas!

La felicidad de Harry era inmensurable y le sonreía en grande a Draco mientras lo tomaba por los hombros y lo sacudía. 

Sintiéndose sobrecogido e incapaz de emitir palabra alguna, Draco Malfoy le respondió enroscándole los dedos en la corbata, jalándola y atrayéndole el rostro a sus labios. Harry soltó un gemido sorprendido cuando su cerebro registró lo que estaba pasando. 

El beso duró como tres segundos, o quién sabe, nadie estaba contando realmente. 

Cuando se separaron, sus frentes quedaron unidas y se miraron a los ojos con anhelo, ni siquiera prestando atención a los chillidos y al polvo dorado que tiraba el hada para celebrar. Se sonrieron bobamente y Draco enterró su rostro en la curvatura del cuello de Harry, buscando ocultarse por la pena. 

—También me gustas...

Harry tembló levemente y después lo rodeó por la cintura, hundiendo la nariz en el cabello de Draco y fundiéndolos en un apretado abrazo.

—Me alegro de escuchar eso

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De ser posible, después de eso todo mejoró. Aunque al principio decidieron mantener su relación en secreto, nadie sabe por qué, no duraron mucho de esa forma; sus perspicaces amigas Hermione y Pansy los descubrieron en la movida y no dudaron ni por un segundo en ir a hacer el gran anuncio al comedor. Alumnos de todos los años y casas celebraron haciendo tambores de las mesas, y la directora McGonagall levantó su copa con una sonrisa para desearles buena suerte en su relación. 

A las pocas semanas de estar juntos, Draco descubrió que Harry era un encimoso de primera y que no podía mantener sus manos quietas, lo que lo llevó a regañarlo en repetidas ocasiones y amenazarlo para que se calmara. Harry obedeció cuando estaban en público, pero no lo libró cuando estaban a solas, lo que llevó a Draco a acostumbrarse de su intensidad y pagarle con la misma moneda, siendo igual de mano suelta y manoseándolo a puerta cerrada. 

Lo que sí le costó en realidad fue acostumbrarse a las demostraciones de cariño. ¿Quién diría que el niño gay que vivió sería tan afectuoso y mimoso como un dulce gatito? No le sorprendería que fuera su animal espiritual. Draco le daba su dosis de cariño diario cuando lo dejaba recostarse en su hombro y le daba palmadas en la cabeza, obteniendo que Harry soltara pequeños ronroneos del gusto. 

Su novio era un maldito gato. Esperaba que no fuera un mal augurio que él fuera alérgico. 

Así terminaron su octavo año en el colegio de Hogwarts, subiéndose al mismo vagón juntos y despidiéndose en King's Cross al llegar. Su madre, Narcissa Malfoy, lució encantada cuando Draco se lo presentó como su novio, exigiéndole de inmediato una visita para tomar el té juntos. 

La matriarca de los Malfoy y Harry Potter, se hicieron grandes amigos. A Draco le dio un gusto enorme y se les unió en la sesión de té. 

Inevitablemente, su madre sacó a colación el tema del ministerio y lo desgraciados que se habían portado con su familia al quitarles sus propiedades. Harry miró a Draco, perplejo, y pidió más detalles, enojado porque su novio no le había comentado antes la situación. 

Aunque ambos Malfoy quisieron evitarlo, Harry exigió que lo dejaran ayudarlos, ofreciéndoles varias alternativas. 

Al final de la tarde, Harry recordó la existencia de Grimmauld Place, ancestral hogar de la familia Black, y encantado al descubrir que su suegra pertenecía a la familia, no dudó ni un segundo en ofrecerles la casa a ambos, comentándoles que aunque le guardaba mucho cariño a la propiedad porque su padrino Sirius se le había dejado, no encontraba mejor familia para habitarla que los Malfoy. 

Narcissa casi llora de felicidad, pero se contuvo y le agradeció con una sonrisa gentil, anunciando en voz alta que Harry era el mejor yerno que había tenido. Este se deshizo de la dicha al oírla, sin saber que era el primer y único yerno que la mujer tenía.

Aunque Draco no duró mucho más que dos años viviendo allí, antes de que Harry le tendiera otra emboscada y le pidiera mudarse juntos. Lo gracioso fue cuando el chico quiso llevárselo a vivir a su feo departamento y Draco botó sus maletas en la puerta de entrada, negándose a vivir en esas condiciones. Esa noche se escucharon gritos por toda la cuadra y terminaron muy peleados. 

Cuando Harry por fin reconoció su error, dejó su orgullo atrás y volvió a visitarlo con la cola entre las patas, esta vez prometiéndole que haría las cosas bien y que lo dejaría escoger una nueva propiedad para que pudieran comprarla y lograr establecerse ahí pronto. Draco aceptó gustoso y se fueron a ver ofertas inmobiliarias. 

Aunque existieron todavía algunas discusiones infantiles en el trayecto, los años hicieron lo suyo, dejándolos crecer y madurar juntos, su relación cada vez volviéndose más sólida. Estaban felices, y ahora cuando miraban atrás a sus años de colegio, solo podían reír al recordar lo tontos que fueron. 

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Draco terminó la última pincelada del cuadro al mismo tiempo que Harry lo sorprendía abrazándolo por la espalda. Se giró a verlo con una sonrisa y se inclinó a darle un corto beso en la mejilla. 

—Es una pintura bastante linda, dragón -observó con inmenso cariño a la vez que recostaba su barbilla en el hombro de su esposo- lucimos muy felices. 

Draco rió con ternura cuando Harry se giró levemente y su nariz comenzó a hacerle cosquillas en el cuello. Levantó su pincel con descuido al removerse y terminó manchándole por accidente el cabello. Harry se quejó pero atacó con mayor intensidad el cuello de su esposo, llenándolo de besos y dejándole una mordida. 

—¿¡Podrías controlarte!? -preguntó entre risas- ¡el niño está durmiendo en su habitación!

—Hmmm -Harry aspiró extasiado el aroma que emanaba el cuello de Draco, apresándolo con sus fuertes brazos para que dejara de moverse- precisamente por eso estoy besándote ahora...

Draco lo empujó con controlada fuerza.

—¡No delante de nuestra pintura familiar, ya arruinaste la anterior! 

Harry refunfuñó, reconociéndole de mala gana que tenía razón. 

—Bien 

Lo jaló por la muñeca y se lo llevó deprisa a su habitación, lanzando un muffliato al cerrar la puerta, así reservándose solo para sus oídos toda la diversión y gemidos que resonaron dentro de las paredes esa noche. 

Al día siguiente cuando su suegra los visitó, suspiró contenta cuando vio el cuadro familiar colgado en el pasillo. Los dulces rostros de su hijo, su esposo y el bebé, le sonrieron alegremente cuando la vieron. No fue hasta una semana después cuando Draco puso el grito en el cielo al descubrir que tendría que volver a pintarlo porque un nuevo miembro se les sumaría a la familia Potter-Malfoy.

Harry volvió a ser regañado, pero no se arrepintió ni por un segundo de lo que hizo. Le gustaban las familias grandes. 

Notes:

Mi primer One Shot. Espero haberlo hecho bien, háganmelo saber en los comentarios y dejen un kudo!
Muchas gracias por el apoyo <3