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Trafalgar Law odiaba a ese maldito veterinario pedante.
Desde la primera vez que vio a Monkey D. Luffy empezó a odiar las sonrisas tontas que este le dedicaba; odiaba cuando se topaban en la calle y el veterinario lo saludaba con efusividad digna de los cachorros que cuidaba; odiaba cuando Luffy le ofrecía llevarlo a su trabajo, con la excusa de que iban por la misma zona y Law tenía que aferrarse a su detestable cuerpo durante todo el camino, cabe destacar que Law también se odiaba a sí mismo por aceptar.
Luffy era un bastardo y Law todavía no comprendía por qué este era tan amado entre sus vecinos cuando lo único bueno que hacía era atender a las mascotas de la comunidad; más allá de eso era un presumido que creía que podía conquistar a cualquiera con sus tiernas sonrisas y adorable forma de ser, pero no a Law, él no se dejaría engañar por esa faceta de niño bueno y tampoco caería en su absurdo juego de seducción.
Y por si lo están pensando, no, Law no tenía un crush con Luffy, para nada. A decir verdad, odiaba verlo usar esas camisetas ajustadas que acentuaban su buen cuerpo así como odiaba sus brazos y sus manos fuertes. Odiaba recordar aquella ocasión donde, en un evento de la comunidad, Luffy lo invitó a bailar y en contra de su voluntad terminó riendo y jugando con él por el resto de la velada.
Law odiaba que el recuerdo de sus movimientos se proyectaran en sus pensamientos, haciéndolo babear y fantasear con cosas indecorosas que se supone no debes imaginar con la persona que odias y joder ¿Por qué Luffy era tan malditamente guapo?
Pero no importaba lo guapo, adorable y absurdamente atractivo que fuera Luffy, porque Law era fuerte y odiaba a Luffy, ¿verdad? ¡¿VERDAD?!
Y hubiera seguido con sus dilemas existenciales sobre el odio y en qué punto este se convertía en amor hasta que escuchó que era su turno para pasar.
Con un rubor en sus mejillas por los previos pensamientos impúdicos que invadieron su mente hace unos momentos, Law sostuvo mejor a su gato Bepo y se adentró al consultorio del odiado en cuestión, evitando verlo fijamente para que no notara su vergüenza.
– ¡Hey, Torao! ¿Cómo has estado? Hace mucho que no nos vemos. – Oh, y en definitiva odiaba que lo llamara con ese mote tan cariñoso que aceleraba su corazón.
– Estoy bien. Y nos vimos hace dos días. – Resopló lo último en voz baja, sin dejar de ver a su mascota quien lo observaba de vuelta; sus felinos ojos juzgándolo por su cobardía y estado de negación. – Pero Bepo ha estado un poco desanimado, temo que se enferme, por eso lo traje. – Terminó por decir, reuniendo valor para alzar la mirada y arrepintiéndose de inmediato cuando el panorama fue ver en primer plano a Luffy y su odiosa sonrisa. Law sentía que podría derretirse en ese momento.
– Está bien, ponlo en la mesa para examinarlo. – Luffy indicó, dándole la espalda para lavarse las manos antes de empezar.
El chequeo tomaba su tiempo; algo que debía admitir es que Luffy tenía vocación con su profesión y era algo tierno verlo hablar con Bepo pese a saber que el gato jamás le respondería más que diferentes tonos de "Miau".
Law suspiró. Esperaba que el chequeo terminara pronto y que su gato estuviera sano para no tener que ver a Luffy por una larga temporada. ¡ÉL ERA MALO PARA SU CORAZÓN! Y juraba que, de seguir viéndolo, esos latidos desembocados le desarrollarían un problema, enfermaría y posiblemente moriría y todo por culpa de ese estúpido veterinario.
Sus acciones no pasaron desapercibidas por Luffy, que de vez en cuanto dedicaba a Law miradas de soslayo, consciente de cómo alteraba al moreno cuando estaban en un mismo espacio, pero no era a propósito. En su defensa, Luffy también se ponía nervioso estando con Law y tenía que hacer un esfuerzo sobrehumano para no apretujarlo y besar ese adorable rostro ojeroso que lo mirada con intensidad casi el noventa por cientode las veces.
Luffy aceptaba sentir algo por Law, una fascinación demasiado prolongada para llamarla un simple enamoramiento y algo demasiado intenso que solo esperaba una palabra de Law para revelarse como amor, aunque Luffy estaba seguro de que era reciproco o al menos eso suponía, porque entonces, ¿qué otra explicación habría al actuar de Law? La única respuesta era que Law se sentía de igual manera, ¿cierto? Tal vez era momento de dar el siguiente paso.
El chequeo terminó y Law agradeció al cielo porque si seguía ahí por más tiempo iba a perder la cordura y no tenía alcohol a mano a quien responsabilizar por sus acciones; Luffy le entregó a Bepo no sin antes darle una croqueta por ser un buen gato paciente y se quedó más tiempo del necesario frente a Law, observando su rostro con sus grandes ojos inquisidores.
– ¿Pasa algo? – Inquirió Law, preocupado porque fuera a darle una mala noticia sobre la salud de Bepo.
– En realidad sí. – Empezó Luffy, tomando una profunda bocanada de aire antes de continuar y extendiendo una mano para acariciar la cabeza del felino, quien se inclinó hacia el toque entre ronroneos. - ¿Te gustaría salir conmigo el viernes? – Soltó de repente, aún sin enfocar su mirada en el más alto y habilmente manteniendo sus mimos en el felino.
Law quedó boquiabierto, ¿en verdad eso estaba pasando? Luffy, el bastardo pedante al que por alguna razón todos amaban y querían aunque fuera un instante de su atención estaba pidiéndole una cita a él... Esperen ¿era una cita?
– Yo... Mmh….
Su mente quedó en blanco, su elocuencia lo abandonó y ahora Law quedaría como un idiota por balbucear frente al veterinario bastardo. ¿Ven por qué lo odiaba? ¿Pero que debía responder? Su yo anhelante por compartir mimos, ser besado, abrazado por Luffy repetía incansable que sí, pero él odiaba a Luffy, era imposible que aceptara ¿o no? ¿Además por qué estaba siquiera considerándolo?
Su expresión nerviosa no pasó desapercibida por Luffy que suspiró, lamentando haber mal interpretado las señales; al final los rumores de que Law lo toleraba porque realmente lo odiaba terminaron siendo ciertos y ahora los había metido en esta penosa situación.
– Torao... Lo siento… – Luffy se rió incómodo pero dispuesto a evitar pasar más vergüenza.- Está bien si no quieres... ¿Sabes? No quiero que te sientas comprometi….
– ¡SI QUIERO!
La afirmación efusiva tomó a ambos por sorpresa, incluido al pobre Bepo que fue apretujado en el proceso. Un brillante rubor se instaló en las mejillas de Law que aún retraído se dispuso a continuar.
– Yo quiero… Si quiero salir contigo. – Terminó diciendo en un susurro, suspirando y ladeando su rostro, avergonzado por su incapacidad de expresarlo en voz alta.
Luffy sonrió con amplitud y sin contenerse rodeó a Law en un fuerte abrazo, siendo Bepo otra vez apretujado en el proceso, antes de voltearse a tomar su celular y enviar una serie de mensajes que, por el inmediato sonido de notificación del móvil de Law, supo que iban destinados a él.
– Te envié una serie de lugares que me encantaría ir contigo, Torao. Podemos tener muchas salidas para visitarlos todos, pero para este viernes dime cuál te gusta más para empezar, ¿si? Ah, y no te preocupes, yo pasaré por ti. Solo dime a qué hora estarías listo, prometo ser muy puntual. – Luffy expresó aún sonriente, sin disimular ni un ápice su emoción.
– Bien. De acuerdo... Yo te escribiré... - Murmuró Law aún aturdido por tanta información recibida, pero su corazón delatando la emoción que también sentía, haciéndole sonreír y asentir a cada idea propuesta.
Después de coordinarse la despedida fue rápida y ya de camino a casa pudo pensar con claridad sobre lo que había hecho; prácticamente se expuso frente a ese hombre diabólico que seguro leyó su mente y se burlaba de él en esos momentos.
Pero en realidad, Law solo fue amable y aún odiaba a Luffy, que haya aceptado no significaba nada porque era imposible que estuviera enamorado del aquel guapo demonio ¿verdad? ¡¿VERDAD?!
Oh, Dios. Ya tenía su dilema nocturno.
