Actions

Work Header

Rating:
Archive Warnings:
Category:
Fandom:
Relationship:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Collections:
ArgUru Week 2024 (SFW)
Stats:
Published:
2024-06-02
Words:
1,053
Chapters:
1/1
Comments:
1
Kudos:
3
Hits:
40

Encuentro en el Granero

Summary:

Todas las noches, Martín y Sebastián hacen lo mismo: ir al granero abandonado que se encuentra en el punto medio de sus hogares.

Notes:

Acá está, un poco tarde, mi primer día de la ArgUru Week! Espero les guste ❤️

Work Text:

Escondidos en el granero, ambos se repartían besos por todo el resto, con la luna como testigo. Cada vez que Martín besaba a Sebastián, su vientre se estremecía y todas las rosas de su interior comenzaban a florecer, producto de la emoción, la cual no podía ocultar ni siquiera de sus propios pantalones. Un jadeo fue lo que salió de sus labios poco después, alejándose de la boca de Martín quien no dejaba de reírse, puesto que acababa de morderle el labio. Gracias a la oscuridad, él no vió lo rojo que estaba.

 

—Sos un bruto —le retó el de anteojos, suspirando—. ¿Ahora qué le voy a decir a mi madre? Va a pensar que tengo novia.

 

—Yo soy tu novia —recalcó Martín, orgulloso, riéndose todavía—. Nadie más puede estar con vos, nadie. Sos mío. Mío, mío, mío...

 

El joven Artigas rió mientras Hernández lo empujaba para que ambos se acostaran sobre esa cama de paja algo improvisada, la misma que usaban todas las noches para acostarse uno sobre el otro y disfrutar, brevemente, del calor de sus pieles. El que sus familias supieran de su unión era algo impensado, imposible; sí, ellos eran amigos, eso estaba bien. Lo que no estaba bien era que ambos estuvieran ahí, repartiendo besos, actuando como pareja en la vía pública, porque en el pequeño pueblo de La Florinda, ser homosexual no estaba ni permitido ni imaginado.

 

—Ojalá todos supieran que soy tuyo, Tin —lamentó con un suspiro el menor de los Artigas, acariciando el pelo del de ojos verdes. Le gustaba el color de éste, le recordaba a la paja del granero donde siempre se acostaban—. Que no les moleste, que no les importe...

 

—No siempre se puede tener todo lo que se quiere, Seba. —Martín era mucho más frío que él, pero porque estaba acostumbrado a ese diálogo que casi todas las noches repetían, como un mantra—. Pero eso lo hace más divertido, ¿no? Que sea prohibido... Para nosotros dos. Nadie más.

 

Sebastián no parecía muy convencido de sus palabras, pero no contradijo a su amante. Con la luna llena de Noviembre iluminando afuera, casi parecía de día, aunque no dentro del granero. De sus labios mordidos salió un suspiro, sintiendo cómo Martín buscaba su mirada. Podría estar una vida viéndolo, así, pero en su lugar sólo se detuvo a mirarlo por unos eternos segundos, sin saber que fueron 33.

 

—¿Vos... Vos creés en los múltiples universos? —preguntó el de anteojos luego de un rato de verlo, desviándose a las gallinas que dormían tranquilitas abajo. Martín parecía confundido con la pregunta.

 

—¿Múltiples universos? Como... Realidades alternas, ¿no? —Sebas le contestó que sí—. Y... Yo creo que puede ser. Digo... Capaz hay un universo donde no somos novios y somos primos u otro donde somos mujeres. Capaz haya algunos donde somos entidades mágicas, otro donde nos odiamos u otro donde alguno de los dos está muerto... Pero creo que en todos esos nos amamos, hasta cierto punto, igual que ahora.

 

—Sos un cursi... —Se rió Sebastián, cosa que hizo las mejillas de Martín arder.

 

—¡Bueno, vos preguntaste! —Él revoleó los ojos, mientras su novio seguía riéndose—. También hay una realidad donde no tenemos que escondernos, como ahora... Y somos felices.

 

—Una donde no te tengas que casar con Victoria... —Seba sonrió, aunque ese último le dolía más que todo, cosa que no pasó desapercibida para Martín.

 

—Bueno, pero vos sabés que ese matrimonio lo arreglaron desde antes de que naciéramos... —Se levantó un poco, estirándose para verlo a los ojos, intimidando así a su amante cuando se conectaron ambos, en especial cuando su mano derecha terminó en su pecho—. Yo te amo a vos, si pudiera elegir te elegiría a vos, una, mil veces. No me importa si a mi papá me parece que sea "maricón", no me interesa en lo más mínimo si a alguien del pueblo no le cabe que me gustés así de mucho como me gustás. Yo sé que te quiero a vos, que nunca voy a querer a nadie como a vos y aunque esté con ella, mi corazón siempre va a estar acá, con vos, arriba de esta... Cosa que pica, pero que la banco por vos. Porque, me gustás... Porque te amo...

 

«Y es injusto que te quedes acá, esperando» pensó Martín después de eso, pero no lo dijo en voz alta. No quería arruinar el momento, no, quería transmitirle eso, esas palabras, sosteniendo su mirada, chocando con esos anteojos de montura negra que tanto le gustaban.

 

» Yo te elijo a vos, ahora y siempre. Todas las veces que quieras, te digo que sí, te digo a vos... Vos sos el único hombre que me gusta, no hay otro ni otros, sos vos... Siempre podemos irnos de viaje y nunca volver, ¿entendés? Pero primero tenemos que conseguir dinero. Sólo así vamos a escapar y si quedo lo suficientemente bien con su papá, entonces me va a dar el puesto que quiero y más.

 

—¿Estás... Seguro de eso? —Sebastián tembló por lo convencido y seguro que sonaba. Le gustaba.

 

Martin le dedicó una sonrisa ante la pregunta e hizo la distancia corta entre los dos, sólo para rozar brevemente sus labios con los del otro, juntando sus frentes.

 

—Sí, Sebastián, sí. Una, mil veces, sí. Catorce veces sí. Siempre va a ser sí para vos...

 

No tardó en culminar aquello con un beso, un gesto tierno, suave, sellando su promesa con ese acto inocente y un poco no tan inocente. Pero nada de eso importaba, porque en ese momento se tenían, aunque no sabían qué tanto eso iba a durar ni por qué, siquiera él cuándo de su culminación. Pues, luego de unos meses, cuando el matrimonio estaba por cerrarse entre Martín y Victoria, su único testigo confesó frente al comisario y futuro yerno lo que acababa de presenciar, siendo algo deplorable, asqueroso para sus oídos. No hace falta ser muy listo lo que ocurrió con Martín aquel 9 de Julio, durante los festejos de la independencia, porque así como acababa de cumplir los veinte años, se despidió repentinamente de este mundo, formando parte entonces de un universo donde Sebastián ahora tenía que vivir sin él, soñando tal vez en ser capaz de verlo en los ojos de alguien más, de otra versión de él, a la hora de dormir.