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Before The Next Song Begins

Summary:

A veces, a Itadori se le suelta llamarlo Gojo cuando conviven. El desliz suele llevar a un incómodo silencio y a disculpas que Yuuta no quiere escuchar porque su corazón se llena de tristeza y traición.

—Está bien. —responde mientras duda en abrazarlo para poder expresar de una mejor manera que no importa ese error— Te prometo que no me molesta ser llamado así.

—Es injusto para ti…—Itadori susurra, sus manos de un momento a otro buscan las suyas para poder apretarlas con una leve fuerza.

Yuuta disfruta esa acción más de lo que debería.

—Acepté este destino cuando tomé su cuerpo. No deberías sentirte mal por mis pecados.

--

Los hechiceros ganan ¿Pero a que costo? Yuuta puede lidiar con el papel de ser el más fuerte de la historia, un monstruo en toda regla.

Pero cuando se trata de Yuuji, quiere apelar a una humanidad que ya no tiene. Quiere ser Yuuta Okkotsu y no Gojo Satoru.

Notes:

Escrito para el disfrute de todos los integrantes de: 𝑮𝒐𝒚𝒖𝒖 𝑷𝒂𝒓𝒂𝒅𝒊𝒔𝒆五虎 en facebook.

Miren lo que me obligaron a hacer, prros. Un fic angustioso de más de 10K palabras. La verdad pensaba incluso llegar a los 15K pero creo que lo reservaré para un capitulo extra cuando la universidad me deje de estar chingando la vida.

Así que espero que les guste está humilde ofrenda, después de todo, la funa sigue siendo una opción si no les agrada jaja. Besos.

Work Text:

Okkotsu Yuuta no puede decir con seguridad cuando empezó a ver a Itadori Yuuji como algo más.

Al principio fue curiosidad. La descripción del chico por parte de Gojo-sensei fue terrible. Un dibujo mal hecho sobre una persona de cabello rosa y marcas en sus mejillas fue lo que recibió en su teléfono antes de que su maestro le pidiera que salvará al chico de los altos mandos en caso de que algo le pasara a él.

Otro niño metido al mundo de la hechicería sin otra guía más que Gojo y teniendo una ejecución inminente debido a la naturaleza de la maldición que albergaba.

Yuuta podía literalmente ponerse en los zapatos del otro chico porque él mismo estuvo en su lugar.

Tal vez por esa similitud, por el hecho de que Itadori Yuuji y él eran iguales, es la razón de porque Yuuta no lo pensó dos veces antes de aceptar ponerlo a su cuidado.

Por eso se sentía mal pensar que ahora había alguien más que lo entendía. Qué Yuuta podía compartir parte de su dolor con alguien más.

No lo malinterpreten. Maki, Panda y Toge son sus grandes amigos. Gracias a ellos y Gojo-sensei no se siente solo y ha aprendido muchas cosas de las que está orgulloso, así como aprecia con todo su corazón la compañía que ellos le brindan.

Pero a veces, a veces desearía tener a alguien que lo comprenda más profundamente. Incluso con todo lo que han vivido y visto, sus compañeros de clase no siempre pueden seguir su ritmo de pensamiento cuando el tema de Rika entra en la ecuación.

Lo sabe. Incluso cuando logró terminar la maldición y lo único que quedó de Rika fue un shikigami que era ella y al mismo tiempo no; la invocación seguía teniendo el mismo comportamiento posesivo e impulsivo de la Rika original en el que Yuuta lentamente estaba trabajando para que fuera menos agresiva con la gente.

Entrenamiento que sirvió gracias a Miguel y a su propia paciencia.

Un éxito si Yuuta toma en cuenta su primer encuentro con Yuuji, donde Rika lo trató de la forma más amable que pudo debido al plan de engañar a los altos mandos para matarlo y revivirlo.

Observar a Itadori mientras se encontraba inconsciente fue un experiencia. El dibujo de Gojo-sensei y su excéntrica descripción del chico no le hacían justicia en lo más mínimo. Yuuta prácticamente estaba sorprendido por la fuerza de Itadori y su inteligencia en combate. Si el chico ya tenía ese nivel con su leve tiempo en el mundo de la hechicería ¿Cómo sería cuando obtuviera más experiencia?

Tal vez habían sido sus propias pensamientos durante la llamada de Gojo-sensei y su enfrentamiento con el chico lo que instigó a que Rika fuera mucho más gentil en presencia de Itadori.

“… Yuuta… veamos a Yuuji, por favor.”

“Yuuta… quiero tocar el pelo de Yuuji.”

“Yuuta… juguemos con Yuuji, quiero probar su energía maldita.”

Por supuesto, no hay que decir que nunca permitió que Rika mordiera a Yuuji en ningún momento o lo hiriera de gravedad, pero no ayuda mucho que el chico instigue el comportamiento físico con Rika.

—¡Rika-chan es un shikigami muy genial, Yuuta-senpai! ¡No se parece en nada a los shikigamis de Fushiguro!

El brillo en los ojos de Itadori es algo muy especial. Desde que se conocen, Yuuta no ha podido verlo sonreír adecuadamente ni interactuar con fluidez con otras personas que no sea su autoproclamado hermano Choso. Al menos ya no desde el incidente con Megumi.

Momentos como este, donde Itadori está tranquilo y maravillado con el mundo de la hechicería le recuerdan lo mucho que se parecen. Itadori tiene la misma mirada que él solía tener cuando ingresó a este mundo aun cuando cada día se le dan más razones para amargarse aún más.

Por eso intenta acercarse a Yuuji, intenta hacerle saber que no está solo al tratar de conocerlo para formar un vínculo sólido que ambos puedan apreciar con todas sus fuerzas. Intenta transmitirle mediante acciones y palabras que siempre podrá contar con él cuando lo necesite.

Tal vez, piensa, su curiosidad por Itadori Yuuji se volvió admiración cuando descubrió lo físico y abierto que podía llegar a ser.

Yuuta siempre fue alguien reservado, no es fácil que dé muestras de afecto físico y tiene una baja tolerancia a ser tocado incluso por sus amigos y maestros. Qué Yuuji pueda atravesar esa incomoda barrera parece ser el equivalente a un golpe directo a su alma.  Es una acción que empieza primero con un choque de puños, una palmada en la espalda. Y que, después de un tiempo, escalaron hasta roces fugaces que le ponen la piel de gallina.

—No está mal —le confiesa a Rika en una solitaria noche en la base en la que residen temporalmente—, pero… No entiendo porque su toque es diferente a cuando lo hace Maki-senpai o Toge. —su mano acaricia la cabeza de Rika, quien lo escucha atentamente—¿Tienes alguna idea?

Rika mueve ligeramente su cabeza para disfrutar de la caricia a lo máximo antes de hablar.

“Itadori-kun es bueno para Yuuta… Muy bueno. Parece un oso.”

Yuta sonríe, una ligera risa se queda en sus labios.

—Cierto. Itadori-kun es una gran compañía ¿Crees qué le gusta pasar tiempo con nosotros?

Por supuesto, Rika no contesta de forma directa.

“A Rika le gusta Yuuji-kun. A Rika le gusta pasar tiempo con Yuuji.”

Rika se aleja de su toque solo para volverse más grande y acunarlo en sus brazos. Yuuta lo permite porque su mente da vueltas frente a las muestras de cariño de Yuuji, admirando su habilidad para ganarse la confianza de extraños y su labia llena de valentía.

“Rika quiere acunarlo también ¿Puedo traer a Yuuji-kun a nuestro cuarto?”

—No puedes, Rika —le recuerda— Itadori-kun necesita su propio espacio, aun no se siente muy bien que Sukuna tomara el cuerpo de Megumi.

La mención de Sukuna hace que Rika gruña de forma ligera. Que su forma se altere y distorsione un poco mientras bailan de forma angustiosa en la habitación.

“Malo, malo. Yuuji-kun no puede tener esa repugnancia de nuevo. No puede.”

Yuuta piensa lo mismo, no quiere que Sukuna vuelva con Itadori, pero a cómo van las cosas, lo más probable es que ese sea el escenario final para ambos.

—¿Te gusta mucho Itadori, Rika-chan?

“Me gusta porque a Yuuta le gusta.”

Y Yuuta se alegra mucho de que sea así. Itadori no se siente incómodo con Rika como sus otros compañeros que han visto tanto lo peor como lo mejor de ella. Itadori siempre la saluda, pide verla para ver aún más las marcadas diferencias entre ella y otros shikigamis, aun asombrándose por como ella es diferente.

Como recompensa, Rika siempre es gentil con Yuuji, se vuelve juguetona con él cuando pueden detectar su energía y Yuuta deja que ella salga para que pueda tocarlo, siempre recordándole que no sea brusco con él.

Al lado de Itadori, Rika siempre parece comportarse un poco más humana y menos como los restos de una niña muerta. Un hermano mayor muy complaciente tomando en cuenta lo mucho que mima a Rika cuando ella se le acerca.

A veces, Yuuta incluso bromea con Choso al decirle que, si se distrae un poco más, Itadori tendrá una hermana shikigami muy posesiva e intensa.

Choso tiene sentido del humor, la media maldición siempre le regresa la broma diciéndole que no le importa si a Yuuta no le afecta cuidar de otros seis hermanos.

La idea es divertida, es incluso un poco inevitable que sueñe con eso en las noches cuando la última de sus interacciones es con Itadori. Sueña con su antigua casa, con su hermana y su familia. Sueña con Itadori y sus hermanos visitándolos de forma animada.

Es algo grotesco –en el buen sentido– ver como maldiciones humanoides y no tan humanoides interactúan con su familia como si fuera normal, incluso cuando sueña, Rika nunca está presente como humana.

Itadori y el siempre están juntos, siempre disculpándose cuando sus hermanos hacen un desastre de comida en la casa o cuando Rika apachurra muy fuerte a una de las pinturas de la muerte por error por querer abrazarlo.

Le gusta la domesticidad de esos sueños. Le gusta que en ellos él e Itadori se sientan felices.

Aunque son sueños raros cuando están a punto de terminar. Los hermanos de Itadori nunca lo llaman hermano. No.

Siempre lo llaman de otra forma cuando Yuuta abre los ojos. Tiene la palabra en la punta de la lengua, lo sabe, pero entre la neblina de su mente al despertar y una Rika a la que atender, esa palabra se desliza y desaparece de sus labios.

Sin embargo, Yuuta se encuentra siendo muy susceptible a Itadori, sobresaltándose cuando el chico lo toca a pesar de que ya se acostumbró a sus toques, sintiéndose nervioso cuando Itadori se acerca mucho a él o rodea sus hombros con su brazo para acercarlo en una abrazo cómodo.

Se siente mal, pero al mismo tiempo bien.

Rika comenta mucho sobre eso por las noches, lo que le avergüenza, pero supone que es inevitable. Sus pensamientos están unidos a Rika y es difícil esconderle algo a ella.

Pero es un más difícil decirle a ella que no puede traer a Itadori su habitación a pesar de que con cada día que pasa, va anhelando su cálido toque y mirada brillante; quiere la normalidad que Itadori siempre le transmite cuando están juntos porque es durante esos momentos que puede sentirse como alguien normal, alguien ajeno al mundo del Jujutsu.

Por su puesto, ese sentimiento no dura cuando tiene que abandonar el domo donde reside Yuuji para ir a buscar más puntos para el juego del sacrificio.

Yuuta se consuela en las noches, cuando Rika lo acuna entre sus manos gigantes y sueña con Itadori y sus familias. En el sueño, él y Yuuji siempre terminan agarrados de la mano de una forma u otra.

No puede evitar preguntarse si las manos de Itadori son igual de suaves que en su sueño.

Cuando se vuelven a reunir hay emoción. Itadori es mucho más feliz y abierto que nunca porque finalmente ha llegado el momento de liberar a Gojo-sensei.

Por supuesto, su liberación tiene una planificación rigurosa porque el Gokumonkyo pudo haber tenido efectos secundarios sobre Gojo. Efectos que van desde que su maestro pudiera volverse loco y atacarlos o que su psique fuera tan delicada para llegar al punto de no reconocerlos.

Por eso se toman su tiempo de hablar con Hannah y Ángel. Y es durante ese tiempo que Yuuta puede ver otra faceta de Itadori.

Itadori tiene una fijación por Gojo-sensei.

No es algo que no sea conocido, el chico siempre hablaba sobre recuperar a su maestro y a veces se abría con Yuuta para poder aliviar el peso de su corazón al contarle el sellado de su maestro, la culpa que siente por el incidente de Shibuya y más recientemente: la posesión de Megumi.

A Yuuta le duele ver a Itadori así, por lo que la solución más fácil fue compartir sus memorias de Gojo y momentos que pasaron juntos. Incluso contándole su historia de como conoció al excéntrico hombre.

Itadori piensa lo mismo que él, que ambos realmente se parecen mucho.

A partir de ahí es como flotar en las nubes. La compañía de Itadori es grandiosa y Yuuta siempre que puede trata de pasar tiempo con él. Ya sea que ambos salgan a reunir suministros o simplemente pasar el tiempo entrenando.

Durante ese tiempo, Itadori habla mucho de Gojo-sensei, habla sobre como lo admira, como disfrutó que fuera su maestro en el corto tiempo que tuvieron y le cuenta incluso una anécdota sobre que Gojo fingió su muerte y lo entrenaba en el sótano de su casa.

Tanto él como Rika lo miran con una pregunta en el rostro. Yuuta no juzga el método, de hecho, si lo piensa bien, Gojo pudo aplicar la misma estrategia con él de no ser porque a Yuuta nunca buscaron matarlo activamente.

Gracias a esa plática, Yuuta puede ver que Itadori se preocupa genuinamente por Gojo por ser él y no porque es el más fuerte. Itadori aprecia verdaderamente a Gojo-sensei hasta el punto en que es doloroso ver el enorme afecto que le tiene.

Yuuta se pregunta si Itadori también podría quererlo de esa forma. El pensamiento sale tan de la nada que es inevitable que piense alrededor de él y se sienta confundido cuando cada interacción que tiene con Itadori lo deja con una sensación de felicidad que no debería de tener.

Sus sueños se plagan de ese sentimiento, ya no basta con que Itadori y él se garren de las manos debajo de la mesa cuando comen junto a sus familias. A veces, sus piernas se rozan de forma intencional. A veces, Itadori es quien lo aparta y lo lleva a un lugar aislado para abrazarlo con su fuerte cuerpo en contra de una pared.

Y Yuuta lo disfruta tanto. Anhela sentir ese toque que se entrega de lleno en los sueños y siempre se despierta decepcionado cuando Itadori no está a su lado. Los sueños lo incentivan a dejar a un lado su timidez y empezar a ser él quien inicia el contacto con Itadori con la esperanza de poder obtener una cercanía tan parecida a la de sus sueños.

Su movimiento parece sorprender al joven, al principio curioso por este cambio en Yuuta, pero finalmente siguiendo la corriente. Tocar a Itadori en la realidad es mucho mejor que en sus sueños y finalmente obtiene su respuesta a su pregunta sobre las manos de Yuuji.

Son todo menos suaves. Ligeramente ásperas y con callos, sus manos tienen cicatrices producto de sus peleas con las maldiciones.

Rika pregunta si es posible curar las manos de Itadori, pero Yuuta niega con tristeza esa posibilidad. Las manos de Yuuji hace mucho que sanaron por lo que la técnica inversa no funcionará.

Sin embargo, eso no es algo que le preocupe a Itadori o hunda su ánimo. A chico de cabello rosa no le molestan sus manos ni las cicatrices en su cara y cuerpo. Pero a Yuuta si, o al menos no en forma de preocupación.

Le importan porque con esa nueva información, el Itadori de sus sueños ahora también tiene cicatrices y el deseo de tocarlas con sus dedos es algo que lo mantiene inquieto y sin poder conciliar el sueño.

 Un deseo que se hace realidad cuando Itadori pelea con una maldición y sale herido. Yuuta es el primero en ir y sortear a Choso con la débil excusa de que Shoko está casada, por lo que él curará las heridas.

Se siente bien tocar la piel de Itadori, es cálida y muy suave.

Yuuta se asegura de que su técnica inversa deje la piel de Yuuji en ese mismo estado, sin cicatrices ni signos de que u piel alguna vez se desgarró y sangró. Su recompensa por su buen trabajo es un abrazo que le saca el aire de forma inesperada mientras Itadori lo llena de elogios.

—¡Yuuta-senpai! ¡Eres increíble! — Itadori habla muy fuerte y feliz, levantando a Yuuta como si fuera lo más liviano del mundo y no un ser humano de aproximadamente ochenta kilos— ¿Algún día podré yo hacer eso?  

Yuuta le sonríe con sinceridad, hipnotizado por su felicidad y como su rostro se vuelve mucho más bonito cuando no tiene una mirada seria.

—Por supuesto. —contesta antes de que Rika se manifieste en una forma donde sus manos son tan grandes para poder cargar a Yuuji.

Es una situación divertida, Rika cargando a Yuuji quien lo carga a él en una abrazo mortal. Es una memoria muy feliz que hace que su cuerpo se sienta muy bien, liviano y completamente recuperado de cualquier malestar que tuviera.

Un sentimiento que hace latir con fuerza su corazón de una forma agradable. Una que disfruta al máximo hasta que Gojo-sensei finalmente sale del Gokumonkyo.

Cuando Gojo se teletransporta a ellos porque Kenjaku escondió la otra parte del cubo en lo más profundo del mar, es Itadori quien salta directo a los brazos de Gojo y entierra su cara en su cuello mientras le da la bienvenida.

Yuuta debería estar feliz.

Estoy feliz, piensa, Gojo-sensei ha vuelto. Gojo-sensei puede finalmente derrotar a Sukuna y terminar todo de una vez.

Pero ver a Itadori así de feliz y libre con su maestro de una forma en la que Yuuta nunca pudo conseguir llena su corazón de emociones negativas, alterando incluso a Rika de una forma en la que él puede escucharla gruñir, ansiosa por salir y destrozar lo que sea que haya ocasionado su malestar.

Pero Yuuta se recupera con rapidez, rápidamente entiende que es tonto pensar así y sentir esta oleada de… animosidad hacía su maestro cuando él es la razón de porque ahora Itadori es más feliz que nunca. Por eso se traga estos sentimientos, por eso cada noche cuando Rika lo acuna le pregunta si a ella le gusta Yuuji tanto como a él.

Rika está sincronizada con su ser. Rika es un reflejo de las emociones de Yuuta y con cada pregunta, más anhelo siente por Itadori y más celoso se siente de lo normal que es para Gojo recibir el cariño de Yuuji.

Ah.

Yuuta finalmente resuelve sus sentimientos en su último sueño. Un sueño que sigue los patrones familiares donde Yuuji y él están en su casa junto a sus familias.

Pero en esta ocasión, solo están ellos dos en casa.

Es muy inocente, Yuuta y Yuuji interactúan con normalidad y hacen cosas simples. Preparan la comida para todos, se divierten haciendo un desastre en la cocina que luego tendrán que limpiar y para cuando está listo, es Yuuji quien toma la mano de Yuuta mientras hace una seña con la otra sobre sus labios para que Yuuta guarde silencio.

Yuuta lo hace, le recuerda a las películas de comedia que veía con su hermana donde los niños del filme están a punto de cometer la mayor travesura de sus vidas.

Excepto que lo que Itadori quiere hacer no es una travesura.

Yuuji lo lleva a su habitación, prácticamente cerrando la puerta en cuanto Yuuta entra para después presionarlo contra está con todas sus fuerzas. Pecho contra pecho, con Yuuji peinándose su cabello hacía atrás de una forma atractiva y lenta mientras acerca sus rostros sin timidez alguna y una sombra en sus ojos dilatados. Sus labios se tocan en un leve roce que le envía escalofríos a sus piernas y que, de no ser por Yuuji, Yuuta se hubiera deslizado hacía el suelo.

Sus alientos se mezclan, el calor entre ellos es sofocante, como un incendio que no puede ser apagado y la única solución es juntar sus labios con desesperación. Con sus manos recorriendo el cuerpo del otro, sintiendo la poca, pero caliente piel de cada uno.

Le encanta, lo adora. Besar a Yuuji es como probar agua en medio del desierto y la presión entre sus cuerpos es deliciosa. Yuuta es quien profundiza el beso esperando que Yuuji le de permiso para que pueda probar su boca.

Sin embargo, ambos se separan con respiraciones rápidas y profundas. Yuuji aún sigue presionando su cuerpo contra el suyo de una manera en la que ambos pueden sentir sus erecciones entre la ropa. Yuuta no puede evitar cerrar los ojos y suspirar de placer cuando sus caderas se mueven en un movimiento circular para frotarse contra Yuuji quien deja salir un bonito gemido.

Es precioso, es dulce y adictivo. Yuuta quiere más, pero en cuanto toma la iniciativa para estar sobre Yuuji, él despierta.

Despierta completamente duro y adolorido en su cama. Con su cuerpo sudando a más no poder junto a un calor insoportable.

Es ese sueño en el que finalmente se da cuenta que su admiración por Yuuji se volvió un enamoramiento.

Algo terrible, completamente horrible.

Porque no hay peor mal que enamorarse y saber que la persona que quieres más en el mundo está enamorada de otra persona.

Rika lo consuela el resto del día, manifestándose en su forma incompleta todo el tiempo e incluso rechazando a Gojo cuando él va a visitarlos para ponerse al día con la situación actual de Japón.

Si es extraño, nadie lo menciona. Pero Yuuta no va a fingir que no se siente bien bajo los cuidados de Rika y su afecto cuando los celos lo invaden al ver a Yuuji tan a gusto con Gojo, tratando de pasar todo su tiempo con él y olvidando momentáneamente la presencia de Yuuta a menos que Rika empiece a demandar atención de Yuuji.

Se repite muchas veces así mismo que este no es un buen momento ni para sus fantasías ni para sus celos sin fundamento. Están en medio de una guerra y nadie sabe quién vivirá para ver el mañana cuando Gojo los reúne para discutir el plan de acción.

Lo primero es deshacerse de Kenjaku y para ello Ángel sugiere que Takaba lo entretenga hasta hacerlo bajar la guardia y Yuuta le dé el golpe de gracia con ayuda de Todo.

Yuuta no tiene problemas en aceptar esa parte. Rika y él son capaces de manejar al enjambre de maldiciones que puedan salir del cuerpo de Suguru Geto cuando maten al brujo y si tienen suerte, interrumpir la asimilación de Tengen.

El plan es bueno y concreto. Pero todo se derrumba cuando surge una interrogativa.

¿Gojo-sensei ganará?

Yuuta se enoja y se indigna cuando los demás osan en pensar que Gojo perderá. Pero, aunque no le guste esa perspectiva, sabe que deben de tener más planes cuando esa es una gran posibilidad, no importa si Gojo dice que no tiene intenciones de perder, el enfrentamiento contra el rey de las maldiciones es complicado y devastador.

Pero sus preocupaciones llegan a un nuevo nivel cuando excluyen a Yuuji de sus planes más desesperados. Planes cada vez más oscuros y peores que el anterior y que llega a un punto de quiebre con todos cuando sugiere usar la técnica de Kenjaku para poseer el cuerpo de Gojo-sensei como último recurso.

Por supuesto, todos están tensos. Están en una guerra, pero aun así se preocupan por mantener su humanidad y moral lo máximo que pueden. Pero Yuuta tiene la determinación para hacerlo, una guerra no es justa, el enemigo siempre jugará sucio y sabe más que nadie que dejarle toda la carga a Gojo-sensei no es correcto. Que no solo Gojo es quien debe ensuciarse las manos para obtener posibilidades de ganar y que ellos deben de estar dispuestos a convertirse en monstruos si quieren llegar a la victoria.

Pero parece que a ellos les aterra esa perspectiva. No quieren que Yuuta se vuelva un monstruo, que se sacrifique de esa manera, pero no dudan en mandar a su maestro al matadero y mancharse las manos solo porque es el más fuerte.

Yuuta está dispuesto a volverse uno si eso significa proteger a los que ama. Esta dispuesto a tener más sangre en sus manos si eso significa poder conseguir un futuro brillante para sus amigos y Yuuji.

Por eso se traga sus celos cuando ve a Yuuji y a Gojo interactuar de forma muy cercana. Mucha más intimida de lo que debería ser y se concentra más en ayudar a entrenar a Yuuji para su manejo de energía maldita. Se guarda su frustración cuando Yuuji decide pasar más tiempo con Gojo-sensei y Yuuta es lo suficientemente perceptivo como para leer entre líneas que hay algo entre ellos.

Toques que duran más de lo normal y apropiado entre alumno y maestro. Miradas furtivas entre ellos dos y mañanas donde Yuuta los atrapa más de una vez que uno sale de la habitación del otro.

Ese algo lo quema, lo enferma.

Porque Yuuta desea que lo que Yuuji le está dando a Gojo-sensei sea para él. Así que mientras ignore las marcas en el cuello de Itadori y no escucha nada fuera de lo normal entre ellos, puede perfectamente fingir que aún tiene alguna oportunidad con Yuuji, que aún puede refugiarse en el Yuuji Itadori de sus sueños que está a su lado y corresponde su amor con la misma intensidad y no tiene nada que envidiar y preocuparse.

Que no tiene que torturarse con la misma pregunta cada día.

¿Por qué él?

Tal vez por eso, cuando el veinticinco de diciembre llega, se muerde la lengua y los labios cuando escucha débiles gemidos de placer provenientes de la habitación de Gojo-sensei. La voz de Itadori tan profunda y seductora suspirando y gimiendo el nombre de Satoru con un amor tan profundo que le provoca envidia y le recuerda que Itadori Yuuji, ya no puede ser suyo.

Así es la vida. Así como tuvo que dejar ir a Rika también debe hacerlo con Yuuji.  Por qué quiera o no, mientras Itadori Yuuji sea feliz, Yuuta también.

Se siente un más culpable cuando antes de que Gojo vaya a enfrentar a Sukuna, le pide en privado que cuide de Yuuji.


Ver a Gojo-sensei morir fue un shock del que nadie tuvo tiempo de procesar. No cuando aún tenían que lidiar con Sukuna, no cuando Kenjaku aún estaba por ahí haciendo de las suyas.

El show debe continuar aun si los actores se lastiman. El telón se debe cerrar temporalmente antes de abrirse para dar paso a nuevos actores.

Yuuta cumple su primera parte con Takaba y Todo. Los tres logran matar a Kenjaku y contener las maldiciones del cuerpo de Geto. Pero es esa posibilidad hecha realidad lo que evita que llegue a tiempo para poder salvar a Higuruma y descubrir que Sukuna ha reencarnado por completo.

Hay altas y bajas. Su cuerpo esta tenso por la masacre que ha ocurrido, pero lleno de esperanza cuando él y Yuuji trabajan arduamente para arrinconar a Sukuna y obligar a Megumi a salir y luchar por el control.

Su trabajo en equipo es impecable junto al apoyo de Rika, el plan de sacar a Megumi va en buen camino y por un momento Yuuta cree que todo ha acabado cuando Yuuji da el último golpe para hablar con Megumi.

¿Pero cuando el destino los ha favorecido?

El plan fracasa, aun cuando ellos dos lo hicieron perfectamente, fallan porque no tomaron en cuenta que Fushiguro Megumi ya no tenía intenciones de continuar, de vivir. De pelear.

Y cuando siente el terrible poder del desmantelar cortar su brazo, su estómago y cadera. Sus venas y arterias recibiendo un corte limpio y letal. Lo único en lo que puede pensar es en sus amigos y en Yuuji.

Antes de que Rika lo lleve con Shoko, Yuuta se fuerza a mirar a la persona que ama. En dedicarle una mirada con la única intención de hacerle saber que no necesita preocuparse por él, que debe continuar.

Lamenta mucho ser otra persona que haga sufrir a Yuuji.

Pero ahora, si quiere tener la posibilidad de que Yuuji pueda vivir, de que sus amigos vivan, Yuuta debe convertirse en el siguiente monstruo. Debe abandonar su humanidad en son de la protección de aquellos que ama.

En la mesa de operaciones, mientras su vida se resbala de sus manos cual agua en un rio, Yuuta le pide perdón a su maestro por profanar su cuerpo. Por no dejarlo descansar en paz incluso en la muerte.

“No me importa lo que hagan con mi cuerpo.”

Si importa, sensei. Al final, incluso en tu muerte, la mayoría te consideraba una herramienta.

Y yo no fui tan diferente de ellos.

Mientras activa su llamado completo a Rika, Yuuta se pregunta si Itadori lo odiará a partir de ahora.

Tal vez, piensa, tenga suerte de morir antes de ver la mirada de horror y decepción en Itadori.


Ganan. Ellos ganan después de enormes sacrificios. Tanto Yuuji como Yuuta tuvieron que volverse monstruos, calamidades para poder vencer a otra calamidad, ensuciarse las manos para que el futuro siga existiendo para otros.

Estar en el cuerpo de su maestro es incómodo. Es extraño ver de una forma diferente, sentir y comprender la energía maldita de una forma anormal y detallada; donde una simple mirada hacía cualquier persona u objeto con los seis ojos es suficiente para saber todo lo que necesita.

Yuuta entiende el mundo de una forma antinatural, de una forma en la que no debería ser posible para él pero que ahora es su cruda realidad.

Itadori y él están en la misma sala para sanar sus heridas. Cansados, deprimidos y, sobre todo: perturbados.

Yuuta no puede mirarlo a la cara, no puede mirarlo a los ojos para ver una mirada dolorosa que le destrozará el corazón. Un monstruo como él no se merece a alguien como Itadori, un alma inquebrantable, que, a pesar de volverse una calamidad, aún tiene un rastro de humanidad en él.

—¿Por qué no me lo dijeron? — Itadori susurra, su voz es gruesa y ronca, completamente prevista de alguna emoción para desgracia de Yuuta, quien no puede decidir cómo enfrentarse a Itadori.

¿Cómo le dices que a través de él Sukuna podía saber sus planes? ¿Cómo le dices que, a pesar de todo, Gojo había escogido a Suguru sobre cualquiera de ellos? ¿Cómo le dices que la persona que amabas secretamente deseaba reunirse en el más allá con la única persona que lo consideraba Satoru y no el más fuerte?

—Yo tenía derecho… Yo tenía derecho a saber.

Y Yuuta no puede negarlo, no puede. La técnica de Kenjaku le proporciona todos los recuerdos de su huésped.

¿Cómo le dice a Yuuji los verdaderos sentimientos de Satoru? ¿Cómo le dice que a pesar de que Satoru también lo amaba e iluminó sus últimos días de existencia, nunca pudo soltar a Geto de su corazón y por eso poco importaba lo que hicieran con su cadáver?

Yuuta no puede. Eso rompería a Itadori.

Así que hace lo único que se le ocurre.

Miente.

—Él sabía que no estarías de acuerdo. Gojo-sensei dijo que no le importaba como usáramos su cuerpo.

Es extraño tener la sensación de hablar en tercera persona, como si estuviera empleando mal el nombre de su maestro.

Que técnica tan repugnante.

—Varios se negaron a al idea, pero yo-

—Entonces, ¿Por qué lo hiciste?

Yuuta se permite ser sincero, al menos en esa parte.

—Porque alguien necesitaba convertirse en un monstruo para ganar. Yo estaba dispuesto a asumir el riesgo y… si te hace sentir mejor, Gojo-sensei estuvo de acuerdo con eso.

Por supuesto que eso no hace sentir mejor a Itadori, los seis ojos son una maldición para él en este momento, porque a pesar de que no esté mirando a Itadori, los ojos de su maestro aun así le muestran su reacción, como si lo estuvieran castigando.

Itadori tiene lágrimas que bajan en silencio de sus mejillas, el dolor en su expresión hace que Yuuta quiera irse y vomitar en silencio; su propio corazón duele y no sabe cómo aliviarlo.

Pero a pesar de eso, no se arrepiente de su decisión.

No se arrepiente de ganar, de la posibilidad de tener un mejor futuro no solo para él y Yuuji, si no para propio mundo de la hechicera. Un mundo donde espera, nadie tenga que sufrir lo que ellos.

—Te… ¿Te quedarás así para siempre? —pregunta Itadori, en su mirada hay una leve esperanza que Yuuta reconoce rápidamente.

—Perdí para siempre mi técnica de mimetismo — contesta sin rodeos. Yuuta ya no puede volver a su antiguo cuerpo ni usar la técnica de Kenjaku, está atrapado para siempre en el cuerpo de su maestro.

Con la pérdida de su técnica, también lo fue el final de Rika.

Su respuesta parece ser suficiente para Itadori, quien se mantiene en silencio, tratando de mantener la distancia entre ambos.

Esa es la conversación más larga que tuvieron a partir de ese momento. La caída de Sukuna y la casi asimilación de Kenjaku provocó cambios grandes en el mundo. Como las barreras de Tengen ya no existen, las maldiciones ya no se concentran en Japón. El resto del mundo va experimentando en carne propia la nueva era de la hechicería que Sukuna provocó.

Y Yuuta no puede tomar un rol secundario. No puede cuando todo el mundo voltea y lo señala con el dedo como el hechicero más fuerte de la historia. El mundo no ve a Yuuta Okkotsu, si no a Satoru Gojo.

Y aunque el consejo se ha disuelto y ahora hay otras personas para guiar a japón en esta nueva y peligrosa era, el mundo necesita del más fuerte. Necesita que alguien entrene a los humanos que están adquiriendo energía maldita y lo únicos que pueden hacerlo son los hechiceros de Japón.

Él.

Su técnica inversa ha curado las suturas de Shoko sobre el cuerpo de Satoru, dejando solo la herida de su frente al ser un voto vinculante de la propia técnica de Kenjaku.

—Aunque eso podría cambiar —dice Shoko mientras le instruye como maquillarse para que la herida sea menos obvia— esa herida existía como resultado de que Kenjaku hacía sus trasplantes el mismo, no con ayuda de un tercero.

La posibilidad de que la herida cicatrizara correctamente y Yuuta pudiera desaparecer la cicatriz le aterraba. Hacer eso significaría decirse así mismo que ahora debería vivir como Gojo Satoru y dejar atrás su vida como Okkotsu Yuuta de manera definitiva.

Yuuta evita pensar con todo sus ser el paradero de su cuerpo destrozado, un cuerpo que fue entregado a su familia porqué él no tuvo la voluntad de hacerlo y ver las expresiones en sus rostros.

Con el maquillaje terminado, Yuuta se acomoda la hakama blanca y azul que viste una última vez antes de ir a la sala de reuniones con los representantes de los demás países. Mentalizándose para poder superar sus nervios frente a grandes multitudes de gente.

Si tan solo Itadori estuviera a su lado, Yuuta se sentiría más cómodo.

Pero no puede pedirle eso, no cuando Itadori aún sigue en duelo por todas sus pérdidas.

Y eso está bien, Yuuta puede esperar toda su vida hasta que Itadori pueda perdonarlo.

Por eso, a pesar de que le han dado el puesto de líder, Yuuta nunca molesta a Itadori ni lo obliga a ir a la cedes de hechicería que ahora se encuentran por todo Japón; tampoco lo llama para contratarlo como maestro para las nuevas generaciones de hechicero que se están presentando debido a que la balanza del mundo aún no está en equilibro, dándole la razón a Yuki sobre una de sus teorías.

A la velocidad a la que se están formando hechiceros alrededor del mundo, las estimaciones para que toda la humanidad pueda usar y moldear energía maldita será dentro de varios años. Diez generaciones si son optimistas.

En muchos años, las maldiciones dejaran de existir, pero hasta que ese momento llegue, Yuuta debe seguir luchando, debe seguir equilibrando al balanza en el mundo.

Por eso hace todo lo que puede para enseñar y pasar sus conocimientos fuera de Japón. Los seis ojos hacen las cosas más fáciles de transmitir porque, aunque es un prodigio y su sangre es aún más bendecida que la de Gojo, Yuuta adora enseñar.

Poco a poco, y tal vez gracias a que su personalidad es mucho más humilde que la de su maestro, sus alumnos aprenden a separar al más fuerte de la historia y a su maestro Gojo Satoru.

Sigue siendo extraño que la gente lo llame Gojo y no Okkotsu. Que cuando lo llamen el nombre que susurran es Satoru y no Yuuta. Que cuando sueña aún tiene su cuerpo original de dieciséis años junto a su pelo negro y ojeras y no un cabello blanco como la nieve y ojos de un azul radiactivo en un cuerpo de veintiocho años.

Treinta para este punto, se recuerda así mismo mientras revisa el último informe que los estudiantes de la prefectura de Saitama le han enviado. Con su liderazgo y con ayuda de Noritoshi Kamo y el clan de Toge han mejorado el sistema de emparejamiento.

Las misiones desde ahora en adelante son de a cuatro personas y al menos uno de ellos debe saber la técnica inversa o en su defecto, tener a un hechicero de primer o semi-primer grado al mando.

Si la maldición es muy fuerte, la retirada es obligatoria y deben contactarlo a él para ocuparse del caso o en su defecto, mandar un grupo de hechiceros más experimentados.

Y, por último, los estudiantes de hechicería tienen prohibido ir a misiones hasta que dominen lo básico del Jujutsu.

Incluso si Yuuta tuvo que asumir la mayor parte de la carga de exorcismos en los inicios de la reforma, ahora que ya ha echado raíces puede dase el lujo de tener días libres como cualquier otro trabajador.

Aunque no se hace el tonto, sabe que su sistema no colapso gracias a Itadori quien trabaja en las sombras, quien sigue fielmente su palabra de exorcizar maldiciones hasta que su cuerpo se atrofie.

Yuuta no lo persigue. No lo molesta. Y si de casualidad algún hechicero lo encuentra, la orden es dejarlo ir, no mover ningún dedo contra él. No solo porque Yuuta lo ha dicho, sino porque cada día que pasa, la energía maldita de Yuuji se vuelve igual de siniestra y poderosa a la de Sukuna.

Si eso es un efecto secundario de que Yuuji dominara el alma de Sukuna para sobrescribirla con la suya y así matar definitivamente al rey de las maldiciones, es algo en lo que Yuuta no quiere pensar.

Después de todo, Megumi Fushiguro tampoco ha despertado de su coma en el hospital.

Y si es sincero, Yuuta no espera que lo haga.

A veces, solo a veces. Cuando tiene esos días donde no puede diferenciar si él es Gojo Satoru o si es Okkotsu Yuuta, no puede evitar culpar a Megumi de su situación actual.

Pero tan pronto ese pensamiento aparece, Yuuta se reprende.

Megumi nunca tuvo opción. Megumi nunca quiso nada de esto. Sukuna hundió su alma para que Fushiguro no pudiera luchar y tuvo éxito en ello.

En su próxima visita al hospital donde duerme Megumi, Yuuta se queda a su lado hasta que el horario de visitas termina. Ignorando de forma intencional la presencia de Itadori Yuuji al otro lado de la puerta, completamente inmóvil.

Sin pensar, Yuuta cierra sus ojos para evitar sobrecargar su cerebro de información.


Conforme más pasa el tiempo, es más fácil para Yuuta aceptar el nombre y uso de la palabra “Gojo Satoru”.

Si bien solo los lideres del clan Gojo, Kamo e Inumaki saben la verdad, para el resto del mundo él es Gojo Satoru y siempre será Gojo Satoru. Yuuta Okkotsu no existe, fue una desafortunada baja en la batalla contra el rey de las maldiciones.

Es más fácil para Yuuta pensar en Gojo Satoru como una máscara que debe usar frente a otros y no como su persona. Es más fácil para su mente pensar en el nombre de “Gojo Satoru” como la máscara del monstruo en que decidió convertirse.

Pero cada día es más difícil mantener los pedazos juntos.

Cada día, es más difícil separar al monstruo de Yuuta.

Comienza como una muletilla de Gojo que se le escapa al hablar. Yuuta siempre habla de forma calmada y amable, rara vez se dirige a sí mismo como algo mejor o superior a otros; pero a veces, cuando habla siente que es Gojo quien lo hace y no él.

Otra es la forma en la que mira a la gente, Yuuta rara vez mira a gente a los ojos, agradecido por los lentes oscuros y la bandana para no tener que dar explicaciones al respecto. Pero con cada día que paso, se siente más cómodo, casi obligado a mirar a los ojos de la gente.

La diferencia más obvia para quienes conocieron en su momento al verdadero Satoru Gojo es su lenguaje corporal. Yuuta casi nunca hacía el esfuerzo por parecer más alto de lo que es o tener una buena postura. Tampoco le gusta parecer más intimidante o exaltar confianza cuando no es necesario, pero ahora lo hace de manera inconsciente.

Por eso, cuando Shoko lo visitó una vez y se quedó para observarlo durante un rato; ella detuvo en seco su conversación cuando Yuuta le preguntó si quería ciertos dulces en específico como postre.

Sus ojos estaban realmente abiertos y su boca medio abierta, como si estuviera a punto de decir algo. El cigarrillo en su mano cayendo hacía el suelo mientras lo mira como alguien a quien ve un fantasma.

—¿Gojo…?

Yuuta solo puede darle una mirada amable pero llena de tristeza mientras niega con la cabeza. Los dulces en sus manos de un momento a otro se volvieron más pesados de lo que son.

—Yuuta. —responde.

Basta decir que, desde ese momento, Shoko nunca más volvió a visitarlo.

Así como la cicatriz ya no necesita de sutura y ha dejado una leve línea que puedes ver si prestas la suficiente atención, Yuuta siente que cada día se pierde entre sus recuerdos y las memorias de su sensei.

Los seis ojos son una bendición y una maldición. Su cerebro aún no se ha adaptado del todo a la estructura de ellos y, por ende, toda la información que le llega a su cerebro no es procesada con la misma velocidad a la que seguramente su maestro estaba acostumbrado.

Para Yuuta es muy fácil abrumarse con la información que siempre le brindan los seis ojos, por eso, usar la bandana que Gojo-sensei traía se volvió una costumbre que apenas puede tolerar.

Yuuta prefiera mil veces los lentes, la bandana y las vendas le traen recuerdos que pasan por su mente a tal velocidad que no puede pensar ni procesar correctamente.

Las memorias de su maestro son terribles, plagadas de soledad y tristeza junto a una terrible confusión y dolor cuando Geto Suguru entra a la ecuación.

Y la única forma de combatir esos recuerdos, son con sus propias memorias y experiencias.

Pero eso lamentablemente siempre termina cansándolo, siempre termina en que cuando despierta de esa batalla de identidades y se mira al espejo, no reconozca quien es.

¿Es Gojo Satoru por tener sus memorias y cuerpo? ¿Por ser el más fuerte?

.

.

.

.

¿O es Yuuta Okkotsu porque aún quiere aferrarse a su humanidad perdida…?

 

No puede formar una respuesta y lamentablemente ya no tiene amigos en los cuales ver su reflejo y entender quién es ahora. Se encuentra solo, repitiendo el ciclo de soledad que su maestro tuvo y lo llevó a convertirse en un arma aun después de su muerte.

Tal vez esto es a lo que Sukuna se refería. El rey de las maldiciones no necesitaba nada ni a nadie porque aceptó completamente que el poder y la fuerza solo llevan a un resultado:

La creación de un monstruo.

Y ser un monstruo significaba estar solo. Sukuna sabía que era un monstruo y aceptaba su soledad, Sukuna no desea otra cosa. Estaba conforme con ser eso.

A diferencia de Gojo-sensei, Kashimo y él mismo.

Ellos no estaban conformes con ser fuertes, querían ser comprendidos, amados por la gente más allá de lo que ellos representaban. Amados por quienes son en el interior y no por lo que representan.

Si sigue así, Yuuta terminará por romperse.

Y para poder protegerse de la locura, no puede evitar apoderarse de las memorias de Gojo sobre Yuuji, volviéndolas suyas y disfrutando de recordar besos y caricias que nunca sucedieron. En su mente repite una y otra vez los encuentros que tuvieron, fingiendo que son sus memorias, sus recuerdos. Sus momentos.

O a veces, en los momentos donde su alma y su mente se hunden, grita desesperadamente por Rika, con la esperanza de que ella lo acune como antes solía hacerlo. Grita hasta que su voz se vuelve ronca y su garganta se desgarre, deseando que de alguna forma el alma de Gojo-sensei regrese y reclame su cuerpo.


Tiene que pasar un año más para que finalmente tome la delantera frente a su crisis de identidad.

Al final, su maestro realmente tiene razón, su sangre es aún más bendecida y en algún punto, la adaptación de su cerebro a los seis ojos se hace con tal éxito que ya no necesita de vendas ni lentes oscuros para disminuir la información que llega a su cerebro.

No, ahora mismo, su cerebro incluso parece pensar y decodificar la información a un ritmo superior al de los propios seis ojos. Como si el simplemente fuera una computadora a la que se le expandió su memoria RAM y hora los cuellos de botella fueran algo el pasado, algo muy lejano.

Aun así, sigue optando por usar los lentes redondos de la adolescencia de su maestro como una finta, un farol para las memorias de Satoru Gojo y evitar una rebelión en su cerebro que lo deje incapacitado en casa por semanas.

Está pequeña victoria hace que su confianza aumente, hace que pueda pensar más seguido sobre sí mismo como Yuuta y menos como Satoru. Hace que las memorias de “Yuuta Okkotsu” sean más fuertes que las de “Gojo Satoru.”

También, es este mismo año cuando Itadori Yuuji finalmente pone un pie en una escuela de hechicería.

Es muy fácil de identificar cuando puede rastrear a Itadori como y cuando quiere. Yuuta de hecho no pierde el tiempo para teletransportarse hacía la sede en donde Yuuji apareció para calmar a todo el personal y evitar activar una alarma que posiblemente llamaría a todos los hechiceros de Japón para hacer un trabajo de exorcismo inútil.

Itadori está ahí en el patio, sentado debajo de un árbol en la espera de que alguien lo reciba. Cuando Yuuta se presenta, puede ver la confusión en los ojos de Itadori, como si incluso a él le costara identificar con quien está hablando ahora mismo.

—¿Gojo-sensei?

Uno pensaría que desde su incidente con Shoko dolería menos esa pregunta, pero no es así.

Yuuta casi quiere contestar que él es Gojo Satoru, aunque sea para mantener ese brillo de esperanza en esos ojos dorados.

Pero no lo hará. No cuando ha estado trabajando tan duro para juntar y armar los trozos de su verdadero yo.

—Yuuta.

Él puede fingir más tarde que no le duele la decepción en los ojos de Yuuji-


—¿Qué te hizo volver? —pregunta mientras ambos desayunan en la cafetería de la escuela de Tokio. Unos cuantos papeles e influenza hicieron que fuera fácil darle un trabajo como profesor a Itadori para los de primer año.

“¿Estás seguro?” dijo Itadori “Yo no era el mejor en la escuela, no creo que sea buena idea que yo enseñe.”

Claro que es buena idea, Yuuta no quiere que Itadori se refugie en el trabajo de hechicero como un medio de escape, tuvo más de tres años para hacer eso y la soledad no es algo que le calce bien a Yuuji.

Itadori come con cuidado, como si fuera hace mucho tiempo que tuvo una última comida decente.

—Supongo… que me canse de huir.

No ha cambiado. Itadori Yuuji sigue siendo tan honesto como siempre.

Un peso que Yuuta no sabía que estaba cargando parece desaparecer.

—¿De qué?

—De todo.

No es un silencio incomodo entre ambos, pero Yuuta por primera vez tiene deseos de hablar, de llenar ese silencio con su voz y la del propio Itadori.  Pero al mismo tiempo, tiene miedo de que pueda decir algo incorrecto y alejar a Yuuji otra vez.

Al final, quien termina el silencio es el propio Yuuji.

—Yo… Hay tantas cosas que quiero decirte— dice mientras deja de lado su tazón de arroz, su mirada dorada concentrada en los granos blancos con una seriedad que Yuuta debería de tomarlo enserio de no ser por un grano de arroz pegado vilmente en un costado de sus labios.

La tentación de limpiarlo con sus propias manos es fuerte, impulsiva. Una acción perteneciente a Gojo.

—Creo… que debería empezar por agradecerte. Cuidaste de Megumi en mi ausencia.

Cuidar no es la palabra que Yuuta usaría. Si bien es cierto que pasó mucho tiempo al lado de Megumi, hablando con la esperanza de que la voz de Gojo-sensei pudiera devolverlo al plano de los vivos o mínimo obtener alguna reacción. Algo.

Pero eso no ha funcionado en los últimos tres años.

—Tal vez si eres tú quien le habla logres finalmente convencerlo de despertar.

—Tal vez— responde mientras termina de beber su jugo.

Yuuta prácticamente termina su desayuno antes de que Itadori habla otra vez.

—Yo… ¿Rika ya no está? Tampoco tienes la cicatriz en tu frente…

Yuuta sonríe de forma triste. Tal vez debió dejarlo así, Yuuji entendería. Pero a Yuuta siempre le gusto hablar con Itadori al igual que Gojo adoraba escuchar su voz.

—Se fue junto a mi mimetismo—responde con nostalgia—. Pero no es malo. Ella finalmente puede descansar sin nada que la ate de forma parcial al mundo de los vivos.

Y con eso, se teletransporta hacía su oficina en Kioto.


Itadori es un excelente maestro. Si bien su juventud pone nerviosos a los alumnos y su energía maldita tiene que ser suprimida constantemente para evitar que la gente piense que tienen una maldición peligrosa merodeando por la escuela, Yuuta no podría considerar a nadie más adecuado que Itadori para instruir a los nuevos hechiceros y a la gente común que busca manipular la energía maldita para vivir en paz.

Al principio Itadori esta conmocionado y Yuuta no lo culpa, las cosas han cambiado mucho desde la última vez y lo que antes fue una norma de tres a un estudiante por año académico, se volvió en tres años en un promedio de diez alumnos por grado.

No es mucho, pero los cálculos dicen que en unas generaciones más, podrían llegar a tener hasta treinta alumnos o cincuenta.

Mientras más hechiceros mejor, porque eso significa que todo lo que sacrificaron para vencer a Sukuna e impedir el plan de Kenjaku finalmente están dando sus frutos. Significa que el final de las maldiciones ya es algo real.

Es un poco inevitable que Itadori orbite hacía él. En parte porque no hay nadie que pueda reconocer en la escuela en la que está, y en parte porque Yuuta se ha dado cuenta que Itadori está tratando de buscar algo de él.

O Alguien, se corrige.

Lo nota por los toques que Itadori le da y duran más de lo necesario. Las miradas furtivas cuando el chico cree que no está prestando atención. Cuando dan demostraciones de pelea a los más nuevos –y sin el infinito poniendo una barrera entre ellos– Itadori se deja dominar tan fácilmente, deja que Yuuta toque su cuerpo con una facilidad aterradora que tiene que salir huyendo de la lección bajo la excusa de trabajo pendiente para al final llegar a una solitaria casa a tratar su erección.

Debería sentirse ofendido. Su parte más irracional de sí mismo le grita que debería cortar esa esperanza en Itadori, que debería recordarle constantemente quien maneja este cuerpo.

Pero otra parte, algo que alguna vez perteneció a su destrozado lado humano le recuerda que Itadori tiene razones válidas para actuar así. Después de todo, Yuuta ha aceptado esas partes de Gojo que se filtran y se vuelven suyas. Que debe recordar que él fue quien decidió tener este destino y este es su castigo.

Y una parte muy escondida, muy pequeña, es la que encuentra una solución intermedia entre sus partes extremistas:

Volver a conocer a Itadori.

Si se vuelven a conocer, Yuuji finalmente podrá dejar ir a Gojo-sensei. Aceptar que Gojo Satoru ya no está y lo único que queda es Yuuta.

Empieza tanteando el hielo sobre el que ambos caminan, primero con leves platicas durante el trabajo o cuando va a monitorearlo en inspecciones “sorpresa” en las escuelas de hechicería, disfrutando de ver como Itadori entrena a las nuevas generaciones con un cariño y cuidado que admira.

Los leves saludos pronto se vuelven conversaciones más complejas, desde hablar sobre lo académico hasta poder llegar a hablar de su día a día.

Y si bien para Itadori es confuso y doloroso que todo el mundo lo llame Satoru, él es el único quien lo llama por Yuuta.

Por su puesto, esto supondría problemas y probablemente Itadori pensó en ello y la razón de por qué deja que el mundo piense que es Gojo Satoru; así que el uso de su nombre real se ha limitado a cuando ambos están solos.

Y eso, hace que su corazón palpite de felicidad.

Porque lo hace parecer un secreto que ellos y solo ellos conocen. Algo más que los une fuera de sus horribles introducciones al mundo de la hechicería ni la muerte de sus amigos.

Pero, así como Yuuta e Itadori avanzan, también lo hace Satoru y Yuuji.

A veces, a Itadori se le suelta llamarlo Gojo cuando conviven. El desliz suele llevar a un incómodo silencio y a disculpas que Yuuta no quiere escuchar porque su corazón se llena de tristeza y traición. Tristeza que se ve prontamente sofocada cuando recuerda que Itadori no ha tenido el mismo tiempo de adaptación que los demás hacía él.

—Está bien. —responde mientras duda en abrazarlo para poder expresar de una mejor manera que no importa ese error— Te prometo que no me molesta ser llamado así.

—Es injusto para ti…—Itadori susurra, sus manos de un momento a otro buscan las suyas para poder apretarlas con una leve fuerza.

Yuuta disfruta esa acción más de lo que debería.

—Acepté este destino cuando tomé su cuerpo. No deberías sentirte mal por mis pecados.

Yuuji se apoya contra él. Yuuta lo ve tan cansado que sabe que no debe extender esta conversación por más tiempo.

—¿Te gustaría salir a comer? Trabajas incluso los fines de semana. Un descanso te vendría bien.

Algo en sus palabras parece ser un desencadenante. Yuuji abre sus ojos tan rápido que se sobresalta y lo llena de miedo.

¿Dijo algo mal?

Pero Yuuji solo lo mira algo sorprendido, su rostro claramente tiene un tinte de duda, sin alejarse.

—¿Qué comeríamos?

Su mente le dice que esa es una pregunta trampa, otra prueba de que Itadori sigue tratando de buscar a Gojo.

Pero Yuuta quiere confiar en Yuuji, quiere pensar que realmente ese no es el caso.

Así que contesta sin pensar mucho en ello.

—Hay un curry dulce que me gustaría probar. Está en la prefectura de Ishikawa, pero será rápido ir con mi teletransportación.

Yuuji no contesta de inmediato, de hecho, se ve como si tuviera muchas ganas de llorar. Pero al final, esa expresión se va.

—Solo si me dejas cambiar mi uniforme.

La salida le hace maravillas a Itadori. Su rostro se ve más cálido y vivo de lo normal, la luz cálida del puesto hace brillar sus ojos aún más y resaltar las cicatrices en su rostro de una forma tentadora. Yuuta no desea más que poder pasar sus dedos sobre ellas y besarlas.

Pero por ahora, se conforma con ver la felicidad de Itadori. Su leve sonrisa que se agranda cuando traen dos platos humeantes y el olor de la dulce miel y manzana inunda el lugar. Itadori es quien de forma impaciente agarra una cuchara y sin pensar, empieza a devorar la comida con un ánimo pegajoso que lo hace reír levemente ante el desastre dulce que Yuuji está provocando.

Yuuta también empieza a comer, sintiéndose feliz cuando el sabor dulce inunda su paladar y lo hace pensar que esta es la mejor comida que ha tenido en mucho tiempo. Como si se hubiera perdido de algo y justo ahora lo encontrará.

La comida que llena sus estómagos y alegra su día hace que puedan conversar de una forma fluida y sincera. Risas y anécdotas inundan el lugar mientras que la calidez en su pecho parece aumentar. Sus seis ojos enfocándose únicamente en las expresiones de Itadori para grabarlas en su cerebro de forma permanente.

—Es agradable volver a comer esto contigo —dice Itadori mientras da un trago al agua de frutas que pidió, dejando salir un suspiro de satisfacción cuando termina su bebida.

Ah.

Que extraño.

Esta es la primera vez que vengo aquí.

Itadori se acerca un poco a él, al menos lo que le deja la mesa que los separa.

—Creo que tenías razón. Llevaba más de dos semanas sin salir de la escuela, pero… No quiero hacerlo solo y mi horario es un desastre.

Es una invitación. Una implicación que hace saltar el corazón de Yuuta con alegría y anticipación. Esperanza.

Ojalá Rika estuviera aquí para verlo, seguramente ella saldría para abrazar a Yuuji y pedirle unas palmaditas en su cabeza.

—También me han dicho que mis comidas son muy buenas. Dignas de una estrella Michelin.

Esa última frase hace que Yuuta se ría como nunca. Si bien no entiende porque Itadori tendría la necesidad de dar un soborno, trata de seguirle el juego. Trata de ver qué más puede conseguir con esta inocente y divertida interacción.

—¿Enserio? Entonces es una suerte que casualmente yo sea el líder de la hechicera y pueda mover nuestros horarios…

—Una enorme casualidad.

—Por su puesto ¿Pero no crees que solo salir a comer sería aburrido? —dice mientras le entrega su tarjeta de crédito a la mesera— La comida casera debe de saber mejor en casa ¿No?

Itadori asiente. Y si bien hay seriedad en su rostro, Yuuta no puede tomarlo en serio cuando tiene comida en su rostro.

—Así que estas libre.

—Absolutamente.

—¿Cena?

—Perfecto.

—¿Tú casa o mi casa?

—Si es en tú casa, yo escojo la película.

Yuuta sabe instintivamente a lo que se refiere.

—¿Veré la versión extendida de la lombriz humana?

—Y con comentarios del director —añade Itadori con emoción.

Yuuta bufa con diversión.

 —Un precio razonable.

—¡Por supuesto que lo es!

Y eso da paso a una nueva rutina para ambos.

Cada dos días Yuuta ya no se encierra en soledad en su oficina; Itadori es quien llega a su oficina alrededor de las seis de la tarde para sacarlo y llevarlo a una odisea por los supermercados y tiendas de conveniencia para comprar ingredientes frescos para la cena.  Si ese no es el caso, la búsqueda se centrará en algún postre que les guste a ambos.

Al final, el lugar donde suelen cocinar es en el departamento de Itadori. Yuuta tuvo que admitir que realmente no dormía en ninguna de las propiedades que Gojo-sensei había comprado o que pertenecían al clan a pesar de haber tenido el permiso de hacer lo que quisiera con ellas.

Itadori es muy comprensivo al respecto, pero eso no evita que Yuuta tenga que ver la lombriz humana con cada visita bajo la promesa de terminar la saga completa.

No es terrible. La comida que preparan compensa la tortura cinematográfica que vive más la plática de la posterior para saber su opinión. Una compensación muy buena después de más de dos semanas para terminar la lombriz humana en todas sus versiones.

Para la ocasión, Itadori preguntó de una forma extraña si podían beber para hacer la plática más interesante.

Yuuta no comprende el porqué de la pregunta. Él no tiene ninguna aversión a la bebida. No es un peso pesado como Maki, pero tampoco tiene una tolerancia muy baja.

Su pequeña reunión comienza con su sinceridad, da sus puntos buenos y malos de las películas mientras refresca su garganta con el licor, debatiendo incluso cual de todas es la menos mala de la saga.

—¡Blasfemia! —Itadori lo señala acusadoramente con el dedo mientras termina de beber su cerveza— ¡Claramente la lombriz humana dos es la mejor!

—No niego que sea buena, pero, Itadori-kun, la lombriz humana cinco: Snyder cut, es indiscutiblemente mejor. No solo porque tiene mejores efectos, la trama también ata los cabos sueltos que las primeras tres películas dejaron sin responder, dando una conclusión satisfactoria para sus personajes principales y añadiendo una capa de profundidad superior al monstruo.

—¡Para el espectador comercial! —Itadori replica mientras frunce cómicamente su ceño— ¡No para los fans! ¡El monstruo no necesitaba más profundidad, necesitaba volver a sus orígenes! ¡Al terror psicológico y el miedo del ser humano al cambio y la aceptación!

Yuuta sonríe, pero finalmente asiente.

—Supongo que no consideré eso.

—Claro que no, eres terrible en eso, Gojo-sensei.

 El desliz no pasa desapercibido. Las latas de cerveza de Itadori de repente parecen más interesantes que mantener la mirada con el joven borracho, el ambiente divertido que tenían se apaga de una forma incomoda. Yuuta incluso toma un poco más de su propia lata con la esperanza de apagar el fuego de la tristeza y celos en su corazón.

Una vocecita en su cabeza le dice que esto era obvio, inevitable. Que su esperanza de que Yuuji lo vea completamente como Yuuta es imposible.

Pero una cosa es esperarlo, y otra, vivirlo.

A pesar de su dolor. Itadori se acurruca de repente a su lado en el sofá. Su rostro sonrojado y sus ojos nublados por la bebida lo hacen débil para quitarlo y finalmente termina siendo acostado en el sofá con Itadori quien usa su cuerpo para evitar que escape.

Yuuta podría simplemente activar el infinito y evitar este contacto. Despedirse y guardar este momento para sí mismo y sus deseos prohibidos. Poner una línea entre ellos porque tiene miedo de lo que va a suceder después de esto.

Pero no puede.

No quiere.

Itadori se acuesta sobre él, con sus pechos tocándose mientras se desliza hasta que sus caras se acercan más y más entre sí. El aroma a alcohol no evita que Yuuta disfrute de la vista y se lama los labios cuando Itadori roza sus narices y se forma un calor agradable entre sus cuerpos.

—Gojo-sensei— Yuuji susurra mientras sus labios se rozan en un toque electrizante—¿Puedes besarme?

Yuuta debería negarse. Debería irse.

No es correcto aprovecharse de Itadori-kun de esta manera. Tomar ventaja de su dolor para su propio placer incluso cuando eso es lo que está haciendo Yuuji con él.

Pero Yuuta es un monstruo. Es egoísta. Está enamorado y frustrado.

Sus manos se mueven, recorriendo lentamente la ancha espalda de Yuuji para después bajar con un suave toque hasta sus caderas.

Es adictivo. Es la confirmación de los recuerdos de Gojo. Son sus fantasías hechas realidad.

Yuuta quiere el amor de Yuuji para sí mismo. Lo quiere todo. No quiere compartirlo con nadie más, ni siquiera con el recuerdo de su maestro.

Su alma ya está manchada ¿Qué importa llenarla con más suciedad?

Sin hacer esperar a Yuuji. Cierra la corta distancia entre sus labios. Sus labios están húmedos y con el sabor agrio del licor. Es un beso inocente pero el primero de Yuuta después de mucho tiempo.

Yuuji se separa levemente para volver a susurrar en sus labios. —Te extrañé tanto, Gojo-sensei…—su separación no dura mucho, Yuuji vuelve a conectar sus labios con una ligera desesperación que Yuuta disfruta sin culpa, fingiendo que el nombre que susurra es el suyo.

Yuuta profundiza el beso que ambos tienen, tratando de embriagarse en el placer para olvidar su dolor. Tocando con sus manos la piel de Yuuji y disfrutando de su calor y sonidos de amor aun cuando sabe que no son para él.

—Gojo-sensei.

—Gojo-sensei…

—Gojo-sensei…

Por favor…

 

 

 

 

 

 

 

 

Ese no es mi nombre.

 

 

 

 

 

No puede evitarlo, no puede.

Yuuta prácticamente obliga a Yuuji a sentarse, con él abrazándolo desesperadamente mientras esconde su cara en el cuello sonrojado de Itadori.

—¡No soy Gojo-sensei! —Eso es lo que quiere gritar— ¡Yuuta! ¡Yuuta es mi nombre!

El calor de ambos se vuelve sofocante. Yuuta sigue con su cara escondida y su abrazo asfixiante mientas evita responder a las preguntas preocupadas de Yuuji quien parece volver a tener algo de sobriedad.

Pero no quiere mirarlo a la cara, no cuando ahora Itadori lucha por zafarse de su agarre, consciente de lo que acaban de hacer.

—¡Yo-! ¡Yuuta! ¡Lo siento! ¡De verdad que yo-

Su rechazo duele, duele mucho. Sus uñas se entierran en sus palmas de forma agresiva, un burbujeo en su interior lo llena de calor, de ira. De celos.

Un volcán que está a punto de hacer erupción y la línea para que explote esta siendo sostenido por la tela de una araña.

Injusto.

Tan injusto.

El amor que siente por Yuuji lo esta asfixiando. Lo esta matando. Ha tratado de llegar a él tan duro por varios años y aun así… aun así…

¡Estoy perdiendo contra un muerto!

Y ese pensamiento lo congela.

Yuuta parece que no puede moverse. Como si la presencia de Gojo-sensei estuviera detrás de él, su alma inmovilizando y obligándolo a quedarse quieto. Una acción que alguna vez Rika hizo cuando era más joven y ella no quería que saliera de su habitación para ver a su hermana.

A pesar de todos estos años, a pesar de haber tomado el puesto del más fuerte, Yuuta no puede competir contra Gojo.

—¿Yuuta?

Yuuji lo obliga a mirarlo. Yuuta no sabe cuando sus ojos, los seis ojos, empezaron a llorar.

¿Por qué?

¿Por qué no me amas?

Es frustrante. Yuuta desea lo que Gojo y Yuuji tuvieron; quiere agarrar a Yuuji y llevarlo en una de las habitaciones vacías para comérselo a besos. Quiere pasar sus manos por su cuerpo desnudo y experimentar por cuenta propia si los puntos que hacen gritar de placer a Yuuji en sus recuerdos son reales.

Quiere salir con él, besar sus mejillas y cicatrices. Dormir junto a él y abrazarlo por las noches hasta despertarse con sus cuerpos enredados por la mañana y sonreírse mutuamente mientras se susurran buenos días.

Desea agarrarle la mano y salir así por la calle. Ir a cafés o restaurantes para criticar la comida y debatir como ellos mejorarían la receta en casa. Ver películas buenas y malas, acurrucados en un sofá mientras susurran cuanto se aman.

Ah…

Quiere, quiere y quiere.

Anhela, anhela y anhela.

Así que es eso.

Está tan desesperado, dolido, y triste que solo quiere gritarle a Yuuji que lo use. Que ya no le importa nada; Yuuji puede llamarlo como quiera si eso significa tenerlo a su lado para siempre.

No importa si la elección es dolorosa para él.

—Te amo. —este es el final. Derramará toda su existencia aquí con una única esperanza— Te amo. —vuelve a susurrar.

Yuuji tiene una cara de culpa, confundido, aterrado.

—Yuuta… Lo que sientes no es-

Él lo interrumpe al esconder su cara entre su pecho. Las lágrimas siguen cayendo de sus ojos para humedecer la chamarra negra de Yuuji. Su garganta se cierra y él solo puede abrazarlo aún más fuerte mientras intenta que las palabras salgan de su boca.

—Por favor. Déjame hablar. Escúchame.

Solo por esta vez. Solo por hoy.

Pero Yuuji quiere separarse. Quiere retirarse del abrazo que comparten. No quiere escucharlo.

—¡No me dejes! —hay desesperación en su grito. Su energía maldita se altera hasta el punto de ser visible, el departamento tiembla ante su poder que se va filtrando sin cuidado. Yuuji finalmente logra zafarse de su agarre y retroceder hasta llegar a una distancia segura de él. Yuuta siente que su corazón se desgarra, que su alma grita ante el rechazo de quien más ama.

No puede evitar caer del sillón y gatear hacía Yuuji, extender sus manos con la esperanza de que las agarre y lo consuele. Por que incluso cuando tiene los seis ojos, su visión es completamente inútil frente al mar de lágrimas que es.

—¡Basta, Yuuta! ¡No puedes hacerme esto! ¡No podemos! ¡No es correcto!

—¡¿Por qué no es correcto?! 

Dolor. Celos. Yuuta finalmente puede mirarlo a los ojos solo para descubrir lágrimas y dolor en ellos. La respuesta que recibe es la última estaca para su frágil corazón.

—¡Por qué no eres él!

Silencio.

Oscuridad.

Yuuta ve a Yuuji, pero al mismo tiempo está viendo a la nada. El mundo parece perder su color, velocidad; el sonido.

—¡Sería aprovecharme de ti! ¡Usarte! ¿Cómo podría amarte así?

Por un momento, se ve así mismo en su antiguo cuerpo. El cuerpo de su maestro está en el suelo y a Yuuji lo más lejos posible de él. Los ve a ambos como si Yuuta fuera un tercero en algún lugar del departamento.

No puede sentir bien. Solo frio. Como si tuviera su cuerpo enterrado bajo capas y capas de hielo.

No lo entiende.

Necesita de un parpadeo para regresar a su cuerpo. Su lágrimas se han secado, pero no es capaz de expresar está apatía que ahora mismo siente.

—Entonces hazlo —susurra.

Se siente tan desconectado, como si estuviera muerto en vida.

—Úsame. —repite mientras se levanta con dificultad del suelo sin despegar su mirada de Yuuji.

Una de sus manos se dirige lentamente hacía su cabeza, tocando su cabello blanco hasta deslizar sus dedos de forma profunda y garrarlo desde la raíz.

—Finge que soy tú amado. Finge que me amas, aunque sea solo por mi cuerpo.

Él aprieta el agarre en su cabello, su mano lentamente tira ligeramente de las hebras blancas hacía la derecha.

No reconoce el propósito de lo que hace hasta que su mano tira más fuerte de su cabello. Su cabeza permanece intacta. Su cráneo no se abre para mostrar un cerebro repugnante, ni tampoco hay costuras en su frente que demuestren el uso de una técnica desagradable.

Su jalón es tal que esta seguro de poder incluso arrancarse su cabeza sin mucho esfuerzo.

Si Yuuji quiere que sea Gojo Satoru, entonces, él será Gojo Satoru.

Ya no importa lo demás, por qué lo único que desea ahora, es que Yuuji lo ame, que no lo deje solo. Que no lo abandone.

Si no termina por decapitarse es gracias a Yuuji. Yuuji– su dulce amor– se acerca horrorizado hacía él con más lágrimas, evitando que se inflija más dolor en su cabeza al sostener la mano en su cabello y tratar de que sus dedos suelten su cabello.

Hay un claro conflicto en sus ojos, uno que él debe disipar.

—No me importa ser usado de esa manera —dice con cuidado, disfrutando irracionalmente del toque de Yuuji— Solo quiero que me ames. Quiero que me dejes amarte.

Itadori se congela con esa ultima frase. Hay un destello de reconocimiento en sus ojos. Como si hubiera escuchado esas palabras antes.

Y tal vez solo sea por ese reconocimiento que Yuuji habla.

—Por favor, Yuuta —su voz esta llena de tristeza que corta su corazón con la precisión de un cirujano. Como puede, Yuuji lo envuelve en un cálido abrazo que no merece—. No digas esas cosas. No eres un objeto para ser usado. Eres humano, eres tú, Yuuta Okkotsu.

—Pero tú no me quieres…—susurra—. Nadie me quiere. Solo Rika me quería y ahora ella ya no está.

Esa es la verdad. La realidad.

—Eso no es… Eso no es verdad.

—¡Si no fuera así, entonces desde un inició todos le hubieran dicho al mundo que se trataba de mí y no de Gojo-sensei!

No puede ver la expresión de Yuuji. Se siente vulnerable, quiere huir. Puede sentir como a Yuuji se le corta la respiración, se tensa.

Por qué sabe que es verdad.

Pero entonces retrocede un poco, se separan del abrazo unilateral para verse a los ojos. Ambos son un desastre de lágrimas y Yuuji es quien vuelve a abrazarlo con todas sus fuerzas. Abrazarlo mientras susurra disculpas.

—Lo siento —dice mientras esconde su cara en su hombro—. No sabía que te sentías así, Yuuta… No sabía lo mucho que estabas sufriendo.

La disculpa lo toma con la guardia baja que no sabe que responder. Lo hace congelarse en su lugar mientras escuchar a Yuuji disculparse una y otra vez por no ver su dolor.

No quiere verlo así. A Yuuji no le queda llorar.

—A veces… —él dice mientras corresponde el abrazo— A veces pienso que habría sido mejor si yo hubiera muerto en su lugar. Si no le hubiera dejado tomar la carga de ser un monstruo entonces él…

—Gojo-sensei dio su vida para salvarnos —Yuuji lo interrumpe con una voz seria, pero cálida— Higuruma, Kuzakabe-san, Ino-san. Todos ellos confiaban en nosotros.

Yuuji lo abraza más fuerte. Yuuta devuelve el gesto, cerrando los ojos en un intento de detener las próximas lágrimas.

—Lo que ellos nos confiaron… ¿No vas a hacer que continúe?

“Quiero un mundo donde puedan vivir sin preocupaciones, sin penas ni miedo. Quiero un mundo donde no tengan que ver morir a los que aman.”

No responde. Los propios seis ojos se encargan de atormentarlo, de recordarle los sueños de su maestro.

La avalancha de recuerdos lo debilita. Para este punto, si no se ha derrumbado al suelo es gracias al abrazo en el que Yuuji lo ha encerrado; él no puede evitar apoyarse aun más contra él cuando después de un largo tiempo, su cerebro se sobrecarga de información.

Yuuji sigue cuidándolo, acariciando su cabello con una suavidad que solo podía imaginar en sus sueños.

—Esta bien, Yuuta. Ya no tienes que sufrir solo.

Él solloza, disculpándose levemente por seguir manchando con sus lágrimas la chamarra de Yuuji.

—¿De verdad?

—De verdad.

El silencio cae sobre ellos, pero no es incomodo ni molesto. Cae de forma amable y ligera, reflejando lo que no pueden decirse por ahora.

—Yuuta —dice Yuuji con algo parecido a la esperanza— ¿Qué te parece si empezamos nosotros dos?

El abrazo termina, pero pronto es Yuuji quien limpia sus lágrimas con la manga de su chamarra mientras le da una hermosa sonrisa. Itadori agarra una de sus manos para darle un apretón amistoso.

—Hagamos nuestro mejor esfuerzo.

Él solo puede sonreírle tímidamente.

—Mi nombre es Itadori Yuuji ¿Cómo te llamas tú?

Al final, su respuesta solo puede ser escuchada por ellos dos.


 

 

 

 

“Cuida a Yuuji por mí ¿Quieres?”

 

 

 

 

 

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