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Language:
Español
Stats:
Published:
2024-05-09
Words:
1,452
Chapters:
1/1
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22
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231
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15
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1,433

dear leo

Summary:

Enzo tiene que hacer su tarea de inglés y Julián (no) lo ayuda.

Notes:

un mini-fic salido en parte por este tuit: https://x.com/beluswiftie13/status/1787987497831580089 y una interacción con dai en twitter <3

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

A la hora de la merienda, el mantel está puesto y los matecitos que Julián le ceba a Enzo son un bálsamo calentito para el frío de Inglaterra.

La temporada está siendo movida, con el pase de Julián al Chelsea y la consecuente mudanza con su –para los medios y chismosos de paso– mejor amigo, y –para ellos dos– novio. Dos departamentos en diferentes ciudades de Inglaterra se convirtieron en uno, lleno de cajas por todos lados y cuadros que no combinan (excepto los de River y la Selección), CDs como reliquias discordantes y tazas y recuerditos de Santa Teresita que hacen que el aesthetic de la casa sea una mezcla entre tienda vintage y un altar a la Argentina que Julián y Enzo adoran, como todo en su relación. 

La lapicera azul de Enzo se corta un poquito cada vez que le hace el rulito a las J en su cuaderno, y Julián le pone azúcar a su pancito con manteca mientras intenta descifrar qué está escribiendo su novio enfrente suyo.

—Pobre tu profe de inglés, teniendo que descifrar tu letra espantosa —le dice, solo para hincharle un poquito las pelotas.

Enzo chasquea la lengua. 

—No te vengás a hacer el piola acá, señor B1, que a vos te pedían que mandes las tareas en Word porque no se te entendía nada tu letrita de hormiguita —responde, concentrado en no salirse de los márgenes. 

Es política del club que sus jugadores aprendan el idioma local, y, en ese sentido, Julián corre con ventaja: en el City lo habían obligado a tomar clases de inglés tres veces a la semana desde el día uno. Pero Enzo, con su sonrisa compradora que funciona en cualquier punto del globo, había zafado en sus primeros tiempos en el club, pero ahora está pagando las consecuencias, practicando su pronunciación y tiempos verbales con una profesora que lo persigue con tareas y actividades. 

A veces Julián lo ayuda, pero, realmente, es más divertido reírse de él. 

—¿A qué hora era tu clase hoy?

—A las siete y media. 

Julián pispea el reloj en su muñeca. 19.15.

—¿Y estás haciendo la tarea quince minutos antes? Sos un desastre, Encito. 

Enzo, aún con la cabeza gacha, se encoge de hombros. 

—¿Qué tenés que hacer? Capaz te ayudo.

Ahora sí, Enzo levanta la cabeza, y atrae su cuaderno para sí. 

—No, no hace falta… Tenía que hacer un escrito pero ya estoy terminando —dice—. Aparte vos te burlás de mi letra, jodete. 

Una sonrisa se forma lentamente en la cara de Julián. El corte de honguito de Enzo lo hace ver aún más como un nene, y le causa infinita ternura.

—Daaaaale, mi amor, mostrame… Seguro que te va a ir re bien, quiero leer nada más. 

Enzo niega, volviendo a escribir. 

—Mejor calentá el agua que me estás dando unos mates tibios que me van a matar más tarde, porfa.

Julián revolea los ojos pero se levanta para complacer a su novio, quien le tira un beso en agradecimiento. Se dirige a la cocina y pone el agua en la pava eléctrica para que recobre su fulgor, y, en puntitas de pie, se dirige hacia la mesa donde estaban sentados y se pone atrás de Enzo. 

Y antes de que el menor pueda notar la sombra de su novio a sus espaldas, Julián ya alcanza a leer un poco de lo escrito en su cuaderno. 

—¡Enzo!

El susodicho se sobresalta del susto, y tapa su cuaderno rápido.

—¿Qué? —replica casualmente, dándose vuelta y recostándose sobre la mesa. 

—¿Leí mal o estás hablando de weddings y parties en tu writing?

—Leíste mal, Ju, si mi letra no se entiende nada —dice Enzo disimuladamente—. Andá, fijate el agua, mates hervidos no quiero tampoco. 

Cuando Julián se aleja, Enzo se relaja, cometiendo un craso error: Julián aprovecha y vuelve rápidamente para arrebatarle el cuaderno. 

—A ver —dice, levantando el cuaderno en el aire para evitar que el Enzo que se levantó como una tromba alcance a quitárselo—. Dear Leo, bla bla bla… ¿Le estás escribiendo un mail a Messi, Enzo? 

Los cachetes colorados del menor lo dicen todo. 

—La consigna era escribirle a un amigo —responde con la voz chiquitita—. Igual, qué te importa, ¡devolveme!

Julián le tapa la cara con una mano, y devuelve su vista al cuaderno con una sonrisa en la cara. 

—I want to invite you to my wedding– ¡ves, sí estás hablando de un casamiento! —sigue leyendo—. ¿..En el Wembley te vas a casar? ¿No serás medio fantasioso vos?

—¡Julián! —chilla Enzo y en un momento de distracción de su novio, le quita el cuaderno, abrazándolo contra su pecho—. Es privado eso.

—¿Tu correspondencia con Messi en inglés? —pregunta Julián con una ceja encarnada y una sonrisa boba en el rostro—. No te enojés, mi amor, estaba re bien tu gramática.

El cordobés se acerca y le deja un beso en la sien antes de buscar el termo para rellenarlo con el agua caliente. Enzo deja salir un refunfuño demasiado adorable.

—Igual no me dejaste ver con quién te casabas, mal ahí… 

—Es que no lo terminé de escribir, no me dejaste —se queja Enzo siguiéndolo a la cocina—. Ahora no lo vas a saber.

—¿Y no me vas a decir? —le pregunta Julián, acorralándolo contra la mesada con el mate en una mano y el termo en la otra—. Quiero ver con cuál celebridad me estás engañando. 

Enzo mira hacia un lado, fingiendo ser inmune a la cercanía de su novio, que aún logra ponerle los pelos de punta. 

—Es una celebridad… del fútbol —confiesa.

—¡Del fútbol! ¿Enzo Pérez? 

—¡No! —retruca Enzo—. ¿Por qué pensaste en él de primera?

Julián se encoge de hombros y se aleja, apoyándose contra la mesada quedando enfrentado a Enzo para observarlo con detenimiento.

—Y, porque siempre le tuviste ganas —responde chupando la bombilla—. Era voto cantado.

Enzo duda un segundo y se cruza de brazos.

—Ganas puede ser, pero acá estamos hablando de casamiento… no me casaría con todas las personas a las que les tuve ganas.

—Mm —sopesa Julián—. Eso espero. Mínimo sea alguien que amás de verdad. Amor de Disney, Enzo. 

Una sonrisa suave se hace lugar en el rostro de Enzo. 

—Es amor de Disney, te prometo.

Acto seguido, su teléfono suena con una notificación entrante. 

—Es mi profe, me dice que en cinco minutos se conecta al Zoom —le dice a Julián—. Y no me dejaste terminar mi tarea por molestarme.

—¿Me vas a acusar con la seño? —pregunta Julián, divertido ante el ceño fruncido de su novio—. Dale, andá y terminala, que solo te faltaba el último párrafo. Yo me voy a la pieza así no los interrumpo.

Mientras Enzo escribe las últimas líneas de su e-mail a Messi, Julián le deja el mate y el termo en la mesa para que pueda seguir tomándolo mientras tiene su clase. Al menor le da un poquito de vergüenza que Juli lo escuche practicando su inglés, y Julián conoce y entiende los límites de su novio en cuanto a las bromas y cargadas que él pueda hacerle, así que no tiene problemas en encerrarse por una hora a mirar una serie y escuchar de fondo la cadencia de la voz de Enzo conversando con su profesora. 

Antes de irse, Julián le acerca también un paquete de Don Satur, porque Enzo no había merendado por haber estado haciendo su tarea, y no iban a cenar por un rato largo. 

—Con vos —le dice Enzo antes de que Julián pudiera abandonar la sala.

—¿Mm?

Enzo sonríe, dejando su lapicera sobre la mesa. 

—Con vos me voy a casar —repite—. Por eso le avisaba a Leo. Le estaba diciendo que el código de vestimenta era sport. 

—¿..Elegante sport?

—No, no, sport nomás. Para que supiera que podía venir con el conjunto de la Selección, pero no de blanco.

Muchos pensamientos pasan por la cabeza de Julián, y el amor le explota en el pecho por ese chico sentadito de indio a la mesa, esperando a tener su clase de inglés A2, mirándolo con total seriedad.

Muchos pensamientos pasan por la cabeza de Julián, pero lo primero que sale es:

—Vos estás en pedo si pensás que el código de vestimenta de nuestro casamiento va a ser sport, Enzo, no—

Una notificación lo interrumpe.

—Va a empezar mi clase —le dice Enzo sonriéndole esa sonrisa de sol—. Chau.

Julián toma su celular y se dirige a la habitación, no sin antes advertirle desde el umbral:

—Esta charla no quedó acá, eh —dice—. Nuestro casamiento no va a ser cualquier cosa– tenemos mucho que hablar vos y yo.

—¿Ah sí? 

—Mínimo, mínimo, casamiento de Disney —dice Julián, y cierra la puerta.

Notes:

espero que les haya gustado! si me dejan un comentario me harían muy feliz <3

en twitter como @ cowboylikemessi