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No será un adiós

Summary:

El accidente con Riko Amanai provoca un cambio en Suguru Geto y Satoru Gojo. Mientras que el primero encuentra solo dolor y muerte, el segundo encuentra la motivación para ser el más fuerte.

Notes:

"Cuando somos felices siempre somos buenos, pero cuando somos buenos no siempre somos felices".

-Oscar Wilde

Chapter 1: El principio y el fin

Chapter Text

La muerte de Riko Amanai cambió la vida de Geto Suguru y Gojo Satoru.
Por un lado, Suguru se cuestionó el papel de los hechiceros, ¿por qué morir para defender a “monos”?, ¿aquellos “humanos” tenían algún valor?, ¿qué aportan para que valga la pena arriesgar su vida por ellos?

Suguru quería compartir su pensar con su mejor amigo, estaba seguro que Satoru lo comprendería. El poder del albino podría acabar con toda esa desigualdad en el mundo de la hechicería. Pero vaya fue su sorpresa al encontrar a Satoru en un parque poco concurrido, en compañía de un mono.

—¡Sempai, basta! —reía el chico pelirrosa por las cosquillas que Satoru le hacía. —Démonos prisa, si quiere ser de los primeros en probar los nuevos postres de su cafetería favorita.

—Pero si Yuuji-kun es un mochi de fresa. —Satoru abrazo al menor, escondiendo su rostro entre su cuello. —Quiero comerte, Yuuji-kun.

—¡Satoru-sempai! —exclamó Yuuji con un marcado sonrojo. —¡No diga esas cosas en público!

—¿Entonces en privado las puedo decir?

—¡Sempai!

—Bien, me detendré, —rio, poniéndose de pie y ayudando al pelirrosa a levantarse. —Ahora vayamos, aunque en realidad si se me ha antojado un mochi de fresa.

Suguru vio cómo se alejaban, unidos por sus manos, mientras que Satoru le robaba un beso en sus labios.

—¿Qué está pasando por tu cabeza, Satoru?

…………………..

Satoru había regresado a la preparatoria después de su cita con Yuuji. Aquel pelirrosa que es ajeno a todo el mundo de jujutsu y del cual, se había enamorado.

Satoru recuerda el día que conoció a Yuuji. Fue una tarde de mediados de abril, Satoru había huido de la preparatoria para tener privacidad, sus ataques de ansiedad habían aumentado en los últimos días y no quería que nadie supiera de ellos. Así que caminó sin rumbo alguno, chocando con un chico de alguna preparatoria cercana al área, ya que en ese momento no tenía la concentración suficiente para tener activado el infinito.

—¡Oye, idiota! ¡disculpaté! —gritó el chico. Satoru lo ignoró y siguió caminando, sintiendo que el chico y sus amigos iban detrás de él. —¿¡Estás sordo!?

Gojo estaba perdiendo la paciencia, estando a punto de girarse y golpear a ese chico, pero alguien se le había adelantado.

—Hey, tú eres el que chocó con él, tú deberías disculparte. —Un chico de cabello rosado se había interpuesto entre ambos, sosteniendo el puño del otro chico. —Discúlpate, ahora.

—¿Por qué tendría que obedecer a un chico nuevo y menor que yo?

—Porque fuiste tú quien se equivocó, —respondió con simpleza.

El chico y sus demás amigos se abalanzaron contra él y se llevó una sorpresa cuando el chico de cabellos rosados acabó con todos ellos de una manera muy simple y rápida.

—¿Estás bien? —Satoru sintió sus mejillas sonrojarse al ver los ojos color miel del pelirrosa.

—¿Eh? Sí, por supuesto. Pero no era necesario que intervinieras, podía encargarme de ellos yo solo.

—Te creo, —sonrió. —Pero nunca está de más la ayuda. Todos en algún momento necesitamos apoyarnos en alguien.

—¿Cual es tú nombre?

—Yuuji Itadori. — Sonrió el ojimiel, extendiendo su mano. — ¿Y el tuyo?

—Satoru Gojo, —respondió, aceptando la mano de Yuuji. —Es un gusto.

Satoru sentía que fue solo ayer cuando conoció a Yuuji, pero ya habían pasado varios meses. Meses en los que había tenido la fortuna de conocer a un ser humano maravilloso, que no importaba lo dura que haya sido su vida hasta ahora, Yuuji siempre le sonreía a las adversidades y era eso lo que más admiraba del pelirrosa.
Yuuji, sin saberlo, había ayudado a curar las heridas de Satoru. Y fue más feliz cuando Yuuji le confesó que estaba enamorado de él, aceptando sus sentimientos e iniciando una relación con el menor. De eso, ya había pasado tres meses y esperaba que en poco tiempo pudiera hablarle con la verdad respecto a su vida, solo quería asegurarse que Yuuji no lo creyera un loco, aunque conociendo a Yuuji, no le importaría nada de eso, él estaba enamorado de él. No del heredero del clan Gojo o del hechicero más fuerte, él amaba a Satoru o “Toru”, como le gustaba llamarlo.

A pesar del aumento de misiones —y el aumento en el grado de las maldiciones —Gojo sentía que todo había vuelto a la normalidad. Pero la realidad muchas veces es diferente a lo que uno piensa.

—¿Qué? —Satoru no podía creer lo que Yaga sensei le decía, aquello debía ser un error.

—No me hagas repetirlo, —respondió Yaga. —Suguru mató a todos los aldeanos y después…

—Escuché la primera vez. Por eso mi expresión de sorpresa.

—La casa de los padres de Suguru ya está vacía cuando llegamos. Pero por la suciedad residual y la sangre, tal vez ya los haya matado.

—¡Eso no puede ser! —gritó.

—Satoru… Te entiendo… Tampoco sé qué demonios está pasando.

Satoru mantenía su puño tan fuertemente apretado, que sus uñas atravesaron su piel. Lo que estaba pasando no tenía sentido, Suguru no era esa clase de persona.
La tensión en el pasillo fue rota por una llamada entrante de Shoko, contestó, esperando que ella supiera algo de Suguru.

—Ah, Gojo… Aquí está Geto. —Mencionó Shoko.

—¿¡En dónde!?

—En Shinjuku.

—No te enfrentes a él, enseguida estaré ahí.

—Claro que no. No quiero que me mate.

—Mantente a salvo, —Gojo colgó la llamada y fijó su mirada en Yaga. —Iré por él. Tengo que saber por qué lo hizo.

Gojo no espero una respuesta de su profesor, salió corriendo para después usar su ritual de transportación y llegar hasta Geto. El pelinegro estaba en medio de una multitud, siendo difícil someterlo sin llamar la atención.

—¡Explícate, Suguru! —gritó, llamando la atención de Geto, para posteriormente girarse y quedar a unos metros de distancia.

—Creo que el viejo Yaga ya te lo explicó, —respondió. —No es nada más y nada menos que eso.

—¿Por eso vas a matar a todos los no hechiceros, incluyendo a tus padres?

—Solo por ser mis padres no son especiales para mí. Además, ellos ya no eran mi única familia.

—¡No te estoy preguntando eso! ¿No habías dicho que no ibas a matar sin sentido?

—Tiene sentido y una causa también. Una gran causa justa, a decir verdad.

—¡¿Matar a los no hechiceros para un mundo de solo hechiceros?! ¡Claro que no es posible! ¡Digo que es imposible sacrificarse por algo que al final será imposible!

—Mentiroso… ¿realmente piensas que es imposible o solo quieres que ese asqueroso mono viva?

—¿Qué?

—Yuuji Itadori, dieciséis años, nació y creció en Sendai hasta los quince años, estuvo bajo la tutela de su abuelo, la cual pasó a manos de Hiromi Hikuruma cuando él murió.

Satoru sintió que dejaba de respirar, no podía creer que Suguru supiera de Yuuji, nunca le había hablado de él a ninguno de sus amigos y creyó que había sido discreto en sus salidas.

—¿Qué le hiciste a Yuuji? —gruñó. —¡Contesta!

—Nada, por el momento. La verdad, aún no puedo comprender cómo te relacionaste con alguien como él. Creí que me apoyarías, pero cuando te vi con ese mono… entendí que no sería así.

—¡Suguru, lo que estás diciendo es una locura!

—Que arrogante. Tú sí podrías hacerlo, ¿no, Satoru? Si no lo hubieras conocido, podrías estar de acuerdo conmigo y nadie podría oponerse a ti. Dime, ¿Eres el más poderoso porque eres Satoru Gojo? ¿O eres Satoru Gojo porque eres el más poderoso?

—¿A dónde quieres llegar?

—Si yo fuera tú, mis planes no sonarían como una locura. Ya decidí lo que haré con mi vida.

—¿Satoru-sempai? —grita Yuuji con alegría, detectando a Yuuji al otro lado de la calle, sin dejar de ver a Suguru, el cual solo sonreía con burla, teniendo a su lado a una maldición de segunda categoria.

—A partir de ahora, me esforzaré al máximo para lograrlo. Espero que tengas una buena despedida, lo mejor es que ya no te involucres con más monos o tendré que alejarlos por ti.

Satoru se preparó para atacar a Suguru, sin embargo, fue incapaz de hacerlo.

—Mátame si quieres, —dijo Suguru dándole la espalda. —Eso también tendría sentido, porque no me detendré.

—¡Satoru-sempai! ¡Me alegra verte hoy! Vaya coincidencia.

La sonrisa de Yuuji era tan grande como siempre, pero en está ocasión, no pudo sonreír como lo hacía siempre que estaba con él. No después de la amenaza tan clara de Suguru. Tenía que alejarse de Yuuji si quería que siguiera con vida.

—Tenemos que hablar, —dijo seriamente, borrando la sonrisa de Yuuji.

—¿Toru, ocurrió algo?

—No, solo tengo algo importante que decirte. Ven conmigo.

Satoru caminaba sin voltear a ver a Yuuji y aquello preocupaba al ojimiel. Era claro que algo le pasaba, algo no estaba bien y deseaba que Satoru confiara en él para ayudarlo.
Caminaron por un par de minutos, llegando hasta un parque cercano a la casa de Yuuji.

—Quiero terminar contigo, creo que esto se alargó más de lo que tenía en mente. —Su tono era serio y sin emoción alguna.

—¿Qué? —Yuuji tenía una mueca de incredulidad, incrédulo a lo que Satoru estaba diciendo. —Toru, por favor no hagas este tipo de bromas, no son divertidas.

—No es una broma y no me llames “Toru”, siempre odie que lo hicieras.

—¡Maldita sea! —grito Yuuji, dejando escapar una lágrima. —¿Dices que todo fue un juego para ti? Porque no te creo. Lo que vivimos no puede puede ser una mentira. Satoru, yo te amo.

Satoru deseaba ir con Yuuji y explicarle lo que estaba pasando, pero no era fácil. Yuuji le creería sobre el mundo de la hechicería y respecto a lo de Suguru, estaba seguro que lo convencería de seguir juntos. Pero, él conocía a Suguru. Su advertencia no era en vano y Satoru no estaba dispuesto a perder a Yuuji. Su corazón se rompería, pero al menos estaría a salvo. Estaría vivo y podría tener una vida larga y feliz aunque no fuera con él.

—¡Por dios! —exclamó. —Los chicos como tú son los peores. Debí hacer esto cuando te confesaste, pero como eres guapo, quise disfrutarte un poco más. Ahora que ya te probé, ya no quiero fingir más.

Satoru no supo en qué momento Yuuji se había acercado tanto, pero de un momento a otro, sintió como la mano del pelirrosa se estrellaba en su mejilla. El albino no podía decir que estaba sorprendido por lo que Yuuji había hecho, se merecía esa cachetada y mucho más, lo que lo sorprendió fue que su infinito no se activará, dándose cuenta que el infinito no consideraba a Yuuji como un peligro.

—¡Eres un idiota, Satoru Gojo! ¡No quiero volverte a ver en mi vida!

El rostro de Yuuji estaba rojo y bañado en lágrimas, lágrimas que eran limpiadas con su antebrazo, de manera brusca, huyendo del parque.
Mientras tanto, Satoru estaba inmóvil, olvidando como respirar, llorando por dentro por lo que había hecho, arrepentido por dañarlo cuando se había jurado hacerlo feliz.