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Marioneta condenada

Summary:

Es el fantasma del más fuerte, son los últimos residuos reales de Gojo-Sensei los que lo miran con ojos vacíos carentes de cualquier vida y emoción. No sin antes decir: —Suguru, es tan jodido que tuvieras razón.

O.

Los primeros momentos de Yuta Okkotsu en el cuerpo de Satoru Gojo.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

El lugar es frío y huele a una mezcla de clínica con cementerio. El silencio está presente porque de repente todos aguantan la respiración ante la anticipación, un espectáculo retorcido ocurriendo delante de ellos.

Las células se recomponen, las enormes heridas que aún gotean sangre tibia se están restaurando con ayuda del hilo quirúrgico cuidadosamente tejido, la frialdad en las puntas de los dedos que pintan la piel de un suave azul están desapareciendo.

Un cadáver no hace más de unos segundos se ha forzado a retroceder su putrefacción y convertirse en una marioneta, el corazón bombea muy débilmente y las conexiones cerebrales trabajan horas extra para siquiera adaptarse a su nuevo cuerpo. En ese momento, Yuta lo siente. Es más alto, más musculoso y fornido; es maduro, el recipiente está en la flor de la adultez y el punto más alto de su físico; es poderoso, es agil y se siente como si todo alrededor fuese absolutamente todo y a la vez nada. No tiene los párpados abiertos pero puede notar hasta es más pequeño detalle, es casi como una droga el nivel de poder que está exudando el cuerpo que alguna vez fue comparado con un dios.

Un dios que ahora no es más que una marioneta de carne y hueso, un arma que incluso después de ser destruida ha sido remendada como el monstruo de Frankenstein y puesta para seguir atacando y atacando y atacando... Hasta que no quedara más que una pieza irreconocible e imposible de restaurar, o el alma que lo controle inevitablemente sucumba.

Yuta lo entendió.
Yuta se preparó para esta opción aunque fuese lejana.

Yuta se obligaría a convertirse en un monstruo, a ser quien diera el paso para marcar el punto más bajo de la humanidad en esta guerra.

Y aún así, con sus órganos recién regenerados, esos órganos que no son suyos... Yuta cae al suelo en un ruido sordo, y vomita.

Con ojos que no son suyos, con una estructura facial muy distinta a la suya, Yuta no llora.

Se siente como si sus conductos lagrimales estuviesen atrofiados, como si el cuerpo en su poder no esté acostumbrando a demostrar físicamente a las emociones aplastantes que se hacen cada vez más pesadas bajo sus hombros.

Y se siente repugnante.

Yuta lo sabía, sabía que esto sería un punto sin retorno en su humanidad y aún así se siente repugnante, una escoria que está profanando un templo y llenando todo de miseria hasta en los más profundos rincones. Estas manos temblorosas no son suyas, el vomito que no es más que dulces a medio digerir no es suyo, los sonidos entrecortados que salen de su garganta no le pertenecen. La sangre que corre por estas venas no es suya, nada es suyo y está atrapado en una jaula de oro perfecta pero rota y apunto de quedar irreconocible.

Arde, estos ojos están ardiendo como nunca pero no hay alivio y siente que hay una vieja represa detrás de sus párpados que evita que salgan las lágrimas. La disforia lo está inundando y realmente quiere volver y no estar en un cuerpo más grande que el suyo, un cuerpo que merece una última muestra de respeto y tener un funeral digno, un cuerpo que no es suyo pero si es del hombre que en primer lugar le ha salvado la vida cuando esta cayó en su punto más bajo...

Es asqueroso, es vil y Yuta realmente se arrepiente de haber hecho esto a pesar de que Gojo-Sensei diera su versión de su consentimiento (aunque Yuta no haya preguntado el primer lugar, él simplemente expresó una exigencia). Porque, ¿Qué más da? ¿Qué más da tomar algo que realmente ya no tiene alma y darle la utilidad para lo que los dioses lo crearon?

Este cadáver... Bueno, sigue siendo un cadáver, un ser muerto que antes estuvo vivo y nació únicamente para ser honrado bajo palabras carentes de afecto, reducido a un arma y no un ser pensante y con emociones, con el objetivo de ganarle al Rey de las maldiciones o morir. Ese el propósito de la existencia del más fuerte, de Gojo Satoru, sin más.

Sabe esto, Yuta sabe tantas cosas pero aún así las disculpas silenciosas se derraman de labios que no son suyos con una voz que no es suya y se escucha tan mal.

Gojo-Sensei no pide disculpas de rodillas, Gojo-Sensei nunca ha sonado tan patético incluso después de haber matado a Geto Suguru, Gojo-Sensei no estaría acurrucándose sobre su propia miseria como un niño sin consuelo.

Gojo-Sensei, en primer lugar, ya no está aquí.

Y, joder, todo esto es tan desastroso que justo ahora realmente ha caído en cuenta que su Sensei ya no está y fue asesinado por ese parásito que habita en el cuerpo de su kohai y–

Una mano cae en su cabeza (No es suya) y le da unas cuantas caricias suaves a su cabello (Que... Tampoco es suyo).

La voz de Ieiri-San es como un faro intermitente, suave, femenina y carente de alguna emoción. —Ellos no aguantarán mucho más, debes irte.

Es dolorosamente profesional aunque delante suyo vea la peor de las aberraciones, ella le entrega una mirada calmada a pesar de que siente como la mano de la fémina se retira y unas pequeñas gotas de sangre aún pegadas en su cabello se han adherido a su propia mano. No es capaz de ver a los otros presentes. Esto. Es. Horrible.

Y... Es cierto, el tiempo está corriendo y no se perdonará jamás si hizo esto en vano.

Con movimientos errantes se levanta del suelo en dónde sus rodillas ya han empezado a ponerse rojas, el dolor que viene de ahí seguramente sea producto del inevitable paso del tiempo, ¿La vejez afectando a su sensei? Qué chiste. Respira hondo varias veces y se obliga a guardar todas sus emociones para centrarse en un único objetivo, cosa que resulta extrañamente fácil para este recipiente.

Al dirigirse a la salida nota que en la puerta hay un hombre, una copia perfecta de su Sensei que lo mira como si fuera una atracción digna de ser inspeccionada de cerca. Sabe que no es más que una alucinación, pero aún así se detiene momentáneamente esperando algo, cualquier cosa que le brindara aunque sea un poco de la seguridad que alguna vez le entregó hace más de un año cuando era un niño perdido sin futuro aparente además de su inevitable ejecución.

Es el fantasma del más fuerte, son los últimos residuos reales de Gojo-Sensei los que lo miran con ojos vacíos carentes de cualquier vida y emoción. No sin antes decir suavemente: —Suguru, es tan jodido que tuvieras razón.

En su voz hay frialdad, hay cariño, hay dolor, hay amor, hay odio, hay rabia, hay resignación. Y aún así se oye como si de ese fantasma no hubiera más que un vacío inconmensurable.

—Soy Gojo Satoru porque soy el más fuerte. Ja, ja, ja.

En ese momento, Yuta Okkotsu siente como algo se pudre y entra en una aceptación casi funeraria, y cree que realmente eso tampoco viene de él.

Notes:

Creí que el capitulo 236 me hizo daño, pero el 261 me destruyó. Gege es alérgico a la felicidad