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Hechizo de Zorro

Summary:

Un deprimido Shinji analiza su lamentable y dolorosa existencia. Siente que su vida no vale nada, que no hay razón para seguir adelante, pero en su momento más ocuro, algo ocurre que le hace ver que no todo es tan malo como cree, poniendo su vida de cabeza y cambiandola de formas que nunca imaginó.

Notes:

NOTA: Todos los derechos de la serie Neón Génesis Evangelion pertenecen a Gainax/Khara, o a aquellos quienes les sucedan legalmente en el futuro. Esta historia fue escrita sin fines de lucro, solo como medio de esparcimiento. No me demanden.

Chapter 1: Desesperanza

Chapter Text

¿Cuánto tiempo llevaba vagando sin rumbo fijo? ¿Dos días? ¿Tres días? Ya no lo recordaba y, la verdad, tampoco le importada. Solo sabía que quería alejarse de todo y dejarlo todo atrás. Por esa razón había estado caminando varios días sin rumbo fijo, solo para terminar aquí, en lo alto de una montaña desde donde se podía apreciar esa ciudad que se vio obligado defender, una ciudad que no significa nada para él, solo otro lugar donde vivir, otro lugar donde estar en soledad, otro lugar donde sufrir.

Caminó hasta el borde del acantilado donde había una pequeña cerca compuesta de postes de madera y tres filas de alambres tensados, los que impedían el paso a un precipicio de cientos de  metros de altura. Dejó caer su bolso a un lado y puso las manos sobre el alambre superior, contemplando el paisaje que se desplegaba ante él.

Podía ver las montañas rodeándolo, los acantilados con caídas que se perdían a la vista tapados por las nubes que se formaban a baja altura, brindando una vista surrealista, incluso podía ver una nube pasando a solo unos metros de él, movida por el viento que soplaba con fuerza y, ahí al fondo, podía ver la ciudad que había sido el lugar donde terminó sin querer.

La verdad es que él nunca quiso venir a Tokio-3, solo había llegado aquí por el llamado de su padre; un padre ausente que lo abandonó donde sus tíos a muy tierna edad, un padre que nunca estuvo pendiente de él, un padre que pese a todo, extrañaba demasiado, motivo por el cual vino a Tokio-3 cuando este lo llamó. Pensó que su padre finalmente lo quería a su lado, pensó que finalmente serían la familia que siempre debieron ser, pero nada más llegar se llevó la decepción de saber que solo había sido convocado porque podía ser de utilidad, porque podía pilotar esa maquina   inmensa y monstruosa que denominaban “Evangelion”.

Odió ese armatoste desde el primer momento. Si fuera por él, nunca hubiera subido a esa cosa infernal. Estaba por dejar ese lugar para nunca regresar, para olvidar que alguna vez tuvo un padre, pero entonces vino el ataque y con el ataque también vino Rei Ayanami. Solo por ella aceptó subir al monstruo mecánico también conocido como EVA, solo por ella salió a pelear ese día, porque no podía dejar que esa chica herida y sangrante fuera forzada a tomar su lugar; un lugar que él mismo estaba siendo forzado a tomar.

Desde ese día fue designado como Piloto del EVA-01. Daba lo mismo que detestara subir a esa cosa, daba lo mismo el sufrimiento físico y mental que le trajera. Daba lo mismo que pusiera en juego su vida luchando a muerte contra criaturas inimaginables, nada de eso importaba porque él debía hacerlo. Ciertamente le dijeron que podía irse si lo deseaba, pero, ¿de qué valía que le dieran esa opción, si a la par le decían que nadie más que él podía pilotar el EVA-01? Lo odió.

Odiaba a su padre por despreciarlo y por llamarlo solo para usarlo a su entera conveniencia. Odiaba a Rei por tomar el lugar que a él le correspondía junto a su padre. Odiaba a Misato por manipularlo y usarlo como un arma contra los Ángeles. Todos querían algo de él, incluso los que podrían ser sus únicos amigos también querían algo de él. Kensuke quería información de NERV y los EVA, Touji lo vigilaba para que no la volviera a cagar, en nombre de la hermana que había lastimado en su primera batalla. ¿Es que nadie nunca se iba a preocupar realmente por él?

¿Qué sentido tenía todo esto? ¿Qué sentido tenía seguir vivo? Nunca nadie se había preocupado por él, siempre había estado solo, despreciado, ignorado. Nunca había recibido afecto de ningún tipo y nunca lo recibiría. Su vida solo era soledad y dolor. ¿Qué sentido tenía seguir viviendo?

Shinji cerró las manos sobre el alambre de la cerca mientras miraba la vista frente a él, las nubes que se movían producto del viento sobre los grandes acantilados, la ciudad fortaleza a la distancia, imponente, fría e impersonal. Miró al horizonte sin ver en realidad, su mente sumida en sus pensamientos, en su soledad, en su dolor por el abandono, el dolor que le supone subir al EVA, el saber que su vida no valía nada.

El joven estuvo de pie por largos minutos con lágrimas cayendo desde sus ojos, sin que él fuera realmente consciente de eso, solo centrado en su pena, su dolor, su soledad y el deseo de ya no sentir eso nunca más. No quería seguir sufriendo.     

Una determinación surgió en el interior de Shinji, un deseo de hacer algo por sí mismo por primera vez en su vida. El deseo de terminar con todo su dolor para finalmente poder descansar y tener paz. Las lágrimas seguían cayendo de sus ojos, pero ahora había una tranquilidad en él, de saber finalmente cuál era el camino que debía seguir, la forma de librarse de su dolor y de la miserable vida que llevaba. Miró la impresionante vista ante sus ojos, viendo la hermosura del lugar, sabiendo que no pudo haber mejor lugar para dejar este mundo. Vio el acantilado ante él y las nubes que lo cubrían, deseando ya estar ahí, zambulléndose de un salto para dejarse caer y encontrar la paz que tanto necesitaba.

Con la decisión tomada y la determinación guiando sus acciones, Shinji se aprontó cruzar la cerca para saltar del acantilado y dejar este mundo de dolor, momento en que un repentino gruñido y lo que pareció un ladrido le hizo trastabillar y caer sentado al suelo junto a la cerca. Al levantar la vista se encontró con la sorpresa de que había lo que parecía un zorro sentado a unos metros frente a él, mirándolo fijamente mientras movía distraídamente su cola.

— ¿Qué? — preguntó Shinji, totalmente descolocado por lo improbable de la situación.

El zorro por su parte, lo miraba fijamente con sus grandes ojos de color verde azulado, casi como si estuvieran traspasándolo con la mirada y llegando al fondo de su alma. Era casi como si con su mirada lo estuviera recriminando por lo que estuvo a punto de hacer. Por alguna razón eso lo molestó.

Shinji sabía que estaba frente a un animal salvaje, pero su molestia al ser interrumpido en un momento tan importante de su vida, le hizo olvidar que este animal bien podía atacarlo si se sentía amenazado. Pero el zorro no hizo nada de eso, solo se limitó a mirarlo fijamente. Cuando estuvo seguro de que el animal no saltaría sobre él, intentó cruzar la cerca una vez más, para nuevamente escuchar un gruñido y un ladrido del zorro frente a él, que ahora si se adelantó amenazando con darle un mordisco.

— ¡¡OYE!! ¿Qué rayos te pasa? ¿Por qué me atacas? No te he hecho nada — peguntó Shinji al zorro, como esperando si de alguna forma el animal le fuera a responder.

El zorro simplemente se quedó frente a él, mirándolo para luego comenzar a moverse de un lado a otro en una actitud típicamente curiosa. Olfateó y miró a todas partes para volver a mirarlo a él, dándole una mezcla de gruñidos y ladridos, como si estuviera regañándolo por algo, entonces miró su bolso y se fue sobre él para olfatearlo y meter su nariz y luego la cabeza por una abertura que había quedado al no cerrar bien la cremallera.

— ¡Oye! ¿Qué haces? ¡Aléjate de mí bolso! — dijo Shinji, adelantándose para intentar alejar al molesto animal, dándose cuenta de que ese movimiento fue un completo error, ya que el zorro echó a correr, arrastrando su boldo con él, jalándolo de la correa — ¡¡Hey!! No te lleves mi bolso ¡¡Vuelve acá ladrón!!

Shinji corrió detrás de zorro que arrastraba su bolso por la correa, mientras su ropa iba cayendo fuera, ya que al meter la cabeza dentro, el zorro abrió un poco más la abertura y ahora el contenido iba cayendo fuera mientras el animal corría de un lado a otro, como si estuviera haciéndolo a propósito para que su ropa se esparciera por el campo. Un cabreado Shinji no tuvo más opción que ir recogiendo su ropa mientras perseguía al molesto animal, hasta que este se detuvo sentándose con lo que parecía una cara de satisfacción, con el bolso a sus pies casi vacío, sucio con polvo y manchas de pasto. El animal se levantó y se sentó a un par de metros del bolso, como si le estuviera dando permiso para tomarlo.

Un molestó Shinji tomó su sucio bolso y comenzó a meter su ropa dentro, ya no doblada perfectamente como antes, sino lanzándola dentro sin ninguna diplomacia, mientras el zorro daba unas especies de gruñidos que sonaban como a una risa; una risa zorruna.

— ¿Te diviertes? — preguntó Shinji, cabreado.

Por respuesta el animal simplemente siguió dando esa especie de gruñido/risa, revolcándose en el pasto, como si meterse con él fuera la cosa más divertida del mundo. Por un momento Shinji estuvo tentado a darle una patada al molesto zorro, o simplemente buscar una piedra y lanzársela, pero no pudo evitar dar un suspiro de cansancio.

— Al menos uno de los dos lo está pasando bien — comentó el chico, para luego dejarse caer sentado en el pasto, dando un nuevo suspiro de cansancio.

Levantó la vista y miró al frente, viendo la cerca y el acantilado con las nubes a una distancia algo considerable. No se había percatado de que se había alejado tanto, solo en ese momento recordó lo que había estado a punto de hacer: Saltar al vacío quitándose la vida.

Se quedó absorto ante ese pensamiento, lo que iba a hacer, lo que pudo ser y no fue; la oportunidad de terminar con su dolor. ¿Debería volver ahí abajo y terminar lo que inició? En ese momento algo obstruyó su visión y vio al zorro sentado frente a él. Solo entonces lo vio con detenimiento.

El zorro era bastante más grande de lo que supuestamente debía ser. Había visto algunos documentales sobre la naturaleza y los zorros que mostraban ahí se veían más pequeños. Este era más como un perro grande, como del tamaño del Golden Retriever que tenía el vecino de su tío con el que vivía. Aun así, tenía una figura estilizada, nariz fina y orejas puntiagudas, con una cola larga y felpuda. Su color era llamativo, en vez del típico zorro de pelaje rojo, patas y las puntas de las orejas negras, hocico y pecho blanco, este zorro tenía pelaje de color castaño rojizo, aun así no se veía mal, de hecho, su color de pelaje lo hacía ver bastante bien, sin olvidar sus expresivos ojos verde azulados, que parecían ver hasta el fondo de su alma.

Shinji miró al zorro por largos segundos, mientras el animal le devolvía la mirada ladeando la cabeza, como si le estuviera preguntando algo. Por alguna razón, la mirada del zorro llegó hasta él, como si el animal pudiera comprender de alguna forma lo que estaba sintiendo. No pudo evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas y comenzó a llorar, llevando las piernas al pecho y rodeándolas con los brazos mientras escondía la cabeza entre ellas. No sabía por qué estaba llorando, solo sabía que necesitaba llorar y echar fuera su dolor. Entonces sintió un gemido. Al levantar la vista el zorro estaba ahí, mirándolo, acercó el hocico y lamió una de sus manos, dándole luego un empujón con la nariz. No sabía si había entendido bien, pero se atrevió a levantar una mano y efectivamente el zorro se acercó y puso la cabeza bajo su mano, dando suaves empujones, incitándolo.

No se equivocó en su pensamiento, el zorro le estaba pidiendo que le acariciara la cabeza, de hecho, podía escucharlo dando suaves gemidos de alegría mientras le aricaba la cabeza, los que aumentaron cuando se atrevió a acariciarle tras las orejas, como lo hizo una vez con el Golden Retriever del vecino de su tío y el zorro reaccionó de la misma forma que el perro, estaba encantado. Para este momento Shinji estaba seguro que este no era un zorro ordinario. Tal vez había escapado de algún refugio de animales, ya que este no era el comportamiento normal de este tipo de animales. Se supone que deben ser cautelosos y temerosos del hombre, pero este zorro estaba muy cómodo a su lado, por lo que debía estar acostumbrado a los humanos.

— ¿De dónde saliste? — preguntó Shinji, siguiendo sus caricias al zorro, mientras este gemía de alegría. Sonrió.

Shinji no supo cuánto tiempo estuvo acariciando al zorro, solo supo que de un momento a otro se encontró hablando con el zorro, contándole su vida, sus penas, su dolor. Por extraño que pareciera el animal parecía entenderlo y de alguna forma trataba de confortarlo. Para cuando levantó la vista y miró al horizonte estaba comenzando a oscurecer. Increíblemente se sentía mucho mejor, como si hablar con alguien hubiera sido todo lo que necesitara, aunque fuera un zorro no tan salvaje.

— Supongo que es hora de regresar — se dijo Shinji, sabiendo ya que la determinación que tuvo horas antes no estaba ahí. No iba a saltar del acantilado. Al menos no hoy.

Se puso de pie y se colgó el bolso al hombro, dándole una mirada al zorro que estaba sentado junto él, mirándolo con curiosidad.

— Voy a regresar al departamento de Misato. Supongo que tú también debes volver a donde sea que perteneces — dijo Shinji, antes de pensar por un momento para luego mirar al zorro una vez más — Gracias por escucharme… supongo.

Con eso dicho, Shinji dio medio vuelta y comenzó a emprender el camino de regreso hasta la parada de autobús donde había llegado esa mañana. Para su sorpresa el zorro lo seguía a cierta distancia, como si estuviera cerciorándose de que fuera por el camino correcto.

— Oye, vete a tu casa. No me sigas — dijo Shinji, tratando de alejar al animal, pero este retrocedía unos pasos para luego volver a acercarse. Lo intentó un par de veces más y al obtener el mismo resultado, decidió rendirse y aceptar que el zorro no lo iba a dejar, al menos por el momento.

Cuando llegó a la parada del autobús ya era de noche y según el cartel con los horarios colgado en un poste junto al camino, el último servicio había pasado hace un par de horas. Si quería volver a la civilización, tendría que esperar hasta el día siguiente. Suspiró con cansancio haciéndose a la idea de pasar la noche aquí. Estada cansado, sediento y con hambre, pero no había nada que hacer. Al menos no hacía frio, por lo que dormir sobre la banca de la parada de autobús no supondría demasiado problema. Con resignación colocó su bolso a un lado para usarlo como cabecera y se recostó en la banca con las piernas recogidas. Con sorpresa vio que el zorro lejos de irse, se echó y se enrollo en una bola a sus pies, dando un gran bostezo, enterrando luego la cabeza en su felpuda cola. Definitivamente había algo raro con este zorro, pero no lo iba a estar cuestionando a estas alturas. Estaba demasiado cansado como para pensar en algo.

— Al menos tendré compañía — comentó para si el Tercer Elegido, cerrando los ojos. El sueño se apoderó de él poco después.  

El tiempo pasó y la noche siguió su curso mientras Shinji dormía profundamente, por lo que no vio como una luz brillaba tenuemente junto a él, para dejar a la vista a una hermosa chica. Estuvo de pie por largos minutos solo contemplándolo, hasta que acercó una mano apartando un mechón de cabello de su rostro.

— He cuidado de ti desde las sombras por mucho tiempo, como dicta mi honor, pero luego de hoy, ya no puedo seguir al margen — susurró la chica con voz apenas audible — No puedo dejar que sigas sufriendo de esta forma… ya no soporto verte así — añadió, acariciando suavemente la mejilla del dormido Piloto EVA.

Una leve sonrisa apareció en los labios de la chica, momento en que escuchó el sonido y las luces de un automóvil que avanzaba por la calle hacia la parada de autobús. La chica se movió rápida y silenciosamente y para cuando el automóvil pasó frente a la parada de autobús, ella había desaparecido sin dejar rastro de que alguna vez estuvo ahí.

El automóvil sedán de color negro se detuvo con chirrido de neumáticos, para luego retroceder hasta detenerse frente a la parada de autobús. Un vidrio polarizado descendió de la puerta del copiloto, mostrando a un hombre de semblante serio que apuntó una linterna iluminando al dormido Piloto EVA. Segundos después cuanto hombres en traje negro y rostro serio de bajaron del vehículo y apuntaron con linternas directo a la cara del joven dormido, despertándolo y encandilándolo con la luz. Se sentó de golpe asustado, cubriendo sus ojos de la fuerte luz con los brazos.

— ¿Tú eres Shinji Ikari? — preguntó uno de los hombres con voz dura.     

— Sí — respondió Shinji con voz dudosa.

— Somos de Inteligencia y Seguridad de NERV. Bajo la Cláusula de Seguridad, Articulo 8, te llevaremos al Cuartel General de NERV  — dijo el hombre en forma categórica.

Shinji no tuvo nada que decir al respecto, simplemente fue tomado de los brazos por dos hombres metiéndolo en la parte trasera del automóvil. El tercer hombre tomó el sucio bolso y lo lanzó sin ninguna diplomacia a la cajuela del automóvil, para luego subirse en el asiento del copiloto, mientras el hombre restante ponía en marcha el vehículo de color negro para perderse por la solitaria carretera rural.

Atrás, casi escondido entre la maleza junto a la parada de autobús, el zorro de pelaje castaño contempló fijamente al automóvil hasta que las luces se perdieron en la distancia. Con un último vistazo, el zorro dio la vuelta y de un salto se perdió entre la maleza.

 

 

Continuará...


Notas del Autor: Hola a todos, aquí estamos con un nuevo proyecto sobre mi serie favorita, Evangelion.

En esta oportunidad nos adentraremos en la vida de un deprimido y sufriente Shinji Ikari, que incluso llegó a considerar el suicidio para dejar atrás su vida de dolor, pero fue salvado a último minuto por un zorro; un zorro muy especial.

“Hechizo de Zorro” será una historia emotiva, divertida y con un gran toque de misticismo, adentrándose un poco en la mitología japonesa, mientras vamos conociendo algo más de Shinji, sus motivaciones, su dolor y su desesperanzada vida, que será trastocada y puesta de cabeza por cierta persona, que le irá mostrando que las cosas no son tan malas como cree.

Espero que esta historia sea de su agrado y puedan seguirme en los siguientes capítulos.

Saludos y nos leemos.

Chapter 2: El encuentro

Summary:

Un deprimido Shinji analiza su lamentable y dolorosa existencia. Siente que su vida no vale nada, que no hay razón para seguir adelante, pero en su momento más ocuro, algo ocurre que le hace ver que no todo es tan malo como cree, poniendo su vida de cabeza y cambiandola de formas que nunca imaginó.

Notes:

NOTA: Todos los derechos de la serie Neón Génesis Evangelion pertenecen a Gainax/Khara, o a aquellos quienes les sucedan legalmente en el futuro. Esta historia fue escrita sin fines de lucro, solo como medio de esparcimiento. No me demanden.

Chapter Text

Shinji estaba de pie ante el andén del tren que lo llevaría fuera de Tokio-3. Sí, finalmente dejaría esta ciudad que solo le había traído penas, una ciudad donde esperaba reencontrarse con su padre, restablecer los vínculos que habían sido cortados hace ya tantos años, solo para darse de cara con la dura realidad. Su padre no lo llamó de regreso porque quisiera tenerlo junto a él; lo llamó para usarlo, simple y llanamente. Era una verdadera mierda.

Esto era lo mejor. No había nada para él en esta ciudad. Solo ha habido pena y dolor desde que llegó, siendo forzado a subir a un armatoste de 40 metros de alto, para pelear con criaturas que parecían salidas de un pésimo museo de arte moderno.

Solo ha habido dolor para él desde que estaba aquí; dolor y ser usado porque por una retorcida razón que se niegan a explicar, él es único que puede hacerlo. Esa es la base en que fundamentan sus argumentos para mantenerlo aquí; eso y que el destino de la humanidad está en sus manos. Ese es el argumento más hipócrita que había escuchado jamás.

Finalmente había decidido escapar, vagó durante días hasta que llegó a esa ladera en la montaña, con quebradas gigantescas y nubes bajas que daba un aire casi celestial. Ese fue el momento en que decidió poner fin a todo su sufrimiento, solo para ser interrumpido por un estúpido zorro.

Suspiró con cansancio al recordar a ese revoltoso y extraño zorro.   

El animal se había metido con él y gracias a su distracción, terminó por dejar de lado su intento de acabar con todo. Finalmente los efectivos de Seguridad de NERV lo encontraron durmiendo en una parada de autobús en mitad de la noche y lo llevaron ante Misato.

La conversación con la mujer obviamente no salió bien. Nuevamente le dieron la “opción” de pilotar en EVA, que obviamente era una pregunta trampa. Finalmente Misato optó por echarlo de NERV y de Tokio-3. ¿Debería eso sorprenderlo? Para nada. Él nunca le ha interesado a nadie. Todos lo desprecian, luego lo usan y luego lo desprecian una vez más. ¿Qué sentido tiene todo esto? ¿Qué sentido tiene vivir?

Shinji apretó las asas de su bolso que sujetaba con ambas manos ante él, bajó la vista y fijó su mirada en las vías de tren que estaban a un par de metros por delante. Observó por largo rato y fijamente esas vías de metal, como si tuvieran las respuestas a todas a las preguntas el universo. Fue en ese momento cuando comenzaron a desfilar una vez más por su mente las visiones de su desastrosa y horrible vida. Le fue imposible rescatar algo bueno de todo lo que vio.

La vista de Shinji pronto comenzó a nublarse por lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos, tras comprobar que nada de lo que había pasado en su vida parecía haber valido la pena, mientras mantenía la vista fija en los rieles del tren en forma casi hipnótica. Fue en se momento en que comenzó a escucharse a lo lejos como el tren se acercaba a la estación. De pronto la mirada de Shinji cambió.

Los ojos del Tercer Elegido, antes nublados por lágrimas no derramadas, de pronto se tornaron firmes y decididos con una idea irrumpiendo firme en su mente, dándole la fuera para tomar una resolución, la misma resolución que tuvo la otra tarde en la ladera de esa montaña. El tren se escuchó cada vez más cerca de la estación  y dio un paso adelante.

— ¡¡¡NOOOOOOOO!!! — se escuchó un potente grito, que hizo saltar a Shinji como si fuera un gato asustado.

El Tercer Elegido se volteó hacia atrás aterrado, esperando ver a alguien corriendo hacia él para detener lo que estaba a punto de hacer, pero se encontró con algo completamente distinto.

A no mucha distancia, estaba una chica de rodillas en el suelo tomándose la cabeza con las manos, mientras miraba horrorizada una gran maleta que parecía haber explotado, regando todo su contenido por el suelo del andén.   

— ¡¡¡MI PRECIOSOOOO!!! — gritó nuevamente la chica antes de lanzarse hacia adelante y abrazar las cosas que estaban esparcidas por el suelo.

Una gota de sudor corrió por la nuca del vástago despreciado de Gendo Ikari, ante la actitud en extremo melodramática de la chica, para luego estrechar la mirada. Él había escuchado esa frase antes, estaba seguro de eso; entonces abrió grande los ojos.  

— ¡Hey! Entendí la referencia — comentó para sí, recordando ya dónde había escuchado esa frase.

Pasado aquel “Momento Eureka”, Shinji volvió su atención a la chica que seguía abrazando sus cosas como si temiera que alguien se las fuera a robar; cosa bastante tonta, tomando en cuenta que el andén de la estación de trenes estaba vacío salvo por ellos dos. Fue en ese momento en que contempló con más detenimiento a la chica.

Parecía tener su misma edad, como mucho un par de años más. Su cabello es largo y de color castaño rojizo tomado en dos coletas. Sus ojos son grandes y expresivos, de color verde azulado, tras unos lentes que le sentaban bastante bien, dándole un aire un tanto intelectual y; porque no decirlo, un tanto sexy. El rostro de la chica es ciertamente hermoso, sin olvidar su cuerpo perfectamente proporcionado. Sí, la chica es una belleza en toda regla. Shinji no pudo evitar tragar ante su apreciación, ni menos evitar que cierta parte de su cuerpo comenzara a despertar en completo acuerdo.

Fue en ese momento que Shinji se percató que habían muchas más cosas esparcidas por el andén, y que la chica comenzaba a recolectarlas para ponerlas en la maleta. Luego de un momento de duda, decidió hacer la buena acción del día y ayudar a recoger las cosas de la chica. Dejó su bolso a un lado y se acercó para tomar lo que parecía la caja de un DVD, que era lo más próximo a su posición. Al tener la caja en sus manos, sus ojos casi salen de sus órbitas.

— ¿¿ME ESTÁS JODIENDO?? — gritó un impactado Shinji.

Y es que en sus manos sostenía la que probablemente era una de las joyas más preciadas y exclusivas de la historia del cine. Estaba sosteniendo la película “Godzilla” de 1954; la primera película de “Godzilla”, pero en su versión remasterizada, extendida, corregida y coloreada digitalmente, junto con una nueva edición de sonido digital. Solo existen 500 copias de esta versión, que salieron de la distribuidora por error traspapeladas en otro pedido, un día antes de que el resto de copias se quemaran en un incendio. Lo que sostenía en sus manos es literalmente un tesoro para cualquier coleccionista.

— ¡¡Oye tú!! ¿Qué haces con eso? — dijo de pronto la chica, ahora de pie, mirando acusadoramente al Tercer Elegido mientras lo señalaba con un dedo.

— ¿Qué? ¿Esto? Yo… lo recogí para…

— ¡¡NO TE ROBARAS MI PRECIOSO!! — gritó la chica corriendo hacia él con las manos convertidas e garras y ojos brillando como brazas ardientes.

— ¿Qué? ¡No! Lo entendiste todo mal. Espera… ¡¡NOOOOOOO!!

 


 

— Jajaja, lo siento, lo siento. Creo que se me fue un poco la mano — se disculpó la chica de lentes, con una sonrisa un tanto nerviosa y los ojos cerrados mientras se rascaba la nuca.

Un enfadado Shinji con un visible chichón en la cabeza, solo pudo darle a la chica una mirada estrecha. Podrá ser linda, pero este intento de “Gollum” parecía tener unos cuantos tornillos sueltos. Suspiró pesadamente sopesando su situación.

Estaba sentado en el suelo de piernas cruzadas frente a la loca chica de lentes, que a su vez estaba sentada en la tradicional posición seiza. Esto pudo darle a Shinji una apreciación bastante mejor de la chica, reafirmando lo que ya sabía; es condenadamente linda. Por la postura al sentarse podía ver cuán amplias que eran sus caderas y sus muslos que invitaban a ser usados como almohada. Su  cintura es estrecha y sus senos son de un tamaño más que interesante. No ayudaba que la chica vistiera pantalones de mezclilla ceñidos que marcaban su linda figura; o que usara una polera color rosa ajustada que abrazaba su bien provista delantera.

Shinji no pudo evitar un sonrojo ante lo que veía y tuvo qua apartar la mirada para que la chica no pensara que es una especie de degenerado. Es así como su vista se posó sobre las cosas que aún estaban desparramadas alrededor de ellos, y no pudo dejar de sorprenderse ante lo que vio. Era la colección más grande sobre Godzilla que había visto en toda su vida. Estiró una mano y tomó un reloj de pared con la imagen del afiche de “La Venganza de Godzilla” de 1969.

— ¿Te gusta ese? Lo conseguí en una feria de coleccionismo en Tokio-2 hace un par de años — dijo la chica con una sonrisa.

— Es… increíble. Quiero decir, todo lo que tienes aquí, es la colección más espectacular sobre Godzilla que he visto en toda mi vida — fue lo que exclamó.

— Gracias. Me ha tomado años recolectarla — dijo la chica con una sonrisa de orgullo, mirando las cosas esparcidas a su alrededor, antes de comenzar a tomarlas y volver a ponerlas en la maleta abierta junto a ella.

— Déjame ayudarte — dijo Shinji, tomando algunas cosas y poniéndolas en la maleta.

— ¿También te gusta Godzilla? — pregunto ella, mirando al Tercer Elegido.

— Sí, desde que era niño. Ojalá pudiera tener una colección como esta. Solo tengo una figura y un par de películas en casa de mi tío. Pero parece que tú tienes todas las películas — comentó Shinji, sosteniendo en un DVD de “King Kong contra Godzilla” de 1962.

— No fue fácil. Me gasté todas mis mesadas y tuve que trabajar como esclava para mi madre, para que me comprara algunas de estas cosas — comentó la chica con algo de pesar.

Shinji estaba por hacer un comentario sobre eso, cuando su mirada cayó sobre algo, una cosa en específico que hizo que estrechara la mirada y sintiera repulsión; aun así, lo levantó. Era una figura de Godzilla; específicamente de la película “Godzilla” de 1998, esa desastrosa y ofensiva adaptación norteamericana que caricaturizó al gran y poderoso Godzilla, para transformarlo en una madre lagarto poniendo huevos. Tomó la figura en una mano con un tic en el ojo derecho y le dedicó una mirada a la chica.

La chica de lentes sintió la mirada y vio al chico sosteniendo “esa” figura. Se sonrojó visiblemente y le quitó rápidamente la figura de las manos para abrazarla protectoramente contra su pecho, sintiendo la mirada acusadora.

— Lo sé, lo sé. La adaptación norteamericana es una basura. Transformaron al gran Godzilla en una mamá lagarto, pero… me gusta el diseño. ¿De acuerdo? Solo me gusta el diseño. Nada más — la chica miró a un lado haciendo un puchero — Placer culpable — masculló, avergonzada.

Shinji simplemente rodó los ojos, haciendo la vista gorda sobre semejante afrenta, únicamente porque la chica es linda. Loca, pero linda.

No pasó mucho para que la impresionante colección de la chica estuviera nuevamente dentro de la enorme maleta. El que Shinji hubiera intervenido para reordenar las cosas adecuadamente, contribuyó a que en esta oportunidad la maleta pudiera cerrarse sin ningún problema, descansando ahora sobre las cuatro pequeñas ruedas de la parte baja, con la manija extendida para tomarla y arrastrarla cómodamente.

— En verdad muchas gracia. Fuiste de mucha ayuda. No lo hubiera logrado sin ti — dijo la chica con una radiante sonrisa.

— No, no fue nada — respondió Shinji, visiblemente sonrojado por las palabras de la chica.

— Por cierto, mi nombre es Mari; Mari Makinami — dijo la chica estirando una mano.

Shinji fue sorprendido y tomado fuera de guardia por ese gesto. Darse la mano no es algo común en Japón al saludarse, lo normal es una reverencia. Miró a la chica, la cual sonreía esperando ansiosa que el devolviera el gesto. Con algo de duda, acercó su mano derecha y estrechó la mano ofrecida por la chica.

— Yo soy Shinji Ikari. Un gusto conocerte, Makinami-San — dijo el joven Ikari intentando una sonrisa, repentinamente nervioso por el contacto con la linda chica.

— Deja las formalidades de lado, puedes llamarme Mari. Es lo menos que se puede hacer por un compañero amante de Godzilla — dijo la chica, levantando un purgar.

Shinji fue nuevamente sorprendido por la espontaneidad de la chica. No dejaba de ponerse un poco nervioso, pero no podía negar que la alegría de Mari era contagiosa.

— Gracias. Puedes llamarme Shinji, si gustas — respondió, nuevamente un tanto sonrojado.

— Genial. Entonces… ¿A dónde estás viajando Shinji? Si estás aquí en el andén es porque estás esperando un tren, ¿verdad?

Fue en ese momento en que Shinji recordó la razón para estar en ese lugar; él se estaba marchando de Tokio-3 de regreso a casa de su tío. Había sido expulsado de NERV por Misato, despreciado una vez más y lanzado de regreso a una vida de amargura, una vida que no quería, una vida que había estado por dejar una vez más.

Shinji miró fijamente el lugar donde debería estar el tren que lo sacaría de Tokio-3, el tren que había escuchado acercarse a la estación mientras consideraba saltar a las vías. ¿Qué estaba pasando con él? ¿Por qué sentía estas cosas? ¿Por qué se sentía tan miserable hace unos momentos y ahora no sentía nada de eso?

— Oye Shinji, ¿estás bien? Te ves algo pálido — preguntó la chica, mirándolo con algo de preocupación.

— No, yo… estoy bien. Es solo que… creo que perdí el tren — respondió Shinji un tanto aturdido.

— ¡Oh! ¿El que estaba detenido ahí al frente y que salió hace un rato? Lo lamento. Lo perdiste por ayudarme a recoger mi colección — se disculpó la chica levantando ambas manos y juntándolas en señal de disculpas frente al rostro — ¿Tal vez puedas tomar el siguiente?

— Yo… creo era el último del día. El siguiente pasa mañana — respondió un tanto aturdido.

— ¡Oh! ¿Volverás a casa entonces? — preguntó Mari.

Esa en realidad era una muy buena pregunta. Una para la cual Shinji no solo carecía de respuesta, sino que tampoco tenía idea sobre qué hacer ahora. La verdad es que no tenía ganas de regresas a vivir donde su tío, y tampoco tenía dónde quedarse. Misato lo había echado de NERV, y por consiguiente, de su departamento. No tenía donde pasar la noche, ni menos algo que hacer. Ya no formaba parte de NERV por lo que es un hombre libre… libre pero sin dinero, lugar donde vivir o un rumbo en la vida que seguir. ¿Acaso valía pena vivir?

Shinji guardó silencio por largos segundos mientras Mari lo contemplaba interrogante, dándole espacio para pensar. Finalmente levantó la cabeza y miró a la chica de lentes.

— Yo… no sé qué hacer — dijo simplemente.

Mari lo miró interrogante por unos segundos ante semejante respuesta, antes de sonreír divertida.

— Bien, si no sabes qué hacer con tu vida, ¿Por qué no me ayudas a llegar a casa? Esta maleta y mis bolsos son bastante pesados y no podré sola con ellos — señaló Mari.

Solo en ese momento Shinji reparó que junto a la gran maleta que contenía la colección de la chica de lentes, habían otros dos grandes bolsos que se veían bastante pesados.

— ¿Cómo pretendías cargar tú sola con todo eso? — preguntó Shinji, incrédulo.

— Bien, estaba esperando a mi madre. Se suponía que cuando bajara del tren, ella estaría aquí para ayudarme a cargar mis cosas, pero nunca llegó. Llevo 30 minutos aquí esperando y ya es evidente que no vendrá. Estaba intentando avanzar a la salida cuando explotó mi maleta.

Eso explicaba qué es lo que hacia la chica aquí con esta maleta y dos bolsos. Shinji levantó la vista y se encontró con la mirada expectante y suplicante de la chica. Miró una vez más la pesada maleta y los dos grandes y pesados bolsos descansando unos pasos más atrás, y supo que no podía dejarla sola con eso.

 


 

Shinji estaba sentado sobre una baranda que separaba la acera de la calle, junto a la maleta y los dos bolsos de Mari, y su pequeño bolso de mano. La chica estaba ahora a unos cuantos metros de distancia hablando por un teléfono público con su madre, para averiguar por qué no pasó a recogerla. Suspiró.

Todo esto resultaba tan irreal. En este momento debería esta de camino a casa de su tío, de regreso a una vida aburrida y miserable, pero en cambio estaba aquí, cuidando el equipaje de una linda chica llamada Mari, que además es una fanática de Godzilla. ¿Es un sueño del que va a despertar para volver a su triste realidad?

Miró a la chica que seguía al teléfono, aun sin poder creerse todo eso. Estar aquí a la salida de la estación de trenes esperando por una linda chica, es algo que hasta hace un día atrás jamás se hubiera imaginado. Estaba acompañando a una chica que acaba de conocer, conversando con ella como si la conociera de toda una vida. Se sentía cómodo con ella, he increíblemente, se sentía bien, como si el solo estar junto a ella le transmitiera su alegría y de paso, evaporando todos esos sentimientos que entristecían y oscurecían su corazón; sentimientos que en dos ocasiones lo llevaron a pensar en…

— ¡¡Madre estúpida!! — gruñó la chica, colgando con furia la bocina del teléfono.

Shinji saltó ante el regañó de la chica, que ahora se acercaba a él, dando fuertes pisotones con el rostro enfurruñado. Se sentó en la baranda junto a él, estirando el labio inferior hacia afuera como si fuera una niña pequeña molesta. Entonces giró la cabeza y le dedicó una estrecha mirada.

— ¿Puedes creer que la tonta de mi madre olvidó que debía venir a buscarme? — preguntó.

— ¿Eh? — fue todo lo que pudo decir Shinji.

— Llamé al negocio de mi madre y mi tía que trabaja con ella, me dijo que se tomó la tarde libre para salir con un grupo de amigas; lo que quiere decir que pasará toda la tarde y la noche bebiendo sake, hablando sobre todas las idioteces que hicieron en su juventud, para terminar comentando el último capítulo del dorama de moda.

Una gota de sudor corrió por la nuca del Tercer Elegido ante esa detallada descripción, la que le recordó peligrosamente a cierta Directora de Operaciones de NERV.

— ¿Qué vas a hacer entonces? — preguntó Shinji.

— Supongo que esperar el autobús — dijo la chica, levantándose y caminando hasta el señalizador donde estaban impresos los horarios en que pasa el autobús — Aquí dice que pasará uno dentro de 5 minutos.

— Oh, eso es genial. No tendrás que esperar demasiado — comentó Shinji.

Ante esa declaración, la chica de lentes estrechó la mirada y caminó directo hacia un sorprendido Tercer Elegido, acercando su rostro hasta quedar a escasos centímetros, invadiendo totalmente su espacio personal y arrancándole un fuerte sonrojo al tener a la chica tan cerca. Incluso podía oler su shampoo.

— ¿Cómo es eso de que, “no tendrás que esperar demasiado”? — preguntó ella, dándole una mirada de ojos estrechos — ¿No pensarás abandonar a una hermosa y frágil chica a su suerte, con esa maleta y esos dos pesados bolsos?

— Eh, no… yo…

— ¿Es que no tienes ninguna consideración por mi amada colección? Como compañero amante de Godzilla, es tu deber ayudarme a llevar mi colección a salvo a casa — dijo la chica tomando a Shinji por los hombros — Además, no es como si tuvieras algo mejor que hacer, ¿verdad? — añadió con una sonrisa zorruna.

Una gota de sudor corrió por la nuca del Tercer Elegido. ¿Por qué tenía la sensación de que se estaban aprovechando de su nobleza?

 


 

Un cansado Shinji Ikari avanzaba trabajosamente por las calles de Tokio-3, en una perfecta imitación de un burro de carga. Llevaba atravesadas por los hombros las correas de dos pesados bolsos, que colgaban a cada lado de él. Atravesada en su frente estaba la correa de su propio bolso, que colgaba por su espalda, mientras arrastraba una voluminosa maleta, con una impresionante colección de Godzilla en su interior; todo esto mientras Mari caminaba alegremente frente a él sin cargar absolutamente nada.

Es definitivo, se estaban aprovechando de su nobleza.

— ¿Falta mucho? — preguntó un cada vez más cansado Shinji, mientras era mirado con diversión por la gente que pasaba junto a él.

— Estamos llegando. Mi casa está un poco más adelante — apuntó Mari.

Shinji dio un suspiro de alivio. El autobús los dejó a varias cuadras de distancia, y ha tenido que cargar con todos los bolsos y maleta por al menos 10 minutos. No estaba acostumbrado a este nivel de esfuerzo y ya estaba llegando a su límite. Cuando finalmente dobló la esquina, se llevó una gran sorpresa. Estaba ingresando a un barrio residencial de aspecto tradicional que jamás esperó ver en la tecnologizada Tokio-3.

El lugar tenía las típicas calles de una sola vía sin veredas, con solo una línea blanca pintada sobre el asfalto para separar a los automóviles de los peatones y postes de luz cada tantos metros, con los cables siguiendo la línea de la calle o atravesando la calle de un lado a otro. Las casas estaban en fila a cada lado de la calle, algunas de uno solo piso, otras de dos y otras de tres pisos. Algunas de las casas contaban con pequeños jardines, mientras que otras tenían un espacio justo para un automóvil; también habían casas con solo una hilera de arbustos apegados al borde de la casa como improvisado jardín y otras simplemente daban directo a la calle.

Luego de doblar una nueva esquina y adentrarse a mitad de la cuadra por una calle similar a la anterior, Mari finalmente se detuvo frente a una casa de dos pisos.

— Hogar dulce hogar — dijo la chica con una sonrisa.

La casa en cuestión era de dos pisos, de líneas rectas pero agradables a la vista, con un estilo de diseño muy cercano al mediterráneo, lo que la hacía ver simplemente espectacular. Tenía un balcón que daba a la calle desde el segundo piso y un pequeño jardín al frente, separado de la calle por un muro exterior que llegaba hasta un poco más debajo de los hombros. Tenía una hermosa reja con barras de metal rectangulares puestas en horizontal con un diseño moderno y robusto, que se deslizaba hacia el lado para permitir el acceso a un estacionamiento privado, que en ese momento estaba vacío. La puerta de acceso del muro seguía el mismo diseño y Mari ya la había abierto e ingresado; de hecho, había abierto la puerta de casa y tuvo que devolverse a ver por qué su invitado no la seguía.

— ¿Qué pasa? ¿Por qué no entras? — preguntó Mari, curiosa.

— No… es solo que… es una casa muy hermosa — reconoció Shinji.

— Mi madre tiene un negocio de Corretaje de Propiedades junto con una tía. No son una empresa grande, pero pueden acceder a muy buenas ofertas. Así fue como dio con esta casa — reconoció Mari.

— Ya veo — dijo Shinji recordando que efectivamente, la chica le había contado que su madre tenía un negocio junto con su tía.

— Vamos, sígueme. Si quedaste así solo por verla por fuera, espera a verla por dentro — añadió Mari divertida, acercándose a Shinji para tomar el asa de la maleta que contenía su colección de Godzilla y comenzó a caminar una vez más hacia el interior de la casa.

Shinji siguió a la chica cargando los bolsos. Una vez dentro de la casa se quitaron los zapatos y los dejaron en el Getabako (1) para pasar al interior. Ciertamente la casa no decepcionó.

Al lado izquierdo pudo ver una escalera que llevaba al segundo piso, hacia el frente un corredor que daba muy posiblemente al cuarto de baño y el lavado. Siguiendo a Mari hacia el lado derecho ingresó a una amplia sala con un gran ventanal, donde destacaban un cómodo sillón de tres cuerpos, una mesa de centro sobre una linda alfombra, y al frente un televisor de unas 50 pulgadas de pantalla plana colgado de la pared. Pudo ver que entre el televisor y la puerta de entrada, había una puerta Shoji de papel de arroz entreabierta, que daba acceso a una pequeña oficina con un escritorio, repleta de papeles y carpetas.

— ¿Quieres algo de beber? Tengo jugo de piña y naranja — pregunto Mari, hurgando en la nevera.

Shinji volteó y recién cayó en cuenta que la sala continuaba hacia el fondo. Tras el sillón estaba el comedor, con una mesa larga para seis personas y al fondo una gran cocina americana totalmente equipada. Ahí estaba la chica de lentes sosteniendo en sus manos dos envases de jugo.

— Piña estará bien para mí — respondió el Tercer Elegido caminando hacia la cocina americana, para recibir el vaso de jugo de manos de la chica — Gracias.

— ¿Qué te parece la casa? ¿Te gusta? — preguntó ella.

— Sí, es genial. Ese ventanal al lado le da mucha luminosidad al lugar.

— Cierto. El que la sala, el comedor y la cocina estén conectados también hace que todo se vea mucho más amplio. Es una casa agradable — reconoció Mari.

En ese momento Shinji estrechó los ojos. La chica venía de la estación de trenes cargando una maleta gigante y dos pesados bolsos, eso quería decir que ella…

— ¿Qué pasa? ¿No te gusta el jugo? — preguntó la chica de lentes mirando su propio vaso, ya que ella también estaba tomando jugo de piña y lo encontró bastante bueno.

— No es eso. Está rico. Solo me preguntaba por la maleta y los bolsos… — comentó Shinji, pero dejo la frase a medio camino al darse cuenta de que estaba siendo impertinente.

— Tuve que pasar una temporada en otro lado, pero ya estoy de regreso — dijo Mari restándole importancia al asunto, tomando el vaso vacío desde las manos de Shinji, dejándolo sobre el mesón de la cocina y caminando hasta quedar de pie frente al chico.

— ¿Qué? — preguntó Shinji, un tanto intimidado por la mirada depredadora de la chica de lentes.

— Hay algo que debes hacer por mí, Shinji Ikari, y no puedes negarte — dijo Mari, poniéndole las manos sobre los hombros y esbozando una sonrisa perversa que hizo estremecer al chico.

 


 

— ¡Gracias! No podría haber hecho esto sin ti — dijo Mari abrazando la maleta que contenía su preciada colección, en medio del pasillo del segundo piso de la casa.

Shinji estaba de pie junto a la escalera con los dos pesados bolsos a sus pies, dándole una mirada sucia la chica, que seguía abrazando la maleta como si su vida dependiera de ello. Suspiró con cansancio, porque efectivamente estaba cansado. ¿Qué demonios tenía esta loca de lentes dentro de esos condenados bolsos? ¿Piedras?

— Vamos, mi cuarto está al fondo — dijo Mari, ya de pie, haciéndole señas para que la siguiera a la puerta al final de corredor, mientras arrastraba la maleta con ruedas.

El joven Ikari gimió en frustración, tomó los condenados bolsos y siguió a la chica, quejándose mentalmente de que fuera el último cuarto y uno de los dos que estaban a cada lado del corredor. Cuando llegó a su destino y pudo finalmente soltar los condenados boldos, se llevó la sorpresa de su vida.

La habitación era más espaciosa de lo que pensó, con un escritorio junto a un ventanal que da a un pequeño balcón, al lado un mueble con un equipo de música, un reproductor de DVD y una televisión de pantalla plana, al frente una cama apegada a la pared. Se podía ver un armario empotrado a la pared junto a la puerta y el resto de la habitación estaba repleto de estanterías y repisas con todo lo que se te pudiera ocurrir sobre Godzilla: Figuras, gorros, mangas, afiches, peluches, una alfombra; cubrecamas, sabanas y cojines estampados con dibujos de Godzilla; incluso había una figura de 1,80 metros a los pies de la cama. Este cuarto era, literalmente un santuario a Godzilla.

— ¿Qué te parece? — preguntó Mari, orgullosa.

— Es… increíble — dijo Shinji, apenas creyendo que semejante santuario existiera en esta tierra; incluso sus ojos se humedecieron de la emoción.

La sonrisa de orgullo de Mari aumentó un escalón ante la reacción de su invitado, dando un par de pasos hacía él, momento en que estrechó la mirada haciendo un gesto de desagrado.

— ¿Qué? — preguntó Shinji, descolocado.

— Hueles a sudor — respondió Mari, tapándose la nariz con los dedos.

Shinji se sonrojó hasta las orejas, dando un paso hacia atrás.

— ¿Qué esperabas? Me hiciste cargas tus bolsos y maleta por medio Tokio-3. A todo esto, ¿Qué demonios tienes dentro en esos malditos bolsos? ¿Piedras? — exclamó Shinji, un poco más sonrojado aún; si fuera posible.

— Como sea, si vas estar en esta casa debes bañarte. Tengo una nariz sensible — se quejó Mari arrastrando a Shinji de una mano fuera de su habitación.

— ¿Qué? ¡Espera! No… yo… — intentó decir Shinji, siendo arrastrado por el pasillo, rumbo a la escalera.  

— ¿Tienes una muda de ropa? — pregunto Mari, comenzando a bajar la escalera al primer piso.

— ¿Eh? Sí, en mi bolso, pero…

— Genial — dijo Mari, tomando el bolso de Shinji una vez estuvo en el primer piso, para luego arrastrar al chico por el corredor junto a sala hasta llegar al fondo.

Tal como Shinji había imaginado, entró a una zona de lavado, donde estaba una lavadora, un lavado pequeño y varios estantes llenos de cajas, útiles de limpieza y cestos de ropa. Mari abrió una puerta adyacente y dio a la zona de baño. La chica lo arrastró dentro donde había un lavamos con un gran espejo y un mueble de pared con un sinfín de accesorios de mujeres. Al abrir otra puerta al fondo, se podía ver una ducha y una tina grande donde podían caber dos personas fácilmente.

— Ahí tienes. Puedes tomarte tu tiempo, yo estaré ordenando mi colección — dijo Mari.

— Pero, pero… — intentó decir Shinji, recibiendo una toalla, que por su vida no vio de dónde salió.

— Hablo en serio Shinji, hueles mal. Báñate — sentenció Mari, con una seriedad no vista antes en ella, apretándose la nariz con dos dedos y señalando la ducha con la otra mano.

Un Shinji apenado y avergonzado al infinito, solo pudo asentir con la cabeza, mientras la chica dio media vuelta y cerró la puerta al salir, dejándolo solo con una toalla y su bolso con ropa a los pies. Suspiró cansadamente desviando la vista a un lado, momento en que su cara se puso roja como un tomate. Ahí frente a él, en el mueble junto al lavamanos, había un paquete abierto de tampones.

Apartó la vista tratando de borrar eso de su mente, pensando que había visto cosas peores en su tiempo con Misato. Apenas ese pensamiento dejó su mente, Shinji supo que fue un error. Misato a veces olvidaba que ya no vivía sola y ocurrían algunos… accidentes vergonzosos.

— Voy a tener que bañarme con agua fría — se quejó Shinji, comenzando a desvestirse. 

 


 

Shinji le tomó la palabra de Mari y había llenado la tina con agua caliente mientras se lavaba acuciosamente bajo la ducha. Ahora, limpio de toda suciedad y rastro de sudor, estaba metido en la tina disfrutando de la relajante agua caliente. Suspiró, pero ahora de placer. Miró al techo y trató de procesar todo lo que estaba pasando este día, donde en pocas horas, había conocido a una linda, pero alocada chica amante de Godzilla. La ayudó a cargar sus cosas y ella lo trajo a su casa, que estaba en un barrio residencial de clase media. No dejaba de sentir que todo esto era una completa locura.

Lo cierto es que nunca antes había visto a esta loca, pero linda chica de lentes y ahora estaba en su casa, en su baño… bueno, lo cierto es que el baño era necesario; pero aun así no dejaba de ser extraño. Cielos, él no conocía a esta chica, bien podía ser una psicópata o algo por el estilo. Sin olvidar lo que podría decir su madre si llega de improviso y lo encuentra metido en la tina. Ese pensamiento activó a Shinji y le hizo pensar que ya iba siendo hora de salir de aquí.

Salió de la tina y se secó rápidamente, poniéndose una muda de ropa limpia. Salió del cuarto de baño y para su sorpresa, se encontró a Mari sentada en el sillón de la sala, viendo una serie de animé en la televisión.

— Te tomaste tu tiempo. Yo hasta terminé de reacomodar mi colección — dijo Mari con una sonrisa divertida, antes de estrechar la mirada.

— ¿Qué? — preguntó Shinji, nervioso.

— ¿Te volviste a poner la misma ropa? — preguntó la chica, con una mueca de asco.

— ¡Claro que no! Me cambié. Esta ropa está limpia — respondió Shinji, enojado.

— ¿Me estás jodiendo? — dijo Mari, incrédula, viendo que el chico vestía exactamente igual que antes de mandarlo a tomar un baño — ¿Me quieres decir que tienes varias mudas de ropa idénticas? ¿Acaso te crees Albert Einstein, que siempre usaba trajes grises para no perder tiempo eligiendo qué vestir cada día?  

Shinji miró seriamente a la chica, sin saber si sentirse ofendido o halagado por ese último comentario.

— ¿Qué vamos a hacer contigo? — preguntó Mari, con las manos en las caderas mientras negaba con la cabeza, mirándolo con pena.

— ¡Oye! — se quejó Shinji, ahora sí, ofendido.

— ¿Tienes hambre? — preguntó de pronto Mari, acercándose a Shinji.

— ¿Qué? — preguntó él, totalmente descolocado por esa pregunta.

— Bien, hace rato que pasó la hora de almuerzo y tengo bastante hambre. Como no tengo ganas de cocinar, pensaba ir al distrito comercial a un par de cuadras de aquí. Hay buenos restaurantes ahí. Yo invito — dijo Mari con una sonrisa.

— Gracias, pero yo… no sé si deba. Quiero decir, recién nos conocemos — dijo Shinji.

— Recién nos conocemos, pero ya tomaste una ducha en mi baño, supongo que también usaste la tina… y además viste los tampones de mi madre — dijo Mari con seriedad.

— ¡Ack! — exclamó Shinji, dando pequeño salto en espanto.

— ¡Oh! ¿En verdad los viste? Yo solo lo mencioné a ver si picabas — dijo Mari divertida, antes de estallar en una sonora carcajada.

Shinji Ikari, avergonzado, humillado y más rojo que una señal de tráfico, deseó que la tierra se lo tragara. En ese momento Mari dejo de reír y lo miró seriamente.

— Ya que viste los tampones de mi madre, no puedes negarte a mi pedido — dijo la chica acusadoramente.

— Perdón — dijo Shinji en un gemido, tapándose la cara con las manos, mientras echaba valor por las orejas.

— Ya, cálmate. Solo estoy bromeando — dijo Mari con una sonrisa divertida, pensado que tal vez se le había pasado un poco la mano — Oye; en verdad tengo hambre, vamos, yo invito — lo apremió jalándolo de la manga de su camisa.

— Pero… pero… yo, no sé si…

— ¡Oh! Vamos, no me mires con esa cara de desvalido. No es como si yo fuera el zorro malo disfrazado de abuelita para comerse a la Caperucita Roja — dijo Mari divertida.

— ¿No se supone que es un lobo? — preguntó Shinji, extrañado.

— Bah, lo que sea. Vamos a comer. Muero de hambre — dijo Mari arrastrando a Shinji a la salida de la casa — Ya que estamos en eso, vamos a hacer algo con tu ropa. Conozco una tienda que tiene buena ropa a precios razonables.

— ¿Qué hay de malo con mi ropa? — preguntó Shinji sorprendido.

Mari le dio una mirada de circunstancia, que hizo que el Tercer Elegido se replegase como una tortuga metiendo la cabeza en su caparazón.

— Por cierto, ¿tienes dinero, verdad? No esperarás que una chica linda e indefensa como yo pague por tu ropa. Igual si no tienes dinero puedes pagar a crédito. Conozco a la dueña de la tienda donde iremos — dijo una seria Mari.

— ¿Qué? — preguntó un Shinji espantado, temiendo ya por su presupuesto.

— ¡Oh! Vamos. No te quedes ahí parado como un tonto. Tengo hambre, apúrate — dijo Mari, empujando a un ahora oficialmente preocupado Shinji fuera de la casa.

 

 

Continuará...


Notas del Autor: Hola a todos. Aquí estamos con el segundo capítulo de esta historia, en donde ya se introdujo un personaje que tendrá muchas cosas por decir.

Mari Makinami ha llegado para trastocar la vida de un deprimido Shinji, venida directamente del proyecto “Rebuild of Evangelion”; personaje que a mi juicio fue desperdiciado groseramente. Aclaro de inmediato que esta historia no tiene ninguna relación con el desastroso proyecto de “Rebuild of Evangelion”. Esta historia transcurre íntegramente en mundo de “Neon Genesis Evangelion”. Solo tomé prestado un personaje para insertarlo en este mundo, con muchas licencias literarias.

- Getabako (1): Zapatero que está a la entrada de todas las casas en Japón.

Espero me sigan en los próximos capítulos.

Saludos y nos leemos.

Chapter 3: Una tarde diferente

Summary:

Un deprimido Shinji analiza su lamentable y dolorosa existencia. Siente que su vida no vale nada, que no hay razón para seguir adelante, pero en su momento más ocuro, algo ocurre que le hace ver que no todo es tan malo como cree, poniendo su vida de cabeza y cambiandola de formas que nunca imaginó.

Notes:

NOTA: Todos los derechos de la serie Neón Génesis Evangelion pertenecen a Gainax/Khara, o a aquellos quienes les sucedan legalmente en el futuro. Esta historia fue escrita sin fines de lucro, solo como medio de esparcimiento. No me demanden.

Chapter Text

Si Shinji había quedado impresionado con la linda casa en la que vive esta loca chica que responde al nombre de Mari Makinami, quedó simplemente anonadado cuando se encontró frente a la entrada del ”Shotengai”, que es el típico Distrito Comercial que se puede encontrar por todas partes en Japón; principalmente cerca de las estaciones de trenes. Lo curioso es que este Distrito Comercial se encontraba bastante alejado del centro de Tokio-3, y efectivamente, a solo dos cuadras de la casa de Mari.

— ¿Y bien? ¿Qué te parece? — preguntó la chica de lentes de pie frente a Shinji, esperando ansiosamente su respuesta.

— Es… increíble — solo pudo responder el Tercer Elegido, porque en verdad lo era.

La entrada al Shotengai se encontraba marcada con un portal con un gran letrero luminoso en la parte superior, que daba acceso a una calle peatonal con negocios de todo tipo apilados a cada lado de la calle, con carteles de distintas formas y colores colgando del techo y las paredes. Todo para llamar la atención e invitar a pasar a la gente que transitaba por el lugar; que no era poca, sea dicho de paso.

— Hay mucha gente en este lugar — comentó Shinji.

— Este es básicamente un enorme barrio dormitorio. La mayor parte de la gente que vive aquí trabaja en las distintas empresas, laboratorios y fábricas de Tokio-3. Cuando regresan del trabajo por la tarde, solo quieren relajarse y pasar el rato con la familia. Por eso siempre hay gente aquí, porque este lugar te da toda la diversión y distracción que puedas pedir — explicó Mari, extendiendo los brazos.

— Entiendo — dijo Shinji, encontrándole ahora bastante sentido a la ubicación de este lugar. Entonces estrechó un poco la mirada — No está techado — comentó.

— Pensaron hacerlo tiempo atrás, pero decidieron dejarlo así. Como gracias al Segundo Impacto ahora vivimos básicamente en un planeta tropical, decidieron que un techo estaría de más. La lluvia ahora es menor y no tan fuerte como antaño. Además creo que se ve mejor así — dijo Mari.

— Sí, se ve bastante bien — concordó Shinji.

—  Bueno, dejemos de hablar y vamos de una vez — dijo Mari, dando media vuelta para adentrarse  en el lugar — ¡Vamos! — lo animó desde debajo del portar, haciéndole señas con una mano.

Shinji dudó por un par de segundos, pero al ver a la chica adentrarse en el lugar y perderse entre la multitud, algo dentro de él le hizo mover los pies. Por alguna razón que no podía explicar, sintió que quedarse ahí y perder de vista a esta alocada chica de lentes sería el peor error de su vida.

— ¡Hey! ¡Espérame! — gritó siguiendo a la chica dentro del Shotengai.

El lugar era simplemente alucinante y con estilo bastante tradicional, que por momentos hizo que Shinji se sintiera en medio de algo salido del Japón medieval. Paseó la vista y pudo ver tiendas de tantas cosas distintas que se llegó a marear. Había tiendas de revistas, inciensos, bisutería, ropa, libros, adornos, zapatos, lámparas y un impresionante etcétera. Había otras calles que atravesaban la principal, como una donde vendían frutas, verduras, abarrotes, pescado y demás.

— Vamos, no te quedes atrás — dijo Mari, apareciendo de pronto junto a Shinji — Primero la comida y luego curioseamos por las tiendas — añadió.    

El joven Ikari no alcanzó a responder cuando fue jalado de una mano por la chica, adentrándose entre la gente que transitaba por el lugar. Solo en ese momento fue consciente de que ella lo estaba tomando la mano. De hecho, también lo había tomado de una mano al bajarlo del segundo piso de su casa. ¿Cómo había pasado eso por alto? No pudo evitar sonrojarse.

El corazón de Shinji comenzó a acelerarse al ser consciente de que estaba siento tomado de la mano por una linda y alocada chica que acababa de conocer; algo totalmente fuera de lugar, ya que se supone que estás cosas no le pasan a él.

Sus reflexiones quedaron de lado cuando Mari giró y lo arrastró por una callejuela repleta de pequeños bares y restaurantes a cada lado. Finalmente ingresaron a un pequeño restaurante que tenía una larga barra y una hilera de mesas apegadas a una pared. No era un lugar muy grande y estaba medianamente concurrido de gente.

— ¡Hola Watanabe-San! —exclamó alegremente Mari, arrastrando a Shinji a la barra.

— ¡Oh! ¿Pero qué tenemos aquí? Ha pasado un tiempo desde la última vez viniste, “Princesa” — dijo un hombre robusto desde detrás de la barra.

— Estuve un poco ocupada, pero mira. Te traje un nuevo cliente — dijo una contenta Mari, dándole unas palmadas a la espalda de Shinji.

— ¿De verdad? Bienvenido muchacho. Siempre es bueno conocer clientes nuevos. ¿Y? ¿Cuál es tu relación con la “Princesa”? — preguntó el hombre con una mirada astuta.

— ¿Eh? ¿Qué? Amigos… creo — respondió dubitativamente un complicado Shinji.

— ¿Solo amigos? ¿Después de todo lo que hemos pasado juntos? — preguntó Mari con voz lastimera y ojos de cachorro apaleado. 

— ¿Qué? — pregunto un espantado Shinji, blanco como el papel, mientras era mirado duramente por el hombre tras la barra y todos los comensales del local.

En ese momento Mari estalló en una sonora carcajada, señalando a Shinji con un dedo.

— Si hubieras visto tu cara — dijo la chica entre risas, doblándose sobre la barra y dándole fuertes palmadas con una mano.

— No le encuentro la gracia — masculló Shinji, molesto.

— Si vas estar cerca a la “Princesa”, más vale que te acostumbres — dijo el hombre tras la barra con evidente diversión — ¿Qué van a querer de comer?

— Ramen de cerdo para mí — dijo una entretenida Mari, mientras se limpiaba una lágrima de un ojo.

— Yo tendré un Ramen de camarón — masculló un aun molesto Shinji, luego de ver el menú colgado en un cartel detrás del robusto hombre, que debía ser el dueño del local.

— Sale un Ramen de cerdo y un Ramen de camarón — dijo el hombre, perdiéndose por una puerta tras la barra que daba acceso a la cocina.

Shinji miró con algo de fastidio a la chica, que seguía sonriendo mientras saludaba a los demás comensales del lugar. No pasó mucho para que dos humeantes tazones de Ramen fueran puestos delante los dos jóvenes. Mari sonrió al ver su tazón, mientras que Shinji podría jurar que vio un par de colmillos asomar en la boca de la chica al ver la comida ante ella.

— ¡¡Itadakimasu!! — dijo una feliz Mari, con un par de palillos en su mano, que tomó de un recipiente en la barra, comenzando a comer alegremente.

El estómago de Shinji retumbó, recordándole que él también estaba hambriento. Con un nuevo sonrojo en las mejillas, tomó un par de palillos del recipiente en la barra y miró su tentador tazón de Ramen.

— Itadakimasu — dijo el joven Ikari y comenzó a comer… estaba rico.

 


 

Si Shinji creía que Mari era la chica más linda y loca que había conocido en su vida, junto con ser la mayor fanática femenina de Godzilla de todo el mundo; ahora debía agregar “sociable” a la ecuación.

Mientras estaban comiendo en el pequeño restaurante de Ramen, Mari había conversado alegremente con el dueño, Watanabe-San, así como con su hijo, quien lo ayudaba tras la barra y sirviendo en las mesas. También conversó con los comensales del restaurante. Era simplemente impresionante como esta chica podía entablar conversación tan fácilmente con cualquier persona; lo cual también podía aplicarse a él mismo, que sin darse cuenta fue atrapado en el influjo de esta alocada y extrovertida chica de lentes.

Ahora, tras terminar de comer y dejar el restaurante, se dedicaron a recorrer las distintas tiendas de este impresionante Shotengai, simplemente viendo lo que tienen para ofrecer y divirtiéndose en el proceso, mientras Mari seguía conversando con la gente o algunos dueños de locales que parecían conocerla. Esto le hizo plantearse a Shinji que Mari debía andar muy seguido por este lugar, ya que muchas personas parecían conocerla.

En esos pensamientos estaba el vástago despreciado de Gendo Ikari, cuando fue empujado intempestivamente dentro de una tienda. Cuando fue consciente de lo que pasaba, estaba en una tienda de ropa, con una mujer de pie frente a él, mirándolo con curiosidad. La mujer era de edad adulta, muy posiblemente a inicios de los 60 años, aun así, Shinji no podía negar que pese a su edad, la mujer era bastante hermosa.

— Hola Temari-Obasan. Te traigo un cliente — saludó Mari con su alegría habitual.

— ¡Oh! “Princesa”. Qué bueno verte. ¿Y este joven es mi nuevo cliente? — preguntó la mujer de encanecido cabello largo tomado en dos gruesas trenzas que caían por su espalda y dos flequillos que enmarcaba su aun atractivo rostro.

— Sí, puedes ver que necesita con urgencia un cambio de ropa — dijo Mari, señalando la ropa de un mosqueada Shinji.

— Ciertamente — concordó la mujer mayor, mirando con desapruebo la ropa del joven ante ella.

— ¿Puedes creer que siempre viste igual? Tiene varias mudas idénticas a esa — comentó Mari.

— ¿Te crees Albert Einstein, quien vestía siempre lo mismo? — preguntó la mujer mayor, levantado una ceja.

— ¿Qué les pasa a todos con mi ropa? Es mi uniforme escolar — se quejó Shinji.

— Ese es el punto Shinji. No estás en la escuela. Incluso te cambiaste de ropa en mi casa y en vez de vestir algo distinto, te volviste a poner esa cosa — se quejó Mari, con las manos en las caderas.   

— ¿Se cambió de ropa en tu casa? — preguntó la mujer a Mari, levantando una ceja con una sonrisa traviesa en los labios — ¿Es tu novio?

— ¡¡Claro que no!! — estalló Shinji, rojo como una señal de tráfico, pero fue totalmente ignorado por la mujer mayor, que atrapó a Mari en un fuerte abrazo, enterrándole la cara en su bien provista delantera.

— ¡Cómo pasa el tiempo! — exclamó una emocionada Temari, ahogando a Mari con sus senos — Parece que fue ayer cuando eras una pequeña cachorrita a la que le cambiaba los pañales.

— ¡¡TEMARI-OBASAN!! — chilló una avergonzada Mari, sacando la cara de los seños de la mujer.

— ¿Le cambiaba los pañales? — preguntó Shinji con una sonrisa divertida.

— Por supuesto que sí — respondió Temari, con una sonrisa perversa — Tiene un lunar en el trasero.

— ¡¡¡KYAAAAAA!!! — chilló una sonrojada Mari soltándose del agarre de la mujer, yendo a taparle los odios a Shinji — Nunca escuchaste eso — dijo mirando seriamente al chico, que solo pudo asentir con la cabeza.

— Ya, cálmate “Princesa” — dijo la mujer, tomando a Mari del cuello de su polera para apartarla de un complicado Shinji — Vamos, ve a elegir algo de ropa para tu “No” novio — añadió divertida.

Mari le dio una mirada seria a la mujer mayor, pero esta la despidió con un gesto de una mano. Mari hizo un puchero antes de dar media vuelta y sumergirse entre los percheros y motones de ropa que llenaban el local. Por su parte Temari le dio una mirada seria a Shinji, evaluándolo.

— ¿Qué? — preguntó Shinji, algo intimidado.

— Vas a tener que ser más fuerte y decidido. Si no le pones freno, esta niña te va a pasar por encima — comentó la mujer, antes de esbozar una sonrisa traviesa — Por cierto; el lunar está en el glúteo derecho.

— ¡¡TEMARI-OBASAN!! — chilló una avergonzada Mari, lanzándole una blusa a la cara de la mujer mayor, que solo rió a carcajadas.

Shinji suspiró en resignación, preguntándose en dónde rayos se había metido.

Luego de ese episodio y por los siguientes minutos. Shinji se transformó en el muñeco de pruebas de Mari y Temari-San, quienes le hacían probarse tenida, tras tenida de ropa, algunas de ellas intuía solo para reírse de él. Finalmente y luego de lo que pareció una eternidad, vestía un conjunto de zapatillas rojas, pantalón deportivo negro, polera blanca y una sudadera con capucha gris oscura. Cuando se miró en un espejo de cuerpo entero, debió reconocer que se veía bastante bien.

Tal como había dicho Mari, los precios de la tienda no eran caros, por lo que el costo total de la ropa que llevaba era muy razonable. Esto hizo que el sorpresivo y oportuno dinero que le dieron en compensación al ser expulsado de NERV, no se viera demasiado mermado. Además, Temari-San le hizo un buen descuento con la promesa de que volviera a comprar dentro de poco.

Shinji salió de la tienda vistiendo su nueva ropa, con su uniforme escolar y zapatillas blancas guardados en una bolsa que cargaba en una mano. Miró a Mari, que le señalaba una tienda con máscaras tradicionales y no pudo evitar sonreír. Asintió con la cabeza. Un par de segundos después, estaba siendo arrastrado a la tienda por la chica.

— ¡Mifune-San! Te traigo un cliente — dijo una alegre Mari, saludando a un hombre mayor, que usaba un bastón para afirmarse y que le devolvió una sonrisa gentil.

Shinji suspiró, esperando que le quedaran algunos yenes al final del día.

 


 

Shinji terminó de subir la escalera de piedra, llegando a la cima de una pequeña colina que estaba junto al Shotengai, a la que llegó saliendo por una callejuela repletas de bares que atravesaba la calle principal. Una vez arriba se percató de que estaba viendo un pequeño y muy bien cuidado templo Shintoísta, en medio de lo que parecía ser un bosque que se extendía a su alrededor. Los árboles eran grandes y frondosos dándole un aire místico a todo el lugar.

— ¿Te gusta? — preguntó Mari, de pie junto a él.

— Es hermoso — dijo Shinji, realmente impresionado por lo hermoso del lugar.

— Ahora voltea y mira a tu espalda — dijo Mari con una sonrisa.

Shinji hizo lo que pedían y se volteó, quedando impactado por lo que tenía ante sus ojos. Desde esta pequeña colina tenía una vista impresionante de todo el Shotengai, así como del barrio residencial y, al fondo de todo, la ciudad de Tokio-3 con sus impresionantes estructuras elevándose al cielo. Era una vista realmente impactante.

— Es una linda vista, ¿verdad? Te dije que valdría la pena venir aquí — comentó Mari, viendo como Shinji estaba absorto con la vista ante él, hasta que luego de un momento le dedicó una mirada.

— ¿Por qué haces todo esto por mí? Quiero decir, ni siquiera me conoces — preguntó Shinji, con repentina emoción en la voz.

Mari observó a Shinji por largos segundos, para luego desviar su mirada hacía la ciudad de Tokio-3 que se extendía ante ellos, como si estuviera buscando las palabras adecuadas para responder esa pregunta, hasta que finalmente rompió el silencio.

— Porque te vi solo y perdido en esa estación de trenes. Porque vi algo en tus ojos que no me gustó. Por eso te invité a venir conmigo, porque sentí que no sería bueno dejarte solo — respondió Mari, devolviendo la mirada al chico — Además, los compañeros amantes de Godzilla debemos apoyarnos entre nosotros — añadió con una sonrisa.

Shinji abrió enormemente sus ojos antes de bajar la cabeza ante esas palabras, sintiendo que algo se rompía dentro de él, liberando sentimientos que habían quedado en el olvido durante todo el día, pero que finalmente lo estaban alcanzando una vez más. Entonces lloró. Un llanto silencioso, pero que no podía detener.

Pronto sintió una mano en su hombro, era Mari de pie junto a él. Ese solo gesto fue suficiente para hacerlo estremecer; entonces, fue estrechado en un sorpresivo brazo. Sus ojos de abrieron, llenos de lágrimas. La bolsa con su ropa se deslizó desde los dedos de su mano, cayendo al suelo, levantó lentamente ambos brazos aferrándose a esa loca chica de lentes y continuó llorando. Ella lo sostuvo y lo dejó llorar en su hombro.

 


 

Shnji estaba sentado en una banca en el pequeño santuario con una linda vista a Tokio-3. Tenía la cabeza gacha con las mejillas sonrojadas recordando su total falta de compostura de hacía unos minutos atrás, sin olvidar el tremendo atrevimiento al abrazar a la chica en ese momento de debilidad. Es cierto que fue ella la que inició el abrazo; un abrazo que en honor a la verdad, necesitaba; pero eso no le daba derecho a devolverlo así sin más. También es cierto que ella no reclamó por su atrevimiento una vez que se calmó y dejo de llorar, separándose de ella. Aun así sentía que eso estuvo mal. Apuñó las manos sobre las rodillas y suspiró pesadamente.

— Mari, yo… lamento lo que ocurrió allá atrás. No estaba… quiero decir… perdón — dijo Shinji, sin saber qué más decir, totalmente avergonzado.

En ese momento la chica estiró una mano frente a su rostro, ofreciéndole un palito de Dango (1). Shinji dio un par de pestañadas en sorpresa y miró a la chica, la que no le devolvió la mirada, solo se limitó a comer su propio palito de Dango. Era algo que ella había comprado en una tienda. La bolsa con el recipiente abierto ahora descansaba en la banca entre ellos, aun con dos palitos en su interior. Miró a la chica que seguía comiendo tranquilamente, devolvió la vista al palito de Dango que le ofrecían y lo tomó, dando una leve sonrisa.

— Gracias — dijo, dándole un mordisco a la golosina. Estaba rico.

Ambos comieron en un agradable silencio, simplemente disfrutando del momento y del Dango que compartían. Finalmente, ambos terminaron sus respectivas golosinas dejando los palitos en el recipiente vacío, guardando silencio por otro momento.

— ¿Quieres hablar de eso? — preguntó de pronto Mari, mirando a Shinji sin ningún rastro de ese aire travieso que la caracterizaba. Su mirada era seria, interesada y comprensiva a la vez.

Shinji la miró sorprendido, sin saber qué responder.

— No es bueno quedarse con todo ese dolor adentro, ¿sabes? Hablar ayuda — señaló ella con una sonrisa comprensiva — Sé que nos conocemos hace solo unas cuantas horas, pero estoy dispuesta a escuchar y guardar reserva sobre todo lo que digas. Además, ahora conoces mi secreto… que tengo un lunar en el trasero. Así estaríamos a mano — añadió haciendo un puchero.

Shinji contempló a la chica por unos segundos y no pudo evitar una pequeña sonrisa.

Habían pasado demasiadas cosas este día. Fue descartado y expulsado de NERV y Tokio-3, condenado a regresar a una vida triste y amargada que odiaba tanto como subir al EVA. Una vida de soledad, dolor y abandono; algo que lo afectaba a tal punto, que había pensado ponerle fin a todo en dos ocasiones. La primera vez salvado por un extraño zorro salvaje, y la segunda, por esta alegre y alocada chica de lentes que responde al nombre de Mari Makinami.

Le parecía increíble pensar cómo había cambiado su día desde que esta chica irrumpió en su vida. De alguna forma su alegría y extroversión había hecho que dejara de lado todo su dolor y pena, para regalarle el que había sido el día más increíble de su vida. Ella le había entregado tanto en tan poco tiempo pese a ser un total desconocido, pero aun así, pese a conocerla de nada, no podía dejar de sentirse seguro con ella, como si de alguna forma la conociera de toda una vida.

Antes de darse cuenta comenzó a hablar, contándole a Mari el completo desastre que había sido su vida. Partió por la muerte de su madre, el abandono y desprecio de su padre, su vida aburrida y sin sentido con su tío. Habló sobre lo miserable que se sentía, el llamado de su padre que le dio la esperanza de reconstruir su relación, solo para ser decepcionado al saber que se lo llamó únicamente para ser usado, terminando luego despreciado y expulsado por Misato cuando decidieron que ya no les resultaba útil para sus propósitos. No se guardó nada, e increíblemente luego de decir todo eso, se sintió mejor.

Mari guardó silencio por varios minutos analizando el relato de Shinji, antes de hablar.

— Creo que esa mujer Misato está en lo correcto. Si no tienes motivación o ganas de luchar, no tiene sentido subirte a esa cosa EVA. Solo serías un blanco fácil para esos Ángeles. Solo te estarían enviando a morir.

Shinji miró sorprendido a Mari por esas palabras y no dejó de estar en desacuerdo.

— Pero me estaban obligando a salir a pelear y morir ahí a fuera — se quejó Shinji.

— Bien, míralo de este modo. Cuando un país entra en guerra, reclutan hombres para entrenarlos y enviarlos a luchar en el frente de batalla como soldados. Claro, esos hombres están siendo obligados a combatir y saben que eventualmente pueden morir, pero no escapan. Van a luchar con convicción y decisión para defender su país, su hogar y su familia. Si no tuvieran nada por lo que luchar, nada por lo que vivir, ¿serían diferentes a ti sobre esa cosa EVA?

Los ojos de Shinji se abrieron grande ante esa línea de pensamiento, pero luego estrechó la mirada.

— ¿Quieres decir que debo encontrar algo por lo que luchar antes de subir al EVA?

— No, solo digo que entiendo el razonamiento de esa mujer Misato. No quieres luchar y no tienes nada por lo que luchar. No tienes ninguna motivación. Si sales a luchar así, solo saldrías a que te maten. Creo que ella hizo lo correcto — dijo Mari, mirando al cielo, que ya comenzaba a oscurecer. 

Shinji bajó la cabeza asimilando las palabras de Mari, tratando de comprender.

— También creo que estás equivocado sobre eso de que estás totalmente solo en el mundo — dijo Mari, atrayendo la atención de Shinji.

— ¿Qué? — preguntó él.

— Puede que efectivamente esa mujer Misato te esté usando para esa especie de “Guerra de las Galaxias” suya; pero por lo que me has contado, creo que a su modo se preocupa por ti. Si no le importaras, no te habría dejado ir y te habría obligado a pelear. Al menos eso creo. Mi consejo es que hables con ella sinceramente, luego de eso; bueno, quedarte y pelar o marcharte y deja todo atrás. Eso lo debes decidir tú.

Nuevamente Shinji quedó sorprendido por el planteamiento y el consejo de la chica. Había mucho de razón en sus palabras.

— Y no te olvides de mí — apuntó Mari, arrancando una mirada impactada de Shinji — Puede que nos conozcamos solo desde hoy, pero ya te considero un amigo. Además, eres fanático de Godzilla; y eso te da muchos puntos a mis ojos. ¿Ves? No están tan solo como crees — dijo con una sonrisa.

Los ojos de Shinji se humedecieron una vez más y pronto las lágrimas volvieron a correr por sus mejillas, pero a diferencia de la última vez, ahora no eran lágrimas de tristeza.

— Gracias — fue todo lo que pudo decir.

Por respuesta Mari sonrió mientras tomaba algo de otra bolsa que descansaba a su lado, se puso de pie dando unos pasos al frente, quedando por un momento dándole la espalda a Shinji. Este miro con curiosidad a la chica, que procedió a quitarse los lentes para sostenerlos en una mano.

— Yo también debo agradecerte — dijo de pronto Mari, aun de espaldas — Por ayudarme en la estación de trenes con mi colección, por cargar mis cosas… por darme un día tan entretenido.

Shinji estaba por responder a esas palabras, cuando la chica se giró. Los ojos de Shinji casi salen de sus orbitas. Mari esta frente a él usando una máscara de zorro; una máscara Kitsune que él le había comprado en una tienda ante su insistencia.

Era una hermosa máscara con grandes orejas, los bordes de los ojos y nariz pintados en dorado, una gran flor de cerezo en la frente, tres pétalos de cerezo sobre el ojo izquierdo y tres más bajo el ojo derecho. Tenía además unos cascabeles que colgaban a cada lado de máscara sujetos desde cordones de color rojo, desde los que también colgaban una borla roja a cada lado. La máscara cubría la mitad de cara, por lo que se podía ver la sonrisa de la chica.

Shinji quedó literalmente embobado por la visión que tenía ante él, la visión de una linda y extrovertida chica con una máscara de zorro; un Kitsune. Por alguna razón supo que eso era algo acertado. Tradicionalmente se creía que los Kitsune eran traviesos, lo que de alguna forma se emparejaba con lo que había visto de esta alocada chica durante el día.

Miró a la chica fijamente por unos segundos y tuvo que dar un par de pestañadas. De pronto, pudo jurar que ya no veía la máscara en la cara de Mari, en cambio, habían dos peludas y grandes orejas de zorro sobre su cabeza y tres felpudas colas ondeando graciosamente en su espalda. Permaneció congelado viendo esa extraña visión, totalmente fascinado por esa increíble y exótica vista ante sus ojos, hasta que ella le habló.

— ¿Te gusta?

Esa pregunta descolocó a Shinji. Pestañeó un par de veces, como si estuviera saliendo de un trance y al ver a la chica, las orejas de zorro y las tres felpudas colas ya no estaban, la máscara había vuelto a su lugar y ella lo mirada con una sonrisa divertida.

— Eh… sí. Te ves bien — logró decir, haciendo que la sonrisa de ella aumentara.

— Tú también tienes una. ¡Póntela! — dijo ella con diversión.

En ese momento Shinji recordó que había comprado dos máscaras a pedido de ella. La otra era una máscara completa, ojos y nariz en negro, boca, orejas y algunas marcas en rojo. Pronto Mari había manejado ponerle la máscara en la cara y lo miró con aprobación.

— Te vez guapo — dijo ella.

— Deja de reírte de mí — masculló Shinji, arrancando una risita de Mari.

— Hablo en serio. Te ves bien con esa ropa, eres guapo y esa máscara Kitsune te queda genial. Solo te falta hacer un poco más de ejercicio, así no sudarías tanto al cargar peso — dijo ella, divertida.

Shinji agradeció llevar la máscara puesta para ocultar su sonrojo.

— ¿Qué vas a hacer ahora? Te ibas yendo de la ciudad esta mañana. ¿Tienes algún lugar donde pasar la noche? — preguntó ella de pronto.

Esa pregunta tomó fuera de guardia a Shinji. Ahora que se daba cuenta, estaba anocheciendo y no tenía ningún lugar donde dormir. No creía que Misato estuviera muy contenta de verlo aparecer repentinamente en la puerta de su departamento luego de echarlo de Tokio-3.

— Yo… realmente aun no sé qué hacer. Tampoco tengo donde pasar la noche. Supongo que buscaré un hotel barato — razonó.

— Olvida eso. Hay un cuarto de invitados en mi casa. Puedes quedarte ahí — dijo Mari.

— ¿Qué? ¡No! No puedo aceptar eso. Recién nos conocemos. No sabes nada de mí — razonó Shinji.

— Y aun así viste los tampones de mi madre — dijo Mari, con los brazos cruzados bajo el pecho.

— ¿Quieres dejar de recordarme eso? — reclamó Shinji, tan avergonzado que hasta la máscara que usaba se tiñó de rojo.

— Mira, es cierto que nos conocemos desde esta mañana, pero puedo sentir que eres una buena persona. Además, eres un compañero fanático de Godzilla. No te puedo dejar desamparado — dijo Mari levantándole un pulgar.

Shinji miró sorprendido a la chica por su casi absurda forma de pensar, tomó la máscara que cubría su cara con una mano y la giró hacia un lado de su cabeza. Miró a la chica y estaba por decir algo, cuando ella se le adelanto.

— Ya que vas a pasar la noche en mí casa, ¿te gustaría ver conmigo la película de Godzilla de 1954? La versión remasterizada, extendida y coloreada — preguntó ella.

Cualquier cosa que Shinji hubiera querido argumentar murió en su garganta ante esa oferta. La emoción era visible en sus ojos ante la oportunidad de ver esa exclusiva película. Un objeto de culto que muy pocas personas habían podido disfrutar. Cualquier sentimiento de tristeza o duda que habían estado agolpándose en su corazón quedó de lado, ante la oportunidad de ver esa película del gran Godzilla.

Mari miró atentamente la reacción de Shinji, y vio como sus ojos hablaron por él. Sonrió.

Shiniji vio como la chica tomaba la bolsa con el recipiente vació donde antes estuvieron los Dango y lo metía en la bolsa donde antes estuvieron las máscaras de zorro. Luego tomó la bolsa con ropa a un lado de él y la puso frente a su rostro. La tomó con ambas manos.

— ¿Qué? — preguntó, descolocado.

— ¿Cómo que “qué”? Vamos a casa. Tú preparas la televisión y la película, mientras yo preparo palomitas de maíz y refrescos. No podemos ver esa joya del cine sin refrescos y palomitas de maíz — dijo una entusiasmada Mari, tomando a Shinji de una mano y jalándolo con ella, para comenzar  bajar las escaleras de regreso al Shotengai.

Shinji sintió como su corazón bombeaba a mil por hora. Una chica lo estaba tomando de una mano; una linda chica con un máscara Kitsune que además es fanática de Godzilla. Tal vez sí tenía algo por lo que vivir después de todo.

La pareja bajó de la pequeña colina y se adentró una vez más en ese pintoresco Shotengai, que parecía aún más impresionante con todas las luces prendidas y la gente caminando de un lugar a otro.

Por entre todo ese ajetreo y las luces, la gente vio a una alegre chica con una máscara Kitsune, arrastrando a un chico que también llevaba una máscara en la cabeza. Una mujer mayor que regentaba una tienda de ropa y que respondía al nombre de “Temari”, miró a la pareja pasar por la calle rumbo a la salida del lugar. Los vio perderse entre la gente y sonrió, imaginando que comenzaría a ver a ese pobre chico más seguido por aquí, siendo víctima de las locuras de la “Princesa”

 

 

 

Continuará...


Notas del Autor: Hola a todos. Seguimos con un nuevo capítulo de esta historia donde tenemos como protagonista a Mari Makinami, traída directamente de “Rebuild” para insertarla en el mundo de “Neon Génesis”. Esto es literalmente un gusto que me estoy dando aquí, pero creo que va bien encaminado.

En este capítulo pudimos ver algo más de la vida de Mari y su entorno. El viaje al “Shotengai” fue algo nuevo para Shinji, que lo alejó de golpe de sus pensamientos y sentimientos autodestructivos.

Las cosas malas para Shinji no han terminado, aún hay mucho por delante para él, pero aparentemente ya no estará solo para afrontaras. 

Saludos y nos leemos.

- Dango (1): Pequeñas bolas de masa hechas a base de harina de arroz glutinoso, conocida como mochiko, y agua. La masa se amasa y se moldea en forma de bolas redondas o alargadas.

Chapter 4: Siguiendo adelante (Parte 1)

Summary:

Un deprimido Shinji analiza su lamentable y dolorosa existencia. Siente que su vida no vale nada, que no hay razón para seguir adelante, pero en su momento más ocuro, algo ocurre que le hace ver que no todo es tan malo como cree, poniendo su vida de cabeza y cambiandola de formas que nunca imaginó.

Notes:

NOTA: Todos los derechos de la serie Neón Génesis Evangelion pertenecen a Gainax/Khara, o a aquellos quienes les sucedan legalmente en el futuro. Esta historia fue escrita sin fines de lucro, solo como medio de esparcimiento. No me demanden.

Chapter Text

Shinji comenzó a despertar dando un gemido soñoliento. Se sentía algo aturdido pero, por alguna razón, también profundamente confortable. De hecho, parecía tener la cara enterrada en un par de esponjosas almohadas, suaves, cálidas y que, de alguna forma, olían condenadamente bien. También se sintió un poco acalorado, cómo si su almohada irradiara calor propio. Eso lo llevó a darse cuenta que de no podía moverse con libertad, ya que estaba siendo aprisionado por algo.

Ante esto, un asustado Shinji abrió los ojos de golpe, solo para encontrarse recostado de lado en una cama, con la cara enterrada entre los senos de Mari, mientras esta lo abrazaba con fuerza contra ella. Tragó sonoramente. ¿Cómo rayos habían terminado así?

Estrujó su adormilado cerebro tratando de dilucidar qué es lo que había pasado. ¿Qué es lo último que recordaba? Sí, habían estado viendo la versión remasteriza de Godzilla de 1954.

Recordaba haber llegado a casa de Mari siendo literalmente arrastrado por ella y siendo lanzado dentro sin mucha diplomacia. La chica aun con la máscara Kitsune en su cara, lo mandó a su cuarto a preparar la televisión y la película mientras ella iba a la cocina a preparar palomitas de maíz y un par de refrescos.

Subió las escaleras y se adentró con algo de renuencia en el cuarto de Mari, volviéndose a fascinar con la impresionante colección de Godzilla de la chica. Habían estanterías repletas hasta arriba con mangas, artbooks y mercaderías de todo tipo, desde gorros, tazones, lápices, figuras y hasta un sacapuntas; sin olvidar la impresionante figura de Godzilla de 1,80 metros de alto. Entonces vio un estante donde estaba la colección de películas de Mari, y decidió hacer lo que le encomendaron. Luego de eso… ¿Qué pasó?

Habían visto la película, ciertamente. La disfrutaron mucho, incluso Mari chillaba de emoción cuando Godzilla destruía algo. Luego volvieron a ver la película, pero ahora pausando y repitiendo algunas escenas mientras hacían comentarios. Había sido muy entretenido. Luego se habían tendido de espaldas en la cama, mientras Mari le comentaba algunas cosas de su vida, entonces… nada. ¿Se quedaron dormidos? Ese parecía ser el caso.

Movió un poco la cabeza, enterrándola sin querer un poco más entre los senos de Mari, sintiendo su calor, suavidad, lo esponjosa de su carne y su intoxicaste aroma de mujer. Demás está decir que ella olía condenadamente bien. Entonces sintió como las piernas de Mari comenzaron a moverse, entrelazándose con las suyas, dándole una sensación electrizante.

Lo cierto es que ambos se cambiaron de ropa para estar más cómodos, optando ambos por pantalones cortos y poleras holgadas, motivo por el cual ahora la sensación de las piernas de Mari entrelazándose con las suyas, era tan estimulante. Eso, y la polera holgada de la chica, que le permitía mayor acceso a su escote; al punto de poder hundir sin problemas su rostro entre sus senos, lo que causó que cierta parte de su cuerpo despertara con fuerza y vigor, empujándose contra en el cuerpo femenino que estaba pegado a él. Mari dio un gemido.

Shinji se aterró, tenía que apartarse de la chica antes de que ella lo catalogue de degenerado; solo que no pudo soltarse de ella… ¡Espera! ¿¿Qué??

Efectivamente, no solo Mari lo estaba estrechando en un fuerte y posesivo abrazo, él mismo la tenía sujeta a ella por la cintura… ¡¡Estaba aferrado a Mari por la cintura!!

La situación era mucho más preocupante de lo que creía en un inicio. Tenía que salir de este lío inmediatamente o sería hombre muerto. Intentó apartarse de la chica, pero al sentir su intento de retirada, Mari instintivamente estrechó aún más el abrazo en que lo tenía atrapado y, de paso, enterrándole un poco más la cara entre los senos.

Shinji volvió a experimentar la agradable sensación de hundirse en la esponjosa, caliente y suave piel de Mari, sintiendo todavía más profundo el delicioso aroma de la chica. Se sintió mareado a la vez que cierta parte de su cuerpo se ponía tan dura que llegaba a doler, clavándose un poco más en el en cuerpo de su anfitriona, que pareció sentir la punzante presión en su parte baja, dando un soñoliento gemido, antes de apretar un poco más aun complicado Shinji, al punto casi asfixiarlo con sus senos. Luego de eso, ella soltó un poco el agarre mientras volvía a gemir, abriendo lentamente los ojos.

Los ojos de Mari casi salían de sus orbitas al contemplar a Shinji con la cara enterrada en sus tetas y sintiendo algo duro picando su parte baja. Las mejillas de Mari se tiñeron de rojo mientras la cara de Shinji se ponía azul por la falta de aire.

 


 

La pareja de jóvenes estaban sentados sobre la cama en silencio. Llevaban largos segundos sin poder mirarse a la cara, cada uno con el rostro volteado hacia un lado distinto.

Mari estaba levemente sonrojada al recordar cómo casi asfixia a Shinji con sus tetas, así como por haber sentido una parte de él, presionándola fuertemente ahí abajo. Por su parte, Shinji solo deseaba que se lo tragara la tierra. Estaba seguro de que Mari sintió al “pequeño Shinji” haciendo acto de presencia; sin olvidar como se había hundido y casi asfixiado por los senos de la chica. Estaba seguro de que habría hombres que matarían por estar en su posición, pero en este momento, lejos de sentirse afortunado, se sentía profundamente avergonzado. 

Finalmente Mari tuvo suficiente de todo eso, sabiendo que si no era ella la que hiciera el primer movimiento, podían estar todo el día ahí sentados sin hacer nada. Dio un suspiro de cansancio y miró a un avergonzado Shinji, antes de hablar.

— Oye… lo lamento por eso.

— ¿Qué? — preguntó Shinji sacado de onda.

— Por ponernos en esa posición — aclaró Mari haciendo una mueca — Creo que nos dormimos luego de ver la película y… bien, tengo la costumbre de abrazar una almohada cuando duermo; supongo que me aferré a ti pensando que eras mi almohada — añadió un tanto apenada, tomando una gran almohada que se había caído de la cama en la noche, que tenía la forma de Godzilla.

Shinji miró la almohada con forma de Godzilla que sostenía la chica frente a ella, y esbozó una sonrisa divertirá, que le ganó una mirada estrecha por parte de Mari.

— Perdón, yo… no, no hay problema — respondió un nervioso y apenado Shinji, sin poder evitar preguntarse dónde podría conseguir una de esas almohadas.

Ambos permanecieron en silencio sentados en la cama por un tiempo, hasta que Mari decidió que era hora de ponerse en movimiento, poniéndose de pie.

— Creo que deberíamos arreglarnos para ir a desayunar — dijo Mari, dándole una mirada a Shinji.

— Sí, sí, por supuesto — dijo Shinji poniéndose de pie, sin poder evitar darle una mirada al escote de Mari, que era bastante visible por su polera holgada, y que en ese momento caía algo desordenadamente, mostrando más piel de lo aconsejable.

Mari bajó la vista, percatándose de que en un acto bastante alejado de lo que parecía ser su actitud tímida y retraída, Shinji estaba descaradamente mirándole las tetas. Sonrió en forma perversa.

— ¿Las disfrutaste? — preguntó Mari, tomando sus senos con las manos, apretándolos y haciéndolos sobresalir hacia adelante provocadoramente.

— ¿Qué? ¡No! Yo… ¡Perdón! — gimió Shinji sonrojado al infinito, ante de dar media vuelta para correr y salir de ahí como alma que lleva el diablo, pero chocó con la figura de Godzilla de 1,80 metros, que cayó sobre él. 

— Jajaja. El gran Godzilla te castigó por disfrutar de mis lindas tetas — dijo Mari entre risas, haciendo que el sonrojo de Shinji subiera a niveles alarmantes.

— Prepararé el desayuno… ¡¡Perdón!! — gimoteó Shinji, saliendo desde debajo de la figura de Godzilla, corriendo luego por el corredor, buscando la escalera que lo llevaría al primer piso de la casa.

Mari siguió riendo ante la nerviosa reacción del chico, mientras negaba con la cabeza. Una vez se hubo calmando, puso de pie su figura de Godzilla y luego de unos segundos se abrazó a sí misma esbozando una pequeña sonrisa, entonces bajó una mano al lugar donde sintió como una parte de Shinji se presionaba contra ella.

— Es grande — susurró, con las mejillas teñidas de rojo.

 


 

Para sorpresa y total alegría de una sonriente Mari, descubrió que Shinji es un excelente cocinero. Había preparado un desayuno que no tenía nada que envidiar al mejor restaurante de la ciudad. De hecho, nunca imaginó que se pudiera preparar algo tan delicioso con los ingredientes que su madre maneja en la cocina. Su madre cocinaba bien, pero Shinji le gana por lejos.

— Mmmhhh… delicioso — exclamó Mari, degustando su desayuno.

— Me alegra que te guste — dijo Shinji, feliz de distraer la atención de la chica, de los vergonzosos hechos que ocurrieron en su cuarto.

Ese pensamiento trajo a la mente de Shinji el recuerdo de estar hundido entre los blandos, suaves y confortables senos de Mari. Se obligó a apartar su mente de eso, mientras se centraba a las cosas que Mari comentaba sobre lo rico del desayuno y otras cosas que se le venían a la cabeza, que terminaron por arrancarle una sonrisa.

Finalmente terminaron el desayuno, Shinji levantó los platos y los lavó, pese a las protestas de su anfitriona. Luego subió al segundo piso a la habitación de invitados que nunca usó y donde dejó su bolso. Se vistió con su nueva ropa y bajó hasta la entrada de la casa, se colocó sus nuevas zapatillas rojas, y miró a Mari, que estaba ahí de pie frente a él, aun vistiendo su polera holgada y pantalones cortos.

— ¿Qué harás ahora? ¿Tomarás ese tren o iras donde esa mujer Misato? — preguntó Mari, mirándolo con seriedad.

Shinji estrechó la mirada ante esa pregunta de la chica de lentes. Era una buena pregunta. Lo pensó por unos segundos antes de responder.

— Creo que iré donde Misato. Seguiré tu consejo y hablaré con ella, luego de eso… la verdad no lo sé — reconoció.

— Bien, si decides no quedarte con ella, y no quieres volver donde tu tío, puedes venir aquí. Hablaré con mi madre para hospedarte a cambio de ser nuestro cocinero exclusivo. Mi madre amará tu comida — dijo Mari con una sonrisa.

Shinji miró sorprendido a la chica por semejante oferta, pero luego de todo lo vivido con ella, la verdad no le sorprendió demasiado.

— Gracias… apenas nos conocemos y has sido demasiado buena conmigo — dijo con una pequeña sonrisa.

— Deja eso — dijo Mari, haciendo un gesto con una mano restándole importancia — Tú nos salvaste a mí y a mi colección ayer, y es mi forma de devolver el favor. Los fanáticos de Godzilla debemos apoyarnos entre nosotros — añadió con convicción.

— Gracias — volvió a decir Shinji con una sonrisa gentil.

Mari sonrió a su vez y sacó algo de su espalda extendiendo frente a él. Solo en ese momento Shinji cayó en cuenta que todo el tiempo Mari tuvo las manos en la espalda. Miro lo que la chica extendía frente a él y se sorprendió.

— Para que comiences tu colección — dijo Mari con una sonrisa, acercando los objetos hacia Shinji.

El Tercer Elegido tomó entre sus manos lo que la chica le ofrecía. Era un peluche de Godzilla y un DVD con la película “Godzilla, Rey de los monstruos” de 1956.

— Mari, no puedo aceptar esto.

— Sí puedes. Tengo más de esos peluches y también tengo otra copia de esa película — dijo ella con una sonrisa, tendiéndole ahora un papel con unos números anotados — Aquí está el número telefónico de esta casa. Llámame cuando hayas decidido qué hacer con tu vida.

— Gracias — dijo Shinji con una sonrisa, aceptando el papel.

Con una profunda reverencia, el Tercer Elegido tomó sus cosas, dio media vuelta y comenzó su camino fuera de la casa mientras era observado por una seria Mari, que no pudo evitar morderse un labio, mientras veía como el chico salía de su casa para adentrarse luego en la calle.

Mari miró al chico alejarse, recordando lo que había estado por hacer el día anterior. Hubiera querido seguirlo, pero sabía que no era sabio forzar la mano. Ya había intervenido lo suficiente por ahora. Pudo ver en los ojos de Shinji que las cosas eran distintas. El Shinji de hoy era muy distinto al Shinji del día anterior. Ese pensamiento la tranquilizó, cerró la puerta y subió hasta su cuarto.

 


 

Shinji caminaba alejándose de la casa de Mari llegando a la esquina y doblando para seguir el camino rumbo a la parada del bus. Avanzaba con el peluche de Godzilla bajo un brazo, mientras leía la descripción de la película de Godzilla en la contratapa de la caja del DVD. Tan concentrado estaba, que no reparó en la mujer que pasó junto a él en sentido contrario, la cual detuvo su andar para voltearse a mirarlo.

Era una mujer alta con un cuerpo voluptuoso, de generosos senos firmes en su lugar y figura de reloj de arena. Sus caderas eran abrazadas por un vestido holgado que caía hasta más arriba de los tobillos, con volantes en la parte baja. Llevaba una polera sin mangas que se ajustaba a su parte superior, abrazando y marcando el contorno de sus impresionantes senos. Su rostro era hermoso, ojos grandes y expresivos, labios pintados de rojo y un lunar bajo los labios al lado izquierdo de su cara. Su cabello era de llameante color rojo, con un par de flequillos enmarcando su rostro, dos mechones cayendo por delante a cada lado llegando a la altura de los senos, mientras que el resto de su cabello caía por su espalda hasta la cintura. Era una mujer hermosa y condenadamente sensual.

La mujer le dedicó a Shinji una mirada evaluadora, lo vio alejarse por un momento antes de darse la vuelta seguir su camino llegando a la esquina, girando y continuando hasta llegar a su casa. Al ingresar se quitó los zapatos de verano con tirantes que usaba en ese momento.

— Estoy en casa — anunció, pero no obtuvo respuesta de su descarriada hija.

Curiosa, la mujer se asomó en la sala y no vio a su hija ahí ni en la cocina. Revisó el lavado y el baño y tampoco la encontró ahí, por lo que solo había un lugar donde podía encontrar a su retoño.

Subió por las escaleras al segundo piso de la casa y caminó por el corredor hasta que llegó al cuarto de su hija. No se molestó en tocar ya que la puerta estaba entreabierta, ingresó al cuarto y se encontró a su hija de pie frente a su escritorio, mirando fijamente una linda máscara Kitsune que sostenía entre sus manos.

Mari se sobresaltó al sentir que alguien ingresaba a su cuarto, se giró y dio un respingo al ver a su madre de pie en la entrada de su cuarto dándole una mirada seria, haciendo que Mari quedará congelada en su lugar, momento en que la mujer dio grandes zancadas hasta quedar justo frente a ella, estrechando peligrosamente la mirada, entonces se acercó y comenzó a olfatearla por todos lados.

— ¿Qué haces madre? — preguntó una nerviosa Mari.

La madre de Mari se irguió en toda su altura y le dio una mirada fulminante a su hija.

— Hueles a hombre — declaró con dureza.

Mari se sonrojó hasta las orejas, al menos hasta que fue atrapada en un abrazo de oso por su madre, que casi la parte en dos y comenzó a girar con ella por toda la habitación.

— ¡¡FINALMENTE MI HIJA DESCARRIADA ME DARÁ UN NIETO!! — gritó la mujer, con un una sonrisa de oreja a oreja y con lágrimas de felicidad, girando por el cuarto  — ¡¡POR FIN SERÉ ABUELA!!

— ¿Qué? ¡¡Claro que no!! Suéltame madre estúpida — regaño Mari.

La mujer soltó a su hija, le dio una mirada estrecha y olisqueó el aire una vez más.

— ¿Cómo qué “No”? Tu cuarto huele a hombre, tu cama huele a hombre, y tú hueles a hombre. No puedes negarlo — declaró la mujer acusadoramente.

Marí se sonrojó un poco más, si fuera posible, mientras que su madre estrechó los ojos antes de asentir en comprensión.

— Ya entiendo. Como estás recién impregnada, mi nieto aún está en proceso, fufufu — razonó ella con una risita — ¿Sabes? Deberías pararte de cabeza sobre tus manos en posición invertida, eso hará que el esperma suba por tu útero y…

— ¡¡QUE NO PASO NADA!! — regañó Mari furiosamente roja, lanzando una almohada a la cara a su madre para callar sus idioteces — ¡Saca la mente de la cuneta! — regañó.

La mujer sujeto el cojín que su avergonzada hija le lanzó a la cara y la miró seriamente por unos segundos antes de hablar.

— Pasó un joven por mi lado hace un momento allá afuera. Estaba literalmente bañado en tu aroma. Si no hubiera venido caminando por dejarle el automóvil a tu tía Shizuka, me lo habría perdido — dijo la mujer con voz seria, mirando los ojos de su sonrojada y nerviosa hija — ¿Estás segura de esto Mari?  Sabes cómo son las cosas para nosotras.

Mari bajó la mirada ante esas palabras de su madre y fijó la vista en la máscara Kitsune; la máscara que le compró Shinji. Apretó los labios con fuerza. Muchas cosas pasaron por su mente en ese momento, pero finalmente solo una pregunta salió de sus labios.

— ¿Algunas vez te arrepentiste de conocer a papá?

La mirada de la madre de Mari se suavizó ante esa pregunta. Un dejo de tristeza atravesó su rostro por un momento, antes de caminar hasta donde estaba su hija, atrayéndola en un abrazo reconfortante, mientras su mente se perdía momentáneamente en los recuerdos.

— Jamás podría arrepentirme de eso — respondió finalmente la mujer — Tu padre fue lo mejor que me ha pasado en la vida. Agradezco el haberlo conocido y el tiempo que pasamos juntos.

— ¿Lo extrañas? — preguntó Mari.

— Cada día — respondió la mujer con pesar — Pero el sigue aquí conmigo. Me dejó una hermosa y tonta hija para nunca olvidarlo.

Mari sonrió en el abrazó de su madre y se quedaron así por un par de minutos, abrazadas en medio de la habitación.

— ¿Estás segura de esto, hija? Sabes en lo que te estás metiendo — volvió a preguntar la mujer.

— Sí madre. Ya no tengo dudas — respondió Mari.

La mujer sonrió ante esa respuesta.

— Igual de tonta que tu madre e igual de decidida que tu padre — dijo la mujer con una sonrisa divertida — Bien, supongo que siempre lo supe. Después de todo, esta habitación es una declaración de intenciones — añadió mirando el cuarto de su hija, que era un verdadero santuario a Godzilla.

Luego de unos segundos la mujer liberó a su hija del abrazo y le dio una mirada más seria.

— Esta noche me reuniré con todos aquí. Quiero que estés presente. Es importante — dijo la mujer con seriedad.

— Sí madre — dijo Mari, volviéndose también repentinamente serie.

Luego de eso, la mujer besó la frente de su hija y se giró para salir de la habitación, pero al llegar a la puerta, le dio una mirada traviesa a su retoño.

— Por cierto, toma un baño. No quiero que cuando todos lleguen esta tarde, se den cuenta que mi hija ya fue marcada por el aroma de un hombre joven, fuerte y viril, fufufu — dijo con una risita.

— ¡¡Fuera de aquí!! — regañó Mari, lanzándole un cojín a su madre, que esta esquivó diestramente, antes de cerrar la puerta al salir.

Una vez afuera de la habitación, la mujer dio un par de pasos por el corredor antes de recargarse de espaldas contra la pared, para luego dar un fuerte suspiro cansado.

— Espero seas digno de mi hija, Shinji Ikari; por tu bien espero que lo seas — declaró la mujer casi en un susurro, antes de reanudar su camino.

La voluptuosa mujer bajó al primer piso buscando algo que comer, ya que estaba bastante hambrienta. En la cocina encontró unos platos sellados en papel alusa, con lo que parecía ser una especie de desayuno gourmet. La mujer quitó el plástico de uno de los platos, tomó un par de palillos y los llevó a su boca. Sus ojos se abrieron desmedidamente y dio un chillido de felicidad ante el exquisito sabor.

En el segundo piso de la casa, Mari sonrió al escuchar el chillido de felicidad de su madre, sabiendo que Shinji ya se la había ganado. A parte del sake, el mejor camino para llegar a su madre era la comida, y Shinji ya había triunfado en eso. Si necesitara alojamiento, su madre no pondría objeciones, siempre y cuando  cocinara para ellas.

Ese no era problema para Mari, ella también quería probar otra vez la exquisita comida de Shinji.

 


 

Shinji caminaba de regreso al edificio de departamentos donde vivía hasta hace un día con Misato. Pese a haber tomado la decisión de hablar las cosas con su ahora ex-tutora, antes de adoptar cualquier determinación sobre qué hacer con su desastrosa vida, no dejaba de sentir algo de temor por cómo reaccionaría Misato al verlo aparecer repentinamente en la puerta de su departamento. Apretó los labios ante ese pensamiento.

Cierto, la respuesta de Misato ante su sorpresiva aparición podía no ser demasiado buena, si tomaba en cuenta su última interacción, pero sentía que debía hacer esto. Era necesario para seguir adelante, sea cual sea el rumbo que tomen las cosas. Entonces recordó las palabras de Mari cuando le dijo que volvería a hablar con Misato.

“Si decides no quedarte con ella, y no quieres volver donde tu tío, puedes venir aquí. Hablaré con mi madre para hospedarte a cambio de ser nuestro cocinero exclusivo. Mi madre amará tu comida”

No pudo evitar dar una pequeña sonrisa ante las palabras de esa loca chica de lentes, que responde al nombre de Mari Makinami.

Parecía increíble cómo habían cambiado las cosas para él en el transcurso de un solo día; como el haber interactuado con esa loca amante de Godzilla, había trastocado su mundo de una forma tan potente, haciendo que toda esa oscuridad que lo estaba consumiendo fuera retrocediendo con cada una de sus locuras o su risa traviesa. Miró el peluche de Godzilla que cargaba aferrado a su pecho y le fue imposible no dar una pequeña sonrisa.

Hasta hace un día atrás, era incapaz de vislumbrar una salida para él. Prácticamente toda su vida había transcurrido sumida en el dolor y el abandono. Lo uno bueno que recordada fueron algunas cosas sobre su madre cuando aún era un niño, pero nada más que eso. Desde que fue abandonado por su padre nada bueno había pasado en su vida.

Siempre había estado solo y era un paria en la escuela, siendo ignorado por todos. Incluso su tío y su tía, solo lo soportaban por el dinero que le enviaba su padre todos los meses. Al llegar a Tokio-3 las cosas no fueron distintas; más bien fueron a peor. Fue llamado solo para ser usado, porque “podía ser útil”. Luego fue desechado cuando ya no les servía.

Sus poco más de 14 años de vida habían sido una completa mierda. Siempre estuvo solo, relegado, olvidado, sin algo que lo motive y solo existiendo en una vida sin sentido. Eso lo llevó a decidir terminar con todo.

Ese día que llegó a la ladera de esa pequeña montaña, frente a esos impresionantes acantilados atravesados por nubes bajas, supo por primera vez en su vida lo que tenía que hacer; supo cuál era el camino a tomar para dejar ese mundo de abandono, soledad, desprecio y sin sentido. Su vida no valía nada, él no valía nada. ¿Por qué seguir aquí si no le importaba a nadie?

Ese día su determinación fue detenido por un zorro; un zorro algo extraño que pareció divertirse al meterse con él y que supo acompañarlo y darle algo de consuelo en un momento de mucha debilidad. Un zorro de todas las cosas. ¿Había alguien ahí arriba divirtiéndose con su miseria?

En la estación de trenes estuvo a punto de hacerlo otra vez; acabar con todo, pero ahora fue detenido por una hermosa y alocada chica de lentes fanática de Godzilla. Bien, podía identificarse con ella. Él también es fanático de Godzilla, solo que nunca tuvo la oportunidad ni el dinero para armar una colección.

Volvió a mirar el peluche que Mari le regaló y esbozó una sonrisa.

En un solo día, había vivido y disfrutado más que todos sus años de vida. No solo había conocido a una linda chica, también pudo compartir con ella, enfadarse, reír, disfrutar de una tarde inolvidable recorriendo un “Shotengai” y luego disfrutando de la hermosa vista desde un pequeño templo sobre una colina.

Tampoco podía olvidar la increíble oportunidad de ver una película que siempre deseó ver, junto con… compartir la cama con una linda chica que se aferró a él y casi lo asfixia con sus esponjosos senos. No pudo evitar que a su mente llegara una visión de Mari, con esa polera holgada mostrando mucho de su piel, mientras que ella se sujetaba los senos con las manos y los levantaba provocadoramente hacía él, preguntando: “¿Los disfrutaste?”

Shinji se sonrojó furiosamente ante ese recuerdo. Sí que los disfrutó, aunque haya estado a punto de morir asfixiado por ellos, habría sido una muerte que hubiera aceptado con placer; además Mari olía muy bien.

Suspiró negando con la cabeza y se percató que ya estaba en la parte baja del edificio donde vivía Misato. Su rostro se tornó repentinamente serio al tener la certeza de que estaba por hacer algo muy importante; y es que por increíble que pueda parecer, sentía que había llegado a una encrucijada, un verdadero punto de inflexión, que podía cambiar por completo el rumbo de su desastrosa vida.

Lo que era incluso más increíble de todo esto, es que por primera vez en su vida, la decisión estaba completamente en sus manos.

No había presiones de su padre o de Misato. No había chantaje emocional con que el mundo dependía de él, o la obligación de andar a la deriva de otros. Nadie sabía que estaba aquí y por supuesto, nadie lo esperaba. Era técnicamente libre de seguir el camino que quisiera seguir. Quedarse y luchar, irse donde su tío, o por el contrario, seguir un camino completamente distinto.

“Si decides no quedarte con ella, y no quieres volver donde tu tío, puedes venir aquí. Hablaré con mi madre para hospedarte a cambio de ser nuestro cocinero exclusivo. Mi madre amará tu comida”

Las palabras de Mari resonaron en su cabeza una vez más. Una propuesta lanzada al aire por una chica alocada y extrovertida que, así y todo, logró demostrarle que habían muchas más cosas en la vida esperando por ser descubiertas. 

Recordó el increíble día que había pasado. Cómo se había reído, avergonzado, enojado y divertido. Recordó su visita al “Shotengai”, la comida, la ropa que compró, el templo en la cima de la colina, la vista de la ciudad, Mari ahí frente a él. Sonrió.

Siendo sinceros, no creía que la madre de Mari consintiera hospedar a un completo desconocido en su casa. Pero aun así, pese a esa certeza, esa sola invitación le dio fuerza, le demostró que hay opciones para él. Opciones que nunca supo que estaban ahí.

Miró hacia lo alto de edificio y lo invadió una determinación que nunca antes había sentido en su vida. Subiría ahí y hablaría con Misato. Sería sincero con ella y si las cosas iban bien, tal vez lo intente otra vez. Si no resulta bien, tomaría otro camino. Era su decisión, su elección. Por una vez en su vida, él tenía el control y se sentía bien.

Con esos pensamientos en mente, Shinji Ikari se adentró en el edificio, decidido a encontrar un rumbo y un sentido a su vida.

 

 

Continuará...


Notas del Autor: Continúan las desventuras de Shinji en compañía de la extrovertida Mari, con la que ha vivido más cosas en un solo día, que en toda una vida.

Shinji ha pasado por un carrusel de emociones; principalmente vergüenza, pero todo esto de alguna forma lo ha ido moldeando, dándole la fuerza de por una vez, estar al mando de las riendas de su vida. Shinji ha decidido enfrentar a Misato y luego de eso, ver hacia dónde dirigir sus pasos. ¿Cómo resultará esto? Ya veremos.

Saludos y nos leemos.

Chapter 5: Siguiendo adelante (Parte 2)

Summary:

Un deprimido Shinji analiza su lamentable y dolorosa existencia. Siente que su vida no vale nada, que no hay razón para seguir adelante, pero en su momento más ocuro, algo ocurre que le hace ver que no todo es tan malo como cree, poniendo su vida de cabeza y cambiandola de formas que nunca imaginó.

Notes:

NOTA: Todos los derechos de la serie Neón Génesis Evangelion pertenecen a Gainax/Khara, o a aquellos quienes les sucedan legalmente en el futuro. Esta historia fue escrita sin fines de lucro, solo como medio de esparcimiento. No me demanden.

Chapter Text

Misato Katsuragi estaba con los brazos recargados en la baranda del balcón de su departamento, sosteniendo una cerveza en una mano mientras contemplaba la ciudad que se extendía ante ella. La vista del horizonte urbano ciertamente era bastante estimulante, pero ella no se sentía para nada feliz en ese momento. Shinji se había ido.

En un inicio estaba bastante molesta con toda esta situación. Shinji estaba llamado a ser el Tercer Elegido y piloto oficial del EVA-01, y pese a su nula experiencia previa a bordo del gigante púrpura, había demostrado ser bastante competente. Aun así, en la última batalla había mostrado un nivel de insubordinación que era francamente inaceptable. Se negó a seguir las órdenes y, en su lugar, tomó impulsivamente la misión en sus manos. Como resultado de esto, una batalla que pudo manejarse de forma distinta, con una nueva planificación y menores daños potenciales, se terminó ganando exclusivamente por buena suerte… “Buena suerte”; de todas las cosas.

Luego de eso, Shinji se había encerrado en sí mismo y escapó como un cobarde por varios días. Cuando los efectivos de Seguridad de NERV lo encontraron y lo trajeron finalmente ante ella, se decepcionó. Su estado era lamentable, se veía desanimado y casi muerto en vida. Era un despojo. No le servía en ese estado; no servía para nada. Por eso tomó la determinación de expulsarlo de NERV.

Era frustrante tener que desprenderse de un buen piloto, solo porque era un niño cobarde y llorón que no tiene la voluntad de hacer algo por la vida. Estaba muy molesta con él; sobre todo, con esa actitud retraída y apagada propia de alguien incapaz de encontrar sentido a la vida fuera de sufrir. Shinji Ikari parecía ser la encarnación del sufrimiento. Y esa actitud le enervaba de sobremanera. No podía soportar ver a un joven con toda la vida por delante, tener esa actitud de mierda. Una actitud con la cual no podía ponerlo arriba de un EVA. Con esa actitud, sin ganas luchar o de vivir, solo saldría ahí afuera a que lo maten.

Había perdido a un buen piloto, a una herramienta útil para su guerra personal contra los Ángeles. Estaba enojada por esto, pero sobre todo, frustrada. Esa misma frustración la hizo ingresar a la habitación que una vez ocupó el Tercer Elegido, solo unos minutos después que este saliera del departamento. Miró con detenimiento la habitación vacía, que en verdad no había cambiado en nada. Shinji nunca había hecho realmente suya esta habitación. Solo dormía aquí, pero nunca perteneció realmente a este lugar. El imaginar a Shinji no sintiéndose realmente parte de esta habitación o de su vida, fue lo que la hizo perderse en sus pensamientos.

Muchas cosas pasaron por la mente de Misato en ese momento, todas relacionadas con Shinji. La forma en que se conocieron y sus interacciones posteriores. Buenos momentos, otros no tan buenos y otros vergonzosos, causados por accidentes algo subidos de tono; todos por culpa de ella misma al olvidar que ya no vivía sola. Fue este paseo por sus recuerdos, por su tiempo viviendo en compañía de Shinji, lo que la hizo darse cuenta que había cometido un error; un terrible error en su enfoque, nublado por su necesidad de revancha personal contra los Ángeles.

En sus ansias de venganza, Misato había olvidado algo muy importante. Shinji Ikari no solo era el Piloto designado del EVA-01, no solo era una valiosa pieza en su guerra personal contra los Ángeles. Antes que todo eso, Shinji Ikari era una persona; específicamente un simple y temeroso joven de 14 años de edad, un joven que estaba sufriendo.

Resultó bastante sorprendente el darse cuenta en ese preciso momento, que sus deseos de venganza la habían cegado completamente ante el sufrimiento de Shinji. Porque ahora que lo reflexionaba más detenidamente, Shinji siempre había sufrido. Lo vio el día que llegó a Tokio-3, el mismo día que ella lo llevó a NERV y lo manipuló para que subiera al EVA en lugar de Rei.

Shinji nunca estuvo bien. Había una gran cicatriz emocional en él, algo que lo lastimaba, algo que se acrecentó al obligarlo a pelear en el EVA. Pudo ver algunos breves momentos de alegría en él, eran pocos, pero habían momentos en que se veía bien. Desgraciadamente las circunstancias lo fueron llevando hacia un pozo de oscuridad y desesperanza; algo que ella había pasado por alto al centrarse solo en su guerra personal.

Lo cierto es que Shinji no necesitaba ser reprendido y desechado; él necesitaba apoyo, necesitaba que alguien estuviera ahí para él. Alguien que supiera escucharle, alguien que lo reconfortara, alguien que le diera las fuerzas para salir del pozo en el que había caído… y ella se había dado cuenta demasiado tarde.

En ese momento Misato sintió un vacío en la boca del estómago. ¿Tan tonta había sido? ¿Tan cegada estuvo por su estúpida venganza personal? Se mordió un labio hasta hacerlo sangrar.

Algo se rompió en Misato en ese momento y decidió que no podía dejar las cosas así. Entonces decidió ir por él. Decidió ir a la estación de trenes y detenerlo antes de que se fuera. Tenía que  hablar con él, tratar de entenderlo y tal vez, arreglar las cosas y comenzar de nuevo.

Corrió fuera de su departamento, y para su sorpresa, se encontró con Touji y Kensuke en el primer piso del edificio. Ellos habían venido nuevamente a ver a Shinji, preocupados por su ausencia de la escuela. Tomó al par de sorprendidos chicos y los arrastró con ella hasta la estación de trenes. Mientras más fueran mejor, eso pensó. Pero para su desgracia habían llegado demasiado tarde. El tren se había ido junto con Shinji: o eso creyó.  

Horas más tarde recibió una llamada de los efectivos de Seguridad de NERV que estaban esperando a Shinji en la estación de destino, y le informaron que este nunca bajó del tren. Shinji no había tomado el tren, entonces… ¿dónde estaba?

Tuvo a casi todos los efectivos de Seguridad de NERV dando vuelta de cabeza Tokio-3 en busca del Tercer Elegido, pero no hubo resultado. Shinji estaba desaparecido. ¿Le habría pasado algo? ¿Había sido secuestrado por alguna potencia extranjera? Nadie lo sabía, Shinji literalmente se había hecho humo.

Misato casi no había dormido esa noche esperando recibir la llamada que le dijera que Shinji fue encontrado, pero nada. Nadie llamó; y esta mañana al consultar a la central en NERV, le confirmaron que no habían novedades. Shinji continuaba desaparecido. Eso la preocupada, la preocupaba mucho. Aun podía recordar la cara de tristeza y desesperanza de Shinji cuando lo vio por última vez.

— Fui una estúpida… una perra y una estúpida — se dijo a sí misma.

Cierto, había sido una estúpida al no darse cuenta antes del sufrimiento de Shinji; y había sido una perra al echarlo enojada porque no le servía para su guerra personal.

— Estúpida — masculló Misato otra vez.

Sí, era una completa estúpida; porque justo ahora que Shinji se había ido, ahora que ella tontamente lo había descartado y estaba perdido en solo Dios sabe dónde; justo ahora, se dio cuenta de que lo extraña, que se preocupa por él y que le había tomado cariño.

— ¿Dónde te metiste, Shinji? — se preguntó.

Justo en ese momento se escucharon golpes a la puerta. Misato se sobresaltó, pero pronto se encontró corriendo hacia la entrada del departamento, rogando porque fueran buenas noticias. Abrió la puerta de golpe y se congeló ante lo que vio.

— Shinji —dijo apenas audible.

Efectivamente, Shinji Ikari estaba de pie frente a la puerta de su departamento, mirándola expectante, y viéndose muy distinto al Shinji que literalmente había echado de NERV y de Tokio-3 el día anterior.

Para empezar, su forma de vestir era totalmente distinta. Llevaba zapatillas rojas, pantalones deportivos negros y una sudadera con capucha gris oscuro. Debía reconocer que el cambio le sentaba bastante bien, pero lo que más había cambiado eran sus ojos.

Si bien en el rostro de Shinji se podía ver un poco de vergüenza, también pudo ver determinación; cosa bastante sorprendente; pero sus ojos eran otra historia. Los ojos de Shinji brillaban con algo que no estaba ahí el día anterior; pero que de inmediato ella supo reconocer: “Vida”.

Sí, podía ver vida en los ojos de Shinji. 

— Hola Misato… yo… regresé — dijo Shinji con algo de vacilación.

Los ojos de Misato se humedecieron y antes de darse cuenta de lo que hacía, había atrapado a Shinji en fuerte y posesivo abrazo, que dejó totalmente congelado de la sorpresa al vástago despreciado de Gendo Ilkari.

— ¿Dónde te metiste, tonto? Me tenías muy preocupada — dijo Misato, sin soltar su agarre.

Shinji estaba completamente sorprendido por la actitud de Misato, y por el fuerte abrazo en el que lo tenía atrapado. Esta era la misma mujer que un día antes lo había echado de NERV y Tokio-3. Una mujer que el día de hoy se sentía como una persona completamente distinta. Una mujer que le hablaba con voz emocionada y… ¿Lágrimas? ¿Ella estaba llorando?

Algo se rompió en Shinji en ese momento y sus propias lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas. Pronto estaba llorando al igual que Misato, la que seguía aferrada a él. En un inicio se quedó ahí tieso como una estatua, pero pronto sintió una necesidad, algo que le pedía más. Pronto se encontró levantando los brazos lentamente y en forma algo tímido, rodeó a Masato devolviendo el abrazo. Ella pareció sentir el gesto y estrechó un poco más su abrazo sobre él.

Ambos permanecieron abrazados por largos minutos frente a la puerta del departamento, llorando ambos y reconfortándose en el abrazo del otro. Finalmente y luego de largos minutos, Misato se separó un poco del chico y lo miró con ojos llorosos.

— Bienvenido de regreso — dijo con emoción.

— Estoy en casa — respondió Shinji, regalándose una pequeña sonrisa.

 


 

El sol comenzaba a ascender en el cielo, mientras Shinji estaba perdido en sus pensamientos. Frente a él, Misato estaba perdida a su vez en sus propios pensamientos. Lo cierto es que se habían dicho demasiadas cosas, y ahora los dos necesitaban algo de tiempo para procesar todo lo que habían compartido el uno al otro.

Ambos estaban sentados en unas sillas en el balcón del departamento, con una pequeña mesa baja y redonda entre ellos, sobre la cual descansaban dos ahora vacíos tazones de té, que Shinji se había ofrecido a preparar para amenizar un poco la dura conversación que ambos sabían que vendría a continuación. Misato lo agradeció y dijo que lo esperaría aquí afuera en el balcón. De hecho, esta era la primera vez que el joven Ikari ocupaba este balcón en su paso por este departamento.

¿Cuánto tiempo llevaban sentados aquí? Se cuestionó Shinji para sus adentros. ¿Tal vez un par de horas? Sin tener como saberlo, solo pudo suspirar mientras miraba a Misato, quien aún parecía perdida en alguna parte.

No era para menos. Había tenido una conversación difícil, la que comenzó de una forma inesperada; con Misato disculpándose por su forma de comportarse con él. Al parecer, luego de que él dejara el departamento, Misato había caído en una especie de reflexión que le hizo darse cuenta de que había sido; en sus palabras: “Una perra y una estúpida”.

No esperaba algo así viniendo de su parte, pero no podía dejar de sentirse bien al saber que no había estaba tan errado con su apreciación de las cosas; porque en verdad sentía que esta mujer no se había comportado del todo bien con él. No había sido justa ni comprensiva; es por eso que el saber que en el fondo Misato sí se preocupaba por él y que había llegado a tomarle aprecio, lo hacía sentirse algo reivindicado.

Pero tampoco podía olvidar que él también tenía cosas que decir. Con una determinación nacida de la certeza de que estaba haciendo esto porque era su decisión, y no una imposición o una coerción disfrazada de buenas intenciones, Shinji se había sincerado con Misato.

Para sorpresa de la mujer, fue totalmente honesto con ella y no se guardó nada. Pero a diferencia de lo que había hecho con esa loca chica de lentes el día anterior, esta vez sus palabras se limitaron a lo que respecta al EVA y NERV. Es así como comenzó a hablar de su padre, su llegada a NERV, lo que le fue impuesto, lo que se le obligó a hacer y cómo se sintió él con todo eso. Ciertamente Misato no esperaba que fuera tan sincero en sus sentimientos, a juzgar por cómo se había quedado perdida en sus pensamientos por tanto tiempo. Bien, podía entenderla. No era bonito lo que sintió. Aun así, hubo algo que se guardó y es sobre sus dos intentos de acabar con todo. No sentía capaz de reconocer algo así; al menos aún no.

— En verdad te hicimos pasar por mucho — comentó Misato de pronto, llamando la atención de Shinji — Pero quiero que entiendas que todo fue dictado por la necesidad. Nos estamos jugando el destino de la humanidad aquí, pero es cierto lo que dices. Dejamos arbitrariamente de lado tu sentir. Literalmente no nos importó — añadió con una mueca.

Shinji simplemente miró a la mujer por su palabras y permaneció en silencio intuyendo que aún tenía más cosas por decir. No se equivocó.

— Lamento haberte hecho pasar por todo eso, pero debes entender que no teníamos otra opción. Eras el único que podía hacerlo. Teníamos que ponerte sobre el EVA. El destino de la humanidad dependía de eso.

Shinji estrechó los ojos ante esos dichos, comprendiendo de inmediato la coerción velada en esas palabras. Podía sentir sinceridad en Misato al disculparse con él, al decir que ahora comprendía su dolor, que lo extrañaba y que sentía verdadero aprecio por él; pero no podía obviar el hecho de que Misato seguía siendo la Directora de Operaciones de NERV, por lo que siempre habría un conflicto de interés ahí, quisiera ella o no.

— ¿Qué harás ahora? — preguntó Misato, atrayendo nuevamente la atención de Shinji.

En verdad esa era una buena pregunta. Una pregunta que le hizo recordar que la decisión seguía siendo suya. Había sido expulsado oficialmente de NERV. No tenía ninguna obligación de quedarse y subir al EVA, o de regresar donde su tío. Él tenía la opción de seguir su propio camino, incluso volver donde…

Ante ese pensamiento, los ojos de Shinji viajaron al bolso que estaba junto a la mesa entre él y Misato, deteniéndose en el peluche de Godzilla, regalo de esa alocada chica con la que había pasado un día increíble, una chica que con su extrovertida personalidad, le hizo darse cuenta que vivió toda la vida con la cabeza enterrada en la tierra como una avestruz. Una chica que le mostró que hay un mundo de posibilidades ante él, cosas que no había visto, segado por su perpetua amargura y depresión.

Misato siguió la vista de Shinji hacia el bolso junto a ellos y al peluche que estaba sobre este. Estiró una mano y tomó al peluche para mirarlo con más detenimiento. Era un Godzilla rechoncho, de patas cortas, una colita chistosa, mirada amenazante y una sonrisa dientuda. Sí, era Godzilla, pero la cosa se veía tierna. Debía concederle eso.

— Entonces, esto te lo regaló esa chica extrovertida que conociste en la estación de trenes, con la que después pasaste todo el día… y toda la noche — comentó Misato, sosteniendo en peluche entre sus manos, dándole una mirada seria.

Shinji no pudo evitar que su ceño se frunciera ante ese comentario de la mujer frente a él.

— No pasó nada… nada como lo que estás pensando — dijo Shinji, sin poder evitar un leve sonrojo ante el recuerdo de su cara enterrada entre los esponjosos y cálidos senos de Mari. Obviamente, esto no escapó al agudo ojo de Misato.

— ¿Seguro? — preguntó ella, pero al no obtener respuesta, suspiró y dejó el peluche sobre la mesa frente a ella — Eso que hiciste fue muy peligroso. No conocías a esa chica. Bien pudo ser una delincuente tratando de embaucarte para asaltarte, o una  psicópata asesina.

— Eso también se puede aplicar para mí. Yo bien pude ser un psicópata asesino buscando una víctima incauta — dijo Shinji, estrechando un poco los ojos. 

Misato le devolvió la mirada. Eso le pareció una defensa bastante personal, aunque en ese momento Shinji se las había arreglado para poner un rostro más menos impertérrito, en un intento de demostrar que no había nada personal en su respuesta. Aun así, no dejaba de sentirse molesta por esta actitud de irse en compañía de una completa desconocida. Pero si tomaba en cuenta el estado emocional de Shinji en ese momento, por ahí podría darle algo de crédito. Aun así no dejaba ser algo muy irresponsable, por más bien que hayan resultado las cosas. Solo lamentaba no tener más que menciones muy generales sobre ese suceso; quedando también muy en claro que Shinji no estaba dispuesto a entrar en detalles sobre todo lo ocurrido, fuera del nombre de pila de la chica en cuestión: Mari. 

Misato suspiró y miró fijamente a Shinji una vez más.

— Entonces, nuevamente. ¿Qué es lo que harás ahora?

Shinji bajó la mirada ante la repetición de esa pregunta. Esto es algo que había estado dando vueltas en su cabeza la noche pasada mientras conversaba con Mari, antes de quedarse dormido, esta mañana y cuando venía hacia acá; incluso ahora no dejaba de pensar en ello.

Ya estaba fuera de NERV, por lo que no tenía ninguna obligación de quedarse. Donde su tío era definitivo que no volvería. Con el dinero que le quedaba podía vivir durante algún tiempo por su cuenta mientras emprendía otro camino y descubría qué hacer con su desastre de vida. Pero también estaba otra opción, lo primero que saltó a su cabeza y que había dejado para el final: Volver con Mari.

Sí, era una soberana locura. Lo más seguro es que la madre de Mari la esté regañando en este mismo momento por meter un completo desconocido a su casa. Un chico que bien podría ser un psicópata asesino o peor aún, un violador. Sí, definitivamente Mari debía estar pasando un infierno en este momento, junto con ser castigada hasta el fin de sus días. Aun sí, no podía pasar por alto su deseo de volver a ver esa alocada chica de lentes.

Era increíble como una sola persona, con toda su energía, extroversión y momentos de completa insensatez, había cambiado tanto su forma de pensar; y lo que es más importante, su forma de sentir.

Hace solo un día atrás estaba sumido en pozo de dolor, consumido por una vida que parecía odiarlo, haciéndolo sufrir a tal punto, que llegó a considerar ponerle fin a todo. Diablos, estuvo a punto de saltar a las vías se tren si la maleta de Mari no hubiera explotado, lanzando por los aires su colección de Godzilla. Él ya no quería vivir, porque fuera del dolor, ¿tenía algún sentido vivir? Pero ahora, un día después, y tras todo lo que había vivido y experimentado, simplemente ya no podía seguir pensando así.

Mari Makinami en su solo día le había mostrado que había mucho por lo que vivir, que había un mundo de cosas ahí afuera que se había perdido por estar encerrado en su propio dolor. Un mundo de cosas que tenía deseo de descubrir; y si podía hacerlo en compañía de esa loca chica de lentes, sería mucho mejor; mucho más divertido.

Shinji bajó la vista a la mesa frente a él y observó el peluche rechoncho y sonriente de Godzilla. Eso le hizo recordar que él también quería una colección, su propia colección de Godzilla, tan grande como la de Mari; pero no habría colección ni cosas por descubrir, si no había un mundo donde vivir.

Sentada pacientemente en su silla, Misato contemplaba a un reflexivo Shinji, que se había perdido por completo en sus pensamientos. Esto era algo que no dejaba de llamar su atención. Hace solo un día atrás, Shinji hubiera estado retorciéndose sobre sí mismo, buscando desesperadamente validación para cualquier cosa que pensara, o buscando que alguien lo encausara, aunque no le gustara para donde lo estuvieran guiando. En cambio ahora, en verdad estaba pensando las cosas, en verdad estaba buscando una respuesta, buscando un rumbo que seguir, sin pedir consejo y sin influencias de nadie. Estaba buscando su propia respuesta.

Misato no dejó de sorprenderse por este cambio. Era increíble cuanto había cambiado Shinji en un solo día. ¿Qué había vivido el día pasado para hacer que el Shinji deprimido y miserable quedara de lado? ¿Fue cosa se esa chica Mari?  

— Me quedaré — dijo de pronto Shinji, sacando a Misato de sus reflexiones, que lo miraba con sorpresa.

— ¿Qué? — preguntó Misato, no creyendo haber escuchado bien.

— Me quedaré. Yo… volveré a NERV. Subiré al EVA, otra vez.

Los ojos de Misato casi salen de sus órbitas en sorpresa al escuchar esa declaración. Si bien esas palabras no fueron dichas con fuerza y convicción, más bien en forma algo tímida, los ojos de Shinji no dejaban lugar a dudas; él estaba decidido. Se quedaría y lucharía.

— ¿Por qué? — preguntó Misato, aun incrédula — ¿Por qué ese cambio tan repentino? Me acabas de decir lo mucho que odiabas subir al EVA, cuanto te lastimaba y cuanto sufrías por la carga que pusimos sobre tus hombros y con lo que te demandamos hacer. ¿Qué cambió?   

Shinji estrechó un poco los ojos, era una buena pregunta, una muy buena, pero una pregunta para la que ya tenía una respuesta.

— Yo… no quiero salvar el mundo.

— ¿Qué? — preguntó Misato impactada, con los ojos casi saliendo de las órbitas.

El Tercer Elegido dio un pequeño respingo ante la pregunta de Misato, que estaba a medio camino de ser un chillido. Bien, podía entenderla, eso que acababa de decir no sonada bien. Ordenó un poco sus ideas ante una impactada Misato, que lo observaba expectante.

Shinji miró el peluche de Godzilla y una pequeña sonrisa llegó a sus labios, sin poder evitar recordar el día que pasó con Mari, lo mucho que se divirtió y como quisiera volver a pasar muchos más días así. Sí, definitivamente quería vivir eso una vez más. Esto reafirmó su determinación; determinación que nunca supo que podría llegar a tener. Miró fijamente a Misato y terminó de exponer su sentir.

— No me voy a quedar para salvar al mundo, me quedó porque hay cosas que no sabía que estaban ahí, cosas que quisiera descubrir, cosas que quisiera vivir, cosas que quiero proteger. Sé qué puede sonar egoísta, pero es como me siento… perdón — finalizó Shinji, pronunciando de maneras apenas audible esa última palabra.

Misato contempló boquiabierta a Shinji luego de esas palabras y todo lo que ellas implicaban. Miraba al chico desconociéndolo. Había vergüenza por sus palabras y sus dichos, y ciertamente, sonaban como una declaración egoísta; de hecho, lo era. Pero detrás de esas palabras había un propósito. No eran las palabras del Shinji muerto en vida que echó de NERV el día pasado. Estas eran las palabras de un Shinji que parecía haber pasado por una experiencia que lo había tocado y cambiado para mejor; las palabras de alguien que parecía haber encontrado una razón por la cual luchar, una razón para vivir.

Una lágrima de alegría cayó por una mejilla de Misato, mientras sonreía ante ese nuevo Shinji que tenía frente a ella; un Shinji que parecía finalmente haber encontrado un propósito; por más avergonzado que estuviera en este momento.

Misato se levantó de su silla y rodeó la pequeña mesa. Shinji levantó la vista y la miró con una mezcla de vergüenza y sorpresa. Ella sonrió más ampliamente, lo jaló de un brazo poniéndolo de pie y lo atrapó en un fuerte abrazo, que él devolvió pocos segundos después.

— Esta bien ser egoísta en estas cosas, Shinji — le susurró Misato — Eso es lo único que importa. Que tienes algo por lo que luchar, algo que proteger, algo por lo que regresar.

Shinji se estremeció al escuchar esas palabras de boca de Misato. Eso era básicamente lo mismo que él le había dicho, pero ahora, al ser escuchado en palabras de la mujer que lo estrechaba en sus brazos, esas palabras parecían tener un peso distinto. Es como si el peso de su decisión finalmente se hubiera asentado en él.

Luego de unos segundos más, Misato finalmente terminó el abrazo y miró a Shinji, dándole una pequeña sonrisa, sabiendo que el chico ya no sería un blanco fácil para el enemigo. Ahora Shinji Ikari tenía una razón para luchar y para regresar del campo de batalla. Una razón que ella se encargaría descubrir y cuidar, pero por ahora…

— Ya que tomaste tu decisión, entonces sería bueno que vayamos a NERV para poner en orden toda tu documentación, códigos de acceso y demás cosas — dijo Misato con una sonrisa divertida.

Fue en este momento en que Shinji recordó algo que había conversado con Mari la noche anterior, luego de ver la película. Algo muy importante que él había pasado por alto hasta ahora y si no fuera por la perspicacia de Mari, hubiera seguido dejando pasar. Algo que de hecho, era totalmente justo.

— Sobre eso… ¿Cuánto van a pagarme por subirme al EVA? — preguntó Shinji, con una mirada estrecha.

— ¿Eh? — fue todo lo que pudo decir Misato, tomada totalmente fuera de guardia por esa pregunta.

 


 

Shinji estaba sentado en la cama de la que volvería a ser su habitación a partir de ese día y paseó la vista por el lugar. Estaba desprovisto de todo fuera de la cama, tal cual lo había dejado. Un lugar frío, vacío y sin vida, pero ahora tenía la intención de hacer algunos cambios aquí, de hacerlo suyo.

Suspiró y se dejó caer de espaldas en la cama, apenas creyendo todo lo que había pasado luego de su conversación con Misato; y es que contra todo pronóstico, su solicitud de remuneración no estaba para nada fuera de lugar, de hecho, así fue como se enteró que el dinero que le dieron al dejar NERV, correspondía a su remuneración hasta esa fecha, la que era una verdadera miseria.

En este punto, debió sacar fuerzas y ponerse firme. Bien, lo cierto es que sacó fuerzas de una frase dicha por cierta chica loca de lentes, mientras conversaban la noche pasada.

“Si eres bueno en algo, jamás lo haces gratis”

— Je, entendí la referencia — comentó Shinji para sí.

Lo cierto es que él tenía un buen caso a su favor. Si bien estaba subiendo al EVA y peleando contra los Ángeles por sus propios motivos “egoístas”, no es menos cierto que al hacer eso también estaba salvado al mundo. Sin olvidar que es el Piloto Exclusivo del EVA-01, por lo que sin él para comandar esa cosa, el EVA-01 sería el pisapapeles más costoso y gigantesco de la historia de la humanidad.

Misato no pudo decir nada ante esta lógica, ya que tenía razón en todo lo dicho y finalmente terminó apoyándolo en eso y arrastrándolo a NERV para, según ella: “joderles el día a los idiotas del Departamento Jurídico y de Recursos Humanos”. Sorprendentemente obtuvo mucho más de lo que había esperado.

Llegó a casa con un acuerdo preliminar por un sueldo mensual extremadamente generoso, acorde con el nivel de riesgo que estaba enfrentando. Ahora tenía seguro médico y dental, su propia cuenta de ahorro en un banco, tarjeta de crédito y débito; y lo más importante, un jugoso bono por batalla, aplicable solo si el costo de daños al destruir un Ángel, era menor a cierto valor estipulado en el contrato, lo cual era un buen trato para todos. Pagarle un “jugoso” bono por un buen trabajo, era mucho más barato que desembolsar millones de dólares en costos de reparaciones y pago de seguros.

Por alguna razón perversa, Misato estaba bastante entretenida con todo eso, lo cual intuía, tenía que ver con meterse con el idiota de su padre, ya que la escuchó murmurando “Ya quiero ver la cara del viejo cuando vea el nuevo contrato de Shinji”

Aun así, a cambio de tan ventajoso contrato laboral, él también tenía que cumplir con ciertas obligaciones. Para empezar, tenía que someterse a un estricto entrenamiento militar. Bien visto, era algo obvio y necesario, si lo iban a mandar a pelear una guerra; por más estrambótica y atípica que fuera. También debía pasar un nuevo y profundo entrenamiento en el EVA, conociendo esa cosa mucho más a fondo, para usarla como si fuera una segunda piel. También debía aprender sobre historia y tácticas de guerra. Suspiró. Eso iba a ser un verdadero dolor en el trasero. Seguramente Kensuke estaría fascinado con hacer todo eso.

Eso le hizo recordar que saliendo de NERV, Misato lo llevó a un local de comida rápida para celebrar su regreso triunfal como Piloto EVA, comiendo hamburguesas con patatas fritas y gaseosas. Al llegar al lugar en cuestión, se encontró con que Touji y Kensuke estaban ahí esperando por ellos. Misato los había llamado antes de salir de NERV, para invitarlos a la improvisada celebración.

Con sorpresa se enteró que esos dos en verdad se preocupaban por él, ya que habían ido a verlo al departamento de Misato en dos ocasiones, y la última vez Misato los arrastró con ella a la estación de trenes, y al no verlo ahí, creyeron que se había marchado de Tokio-3.

Ambos se mostraron muy contentos de verlo y saber que se quedaba en Tokio-3, incluso Touji le pidió disculpas por comportarse como un idiota y por golpearlo en la escuela. También se ofreció a ser goleado de vuelta a modo de desagravio. Misato se rió emocionada instándolo a dar su mejor golpe. Finalmente y luego de dudar un poco sobre si hacerlo o no, le propinó un buen puñetazo a Touji. Se sintió bastante mejor de lo que le gustaría reconocer, mientras Kensuke reía y Misato vitoreaba, ofreciendo a Touji una hamburguesa Extra Grande en compensación. Una sonrisa vino a la cara de Shinji recordando esos momentos vividos hace solo una hora atrás, dándose cuenta de que ahora tenía dos amigos. 

“¿Ves? No estás tan solo como crees”

Esas palabras regresaron a la mente de Shinji, palabras dichas una extrovertida chica de lentes; palabras que eran mucho más acertadas de lo que él hubiera imaginado. Efectivamente, ya no estaba solo en este mundo. Tenía a Misato; que con conflictos de interés y todo, sabía que podía contar con ella. También estaban Touji y Kensuke, a los que ahora podía llamar amigos; pero más importante, estaba Mari, esa alocada fanática de Godzilla que le mostró que el mundo tenía muchas cosas por ofrecerle, solo tenía que dejar de lamentarse y vivir. Sonrió.

Se sentó en la cama y miró el bolso que descansaba a su lado junto al sonriente peluche de Godzilla. Le dio un golpecito en la cabeza al rechoncho peluche y abrió la cremallera de su bolso, sacando una máscara de zorro, una máscara Kitsune tallada en madera lacada y pintada en forma tradicional. No solo es una máscara linda y decorativa, también es un artefacto tradicional que vale cada yen que pagó por ella. Eso le hizo recordar la máscara que le compró a Mari, una masara de Kitsune que solo tapaba la parte superior de su rostro, dejando su boca al descubierto, para mostrar su sonrisa zorruna.

Eso hizo que Shinji recordara esa extraña visión que tuvo por un par de segundos; la visión de una Mari con grandes y peludas orejas de zorro sobre su cabeza y tres felpudas colas ondeando en su espalda. Era una visión que lo había impactado por lo real que se vio, aunque durara solo un par de segundos; aun así, no podía dejar de pensar lo linda que se veía la chica de esa forma.

Un sonrojo vino a las mejillas de Shinji ante ese recuerdo, pero pronto eso fue dejado de lado, al darse cuenta que ya estaba atardeciendo y aún no había llamado a Mari para contarle como habían resultado las cosas para él y la decisión que había tomada; la decisión de quedarse y luchar, no para salvar al mundo, sino para defender aquello que él quería. Ciertamente Mari estaba incluida en eso. La consideraba su primera amiga, pero no había forma que fuera a confesarle eso.

Con un nuevo sonrojo en las mejillas, sacó el papel con en número de Mari que guardaba en el bolsillo de su sudadera con capucha, tomó el nuevo teléfono móvil de última generación que le habían asignado, y procedió a marcar el número de la mayor fanática femenina de Godzilla de todo el mundo.

 

 

Continuará...


Notas del Autor: En esta oportunidad tuvimos un capítulo bastante denso, pero necesario. Aquí nos adentramos un poco más en el sentir de Shinji y las nuevas motivaciones que lo están sacando del pozo en que estaba sumergido, pozo del que está saliendo poco a poco.

Otro punto importante es que Shinji tomó la determinación de quedarse y pelear, pero no por obligación ni para salvar el mundo. Se queda para luchar y defender aquello que él quiere; lo que encuentro que es una buena decisión.

Ahora Shinji está por llamar a Mari para contarle sobre su determinación de quedarse. ¿Qué opinará ella de todo eso? Ya veremos en el próximo capítulo.

Saludos y nos leemos.

Chapter 6: Revelaciones

Summary:

Un deprimido Shinji analiza su lamentable y dolorosa existencia. Siente que su vida no vale nada, que no hay razón para seguir adelante, pero en su momento más ocuro, algo ocurre que le hace ver que no todo es tan malo como cree, poniendo su vida de cabeza y cambiandola de formas que nunca imaginó.

Notes:

NOTA: Todos los derechos de la serie Neón Génesis Evangelion pertenecen a Gainax/Khara, o quienes les sucedan legalmente en el futuro. Esta historia fue escrita sin fines de lucro, solo como medio de esparcimiento. No me demanden.

Chapter Text

Mari salió de la ducha y comenzó a secar su cuerpo con una toalla, comenzando luego a secarse el cabello, mientras permanecía de pie frente al espejo situado sobre el lavamanos en el cuarto de baño. Habría querido disfrutar de un relajante baño caliente en la tina, pero ya se estaba haciendo un poco tarde.

Su madre le había pedido tomarse un baño hacía horas, pero la verdad no tenía demasiadas ganas de cumplir esa demanda. Le gustaba sentir el aroma de Shinji impregnando su ropa y su cuerpo. Quería sentirlo el mayor tiempo posible. Entonces miró sus senos, grandes y lindos a su vista, recordando como Shinji había dormido con la cara enterrada entre ellos. Bien, siendo justas, él no había sido el responsable de eso, fue ella la que lo usó como la almohada que solía abrazar al dormir. No es como si él se hubiera quejado por eso.

— De seguro las disfrutó… tonto afortunado — comentó para sí con una pequeña sonrisa, al recordar la cara de absoluta vergüenza de Shinji, al tomar sus senos con ambas manos para apretarlos y ofrecérselos en forma insinuante.

Sí, tal vez se le pasó la mano con eso, pero no dejaba de ser divertido meterse con él. Suspiró.

Tomó el secador y procedió a secarse el cabello, luego de lo cual se colocó la ropa interior. Era un conjunto algo atrevido de lencería de encaje azul y negro, que le daba un aire bastante atrayente al ser un tanto pequeño. Por otro lado, también debía reconocer que se veía bastante sexy. Es algo que compró solo por capricho y nunca lo había usado hasta ahora. Se sonrojó un poco al pensar la razón por la que lo estaba usando en este momento. Quería ver si este tipo de lencería le sentaba bien para… para… negó con la cabeza apartando eso de su mente y se concentró nuevamente en lo que estaba haciendo; evaluar su atuendo.

Se paró ante el espejo y se observó, viendo con ojo crítico cómo le quedan esas prendas de ropa, llegando a la conclusión de que le favorecían bastante. Al menos ese le parecía a ella, además su cuerpo hace mucho que dejó de ser el de una niña pequeña. Ahora su cuerpo es el de una hermosa mujer joven y no había nada de malo en sacarle un buen provecho.

— Me pregunto si a él le gustaría — comentó la chica apreciándose ante el espejo, recordando nuevamente la razón para…

— Mari, ¿sigues ahí? — se escuchó una voz desde afuera.

— Sí madre — respondió la chica con algo de fastidio, reconociendo que tal vez se demoró un poco más de la cuenta en la ducha.

— Tienes una llamada telefónica de Shinji Ikari — dijo la madre de Mari.

Los ojos de Mari casi salen de sus órbitas ante la mención de ese nombre y de un salto llegó hasta la puerta, abriéndola de un tirón para correr hasta la sala, pasando frente a su madre, que solo alcanzó ver un borrón pasando frente a sus ojos. En la sala, Mari saltó sobre el teléfono, tomó la bocina, guardó la compostura, dio una profunda respiración para calmarse y respondió al llamado.

— Hola, ¿Shinji?

Los ojos de Mari se iluminarón al escuchar la voz al otro lado de la línea, y ante lo que estaba escuchando. Pronto una sonrisa asomaba en sus labios, mientras se recarga en la pared tras ella.

— Entonces decidiste quedarte… ¿estás bien con eso? — preguntó expectante.

Una nueva sonrisa asomó en los labios de la chica ante la respuesta a esa pregunta y pronto estuvo en una amena conversación, ajena a todo lo que pasaba a su alrededor, solo concentrada en escuchar lo que le comentaba Shinji sobre su día y las trascendentales decisiones que había tomado. Como la decisión de quedarse y volver a subir al EVA, ya no por imposición, sino porque era su decisión, para luchar por lo que él quería.

Hubiera deseado preguntar más sobre eso, pero sabía que sería ir un poco demasiado lejos. No podría presionarlo tanto con eso, al menos no aun. Estaba contenta por él, podía notar una disposición distinta en su voz.

— ¿Eh? ¿Te van a pagar un buen sueldo por subir al EVA? Eso es genial. Entonces vas a tener que invitarme al cine, al parque de diversiones, a almorzar, a comer helado y… ¿Qué? Por supuesto que te voy a ayudar armar tu propia colección de Godzilla. Tengo buenos contactos donde comprar y… ¿Qué? Espera.

Mari buscó una pequeña libreta situada en la pequeña mesita donde descansaba el teléfono, tomó un lápiz y anotó algo ahí.

— Sí… sí. Los tengo. Número del departamento y de tu nuevo teléfono móvil. Supongo que tendré que conseguir uno de esos… sí… sí… Oh, no te preocupes por eso. Yo te contactaré mañana y nos ponemos de acuerdo sobre qué tienda visitar primero… sí. Me alegra saber que te quedas… Nos vemos. Adiós.

Mari colgó el teléfono y esbozó una gran sonrisa. Shinji se quedaba en Tokio-3, eso era…

— Veo que aparte de ser fanática de una lagartija llena de esteroides, ahora eres exhibicionista.  

Mari estrechó la mirada ante esas palabras pronunciadas por una voz que conocía demasiado bien. Miró a su lado, y ahí de pie en medio de la sala de su casa, estaba la hija de la tía Shizuka; la tonta de Mayumi Yamagishi.

Hace un tiempo que no veía a la chica, ya que cada vez pasaba más tiempo recluida en su cuarto dibujando manga y casi no salía de casa; lo que no quita el hecho de que siga siendo una completa estúpida. Aun así, no pudo dejar de estrechar los ojos al reconocer que Mayumi finalmente estaba comenzando dar señales de florecer como mujer.

El cuerpo de la chica ya no es tan menudo ni pequeño como la última vez que la vio. Estaba un poco más alta y ese lindo vestido blanco de una pieza que llevaba puesto, abrazaba alegremente sus caderas que eran algo más anchas; vestido que obviamente fue un regalo de su madre, la que a su vez la obligó a usarlo, ya que Mayumi suele vestir como vagabunda. Otro punto es que sus senos estaban comenzando a dejar de asemejarse a una tabla de planchar, para ganar algo de volumen.

También su rostro había dejado de ser tan redondeado para pasar a ser más adulto, lo que hacía que ese lunar bajo la boca al lado izquierdo, tomara un aire un tanto sensual. Aun así, la tonta de Mayumi no se daba por enterado de esos cambios en su cuerpo. Su larga cabellera negra azabache seguía igual de descuidada que siempre, y sus ojos seguían tras esos enormes anteojos de montura redonda, que no hacían justicia a sus ojos, que cada vez se hacían más afilados y astutos, similar a un gato; aunque claro, Mayumi seguía siendo una tonta.

— ¿Qué rayos haces tú aquí? — preguntó Mari con el ceño fruncido y las manos en las caderas.

— Más importante que eso. ¿No crees que eso que llevas puesto es demasiado desvergonzado? — preguntó Mayumi, dándole a Mari una mirada acusadora.

Mari estaba por responder pero una voz se le adelantó.

— ¡Oh! No digas tonterías hija. Ese es un hermoso conjunto de lencería — dijo una voz sensual y juguetona.

Mari desvió la vista hacia el fondo de la sala y casi llegando a la cocina, estaba la tía Shizuka, madre de Mayumi. Fiel a su estilo, su tía vestía un traje de ejecutiva que abrazaba su cuerpo de forma casi obscena, con una falda que llegaba a la mitad de sus muslos y pantys de color negro enfundando sus piernas. 

Su tía Shizuka era la definición de la palabra “erótico”. Todo su ser irradiaba erotismo. Es una mujer alta con un cuerpo simplemente voluptuoso, senos grandes y firmes, un rostro hermoso, mirada gatuna y un lustroso cabello largo de color negro azabache que la tonta de Mayumi también podría llegar a tener, si lavara y cuidara su cabello adecuadamente. Obviamente esa gata tonta de lentes no es ni la sombra de su madre, pero si la genética estaba de su lado, con los años podía llegar a ser una copia de la tía Shizuka.

—  Mayumi, en vez de reprenderla, deberías aprender de Mari; ella viste como toda una mujer — dijo Shizuka, mirando seriamente a su hija.

— ¿Quién llevaría algo como eso? — se quejó Mayumi.

— Yo — dijo simplemente Shizuka y procedió a levantarse la falda para mostrar que usaba las mismas pequeñas bragas de encaje azul y negro, bajo sus pantys.

— ¿¿MADRE, QUE HACES?? — chilló una avergonzada Mayumi.

— ¡Oh! Linda lencería la que llevan ustedes dos — dijo la madre de Mari, que había entrado a la sala mientras Mari estaba al teléfono y ahora estaba parada cerca de Shizuka.

— ¿Verdad que si? — dijo una divertida Shizuka, aun con la falda levantada.

— Aunque la mía no se queda atrás — dijo la madre de Mari, levantado su propia falda para mostrarle a su amiga la lencería de encaje que estaba usando en ese momento.

— ¡¡MADRE!! — chilló Mari, avergonzada por la idiotez que estaba haciendo su progenitora.

— Oye Katsumi, esa lencería es hermosa. ¿Dónde la compraste? — preguntó Shuzuka, evaluando con ojo crítico las bragas de encaje de la madre de Mari.

— Las compré en esa tienda de la que te hablé el otro día — respondió la ahora la mujer identificada como Katsumi. 

— ¿Qué creen que hacen ustedes dos? ¡¡BÁJENSE LA FALDA!! — chilló una sonrojada Mayumi, viendo al par de mujeres con las faldas levantadas, enseñándose mutuamente las bragas.

Mari estaba por arrojar su propio comentario, cuando recordó algo y esbozó una sonrisa zorruna, posicionándose de un salto detrás de una sorprendida Mayumi.

— ¿Y qué hay de ti? ¿Sigues usando braguitas de “Hello Kitty”? — preguntó Mari, levantando sorpresivamente la falda de Mayumi, para revelar… — ¡Oh! Eso es nuevo. “Doraemon”

— ¡¡KYAAAAA!! — chilló Mayumi, bajándose la falda — Zorra estúpida. ¡¡TE ODIO!! — gritó, para luego correr fuera de la casa.

Mari sintió un poco de pena por Mayumi; solo un poco. Pero sí, tal vez se le pasó la mano aquí.

— No te preocupes por ella. Tal vez con esto aprenda a dejar de usar ropa interior de niña y comience a usar ropa de mujer — comentó Shizuka.

— ¿Y ustedes cuánto tiempo más van a estar así, mostrando la mercadería? — preguntó Mari, dándole una mirada estrecha al par de MILFS que estaban frente a ella con las faldas levantadas, mostrando las piernas y las bragas.

— Lo dice la que solo viste bragas y sujetador — comentó la madre de Mari, dándole una mirada astuta a su hija.

Mari dio un respingo ante esas palabras, porque eran verdad. De todas, ella era la que más estaba mostrando; aunque no dudaba de que a ojos de cualquier hombre, ver a ese par de hermosas mujeres maduras con la falda levantada, sería mucho más excitante que verla a ella en ropa interior.

— MILFS — masculló Mari, haciendo un puchero mientras arrancaba la hoja de la libreta donde anotó los números telefónicos que le dio Shinji, y miró al par de locas que tenía por madre y tía — Subiré a mi cuarto a vestirme… ¡¡Ustedes bájense las faldas!!

Luego de esas palabras, una mosqueada Mari subió las escaleras para llegar a su cuarto, mientras que las dos mujeres que quedaron en el primer piso, dieron un suspiró de cansancio mientras se bajaban las faldas.

— ¿Estará bien Mayumi? — preguntó Katsumi, algo preocupada por la hija de su amiga.

— Olvídate de la gata tonta de mi hija, ya volverá cuando tenga hambre. Lo que en verdad me preocupa es lo que vas a tratar en la reunión de esta noche — dijo Shizuka mordiéndose un labio, nerviosa al pensar en eso.

— Sí. Es algo muy preocupante — concordó Katsumi. Entonces puso una mano sobre el hombro de su amiga y le regaló una pequeña sonrisa — Vamos, te invitó un trago de Sake. Lo traje de Hokkaido.

— Gracias, me vendría bien — respondió Shizuka, dándole una sonrisa a su amiga.

 


 

— ¡¡Hola Princesa!! — exclamó una entretenida Temari, abrazando y estrujando contra su imponente delantera, a la sorprendida chica de lentes.

María hacía frenéticos esfuerzos por liberarse del agarre de la mujer mayor, medio asfixiada por sus senos, mientras hacía malabares para sostener una bandeja con bocadillos en su mano derecha. Finamente pudo sacar la cara de entre los senos le la mujer, respirando una bocanada de aire, mientras acomodada sus anteojos que habían quedado medio caídos de un lado.

— Casi me asfixia con sus tetas, vieja loca — exclamó una molesta Mari, zafándose del agarre de una sonriente Temari.

— ¡Oh! Vamos. Solo es una muestra de afecto. Apuesto que a tu “No” novio le encantaría tener la cara entre este par — dijo la mujer divertida, sacando pecho y haciendo que sus senos dieran un pequeño bote.

— No es mi novio — masculló la chica levemente sonrojada.

— Por ahora — dijo la mujer mayor, dándole una par de palmaditas en la cabeza de una enfurruñada Mari, que estrechó los ojos mientras estiraban el labio inferior, como si fuera una niña pequeña.

Temari dio una risita y se adentró un poco más en la sala de la casa, mientras tomaba una copa de sake desde una bandeja ofrecida por Mayumi, que le regaló a Mari una sonrisa burlesca, antes de ofrecer tragos al resto de los presentes.

Marí suspiró y siguió atendiendo a los invitados de su madre. Esta no había exagerado cuando dijo que se reuniría con todos hoy. No solo estaba la gente de los alrededores, como la vieja loca de Temari-Obasan, Watanabe-San y su hijo, o el anciano Mifune; también pudo ver gente de lugares bastante lejanos, como Osaka, Kyoto, Hokkaido y Okinawa. Esta debía ser una reunión bastante importante.

Su madre hacía las veces de anfitriona, ayudada por la tía Shizuka, mientras que la tonta de Mayumi y ella, hacían las veces de camareras, sirviendo bocadillos y tragos a los invitados.

Cuando se hizo evidente que ya no llegarían más invitados, todas las conversaciones fueron cesando, para que los invitados procedieran a tomar asiento. Mari pudo ver como Mifune-San y Temari-Obasan tomaban asiento preferencial en el sillón de la sala, junto con la tía Shizuka. El resto de los invitados fue tomando asiento en las sillas de la mesa, o en algunas sillas plegables que habían dispuesto para la ocasión, mientras que Mayumi y ella estaban al fondo, mirando todo desde la cocina americana.

Ambas chicas pudieron ver como el ambiente cambiaba radicalmente. La cordialidad de las conversaciones quedó de lado, para dar paso a una seriedad que estaba poniendo realmente nerviosa a ambas chicas.

— Oye, zorra tonta. ¿Sabes de qué va todo esto? — le susurró Mayumi a chica junto a ella.

— Ni idea, gata estúpida — respondió Mari, igualmente en un susurro.

Lo cierto es que su madre nunca le dijo a Mari de qué trataba esta reunión, pero al ver a las personas reunidas en la sala de su casa, supo que era algo importante. Todos los presentes eran muy influyentes, algunos muy antiguos y sabios, como Temari-Osaban y Danzo-San.

De pronto, todos guardaron silencio cuando la madre de Mari y la dueña de casa, se posicionó al frente, dando una pequeña inclinación.

— Gracias a todos por asistir a esta reunión con tan poca antelación. Algunos de ustedes vinieron desde muy lejos para estar esta noche aquí. Nuevamente, muchas gracias — dijo Katsumi.

— No son necesarias tus palabras de agradecimiento, Katsumi. Estamos aquí, porque esto es algo que nos concierne a todos — dijo con seriedad la vieja Temari. 

Katsumi asintió en conformidad a las palabras de la mujer mayor. Paseó la vista por la sala, contemplando a todos los presentes y a su hija, atrás en la cocina americana, de pie junto a la hija de su mejor amiga. Suspiró antes de tomar la palabra.

— Iré directo al grano — dijo Katsumi y miró a todos con seriedad — Pasé lo últimos días verificando el estado del sello y mi análisis es definitivo. El selló se romperá y no tenemos mucho tiempo.

 


 

Mayumi comenzó a alejarse discretamente del grupo de personas reunidas ante ella en la sala, demasiado ensimismadas en su conversación para notarla. La reunión había finalizado hace algunos minutos, y ahora estaban conversando seriamente sobre lo que se había dicho. No pudo evitar estremecerse ante todo lo que había escuchado; cosas que creyó eran solo cuentos de viejas, pero ahora se volvían totalmente reales ante sus ojos.

Fue tan sorprendente todo lo que escuchó, que en un momento su madre se levantó del asiento para ir a ver si Mari y ella se encontraban bien, mientras la tía Katsumi seguía hablando de cosas que hasta momentos, creía que eran cuentos para asustar a los niños.

La chica de lentes estrechó los ojos ante el recuerdo de todas esas increíbles revelaciones, al imaginar todo lo que se les venía por delante. Pero había algo más; algo que concernía a Mari; algo que esa zorra tonta desconocía hasta el mismo momento en que fue mencionado. Pudo verlo en los ojos de Mari cuando se mencionó a NERV y los Evangelion. ¿Qué relación podía tener la tonta de Mari con todo eso? Lo cierto es que eso pareció tocarla de alguna forma, ya que apenas terminó la reunión, ella corrió fuera del lugar y subió a su cuarto.

Todos se dieron cuenta de eso, pero la tía Katsumi hizo un gesto indicando que la dejaran por ahora. Incluso su madre le dijo que le dieran algo de espacio a Mari, antes de ir a conversar con los demás. Mayumi estrechó los ojos.

Lo cierto es que ella tenía una rivalidad con Mari. Desde hace algunos años que se enfrentaban,  lanzándose apodos e insultos ingeniosos, buscando picarse mutuamente. Algunas veces se les pasaba la mano y una de ellas salía trasquilada. Hoy le tocó a ella cuando Mari expuso sus bragas de “Doraemon”. Hizo una mueca antes eso, pero aun así, esa zorra tonta amante de Godzilla, seguía siendo su amiga. Se conocían desde siempre y aunque no le gustara admitirlo, se preocupaba por ella. Esa era la razón por la que ahora iba subiendo las escaleras al segundo piso, camino al dormitorio de esa zorra tonta.

Mayumi se detuvo mientras daba un respingo ante un pequeño cartel colgando desde la puerta ante ella. Era un Chibi Gozdilla, que sostenía una pizarra que decía: “Cuarto de la maravillosa y hermosa Mari Makinami”. Rodó los ojos y suspiró con cansancio, antes de golpear la puerta.

— Oye, zorra tonta. ¿Estás ahí? — preguntó, pero no obtuvo respuesta, por lo que se encogió de hombros e ingresó sin ser invitada.

Apenas estuvo dentro, la chica dio un siseó ante la gigantesca colección de Godzilla que repletaba toda la habitación, sobre todo ante la inmensa figura de casi 2 metros de alto a los pies de la cama donde estaba recostada la tonta de Mari, volteada hacia la pared mientras abrazaba un peluche de Godzilla. Rodó los ojos ante eso y estaba a punto de hacer un comentario burlesco, cuando su sensible olfato captó algo; un aroma en particular. Frunció el ceño, olisqueó el aire por unos segundos y le dedicó una mirada estrecha a la chica ante ella.

— ¿Por qué tu cuarto huele a hombre?

Lo siguiente supo Mayumi es que le llegó un peluche de Godzilla directo a la cara, que la mandó de espadas al suelo. 

— ¿¿Qué demonios te pasa, zorra estúpida?? — rugió Mayumi poniéndose de pie de un salto, con los lentes torcidos sobre el rostro y una cara asesina.

— Fuera Mayumi. Quiero estar sola — dijo Mari con voz apagada.

Mayumi se sorprendió por esta actitud. Este era el momento en que Mari respondería con alguna pesadez, como mandarla a toser bolas de pelo a otro lado. Pero por el contrario, seguía acostada sobre la cama volteada hacia la pared. Suspiró y se sentó a los pies de la cama.

Ambas chicas permanecieron en silencio por largos minutos, cada una perdida en sus propios pensamientos, hasta que Mayumi finalmente rompió el silencio.

— Apenas puedo creer todo lo que escuchamos allá abajo. Lo que reveló la tía Katsumi… nadie se sorprendió. Todos los sabían, menos nosotras — comentó la chica de cabellera negra azabache.

Un nuevo silencio cayó en la habitación. Mari seguía volteada hacia a la pared sin decir una sola palabra, mientras que Mayumi comenzaba a perder la paciencia.

— Oye… ¿Qué pasa? Tú no eres así — pregunto la chica de cabello negro, recobrando la compostura y mirando con seriedad a su amiga — Tiene que ver con esas cosas, los Evangelion, ¿verdad? ¿Por eso estás así? Pude ver que te tensaste cuando se mencionó eso. ¿Qué tienes que ver tú con esas cosas?

— Nada que te importe — respondió finalmente Mari.

— ¡Oh! Entonces si tienes algo que ver con esas cosas Evangelion… que interesante — comentó Mayumi para sí, antes de estrechar los ojos y mirar fijamente a la chica acostada en la cama dándole la espalda —  ¿Esto tiene alguna relación con que tu cuarto huela a hombre?

Ese último comentario fue suficiente para Mari, por lo que se sentó de golpe en la cama y miro seriamente a la chica de cabellera negra azabache.

— ¡¡Mayumi, nos vamos!! — se escuchó a lo lejos el llamado de la madre de la aludida desde los pies de la escalera.

Ambas chicas compartieron una mirada, taladrándose mutuamente con los ojos, esperando que la otra cediera primero. Finalmente al ver que no iban a ningún lado, ambas apartaron la mirada al mismo tiempo, dando un suspiró de cansancio.

— Me voy por ahora. Pero aún me debes una explicación… zorra estúpida — masculló Mayumi dándole una última mirada a la chica en la cama para girarse y salir de la habitación.

Cuando dio un par de pasos, Mayumi miró la enorme figura de Godzilla a los pies de la cama, y con una sonrisa torcida, le dio un golpe de puño que hizo que la figura se balanceara hacia atrás, solo para regresar y caer sobre una espantada chica de cabello negro, que dio un chillido cuando se vio aplastada por un Godzilla de tamaño familiar.

— ¡¡Quítame esta cosa de encima!! — chilló Mayumi, aplastada por un sonriente Godzilla.

— Te lo mereces por estúpida — dijo Mari con una media sonrisa, al ver como Mayumi movía frenéticamente brazos y piernas, aplastada por el poder de Godzilla.

Levantó la figura y la puso de pie, mientras una desarmada y avergonzada Mayumi se alisaba su vestido. Miró con furia a una ahora sonriente Mari, estaba por dar una respuesta a esa sonrisa burlesca cuando…

— ¡¡Mayumi!! — llamó Shizuka una vez más.

— ¡¡Ya voy mamá!! — gruñó una respuesta.

Ambas chicas se sostuvieron la mirada por unos segundos, hasta que Mayumi giró el rostro a un lado en gesto altanero, caminando fuera de la habitación, solo para detenerse en la puerta y girarse para darle una mirada a Mari.

— Por cierto… ¡¡ULTRAMAN ES EL MEJOR!!

El rostro de Mari se trasformó en un rictus de furia, recogiendo el peluche de Godzilla que le había lanzado poco antes a la tonta de Mayumi y se lo volvió a lanza, pero solo dio contra la puerta, ya que la chica había alcanzado a salir a tiempo. Hizo un gesto de enojo y desvió la mirada.

— Gata estúpida — masculló, se giró y se acercó al ventanal, para abrirlo y salir al pequeño balcón que daba al patio de la casa. Recargó los brazos en la baranda y dio un suspiro de cansancio.

La mirada de Mari se estrechó al recodar las preguntas de Mayumi, preguntas que la hicieron pensar en todas las cosas que había revelado su madre en la sala de su casa. Cosas que nunca hubiera imaginado, cosas que desde niña creyó eran para asustarla y hacer que se fuera temprano a la cama; y ahora resulta que todo eso era cierto.

No sabía qué pensar ante eso, sobre todo ante lo último que dijo su madre. Algo que la involucraba a ella y a Shinji. Apretó los dientes ante ese pensamiento, momento en que sintió como se abría la puerta de su habitación. No se volteó. Sabía quién era.

— ¿Estás bien? — pregunto Katsumi, mirando la espalda de su hija, pero no obtuvo respuesta.

La hermosa mujer suspiró con cansancio. Sabía que esto no sería fácil. Miró al suelo y vio un peluche de Godzilla tirado a un lado, se agachó para recogerlo y lo dejó sobre la cama en su camino al balcón. Quedó de pie a un lado de su hija y miró el ahora cielo estrellado. 

— Es una linda noche, ¿verdad?  — dijo la mujer, con una sonrisa melancólica — A tu padre le encantaba contemplar las estrellas. Solía acompañarlo, ambos abrazados, simplemente disfrutando de la vista y de la compañía. Eran cosas pequeñas y simples, pero significaron mucho para nosotros.

Mari miró sorprendida a su madre por ese comentario mientras ella continuaba mirando al cielo, perdida en sus recuerdos de un hombre que amaba aún hoy en día, a pesar de haber pasado tantos años de su partida. No dejó de sentir pena por su madre; eso a la vez le hizo pensar en…

— Lamento no haberte dicho esto antes, pero debes entender que no había razón para hacerte cargar con esta verdad a ti o a Mayumi; al menos, no antes de tiempo.

Mari bajó la cabeza, recordando una vez más lo dicho en reunión y se estremeció.

— Entonces… ¿todo es verdad? — preguntó.

— Sí hija. Todo es verdad — respondió Katsumi con pesar.

Mari apretó los labios ante esa respuesta, hasta que solo fueron una raya. ¿Qué podía pensar ante eso? Qué estaban jodidos; ciertamente, pero…

— ¿No hay alguna forma de… ya sabes? — preguntó Mari, pese a intuir la respuesta.

— No. No la hay — respondió Katsumi con pesar.

— ¿Por eso mencionaste a NERV… al Evangelion? — preguntó Mari con pesar — ¿Quieres usar a…

— ¡No! — dijo Katsumi terminantemente, cortando las palabras de su hija, mientras le daba una seria mirada.

Mari no supo qué decir ante eso; y ante la seria mirada que le daba su madre. Esta suspiró y devolvió la vista hacia las estrellas, antes de tomar la palabra otra vez.

— Nunca se me había pasado esa idea por la cabeza, hasta hace poco. Cuando vi lo que esas cosas pueden hacer, entonces supe que podían ser de ayuda. El que tú quedaras en la posición de acercarte, fue algo completamente fortuito. Ese accidente hace años fue eso; un accidente. Todo es una gran casualidad; una casualidad que puede trabajar a nuestro favor. 

— No me gusta esto. No quiero… no quiero engañarlo — dijo Mari con algo de amargura.

— ¡Oh! Pero ya lo engañaste — dijo Katsumi, devolviéndole una mirada seria a su hija — Es cierto que no estuve aquí, pero sé lo que hiciste, como montaste un espectáculo para llamar su atención, para traerlo aquí; incluso pasó la noche contigo. Aunque solo hayan dormido uno junto al otro.

Mari se sobresaltó ante esas palabras, y miró seriamente a su madre.

— ¡No tenía opción! No podía seguir al margen de su vida. Ya no podía seguir sin hacer nada. Ya no podía verlo sufrir — dijo la chica, repentinamente emocionada.

Katsumi miró a su hija y su mirada se enterneció.

— Igual de tonta que tu madre — dijo Katsumi con una sonrisa melancólica, acariciando una mejilla de su hija.

— ¿Qué? — preguntó Mari, sin entender.

— Esto nunca te lo he dicho, pero cuando conocí a tu padre, él había perdido a su esposa hace un par de años, a causa de una enfermedad. Aun estaba triste y amargado, sintiendo la partida de su compañera. Me llamó la atención, lo observé por un tiempo y sin darme cuenta me fui interesando en él.

Mari miró a su madre con ojos desorbitados. Esa parte de la historia no la conocía.

— Me acerqué a él, haciéndole creer que era una simple chica del campo que llegaba a la ciudad buscando trabajo — comentó Katsumi con una mirada nostálgica — Él pudo aprovecharse de mí, ¿sabes? Pero no lo hizo. Fue gentil, respetuoso, justo y todo un caballero. Me fue imposible no enamorarme de él. ¿Lo ves? Tú y yo somos más parecidas de lo que crees.

Mari miró con sorpresa a su madre por esa confesión y pronto se vio atrapada en un fuerte abrazo, descansando la cabeza sobre el gran pecho de su madre.

— Desde que conociste a ese chico, he estado muy pendiente de ti, hija. Sé que en un inició fue porque sentías una deuda de gratitud con él, pero luego se transformó en algo más. No quisiera interferir, no ahora que te has decidido; pero hija, si no hacemos algo, no habrá futuro para nadie.

— No es justo — dijo Mari aferrándose a su madre.

— Solo te pido que puedas averiguar lo más posible, para ver si mi suposición es cierta. Ver si esos Evangelion en verdad pueden enfrentar a… eso — dijo Katsumi.

— ¿Solo eso? — preguntó Mari.

— Solo eso. Llegado el momento, si las cosas van bien, yo hablaré con él.

Mari sintió que su madre estrechaba un poco más el abrazo en que la tenían atrapada y la abrazó de regreso con más fuerza. Aun se sentí mal con todo esto, pero ya no tanto como en un inicio. Ella no había sido totalmente honesta y dentro de poco lo sería menos. Solo esperaba que Shinji pudiera perdonarla.

 

 

Continuará...


Notas del Autor: Aquí tenemos un nuevo capítulo de esta historia, donde muchas cosas ocurrieron, revelando que hay una trama bastante más compleja de lo que se dejó ver en un inicio, que espero nos de muchas cosas interesantes. Pero todo se irá revelando en su debido momento.

Otra cosa interesante es la integración de nuevos personajes, que serán muy importantes en la historia.

Por un lado tenemos a “Mayumi Yamagishi”, personaje rescatado de un olvidado juego para la consola Sega Saturn, llamado “Neon Genesis Evangelion: 2nd Impression”. Este personaje si bien fue tomado de este juego, no presentará las mismas características o personalidad de esa Mayumi. En esta historia, Mayumi tendrá una personalidad y un desarrollo muy distintos.

Por otro lado tenemos a Shizuka Yamagishi, la madre de Mayumi. Este es un personaje inventado por mí, pero inspirándome en otros dos. Por un lado está “Kuroka” de High School DXD y por el otro está “Kuroko Smith” de Monster Musume no Iru Nichijou. De hecho, físicamente Shizuka se parece mucho a Kuroko Smith, con una personalidad que es una mezcla entre Kuroko y Kuroka.

Espero que este dúo madre e hija sea de su agrado, ya que comenzaran a aparecer muy seguido de aquí en adelante.

Saludos y nos leemos.  

Chapter 7: Nuevo comienzo

Summary:

Un deprimido Shinji analiza su lamentable y dolorosa existencia. Siente que su vida no vale nada, que no hay razón para seguir adelante, pero en su momento más ocuro, algo ocurre que le hace ver que no todo es tan malo como cree, poniendo su vida de cabeza y cambiandola de formas que nunca imaginó.

Notes:

NOTA: Todos los derechos de la serie Neón Génesis Evangelion pertenecen a Gainax/Khara, o quienes les sucedan legalmente en el futuro. Esta historia fue escrita sin fines de lucro, solo como medio de esparcimiento. No me demanden.

Chapter Text

Shinji caminaba rumbo a la escuela, aun tratando de creer cómo se estaban desarrollando las cosas en su vida. Era simplemente increíble pensar que hasta hace un par de días estaba tan deprimido, abatido y con tanta desesperanza, que consideró lanzarse a las vías del tren; siendo salvado por una loca chica de lentes y su maleta que explotó en el momento preciso. Sonrió.

Aun podía recordar el grito desgarrador de Mari cuando explotó su maleta; o sus lágrimas de cocodrilo cuando abrazaba su “Precioso” desparramado por el andén del tren. Entonces estrechó los ojos al recordar el golpe que le dio en la cabeza, cuando creyó que estaba robando una pieza de su “Precioso”.

— Golpea fuerte — masculló para sí Shinji, tocando su cabeza donde aún tenía un pequeño chichón.

Negó con la cabeza y continuó caminando.

Era increíble pensar que había bastado un solo día para cambiar su forma de pensar. Un solo día para sacarlo de la desesperanza y hacer que tuviera reales deseos de hacer cosas, deseos de vivir. ¿Tan simple de mente era? ¿Tan básico que bastó un día para cambiar su vida?

Bien; no es como si su vida hubiera cambiado por completo, o que su vida ahora sea toda felicidad. Lo cierto que aun sentía algo amargo en el fondo de su alma. Podía sentir dolor por su desastrosa relación con su padre; desesperanza al recordar la total basura que había sido su vida hasta ahora, que de solo recordarla aún le hacían sentir ganas de llorar, o todo lo que sufría al estar en NERV y subir al EVA. Todo eso seguía ahí.

La diferencia es que ahora podía ver una luz al final del camino, ahora, por primera vez tenía una razón para no quedarse atrapado en la mierda que había sido su vida. Tenía una razón para avanzar y afrontar las cosas. No estaba seguro si esta resolución duraría; si al final del día volvería a sentirse como la mierda y con deseos de acabarlo todo, pero en este momento sentía que podía avanzar.

Tenía un genuino deseo de proteger eso tanto le gustó, de proteger ese entretenido “Shotengai” de aspecto casi medieval, de proteger a la gente que trabaja ahí; pero más importante aún, tenía deseos de proteger a Mari; de volver a verla y pasar el rato con ella… deseos de tener su propia colección de Godzilla.

No pudo evitar sonrojarse y sonreír a la vez ante ese último pensamiento: Mari y Godzilla. Por alguna razón se sentía bien pensar en esos dos juntos.

Shinji debió detener su tren de pensamientos cuando estuvo a las puertas de la escuela. Miró el lugar que pensó no volvería a pisar. Suspiró y con un asentimiento de cabeza, se animó a ingresar.

 


 

— ¡Chicos! Acabo de confirmar el rumor — dijo Kensuke, acercándose a Shinji y Touji, quienes estaban conversando ante el pupitre del primero, aprovechando un cambio de hora en que tenían unos minutos antes de que se presentara el nuevo maestro.

Shinji estaba realmente sorprendido con todo esto. No esperaba un recibimiento tan animado por parte de sus nuevos “amigos”. Es cierto que el día pasado dijeron que lo esperarían en la escuela, pero no se imaginó que su recibimiento sería tan cordial; tomando en cuenta que no había sido demasiado cercano con ellos; sin contar con que Touji lo golpeó. Pero ahora lo estaban integrando como si se conocieran de toda una vida.

¿Así se sentía el tener amigos? No pudo dejar de sentirse un poco emocionado. Nunca antes había tenido amigos, pero ahora…

— ¿De qué rumor estás hablando? — preguntó Touji, levantando una ceja.

— Algo que escuché esta mañana al llegar a la escuela — señaló Kensuke con una sonrisa de suficiencia mientras se ajustaba los lentes con una mano, momento en que emitieron un reflejo de forma dramática.

— ¿Y? ¿De qué se trata? — preguntó Touji, un tanto impaciente por el teatro que hacía Kensuke con todo eso.

— Acaba de llegar una nueva estudiante transferida desde otra escuela — señaló Kensuke entusiasmando, antes de ampliar su sonrisa — Está en la clase de al lado. Acabo de verla y… ¡Es una belleza!! — añadió en un grito, entusiasmado.

— ¡¡WOW!! ¿Tan buena está? — preguntó Touji, repentinamente interesado.

— ¡Sí, hombre! Es exquisita. ¿Quieren ir a conocerla a la hora de almuerzo? — preguntó Kensuke, entusiasmado.

— No estaría mal, aunque no creo que a los chicos de la clase de al lado les agrade que vayamos a robarle a sus mujeres — comentó Touji, cruzándose de brazos.

Shinji miró boquiabierto al chico de ropa deportiva por tamaña declaración. ¿En verdad se creía semejante idiotez? Estaba seguro que ni entre los tres lograrían que una chica supuestamente tan linda siquiera mirara en su dirección.

— No te preocupes, no hay nada que puedan hacer ante nuestra arma secreta — dijo Kensuke con una sonrisa de suficiencia.

— ¿Arma secreta? — preguntaron Shinji y Touji, sin entender.

— Sí. Nuestra arma secreta… ¡¡Shinji!! — exclamó Kensuke, señalando al aludido.

— ¿Shinji? — pregunto Touji.

— ¿¿Yo??

— Si, tú — afirmo Kensuke, antes de aclararse la garganta y mirar a sus amigos — Es simple. Vamos allá a la hora de almuerzo diciendo que “El Gran Shinji Ikari, Piloto de Evangelion y salvador del mundo”, desea conocer a la nueva alumna de intercambio. Nadie podrá oponerse a eso.

— ¡¡Qué buena idea!! — exclamó un entusiasmado Touji, para completo horror de Shinji.

— Sí, como sus guardaespaldas, lo acompañaremos abriendo camino hasta la chica y podremos presentarnos sin problemas. Luego la invitamos a comer con nosotros. Con el “Salvador del Mundo” ahí; ella no se negará — desarrolló Kensuke,

— Cierto. Así podríamos comer juntos, y luego tal vez… podamos… — comenzó Touji.

— ¡¡Tener una cita!! — dijeron ambos chicos, emocionados.

Para ese momento el rostro de Shinji estaba deformado de espanto, mientras sentía un escalofrío recorrerle la espalda. Estaba comenzando a escapar discretamente de su pupitre para huir de la escuela como alma que lleva el diablo, cuando un fuerte gruñido lo congeló en su lugar.

— ¿¿Quieren dejar de hacer escandalo ustedes tres?? — ladró Hikari en un regaño, parándose frente al trio con las manos en las caderas, mientras los fulminaba con la mirada.

— Sí señora — dijeron Touji y Kensuke, parados en forma recta, mirando al frente.

Hikari estrechó la mirada sobre esos dos, para luego centrarse en Shinji; quien estaba a medio camino de escapar, congelado en su lugar como si fuera un conejo encandilado por las luces de un automóvil. Su cara de completo horror no le valió un solo punto con la chica de pecas, que lo miró en forma reprobatoria.

— No me esperaba esto de ti, Ikari. Creí que eras mucho más serio y responsable, pero veo que me equivoqué. Me siento un poco decepcionada — dijo Hikari duramente.

Shinji, horrorizado al infinito, finalmente cayó sentado de culo al suelo, sin poder sostenerse de pie. Hubo una sola cosa que pudo decir en su defensa.

— Perdón.

Hikari negó con la cabeza y miró reprobatoriamente a los tres.

— Dejen de comportarse como si fueran “Los Tres Chiflados” y tómense la escuela con más seriedad. Ahora vuelvan a sus pupitres que el maestro está por llegar.  

Con esas últimas palabras, la chica dio media vuelta, dejando atrás al complicado trio de chicos, para la completa diversión de todos sus compañeros ante lo dicho por la Delegada de Clase. Fuera intencional o no, la chica de pecas había bautizado a esos tres con un apodo literalmente hecho a la medida. Con una sonrisa perversa, todos en la clase se juramentaron que al terminar el día, ese trio de idiotas sería conocido por toda la escuela como… “Los Tres Chiflados”

Por su parte, un deprimido Shinji deseaba nunca haber nacido; ni mucho menos, tener amigos.

 


 

El timbre que señalaba el fin de la clase de Algebra había sonado; y ahora con el maestro dejando el salón de clases había llegado la hora de almorzar. Shinji debería sentirse aliviado con eso. No era particularmente bueno para mezclar letras con números, por lo que le dolía un poco la cabeza. Necesitaba un descanso, además, tenía hambre; pero en este momento estaba más preocupado de escapar del par de locos que tenía por amigos y que pretendían usarlo para conocer a una chica.

Con eso en mente Shinji tomó su bento y se dispuso a dejar el salón, pero una firme mano en el hombro, hizo que se volviera a sentarse en su silla.

— ¿A dónde vas, Shinji? — preguntó Touji, apretando el agarre en el hombro.

— ¿Pretendías adelantarte a conocer a esa belleza sin nosotros? — preguntó Kensuke, de pie al otro lado del pupitre, dándole una mirada seria al Tercer Elegido.

— Qué mal amigo eres — dijo Touji, negando con la cabeza.

Un complicado Shinji miraba de un lado a otro a sus “amigos”, sin saber qué decir o qué hacer para libarse de ese desastre en potencia. Lo único que quería es ir a comer tranquilo a un rincón donde no molestar a nadie, pero…

— ¡¡TE ENCONTRE!!

Todos en el salón de clase se congelaron ante ese potente grito, emitido por una melodiosa voz femenina. Los ojos de todos fueron hacia la puerta, donde podían ver a una hermosa chica de pie con una sonrisa en los labios, rodeada de un grupo de jóvenes que la miraban entusiasmados, junto con otros más asomándose por la puerta del salón de clases.

La chica era esbelta y de figura curvilínea, con piernas largar y muy bonitas. Sus senos eran de un tamaño más que interesantes y su rostro era simplemente hermoso. Tenía ojos grandes y expresivos de color verde azulado enmarcados tras unos lindos anteojos. Una sedosa cabellera castaña tomada en dos coletas completaba el cuadro. Vestía además un uniforme escolar que evidentemente pertenecía a otra escuela, lo que solo contribuía a dar un aire incluso más exótico a la linda chica. 

No era de extrañar que todos los chicos estuvieran literalmente babeando por la fémina en cuestión, ni que las chicas la miraran con algo de envidia; pero lo más importe aquí era…

— ¿Mari? — preguntó Shinji, realmente impactado.

Los pensamientos de todos se detuvieron en el acto, mientras que todos los ojos se dirigieron hacia el Tercer Elegido.

— ¡¡Shinji!! — dijo la chica entusiasmada, acercándose alegremente hasta el pupitre del joven Piloto EVA, ante la mirada sorprendida de todos los presentes; sobre todo de Touji y Kensuke, quienes miraban todo este desarrollo con la boca abierta.

— ¿Qué… qué haces aquí? — pregunto medio tartamudeando Shinji, apenas creyendo que la loca chica de lentes que le hizo ver la vida de una forma distinta, estuviera de pie frente a él.

— ¿Puedes creer que la tonta de mi madre me dijo recién esta mañana que me había transferido a esta escuela? — preguntó Mari, poniendo las manos en las caderas, en un gesto por demás, interesante — De haber sabido antes que asistiría a tu misma escuela, podríamos habernos puesto de acuerdo para venir juntos — añadió con un puchero.

Shinji dio un respingo ante eso, recordando que dentro de esa conversación post película de Godzilla en casa de ella, efectivamente le había contó a la chica que estaba asistiendo a esta escuela en particular.

— Por cierto, mira esto. Ya tengo un teléfono móvil — dijo la chica con una sonrisa, metiendo la mano en un bolsillo de su falda, para luego extender el aparato con ambas manos para que Shinji pudiera tomarlo.

Ante la impactada mirada de todos los presentes y de unos catatónicos Touji y Kensuke; Shinji tomó el aparato desde las manos de la chica. Era un móvil de último modelo y si no se equivocaba, bastante caro. Ese debe ser el motivo por el cual la chica lo tenía en una de esas fundas protectoras. Lo giró para mirarlo mejor y…

— ¡¡GODZILLA VS MOTHRA!! — exclamó un sorprendido y emocionado Shinji.

Todos en el salón de clase, junto con los que se asomaban por la puerta, dieron un respingo ante el potente grito del Tercer Elegido, quien sostenía el teléfono móvil en sus manos y lo contemplaba como si fuera una especie de tesoro. Al menos para él lo era, ya que la funda protectora estaba impresa por el reverso con el cartel de la película “Godzilla vs Mothra” de 1964.

— Jujuju. Sabía que te gustaría — dijo Mari, con una risita y una sonrisa zorruna.

— ¿Dónde lo compraste? ¿Crees que habrá fundas protectoras para mi modelo de móvil? — preguntó un emocionado Shinji.

— La tienda tenía muchas diferentes. De seguro encontramos una para ti — dijo Mari, tomando su móvil desde las manos de Shinji para manipular la pantalla, mientras aumentaba su sonrisa zorruna.

En ese momento el teléfono móvil comenzó a sonar en el bolsillo del pantalón de Shinji, este lo tomó y vio un número desconocido llamando.

— Ahí tienes mi número telefónico. Guárdalo en tus contactos. Ahora podremos comunicarnos todos los días — dijo Mari, cortando la llamada y guardando el aparato en el bolsillo de su falda.

Shinji miraba impactado la pantalla del teléfono móvil que sostenía entre sus manos. Estaba emocionado y algo avergonzado; tenía el número telefónico de una chica. Esto era algo que hace un par de días jamás se hubiera imaginado.

Todos en el salón de clases observaban boquiabiertos la interacción de esos dos. Todo indicaba que Shinji Ikari conocía a la chica nueva; y no solo eso, parecían llevarse muy bien, al punto en que ella le dio su número teléfono así sin más. Estaban a punto de saltar en exclamaciones de sorpresa, envidia y reclamo por parte los hombres, cuando se escuchó el fuerte gruñido de un estómago.

Todos los ojos fueron hacia la chica de lentes que estaba revolucionando el salón de clases en ese momento. Por su parte, Shinji miró sorprendido a Mari, que hizo una mueca.

— ¿Fuiste tú? — preguntó Shinji, divertido, ganándose un coscorrón por parte de la sonrojada chica de lentes — ¡Oye! Eso dolió — reclamó, sobando su agredida cabeza.

— Te lo mereces por avergonzar una chica tan linda como yo — reclamó Mari, cruzándose de brazos y mirando a un lado haciendo un puchero — Tengo hambre — masculló.

— Oye, no fue mi intención avergonzarte, pero, bueno… no es mucho, pero si quieres lo podemos compartir — dijo un sonrojado Shinji levantando su bento frente a la chica.

Los ojos de Mari brillaron y su cara se transformó en un gesto de pura felicidad ante la oportunidad de volver a probar la deliciosa comida de Shinji. En un rápido movimiento tomó el bento de su mano sosteniéndolo en alto en forma triunfal, antes de mirar con determinación a Shinji y tomarlo de una mano, ante las exclamaciones de sorpresa de todos.

— ¿Qué estamos esperando? Busquemos un lugar tranquilo y disfrutemos de tu deliciosa comida — exclamó una feliz Mari antes de arrastrar de una mano a Shinji fuera del salón, empujando a un lado a cualquiera que estuviera en su camino.

Cuando la pareja abandonó el salón de clases, las exclamaciones de asombro, comentarios y maldiciones en contra del mal nacido de Shinji Ikari por atrapar a semejante belleza, no se hicieron esperar. Por su parte, unos impactados; y por qué no decirlo, enojados Touji y Kensuke, apretaron los puños antes de gritar.

— ¡¡SHINJI, TRAIDOR!!

Un poco más atrás, sentada aun ante su pupitre junto a la ventana, Rei Ayamani observó todo ese intercambio con su calma e indiferencia habitual; al menos en el exterior. Rei estrechó levemente su mirada, segura de que algo no andaba del todo bien aquí.

 


 

— ¡¡Estaba delicioso!! — exclamó una feliz Mari, terminando de comer la caja de bento que había preparado Shinji.

Por su parte, el Tercer Elegido miró con una sonrisa a la chica, feliz de que a ella le gustara tanto su comida. Por alguna razón le hacía sentir bien que a las personas les gustara su comida. Se sentía bien cuando Misato lo elogiaba, pero por alguna razón con Mari se sentían aún mejor. Claro, eso no quitaba el hecho de que seguía con hambre. Solo había comido un par de bocados, ya que el resto de la comida había sido devorada por una hambrienta Mari Makinami y… ¡Espera un momento!

Los ojos de Shinji se abrieron como platos, recién cayendo en cuenta de que Mari había comido usando los mismos palillos que él; eso quiere decir que eso fue… ¡¡Un beso indirecto!!

— Me encantaría comer tu comida todos los días — dijo una feliz Mari, tapando la ahora vacía caja de bento, luego guardando los palillos en una caja alargada y dejándolos junto a ella.

— ¿Eh? — exclamó Shinji, sus afiebrados pensamientos dejados de lado por el comentario de la chica de lentes.

— ¡Oh! Vamos. Ya sabes que me encanta tu comida. El desayuno que preparaste ayer estaba riquísimo. De hecho, mi madre disfrutó mucho lo que le dejaste. Estaría encantada de que fueras a cocinar para nosotras cualquier día de estos.

Shinji no pudo dejar de sonrojarse ante ese comentario, imaginándose cocinando para Mari y una versión más adulta de ella; porque su madre debe ser igual de bonita, ¿verdad?

— ¿Por qué te sonrojas? — preguntó Mari, mirándolo con curiosidad.

La pregunta de la chica y su mirada escrutadora, solo lograron que el sonrojo de Shinji subiera un poco más en intensidad. Por su parte, una sonrisa zorruna apareció en el rostro de la chica, que solo aumentó el sonrojo y ahora el nerviosismo de Shinji.

— Tal vez te imaginas cocinando para dos mujeres hermosas, exuberantes y sexys, pidiéndote más y más y más… — dijo Mari con una voz sensual y una sonrisa zorruna que había escalado unos tres niveles, mientras acercaba peligrosamente su rostro al chico que estaba sentado junto a ella, en una banca del patio trasero de la escuela.

Sonrojado hasta el infinito y más allá, el aludido solo pudo atinar a ladear el rostro alejándolo de Mari, que seguía acercándose a él, pese a que intentaba rehuirla. Es así como ahora la chica de lentes se había levantado un poco de la banca para posicionarse casi sobre él, mientras que Shinji se hacía a un lado en una contorción casi antinatural, más propia de una serpiente. Mari lo miró directo a los ojos a muy poca distancia, tanta que hasta podía sentir el suave aliento de la chica; entonces ella estalló en una sonora carcajada.

Shinji dio un par de pestañadas en sorpresa, mientras Mari se doblaba de la risa, sujetándose la panza.  

— Si te hubieras visto la cara — dijo la chica entre carcajadas, mientras se golpeaba una rodilla con la palma de una mano, como para expresar de mayor fuerza su diversión.

— ¡¡No le encuentro la gracia!! — regañó Shinji.

— Yo sí — dijo Mari, tratando de calmar su risa, mientras se enjugaba una lágrima con un dedo.

Shinji miró a un lado, molesto. Había caído en el mismo juego que en la tienda de Ramen el otro día. Iba a tener que comenzar a cuidarse de Mari, o esa loca de lentes lo iba a usar para su diversión en forma indiscriminada.

— Shinji. ¿Por qué no contestas tu teléfono?

Esa pregunta realizada por una voz fría y monocorde, literalmente drenó el ambiente distendido de se había creado entre la pareja de Piloto EVA y la loca de lentes. Ambos jóvenes miraron hacia el frente, solo para ver a unos metros de distancia a la siempre seria e impertérrita Rei Ayanami mirándolos seriamente.

— ¿Qué? — fue todo lo que pudo decir Shinji una vez salió de su aturdimiento.

— Están llamando de NERV. Solicitan que vayamos de inmediato. Te llamaron a tu teléfono pero no respondes. Me pidieron que te avisara — explicó mecánicamente Rei.

Shinji dio un respingo ante eso y metió la mano en el bolsillo del pantalón, tomando el mentado aparato para revisarlo. Desbloqueó la pantalla táctil y miró el móvil sin encontrar nada fuera de lugar. Entonces sintió como Mari se arrimó junto a él y comenzó a pasar uno de sus dedos por la pantalla hasta que dio con algo.

— Aquí, mira. Tienes el móvil en “Modo Avión”, por eso no te llega nada — explicó Mari, desactivando la opción, momento en que el aparato comenzó a vibrar y sonar con las llamadas perdidas de NERV.

— ¡Ups! Creo que pasé a llevar algo que no debí cuando agregué un número en mis contactos. Perdón — se excusó Shinji, pero no obtuvo respuesta.

Cuando levantó la vista se congeló ante lo que vio. Rei estaba mirando fijamente a Mari, como si estuviera tratando de diseccionarla con la mirada. Por su parte, Mari estaba tan seria como Rei, dándole una mira escrutadora, como si hubiera algo que no lograra comprender.

Ambas féminas continuaban mirándose mutuamente sin mover un solo músculo, como si estuvieran en una competencia de miradas. Un nervioso Shinji decidió que lo mejor sería intervenir, ya que no quería averiguar hasta dónde podía escalar todo esto.

— Ejem, Rei, me gustaría presentarte a una amiga, Mari Makinami. Mari, esta es Rei Ayanami, Piloto de Evangelion igual que yo — las presentó Shinji con voz algo temblorosa.

— Gusto en conocerte — dijo Mari esbozando una pequeña sonrisa.

Por respuesta, Rei continuó con su escrutadora mirada a la chica de lentes, hasta que desvió su mirada a Shinji, quien dio un respingo.

— Hay un automóvil esperando por nosotros afuera.

Con esas palabras, Rei dio media vuelta y comenzó a alejarse, pasando por alto la presentación que Shinji había hecho, este miró a Mari con cara un tanto complicada.

— Por favor discúlpala. Ella es algo; bueno… especial — se disculpó Shinji.

— Olvídalo. No hay problema — dijo Mari con gesto de una mano, restándole importancia — Más importante que eso — añadió, girándose para tomar el bento y la cajita con los palillos y poniéndola en las manos de Shinji.

— Gracias — dijo el joven Piloto EVA.

— Yo soy la que debe darte las gracias a ti, tonto. En verdad me salvaste hoy. Estaba muerta de hambre — dijo ella con una sonrisa, antes de añadir — Yo no cocino tan bien como tú, pero me comprometo a traer el almuerzo de mañana.

Shinji se sonrojó ante esas palabras. ¿Acaso Mari sabe lo que significa que una chica le prepare el almuerzo a un chico, o es solo una muestra de gratitud?

— Oye, ¿no deberías irte? — preguntó Mari, levantando una ceja.

Ante esa pregunta, Shinji recordó que efectivamente debía ir rumbo a NERV de inmediato. Con un presuroso “adiós” a su loca amiga de lentes, se giró y comenzó a correr hasta la salida de la escuela, solo para detener su carrera y derrapar con sus nuevas zapatillas rojas, quedando de frente contra un muro de chicos que no se había dado cuenta de que estaban ahí. ¿Desde cuándo estaban todos ahí? ¿Estuvieron viéndolo mientras almorzaba con Mari?

— Shinji… ¡¡¡TRAIDOR!!! — gritaron unos enojados Touji y Kensuke, mirándolo con dagas en los ojos.

Angustiado, avergonzado, nervioso al extremo y muy corto de tiempo, Shinji hizo lo único que podía hacer.

— ¡¡PERDÓN!! — gritó, volviendo a correr esquivando a todo el que tuviera por delante dando saltos y contorciones, en una formidable imitación de Jackie Chan, para luego desaparecer doblando la esquina del gimnasio.

— ¡¡Vuelve acá, traidor!! — gritaron Touji y Kensuke, corriendo detrás de un esquivo Tercer Elegido.

Atrás, Mari observó todo eso con una sonrisa en los labios, al menos hasta que su cara recuperó la seriedad, momento en que sus ojos se estrecharon al recordar a la chica peliazul; o más precisamente, algo que logró sentir en ella, algo que… entonces desvió la vista a un lado, contemplando la pared de chicos que seguían mirándola mientras babeaban en suelo.

Con toda la calma del mundo y la elegancia propia de alguien de la realeza, Mari metió la mano en el bolsillo de su falda, tomó su nuevo y costoso teléfono móvil, desbloqueó la pantalla, marcó un número y se lo acercó al oído.

— Aló, ¿Policía? Sí… quisiera hacer una denuncia por acoso sexual — declaró con voz fuerte y decidida.

Milésima de segundos después la pared de deseosos y afiebrados chicos, corrían en estampida como alma que lleva el diablo. Mari suspiró cansadamente antes de cortar la llamada que hizo a su casa, para luego guardar en móvil en el bolsillo de su falda. Entonces volvió a estrechar la mirada al recordar a la chica peliazul.

Eso que había sentido en la chica fue algo que la incomodó, como si fuera algo antiguo, poderoso e incorrecto. ¿Qué había sido eso? Lo más extraño, es que pareciera que la chica también sintió algo en ella. Estrechó los ojos. Entonces recordó la reunión en su casa y un escalofrío le recorrió la espalda. ¿Tendría esto algo que ver con todo eso? La chica peliazul trabajaba en NERV después de todo, además es extraña como el infierno.

Mari hizo una mueca al recordar lo que le había pedido su madre. Lo odió y la hacía sentirse fatal. No quería hacer esto, pero también sabía que no habría futuro para nadie si no… suspiró con cansancio y negó con la cabeza. Como fuere, había algo raro con esa chica.

— Tal vez esa gata tonta de Mayumi pueda echarle un ojo a esta Rei Ayanami — comentó para sí, emprendiendo el regreso al salón de clases.

 


 

Un automóvil de color negro transitaba por calles de Tokio-3 rumbo a NERV. El Agente de Seguridad en impecable traje negro, estaba concentrado en conducir mientras que atrás los dos Pilotos EVA estaban sentados en lados opuestos del asiento, cada uno mirando por la ventanilla que tenían junto a ellos; al menos hasta que Rei rompió el silencio.

— Esa chica Mari, ¿de dónde la conoces?

Shinji miró a Rei con genuina sorpresa, ya que ella jamás hablaba o iniciaba una conversación a menos que sea estrictamente necesario. Este desarrollo lo tomó por sorpresa. Contempló a la chica unos segundos antes de responder.

— La conocí hace unos días. Es un poco alocada y bromista, pero es una buena persona.

Rei lo observó por unos segundos antes de asentir con la cabeza y devolver la vista a la ventanilla que tenía al lado. Shinji la contempló por unos segundos antes de mirar hacia adelante.

— Ella es extraña — dijo de pronto Rei.

Shinji miró a Rei sorprendido por ese comentario, pero la chica seguía con la vista fija en el paisaje que pasaba fuera de la ventilla de su lado del automóvil. No sabía qué pensar ante la declaración de la chica peliazul. Lo cierto es que hubo tirantez entre Rei y Mari cuando se conocieron. Pudo ver claramente la tensión en ellas, sobre todo con esas miradas que intercambiaron. Sintió un poco de escalofríos al recordar esa competencia de miradas.

“La mujeres dan miedo” pensó Shinji, con un leve estremecimiento.

La verdad es que la actitud entre Mari y Rei, fuera de ser algo preocupante, también lo descolocó. Le gustaría preguntarle a Rei a qué se debió todo eso, pero la actitud actual de la chica peliazul daba a entender que no estaba por participar en ningún tipo la conversación, por lo que Shinji solo pudo exhalar un suspiro mientras decidía que lo mejor era dejar las cosas ahí por ahora. Rei había hablado mucho más de lo normal para ella, así que decidió no forzar las cosas; además, había algo mucho más apremiante en ese momento.

— Ejem, disculpe. ¿Sería posible parar en un Kombini antes de llegar a NERV?

— ¿Qué? — preguntó el Agente de Seguridad al volante del automóvil, sorprendido por la repentina pregunta del Tercer Elegido.

El joven Piloto EVA estaba por responder a la pregunta del hombre, cuando su estómago dio un fuerte gruñido. Shinji se sonrojó, el hombre arrugo el ceño; e increíblemente Rei desvió la mirada hacia su colega Piloto, levantando una ceja.

— Tengo hambre — exclamó un avergonzado Shinji.

— Come algo cuando llegamos a NERV — fue la cortante respuesta del Agente de Seguridad.

Una exclamación de sorpresa apareció en el rostro de Shinji ante esa respuesta, pero una dura mirada desde el espejo retrovisor por parte del hombre al volante, fue suficiente para hacerle saber que la respuesta era definitiva.

Un hambriento y ahora resignado Shinji, bajó la cabeza en derrota, mientras su estómago hizo una nueva protesta reclamando alimentos. La imagen de una chica de lentes y sonrisa zorruna devorando “todo” su almuerzo, atravesó la mente del joven Piloto EVA, quien no pudo evitar hacer una mueca ante eso.


“Se suponía que íbamos a compartirlo” pensó Shinji, mientras su estómago daba un nuevo gruñido, cortesía de cierta chica de lentes que lo dejó sin almuerzo.

 

 

 

Continuará...


Notas del Autor: ¡Hola a todos! Finalmente se da el regreso de Shinji a la escuela, con la sorpresa de que ahora hay dos personas a las que puede llamar formalmente “amigos”. Eso no quiere decir que estos nuevos amigos no sean un fastidio, o que no le van a meter en problemas en el futuro.

Mari hizo su reaparición estando ahora en el salón de al lado, sorprendiendo a Shinji, y de paso, revolucionándolo todo con su presencia. Tal parece que Mari ahora estará mucho más presente en la vida de Shinji y no sabemos si para bien o para mal; pero… ¿Qué fue todo eso con Rei? ¿Qué es lo ambas sintieron? Ya lo veremos.

Saludos y nos leemos.

Chapter 8: De regreso a NERV

Summary:

Un deprimido Shinji analiza su lamentable y dolorosa existencia. Siente que su vida no vale nada, que no hay razón para seguir adelante, pero en su momento más ocuro, algo ocurre que le hace ver que no todo es tan malo como cree, poniendo su vida de cabeza y cambiandola de formas que nunca imaginó.

Notes:

NOTA: Todos los derechos de la serie Neón Génesis Evangelion pertenecen a Gainax/Khara, o quienes les sucedan legalmente en el futuro. Esta historia fue escrita sin fines de lucro, solo como medio de esparcimiento. No me demanden.

Chapter Text

Shinji se dejó caer de espaldas sobre el suelo del gimnasio, cubierto de sudor y respirando pesadamente. Estaba completamente agotado y adolorido hasta el infinito. Sus músculos ardían y no había un solo lugar del cuerpo que no le doliera en ese momento; incluso llegó a vomitar un rato atrás para su completa vergüenza.

— Estás dando un espectáculo realmente lamentable Ikari. ¿Es eso todo lo que puedes dar de ti?

Shinji arrugó el ceño y levantó la cabeza solo para encontrarse con la dura mirada de su instructor. Era un hombre alto, rostro duro pero apuesto y cabello negro corto. Vestía unos pantalones militares tácticos con esquema de camuflaje, botas de combate y una polera negra con el emblema de NERV en color rojo que se ajustaba perfectamente a su musculoso y trabajado cuerpo. Estaba de pie con los brazos cruzados sobre el pecho negando con la cabeza, mientras lo miraba reprobatoriamente.

El hombre le había sido presentado hace unas horas atrás por una divertida Misato, quién esbozaba una sonrisa que rayaba en lo perverso.

Su nuevo instructor responde al nombre de Isaac Dayan, un ex-soldado las Fuerzas de Defensa de Israel, quien debió dejar su carrera militar al resultar herido en una misión que oficialmente nunca existió. Aterrizó en NERV poco después para cumplir funciones como instructor del personal militar y, a partir de ahora, sería su tormento personal. Todo gracias a Misato.

— ¡De pie! — dijo el hombre con voz de mando, haciendo saltar a Shinji.

El hombre lo miró a los ojos y dio un suspiro de resignación, como si todo el peso del mundo estuviera sobre sus hombros. Le tendió un papel con una mano y segundos Shinji lo tomó un tanto dubitativo.

— ¿Qué es esto?

— El régimen de ejercicios diarios que seguirás a partir de mañana, junto con un régimen de alimentos adecuado para que tu cuerpo reponga correctamente energías. Síguelo al pie de la letra.

Shinji hizo una mueca de espanto al ver el extenso detalle de ejercicios a realizar. ¿Acaso este tipo quería matarlo? Entonces vio que el hombre avanzó unos pasos para detenerse justo frente a él. Levantó la cabeza y se encontró con la dura mirada del israelí.

— Más te vale cambiar tu actitud Ikari. La Capitán Katsuragi me ordenó ponerte en forma, y cumpliré esa orden, aunque para eso tenga que desarmarte y volverte a armar. ¿Está claro? — preguntó el hombre con dureza.

— ¡Sí señor! — respondió en forma marcial el Tercer Elegido, tomando una posición firme dando una mirada decidida; que el honor a la verdad no tenía idea de dónde sacó... ¿Del culo? ¡Ja! Eso sería algo que Mari diría.

Por su parte, el instructor contempló al joven Piloto EVA y aparentemente vio algo que le gustó, ya que esbozó una leve sonrisa… por un par de segundos.

— Te espero mañana a las 0600 a los pies del edificio donde vives. Correremos hasta llegar NERV y luego te entrenaré hasta que no puedas mover un solo músculo. Descansarás mientras estudias táctica militar, luego harás entrenamiento en el EVA y terminaremos el día realizando la rutina de ejercicios que te acabo de dar. Mentalízate porque no habrá escuela para ti por un tiempo. Por los próximos cuatro días, tu trasero será mío.

Con esas palabras, el hombre dio media vuelta y se retiró del gimnasio, dejando atrás a un congelado Shinji, que miraba la espalda de su instructor con el rostro deformado en una mueca de espanto. Este hombre definitivamente quiere matarlo. Miró la hoja que detallaba la rutina de ejercicio, solo para descubrir que no había forma en el infierno que pueda pasar por esta cosa todos estos días.

¿Habría alguna forma de escapar de esta tortura? Tal vez pueda esconderse en casa de Mari y pagar la estadía cocinando para ella y su mamá. Fue en ese momento que los ojos de Shinji se agrandaron al recordar algo muy importante.

Luego de llegar a NERV y hacer una escala en la cafetería para agarrar un par de sándwiches y una gaseosa para comer por el camino, fue llevado al departamento jurídico; donde firmó su nuevo contrato laboral con NERV, visado por la firma de su tutora, una sonriente Misato Katsuragi.

Sí, el contrato es ventajoso como el infierno, además se iba a llenar los bolsillos de dinero; pero tenía obligaciones que cumplir con NERV. Una de esas obligaciones era someterse a “Entrenamiento militar”. Por eso la maldita de Misato tenía esa sonrisa de comemierda en los labios. Estaba jodido. No podía escapar de esto. La hoja de papel se deslizó desde los dedos del joven Piloto EVA mientras caía de rodillas al suelo, entonces… Shinji lloró.

 


 

Mari estaba sentada ante la mesa de comedor de su casa. Su rostro estaba serio, con la vista fija en la mesa. Frente a ella estaba su madre, mirándola seriamente con rostro inexpresivo. Sentada al lado de su madre estaba su igualmente seria tía Shizuka, vistiendo su tradicional y costoso traje de ejecutiva, que abrazaba su voluptuoso cuerpo en forma algo obscena. Por último, sentada al lado de ella, estaba la gata estúpida de Mayumi, quien fue la primera en hablar.

— Entonces… ¿Esa chica tiene ojos de color rojo? ¿Por qué sus ojos son rojos? ¿Tendrá un antepasado conejo? — preguntó la chica de cabello negro azabache y lentes de montura redonda.

— No lo sé — espetó Mari, dándole a Mayumi una mirada algo odiosa, lo que hizo que la chica estrechara los ojos y le sacara la lengua.

— Basta Mayumi — dijo Shizuka.

— Ella empezó — se defendió la chica, mirando seriamente a su madre.

— Mayumi — dijo en advertencia la hermosa mujer de cabello negro, dándole una mirada estrecha a su hija. 

Por respuesta, la chica de lentes y cabello negro azabache se cruzó de brazos y giró la cabeza a un lado haciendo un puchero. Shizuka rodó los ojos y dio un bufido resignado ante la actitud infantil de su tonta hija. Entonces la madre de Mari se aclaró la garganta para llamar la atención de todas.

— Volviendo al tema principal; esta chica Ayanami, cuando dices que es extraña… ¿De qué forma es extraña? — preguntó Katsumi mirando seriamente a su hija, dejándole claro que quería una respuesta aterrizada.

Mari estrechó la mirada, tratando de ordenar sus ideas para dar una respuesta que deje medianamente tranquila a su madre.

— No sabría decirlo con precisión. Es como una sensación… antigua, poderosa, incorrecta.

— ¿Incorrecta? — preguntó Katsumi, levantando una ceja.

— Sí, incorrecta — afirmó Mari estrechando los ojos, buscando las palabras exactas para expresar lo que quería decir. Luego de unos segundos de estrujar su cerebro, se rindió dando un suspiro de resignación — No puedo explicarlo. Solo siento que algo no está bien con ella.

Katsumi estrechó los ojos ante la respuesta poco satisfactoria por parte de su hija.

— Aun así, hay algo de lo que si estoy segura — dijo Mari, llamando la atención de todas — Ella sintió algo en mí. Pude verlo en sus ojos — añadió.

Mari pudo apreciar como su madre y su tía se tensaron de inmediato ante esa declaración. Ambas mujeres compartieron una mirada estrecha durante varios segundos, antes de volver a mirarla fijamente.

— ¿Qué fue lo que ella sintió de ti? — preguntó Shizuka repentinamente seria mientras sus ojos adquirían una mirada felina y mortalmente amenazante; tanto, que Mayumi se estremeció.

— No estoy segura — respondió Mari mirando a su tía — Solo sé que ambas sabemos que hay algo extraño con la otra, pero no creo que ella sepa más que eso — añadió.

— Entonces; ambas saben que hay algo extraño con la otra, pero ninguna sabe específicamente de qué se trata — dijo la madre de Mari, para confirmar la información.

— Sí, esa es la sensación que me dio — respondió Mari con una afirmación de cabeza.

— ¿Esta chica Ayanami es peligrosa? ¿Te sentiste amenazada por ella? ¿Te insinuó algo? — preguntó Shizuka, sus ojos felinos aun peligrosamente afilados mientras miraba fijamente a su sobrina.

— No, para nada — dijo Mari, negando con las manos y la cabeza, tratando de calmar a su tía — No sentí nada malo o amenazante viniendo de ella. En realidad, solo sentí sorpresa y… curiosidad.

— Bien, eso me deja más tranquila. Por lo que sabemos, esa chica Ayanami es cercana a Shinji. Sería un problema estar en malos términos con ella. Eso podría dificultarnos las cosas a futuro al hacer nuestro movimiento —  Comentó Katsumi.

Mari hizo una mueca ante esas palabras de su madre. No le gustaba esto. No le gustaba mentirle a Shinji, sentir que lo estaba usando, pero… ¿ella no estaba haciendo lo mismo? Apretó los labios.

— Mari, ya hablamos sobre esto. Cuando llegue el momento, yo tomaré la responsabilidad — dijo Katsumi, mirando seriamente a su hija.

— Lo sé madre. Es solo que… olvídalo — dijo Mari negando con la cabeza, antes de bajar la vista fijándola en la mesa ante ella, mientras hacía una leve mueca con la boca.

Se produjo un tenso silencio por unos segundos, en los cuales cada una de las mujeres permanecía absorta en sus propias reflexiones, hasta que Mari levanto la cabeza y miró fijamente a su madre. Esta sintió la mirada de su hija y le devolvió la mirada levantando una ceja. Mari asintió.

— Como dije, no sentí nada malo viniendo de Rei Ayanami; pero es definitivo que hay algo extraño en esa chica. Deberíamos vigilarla y tratar de aprender algo más sobre ella.

— Esa es una muy buena idea — dijo Shizuka, estando ya un poco más relajada, mientras asentí con la cabeza — ¿Tienes algo en mente?

— De hecho, sí. Pensaba que Mayumi podría vigilarla — dijo Mari.

— ¿¿QUÉ?? — exclamó Mayumi espantada, siendo observada por las otras tres mujeres.

 


 

Shinji estaba hecho polvo. Se dejó caer en la cama con deseos de no volverse a mover. Cada músculo de su cuerpo gritaba en protesta, hasta algunos que ni siquiera tenía idea que existieran. Lo peor de todo es que esto era solo el inicio. Al día siguiente tenía que estar a los pies del edificio para ir corriendo hasta NERV con su instructor… ¡¡Corriendo hasta NERV!!

¿Acaso ese israelí loco quería matarlo? ¿Cuántos kilómetros hay desde el departamento de Misato hasta NERV? ¿10, 20 kilómetros? No lo sabía, pero de seguro más 5 kilómetros por lo bajo. Lo peor de todo es que al llegar a NERV lo estarían entrenando todo el día. De solo pensarlo sentía ganas de llorar… otra vez.

Su vida apestaba. Tenía un contrato laboral ventajoso y millonario, pero que a la vez le drenaría la vida con todo lo que le exigían a cambio de los beneficios y el dinero. Tal vez debió leer con más detenimiento el contrato, podría haber alguna clausula oculta que le quitara su dinero si hacía o decía algo. No recordaba que hubiera algo así, solo que le exigían estudiar, entrenar, capacitarse y, obviamente, pelear hasta la muerte contra esas cosas llamadas “Ángeles”, que de ángeles solo tienen el nombre. Como fuere, el punto es que debía revisar su contrato otra vez; solo para asegurarse.

Entonces el móvil que estaba en el bolsillo del pantalón del Shinji comenzó a vibrar. Con un gemido lastimero y con el dolor de sus músculos, movió su brazo para tomar el aparato y ponerlo frente a su rostro. Vio la notificación de un mensaje. Desbloqueó la pantalla y verificó el mensaje, era de Mari.

“Hola. Quería preguntarte qué quieres para el almuerzo de mañana. No soy muy tan buena como tú en la cocina, pero te aseguro que no morirás de indigestión… eso creo”

Shinji leyó el mensaje en su teléfono móvil y no pudo evitar que una sonrisa llegara a sus labios. Era increíble pensar que un solo mensaje podía alegrarle el día y subirle el ánimo. Era el mensaje de una chica en su teléfono. Hace una semana jamás hubiera imaginado que una chica le estaría enviando mensajes; una chica muy linda, por cierto.

Nunca imaginó que un simple mensaje lo haría sentirse tan bien. Mari podía lograr ese efecto en él con mucha facilidad, y debía reconocer que le gustaba eso. Lo cierto es que, pese a ser una chica que apenas conocía, se sentía natural interactuar con ella. Además, nuevamente, Mari es una chica muy linda… y durmió con ella.

El rosto de Shinji se volvió rojo ante ese pensamiento. Sí, él había dormido con una chica. Cierto, no había sido en un contexto sexual. ¡¡POR SUPUESTO QUE NO!! Solo se habían quedado dormidos luego de ver una película, despertando abrazado por Mari al día siguiente; con el rostro enterrado entre sus tetas.

Los ojos de Shinji se nublaron ante ese recuerdo. Las tetas de Mari eran blandas, suaves, cálidas y olían muy bien… demasiado bien. Fue intoxicantemente placentero y, es una experiencia que no le molestaría repetir otra vez… muchas veces, de hecho.

El rostro de Shinji se puso aún más rojo ante ese pensamiento, a la vez que una parte de su cuerpo despertaba con tanta fuerza, amenazaba con reventarle el cierre del pantalón.

El teléfono en su mano volvió a vibrar, sacando la mente de Shinji de la cuneta. Volvió a desbloquear la pantalla, solo para ver un nuevo mensaje de Mari.

“Oye, ¿estás ahí? La aplicación me nuestra que viste el mensaje, pero no respondes. ¿Está todo bien? ¿Tal vez no sabes qué pedirme de comer? ¿Tal vez crees que te voy a intoxicar con mi comida? ¡¡Tenme algo más de fe!! Mi madre lleva años degustando mi comida y aún no se muere”

Shinji dio una risita ante ese último comentario. Se sentó en la cama con un gemido por el esfuerzo y se aprontó a responder el mensaje, cuando cayó en cuenta de que no tenía por qué responder vía mensaje de texto. Tenía el número de Mari, podía llamarla. Dudó por unos segundos, pero finalmente decidió hacerlo. Marcó el número de Mari en su móvil, y luego de volver a dudar por otros cuantos segundos, apretó “llamar” y se llevó el aparato al odio. Ella contestó en cosa de segundos.

— Hola. Sí… perdón la demora en responder… sí… sí, perdón. Por eso preferí llamar… ¿Qué?... ¡No! No fue para escuchar tu voz… ¿Qué? Yo no dije eso… sí, sí… dije que sí. ¡¡Me gusta tu voz!!

Shinji apartó el móvil de su oído al escuchar la carcajada de Mari al otro lado de la línea. ¿Ella se estaba burlando de él otra vez? Estrechó los ojos y tuvo el deseo de cortar la llamada, pero recordó que, para bien o para mal, Mari es así. Traviesa, divertida y un completo dolor en el trasero, pero precisamente eso era lo que la hacía ser lo que es. Suspiro y se llevó el aparato una vez más al oído.

Debió esperar unos segundos más hasta que su amiga de lentes dejara de reírse de él, antes de retomar la palabra e ir al motivo de la llamada.

— Oye Mari… sí, bien, sobre la comida de mañana…

 


 

La sonrisa desapareció desde los labios de Mari y su alegre rostro se tornó serio ante lo que estaba escuchando de Shinji al otro lado de la línea. Hizo una mueca y miró hacia la encimera de la cocina americana, donde descansaban una gran cantidad de ingredientes con los que pretendía preparar la comida que Shinji le solicitara.

— Entiendo. No te preocupes. No se puede hacer nada al respecto. Es tu deber como piloto de esa cosa Evangelion… sí… sí. Oye, tranquilo. Es lógico que quieran entrenarte. Se supone que esa cosa es un arma, ¿verdad?... ¿Lo ves?  Tienen que entrenarte — dijo Mari y al girarse, vio a su madre, su tía y la gata tonta de Mayumi mirándola con sonrisas divertidas.

Mari estrechó los ojos ante la mirada divertida de esas tres. Hizo una mueca, se quitó el delantal de cocina que traía puesto y lo lanzó a la cara a Mayumi, que se fue de espaldas de la sola impresión, mientras su madre y su tía se reían.

— ¡¡Zorra estúpida!! — chilló Mayumi, poniéndose de pie de un salto con los lentes torcidos, para luego lanzarle el delantal a Mari, que lo esquivó diestramente.

— No te preocupes, comprendo. Es una pena que no puedas ir a la escuela esta semana. Supongo que tendrás que esperar hasta el próximo lunes para probar mi deliciosa comida — dijo Mari, avanzando por la sala, para ir a encerrarse en la pequeña oficina de su madre.

Mari dio un suspiró resignado, apoyándose en la puerta tras ella, aun algo decepcionada. Ella en verdad tenía ganas de cocinar algo para Shinji y que él la felicitara por su comida. Lo escuchó hablar por unos segundos más, antes de tomar la palabra.

— Por cierto, ¿recuerdas a Temari-Bachan?... sí, de la tienda de ropa en el Shotengai… sí. Me dijo que mañana le llega un nuevo pedido de ropa y que de seguro habrá algo que te gustará. Había pensado que podríamos ir luego de la escuela y… sí… es una pena. Para cuando puedas pasar por ahí la próxima semana, las cosas buenas ya se habrán dio — dijo Mari con un puchero, hasta que abrió los ojos — Oye, tengo una idea. ¿Y si voy yo y te compro algo?

La chica de lentes esbozó una sonrisa ante lo que decía Shinji al otro lado de la línea. Podía sentir su nerviosismo por medio del teléfono.

— Oye, escúchame… la ropa que compramos para ti el otro día la escogí yo. ¿Te gustó?... bien, eso zanja el tema. Iré a escoger algo para ti, luego te lo paso en la escuela y… espera. ¿A qué hora te desocupas mañana?… bien… sí… Ok. Hagamos esto. Yo voy a elegir ropa para ti, mientras tú averiguas a qué hora te liberan mañana de NERV. Luego podemos juntarnos en la ciudad y te paso tus cosas.

Mari sonrió al escuchar a un complicado Shinji a otro lado de la línea.

— No te preocupes por eso. Hablaré con Temari-Bachan para conseguirte un buen descuento y que puedas pagarle a fin de mes… sí… sí… Te mando un mensaje mañana y coordinamos donde quedamos. Hasta mañana y duerme bien… sueña conmigo, pero que no sea nada sucio.

Mari cortó la llamada, antes de que un espantado Shinji pudiera deshacerse en excusas sobre cosas que no ha hecho… aun. Sonrió traviesa. Era tan divertido meterse con él. Suspiró, se dio la vuelta y abrió la puerta de la pequeña oficina, solo para encontrarse con su madre y su tía apartando la oreja de la puerta, para luego mirarla con diversión.

—  ¡¡Mi hija creció tan rápido!! Ya es toda una mujer, enredando a un hombre joven y viril con sus encantos femeninos, fufufu — dijo Katsumi, con una risita.

— ¡Oye! Era una conversación privada. ¡¡Y no estoy enredando a nadie con mis encantos!! — regañó Mari a su madre, que seguía con una sonrisa divertida en los labios.

— Ahora entiendo por qué tu cuarto olía a hombre el otro día — comentó Mayumi.

— ¡Tú no te metas en esto, gata estúpida! Acuérdate que tienes tejado de vidrio— reclamó Mari a Mayumi, lo que causó que esta diera un respingo, tocada por ese comentario.

La madre de Mayumi registró el comentario de Mari y la reacción de su hija. Estrechó los ojos por un segundo, pero decidió archivar eso para cuando llegara a casa; por ahora lo importante era el hombre que atrapó Mari y devolvió la mirada a la hija de su amiga.

— No hay de qué avergonzarse, Mari — dijo Shizuka, con una sonrisa de orgullo — Hombres y mujeres somos complementarios. Nos necesitamos mutuamente para vivir, para amar, para tener hijos… y para tener sexo; mucho sexo — añadió con una sonrisa lasciva, levantándole un pulgar.

— ¿¿Qué?? ¡¡No!! Aun no llegamos a eso — dijo Mari espantada, negando desesperadamente con manos y cabeza.

— ¿¿Aun?? — preguntaron Katsumi y Shizuka, mirándola con ojos acusadores.

— ¡Oh! Así que en verdad quieres hacer el “delicioso” — comentó una entretenidísima Mayumi, feliz de poder devolver el golpe.

Mari se sonrojo al infinito y más allá.

— ¡¡Mi hija descarriada al fin me dará nietos!! Y por lo que veo, pretende disfrutar mucho al hacerlos, fufufu — rio Katsumi, atrapando en un abrazo de oso a su hija.

— ¡¡MADRE!! — estalló Mari, totalmente avergonzada, tratando de no ser asfixiada con las enormes tetas de su progenitora.

— Zorra pervertida — dijo Mayumi con una risita, haciendo que el sonrojo de Mari pasara a ser casi fosforescente.

— ¡Mayumi! Deja de burlarte de Mari y aprende de ella — dijo Shizuka, mirando seriamente a su tonta hija.

— ¿Qué? — estalló Mayumi.

— Sí. Mari ya le echó el ojo un buen hombre y va a ir por él con toda la artillería a su disposición. Dentro de poco estará disfrutando de las atenciones que le brindará su hombre en la cama, y de paso le dará nietos a Katsumi — dijo la mujer en traje de ejecutiva, mirando fieramente a su hija.

— ¡¡TIA SHIZUKA!! — gritó Mari, al borde del colapso por la vergüenza.

— ¡Sí! Quiero muchos nietos para consentir, fufufu — rió Katsumi.

— Madre — gimió Mari, con ojos llorosos.

— No hay de qué avergonzarse Mari, es la ley de la vida. Es natural querer una pareja, formar familia, tener hijos; incluso para nosotras — dijo Shizuka, repentinamente seria, antes de estrechar la mirada en su nerviosa hija — Pero mientras tú no cambies tu actitud, no lograrás nada de eso.

La mirada de Shizuka fue mortal.

— ¿Sabes qué, Mayumi? Te he esperado por muchos años, pero tú no das señales de cambiar. Te encierras en tu habitación dibujando manga y viendo “Ultraman” todo el día, como si fueras un Hikikomori, al punto que tengo que sacarte a la fuerza de la casa. Incluso Mari, que es tan estúpidamente fanática de “Godzilla” como tú de “Ultraman”, pudo conseguir un hombre — dijo la bella mujer con molestia.

— Que no tengo un hombre — gimió Mari, aun apresada por su madre.

— Como sea — dijo Shuzuka, haciendo un gesto con la mano, restándole importancia — El punto es que me harté Mayumi. Es hora de que como madre, tome cartas en el asunto — declaró con decisión.

— ¿Qué? — preguntó una nerviosa Mayumi, al borde de las lágrimas.

— Para empezar voy a quemar todas tus braguitas de “Hello Kitty” y ”Doraemon”, vamos a comprarte lencería de niña grande, cambiaremos tu forma de vestir, luego cambiaremos tus lentes de ratón de biblioteca por algo más bonito, y finalmente iremos a un salón de belleza y tendremos una seria charla de chicas. ¡¡Vámonos!! — dijo Katsumi, tomando a su hija de una mano y arrastrándola con ella.

— Espera mamá… ¡¡NO!! Ayuda… tía Katsumi, Mari, ayúdenme — dijo una desesperada Mayumi.

— Deja de quejarte Mayumi. Es hora de que dejes de ser una niña y te conviertas en mujer — dijo Shuzuka, abriendo la puerta de la casa — Descuida, te enseñaré todo lo que hay que saber.

— ¡¡Eso es lo que me preocupa!! — dijo una espantada Mayumi.

— Una vez termines tu misión de vigilancia, encausaré tu camino, buscarás un buen hombre y me darás muchos nietos para consentir — declaró Shizuka.

La cara de Mayumi para ese momento era una máscara de espanto.

— Adiós Katsumi. Mari, suerte en tu cita — dijo Shizuka, arrastrando a su hija fuera de casa.

— No, detente mamá… ¡¡NO!! Tía Katsumi, Mari… ¡¡Ayudaaaaaaaaaa!!

Luego de ese grito desgarrador por parte de la chica de lentes, Shizuka, salió de la casa arrastrando a su hija, que forcejeaba y arañaba mientras grita pidiendo ayuda.

Mari y su madre vieron como Shizuka arrastraba a una histérica Mayumi por la calle y dieron un suspiro de cansancio.

— ¿Mayumi estará bien? — preguntó Mari a su madre, viendo como esta cerraba la puerta de casa.

— Lo estará. No te preocupes — dijo Katsumi, restándole importancia.

Mari le dio una mirada seria a su madre y esta suspiró con cansancio. Esta le hizo gesto a su hija para que la siguiera y sentó en el sillón de la sala. Mari la siguió y se sentó junto a ella, mirándola.

— Esto no salió de la nada. Lo cierto es que Shizuka está muy preocupada por Mayumi. Conversamos sobre ella a menudo en el trabajo. Tú conoces muy bien a Mayumi, y debes saber que está totalmente enviciada con eso de dibujar manga. Se la pasa encerrada todo el día dibujando y se niega a salir de casa — dijo la madre de Mari.

— Bien, en defensa de esa gata tonta, la verdad es que es buena dibujando. Incluso ha hecho algunos doujinshi y los ha vendido bastante bien por internet. El género que le gusta dibujar tiene muchos seguidores — explicó Mari.

— Sí, pero con el tiempo se ha recluido mucho más. Casi no va a la escuela y por aquí viene cada vez menos. Las últimas veces vino solo porque su madre la obligó — dijo Katsumi dando un suspiro cansado y miró fijamente a su hija — Su madre está realmente preocupada por ella, no quiere que Mayumi se convierta en una especie de inadaptada — añadió.

Mari estrechó un poco la mirada, cayendo en cuenta de que su madre tenía algo de razón.

— Shizuka pudo parecerte bastante alocada con todo lo que dijo momentos atrás, pero en verdad quiere lo mejor para su hija. Ya verás cómo Mayumi cambiará para mejor — dijo Katsumi con una sonrisa.

— Sí, supongo. Aun así, no me gustaría estar en los zapatos de Mayumi en este momento — comentó Mari con una mueca, imaginando por lo que tendría que pasar esa gata tonta en los próximos días.

— Bueno, el que Shizuka quiera enderezar a su hija, no quiere decir que no pueda divertirse en el proceso, fufufu — dijo Katsumi con una risita.

Mari rodó los ojos ante ese comentario de su madre, para luego mirarla con ojos estrechos.

— ¿Por qué ustedes dos tienen que actuar siempre de esa forma? — se quejó Mari haciendo un puchero, recordando los vergonzosos momento que pasó solo unos minutos atrás.   

— Privilegios de madre. Avergonzar a los hijos es algo que viene con el trabajo, fufufu — rió Katsumi.

Marí dio un gemido mientras rodaba los ojos ante una nueva estupidez de su madre. Hizo el amago de levantarse para ir a su cuarto, pero fue retenida por la mano de su madre en su hombro.

— Un momento jovencita. No vas a ninguna parte antes de que me expliques qué es eso de que le comprarás ropa a un nombre — declaró Katsumi.

— Madre, por favor — se quejó Mari.

— ¿Quieres que te de consejos sobre dónde encontrar ropa interior sexy de hombre?

— ¡¡MADRE!! — chilló Mari.

— Fufufu —rió Katsumi.

 


 

Shinji estaba tendido de espaldas en la cama, mirando su teléfono móvil que sostenía con una mano. Aún estaba tratando de asimilar lo que acababa de conversar con Mari. Ella en verdad se había preocupado por él y en verdad quería cocinar para él. ¿Acaso ella no sabe lo que significa que una chica le prepare el almuerzo a un chico? Seguramente no, Mari no parece ser el tipo de persona que supiera eso. Ella es bastante cabeza loca con esas cosas; al menos eso creía.

— Ahora ella me comprará ropa — dijo Shinji para sí mismo y se sonrojó.

Cierto, ella le había elegido la ropa que compraron el otro día, y la verdad le gustó mucho lo que compraron. Mari tiene buen gusto para elegir ropa, pero esa vez él estaba ahí, ahora ella iría por su cuenta y compraría sin él. Se sentía un tanto extraño y un poco vergonzoso… Demonios. ¡¡Una chica le iba a comprar ropa!!

Por alguna razón el saber eso se sentía… la verdad es que no sabía cómo sentirse, solo tenía claro que la cara le ardía de solo pensar en eso. Aun así, la verdad es que le vendría bien tener algo más de ropa a su haber. Fuera de ropa interior, su uniforme escolar, unos pantalones cortos, un par de poleras y la ropa que Mari eligió para él, no tiene nada más.

Shinji Hizo una mueca ante eso. En verdad no tenía nada, es un pobre miserable. Pero ya cambiaría eso cuando comenzara a recibir su paga. Sí, cuando eso pase, comenzará a armar su colección de Godzilla. Miró a un lado de la cama a su peluche de Godzilla y sonrió.  

— Y Mari me ayudará a armar mi colección — dijo con una sonrisa.

Sí, esa sería una muy buena excusa para salir con ella, pero…. ¿En verdad necesitaba una excusa para salir con Mari? Lo cierto es que no; de hecho, ya había quedado de juntarse con ella al día siguiente… espera. ¿Eso quiere decir que tendrá una cita con ella? Los ojos de Shinji casi salen de sus órbitas ante ese pensamiento.

“¡¡Tendré una cita con una chica!! Una cita con Mari” pensó, impactado; al menos hasta que recordó el otro día cuando recorrieron juntos el Shotengai. Eso se podría considerar una cita. ¿Verdad?

Entonces, eso quiere decir ya tuvo su primera cita y también durmió con la chica en su primera cita; con la cara entre sus tetas… y le gustó. Pero ella es solo una amiga, una muy buena amiga, pero amiga al fin y al cabo… ¡¡UNA AMIGA!!

Shinji gimió y se cubrió la cara con las manos. Sentía que le iba a estallar la cabeza… también tenía un erección.

 

 

Continuará...


Notas del Autor: Continúan las desventuras de Shinji en NERV, ahora causadas por un instructor que al parecer tiene la misión de hacer totalmente miserable la vida del Tercer Elegido; pero… ¿No le dará este entrenamiento especial algunas cosas a favor?

Mari y su familia conversan sobre la interacción de la chica de lentes con Rei. Se dijeron cosas bastante interesantes que nos dan a entender que hay cierta confabulación de fondo. ¿Será esto bueno o malo para Rei? ¿Y para Shinji?

Por otro lado, tal parece que Mayumi pasará algunos cambios forzosos por cortesía de su decidida madre. Eso será interesante de ver.

Saludos y nos leemos.

Chapter 9: Primera cita... ¿o es la segunda?

Summary:

Un deprimido Shinji analiza su lamentable y dolorosa existencia. Siente que su vida no vale nada, que no hay razón para seguir adelante, pero en su momento más ocuro, algo ocurre que le hace ver que no todo es tan malo como cree, poniendo su vida de cabeza y cambiandola de formas que nunca imaginó.

Notes:

NOTA: Todos los derechos de la serie Neón Génesis Evangelion pertenecen a Gainax/Khara, o quienes les sucedan legalmente en el futuro. Esta historia fue escrita sin fines de lucro, solo como medio de esparcimiento. No me demanden.

Chapter Text

Shinji se dejó caer de espaldas sobre el suelo del gimnasio. Estaba agotado como el infierno. No solo había corrido desde el departamento de Misato hasta NERV cargando en la espalda un pesado bolso con sus cosas. Luego de eso pasó toda la mañana poniéndose en forma con un estricto régimen militar “Made in Israel”, que ya estaba odiando con todo su ser. Y este era solo el primer día de entrenamiento; o mejor dicho, la primera mañana. Aún faltaba toda la tarde.

Sintió unas repentinas ganas de mandar todo a la mierda, pero desgraciadamente no podía hacer eso. Había un contrato de por medio que lo obligaba a pasar por toda esta mierda si quería cobrar su suculento sueldo a fin de mes. Dio un suspiro de resignación.

Sí, en verdad deseaba mandar todo a la mierda, pero simplemente no podía hacerlo. No solo por el contrato que lo obligaba legalmente a tomar toda esta mierda sin reclamar, sino porque había surgido algo en el fondo de su ser, algo que lo picaba y le hacía sentir ganas de sobrepasar todo este entrenamiento para al final poder decir: ¡¡Jodete!!

Un nuevo sentimiento había nacido en Shinji Ikari y todo ello se lo debía a Misato.

Luego de arreglar las cosas con la mujer, esta se las había ingeniado para que incluyeran esas cláusulas de entrenamiento y capacitación en su nuevo contrato laboral con NERV. No le había tomado el real peso a todo eso hasta que Misato apareció ante él con una sonrisa de comemierda, mientras le presentaba a su nuevo y flamante instructor, Isaac Dayan, un ex-soldado de las Fuerzas de Defensa de Israel, que lo estaba haciendo pasar por una tortura disfrazada de entrenamiento.

No sabía si era una especie de broma, un sádico juego o una pequeña venganza personal por su actitud de alfeñique pusilánime, que tenía hasta que decidió regresar con un nuevo enfoque. Aun así, sentía que Misato estaba poniendo esto frente a él para divertirse con su sufrimiento. Pudo darse cuenta de eso la noche pasada con su sonrisa burlona, al verlo caminar hecho mierda por el entrenamiento. Ella en verdad se lo estaba pasando bien con su sufrimiento. No ayudaba que ese israelí loco se tomada demasiado en serio su trabajo. Pero es esto lo que despertó ese nuevo sentimiento en Shinji. El deseo de demostrarse a sí mismo y a todos los demás que él podía hacerlo, que podía tomar su mierda y decir ¡¡Jodete!! ¡Shinji Ikari va a salir adelante!

¿Qué demonios estaba pasando con él?

Hace unos días atrás estaba sumido en el dolor y la desesperación, intentando quitarse la vida. En cambio ahora tenía deseos de tomar la mierda de Misato y demostrar que podía salir adelante. ¿Qué estaba mal con él? ¿Qué lo llevó a tener este cambio tan radical en tan pocos días? Apenas ese pensamiento pasó por su mente, supo la respuesta: Mari.

No podía negarlo. Desde que conoció a esa loca chica de lentes en el andén de aquella estación de trenes, su vida cambió por completo. En un solo día había vivido más que en todos sus 14 años; un día que le permitió conocer cosas que nunca imaginó. Cosas tan simples como recorrer un Shotengai, ir de compras, comer un plato de ramen o visitar un templo; pero así de simples, eran cosas que habían significado todo para él, porque le mostraron que había cosas por las que valía la pena vivir, cosas que se encontró deseando proteger. ¿Estaba mal de la cabeza? Tal vez, pero se sentía bien pensar así.

Por primera vez estaba experimentando felicidad y deseos de vivir. Por primera vez consiguió escapar de aquel perpetuo círculo de desesperación y soledad que embargaba su existencia. Solo hizo falta una loca chica de lentes y su colección de Godzilla, para sacarlo del pozo donde estaba. Tal vez era solo eso lo que necesitaba, mirar fuera de ese pozo y ver lo que el mundo tiene por ofrecer, para cambiar su actitud de alfeñique por una actitud que le hacía querer enfrentar lo que estaban poniendo delante de él.

Tampoco podía olvidar que en verdad quería esa montaña de dinero a fin de mes. Quería tener su propia colección de Godzilla, y Mari lo ayudaría con eso. Sonrió; esa era una muy buena motivación. Con eso en mente, se puso de pie aun con una sonrisa en los labios y se topó de frente con su instructor.

Isaac Dayan estaba de pie frente a Shinji con sus fuertes brazos cruzados sobre el pecho, dándole una seria mirada que lo hizo estremecer; al menos hasta que esbozó una pequeña sonrisa mientras daba un asentimiento de cabeza.

— Buenos ojos — dijo el israelí.

— ¿Eh? — fue todo lo que pudo decir Shinji.

— Tus ojos son distintos a los de esta mañana. Ahora puedo ver fuerza y determinación en ellos. Me gusta el cambio. Lo que sea que te de fuerzas y que haga sentir esa determinación, no debes soltarlo. Aférrate a eso. Todo soldado necesita una razón por la cual luchar y una razón por la cual regresar del campo de batalla — dijo el israelí con seriedad.

Las palabras del hombre frente a él estremecieron al Tercer Elegido, porque en verdad le llegaron. Él lo sabía. Ahora tenía algo por lo que luchar, algo que quería proteger.

— Sí señor. Lo entiendo — respondió Shinji con seriedad.

Isaac Dayan miró a Shinji con seriedad por unos segundos, analizándolo.

— ¿Entonces tienes algo por lo cual luchar? — preguntó el hombre.

— Sí señor. Lo tengo — respondió Shinji, pensando en todo lo que había vivido en ese Shotengai y la gente que conoció en ese lugar.

— ¿Tienes algo por lo cual regresar del campo de batalla? — preguntó otra vez el israelí.

Un leve sonrojo subió a las mejillas de Shinji ante esa pregunta, ya que cierta chica de lentes apareció en su mente en forma casi inmediata. Miró a su instructor que esperaba su respuesta.

— Sí señor. Lo tengo — respondió.

El israelí observó fijamente a Shinji por unos segundos para luego esbozar una amplia sonrisa, dándole un asentimiento con la cabeza.

— Buena respuesta; en verdad es una buena respuesta. Me alegra escuchar eso, me deja mucho más tranquilo — respondió el israelí.

— ¿Eh? — fue todo lo que pudo volver a responder el Tercer Elegido.

— Puede que la situación sea algo nunca antes vista, pero esta sigue siendo una guerra, y tú un soldado que debe salir al campo de batalla. No empuñas un fusil de asalto, usas un Evangelion, pero al final del día es exactamente lo mismo — dijo el israelí.

Shinji se estremeció ante esas duras y reales palabras, recordándole que en verdad se estaba jugando en pellejo aquí. Una fuerte palmada en el hombro lo trajo de regreso a la realidad. Su instructor le sujetaba el hombro con fuerza, mientras mantenía la sonrisa en sus labios.

— No te preocupes Ikari. Te voy a entrenar y te voy a dar el conocimiento y la habilidad para que protejas eso que es importante para ti — dijo Isaac, ampliando su sonrisa.

— Eh… ¿gracias? — preguntó un dubitativo Shinji.

— Sí; en verdad me darás las gracias, porque te voy a dar un bono extra — dijo el israelí con una sonrisa un tanto intimidante.

— ¿Bono extra? — preguntó Shinji con nerviosismo

— No estaba en el programa de entrenamiento, pero te enseñaré Krav Maga — dijo el israelí.

— ¿Kravma… ma…? ¿Qué? — preguntó Shinji un tanto preocupado.

— No te preocupes, ya lo veras. Te va a encantar — dijo el hombre con una sonrisa, antes de emprender rumbo a la salida del gimnasio — Ve a tomar un baño y come algo. Luego tienes clases de Táctica Militar y entrenamiento de combate en el EVA-01 — dijo el hombre, antes de salir del lugar.

Shinji dio un suspiro de cansancio y se encaminó a la salida del gimnasio, pensando que aún tenía una larga tarde por delante. Eso le recordó que tenía que mandarle un mensaje a Mari para coordina su cita de esta tarde… su primera cita, ¿o era la segunda?

Como sea, tenía que enviar un mensaje al teléfono móvil de Mari. De paso tal vez podría consultarle a Kensuka qué demonios es Kravma… lo que sea. Con lo friki por lo militar que es su nuevo amigo de lentes, de seguro sabe de qué trata todo eso.

Con eso en mente, Shinji dejó el gimnasio encaminándose hasta los vestidores para tomar una ducha y luego ir por algo de comer.

 


 

Mari caminaba rumbo a su casa luego de un fastidioso día de clases. Las chicas de su clase en su gran mayoría eran simpáticas, salvo por algunas que parecían estar celosas porque ella estaba concitando toda la atención masculina. No es como si ella estuviera encantada con la idea de estar con la mitad de la población masculina siguiéndola a donde quiera que fuera. Incluso algunos la siguieron hasta la puerta del baño. Eso fue bastante desagradable.

Tampoco podía dejar de lado un par de chicos que se acercaron a ella en plan de conquista; obviamente los desechó, aunque pudo notar que no se estaban rindiendo en sus esfuerzos. Para finalizar, al salir de la escuela y abrir la taquilla de sus zapatos, le explotó en la cara una avalancha de cartas de amor y citas en el tejado de la escuela o la parte trasera del gimnasio, para lo que evidentemente sería una confesión de amor.

Todo era un maldito incordio, pero ese era el precio a pagar por ser tan condenadamente linda.

En verdad sentía ganas de mandar todo esto de la escuela a la mierda. Si seguía en esto era únicamente por Shinji. Ese solo pensamiento la hizo sonreír y dejar atrás aquel momento de ofuscación.

Hace unas horas atrás, cuando estaba almorzando con algunas de sus compañeras de clase, recibió un mensaje de Shinji confirmando su cita de esta tarde, junto con una hora aproximada en la que saldría de NERV. Esa estimación le dejaba un buen margen de maniobra para tomar un baño, cambiarse de ropa y ponerse más linda de lo que ya es.

— Lo voy a impresionar, jujuju — dijo Mari con una risita.

La chica de lentes levantó la vista y se percató de que ya estaba frente a su casa. Amplió la sonrisa e ingresó dispuesta a tomar un baño, ponerse linda y luego ir donde Temari-Obasan por algo de ropa para Shinji. Esperaba encontrarle algo bonito.

 


 

Un cansadísimo Shinji caminaba rumbo al lugar en donde había quedado de juntarse con Mari. Por fortuna no estaba demasiado lejos de una de las salidas de NERV a la ciudad, por lo que no tendría que caminar demasiado para llegar hasta ahí. Suspiró.

La mente del Tercer Elegido seguía algo alterada por la conversación con su instructor, sobre tener una razón para luchar y una razón por la cual regresar. Lo vivido en ese Shotengai y cierta chica de lentes vinieron a su mente de inmediato. Simplemente no podía negarlo, era una de las razones por las que decidió quedarse en NERV y luchar. Quería proteger a esa loca chica de lentes que le mostró que había algo más en la vida fuera del sufrimiento y el dolor; y ahora iba a tener una cita con ella. Su primera cita, ¿o era la segunda? Porque esa salida juntos a recorrer el Shotengai se podría considerar una cita, ¿verdad?

Las reflexiones de Shinji quedaron en el olvido cuando estuvo frente a la dirección que le había mandado Mari a su teléfono móvil. Miró el lugar ante él con la boca abierta.

— ¿Me están jodiendo? — preguntó a nadie en particular.

Ante un sorprendido Tercer Elegido, se elevaba lo que podía ser considerado como una casa de estilo tradicional japonés. Una casa de dos pisos que parecía haber sido tomada del Japón medieval y puesta en medio de la ultramoderna y tecnológica Tokio-3.

La casa sobresalía como un pulgar adolorido justo en la esquina de dos calles, una de las cuales llevaba directo al distrito comercial de Tokio-3 a unas cuantas de distancia, por lo que estaba muy bien ubicada. Era una casa enteramente de madera, techo de tejas tradicional, amplios ventanales y un pequeño cartel luminoso amarillo y negro a la entrada, marcando la casa como el “Kissaten” donde Mari lo había citado. En serio, ¿cómo hacía Mari para llevarlo siempre a lugares salidos del Japón medieval? Con el Shotengai fue exactamente lo mismo, igual que ese templo en lo alto de esa colina. Era un lugar realmente bonito y algo… ¿Mágico?

El pensar en ese templo trajo un recuerdo a la mente de Shinji, algo que había dejado pasar por considerarlo una especie de visión loca, pero que en verdad fue una visión interesante de ver. Recordó a Mari con dos grandes orejas de zorro en la cabeza y tres felpudas colas moviéndose tras ella. ¿Qué rayos había sido eso? ¿Un sueño? ¿Un delirio? ¿Un deseo reprimido?

La vibración de su teléfono móvil sacó a Shinji de sus reflexiones. Metió la mano en el bolsillo del pantalón, tomó el aparato y desbloqueó la pantalla. Un mensaje saltó de inmediato.

“¿Dónde estás? Llevo media hora esperando por ti. No es de caballeros dejar plantada a una dama. Menos a una tan linda como yo. ¡¡Apúrate!!”

Shinji hizo una mueca. Sí, se había tardado un poco, pero es que le dolía todo el cuerpo. El solo caminar era un suplicio; incluso le dolía al respirar. Un nuevo mensaje llegó a su móvil.

“La aplicación me muestra que leíste el mensaje, pero no respondes. ¿Qué pasa? ¿Por qué no respondes? ¿Hice algo mal? No es justo esta indiferencia de tu parte luego de todo lo que hemos pasado juntos… ¡Incluso te compré ropa!” 

Shinji rodó los ojos mientras daba un gemido de resignación. Sí, Mari es una chica linda, entretenida y su primera amiga, pero también podía ser verdadero dolor en el trasero. Movió sus dedos por la pantalla del móvil escribiendo su respuesta.

“Ya estoy afuera. Voy entrando”

Luego de esa respuesta, guardó el aparato en el bolsillo de su pantalón e ingreso a esa casa de corte tradicional, pensando que tal vez Mari tenía un fetiche por el Japón Medieval.

— ¡¡Shinji!!

El aludido vio de inmediato a la chica en una mesa al fondo del local junto a una ventana. Se había puesto de pie y le hacía señas con ambos brazos levantados, junto con una radiante sonrisa en los labios. No pudo evitar un sonrojo ya que todos los comensales y los dependientes del local los miraban con curiosidad. Tragándose su vergüenza, Shinji comenzó a avanzar trabajosamente hasta la mesa que ocupaba la chica.

A medida que se acercaba a ella, Shinji cayó en cuenta del atuendo de Mari. Llevaba una top color negro de cuello alto que abrazaba su perfecto cuerpo, marcando sus hermosos senos, dejando sus hombros y brazos al descubierto. Llevaba además un collar a modo de adorno. En la parte baja llevaba una minifalda de mezclilla color claro, que hacia una muy buena combinación con el top negro. Sumado a eso un suave maquillaje, dejó a Shinji completamente embelesado. La chica se veía hermosa.

— ¡Hola Shinji! — saludó Mari cuando el chico estuvo ya frente a ella, pero no le devolvió el saludo.

La chica de lentes miró al joven Piloto EVA con algo de curiosidad, cayendo en cuenta de que él estaba completamente embelesado, observándola con la boca abierta. Una sonrisa se formó en los labios de Mari al ver que logró su cometido. Lo había impresionado.

Con un movimiento deliberadamente lento, estiró una mano hacia él y le cerró la boca. El sonrojo de Shinji aumentó hasta arder brillante como una señal luminosa.

— Sé que soy linda, pero no me mires tanto que me puedo gastar — dijo Mari divertida.

Shinji pensó si sería posible cavar un hoyo en el suelo, enterrarse y morir.

Mari estaba por estallar una sonora carcajada, pero decidió que tal vez se le pasó un poco la mano. De hecho, Shinji vestía la ropa que ella le había comprado y se veía muy apuesto, pero su estado era… calamitoso. Decidió dejar las bromas por ahora.

— Oye, ¿estás bien? Te vez… destrozado.

Shinji bajó la cabeza en resignación, sintiendo que le ardían hasta las orejas de la vergüenza y que las piernas le temblaban por el cansancio.

— Más bien reventado — exclamó en un gemido y simplemente se dejó caer en la silla junto a él, quedando sentado a la mesa frente a donde estaba una sorprendida Mari.

— Pues sí que te ves cansado — comentó la chica, sentándose a la mesa y mirando con genuina preocupación al joven Piloto EVA — ¿Qué pasó? Pareciera que vienes llegando de la Guerra del Golfo.

—  Más bien de la Guerra del Yom Kippur — comentó Shinji.

— ¿Qué? — preguntó Mari con el rostro desencajado, sin comprender ni media palabra.

Shinji no pudo evitar una sonrisa al ver el rostro de la chica de lentes. Se veía graciosa. Eso logró calmarlo lo suficiente como para que su rostro dejar de arder y su vergüenza disminuyera a niveles tolerables. Entonces procedió a contarle a Mari sobre su día infernal.

 


 

Mari miraba con verdadera sorpresa a un desastrado y agotado Shinji, que estaba desparramado en la mesa frente a ella. Había escuchado con mucha atención todo el relato sobre el extenuante entrenamiento por el que había pasado. Debí reconocer que lo que le tocó realizar había sido bastante extenuante, pero nada que un soldado en entrenamiento no debiera pasar también. Cierto, Shinji no es un soldado propiamente tal, pero era algo parecido. Aun así, eso no quería decir que estuviera realmente destrozado.

No pudo dejar de hacer una mueca al ver cómo incluso comer le resultaba costoso. Shinji tuvo que batallar para llevar su taza de té a la boca. Aun así…

— Entiendo que todo este régimen de entrenamiento sea muy duro, pero es algo realmente lógico. Quiero decir, es perfectamente normal que quieran entrenarte para pilotar esa cosa Evangelion, EVA, o cómo se llame — comentó Mari, mirando seriamente a joven frente a ella.

— Sí, bien… tienes razón. De hecho, está estipulado en el contrato de trabajo que firmé — comentó Shinji con una mueca.

— Obvio que sí. Pero eso es bueno — afirmó Mari.

— ¿Bueno cómo? — preguntó Shinji, levantando una ceja.

— Bien, ya no estás aquí por obligación. Decidiste quedarte y luchar por tu propia voluntad, por tus propias razones. Con este entrenamiento te están dando las herramientas para hacer precisamente eso; poder luchar por lo que quieres — comentó Mari, como si fuera la cosa más obvia.

Shinji fue sacudido por esas palabras de la chica de lentes, porque eran ciertas. Había estado tan concentrado en quejarse porque estaba reventado de cansancio y que el régimen de entrenamiento era tan estricto, que dejó de lado lo más importante. Detrás de las burlas de Misato o el infierno que lo hacía pasar su instructor israelí, ellos en verdad lo estaban ayudando a cumplir su nueva resolución; incluso su instructor se lo dijo unas horas atrás.

“Te voy a entrenar y te voy a dar el conocimiento y la habilidad para que protejas eso que es importante para ti”

¿Tan tonto fui al no darme cuenta de eso? Se preguntó. Bueno, si consideraba que hasta hace solo uno días atrás estaba pensando quitase la vida, pues sí, es un completo idiota. Bien, en su defensa podía decir que todo esto de querer vivir, disfrutar de la vida y tener una linda amiga que es la principal instigadora de este cambio, era algo completamente nuevo para él. Aun no lo asimilaba por completo. Suspiró en resignación.

— Sí, tienes razón. No lo había visto desde ese punto de vista — comento Shinji.

— ¿Verdad que sí? — preguntó Mari con una sonrisa en los labios, al ver como Shinji en verdad analizó las palabras que le dijo, pudiendo ver además una realización en él — Además, este entrenamiento te traerá un beneficio extra — añadió.

— ¿Beneficio extra? — preguntó Shinji si entender.

— Sí, dejarás de ser tan escuálido y te volverás más fuerte — dijo Mari con una sonrisa.

— ¿Escuálido? — preguntó el Tercer Elegido, entre avergonzado y un tanto ofendido.

— Sí; quiero decir, te ves bien y todo, pero estás un poco delgado. No te vendría mal ganar algo más de músculos y definición. Además, así no te cansarás ni sudarás tanto si tienes que cargar mi maleta y mis bolsos otra vez — comentó la chica de lentes con diversión.

— ¡Oye! — se quejó Shinji, repentinamente avergonzado al recordar ese bochornoso momento, en que la chica de lentes lo mandó a tomar un baño porque olía mal. Entonces estrechó los ojos al recordar algo de ese último comentario, algo que parecía ser un gusto personal.

— ¿Algo en tu mente? — preguntó Mari, interesada al ver que el joven Piloto EVA parecía haberse periodo en sus pensamientos.

Shinji dudó por unos segundos, bajó los ojos sin poder sostener la mirada de la chica y habló.

— Mari, a ti… ¿Te gustan los hombres musculosos? — preguntó con timidez.

Mari se sobresaltó por esa pregunta, ya que jamás se la esperó. Entonces miró a Shinji, que rehuía su mirada con el rostro sonrojado, pero evidentemente esperando una respuesta de ella. No le tomó demasiado descubrir a propósito de qué venía esa pregunta. Fue por su comentario sobre que debía ganar más músculos. ¿Acaso iba a considerar volverse fisicoculturista si ella decía que sí? 

Los ojos de Mari se centraron en el sonrojo en las mejillas de Shinji y lo nervioso que veía esperando su respuesta. Una sonrisa gentil apareció en los labios de la chica mientras su mirada se enternecía.

— No me gustan los hombres demasiado músculos — respondió, concitando la inmediata atención del joven frente a ella.

— ¿De verdad? — preguntó el Tercer Elegido, un tanto aliviado de escuchar eso.

— De verdad. Hombres como Arnold Schwarzenegger, que son una montaña de músculos, en verdad me parecen un tanto desagradables. Demasiados músculos para mi gusto — dijo Mari, negando con las manos — A decir verdad, me gustan más con un físico como el de Brandon Lee — añadió.

— ¿Brandon Lee? ¿No era ese el hijo de Bruce Lee? ¿El que murió filmando una película? — preguntó Shinji, sacado de onda por esa respuesta.

— ¿Qué puedo decir? Era guapo; además me encanta la película “The Crow” — respondió Mari encogiéndose de hombros.

— Ya… ya veo — dijo Shinji bajando la vista, considerando la respuesta.

La sonrisa de Mari se agrandó al ver como un cansado Shinji analizaba su respuesta. ¿Acaso él…?

Algo se removió en la chica de lentes al ver como Shinji reflexionaba seriamente su respuesta y como algo parecía encenderse en sus ojos. Le gustó ver eso en sus ojos, ver determinación… para con ella. Su sonrisa divertida de pronto se transformó en una sonrisa gentil. Se levantó de su silla y comenzó a rodear la mesa para terminar de pie y a espaldas de Shinji, quien levantó la cabeza sorprendido y curioso.

— ¿Qué haces? — preguntó Shinji.

— Algo que te gustará y te hará sentir mejor — respondió Mari, poniendo sus manos en los hombros de un ahora alterado Shinji — Cierra los ojos y relájate — añadió.

— Pero… Mari… — intentó decir Shinji, sonrojado.

— Dije, cierra los ojos y relájate — volvió a decir la chica, ahora con una voz un poco más dura, mientras le daba un apretón en los hombros.

Ante esas palabras y el apretón en los hombros, Shinji hizo lo que le decían e intentó relajarse mientras cerraba los ojos. Segundos después se volvió a tensar cuando sintió como Mari comenzaba a darle… ¡¡Un masaje en los hombros!!

— Dije que te relajes. ¡Vamos! Hazme caso — lo apremió Mari.

Shinji intentó calmarse, cerrando los ojos mientras sentía las manos de Mari trabajando en sus hombros. Apenas podía creerlo. Esta linda y loca chica que le había mostrado que habían cosas por las que vivir, la misma chica con la que compartió una cama, ahora le estaba haciendo un masaje en los hombros. ¿Acaso murió y se fue al cielo?

— Relájate — susurró Mari otra vez.

Decidiendo que no quería ser reprendido otra vez, Shinji cerró los ojos e inspiró profundamente intentando calmarse y relajarse, momento en que algo ocurrió.

De pronto, Shinji sintió un calor viniendo desde el lugar donde las manos de Mari masajeaban sus hombros. Intentó decir algo, pero un susurro en su odio le dijo nuevamente que se relajara. Shinji obedeció, sintiendo como ese calor parecía envolverlo por completo, relajando su cuerpo, quitándole paulatinamente el cansancio y el dolor. Era una sensación increíblemente placentera y relajante, tanto que de pronto se sintió en paz, hasta el punto de perder el sentido del tiempo. Era como si estuviera flotando en una bruma atemporal de relajación y bienestar.  

Shinji no supo cuánto tiempo estuvo ahí, simplemente disfrutando del masaje, de la sensación de relajación y el calor que parecía recorrer todo su cuerpo. Entonces, Mari comenzó a parar lentamente el masaje, hasta que finalmente le dio un suave apretón en los hombros.

— ¿Te sientes mejor? — preguntó la chica en un susurro.

— Yo… yo… sí. Me siento genial — dijo Shinji, sorprendido — ¿Qué hiciste?

— Algo que suelo hacer por mi madre. Tiene los pechos grandes, así que sufre de dolores de espalda. Suelo darle masajes por las noches cuando llega del trabajo — respondió Mari con una sonrisa.

— Pechos… grandes — susurró un sonrojado Shinji, imaginando a la madre de Mari, una versión de la chica con unos 20 años más y una delantera mucho más desarrollada. No pudo evitar preguntarse si Mari crecería un poco más. No es ya no tuviera un buen tamaño; de hecho, ya pudo disfrutar el dormir entre sus… sus…

— ¿Qué cosa pervertida está pasando por tu mente, Shinji Ikari? — preguntó Mari dándole un leve apretón en los hombros.

— ¿Qué? N-no… nada… nada — dijo Shinji nervioso.

— ¿Seguro? ¿No estarás imaginándome a mí con senos más grandes? — preguntó divertida, agachándose y recargándose en Shinji.

El joven Piloto EVA quedó rígido como una estatua mientras se atragantaba al sentir como su cabeza era presionada desde atrás por dos blandos montículos. Eso quiere decir que ella…

— ¡¡Mari!! — exclamó Shinji, al sentir como le clavaban las tetas en la nuca.

— ¿Se puede saber que están haciendo ustedes dos? — preguntó una voz que sonaba molesta.

Ambos jóvenes miraron a un lado solo para encontrarse con una bella mujer de unos 30 años, figura delgada pero atlética, senos no tan grandes pero tampoco pequeños, rostro hermoso enmarcado por una cabellera corta color ceniza, que le llegaba hasta un poco más arriba de los hombros, sujeta en su lugar por un cintillo. Llevaba un delantal que la identificaba como dependiente del “Kissaten”. Tenía una mirada acusadora con las manos en las caderas.

— Bien, le daba un masaje a mi amigo — explicó Mari, mientras un sonrojado Shinji solo podía asentir fervientemente con la cabeza.

— Sí, como no — dijo la mujer con un bufido rodando los ojos — Escuchen, este es un lugar respetable, así que si quien seguir aquí, dejen sus juegos de enamorados para cuando estén solos.

— Nosotros no…

— Hablo en serio. Compórtense — dijo la mujer, cortando la explicación de ambos jóvenes — ¿Van a ordenar algo más? — preguntó.

Ambos jóvenes se sorprendieron por el cambio de tema, pero al ver que aún les quedaba algo de lo que habían ordenado para comer, negaron con la cabeza. La hermosa mujer asintió y con una última e intensa mirada, regresó a sus obligaciones.

Los dos jóvenes dieron un suspiro de alivio al ver como la mujer se alejaba y Mari optó por regresar a su asiento. Ninguno de los dos hizo algún comentario respecto a que fueron confundidos como una pareja de enamorados, simplemente optaron por obviar eso y seguir adelante.

— Ejem, entonces… ¿te sientes mejor? — pregunto Mari, retomando la conversación.

— Sí, sí, gracias — dijo Shinji, tomándose un hombro y girando un brazo — En verdad me siento como nuevo. ¿Cómo lo hiciste?

— Jujuju, secreto profesional — dijo Mari con una risita, hinchando el pecho de orgullo para total agrado y rubor de Shinji — Si quieres otro masaje, solo tienes que preguntar — añadió.

— ¿De verdad? — preguntó Shinji esperanzado, ya que el masaje en verdad le había sentado de maravillas; de hecho, se sentía como nuevo.

— De verdad. Como la próxima vez lo haremos en un lugar más privado, incluso podría darte un servicio extra — dijo ella con una sonrisa insinuante.

— ¿Servicio… extra? — preguntó Shinji, repentinamente acalorado y tragando sonoramente

— Sí, podría darte el masaje… en traje de conejita — dijo Mari, dándole a Shinji una sonrisa zorruna junto con una intensa mirada traviesa.

El Tercer Elegido se congeló ante esas palabras y al no poder evitar imaginarse a la chica de lentes en un ajustado traje negro que abrazaba su curvilínea figura, dejando sus hombros y brazos al descubierto, junto con apretar y resaltar sus senos. Llevaba medias de rejilla, zapatos de taco alto y dos grandes orejas de conejo en la cabeza. Se veía…  se veía… incorrecto. Arrugó el entrecejo, considerando que Mari con orejas de conejo por alguna razón se sentía incorrecto.

La mente de Shinji comenzó a trabajar furiosamente buscando qué era lo malo en una visión tan impresionantemente bella, hasta que su mente súbitamente entendió el porqué. Recordó el templo y esa extraña visión de Mari con orejas de zorro y tres colas en la espalda. Esa era una visión mucho más hermosa y mucho más correcta. No pudo evitar que un sonrojo cubriera sus mejillas ante esa imagen.

— ¡Oh! Te sonrojaste. ¿Me estás imaginando en traje de conejita? — preguntó Mari, ampliando su sonrisa zorruna.

El sonrojo de Shinji aumentó en intensidad y estaba por comenzar a negar la acusación, mientras trataba de apartar de su mente el que la prefería con orejas de zorro, momento en que su teléfono móvil comenzó a sonar, salvándole la vida.

— Es Misato — dijo Shinji mirando la pantalla de su móvil, antes de contestar la llamada.

Mari hizo un puchero al ver como su entretenido juego era cortado de cuajo por una llamada de esa mujer, con la que vivía Shinji.   

— Hola Misato… sí… sí… aun no llego al departamento — decía Shinji contestando la llamada y dándole a Mari una mirada de disculpas — ¿Qué? Te dije que iba a pasar a otro lugar antes de ir… sí… sí… ¡Oh! Yo, bien… entiendo. De… de acuerdo. Te esperó en el supermercado… Adiós. 

— ¿Qué pasó? — preguntó Mari, levantando una ceja.

— Misato quiere que la acompañe a hacer el pedido del supermercado — respondió Shinji haciendo una mueca — Al parecer va a comprar muchas cosas y quiere que la ayude a cargarlas.

— ¡Oh! Entiendo eso. Mi madre también se vuelve un poco loca cuando va al supermercado a comprar — dijo Mari, recordando como su madre suele llenar el carro hasta arriba de cosas.

Shinji metió la mano al bolsillo del pantalón sacando su cartera para pagar, pero Mari puso una mano sobre la suya, antes de que sacara un par de billetes. Él la miró sorprendido.

— Yo invito — dijo la chica. Shinji estaba por replicar, pero una sola mirada de ella acalló lo que sea que fuera a decir — Yo invito en esta ocasión. Tú puedes invitarme mañana — añadió.

— ¿Mañana? — preguntó el joven Ikari, sorprendido.

— Sí, mañana. ¿No quieres? — preguntó ella con ojos de cachorro apaleado.

— ¡No! Digo, sí. Me… me gustaría… mucho — dijo Shinji, apenas creyéndose todo esto. Mari la estaba invitando a salir otra vez.

— ¡Genial! Te llevaré a la tienda donde compré la funda protectora de mi móvil — dijo Mari, levantando su teléfono, mostrando el cartel impreso de la película “Godzilla vs Mothra”

Los ojos de Shinji se iluminaron ante esa idea y Mari supo que había cerrado el trato. Con una sonrisa estiró una mano a un lado, tomando dos bolsas de cartón con asas de cordón, poniéndolas sobre la mesa frente a Shinji.

— Aquí está tu encargo. Algo más de ropa y un par de zapatos. Me tomé mi tiempo escogiéndolos para ti, así que espero sean de tu agrado — dijo la chica de lentes con una sonrisa.

— Gracias — dijo un sorprendido Shinji viendo el par de bolsas, recordando que este era el motivo por el que habían quedado de juntarse hoy.

— No hay de qué. Ir a mirar tiendas y comprar ropa es un placer para las chicas, así que soy yo la que debe dar las gracias — dijo Mari, restándole importancia — La boleta está adentro de la caja de zapatos. Temari-Obasan te hizo un buen descuento y dijo que pases por su tienda a fin de mes para cancelarle. También tendrá más cosas para que yo pueda elegir para ti.

Shinji solo pudo dar una sonrisa nerviosa ante eso. ¿Ahora Mari era su asesora de moda personal? Bien, la tenida deportiva que traía puesta fue del gusto de Misato y de todos en NERV. Es claro que Mari tiene buen gusto para la moda, precisamente por eso le confió comprarle ropa en primer lugar.

— Está bien — dijo Shinji finalmente poniéndose de pie — Debo retirarle. Con lo endiabladamente rápido que conduce Misato, llegará al supermercado antes que yo — se excusó Shinji.

— No hay problema. Me quedaré y terminaré de comer esto. No hay que desperdiciar la comida — dijo la chica de lentes, señalando su planto a medio consumir.

— Bien, perdón por irme así, pero…

— Deja de disculparte. Comprendo mejor de lo que creer. Si no acompaño a mi madre para frenarla, se compraría todo el supermercado — dijo Mari con una mueca.

— Suena a que es una persona divertida — comentó el Piloto EVA.

— No tienes ni idea. Ahora vete, tienes un lugar donde estar — dijo Mari haciéndole un gesto con la mano para que se fuera de una vez.

— Sí, me voy, Gracias por todo — dijo Shinji dándole una sonrisa a la chica.

— Nada de gracias. Esta noche espero una foto tuya modelando para mi esa ropa que te compre.

— ¿¿Qué?? — preguntó Shinji, espantado, concitando la atención de todos en el local.

— Estaré esperando esas fotos, ahora vete y déjame comer — dijo Mari con una sonrisa, tomando sus palillos y comiendo un boca de su plato.

— Sí, yo… adiós — dijo un nervioso Shinji, tomó sus bolsas y salió del local, seguidos por los traviesos ojos de la chica de lentes, que comenzó a reír una vez el chico dejó el local.

No pasaron ni un par de segundos de que Shinji dejo el “Kissaten” para que la hermosa mujer de cabello color ceniza y cuerpo atlético, estuviera nuevamente frente a Mari, con las manos en las caderas, fulminándola con la mirada.  

— ¿Pasa algo? — preguntó Mari, momento en que le llegó un fuerte palmetazo en la cabeza — ¡¡Ay!! ¿Por qué fue eso? — preguntó, sujetando su agredida cabeza.

— ¿Y todavía tienes el descaro de preguntar? ¿Qué demonios se te metió en la cabeza para hacer algo como eso aquí, en frente de todos? — preguntó la mujer, con el ceño arrugado.

— ¿Lo dices por el masaje? — pregunto Mari, inocentemente.

— No te pases de lista conmigo “princesa”. Si tengo que patearte el trasero, ni tu madre me va a detener — dijo la mujer con una mirada acusadora.

Mari bajó la cabeza y dio un suspiro de cansancio, sabiendo que no se podía librar de esta.

— Lo siento Miho-San. Sé que no era el lugar adecuado para eso, pero… bien, él necesitaba de eso. Estaba muy cansado y adolorido, solo lo estaba ayudando. Traté de ser muy discreta — se excusó Mari.

— Discreta o no, siempre existe la posibilidad de que algún cliente pueda ver o sentir lo que estabas haciendo. Hay personas que son extremadamente sensibles y pueden fácilmente sentir esos picos de poder. Todas mis chicas lo sintieron, incluso las que atienden en el segundo piso — dijo la mujer identificada como Miho, mirando a Mari con ojos estrechos.

— Lo lamento — dijo Mari con una mueca.

— Tuve que poner una barrera entre ustedes y el resto de los clientes por precaución — dijo la Miho, acusadoramente.

— Sí, lo sentí — respondió Mari haciendo una nueva mueca.

— Pero aun así, continuaste liberando ese poder curativo — dijo la mujer, negando con la cabeza en forma resignada — Adolescentes hormonales. Por fortuna aun no tengo hijos.

— Oiga — se quejó Mari.

— En todo caso, llamé a tu madre para contarle lo que estabas haciendo aquí por tu novio. Dijo que te esperará en casa para conversar — dijo Miho con una sonrisa un tanto perversa.

El rostro de Mari palideció.

— Pondré lo que se sirvieron en la cuenta de tu madre. Ahora más vale que te apresures, ella te está esperando en casa para “hablar” — dijo Miho ampliando su sonrisa, para luego girase y caminar de regreso a atender a sus clientes.

Mari dio un gemido de resignación. Ya se le habían quitado las ganas de regresar a casa.

 

 

 

Continuará...


Notas del Autor: Siguen los cambios en la vida de Shinji. Ahora pasando por un duro régimen de entrenamiento en NERV, de manos de un rudo ex-soldado de las Fuerzas de Defensa de Israel. Aunque como dijo Mari, es realmente razonable que quieran entrenar a Shinji, después de todo debe combatir a muerte con los Ángeles.

Por otro lado, Shinji tuvo una entretenida cita con Mari, donde pudieron conocerse mejor y donde Shinji recibió un interesante masaje por parte de la chica de lentes. ¿Qué fue todo eso de un masaje curativo? ¿Quién es esta tal Miho? Siguen surgiendo interrogantes.

Con respecto al “Kissaten”, está inspirado en un Kissaten real ubicado en Tokio, llamado “Kayaba Coffee” que lleva más de 70 años funcionando. El edificio fue construido durante la Primera Guerra Mundial en el llamado "casco antiguo" de Tokio. La cafetería sobrevivió a los terremotos y bombardeos de la guerra y su exterior se ha mantenido intacto hasta nuestros días.

Saludos y nos leemos.

 

 

 

Chapter 10: Sospechas (Parte 1)

Summary:

Un deprimido Shinji analiza su lamentable y dolorosa existencia. Siente que su vida no vale nada, que no hay razón para seguir adelante, pero en su momento más ocuro, algo ocurre que le hace ver que no todo es tan malo como cree, poniendo su vida de cabeza y cambiandola de formas que nunca imaginó.

Notes:

NOTA: Todos los derechos de la serie Neón Génesis Evangelion pertenecen a Gainax/Khara, o quienes les sucedan legalmente en el futuro. Esta historia fue escrita sin fines de lucro, solo como medio de esparcimiento. No me demanden.

Chapter Text

Mayumi Yamagishi no era una chica feliz, todo lo contrario. Estaba molesta, nerviosa, triste, resentida y avergonzada; muy avergonzada. ¿Por qué tenía que pasarle esto a ella? ¿Qué había hecho para merecer semejante suplicio?

— Madre estúpida — masculló la chica de cabellera negra azabache, mientras caminaba rumbo a su destino.

Lo cierto es que Mayumi no la había pasado nada bien los pasados dos días. Para empezar, luego de ser arrastrada indignamente desde donde de tía Katsumi, su madre la llevó directo a casa para darle un sermón, que de solo recordarlo le dolía la cabeza y la avergonzaba por partes iguales.

Su madre no solo la había reprendido duramente por su forma de ser cada vez más retraída, también había reprobado su nula vida social, así como su total falta de amigos y, como no, su falta de novio. En serio, ¿Cuál era el interés de su madre y tía Kazumi de que esa zorra estúpida de Mari y ella encontraran novio y tuvieran hijos? ¿Una especie de fetiche de madre? Gimió en resignación.

Seguidamente su madre le reclamó por descuidar totalmente su aparecía física así como su supuestamente horrenda forma de vestir que, según ella, iba más en línea de una vagabunda que de una linda chica hija de; en sus palabras: “Una mujer condenadamente hermosa”. No ayudaba el que su madre fuera lo que, en toda regla, se denominaba comúnmente como una MILF. Mayumi suspiró en resignación al recordar como luego de eso su madre había cumplido su amenaza, entrando en su cuarto, tomando toda su ropa, para luego amontonarla en el patio de la casa y prenderle fuego. Lo único que se salvó fue un par de zapatos y un vestido blanco que ella le había regalado.

La peor parte de todo ocurrió al día siguiente. Su madre se tomó el día libre del trabajo y la arrastró a primera hora hasta un centro comercial para ir de compras. Estuvieron toda la mañana de tienda en tienda, pasando por la horrible experiencia de hacer las veces de un maniquí, mientras modelaba para su madre y la dependiente de turno, cualquier cosa que le pusieran encima. Terminaron las compras al medio día con una montaña de bolsas con ropa y zapatos. Luego fueron a una óptica para cambiar sus lentes de montura redonda tipo “ratón de biblioteca”, por unos con un marco negro algo más grueso, que según su madre la hacían verse linda.

Terminando con eso fueron a guardar todas sus compras al automóvil y buscaron un restaurante donde comer, para luego continuar con el suplicio comprando toneladas de maquillaje y accesorios varios para, finalmente, pasar a un “Centro de Belleza y Estética”.

Mayumi se estremeció por el suplicio que debió pasar en ese lugar. Corte de cabello, masaje capilar, máscara fácil, masaje facial y corporal. Pero lo más humillante vino después de eso. Le depilaron las axilas, las piernas y luego… ¡¡LE RAZURANON LA CONCHA!!

La chica se cubrió el rostro con las manos mientras se acuclillaba en medio de la acera, negando con la cabeza totalmente avergonzada ante ese humillante recuerdo. Todo mientras recordaba como su madre la reprendía.

“Ningún hombre podría encontrar atractivo ese bosque de pelos que tienes ahí abajo” la regañó su madre, mirándole la concha en forma acusadora con las manos en las caderas.

Mayumi gimió lastimeramente ante ese recuerdo. Su madre había sido injusta. No estaba tan peluda ahí abajo. Además, no es como si pretendiera anda mostrándole la concha a todo el mundo. ¿Cuál es problema en tenerla algo frondosa? La respuesta llegó cuando salió del “Centro de tortura”. Su madre la llevó a comprar lencería.

Ahora la chica de cabellera negra azabache tenía a su haber una nutrida colección de lencería de encaje, mucho más sexy de lo que hubiera querido. También tenía varios portaligas a la cadera, portaligas en tubo, algunos corset, medias y ligas de las normales y de malla de red. Lo peor de todo es que ahora mismos llevaba un sexy conjunto de lencería de encaje blanco bajo su ropa, por la que no se le escapaba ni un solo pelo. Le habían hecho el corte preciso para llevar ese tipo de lencería si peligro de algún “accidente”.

Mayumi gimió otra vez, sintiendo como su rostro ardía tras sus manos. Extrañando sus braguitas de “Hello Kitty”.

— ¿Y a ti qué rayos te pasa?

— ¡¡NYAH!! — chilló Mayumi, dando un felino salto de sorpresa ante esas palabras dichas justo en frente de ella, quedó apegada de espaldas a la pared de un edificio detrás, mirando sorprendida a la persona que le habló. Para su sorpresa esa persona era Mari.

Así es. La zorra tonta de Mari estaba de pie frente a ella, vistiendo ese uniforme escolar distinto al de la escuela a la que estaba asistiendo. La miraba en forma divertida con una mano en la cadera y con la otra sosteniendo un bolso con sus útiles escolares.

Por su parte, Mari observó con detenimiento a Mayumi, cayendo en cuenta lo distinta que estaba la chica. Atrás quedaron esas horribles poleras de talla extra grande con estampados estrambóticos que le llegaban hasta las rodillas, o esa desastrada ropa deportiva un par de tallas más grande que solía comprar en tiendas de segunda mano, o sus anteojos de montura redonda tipo “ratón de biblioteca”. Por el contrario, ahora vestía una hermosa blusa blanca con volantes que dejaba sus hombros al descubierto, minifalda azul con estampado de flores en color celeste, zapatos de taco bajo y una pequeña cartera colgando de su hombro derecho. Sus lentes ahora tenían un marco negro no tan delgado, dejando de ser redondos para ser algo más cuadrados pero con curvas que se adecuaban a su rostro.

Otro punto es el cabello de Mayumi. Su antaño descuidado, despeinado y, algunas veces algo grasiento cabello, ahora estaba impecablemente peinado, lustroso y radiante, cayendo por su espaldas hasta la altura del trasero, junto con un par de flequillos que enmarcaban su rostro. El que los senos y las caderas de la chica estuvieran comenzando a crecer, solo aumentaba el encanto. En suma, Mayumi Yamagishi se veía preciosa. No pudo dejar de sentir algo de envidia. No tenía dudas de que en un par de años llegaría a ser un clon de la tía Shizuka.

— Veo que tu madre cumplió su amenaza. Te vez diferente — comentó Mari con una sonrisa.

— ¡No te burles de mí! — regañó Mayumi.

— No me estoy burlando. En verdad te ves bien; de hecho, te vez linda — dijo Mari con total sinceridad.

Mayumi se sonrojó ante el sincero comentario de su amiga/rival, bajó la cabeza totalmente sonrojada, mientras tiraba hacía abajo del dobladillo de su minifalda en un intento de cubrir un poco más sus piernas.

— Es vergonzoso vestir esta ropa. Muestra mucha piel — dijo una apenada Mayumi, sin poder levantar la cabeza.

— Considerando lo que sueles vestir, es un gran cambio y, sí, muestras mucho más piel de lo que estas acostumbrada, pero te sienta bien. Creo que tu madre tiene razón aquí, el cambio fue para mejor — dijo Mari con una pequeña sonrisa.

Mayumi le devolvió la mirada haciendo un puchero.

— Entonces, ¿por qué rayos estabas acuclillada en medio de la acera cubriéndote el rostro con las manos? — preguntó la Mari, levantando una ceja.

Mayumi dio un respingo ante ese recuerdo y las humillaciones que había vivido por causa de su madre. Se llevó una mano a la boca y se aclaró la garganta.

— Olvídate de eso. Quedamos de juntarnos en esa esquina de ahí,  para ver el tema de esa chica Ayanami. ¿Recuerdas? — dijo la chica de callera negra azabache señalando la esquina de la calle con un dedo.

— Sí, claro… vamos — dijo Mari con una mueca, al ver que Mayumi no tenían intensiones de hablar sobre eso.

Ambas chicas caminaron una la lado de la otra sin decir palabra, solo avanzando por la acera, doblando una esquina y continuando su camino; encontrándose con cada vez más alumnos de la escuela, algunos de los cuales saludan alegremente a Mari, la que devolvía el saludo con una sonrisa. Al llegar a una esquina, Mari jaló a Mayumi de un brazo entrando por un callejón, dando la vuelta hacia una calle estrecha que daba a la calle principal que se debía tomar para ir a la Primera Escuela Secundaria Municipal de Tokio-3.

Las dos amigas/rivales permanecieron medio escondidas en la esquina viendo como los alumnos ingresaban a la calle que desembocaba en la escuela, cuando Mari la vio, llamando la atención de Mayumi.

— Esa es Rei Ayanami, la de cabello peliazul corto — declaró Mari.

Mayumi estrechó los ojos viendo a Rei caminando algo ausente de su alrededor y con un rostro carente de toda expresión. Le dedicó una seria mirada considerando a la chica peliazul, buscando. No pasó mucho para que sintiera algo y abrió los ojos en sorpresa.

Pese a la distancia pudo sentir que algo no estaba bien con esa chica, no era normal. Tal como dijo la zorra de Mari, se sentía extraña, distinta, antigua, poderosa e incorrecta, como si todo su ser fuera… ¿Forzado?

— ¿Qué rayos es ella? — susurró Mayumi.

— No lo sé — susurró a su vez Mari.

En ese momento Rei detuvo su andar y giró la cabeza hacia la esquina donde hasta un par de segundos atrás habían dos chicas mirándola intensamente. La Primera Elegida miró fijamente hacia la esquina durante largos segundos hasta que volteó la mirada y volvió a caminar rumbo a la escuela.

Al otro lado de la esquina, el par de amigas/rivales estaban pegadas de espaldas a la pared con los ojos como platos, mientras contenían la respiración.

— Ella pudo sentirme. Sintió que la estaba analizando. ¿Qué rayos es ella? — dijo finalmente Mayumi.

— Te dije que no lo sé — respondió Mari, asomándose discretamente por la esquina, sin ver a la chica peliazul a la vista, dio un suspiro de alivio — Ya se fue.

— Eso fue aterrador — dijo Mayumi.

— Ella es distinta, de una forma que no puedo explicar, pero no siento maldad en ella — comentó Mari.

— ¿Segura? — preguntó Mayumi levantando una ceja.

— Me la he topado un par de veces en la escuela. Puedo decir que ella sabe algo de mí y también sabe que yo sé algo de ella, pero ninguna sabe qué es ese “algo” realmente. Aun así, nunca he sentido apatía, sospecha o la menor amenaza de su parte, solo siento curiosidad — comentó la loca chica de lentes.

— Bien, el que solo sienta curiosidad en este momento, no quiere decir que en el futuro no se transforme en una amenaza — dijo Mayumi con una repentina mirada felina y afilada, muy similar a la de su madre.

— Por eso debes vigilarla y tratar de averiguar algo más sobre ella — dijo Mari, mientras metía una mano en el bolsillo de su falda y sacaba un pequeño papel que le tendió a la chica junto a ella.

— ¿Qué es esto? — pregunto Mayumi, mirando el papel.

— La dirección de Ayanami. Me colé ayer en la sala de profesores y miré su registro escolar.

— ¿Quieres que vaya a husmear? — pregunto la chica de cabello negro azabache.

— Sería bueno. Tal vez encuentres algo que nos ayude a entender mejor lo que es ella. Entraré a la escuela ahora y confirmaré que está efectivamente ahí. Te mandaré un mensaje al móvil dándote el OK y puedes ir a su casa — dijo Mari, comenzando a caminar a la escuela. 

— Sí jefa — dijo Mayumi con sarcasmo, emprendiendo rumbo en sentido contrario.

Poco más adelante, la chica se topó con un grupo de chicos que le lanzaron piropos y la invitaron a pasar el rato. Una nerviosa y sonrojada Mayumi arrancó como alma que lleva el diablo.

 


 

Mayumi miró por quinta vez el papel que le dio la zorra de Mari con la dirección de Ayanami. Era correcta, pero resultaba difícil de creer que este fuera el lugar.

Para empezar, el vecindario es un asco; los edificios están en su mayor parte deshabitados, en muy mal estado, sucios y algunos esperando por ser demolidos. Y para empeorar las cosas, justo al lado se situaba un enorme sitio de construcción desde el cual provenía un incesante ruido, que era bastante molesto.

Hizo una mueca al ver el deslucido corredor frente a ella y se adentró esquivando alguna suciedad en el camino junto a varias bolsas de basura. Finalmente se detuvo ante una puerta, miró el número sobre la deslucida puerta y coincidía. Estaba frente al departamento de Rei Ayanami.

Las paredes estaban algo sucias y gritando por un mano de pintura. La puerta no estaba en mejor estado, con la abertura para la correspondencia repletas de cartas apretujadas una sobre otra. ¿Es que la chica nunca mira su correspondencia? No hay forma de que no viera todas esas cartas sobrealiento desde su puerta. Arrugó el entrecejo y estiro una mano, tomó la manija de la puerta y la giró solo por curiosidad.

Los ojos de la chica casi salen sus órbitas, estaba abierta. Miró hacia ambos lados y nada, estaba sola. Tragó sonoramente y abrió lentamente la puerta. Luego de dudar por un par de segundos ingresó al lugar y se llevó una gran sorpresa.

— ¿En verdad ella vive en este basurero? — se preguntó Mayumi, apenas creyendo lo que veía.

El departamento de Rei Ayanami era pequeño, lúgubre, con paredes de hormigón sin pintar, una cama con una lámpara colgada del respaldo, una pequeña nevera, una cómoda, una silla para sentarse y… sería todo. Fuera de eso, aquel lugar era una completa pocilga.

La cama no estaba tendida, había ropa sucia tirada sobre la cama, una bolsa con basura junto a la pequeña nevera, una caja de cartón con vendas ensangrentadas… Mayumi estrechó los ojos, se acercó y efectivamente, había una caja de cartón el suelo llena de vendas ensangrentadas. ¿Qué significaba eso? ¿La chica estaba herida? Al menos a ella le pareció bien cuando la vio llegando a la escuela; aunque ahora que las veía bien, esas vendas parecían tener algunos días. ¿Acaso a esta chica no le preocupan los gérmenes o las infecciones? Entonces algo llamó su atención.

Sobre la pequeña nevera había un jarro de vidrio con agua, un vaso también de vidrio junto con medicamentos, muchos medicamentos. ¿La chica estaba enferma? Tomo uno de los sobres de papel con los medicamentos y no supo identificar para qué eran. Bueno, no es como si ella fuera doctora o enfermera. Hizo una mueca y volvió a pasar la vista por el lugar.

El departamento de Rei Ayanami era una verdadera mierda, y la chica no parecía ser ni muy ordenada ni muy limpia tampoco. La mueca en la boca de Mayumi se acentuó. Sintió algo de pena por la chica peliazul.

 


 

Misato caminaba rumbo a su oficina con una pequeña sonrisa en los labios. Acababa de pasar por el gimnasio donde Shinji estaba siendo puesto en forma por Isaac Dayan, ese rudo y excelente instructor israelí que de alguna forma NERV logró fichar en sus filas. El hombre era muy bueno en lo que hacía, no había duda de eso y ya estaba haciendo pasar a Shinji por un infierno.

Ella había estado encantada con la nueva resolución y determinación con la que Shinji había regresado al departamento luego de desaparecer por todo un día. Nunca esperó verlo tan cambiado, ni mucho menos que decidiera regresar a NERV para pilotear el EVA por su propia voluntad; luego de dejar muy en claro que detestaba subir al EVA, junto con todo lo que lo habían hecho pasar en NERV.

Pero esta nueva versión de Shinji decidió aceptar todo eso por un bien mayor. Él había sido muy claro en ese punto. Le dijo directamente que no le interesaba salvar al mundo; de hecho, quedó implícito que la salvación del mundo le importa una mierda. Él iba a subir al EVA y pelear, pero lo haría por un motivo egoísta. Pelearía por aquello que él quiere proteger, por aquello que es importante para él.

Esa era la razón correcta, una razón que alegró a Misato, porque ahora Shinji tenía una razón válida por la cual luchar y por la cual regresar del campo de batalla. Pero aun así, ese cambio fue de un día para otro y no podía olvidar la actitud de Shinji anteriormente, que había sido un total desastre. Es por eso que decidió probar esa determinación y hacer que bajo deber contractual de su nuevo contrato laboral con NERV, pasara por un duro entrenamiento que lo preparara adecuadamente para enfrentar el desafío que tenía por delante y, de paso, medir su determinación.

Shinji no la decepcionó. Seguía fielmente el duro entrenamiento de Dayan, sin quejarse y con total determinación, tanto que hasta había sorprendido al israelí. Eso no es algo menor. Isaac Dayan sirvió en los “Sayeret Matkal”, las tropas de Elite las Fuerzas de Defensa de Israel, y sorprender a un hombre con ese pasado, era simplemente impresionante.

Había conversado con Dayan el día anterior. Este le dijo que en un inicio pensó que Shinji no daría la talla y se rompería fácilmente, pero que luego, la tarde anterior había visto un cambio. Pudo verlo en sus ojos. Había fuerza y determinación en sus ojos.

Dayan le había dicho que preguntó directamente a Shinji si tenía algo por lo cual luchar, algo que quería proteger, algo por lo cual regresar del campo de batalla, y respondió que sí. Sus ojos hablaban por él, ojos con una fuerte determinación, ojos como los que había visto en sus compañeros en el “Sayeret Matkal”.

“El chico estará bien, Capitán Katsuragi. Tiene la fuerza y la determinación para afrontar toda la mierda que le lancen encima. Tiene algo que quiere proteger y le daré las herramientas para hacerlo; aunque tenga que romperlo y volverlo a armar”

Misato hizo una mueca ante ese recuerdo y las últimas palabras de Dayan. No le cabía duda de que el israelí podía romper a Shinji si quisiera, solo esperaba que no llegara a eso en su entrenamiento; aunque era una alegría saber que Shinji se tomara bien las cosas y se esforzara pese a lo fuerte que lo estaban presionando. Pero tenía una razón para ello.

Miró la carpeta que cargaba bajo el brazo, carpeta que contenía información sobre eso que Shinji quería proteger. Ella ya tenía sus sospechas y las palabras de Dayan solo lo confirmaron. Ese “algo” en verdad era “alguien”.

Misato llegó frente a la puerta de su oficina, la abrió, ingresó y fue a sentarse tras su escritorio, colocó encima la carpeta que el departamento de Inteligencia y Seguridad le había entregado momentos atrás y la abrió.

— ¡Wow! La razón para pelear de Shinji es bastante linda — dijo Misato con una sonrisa, tomando una fotografía de un hermosa chica lentes, con el cabello tomado en dos coletas. Luego miró el nombre en el encabezado del expediente — Mari Makinami. Sí, esta sin dudas es la chica Mari que mencionó Shinji.

Misato comenzó a revisar la información que sus sabuesos habían logrado reunir sobre la chica en el corto tiempo que les había dado.

Mari Makinami, 15 años de edad, hija de Katsumi Makinami, viuda desde hace 11 años, propietaria de un pequeño negocio inmobiliario en sociedad con Shizuka Yamagishi. Por los números que podía ver en su reporte financiero, llevaban 10 años en el negocio y en un inicio les había ido bastante bien; cosa normal considerando que en ese tiempo mucha gente buscaba vivir en Tokio-3 por motivos laborales. Sin dudas ganaron mucho dinero esos primeros años, pero ya se podía notar la baja de ingresos en el último tiempo, sin dudas por el inicio del ataque de los Ángeles. De seguir así, el negocio de la madre de esta chica Mari podría hundirse irremediablemente.

Miró la dirección de su casa y estaba en un sector residencial en los suburbios de Tokio-3. Había una fotografía de la casa y era bastante linda. Sí, sin dudas la madre de Mari había amasado una buena cantidad de dinero al iniciar su negocio si podía comprar una casa semejante; porque era la propietaria de la casa, había una copia de la escritura de compra y el valor qué tuvo que desembolsar por dicha casa. No era una cifra menor. Luego vio un mapa con la ubicación de la casa y estaba a solo unas cuadras de un “Shotengai”.

Misato asintió con la cabeza. Eso se alineaba con el relato de Shinji sobre pasar la tarde recorriendo un Shotengai que estaba cerca de la casa de esa chica Mari. Lugar donde había comprado esa tenida deportiva que le sentaba tan bien. Mismo lugar donde la chica le había comprado ropa ayer. Estrechó los ojos.

El día anterior cuando quedó de juntarse con Shinji para ir al supermercado, este había aparecido cargando dos bolsas con ropa. Le explicó que le pidió a esta chica Mari que comprara la ropa por él, ya que al parecer había una especie de oferta en una de las tiendas del Shotengai, y al estar ocupado con el entrenamiento no tenía el tiempo de acercarse a ese lugar.

Misato estrechó los ojos ante eso. Shinji conoció a esta chica por casualidad en la estación de trenes, pasó la noche en su casa y ahora confiaba en ella para que le comprara ropa. Bien, no podía negar que la chica tiene buen gusto. La noche pasada Shinji se vistió con la ropa que la chica le había comprado y se veía muy bien. Incluso le pidió que le hiciera un par de fotografías con su teléfono móvil. ¿Fueron para ella?

No veía mal que Shinji se interese por una chica; de hecho, le alegraba mucho. Sobre todo porque el interés parecía ser mutuo, pero creía que las cosas iban demasiado rápido. Además que la chica apareció en la vida de Shinji justo en el momento preciso. Eso era por lo menos curioso. Entonces tomó otra hoja del reporte de Inteligencia y…

— ¿Se trasfirió a la misma escuela de Shinji? — se preguntó Misato, sorprendida.

Efectivamente, hace solo unos días la chica se transfirió desde una escuela de Tokio-2 a la misma escuela a la que asiste Shinji, y nada menos que a la clase de al lado. ¿Quién se transfiere a Tokio-3 en un momento como este? Lo normal aquí estaba siendo que los chicos y sus familias se marchen de la ciudad y no al revés. ¿Eso quiere decir que hasta hace unos días la chica no estaba viviendo con su madre? ¿Por qué vivir lejos de ella? ¿Y Por qué volver justo ahora a Tokio-3 si estaba más segura en Tokio-2?

Una sospecha atravesó la mente de Misato. Eran demasiadas coincidencias. Cierto, podía ser efectivamente una coincidencia, pero siempre cabía la posibilidad que no lo fuera.

Volvió a mirar toda la información sobre la chica y su madre. Todo parecía estar en orden, pero no podía dejarlo así. Debía investigar un poco más a fondo a esta chica Mari Makinami. Lo que dejaba a Misato algo tranquila es que la chica no parecía ser lo único que le interesaba a Shinji.

Él afirmó que había cosas que quería proteger, cosas que quería vivir y cosas que quería experimentar. Estaba segura de que no se refería a esta chica Mari cuando dijo esas palabras. Eso era bueno, pero algo le decía que esa chica Mari era la responsable de esa nueva forma de pensar.

Volvió a tomar la foto de la chica y la miró con detenimiento. ¿Tanto lo había marcado esta chica en un solo día? Bien, una mujer tiene el poder de transformar la vida de un hombre por completo, eso no se puede negar, pero de todas formas hay que investigar más a fondo. 

Miró una vez más la foto de la chica que sostenía en su mano y no pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa.

— Tienes buen gusto, Shinji — comentó.

 


 

Mari estaba sentada en una banca del paseo peatonal en el distrito comercial de Tokio-3, frente a las puertas del concurrido Centro Comercial de siete pisos. Había quedado de juntarse con Shinji en este lugar para concurrir a la tienda donde vendían fundas protectoras para teléfonos móviles, ubicada en el tercer piso del Centro Comercial, pero ya se estaba arrepintiendo de su elección de punto de encuentro.

Llevaba solo 15 minutos aquí esperando y ya había tenido que corretear a cuatro chicos que trataron de ligársela de forma bastante insistente y descarada. En serio, ¿es que no hay más chicas por aquí, que todos los imbéciles pervertidos en busca de un polvo fácil vienen directo hacia ella? Sí, ella se sabía que es una chica condenadamente linda, pero eso no la transforma inmediatamente en un pedazo de carne para llegar y servir. Suspiró en resignación.

Miró a su alrededor esperanzada, pero nada. Aún no había señales de Shinji. Bien, él le había enviado un mensaje hace algo más de una hora, informándole que se retrasaría un poco por un reconocimiento médico de último momento. Ella estaba por salir de casa cuando recibió el mensaje. Pudo quedarse un rato más y salir más tarde, pero la verdad no quería toparse con su madre cuando volviera del trabajo para evitarse otra seguidilla de estupideces de su progenitora.

Resulta que Miho-San había exagerado un poco más de la cuenta lo ocurrido la tarde de ayer. Por cómo le describió las cosas a su madre, lo hizo parecer como si le hubiera estado dando un masaje erótico a Shinji en medio del “Kissaten”. No es como si ella supiera dar ese tipo de masajes en primer lugar; aunque podría estar dispuesta a aprender e intentarlo eventualmente… vestida de conejita. Se sonrojó levemente ante ese pensamiento.

Como fuere, Miho-San lo hizo parecer como que levantó una barrera para que los clientes de su local no vieran un masaje erótico en vivo, en vez de hacerlo para que no sintieran un pico de poder curativo. Todo eso resultó en una monumental llamada de atención de su madre, por ser tan descaradamente irresponsable y explicita en un lugar público, en vez de ir a un lugar más privado, como un “Hotel del amor”. Gimió y agachó la cabeza, resignada.

En serio, su madre podría ser un verdadero dolor en el trasero si se lo proponía, por lo que tuvo que soportar estoicamente una diatriba que de solo recordarla hacia que le doliera la cabeza, junto con sonrojarse por partes iguales. Luego de tan desagradable “llamada de atención”, vino lo que a su madre más le interesaba; saber lo que había logrado averiguar sobre NERV.

Una punzada atravesó a Mari ante ese recuerdo, junto con hacer una mueca con la boca. No le gustaba eso.

Ella había tomado la decisión de ingresar en la vida de Shinji, no para usarlo como fuente de información; lo hizo porque ya no podía quedarse al margen. No podía quedarse ahí observando sin hacer nada por él. Tenía que intervenir, tenía que hacer algo para sacarlo del oscuro pozo de dolor donde había caído. Se lo debía; y más que eso, quería hacerlo porque ella…

— ¡Hola preciosa! ¿Estás sola? ¿Te gustaría que pasemos el rato juntos? Conozco un lugar entretenido aquí cerca donde podemos ir y conocernos mejor — dijo de pronto un joven, poniendo una mano sobre el hombro de Mari.

La chica de lentes fue sacada bruscamente de sus pensamientos y levantó la vista solo para encontrarse de frente con un joven alto y atlético. Vestía a la moda con ropa de marca que le quedaba demasiado bien, mientras le dedicaba una mirada gentil, junto con una sonrisa de un millón de dólares que iluminaba un rostro hermoso, digno de un modelo de revistas. El joven era apuesto; muy apuesto, pero hizo que la nariz de Mari se arrugara.

La sensible nariz de la chica de lentes fue inundada por la inconfundible esencia a mujer viniendo del joven; dos mujeres en realidad, junto al aroma a fluidos corporales, sexo y feromonas que se disparaban en su dirección, que prácticamente le gritaban en la cara “quiero follarte”.  

El joven se sobresaltó cuando su mano fue apartada de un fuerte manotazo del hombro de la chica, al tiempo que escuchaba un sonido bajo y gutural, casi como si fuera… ¿un gruñido?

— Oye, ¿estás bien? — preguntó él.

Lo siguiente que supo el joven, es que la chica se había levantado de la banca donde estaba sentada, con el rostro deformado en una mueca mientras daba un gruñido bajo y amenazante, enseñando unos afilados colmillos. Pero lo más aterrador eran sus ojos. Detrás de sus lentes, habían dos ojos de un intenso color ambarino, que parecían brillar como brazas ardientes.

— Piérdete — gruñó la chica entre dientes, con voz ronca, gutural y amenazante.

El joven dio un chillido más propio de un cerdo y cayó de culo al suelo mirando a la chica de lentes con pánico. Segundos después se recuperó y comenzó a correr lejos de ahí a todo lo que daban sus piernas, mientras gritaba como una niña.

Mari bajó la cabeza con el cuerpo totalmente tenso, mientras respiraba pesadamente tratando de recuperar la calma. Por esto es que no le gustaba demasiado este tipo de lugares, nunca faltaban los idiotas que se acercaban a ella con la lujuria brotándoles por los poros. Era una sensación desagradable que la hacía sentirse sucia de tan solo estar cerca de esos idiotas lujuriosos. Para su mala fortuna, las cosas que le gustaban estaban precisamente en este tipo de lugares.

— ¿Mari? — preguntó una voz.

La chica de lentes se sobresaltó al escuchar esa voz, una voz que ella conocía demasiado bien. Giró la cabeza hacia el lugar desde donde le habían hablado y todo su mal humor y enfado se evaporó. Ahí, a solo metros de distancia, estaba Shinji.

Vestía una de las tenidas de ropa que ella había escogido para él, y debía reconocer que se veía mucho mejor en vivo, que en las fotografías que le había envía la noche pasada, luego de que bombardeara su móvil con mensajes solicitando las dichosas fotografías modelando lo que ella le compró. Debía reconocer que tenía buen gustó para la moda.

El Tercer Elegido traía puesta una hermosa camisa negra con un patrón de pequeños puntos blancos que daban la impresión de estar viendo una noche estrellada. Llevaba además unos pantalones de mezclilla color azul que se ajustaba a sus piernas, pero sin ir al extremo, solo lo justo para definir, mientras que sus pies estaban enfundados en botines color café. Para completar el cuadro, vestía una preciosa chaqueta de cuero blanco, con dos franjas de cuero negro rodeando cada brazo a la altura de los bíceps.

Mari no pudo evitar que un leve sonrojo tiñera sus mejillas, Shinji se veía demasiado bien, pero tuvo que dejar sus contemplaciones de lado al darse cuenta de que él la miraba con preocupación; de hecho, se acercó a ella de inmediato.

— ¡Mari! ¿Quién era ese sujeto? ¿Te hizo algo? ¿Estás bien?

La chica de lentes fue abrumada por lo que venía del joven Piloto EVA. No sintió lujuria ni deseo básico e instintivo como el que sintió en los cuatro chicos que se le insinuaron antes, o deseo sexual duro, crudo y desagradable como el del último idiota. Por el contrario, de Shinji solo sintió preocupación y ansias de proteger. Eso calentó su corazón.

— Estoy bien, no te preocupes. Solo era un idiota que quiso probar suerte con esta hermosa chica que está frente a ti, pero lo mandé a volar. Ya tenía una cita, la cual acaba de llegar — dijo Mari con una sonrisa zorruna.

— ¿Segura? A la distancia pude ver que ese tipo te estaba acosando y tuviste que enfrentarlo — insistió Shinji, pasando totalmente por alto la insinuación de Mari, mucho más preocupado por la seguridad de la chica.

— Seguro, ya pasó — dijo la chica de lentes, tratando de restarle importancia.

— Tal vez debamos ir con la policía — comentó el Tercer Elegido, sin querer soltar aun el asunto, mientras se reprendía mentalmente por llegar tarde a la cita. Si hubiera llegado a la hora tal vez…

— Shinji, mírame — dijo Mari, tomando el rostro del chico con las manos y haciendo que la mirada directamente a los ojos — No es la primera vez que un idiota se me insinúa, y de seguro no será la última. Sé cómo lidiar con ellos. Créeme, estaré bien.

— ¿No es la primera vez? — preguntó Shinji, sorprendido y repentinamente molesto.

— Shinji, ya pasó. Era un completo idiota y lo mande a volar porque no me interesaba, porque te esperaba a ti — dijo Mari con una sonrisa gentil — Ahora estoy a tu cuidado — añadió.

Shinji no pudo evitar un sonrojo ante ese último comentario al saber que ella estaba ahí por él y nadie más, y al saber que esperaba que él cuidara de ella. Por su parte, Mari estaba internamente feliz por la preocupación de Shinji. Le gustaba eso; que él se preocupara de ella. No pudo evitar que una sonrisa apareciera en sus labios. Aun así, no quería detener su cita en esto, habían demasiadas cosas que quería hacer juntos. Con eso en mente, soltó el rostro de Shinji bajando las manos para acomodarle el cuello de la camisa y luego le ajustó un poco la chaqueta de cuero antes de asentir con la cabeza.

— La ropa te sienta bien. Te vez guapo — dijo, ampliando su sonrisa.

Shinji fue sacado de sus reflexiones por ese último comentario favorable hacia su persona. Nuevamente, no pudo evitar un sonrojo, mientras Mari lo miraba con algo de diversión.

— Ejem, bien; en NERV me felicitaron por la ropa. Todos dijeron que me queda bien. A Misato también le gustó — comentó Shinji un tanto apenado, soltando finalmente el tema del incidente.

— ¡Por supuesto que te queda bien! Te lo dije anoche después de ver las fotografías que me enviaste al móvil — dijo Mari afirmando con la cabeza — Esto lo decide. Desde este momento soy oficialmente tu asesora de moda — añadió.

— ¿Eh? — fue todo lo que pudo decir Shinji, mientras Mari daba una risita.

— En todo caso, aun no me dices cómo me veo yo. Me arreglé especialmente para la ocasión — dijo la chica de lentes, dando un paso atrás y girando en su lugar para que Shinji pudiera verla bien.

Shinji subió un tono más su sonrojo.

Mari vestía una polera color rosa que se ajustaba perfectamente a su cuerpo y abrazando sus perfectos senos. Hacia abajo usaba una minifalda color blanco que le llegaba a la mitad de los muslos, mientras que sus pies estaban enfundados en botines de color negro. El cuadro lo completaba una chaqueta de cuero negra corta, que le llegaba hasta la cintura. Se veía realmente hermosa. Tragó sonoramente.

La chica de lentes observó la reacción del joven Piloto EVA, el cual no podía quitarle los ojos de encima. Nuevamente no sintió deseo ni lujuria viendo de él, lo cual; en esta ocasión no le sentó demasiado bien. Dejando eso de lado, por la expresión de su rostro, era evidente que lo había impresionada. La sonrisa zorruna volvió a sus labios. Avanzó lentamente hasta él y puso un dedo en su pecho, mirándolo intensamente.

— ¿Te impresioné? —  pregunto divertida.

— De-deja de burlarte de mí — dijo Shinji desviando la cabeza a un lado.

— No me estoy burlado, es una pregunta sincera — dijo Mari haciendo un lindo puchero.

Shinji miró de soslayo a la chica sin girar el rostro, solo para verla haciendo un puchero mientras lo observaba con ojos interrogantes. Hizo una mueca ante la mirada de la chica, que estaba a un paso de transformarse en los míticos “ojo de cachorro apaleado”. No podía dejar que eso pasara o estaría perdido. Sabía que no podría soportar esos ojos. Tenía que responder. 

— Sí, tú… te ves… linda — dijo con algo de dificultad.

— Jujuju. Lo sabía. Te impresioné — dijo Mari con una risita.

El joven Piloto EVA se estremeció ante las palabras de la chica y su risita juguetona. Cerró los ojos resignado, esperando las típicas burlas hacia él o sus risas estridentes. Se sorprendió al no recibir nada de eso; por el contrario, sintió como le rodeaban un brazo. Miró con sorpresa a su lado solo para ver como la chica se apegaba a él, colgándose de su brazo derecho, mientras le devolvía una linda sonrisa y una mirada gentil.

— ¿Vamos? La tienda está en el tercer piso del Centro Comercial — dijo Mari, mirándolo con entusiasmo.

En verdad Shinii fue sacado de onda por este cambio en la actitud de parte de la chica de lentes, que por lo general es en este momento cuando ella se burla de él. No sabía a qué se debía esto. ¿Tal vez a que estaban en medio de un paseo peatonal repleto de gente? No lo sabía y no tenía ganas de hacer preguntas tampoco, simplemente lo tomaría como viniera.

— S-sí, vamos — dijo Shinji con algo de nerviosismo. Después de todo tenía a una hermosa chica colgada de su brazo; una chica con grandes pechos entre los que tuvo la fortuna de dormir.

“¡¡Saca la mente de la cuneta!!” se reprendió mentalmente, siendo consciente de que el rostro volvía arderle ante ese pensamiento pecaminoso sobre su mejor amiga; porque eso es lo que es ella, una amiga.

— ¿Pasa algo? Te ves tenso.

— Nada, nada… vamos — dijo Shinji, sacudiéndose ese pensamiento y comenzado a caminar, solo para llevarse una nueva sorpresa.

La pareja estaba rodeada de gente, en su mayoría jóvenes en grupos, solos o en parejas, que los miraban con curiosidad, entretenidos por su interacción o por la forma en que Mari había logrado momentos antes que un apuesto joven saliera huyendo mientras chillaba como un cerdo. Tampoco podía dejar pasar las miradas de envidia y odio que le daban los chicos, indudablemente por tener el privilegio de estar en compañía de una chica tan linda y disfrutar de sus atenciones; porque ella estaba siendo bastante cercana en sus interacciones. Sorprendentemente, también habían chicas que miraban con envidia a Mari… espera, ¿¿Qué??

— Háganse a un lado. Vamos, fuera del camino. Chu, chu — dijo Mari, haciendo un gesto con una mano para que la turba de mirones hiciera un espacio para dejarlos pasar.

La chica de lentes arrastró a Shinji entre la gente hacia las puertas del Centro Comercial, mientras este aun trataba de asimilar que algunas chicas parecían envidiosas de Mari. No tuvo más tiempo de seguir pensando en eso, cuando sintió como Mari; que estaba literalmente colgada de uno de sus brazos, se apegaba un poco más… ¡¡Clavándole las tetas!!

Shinji se estremeció al sentir esos dos montículos de carne presionándose contra su brazo derecho, preguntándose si ella era realmente consiente de eso, o por el contrario, lo hacía adrede. Al darle una mirada, ella estaba sonriendo alegremente y viéndose condenadamente linda. Demonios, más que linda, se veía hermosa y totalmente receptiva hacia él, casi como si fuera su novia… una novia que le estaba clavando las tetas.

Un nuevo estremecimiento atravesó a Shinji, ante ese pensamiento y al recordar todas sus interacciones con Mari desde que la conoció hace unos días. Ella siempre había actuado así con él, desde del primer momento en que se vieron. Siempre alegre, cordial, bromista, insinuante, pícara y descarada; tanto, que en algunas ocasiones simplemente no sabía si ella hablaba en serio o se estaba metiendo con él; aun así eso es parte de su encanto, lo que hacía ser quien es; Mari Makinami, la chica que había puesto su mundo de cabeza y cambiado su vida para mejor. Sonrió.

— ¿Qué es tan gracioso? — preguntó Mari, mirándolo con curiosidad.

— Nada, solo… recordé algo. Una tontería, nada importante. No te preocupes — dijo Shinji, restándole importancia.

— ¿Seguro? — preguntó Mari, separándose un poco de Shinji para poder mirarlo mejor.

— Seguro — se excusó Shinji, agradeciendo que su brazo derecho había dejado de ser estimulado.

Mari estrechó un poco más la mirada buscando algo. Luego de unos segundos, parece que encontró lo que buscaba, ya que esbozó una sonrisa, se soltó del brazo de Shinji y volvió a ajustarle el cuello de la camisa.

— En verdad tengo buen gusto para la moda. Te vez muy bien — dijo ella con aprobación.

Muy a su pesar, Shinji se volvió a sonrojar y Mari, ahora sí, comenzó a reír. En eso, el Tercer Elegido pareció recordar algo y miro a la chica con preocupación, logrando que esta deje de reír.

— ¿Qué? — preguntó ella.

— La boleta con el valor de esta ropa.

— Estaba dentro de la caja de esos botines — dijo Mari.

— Lo sé. No eso a lo que me refiero — exclamó Shinji.

— ¿Entonces? — preguntó la chica levantando una ceja.

— Quiero decir. ¿Está bien el valor? ¿No es demasiado barato? — preguntó con preocupación.

— Jujuju — rio Mari, mirando fijamente al joven Ikari.

Shinji se estremeció.

— Temari-Obasan te hizo un buen descuento a cambio de… — dijo la chica con voz traviesa.

— ¿A cambio de…? — preguntó Shinji, tragando sonoramente.

— A cambio de comprarle más ropa a fin mes.

— ¡¡Mari!! — exclamó Shinji.

— Oye, no te quejes. Fuera del uniforme escolar no tenías nada más que ponerte. Te estoy haciendo un favor. Además, a todos les gustó lo que escogí para ti, ¿verdad?

Shinji hizo una mueca. No podía negar esa afirmación.

— Bueno, vamos de una vez. Tenemos que pasar por una peluquería para arreglar tu cabello antes de ir a comprar la funda protectora para tu móvil — dijo la chica, tomando a Shinji de una mano y jalándolo dentro del Centro Comercial.

— Espera. ¿¿Qué?? ¿Qué pasa con mi cabello? Oye, responde. ¿Qué pasa con mi cabello? ¡¡MARI!!

Los reclamos de Tercer Elegido nunca fueron escuchados.

 

 

Continuará...


Notas del Autor: Continúan las desventuras de Shinji en compañía de la chica de lentes, ahora en una nueva cita en un Centro Comercial. Todo indica que será algo divertido y alocado para Shinji; pero creo que eso está bien.

Misato ya está metiendo la nariz en los asuntos de Shinji y ya tiene sobre vigilancia al Tercer Elegido y su linda amiga Mari, de la que ya conoce prácticamente toda su vida. ¿Hasta dónde llegará Misato con sus averiguaciones?

Por otro lado la pobre Mayumi sufrió un completo cambio de imagen gracias a su querida madre; aunque creo que el cambio fue para mejor. También comenzó su investigación sobre Rei. A ve a dónde nos lleva eso.

- Kissaten: Literalmente una "tienda de beber té". Es un salón de té de estilo japonés que también es una cafetería.

Eso es todo por hoy. Saludos y nos leemos.

Chapter 11: Sospechas (Parte 2)

Summary:

Un deprimido Shinji analiza su lamentable y dolorosa existencia. Siente que su vida no vale nada, que no hay razón para seguir adelante, pero en su momento más ocuro, algo ocurre que le hace ver que no todo es tan malo como cree, poniendo su vida de cabeza y cambiandola de formas que nunca imaginó.

Notes:

NOTA: Todos los derechos de la serie Neón Génesis Evangelion pertenecen a Gainax/Khara, o quienes les sucedan legalmente en el futuro. Esta historia fue escrita sin fines de lucro, solo como medio de esparcimiento. No me demanden.

Chapter Text

Shinji sostenía su teléfono móvil con sus brazos extendidos frente a él, mirando con una sonrisa de oreja a oreja la funda protectora impresa con el afiche de la película “Godzilla, King of the Monsters” de 1956. A su lado, Mari daba saltitos de alegría mientras chillaba de emoción.

— Es hermosa — dijo una prendida chica de lentes, mirando la funda protectora con los ojos transformados  en dos corazones.

Shinji bajó el móvil, aun con una sonrisa en los labios, sobre todo porque Mari sostenía una bolsa con dos fundas protectoras más para él; así podía ir intercambiándolas. También había dos más para Mari, ya que se entusiasmó y decidió comprar dos más para su propio móvil.

— Gracias — dijo Shinji, dedicándole una mirada a la chica, ya que ella se había ofrecido a pagar con su dinero la compra que realizaron.

— No te preocupes por eso. Después de todo, gastaste el dinero en la peluquería cambiando ese corte de cabello tan ñoño que tenías — dijo ella con diversión, pasándole una mano la cabeza, arreglándole un poco su nuevo peinado.

Shinji dio un respingo ante las acciones de la chica, que esbozaba ya su característica sonrisa zorruna mientras le arreglaba el cabello; porque sí, Mari le había arrastrado a una peluquería ubicada en el segundo piso del Centro Comercial para un cambio de estilo. Obviamente él no estaba para nada de acuerdo ya que pensaba que se veía bien, pero Mari le aseguró que se podía ver aún mejor. El que todas las peluqueras del salón al que fue arrastrado le dieran la razón a Mari y entre todas debatieran cual sería el mejor corte para él, solo terminó por ponerlo contra las cuerdas. Luego de eso y antes de que supiera lo que estaba pasando, lo sentaron en una butaca y comenzaron a trabajar con su cabello.

En este punto Shinji debió reconocer que Mari tenía razón. Cuando terminaron con él, lucía un corte más moderno y agresivo. Tenía el cabello corto a los lados y en la parte de atrás, mientras que arriba estaba un poco más largo y con ayuda de crema modeladora, teniendo un aire salvaje pero a la vez viéndose espectacularmente bien. Hasta él mismo podía reconocer eso. Sí, el nuevo corte de cabello le sentaba bien.

— Sí, bien… gracias por eso — dijo con Shinji con algo de pena.

— Jujuju. No hay de qué. Recuerda que soy tu “Asesora de Moda”. Solo hago mi trabajo — dijo Mari dejando de arreglarle el cabello, para adoptar una pose de orgullo.

— En verdad se ve bien — dijo la dependiente de la tienda levantándole un pulgar en aprobación, ya que la chica había estado todo el tiempo pendiente de sus curiosos y escandalosos clientes.

— ¿Lo ves? Tengo razón — dijo Mari, sintiéndose mucho más orgullosa al tener una nueva validación de su trabajo como Asesora de Moda.

Shinji se sonrojó ante esos favorables comentarios, para total diversión de la chica de lentes y la dependiente del local. Poco después, luego que Mari se despidiera cordialmente de la divertida chica que los atendió, sacó a Shinji de un brazo de la tienda para ir a otra tienda donde vendían figuras de colección y ver si podían encontrar algo de Godzilla. Tal vez una figura no demasiado cara o un diorama impresionante de Godzilla destruyendo Tokio con su “Aliento Atómico”.

— ¿Un diorama así no sería demasiado costoso? — preguntó Shinji, imaginando algo como eso y deseando tenerlo como parte de su naciente colección; si es que en verdad existiera esa figura.

— Traje la tarjeta de crédito de mi madre en caso de alguna emergencia. Y encontrar un diorama de Godzilla destruyendo Tokio califica como emergencia — dijo Mari con una sonrisa traviesa.

Shinji miró a la chica de lentes con los ojos como platos, apenas creyendo su loca forma de pensar. Estaba por replicar algo cuando Mari detuvo repentinamente su andar.

— ¿Qué pasa? — preguntó Shinji, mirando a la chica un tanto desconcertado. Por respuesta, ella simplemente señaló hacia adelante con un gesto de cabeza.

El Tercer Elegido miró hacia adelante y se encontró de frente con las últimas dos personas que hubiera esperado ver en ese momento.

— Touji, Kensuke — exclamó Shinji.

Efectivamente, ambos chicos estaban de pie en medio del corredor del Centro Comercial, mirando impactados a la pareja frente a ellos, pero sobre todo, mirando fijamente al chico de chaqueta de cuerpo blanca y corte de cabello algo más corto y salvaje. Tuvieron que mirar dos veces al chico para reconocerlo ya que se veía totalmente distinto, pero sin dudas se trataba de él.

— ¡¡SHINJI!! — exclamaron ambos señalándolo con un dedo.

Y estaba acompañado de…

— ¡¡Mari Makinami!! — dijeron ambos chicos, impactados al ver a la hermosa chica vistiendo algo que la hacía ver aún más linda de lo habitual — Shinji, tú… ¡¡TRAIDOR!!!

 


 

Mayumi llegó a su casa luego de un largo día de recopilación de información y vigilancia. Estaba bastante cansada con todo eso de vigilar a la chica peliazul. Nunca pensó que esto sería algo tan complicado y estresante.

Para empezar, la vivienda de Rei Ayanami dejaba bastante que desear. La verdad es que no dejó de sentir algo de lástima por ella, ya que vivía en un completo basurero. No solo el barrió donde estaba ubicado el edificio; el edificio mismo y el departamento de la chica eran un completo desastre. Pero tampoco podía obviar el hecho de que ella era la responsable del orden y la higiene de su pequeño departamento.

El lugar de la chica es bastante pequeño, por lo que mantenerlo limpio y ordenado no debería tomarle demasiado tiempo. Además, no hacía nada por hacerlo un lugar cómodo donde vivir. Tenía lo mínimo necesario y parecía no importarle su estilo de vida, como si le diera lo mismo vivir así. Eso era bastante extraño. Pero más extraños eran los sentidos de la chica.

Rei Ayanami podía sentirla. Eso era aterrador hasta cierto punto.

Mayumi había hecho un buen trabajo para seguir a la chica. Había usado sus ventajas, se coló a la escuela y la observó a la distancia, constatando que la chica era silente y apática. No hablaba con nadie ni se juntaba con nadie, casi como si fuera una autista, pero estaba segura de que no lo era porque esa chica no se comportaba como si estuviera abstraída de la realidad. Al contrario, era demasiado despierta y consiente de su entorno. No estaba inmersa en su propio mundo envuelta en su diferente forma de pensar; solo es… silenciosa y apática a su manera, pero muy consciente de lo que la rodea. Quizás, demasiado consciente.

Nuevamente, Rei Ayanami pudo sentirla. Pese a tomar precauciones, pese a seguirla a prudente distancia, pese a usar sus ventajas para seguirla desde lugares improbables, ella se detenía y volteaba en su dirección si se acercaba demasiado, como si supiera que ella estaba siguiéndola.

¿Cómo podía ella hacer eso? ¿Qué es esa chica? No lo sabía. No dejaba de ser preocupante; pero, tal como había dicho la zorra tonta de Mari, no desprendía malas intenciones ni agresión, solo curiosidad. Incluso pudo jurar que sintió algo de diversión viniendo de ella las últimas veces que volteó a mirar en su dirección. Eso la frustró un poco, pero a la vez le hizo despertar el interés.

Al menos hoy la chica fue directo de la escuela a NERV. Un par de hora después no daba señales de salir de esa madriguera subterránea, por lo que decidió volver a casa. Ya la seguiría mañana otra vez, por lo pronto solo quería ir a su cuarto, sacarse este maldito vestido, ponerse algo más cómodo y dibujar lo que quede de día mientas ve una película de “Ultraman”. Con eso en mente, la chica fue directo a su cuarto.

El cuarto de Mayumi era grande, mucho más grande que el cuarto de su madre y dedicado por completo a sus dos grandes amores: Ultraman y dibujar manga.

El cuarto estaba repleto de estantes con figuras, DVD y cuanto merchandising pudiera encontrar de “Ultraman”, junto con una gran televisión pantalla plana y un reproductor de DVD. También habían estanterías repletas de manga, un gran escritorio y cajoneras con todos sus implementos de dibujo, como cantidades obscenas de lápices de colores, una fortuna en rotuladores COPIC, plumas, tintas, toneladas de papel, un notebook y una Tablet Gráfica para dibujar en forma digital. También había una cama, una cómoda con ropa y un ropero empotrado en la pared; este era su “dormitorio” después de todo. Pero más importante que eso, este era su santuario, su espacio seguro del que no quería salir… y fue violado por su madre.

Mayumi gimió.

Sí, otro de los coletazos del regaño de su madre, es que se había metido a su cuarto, revolviendo y revisando sus cosas, su ropa y luego sus dibujos, descubriendo algo que había logrado mantener en secreto hasta ese momento.

No supo en qué momento ni por qué lo inició, solo sabía que había pasado de dibujar manga Shonen de acción con personajes similares a “Ultraman” a dibujar manga “Ecchi”. Sí, era un rotundo cambio en 180 grados, pero no podía negar que le entretenía ese género. Los mangas y doujinshis que había leído y coleccionaba eran muy entretenidos y de pronto se encontró dibujando “Ecchi” y, para su completa sorpresa, descubrió que era un género que se le daba bastante bien.

Resulta que parecía tener un talento oculto para escribir historias picantes y subidas de tono, junto con tener facilidad para dibujar chicas lindas mostrando el sujetador, los senos o las bragas en ángulos imposibles. El que en ocasiones tomara fotografías de sí misma para documentar posturas o ángulos detallados, o cómo se ven las bragas de cerca para dibujar todo correctamente, solo lo hacía más entretenido.  

Por eso la zorra de Mari dijo que tenía “Tejado de vidrio”. Sí, ella sabe esto, ya que no tiene a nadie más a quien mostrarle sus dibujos para pedir una opinión. Su madre había archivado esa frase y cuando vio sus dibujos, simplemente dijo: “Así que este es tu tejado de vidrio”

Mayumi volvió a gemir.

Sí, su madre había estado muy molesta con ella y le había dado una desagradable conferencia, desde la cual no solo se desprendió el quemar toda su ropa para ir de compras al día siguiente y luego pasar por la humillante experiencia de que le rasuraran la concha. También había expuesto sobre los perjuicios de su nula vida social, declarando que no quería que se trasformara en una inadaptada; o peor aún, una “Hikikomori”, al quedarse encerrada en su cuarto todo el día viendo “Ultraman” y dibujando manga. Y es aquí donde vino el desastre. Ingresó a su cuarto y descubrió que se dedica al manga “Ecchi”.

Siendo sinceras, y revisándolo en retrospectiva, esta parte de su suplicio resultó ser menos mala y mucho menos traumática que la rasurada de concha.

Luego de una larga y detallada explicación de por qué su hija dibuja manga “Ecchi” y de explicar que creó una página en internet donde vendía sus mangas donde, además, le iba relativamente bien, su madre le permitió seguir dibujando manga. Ciertamente se sorprendió por esta decisión, pero su madre había sido sorpresivamente comprensiva en este punto.

Luego de que su madre paseara la vista por su gran escritorio repletos de lápices, plumas, rotuladores COPIC, papeles, dibujos y un Tablet Gráfica, tuvo que reconocer que el dibujo es mucho más que un pasatiempo para ella; es el camino que quiere seguir, algo que disfruta y con lo que además ya se está ganando la vida. Ese fue el momento en que su madre se suavizó y le dio un abrazo. Le permitiría seguir ese camino, pero le pondría dos condiciones.

La primera condición es no sumergirse por entero en el dibujo. Le exigió salir más de casa, intentar tener vida social, hacer amigos y, si la suerte está de su lado, echarse un novio. Tal vez con el tiempo darle nietos. En serio, ¿cuál es la fijación en que esté con un hombre y tenga hijos? Pregunta para otro momento.

La segunda condición de su madre, es que fuera a vender sus mangas a una convención, que conociera personalmente a su comunidad de lectores, que conozca gente nueva, que interactúe con ellos y se divierta. Esta última condición la sorprendió y la vez la asustó.

Ella nunca había sido muy sociable, de hecho, disfrutaba quedarse en su cuarto y dibujar todo el día. Por eso estaba tan feliz al poder vender sus mangas en línea, así no tenía que ver a nadie en vivo y en directo. Pero esta condición… Mayumi apretó los labios. Esta última condición y la forma en que su madre lo dijo, le hizo sentir que se preocupa por ella, aunque la esté sacando de su zona de confort.

Mayumi bajó la cabeza pensando en eso, en que pese a todas las locuras de su madre y las humillaciones que la hace pasar, en verdad se preocupa por ella. Algo se remeció en corazón de la chica ante ese pensamiento, momento en que escuchó la puerta de entrada para luego escuchar la inconfundible voz de su madre.

— ¡Estoy en casa! Mayumi, llegué. ¿Estás ahí? Traje comida tailandesa para la cena.

La chica hizo una nueva mueca ante eso. Le encantaba la comida tailandesa. Con un suspiro de resignación decidió olvidar el cambiarse de ropa para ir a comer con su madre, informarle sobre el seguimiento a la chica Ayanami y, si su madre no comienza con sus idioteces de siempre, cenar como madre e hija normales, disfrutando de la compañía de la otra.

— ¡Estoy en mi cuarto! ¡Voy para allá!

Con esas palabras, Mayumi fue a cenar con su madre.

 


 

Sentados anta una mesa del patio de comidas del Centro Comercial, un incrédulo Shinji miraba con el rostro desencajado de espanto a una exaltada Mari, que estaba en proceso de contarles a sus amigos la historia de cómo ellos dos se habían conocido.

Por su parte, Touji y Kensuke miraban a Mari con los ojos como platos y la boca colgando hasta el suelo, totalmente impactados. No era para menos. La historia que Mari estaba relatando bien podía ser el argumento de la próxima película de “Indiana Jones”. Cuando la chica comenzó a presentarlo a él como la versión japonesa de “Jason Bourne”, sintió que venía siendo hora de ponerle fin a toda esa locura.

— Mari, detén eso por favor — dijo un apurado Shinji.

— Pero está en la mejor parte — se quejó Kensuke.

— ¡Y no es verdad! Conocí a Mari hace unos días en la estación de trenes cuando su maleta explotó y regó el contenido por el andén — explicó el Tercer Elegido.

— ¡Shinji! — se quejó Mari, dándole un golpe de puño en el brazo — Se lo estaban creyendo — añadió haciendo un puchero, luego se cruzó de brazos y giró la cabeza a un lado, estirando el labio inferior en un gesto de enojo como si fuera una niña pequeña.

Luego de sobarse el brazo; porque el golpe le dolió, Shinji procedió a explicar a grandes rasgos cómo había conocido a la chica de lentes y las interacciones que había tenido con ella luego de eso. Por supuesto, había obviado las partes más importante, como que tuvo que tomar un baño en casa de Mari, que durmió con la cara enterrada entre sus tetas, o que accidentalmente vio los tampones de su madre. Simplemente no podía contarles eso.

— ¿Entonces eres una fanática de Godzilla, Makinami-San? — preguntó un entusiasmado y sonriente Kensuke, luego de escuchar el relato de Shinji.

— Sí, desde que era niña. Y puedes llamarme Mari. Los amigos de Shinji son también mis amigos — dijo la chica de lentes, sorprendiendo a los chicos por la confianza que les estaba dando, pese a haberlos conocido recién.

— ¡¡Gracias Mari!! — exclamó un inmensamente feliz Kensuke — Yo, yo, yo… ta-también soy fanático de Godzilla — añadió, tartamudeando de la sola emoción, mirando a la chica con los ojos convertidos en dos corazones.

— ¡Oh! ¿Es así? — preguntó Mari, un tanto divertida por la reacción del chico de lentes.

Por los siguientes minutos vino un formidable intento por parte de Kensuke, de ganar la atención de la chica de lentes valiéndose de su fanatismo por Godzilla. El objetivo del chico fue claro y muy poco disimulado; Kensuke quería obtener el mismo nivel de atención y cercanía que Mari tiene con Shinji, sin dudas imaginando que todo eso se debía a que la chica declaró ser una friki total de Godzilla, y se acercó a Shinji solo porque este tuvo la suerte de estar en el lugar y el momento adecuado, junto con compartir la misma afición.

Mari contempló fijamente al chico. Se notaba a leguas que quería están en el lugar de Shinji. En un inicio fue bastante divertido para ella ver los avances del chico; incluso se rió de algunos de sus esfuerzos, pero luego de un rato las cosas se fueron tornando algo incómodas, por lo que Shinji y Touji decidieron que era el momento adecuado para ir por algo de comer, arrastrando a Kensuke con ellos. Atrás, Mari dio un suspiro alivio al sacarse de encima al chico de lentes. También vio con buenos ojos a Touji, que le dio un coscorrón en la cabeza a Kensuke por pasarse de entusiasta.

Minutos después los chicos regresaron con bandejas con órdenes de gaseosas, patatas fritas y hamburguesas. Shinji traída dos órdenes en su bandeja y la colocó frente a una sonriente Mari.

Por los siguientes minutos Touji y Kensuke observaron cómo Mari se entretenía dándole de comer de sus patatas fritas a Shinji. Le dio a probar de su gaseosa y quiso que ambos probaran la hamburguesa del otro. El Tercer Elegido logró esquivar la mayoría de los intentos, avergonzado al infinito y sonrojado hasta las orejas. Los dos amigos de Shinji se sintieron envidiosos en un inicio, pero luego comenzaron a compadecerse de Shinji, ya que era evidente que la chica lo hacía solo para divertirse y reírse de él.

Con el tiempo las cosas comenzaron a distenderse nuevamente y ya finalizada la comida, una frustrada Mari no tuvo más munición para meterse con Shinji, por lo que volvieron a centrarse en la conversación, destacando el nuevo corte de cabello y la ropa de Tercer Elegido. Una vez más los amigos de Shinji fueron sorprendidos al saber que todo eso era cosa de Mari, autodenominada “Asesora de Moda de Shinji”. La envidia fue patente en Kensuke, que inició un nuevo intento por llamar la atención de la chica, solicitándole que lo ayudara a él también como su asesora de moda, pero no llegó demasiado lejos gracias a una oportuna patada en las canillas por parte de Touji. Luego de eso la conversación fue girando hacia la ausencia de Shinji de la escuela y lo que lo mantenía tan ocupado estos días.

— ¿¿ESTÁS APRENDIENDO KRAV MAGA?? — gritó un impactado Kensuke, poniéndose de pie de un salto, lanzando lejos la silla donde estaba sentado y, de paso, llamando la atención de todos en el patio de comida del Centro Comercial.

— Dejar de gritar y siéntate o nos van a correr de aquí por tu culpa — reclamó Touji, mirando de forma reprobatoria a su amigo.

— Pero, pero… es “KRAV MAGA” — dijo Kensuke, como si fuera la cosa más importante del mundo.

— No es para tanto. Solo me están enseñando a defenderme — dijo Shinji restándole importancia, sin entender el entusiasmo desbordante de su amigo.

— ¡Es mucho más que eso! — exclamó Kensuke, casi ofendido por el comentario de Shinji.

— ¿De verdad? — preguntó el Tercer Elegido, sorprendido.

 — ¡¡Shinji!! — exclamó un ofendido Kensuke — El “Krav Maga” es el sistema oficial de lucha y defensa personal de las Fuerzas de Defensa y Seguridad de Israel. Significa literalmente “Combate de Contacto”. Es un estilo de combate cuerpo a cuerpo, fuerte, rápido y directo. Se creó para luchar contra uno o varios oponentes al mismo tiempo, que lleven distintos tipos de armas o estén con las manos vacías. Tiene técnicas de bloqueo y desarme, buscando neutralizar al agresor lo más rápido posible usando cualquier medio disponible. Golpes, patadas, mordiscos, armas, llaves, el entorno o lo que sea. Lo importante es ser rápido y brutal a la hora de responder.

Mari, Touji y Shinji miraba con ojos como platos a Kensuke, que respiraba pesadamente luego de decir tantas palabras juntas de corrido.

— ¿Y tú estás aprendiendo eso? — preguntó Mari, mirando a Shinji con incredulidad.

— Supongo — respondió un sorprendido Tercer Elegido, considerando las palabras de Kensuke, y cayendo en cuenta de que en verdad el estilo de pelea que su instructor le estaba mostrando era fuerte y, efectivamente, algo brutal.

— No puedo creer que estés aprendiendo “Krav Maga”. Qué envidia me das — comentó Kensuke sentado nuevamente ante la mesa — ¿Por qué te enseñan ese estilo en particular? — preguntó haciendo un puchero.

— Bueno, mi instructor es israelí, así que debe ser por eso. Es un tipo bastante rudo, por cierto. Estuvo en un equipo de fuerzas especiales. “Sayeret Matkal” creo que se llamaba — comentó Shinji.

— ¿¿TE ESTÁ ENTRENANDO UN “SAYERET MATKAL”?? — gritó Kensuke una vez más, volviendo a llamar la atención de todos en el patio de comida del Centro Comercial — ¡¡Shinji!! Esos tipos son las tropas de Élite de las Fuerzas de Defensa de Israel.

Touji dio un gemido, Shinji rodó los ojos y Mari miró con incredulidad a un prendido Kensuke, que comenzó a explayarse largo y tendido sobre la vida y obra de los “Sayeret Matkal”.

Un par de minutos después, Mari se desconectó de la disertación de Kensuke cuando comenzó a detallar algunas de las operaciones donde estuvieron involucrados ese grupo de soldados de Élite. Debía reconocer que el chico era entretenido hasta cierto punto, pero era un Nerd militar demasiado entusiasta para su gusto. Eso le hizo recordar algo que ahora llamaba su atención.

— Por cierto Shinji. ¿Cómo es que sabes sobre la guerra del Yom Kipur y no tienes idea sobre eso del “Krav Maga” y los “Saiyajin”? — preguntó Mari, mirando con curiosidad al Tercer Elegido.

— “Sayeret Matkal” — apunto Kensuke.

— Lo que sea — dijo la chica rodando los ojos.

— Bueno, cuando supe que mi instructor viene de Israel, hice una búsqueda rápida por internet por curiosidad. Por eso sabía sobre esa guerra — se explicó Shinji encogiéndose de hombros.

— En todo caso, ¿cómo es el entrenamiento? — preguntó un interesado Kensuke.

Shinji hizo una mueca ante la pregunta de su amigo. No le resultaba agradable recordar la tortura por la que estaba pasando día a día, aunque era imposible dejar de reconocer que ese duro entrenamiento lo estaba preparando para realizar su nueva resolución, para poder defender aquello que es importante para él. Esbozó una pequeña sonrisa.

— Es intenso y muy agotador — reconoció finalmente el Tercer Elegido.

— Considerando lo completamente destruido que estabas ayer, yo diría que la palabra “intenso”, se queda corta para definir ese entrenamiento — comentó una divertida Mari.

— Pues yo lo veo bastante bien, así que ese entrenamiento no debe ser tan intenso — comentó Touji, dándole una mirada apreciativa a su amigo, considerado que se veía demasiado fresco para estar pasando por un entrenamiento supuestamente tan pesado. 

Shinji estaba por responder a eso, pero se dio cuenta de que Touji tenía razón. Se sentía demasiado bien considerando el infierno que pasó este día. Debería estar tan destruido como él día anterior, pero si bien estaba algo cansado y adolorido, no era ni remotamente parecido a como se sentía ayer; al menos hasta que Mari le dio ese relajante masaje. Estrechó un poco los ojos ante ese recuerdo.

— La verdad es que estoy cansado y adolorido, pero no tanto como se podría esperar, considerando como me patea el culo mi instructor — comentó el Tercer Elegido, mirando con curiosidad la chica de lentes, que le devolvía una mirada traviesa — Eso es por ti, ¿verdad? — le preguntó, la compresión apareciendo en su rostro.

Touji y Kensuke miraron a la pareja frente a ellos sin comprender de qué iba todo ese intercambio. Por su parte, Mari esbozó su característica sonrisa zorruna.

— Jujuju. Hasta que te diste cuenta — dijo la chica de lentes con una risita.

— Entonces fuiste tú —dijo Shinji mirando impactado a la chica sentada junto a él.

— ¿De qué estás hablando? — preguntó un curioso Touji.

— De que ayer Shinji estaba totalmente destruido por causa del entrenamiento de ese “Saiyajin” — dijo Mari poniéndose de pie.

— “Sayeret Matkal” — apunto Kensuke.

— Hasta que llegué yo en ayuda de Shinji — dijo Mari, simplemente pasando por alto las palabras de Kensuke, colocándose de pie tras un ahora nervioso Shinji, mientras le ponía las manos en los hombros — Le quité todo el cansancio y dolor del cuerpo con uno de mis masajes especiales — añadió con voz insinuante.

— ¿Un… masaje… especial? — preguntaron apenas, unos impactados y sonrojados Touji y Kensuke.

— Sí, un masaje especial — confirmó la chica con voz ahora abiertamente sensual.

Los ojos de Touji y Kensuke casi salen de sus órbitas al ver como Mari daba suaves apretones en los hombros de un sonrojado Shinji, hasta que se agachó lentamente acercando su rostro al de un cada vez más nervios Shinji, dejando su boca junto a oreja.

Shinji podía sentir la suave respiración de Mari en su oreja, y como una de las coletas de la chica caía hacia delante de tal forma, que mechones de su cabello se colaban por el cuello de su camisa haciéndole cosquillas. Ella estaba tan cerca, que hasta podía oler el dulce aroma de su perfume y de su shampoo con extracto de flores. Shinji contuvo la respiración, sonrojado hasta las orejas. Frente a él, Touji y Kensuke estaban al borde de la eyaculación. Mari acercó un poco más su boca hasta casi rosar la oreja de Shinji y habló.

— ¿Te gustaría otro de mis masajes, Shinji? — dijo ella, rozándole la oreja con los labios.

— ¡¡MARI!! — exclamó Shinji al borde de un colapso.

Segundos después de ese grito, Mari estalló en una sonora carcajada, doblándose de la risa mientras se rodeaba la panza con los brazos, al punto que no pudo sostenerse de pie y se dejó caer en su silla, presa de un ataque de risa, golpeando la mesa con una mano, para expresar su diversión.

— ¿Quieres dejar de meterte conmigo? — regañó un molesto Shinji.

— Nunca. Es demasiado divertido — dijo Mari entre risas.

Touji y Kensuke miraban todo el intercambio con los ojos como platos. Shinji estaba visiblemente molesto con los brazos cruzados sobre el pecho y mirando hacia un lado, mientras Mari seguía presa de un ataque de risa.

— ¿Sabes? En este punto no sé si sentir envidia o lástima de Shinji — comentó Touji a Kensuke, quien no podía escucharle por estar demasiado atontado, con los ojos girando en espiral y humo saliéndole de la cabeza.

 


 

Mari regresaba hacia el lugar donde dejó a los chicos, luego de ir a hacer una escala técnica al baño. A la distancia podía verlos en una intensa conversación, que más parecía un interrogatorio. No tenía demasiadas dudas sobre la naturaleza de esa “conversación”. Estaba segura que todo eso se trataba sobre ella. Bien, podía en entender la curiosidad de Touji y Kensuke. ¿Quién no la tendría?

La chica de lentes detuvo su andar y contempló al trio a la distancia, momento en que Shinji negaba fervientemente con las manos alguna declaración de un exaltado Kensuke. Segundos después, Touji se levantó de un salto y rodeó la mesa ante la que estaban sentados para atrapar a Shinji en una llave bajo el brazo, mientras le exigía algo, al tiempo que Kensuke se ponía de pie también, exigiendo una respuesta. Nuevamente, no había que ser muy inteligente para saber qué es lo que esos dos querían saber.

Pese a todo ese alboroto y a estar siendo sujetado en una llave por el cuello mientras pugnaba por liberarse, Mari pudo ver que Shinji estaba lejos de sentirse molesto; de hecho, parecía que se estaba divirtiendo con todo eso.

La chica de lentes esbozó una sonrisa ante las payasadas de los amigos de Shinji. La verdad es que esto no era lo que tenía en mente para su cita, pero ver a Shinji divirtiéndose con sus amigos era algo que en verdad le calentaba el corazón. Verlo comportase como un adolescente normal, totalmente alejado de ese Shinji triste, deprimido y depresivo, era algo impagable para ella.    

La sonrisa de Mari aumentó un poco al ver como Shinji logró zafarse del agarre Touji, invirtiendo la llave en la que estuvo atrapado. Levantó una ceja ante eso. El movimiento de Shinji había sido demasiado técnico. ¿Era eso fruto del entrenamiento del instructor “Saiyajin”? Para llevar solo un par de días en eso, ciertamente podía ver los progresos. Como fuere, el caso es que el chico de ropa deportiva es quien estaba ahora atrapado en una llave; momento en que Kensuke decidió lanzarse sobre los dos, aumentando el alboroto que estaban creando.

Lo cierto es que en este punto, esos tres estaban dando todo un espectáculo y los comensales del Patio de Comidas del Centro Comercial volteaban para ver las payasadas de esos tres. A ver todo eso, Mari no pudo más que concordar con el apodo dado por Hikari Horaki a ese trio de idiotas, un apodo que les venía como anillo al dedo: “Los Tres Chiflados”

— Hola preciosa, ¿estás sola? — preguntó una voz seductora.

Mari se crispó ante una voz que escuchó demasiada cerca de ella para su gusto. Giró levemente la cabeza a un lado solo para encontrarse con un joven bastante apuesto y muy bien vestido, invadiendo descaradamente su espacio personal mientras le regalaba una radiante sonrisa.

Cualquier otra chica se hubiera sentido emocionada y más que contenta de tener la atención de un joven tan apuesto como el que estaba de pie junto a ella, pero el sensible olfato de Mari no podía ser engañado. Arrugó la nariz ante lo que estaba oliendo; feromonas cargadas de crudo deseo sexual.

— ¿Quieres que vayamos a otro lugar para conocernos mejor? — preguntó el joven, aumentando la sonrisa, mientras levantaba una mano para tocar el hombro de Mari.

La chica de lentes estrechó los ojos y estaba por emitir un gruñido de disgusto, cuando la mano del joven fue sujetada fuertemente por la muñeca, impidiendo tocar el hombro de Mari.

— ¿Hay algún problema, Mari? — preguntó Shinji con una voz profundamente seria.

Mari fue realmente sorprendida por el tono de voz del Tercer Elegido y por la seria y dura mirada que le estaba dando al apuesto joven junto a ella. Esta es una faceta que nunca había esperado ver en el hasta hace unos días atrás, amargado y depresivo Shinji Ikari. Pero aquí estaba ahora, sujetando con fuerza la muñeca del joven, impidiendo que la tocara.

Los ojos de Mari se fijaron en el rostro serio de Shinji, y en esos ojos llenos de determinación y deseos de proteger. Una cálida sensación se disparó en el corazón de la chica de lentes, algo que le dijo que no estaba equivocada en su decisión. Antes de darse cuenta, su cuerpo se había movido hasta posicionarse detrás de Shinji, apegándose a su espalda y cubriéndose con su cuerpo, sintiendo su calidez, sintiéndose segura y protegida. Le gustó sentir eso.

Por su parte, el joven galán se soltó del agarre de Shinji de un fuerte tirón y le dio una sucia mirada. Este le estaba devolviendo una mirada bastante dura, que la verdad no lo intimidó en lo más mínimo, pero el ver a la linda chica de lentes ahora cubriéndose tras la espalda del chico de chaqueta de cuero blanca y asomándose tímidamente por sobre su hombro, fue algo que lo descolocó. El que un chico en ropa deportiva con las manos apuñadas en alto y listo para saltar a pelear y otro chico de lentes, también listo a comprometerse en una pelea, guardaran la espalda del chico de chaqueta de cuero blanca, lo hizo dar un paso atrás.

El joven de pronto sintió las acusadoras miradas de todos en el Patio de Comidas. El que una linda chica estuviera escondiéndose de él, tras la espalda de un chico y otros dos más estuvieran ahí para apoyarlo de ser necesario, lo estaba haciendo quedar bastante mal aquí; de hecho, lo hacía parecer un acosador, por lo que decidió cortar sus pérdidas y salir lo mejor parado posible.

— ¡Hey! Tranquilo. No sabía que estaba acompañada. Ya me voy — dijo el joven levantando las manos en son de paz, antes de dar media vuelta emprender la retirada.

Cuando el joven hubo desaparecido de la vista, Shinji finalmente pudo relajar su postura, recién siendo realmente consiente de lo que había hecho y de que estaba bastante molesto por ver como es sujeto se acercó a Mari. Ese pensamiento lo hizo recordar lo realmente importante aquí, dándose la vuelta para mirar con preocupación a la chica de lentes.

— ¿Estás bien? ¿Te hizo algo? — preguntó el Tercer Elegido. Por respuesta Mari puso sus manos en el torso de Shinji y apegó su frente en el centro de su pecho por algunos segundos.

— Gracias — respondió finalmente Mari, levantando la cabeza y esbozando una linda sonrisa.

Shinji fue sorprendido por la emocional actitud de la chica. No estaba haciendo bromas o declaraciones grandilocuentes de que él era su héroe, o caballero de brillante armadura, simplemente estaba ahí, apoyando aun las manos en su torso mientas le regalaba una linda sonrisa, al menos hasta que los comensales del Patio de Comidas comenzaron a aplaudir y felicitar a Shinji por defender a su novia de un supuesto acosador.

Mari sonrió ante todos los aplausos, mientras Shinji se sonrojaba hasta las orejas por toda la atención que estaba recibiendo, al punto que ni siquiera fue capaz de negar la afirmación de que la chica de lentes fuera su novia. Solo un balbuceo ininteligible dejó su boca, para total diversión de Mari. Un poco más atrás, Touji y Kensuke miraban todo eso apenas creyendo todas las cosas que estaban pasando en torno a su otrora apocado e introvertido amigo.

 


 

El grupo de cuatro había llegado finalmente a la estación de trenes luego de dejar el Centro Comercial. Las cosas se habían distendido después del incidente, pero Mari se había negado a soltar a Shinji, estando en todo momento colgada de su brazo.

La chica volvió dentro de poco a su actitud extrovertida y divertida, metiéndose nuevamente con Shinji cada vez que podía, tratando de ponerlo incómodo y arrancarle un sonrojo, entre comentarios sobre un diorama de Godzilla que nunca fueron a ver si existía, junto con preguntarse si sería económicamente viable mandar a hacerlo de forma personalizada. Kensuke señaló tener un conocido que hace figuras en resina y se ofreció a preguntar si podía confeccionar la figura y cuánto costaría. Una feliz Mari dio un chillido de contenta mientras daba saltitos de emoción.

Luego de dar algunos detalles a Kensuke sobre el tamaño y lo que quería en el diorama de Godzilla, llegó el momento de despedir a la chica de lentes. Touji y Kensuke dijeron adiós a la extrovertida Mari y luego el chico de ropa deportiva arrastró a Kensuke con él para darle algo de intimidad a la pareja.

Mari sonrió ante el gesto de Touji y le dio un asentimiento de cabeza por la deferencia, tomando nota mental de que el chico de ropa deportiva no era el troglodita que todos pensaban que era; de hecho, resultó ser bastante perceptivo. Eso no quita el hecho de que tratándose de sí mismo, era un completo idiota.

Ella llevaba solo unos pocos días asistiendo a la escuela y sin que nadie se lo dijera, se había percatado que detrás de todas esas llamadas de atención y regaños de Hikari hacia Touji por su supuesto mal comportamiento, se escondía una chica enamorada. Sí, Hikari Horaki está perdidamente enamorada de Touji Suzuhara. Es algo tan evidente que todos en la escuela lo saben, excepto por el mismo Touji. Lo más doloroso de todo, es que el muy idiota también parece estar enamorado de la chica de pecas, pero no hace nada al respecto; tal vez por inmadurez, vergüenza o simplemente porque es completo imbécil. Tal vez debería hablar con Shinji para ayudar a esos dos a dejar de perder el tiempo y encontrarse de una vez.

— ¿Segura no quieres que te acompañe a tu casa? — preguntó Shinji, mirando a la chica con algo de preocupación.

Mari fue sacada de sus reflexiones por la pregunta del Piloto EVA y pudo ver genuina preocupación en sus ojos. Le hizo feliz el saber eso. Algo se removió en su corazón un vez más y sintió ganas de… pero no. No era el momento. Puso una mano en el torso de Shinji y sonrió.

— Estaré bien. Puedo cuidarme sola. Pero si llego a necesitar ayuda, ahora sé que puedo contar contigo —  respondió Mari con una sonrisa.

— Oye, no lo tomes a broma. Antes de entrar al Centro Comercial un tipo ya estaba molestándote, ¿recuerdas? — dijo Shinji, dándole una seria mirada a Mari.

La chica de lentes amplió su sonrisa. Se sentía bien saber que se preocuparan de ella.

— Descuida, estaré bien. El que me preocupa eres tú. ¿Cómo vas del cuerpo? ¿Muy adolorido? ¿Necesitas otro masaje para aliviar tus músculos? — preguntó ella interesada.

— Lo estoy llevando bien, aunque hoy me resentí un poco — respondió Shinji un tanto avergonzado.

— Bien, mañana nos juntaremos en la tarde y te daré otro masaje — afirmó Mari levantando ambas manos mientras movía los dedos.

— No podrá ser. Mi instructor decidió que desde mañana me quedaré en NERV hasta el domingo. Según él, me ve muy motivado, así que intensificará el entrenamiento — comentó Shinji con una mueca. Es cierto que esto le estaba ayudando para cumplir su nueva resolución, pero no dejaba de sentir que en verdad lo estaban torturando.

— ¿Hasta el domingo? ¿Y no podrás salir de NERV? — preguntó Mari, sorprendida.

— Así es. No puedo escapar de eso — explicó Shinji.

Por respuesta, Mari le dio una mirada de cachorro apaleado mientras estiraba el labio inferior como si fuera una niña pequeña. Shinji se tensó, sintió el ataque mortal de la chica, pero no podía transar aquí.

— Está en mi contrato de trabajo. ¿Recuerdas? — le preguntó a la chica.

— ¿Y no puedo ir a verte a NERV? — preguntó ella de vuelta.

Shinji se sorprendió por la petición de Mari. ¿Tanto quería ella estar con él y darle un masaje? No dejaba de sentirse bien por eso, le encantaba pasar tiempo con Mari, aunque ella estuviera constantemente metiéndose con él. Miró a la chica y sintió algo martillando dentro de él, pero lo hizo a un lado por ahora. Mari es su amiga, su primera y mejor amiga. Esbozó una sonrisa.

— NERV es una instalación militar, no puedes ingresar sin una autorización especial que no se la dan a cualquiera — dijo el Tercer Elegido, logrando que Mari estirara un poco más hacia afuera su labio inferior — Pero tal vez podamos vernos un rato el domingo en la tarde.

— Es una promesa — dijo Mari, cambiando su rostro a uno más alegra con una radiante sonrisa en los labios — Te mandaré mensajes por el móvil. No me dejes en visto y contesta o me enojaré contigo —  añadió.

— Como estaré entrenando no creo poder responder durante el día, pero lo haré en la noche antes de ir a dormir — respondió Shinji, dándole una pequeña sonrisa de vuelta.

Con sus asuntos arreglados, Mari finalmente se despidió de Shinji y se adentró en la estación para no perder el tren que la llevaría cerca de su casa. Luego de ver como la chica se perdía entre la gente Shinji se dio la vuelta y se acercó a sus amigos, que estaban esperando a algunos metros de distancia.

— ¿Qué puedo decir? Eres un hombre afortunado — comentó Touji.

— Me das tanta envidia. Ya quisiera yo que ella fuera tan cercana conmigo — se quejó Kensuke, lo que causó que Shinji estrechara la mirada y observara fijamente al chico de lentes.

— Agradecería que dejaras de hacerle insinuaciones, Kensuke. Mari puede ser extrovertida y divertida, pero no le gusta que se le insinúen de esa forma. La hace sentirse incómoda — dijo Shinji mirando fijamente a su amigo.

Kensuke estaba por replicar algo, pero Touji le puso una mano en el hombro, lo que cortó cualquiera sea la respuesta que iba a dar el chico de lentes. Simplemente apretó los labios y miró hacia abajo, derrotado. Por su parte el chico de ropa deportiva miró a su amigo y sonrió.

— Has cambiado Shinji. No eres ni la sombra de lo que era hasta hace unos días atrás — comentó Touji.

Shinji miró a su amigo por unos segundos y no pudo más que concordar con sus palabras. Hace solo unos días atrás estaba sumido en un pozo de depresión y desesperanza suicida, pero ahora aquí estaba, con deseos de vivir, de experimentar cosas nuevas, de tener su propia colección de Godzilla, de proteger aquello que era importante para él.

Bajó la vista hasta una de sus manos que sostenía una bolsa con las fundas protectoras de repuesto para su teléfono Movil, impresas con carteles de viejas películas de Godzilla, luego levantó su otro mano y la miró mientras abría y cerraba el puño; la mano con la que detuvo al tipo que intentó propasarse con Mari. ¿Qué había sido todo eso? ¿De dónde sacó las pelotas para hacer algo semejante? Hace uno días atrás ni en sueños hubiera hecho algo semejante. Por el contrario, estaría llorando en una esquina, encogido sobre sí mismo. En cambio ahora estaba dispuesto a pelear por proteger a Mari, y eso que recién había aprendido a lanzar un puñetazo medianamente decente. Bien, esa era una de sus razones para quedarse en Tokio-3 y pelear.

Los pensamientos del Tercer Elegido fueron llevados a esa extrovertida chica de lentes, que había irrumpido en su vida con tanta fuerza, que la había puesto de cabeza desde mismo momento en que la conoció. No pudo dejar de pensar en todas las cosas que habían vivido juntos; su paseo por el “Shotengai”, la gente que conocieron, lo bien que lo pasó, el descubrir que habían tantas cosas ahí afuera por conocer y experimentar que él desconocía, todo porque estaba más preocupado en tener lástima por sí mismo. Eso lo llevó nuevamente a esa extraña visión que tuvo en ese pequeño templo, una Mari con grandes y peludas orejas de zorro, junto a tres felpudas colas balanceándose en su espalda. ¿Qué había sido eso?

Shinji se quedó atrapado en esa extraña pero hermosa visión de la chica de lentes, pero se obligó a dejarlo de lado por ahora. Levantó la cabeza y miró a sus dos amigos que lo miraban con curiosidad, esperando pacientemente su respuesta.

— Han pasado tantas cosas y en tan poco tiempo. Hasta yo me desconozco. Hace poco era un completo desastre, pero ahora me siento tan distinto. Es como si ese alfeñique llorón y depresivo que fui, hubiera quedado atrás hace mucho tiempo, pero solo han sido unos días — explicó Shinji, apenas creyendo sus propias palabras.

— Ciertamente has cambiado. No solo cambiaste tu forma de vestir, también te vez con ganas de vivir. Esta Mari Makinami en verdad te cambió para mejor — dijo Touji con una sonrisa cómplice.

— ¿Qué? ¡No! Ella es solo una amiga — dijo Shinji con un sonrojo en las mejillas.

— Sí, claro. Vamos con eso por ahora — dijo un sonriente Touji, acercándose a Shinji para pasarle un brazo por los hombros en un típico gesto de camaradería masculina — Solo no la dejes escapar — añadió.

Shinji no supo qué responder a eso, mientras Touji pasaba su otro brazo por los hombros de Kensuke y arrastraba a sus dos amigos lejos de la estación de trenes.

 

 

Continuará...


 

Notas del Autor: Y así termina una nueva cita entre Shinji y Mari, que resultó en un inesperado corte de cabello para el primero.

Ciertamente las cosas no resultaron totalmente como Mari había esperado, pero las cosas no fueron tan mal del todo. De hecho, Shinji está demostrando haber ganado mucha más confianza en sí mismo, lo que lo lleva a comportarse un tanto distinto al Shinji al que estamos acostumbrados, pero creo que es un cambio para mejor.

Saludos y nos leemos.

Chapter 12: Preocupaciones

Summary:

Un deprimido Shinji analiza su lamentable y dolorosa existencia. Siente que su vida no vale nada, que no hay razón para seguir adelante, pero en su momento más ocuro, algo ocurre que le hace ver que no todo es tan malo como cree, poniendo su vida de cabeza y cambiandola de formas que nunca imaginó.

Notes:

NOTA: Todos los derechos de la serie Neón Génesis Evangelion pertenecen a Gainax/Khara, o quienes les sucedan legalmente en el futuro. Esta historia fue escrita sin fines de lucro, solo como medio de esparcimiento. No me demanden.

Chapter Text

— Estoy en casa — dijo Mari, dando el tradicional saludo al ingresar.

La chica se quitó sus botas de caña baja y las dejó en el Getabako (1). Tras ello caminó hasta el salón de la casa, encontrándose a su madre bebiendo una copa de vino mientras veía una película. La mujer tomó el control remoto y puso pausa en la televisión para luego mirar a su hija.

— Bienvenida. Llegas tarde. Dejé algo de cena en la nevera si deseas servirte — saludó la mujer.

— Gracias, pero ya comí en el Centro Comercial. No tengo hambre — respondió la chica, sentándote en el sillón junto a su madre.

— Estás bien arreglada — comentó Katsumi, mirando apreciativamente a su hija.

— Quería verme linda — respondió Mari, encogiéndose de hombros — ¿Qué estás viendo?

— Una vieja película de Tom Hanks, “Apolo 13”. Está basada en un hecho real — respondió Katsumi

mirando fijamente a su hija y estrechó los ojos.

— ¿Qué? — preguntó Mari, algo intimidada por la mirada de su madre.

Por respuesta la mujer acercó su rostro a su hija y la olisqueó, antes de enderezarse y darle una mirada aún más estrecha.

— Hueles a hombre — declaró Katsumi con seriedad.

— No empieces con eso otra vez. Ya no es divertido — dijo Mari con algo de fastidio, se puso de pie y se encaminó a la cocina americana.

Katsumi estiró el labio inferior como si fuera una niña pequeña a la que le hubieran negado un caramelo. Consideró que tal vez ya se le había pasado la mano con la broma del nieto y puede que sea el momento de buscar otra cosa para meterse con la tonta de su hija. Suspiró, se puso de pie y siguió a su retoño a la cocina americana.

— Entonces estabas con Shinji. Reconozco su aroma de la vez pasada — comentó Katsumi llegando hasta donde estaba su hija.

— Sí, estaba con él. Paseamos un rato por el Centro Comercial, compramos algunas cosas, comimos algo; lo normal — explicó Mari, abriendo la puerta de la nevera, tomando una botella de jugo y llenando un vaso para beberlo.

— Como estás bañada en su aroma, creí que estaban haciendo algo más que pasear — comentó Kasumi haciendo una mueca, mientras se masajeaba un hombro con una mano.

El ojo derecho de Mari hizo un tic ante la insinuación de su madre, pero no dejaba de tener algo de sentido. Había estado tan apegada a Shinji esa tarde que en verdad estaba impregnada en su olor. No es como si eso le desagradara. Bebió el jugo y dejó el vaso sobre la barra de la cocina americana. Le dio una mirada a su madre y esbozó una sonrisa divertida.

— Veo que esas dos enormes bolas de carne que cuelgan frente a ti, te están dando problemas de hombros otra vez, jujuju — dijo Mari con una risita — Podría darte uno de mis masajes curativos a cambio de; digamos… ¡¡Un diorama de Godzilla destruyendo Tokio!!

Katsumi estrechó la mirada ante la burla de su hija. Por mucho le enorgullecieran sus pechos, no podía negar que le causaban ciertos problemas de espalda y hombros por el peso. Recordó como esto era una excusa para pedirle masajes a su difunto esposo; masajes que siempre llevaban a cosas mucho más interesantes y placenteras. Un dejo de tristeza atravesó a la mujer por un momento, hasta se le ocurrió algo para devolver el golpe a su hija.

Mari dio un respingo al ver la mirada depredadora que apareció en los ojos de su madre. Esta esbozó una sonrisa mientras tomaba sus grandes senos entre las manos y los apretó en forma insinuante.

— Apuesto a que a Shinji le encantaría poner sus manos en este par de bolas de carne, masajearlas y enterrar su rostro entre ellas, ya que tú no tienes mucho para ofrecer — dijo Katsumi, mirando los pechos de su hija con una sonrisa de suficiencia.

Mari acunó sus senos con las manos mirando con horror a su madre por sus palabras, pero luego cambió a una mirada odiosa, enseñando unos buenos colmillos.

— Mis senos no son pequeños, además aún están creciendo. Y para tu información ¡¡A Shinji le encantan!! Disfrutó mucho enterrar su rostro entre ellos el otro día — dijo una ofendida Mari de vuelta, sin ser realmente consiente de lo que estaba diciendo.

Katsumi miró a su hija con una sonrisa perversa, momento en que una sonrojada Mari fue realmente consiente de lo que acababa de decir y de que había caído redondita en otro de los juegos de su madre. Consideró huir, pero ya era demasiado tarde.

— ¡¡Quiero todos los detalles!! — dijo la mujer, atrapando a su hija antes de que pudiera escapar.

 


 

Katsumi tomó un nuevo sorbo de sake desde un cuenco de loza, mientras su hija estaba desparramada sobre la mesa, sentada frente a su madre en el comedor de la casa con humo saliendo de su cabeza.

— Te odio — dijo Mari con voz lastimera.

— Ni tú te crees eso — dijo Katsumi, rellenando su cuenco de sake desde una botella — Pero me alegra saber que Shinji se encuentra en un lugar mucho mejor que hasta hace un tiempo atrás.

Mari levantó un poco la cabeza desde la mesa para darle una mirada estrecha a su madre.

— Lo has ayudado mucho con eso. Es un joven afortunado de tener a alguien como tú en su vida. Si es inteligente, sabrá recompensarte — dijo Katsumi con una sonrisa.

— No lo arruines agregando alguna estupidez de tipo sexual o sobre nietos que no existen — dijo Mari con una mirada estrecha.

— Pero ya lo dejaste dormir con el rostro enterrado entre tus tetas, fufufu — dijo Katsumi con una risita.

— Te dije que fue un accidente — regañó Mari.

— Un accidente que de seguro él agradece — añadió Katsumi, divertida.

Mari se crispo ante esa declaración, ya que no le cabía duda de que era verdad. Era obvio que Shinji lo había disfrutado; y porque no decirlo, ella también. Le gustaba la cercanía de Shinji, junto con poder atraparlo sin que él se diera cuenta, lanzándole fugaces y subrepticias miradas a su escote. Sonrió.

— ¿Por qué esa sonrisa de suficiencia? — preguntó Katsumi, levantando una ceja.

— Por nada — dijo Mari enderezándose y sentándose correctamente ante la mesa.

— En todo caso, me alegra saber que las cosas van bien encaminadas con él; porque eso es lo que tú quieres, pese a saber cómo son las cosas para nosotras — dijo Katsumi dándole una seria mirada a su hija.

Mari estrechó la mirada y apretó los labios ante ese comentario. Guardó silencio por un momento antes de volver a hablar.

— Sí, es lo que quiero. Entiendo las consecuencias, pero… es lo que quiero — dijo Mari, pensando repentinamente en su madre y la situación con su padre.

— ¿Entonces no deberías dejar de lado todos esos juegos de niños y ponerte seria de una vez? El tiempo es precioso, hija. No lo desperdicies — dijo Katsumi, repentinamente emocionada.

La chica de lentes comprendió a su madre y el significado tras sus palabras. Pudo sentir su dolor y sintió algo de pena. ¿Se sentiría ella de la misma forma en unos años más? Se estremeció de solo pensarlo. Suspiró con pesar.

— Tal vez me gusten esos juegos de niños, madre. Es divertido meterse con él. No creo que sea un desperdicio de tiempo. Son lindos recuerdos — dijo Mari con una leve sonrisa — Además, él aún no está del todo bien. Su vida está cambiando, necesita tiempo para asimilarlo todo.

— Él es muy afortunado de tenerte. Más le vale a este Shinji Ikari valorar a mi hija, o conocerá mi furia — dijo Katsumi dándole una fulminante mirada a su hija.

La chica de lentes observó a su madre por unos segundos y solo pudo ver seriedad en sus ojos. Puede comportarse como una tonta la mayor parte del tiempo, pero su madre en verdad se preocupa por ella. Sonrió.

— Bien, antes de preocuparnos por si Shinji conocerá o no tu justa furia, creo que primero debemos intentar sobrevivir a eso que pende sobre nuestras cabezas, ¿verdad? — comentó la chica de lentes con una mueca, poniendo inmediatamente seria a su madre.

— Aun hay algo de tiempo. El sello aguantará un poco más, pero no demasiado — dijo la madre de Mari con seriedad.

— ¿Cuánto más? — preguntó la chica.

Katsumi bajó la mirada apretando los labios. No le había dicho esta aun a su hija. La pasada reunión solo se tocó ese tema cuando su hija y la hija de Shizuka estaban en el segundo piso de la casa. Suspiró pesadamente. Llegó la hora de exponer esta dura verdad.

— Cinco meses; seis como máximo.

Mari sintió un vacío en el estómago al escuchar eso.

— ¿Tan poco? — preguntó la chica, impactada.

— Hay una posibilidad de fortalecer un poco el sello para darnos algo más de tiempo. Un mes cuando mucho; pero a un alto costo — dijo Katsumi con seriedad.

La chica de lentes bajó la mirada digiriendo esa información, sin ganas de ahondar en cual sería ese costo a pagar por darles un mes extra de tiempo. Intuía a lo que se refería su madre y la verdad no quería escuchar sobre eso.

— Hoy Shinji nos contó algo sobre el entrenamiento que le están dando y dio algunos detalles sobre ese Geo-Frente subterráneo — señaló Mari.

— ¿Nos? — preguntó Katsumi, levantando una ceja.

— Nos topamos con Touji y Kensuke, los amigos de Shinji. En un inicio no me agradó eso ya que quería pasar el tiempo con Shinji a solas, pero como Kensuke es un friki militar, entre sus preguntas sobre el entrenamiento de Shinji,  pude conocer algo más sobre NERV.

Katsumi se tensó de inmediato y puso atención a su hija.

— Bien, según Shinji no conocía demasiado el lugar, pero ahora que su instructor lo tiene corriendo a campo traviesa dentro de esa cueva, la conoce un poco más. Según lo que dijo el Geo-Frente es una caverna monstruosamente enorme, con un bosque y un lago ahí abajo. Es tan alta que un avión podría volar dentro sin problemas y se pueden ver los edificios de la ciudad colgando desde el techo. En medio de ese lugar esta NERV, que es una base gigante con forma de pirámide. Según Shinji, es tan grande que podría perderse dentro si no se anda con cuidado. En el fondo de esa instalación tienen a los Evangelion — informó Mari.

— Sí, esa cueva — comentó Katsumi — Siempre hemos sabido de ella. Lleva ahí desde que los antiguos tienen memoria, pero nunca osamos entrar a ese lugar. Hay algo ahí abajo, algo que nos hace mantenerlos alejados. Hay algo en ese lugar que no se siente correcto — dijo con ojos estrechos.

— Pero la gente de NERV tiene una operación gigantesca montada ahí — dijo Mari.

— Ellos no pueden sentirlo, por eso están ahí. Por eso es tan peligroso, porque todo indica que están jugando con lo que sea que está ahí abajo — añadió Katsumi, totalmente seria.

— ¿Los Evangelion? — preguntó Mari estrechando los ojos.

— Sí, los Evangelion — afirmó la mujer — Por eso necesito estar segura. Si bien siento que esas cosas son una total aberración, también siento que son lo único que podría enfrentar al mal que está pronto a resurgir de su prisión — añadió.

— Y Shinji está justo en medio de todo eso — comentó Mari con una mueca.

— Lo siento hija, pero…

— Lo entiendo, madre. No me gusta, pero lo entiendo — dijo Mari con pesar — Solo espero que no me odie cuando le diga todo esto.

— Seré yo la que hablé con él. Si tiene que enojarse y culpar a alguien, que sea a mí — dijo Kasumi con seriedad — Esta es mi responsabilidad, la responsabilidad heredada por mi madre y que no puedo cumplir adecuadamente por mi debilidad — añadió con pesar.

— No es tu culpa madre — dijo Mari poniéndose de pie, yendo a abrazar a su progenitora — El mundo es hostil con nosotros desde el Segundo Impacto y ya no tenemos la fuerza de nuestros antepasados.

— Es por eso que necesito saber más sobre los Evaneglion. Necesito verlos en acción una vez más para estar segura de que puedan hacerle frente a ese antiguo mal, de que pueden ayudarnos a salvar este mundo. ¿Lo entiendes, verdad? — preguntó la mujer, mirando seriamente a su hija.

— Lo entiendo, madre — dijo Mari con una sonrisa gentil.

— Lamento meterte en esto; que tengas que cambiar tus planes por ayudarme. Tener que exponerte y revelar que…

— Se lo iba a decir, madre — dijo Mari con seriedad — Quiero que él lo sepa. Qué sepa la verdad, que sepa lo que hizo por mí años atrás.

Katsumi sonrió melancólicamente, recordando esa vez hace muchos años atrás, cuando ella dio el mismo paso. Sabe muy bien las consecuencias de eso, pero también sobre la alegría y felicidad que trajo a su vida. Sin dudas una píldora agridulce de tragar.

— Igual de tonta que tu madre — susurró Katsumi, aferrándose al abrazo de su hija.

— Soy tu hija. ¿Qué esperabas? — dijo Mari, con una sonrisa.

 


 

Mari y su madre estaban en casa de Shizuka, sentadas ante la mesa del comedor tomando desayuno. Frente a ellas estaba Mayumi y la dueña de casa, una mujer eternamente hermosa con su larga y lustrosa cabellera negra azabache. Miraba con una sonrisa a su amiga mientras daba un par de sorbos a su té.

— Es una sorpresa tenerlas a las dos aquí tan temprano. Estoy feliz por la visita, pero intuyo que esta va más allá de querer desayunar con nosotras— dijo Shizuka, dejando la taza de té sobre la mesa.

— Cierto. Lamento interrumpir tan temprano, pero lo que tengo que decir también concierne a Mayumi y Mari. Ellas forman parte de esto después de todo — dijo Katsumi.

— Es sobre NERV, los Evangelion y esa chica Rei — comentó Mayumi con seriedad.

— Tan perceptiva como siempre — dijo Katsumi, mirando a la hija de su amiga — Por cierto, te ves muy linda Mayumi. El cambio de ropa y anteojos te sienta muy bien.

Mayumi se sonrojó por el comentario de su tía. No esperaba algo como eso tan temprano en la mañana. El día anterior su madre y la zorra tonta de Mari la habían felicitado, incluso había recibido algunos piropos de desconocidos. Creyó que era alguna especie de broma, pero si seguían así, se lo terminaría creyendo.

— Gracias — dijo Mayumi con algo de pena.

— Mi hija es tan linda. La ropa nueva que le compré le queda tan bien — dijo Shizuna, abrazando a su hija que estaba sentada junto a ella.

La chica vestía unos pantalones cortos blancos, medias negras y un polo gris oscuro manga corta de cuello alto con el estampado de una gran flor en el pecho. Fuera de eso, llevaba un reloj de pulsera, y dos pulseras en la otra muñeca. Usaba también sus nuevos lentes. En verdad se veía muy bien.

— Como sea, no estamos aquí para felicitar a Mayumi por su cambio de vestir. ¿Cómo te fue con esa chica Rei? — preguntó Mari, comiendo un trozo de pescado con sus palillos.

Todas se pusieron serias ante el comentario de Mari y llevaron a las la dos mujeres adultas a mirar fijamente a la chica de lentes y cabello negro azabache, que dio un suspiro y comenzó a relatar todo lo que había logrado recabar mientras seguía a la chica peliazul, junto con sus impresiones personales, destacando que la chica era muy perspicaz y parecía darse de que estaba siendo seguida si se acercaba demasiado. Cuando Mayumi hubo terminado, guardaron silencio por unos segundos, hasta que la chica miró fijamente a Mari.

— ¿Rei Ayanami sufre algún tipo de autismo? — preguntó a su amiga, levantando una ceja.

— Definitivamente no. Puede ser callada y antisocial, pero es mucho más despierta de lo que deja ver. Como dije antes, ella puede sentir algo sobre mí. Pero estoy segura de que no sabe lo que es. Aun así, no he sentido nada malo viniendo de ella — comentó Mari.

— Puedo confirmar eso. Ella puede sentirme si me acercó demasiado. Tampoco sentí nada malo de ella, solo curiosidad y diversión cuando volteaba a buscarme con la mirada. Hay algo rato con esa chica — comentó Mayumi con ojos estrechos.

— Interesante — razonó Katsumi.

— De hecho, lo es. Pero por muy interesante que sea no voy a seguir a la chica dentro de esa madriguera llamada NERV. Hay algo mal en ese lugar, una mala sensación — dijo Mayumi con ojos llenos de profundo estremecimiento.

— Lo sabemos hija. Por eso siempre nos hemos mantenidos alejados de ese lugar. Los antiguos advertían sobre nunca intentar ingresar a ese lugar — dijo Shizuka.

— Pero la gente de NERV parece tener una instalación gigante ahí abajo. ¿Qué hay en ese lugar? — señaló Mayumi.

— Una cueva gigantesca, un bosque, un lago, los edificios de la ciudad colgando desde el techo y el cuartel de NERV donde tienen guardados esos Evangelion — explicó Mari.

— ¿Entraste a ese lugar? — preguntó Mayumi, impactada.

— No. Shinji me lo contó. También le pregunté si podía ir a visitarlo a NERV, pero me dijo que nadie sin autorización puede ingresar a ese lugar. Al parecer la seguridad está a un nivel condenadamente alto — explicó Mari con una mueca.

— Así que fue este Shinji el que dejó pasado con olor a hombre tu cuarto el otro día. ¿Vas en serio con él? — preguntó interesada la chica de cabello negro.

— ¿Tienes algún problema con eso? — respondió Mari con ojos estrechos.

— Basta chicas. No estamos aquí para eso — dijo Katsumi, llamando la atención de las chicas.

— Es sobre la cueva. Por eso estás aquí, ¿verdad? — dijo una seria Shizuka mirando a su amiga, dejando sus palillos sobre un cuenco a medio comer de arroz, perdiendo repentinamente el apetito.

— Sí — fue la simple respuesta de Katsumi.

— ¿Qué hay con ese lugar? Solo sé que siempre se nos ha dicho que nos mantengamos alejados — dijo Mayumi.

Katsumi dio un fuerte suspiro y miró fijamente a la hija de su amiga, antes de hablar.

— Desde que era niña escuché historias sobre ese lugar. Sobre que hay un lugar bajo tierra al que no debemos ir. Una advertencia trasmitida desde generaciones de que ahí abajo hay algo dormido. Una fuerza que no debe ser perturbada — explicó Katsumi.

— Esperen un momento. ¿Esto quiere decir que hay otro potencial desastre pendiendo sobre nuestras cabezas? — preguntó Mayumi, espantada.

— No necesariamente. Solo tenemos la advertencia de no entrar a ese lugar para no perturbar el sueño de lo que sea que esté ahí — informó Shizuka a su hija.

— Por eso nos mantuvimos a una prudente distancia cuando comenzaron a bajar y construir en ese lugar. Por supuesto, estábamos atentos y observando en caso de que algo pasara. Nunca ocurrió nada, aun así, ingresé y vi lo que estaban construyendo ahí — reconoció Katsumi.

— ¿Entraste al Geo-Frente? — preguntó Mari, impactada.

— Sí, y lo que vi me superó. Grandes estructuras levantándose del suelo y otras sumergiéndose hasta donde alcanzaba la vista. Maquinarias y cosas que nunca pude comprender. Ciencia y tecnología que iba más allá de mi entendimiento — dijo Katsumi.

— ¿Por qué no los detuvieron entonces? — preguntó Mayumi.

— El poder de la ciencia es aterrador, hija. Además, ¿qué podíamos hacer? ¿Matarlos a todos? Eso solo hubiera traído a más de ellos y hubiera vuelto sus ojos hacia nosotros — dijo Shizuka mirando a su hija, que solo pudo hacer una mueca.

— Nos mantuvimos atentos y vigilantes, pero es definitivo que algo estuvieron haciendo ahí abajo todos estos años, y que ese “algo” dormido tiene algo que ver con eso que construyeron — afirmó Katsumi.

— Los Evangelion — dijo Mari con seriedad.

— Creo que resulta evidente que hay una conexión entre los Evangelion, esas cosas llamadas “Ángeles” y lo que sea que esté dormido ahí abajo. Esa guerra contra esas cosas “Ángeles” tal vez pueda acabar con el mundo como lo conocemos, pero no habrá nada que destruir si este otro mal antiguo se libera antes y arrasa con todo primero — explicó Katsumi con seriedad.

— ¿O sea que estamos doblemente jodidos? — preguntó Mayumi.

— No del todo. Si bien no entendemos de qué va todo eso de los “Ángeles”, hay una posibilidad; remota, pero posible, de tener ayuda de un Evangelion para luchar con esa mal antiguo que está por liberarse — dijo Kastumi, mirando a su hija fijamente.

Mari sabía muy bien a qué se refería su madre. Hizo una mueca, pero asintió con la cabeza.

— Por eso viniste a hablar conmigo antes de ir al trabajo. Querías analizar los que las chicas han descubierto por su lado antes de pedírmelo, ¿verdad? — dijo Shizuka con seriedad mirando fijamente a Katsumi.

— ¿Pedirte qué? — preguntó Mayumi, confundida mirando a su madre.

— Pedirle a tu madre que ingrese al Geo-Frente, que se cuele en NERV y trate de averiguar eso que no pudimos hacer años atrás — respondió Katsumi.

— En otras palabras, tratar de averiguar de una vez por todas, qué rayos están haciendo esos tipos ahí abajo — explicó Shizuka con seriedad.

 


 

Mari estaba de pie recargando los brazos sobre la baranda de la azotea de la escuela mientras miraba hacia el horizonte. A su lado, Mayumi estaba sentada en el suelo abrazando sus piernas contra el pecho manteniendo la cabeza enterrada entre ellas.

La chica de cabellera negra azabache apareció de pronto en el patio de la escuela, frente a la ventada junto a la que Mari tenía ubicado su pupitre. La chica de moños vio a su amiga de la infancia hacerle un gesto hacia a la azotea y luego desapareció tan rápido como había aparecido. Al llegar un descanso entre clases, Mari se las arregló para escapar de sus compañeras y la manada de chicos calenturientos que perdían en culo por ella, y llegó a la azotea para encontrar a Mayumi sentada esperando.

Actualmente llevaban varios minutos ahí y Mayumi aún no decía una sola palabra. El descanso terminaría dentro de poco por lo que Mari estaba por presionar a la chica para que hablara de una vez, pero esta se le adelantó.

— ¿En qué momento todas las cosas se fueron tan espectacularmente a la mierda?

— ¿Eh? — fue todo lo que pudo decir Mari ante esa pregunta de la chica de lentes. Estrechó los ojos antes de hablar — ¿De qué estás hablando?

— Hasta hace una semana llevaba una vida perfectamente normal, felizmente encerrada en mi habitación dibujando manga y vendiéndolos tranquilamente por internet. Ahora estoy obligada a salir de casa más seguido, hacer amigos, maquillarme, vestirme como si fuera una maldita Idol y hacer de investigador privado siguiendo a esa chica inquietante de ojos rojos… ¿Y por qué demonios sus ojos son rojos? ¿Tiene un antepasado conejo? ¿Por eso puede sentirnos? — preguntó una algo alterada Mayumi, dándole una mirada estrecha a Mari.

— Ya preguntaste eso antes — reconoció una Mari, dando un suspiro de cansancio — Mira, está claro Ayanami no es normal y hay algo muy extraño con ella, pero luego de haber estado rondando cerca de ella aquí en la escuela, no he sentido nada que me haga pensar lo que planteas. Ella es diferente en otro sentido.

— Sí… tienes razón. También lo sentí mientras la seguía — reconoció Mayumi con frustración, hizo una mueca con la boca y desvió la mirada al frente, aun rodeando sus piernas con los brazos.

— Imagino que no viniste aquí solo para contarme tus problemas existenciales — Comentó Mari, dándole una mirada a la frustrada chica.

Mayumi aun vestía pantalones cortos blancos, medias negras, polo gris oscuro manga corta de cuello alto con el estampado de una gran flor en el pecho y unas lindas botas negras de caña baja. Sumado a eso llevaba un reloj de pulsera en una muñeca, un par de pulseras en la otra muñeca, una linda cartera, un cabello lustroso y muy cuidado, junto a un suave maquillaje. Debía reconocer que Mayumi estaba cada día más parecida a su madre. Dentro de poco tendría un ejército de chicos calenturientos siguiéndola con intensiones abiertamente sexuales, exudando feromonas tan intensas que la harían temblar del susto. De seguro será algo divertido de ver. Suspiró.

— Por otro lado, deja de quejarte tanto. El cambio de estilo te queda muy bien. Te ves linda. De seguro dentro de poco consigues novio — añadió Mari con diversión.

—¡¡Deja de reírte de mí!! Suenas igual que mi madre — estalló Mayumi poniéndose de pie, dándole una fiera mirada a su amiga de la infancia.

— No me estaba riendo. Hablo en serio — dijo Mari, levantando las manos en son de paz.

Mayumi le dio una fiera mirada conteniendo en algo su justa furia y apretó los dientes antes hacer un puchero. Desvió la cabeza a un lado para luego apoyarse en la baranda junto a la chica de lentes. Esta suspiró nuevamente y volvió a apoyarse en la baranda.

— ¿Y bien? ¿De quieres hablar? — presionó Mari.

La chica de cabellera negra azabache apretó los labios y dio un fuerte suspiro antes de hablar.

— Ese lugar; el Geo-Frente. ¿Crees que sea seguro? Quiero decir… tu novio entra ahí todos los días. Debe ser seguro, ¿verdad? — preguntó Mayumi con algo de nerviosismo.

Entonces Mari lo comprendió. Esto es por la petición de su madre a la tía Shizuka. Bien, no podía culpar a Mayumi por la preocupación. Cuando se enteró que su madre ingresó a ese lugar años atrás en verdad se preocupó, aunque no lo demostró. Por otro lado, su madre puede actuar como una tonta la mayor parte del tiempo, pero cuando tiene que tomarse las cosas en serio, cambia completamente. En cambio la tía Shizuka… bien, comprendía de donde viene Mayumi.

— Si esa cosa; el Geo-Frente, es tan gigantesco y poblado de gente como me ha contado Shinji; que, por cierto, no es mi novio (aún), entonces debe ser seguro — afirmó Mari.

— Pero tú has oído las historias, las advertencias de nunca ingresar a ese lugar porque hay algo dormido ahí, algo que no se debe molestar — dijo Mayumi con nerviosismo.

— Sí. Crecí escuchando esas advertencias igual que tú — reconoció Mari, estrechando los ojos.

— ¿Cómo puedes vivir sabiendo que tu novio está metido ahí abajo ahora mismo? — preguntó Mayumi.

— Nuevamente, Shinji no es mi novio — apuntó Mari, antes de añadir — Y estoy tranquila porque el lugar mismo no es el problema, es lo que supuestamente está ahí.

— Eso es lo que me preocupa — reconoció Mayumi — Cuando seguí a esa chica Ayanami y llegué a la entrada de esa madriguera, en verdad consideré ingresar, pero… hay algo que se siente mal ahí. Como si ingresar a ese lugar fuera… no sé; sombrío.

— Sí. Eso parece venir solo de las puertas de acceso. Cuando estamos sobre la ciudad, directamente sobre ese Geo-Frente, no pasa nada, pero por los lugares de acceso la sensación es distinta. Aun así, me gustaría conocer ese lugar, si Shinji logra colarme — dijo Mari con una sonrisa traviesa.

— ¿Estás loca? — preguntó Mayumi, impactada.

— Miles de personas trabajan ahí a diario. El lugar no es el problema, lo que supuestamente está ahí abajo es el problema; pero no tengo la más remota idea de qué pueda ser. Ni siquiera los ancianos lo saben — dijo Mari, haciendo una mueca — Además, ya escuchaste a mi madre. Dijo que bajó a ese lugar y no vio nada fuera del otro mundo. Solo vio enormes construcciones y algo de ciencia loca que estaban metiendo ahí.

— Pero tu madre no es un tiro al aire. Es totalmente seria cuando debe serlo, pero mi madre… mi madre siempre ha sido una loca despreocupada. ¿Qué pasa si se pierde ahí dentro? ¿Qué pasa si ingresa tan profundo que nunca encuentra la salida? ¿O si encuentra lo que sea que se supone que está ahí abajo y le pasa algo? — preguntó Mayumi, algo alterada.

Mari miró a su amiga y no pudo evitar una pequeña sonrisa comprensiva. Pese a todos sus regaños, peleas y gritos, era evidente que Mayumi amaba a su madre y se preocupaba profundamente por ella, de otra forma jamás hubiera venido aquí para discutir esto con ella. Puso una mano en el hombro de la chica para llamar su atención.

— ¿Has hablado con tu madre? ¿Le contaste sobre tus preocupaciones? — preguntó Mari con seriedad.

— ¡Buff! — exclamó Mayumi rodando los ojos y negando con la cabeza — Descartó lo que le dije como si fueran tonterías sin sentido.

— Tal vez no quería preocuparte más de lo que ya estás — razonó Mari.

Mayumi hizo una mueca. Eso tenía sentido.

— En todo caso, no es como si la tía Shizuka fuera a colarse al Geo-Frente mañana por la mañana. Tienen que planificarlo. Hablaré con mi madre sobre eso esta noche y… bien, trataré de averiguar más sobre el Geo-Frente con Shinji cuando lo vuelva a ver — dijo Mari, eso último con una mueca.

Mayumi esbozó una sonrisa agradecida y estaba por decir algo, cuando la puerta de acceso al techo se abrió de repente y tres chicas ingresaron ruidosamente mirando hacia todos lados, hasta que encontraron a quien estaban buscando.

— ¡Mari! ¿Qué haces sola acá arriba? Te estábamos buscando por todas partes — dijo una de las chicas.

— Solo quería estar tranquila un rato — respondió Mari a una de las chicas que se habían acercado a ella intentando ser sus amigas. Entonces dio un rápido vistazo a su lado y no vio ni rastros de Mayumi.

— Imagino que estabas arrancando de los chicos. Pueden ser realmente molestos a veces — dijo otra de las chicas.

— Sí, lo único que les interesa es el sexo. Es como si solo pudieran pensar con la cabeza de abajo. Son tan asquerosos — dijo la otra chica con molestia.

Mari hizo una mueca; ya que en verdad la chica tenía razón. Desde que llegó, todos los chicos de la escuela andaban perdiendo el culo por ella. Las cartas de amor en su taquilla de zapatos literalmente explotaban en su cara cada vez que la abre, y las feromonas que iban dirigidas hacia ellas eran en algunos casos tan molestas, que en verdad sentía asco.

Solo había una persona distinta a toda esa manda de chicos calenturientos, alguien que la veía con otros ojos y que la hacía sentir bien; alguien de quien en verdad estaría deseosa de sentir esas feromonas dirigidas a ella. Desgraciadamente estaba bajo tierra en un lugar al que desde niña le dijeron que no debía ingresar… pero volvería a verlo dentro de poco.

— En todo caso, Ichigo del Club de Básquetbol y Aoyama del Club de Kendo se han mostrado interesada en ti. Son los chicos más apuestos de la escuela. Tal vez podrías considerar aceptar el avance de alguno de ellos. Yo lo haría de ser tú. Son tan apuestos — dijo una chica, con ojos soñadores.

Mari levantó una ceja. La misma chica que dijo que los hombres son asquerosos, ahora apestaba a excitación al pensar en esos dos. El olor se tornó tan penetrante para ella que hasta podía jurar que la chica ya mojó las bragas. ¿Tan fácil se abriría de piernas a una cara bonita?

— Sagara del Club de Yudo también se muestra interesado en ti — dijo la otra chica, haciendo un puchero — Los chicos más lindos de la escuela están detrás de ti. No entiendo porque te apegaste a Ikari el primer día que llegaste a la escuela. No tiene nada de especial fuera de pilotar ese robot gigante — añadió.

— ¡Hey! No hables así de él. Yo lo conozco desde antes de venir a la escuela. Es un buen chico. Además, es fanático de Godzilla, igual que yo— dijo Mari, cruzándose de brazos.

— Amiga, ¿qué rayos le ves a esa lagartija gigante? Es tan fea; además esas cosas de otaku no le sientan bien a una chica tan linda como tú — dijo otra chica con el ceño arrugado.

El rostro de Mari se deformó en una mueca, ofendida por ese comentario despectivo hacia el gran Godzilla. Estaba por hacer un comentario cuando se escuchó una risita, o algo parecido a una risita. Más bien era un maullido. ¿O era un maullido que intentaba ser una risa? Mari estrechó los ojos ante la risa/maullido.

— ¡Hey! Un gato — dijo una chica, al ver a al pequeño gato negro que había pasado desapercibido hasta ahora, apegado a una esquina de la azotea.

La chica se acercó al gato que dejó de reír/maullar por el chiste a Godzilla. Este, al ver como se le acercaban peligrosamente, se tensó de inmediato. La chica, más interesada en acariciar al gato que en ser prudente, no notó como el pequeño animal estrechaba la mirada.

— Ven aquí, gatito, gatito. Ven para que te acaricie… ¡¡AY!! ¡¡GATO DE MIERDA!! ¡¡ARAÑÓ!! — chilló la chica, antes de acunar su arañada mano y luego lanzarle una patada al gato.

El gato negro simplemente esquivó la patada telegrafiada con un exagerado salto acrobático; como si se estuviera burlando de la chica, para luego correr hacia la puerta abierta de acceso a la azotea y perderse escaleras abajo. Las otras dos chicas fueron a ver a su lastimada amiga, mientras Mari sonreía negando con la cabeza.

— Será mejor que vayamos a la enfermería a que te vean eso. Si el rasguño es profundo, y como parece ser un gato sin dueño, tal vez deban ponerte alguna vacuna — dijo Mari mirando seriamente a la lastimada chica.

— ¿De verdad lo crees? — preguntó la chica, mirando con preocupación a Mari, mientras acunaba contra su pecho su arañada mano.

Mari esbozó una sonrisa zorruna antes de dar una fugas mirada divertida hacía la puerta abierta de acceso a la azotea, y emitir su respuesta a viva voz.

— Por supuesto amiga. ¡¡De seguro era un gato callejero, pulgoso, sarnoso y con tiña!!

Las chicas miraron curiosas a Mari por decir eso en voz tan alta, momento en que se escuchó un fuerte maullido molesto proveniente de las escaleras. Mari sonrió triunfal y les hizo un gesto a sus compañeras de clase para que bajaran de la azotea y fueran de una vez a la enfermería antes de que se acabe el receso.

 

 

Continuará...


Notas del Autor: Continúan las andanzas de Mari, primero con una profunda conversación con su madre, que revela algunas cosas pero a la vez deja nuevas dudas en el aire. Siguiendo luego con un desayuno en casa de Mayumi donde queda claro que se está preparando algo.

Todo indica que la madre de Mayumi se colará en el Geo-Frente; pero… ¿cómo lo hará? Todo eso se ve bastante interesante, pero deberán esperar un poco para verlo, aún hay más cosas interesantes que contar.

- Getabako (1): Zapatero que está a la entrada de la casa.

Saludos y nos leeemos.