Actions

Work Header

Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationship:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Stats:
Published:
2024-06-13
Words:
731
Chapters:
1/1
Comments:
1
Kudos:
111
Bookmarks:
10
Hits:
822

Quien persevera, alcanza

Summary:

Sin duda alguna, Max Verstappen era el alfa más terco que con el que Daniel Ricciardo se había encontrado alguna vez.

Notes:

Y nada, que este fic nació como regalito para mi querida Cande, ¡felicidades por aprobar! Te deseo el mejor de los éxitos del mundo. Y también para conmemorar nuestras eternas charlas sobre el Maxiel... gracias por no dejarme solita en este barco.

Es corto, pero honesto y con mucho amor <3 Disfruten.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Quien persevera, alcanza

 

⤝✦⤞

 

—¿Qué quieres qué cosa?

Daniel no había conocido a un alfa tan directo en sus casi 27 años de vida, y vaya que conoció a alfas muy idiotas que no dudaban en aprovechar oportunidades para tocar su cuerpo con roces fugaces en eventos de relaciones públicas, sin mencionar uno que otro imbécil que intentó marcarlo sin consentimiento en alguna fiesta alocada o cuando era un cachorro omega sin experiencia.

Y nunca pudieron con él, no podrían, no era un omega convencional desde luego.

Pero ante él estaba Max Verstappen, un alfa en desarrollo y con 19 años recién cumplidos, el actual Golden Boy de Red Bull, la gallina de los huevos de oro de Helmut Marko, joven promesa para la F1, quien le veía con sus grandes ojos azules y su cabello rubio perfectamente peinado debajo de esa gorra aburrida de su escudería.

—Quiero cortejarte, ¿hay algún problema? —La voz de Max, aunque ecuánime, tenía notas inseguras; pero su postura era firme, veía que quería lucir imponente para compensar los centímetros de altura que les separaban. Aun le faltaba mucho por crecer.

—Maxy... —dijo Daniel como si con quien hablara fuera un niño, con dulzura extra en su voz—, soy mayor que tú por ocho años, podría ser tu hermano mayor y con un par de años más, tu padre en un embarazo adolescente.

—Pero no lo eres.

Touché.

—Y te he querido desde que tengo catorce años. Quiero una oportunidad. —Max lucía muy serio, pero si tuviese cola, podría ver el movimiento de un lado a otro detonando ansiedad o felicidad.

Daniel apretó el puente de su nariz. El aroma cítrico tan penetrante del otro lo mareaba de una forma inusual... nunca sucumbía a las feromonas de otro, no al menos desde que se manifestó como omega a los 15 años, sin embargo, la intensidad de la emoción que desbordaba Max superaba por completo su autocontrol. Agradecía la efectividad de los parches supresores que se puso esa mañana.

Se veía como un alfa que no retrocedía a lo que se proponía, esos eran quienes daban más dolor de cabeza. Sería una pérdida de tiempo intentar disuadirlo a ese punto.

Respiró profundo, pero eso sirvió para embriagarse aún más con el aroma.

Estaba acabado.

—Dos campeonatos —dijo Daniel con una sonrisa conteniéndose de ceder a la petición infantil y exponer su cuello al otro en señal de sumisión. Sólo la cara de confusión de Max le hizo continuar—. Como Omega tengo derecho a escoger mi ofrenda inicial, quiero que ganes dos campeonatos mundiales, hasta ese momento aceptaré tu cortejo.

Daniel observó el rostro serio del joven, lucía muy pensativo, luego le vio alzar y contar con sus dedos, susurrando cosas en holandés que no entendía. Después de un par de minutos, levantó nuevamente la mirada y le sonrió por primera vez desde que le interceptó en su descanso de las prácticas.

—De acuerdo —respondió Max manteniendo los ojos azules sobre él todo el tiempo, sintió que le desnudaba de forma lenta y desafiante.

—Puedes cambiar de opinión en cualquier momento si quieres…

—Olvídalo, esto es sólo un trámite —contestó el alfa soltando un gruñido ante la idea desagradable de claudicar—. Después de obtener esos dos campeonatos, serás mío.

Daniel se congeló ante la declaración de guerra que parecía flotar en el aire, pero lo ocultó con una sonrisa y para no verse aprehensivo ni tensar su relación, se acercó hasta Max y levantó su gorra para revolver su cabello pulcramente peinado. Sabía que lo de Max era un enamoramiento de adolescente, un crush como el que él vivió recién llegó al ambiente de la F1, el pequeño alfa se aburriría y eventualmente miraría a su alrededor para percatarse que había omegas más bonitos que él y quiénes serían afortunados de tenerle como compañero.

Nunca pensó que, de forma casi natural, Max ganaría dos campeonatos consecutivos a la edad de 24 años y que para el tercero, sólo dos años después del primero, tendría los dientes del alfa enterrados en su cuello, marcándolo como su pareja.

Sin duda alguna, Max Verstappen era el alfa más terco que con el que se había encontrado.

Estando sudado ahí en su cama, enredado entre sábanas, saciado de su celo prematuro por la marca de vinculación mientras escuchaba a su alfa cortar fruta y pan para alimentarlo, definitivamente no se quejaba del resultado.

 

Notes:

Si llegaron hasta acá, les agradezco mucho, los kudos y comentarios me hacen feliz y son mi pan de cada día.

Besos de Café Frío!