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El golpe metálico de la celda cerrarse lo despertó de su siesta, cuando escuchó que cerraron la segunda puerta asomo su cabeza entre su sábana blanca, sus ojos dieron una observación del cuarto hasta que se detuvieron en el suelo, encontrando una bandeja de comida.
Se levantó entre las mantas, moviendo la sábana a un lado, camino asta la puerta de la celda parándose a unos centímetros de la bandeja, miro los oscuros barrotes y luego bajo la vista, se puso de puntillas mientras guió sus manos hacia los extremos de la bandeja, levantándola, olfateó el plato por precaución.
Arrugó sus cejas y miro los barrotes de hierro, un gruñido salió de su garganta manifestando su molestia, había encontrando un aroma familiar en él.
—¿Mama?
Una voz con un toque de preocupación en sus palabras lo llamo desde atrás, se levantó del suelo y dio media vuelta encontrando con cuatro pares de ojos mirándolo con angustia, se aclaro la garganta y camino hacia ellos.
—Estoy bien — respondió con una suave sonrisa mientras se metió a una especie de nido construido por cojines, siendo la base, y encima unas mantas.
Las emociones de los cachorros se esfumaron al ver a su madre sentarse sin ninguna problema y mirándolos con cariño, fue entonces que desviaron su atención a la bandeja que trajo.
—¿Comida? — pregunto un niño de ojos morados y unas antenas que salía de su cabello rubio, frunciendo el seño al ver qué le pasaba un plato que parecía sopa.
El segundo niño dio un sonido de desagrado al sentir el horrible sabor y textura de verduras con sal y agua mezclarse en su paladar y forzar a tragarlo.
—La sopa está fría y sabe feo— respondió el otro niño que cubría sus ojos con su flequillo y dos pequeños pero puntiagudos cuernos que sobresalen de su esponjoso cabello castaño.
El mayor de los dos arrugó sus cejas al ver qué el rubio apoyo a su amigo castaño y ambos dejaron sus plantos de vuelta en la bandeja, bien sabía él que el sabor de la comida era un asco, pero que contenía nutrientes vitales para cualquier ser vivo. Dio un pesado suspiro, agarró una cuchara de madera y lo hundo en la sopa para luego sacarlo y llevárselo a la boca, su rostro se arrugó al saber que su cría tenía razón, el sabor era horrible, pero tenian que comer ya que era todo lo que le daban.
—Igualmente tienen que comer — sentenció para luego seguir con su plato. Escucho sonidos de quejas de parte del rubio quien agarró de vuelta el plato, mientras que en silencio el castaño, imitando la misma acción, comenzó a comer la sopa.
Los siguientes minutos solo reinaba el silencio, nadie decía nada, normalmente su madre era quien iniciaba una conversacion de cualquier tema, pero, ambos sabían que cambio desde aquel desgarrador día.
Esos bonitos momentos fueron arrebatados por aquellos sujetos con armadura.
Un lastimero sollozo llamo la atención del mayor, obligando a levantar su mirada hacia al frente, sus ojos se abrieron ante la imagen de su cría, temblando con lágrimas que caían de su pequeña barbilla. El rubio al ver a su hermano en ese estado no dudo en dejar el plato y envolverlo con sus brazos, dándole ánimos que lamentablemente no logro y al rato ambos se encontraron sollozando.
Las alertas de maternidad sonaron en su cabeza, dejo todo de lado ignorando el estruendo de las cosas chocar contra el suelo, rodeo sus brazos alrededor de los pequeños y los pego a su cuerpo, cubriendo con sus dos alas doradas a sus crías de cualquier amenaza del exterior.
Ambos se aferraron a su madre y lo abrazaron con desesperación, temiendo que se vaya y los deje solos. No podían soportar esto mucho más, ya no se sentían seguros sin su madre cada vez que lo ven irse contra su voluntad y regresaba con sangre en su ropa echo un estropajo y su piel reventado con cortes y moretones. Con la duda de no saber quién le hizo todo eso.
—¡Ya no lo soporto!
—¡Ya no aguanto todo está mierda, mamá!
Le rompía el corazón al escuchar esos ruegos de amargura y dolor, lo hacían sentir un total inútil al no hacer nada contra todo esto, le hervía la sangre al ser tan impotente al oir como sus crías le pedían que querían ser libres.
Entonces sollozo, le dolía mucho no poder hacer nada para protegerlos.
—¡Necesitamos refuerzos!
Sus oídos emplumados se movieron al oir una voz desesperado, no le tomo importancia ya que tal vez se había escapado un prisionero. Ahora solo se concentro solamente en calmar sus crías y a él mismo.
—¡NOS ATACAN! ¡NECESITAMOS A TODOS LOS MALDITOS GUARDIAS!
Eso sí que captó toda su atención, sus oídos podían escuchar varios pasos apresurados correr en una dirección con una voz de fondo gritando que se apresuren. Cuando no escucho a nadie mas el lugar se quedó en total silencio.
Retiró sus brazos de sus crías y retractó sus alas, en cambio los dos pequeños ya habían calmado sus sollozos pero aún se aferran a él, con sus manos trato de separarse lentamente, pero falló, en cambió lo apretaron con más fuerza, reprimió un gemido de dolor, aún tenía heridas que le faltaba sanar.
—C-chicos, necesitó que me dejen de abrazar— dijo con dificultad, aleteo sus alas por instinto. Al ver qué no responden forzó sus piernas a pararse, pero el peso de sus crías lo hacían difícil, soltó un respiro y frunció las cejas— Necesito pararme e investigar, si no quieren soltarme entonces demen el favor de seguirme ¿De acuerdo? — ordenó con firmeza.
No escuchó respuesta, pero la fuerza del agarre disminuye, con eso resuelto se puso en pien sin problema, dio media vuelta moviendo a sus crías detrás de él. Se acercó a la puerta con cautela, coloco su oído emplumado en la madera y trato de escuchar cualquier cosa, a los segundos no había signo de movimiento, pero se mantuvo un rato más, está ves cerrando los ojos enfocando todo su oído al otro lado.
Cuando no logro oir nada alejo su oído, suspiro pensado que tal vez solo era una falsa alarma sobre el ataque. Tenía una pequeña esperanza de salir, aprovechando todo el caos una vez que unos de eso guardias abrieran la puerta, pero no fue el caso.
Estuvo a punto de dar marcha atrás cuando escuchó una reja abrirse, retrocede unos pasos empujando a sus crías. Inclinó su postura hacia delante, saco sus afiliados uñas, mostró sus colmillos y sus alas doradas se hincharon para parecer más grande. Logró oír como desbloquean las cerraduras hasta que finalmente oir un click, luego la puerta se abrió lentamente, su cuerpo se puso tenso pero listó para defender.
Podían sentir como pequeñas manos se aferran a su ropa, la puerta se detuvo y entonces algo se asoma detrás de ella, lanzo un siseo de advertencia, deteniendo la acción del intruso quién chirrido agudo fue la respuesta.
Su cuerpo se movió automáticamente hacia la puerta, ignorando a su alrededor tomo el picaporte circular y lo jalo con fuerza, mostrando ante él una cara familiar. Aquel chico que tenía en frente era sin duda lo que protegió y luchó por mantenerlo a su lado ese día y no pudo lograrlo. Ese mismo que al verlo saltó de su lugar y lo rodeo con sus largas extremidades, agarrándose como un perezoso a un árbol.
Dio unos aleteos por la inesperada acción, atrapando con sus brazos a su cría.
—¡Rambo!
—¡Rambo!
Gritaron al unísono los dos niños que al verlo los abrazaron, pero a los segundos todo el lugar tembló por un fuerte estallido.
Cómo una luz floreciendo en la oscuridad, Quackity vio esa luz de esperanza, su teoría de que tal vez atacarán el lugar donde lo mantenían en cautiverio ahora es un hecho, una realidad. Sin tiempo que perder ejerció a su cerebro a trabajar en las posibles escenas una vez que salieran a encontrar ese caos.
El solo pensamiento de ser libres le generó una inmensa alegría en el pecho, que recorrió todo su sistema nervioso.
—Vamos, mis patitos—comento, sujetando con firmeza a el niño aferrado a él, los dos pequeños aferrados a su cadera levantaron su vista—. Escapemos para conseguir nuestra libertad.
Dictó con determinación, dando un paso al frente, está vez si logrará, cueste lo que cueste, su tan ansiada libertad.
Cuando salió de ese infernal calabozo examinó a su alrededor, las paredes como el suelo estaban hechos por piedras con formas cuadradas, todos con patrones y en algunas con humedad, la mayoría de las rejas de hierro que contenían a los híbridos estaban abiertas o rotas, lo cual no era bueno.
Bajó la luz natural de las antorchas podía ver cadenas y rastros de sangré por el suelo.
Guiado por las antorchas y los rastro de sangre, avanzo con cautela, siempre observando a su alrededor en busca de signo de vida. El caos de afuera se volvió más fuerte, eso significa que en unos metros podrían encontrar la puerta, pero antes de enfrentar al caos necesitaba un arma con urgencia, y en todo el transcurso no vio ningún maldito arma, ni siquiera un arco o flechas.
«¡Mierda! Necesito algo con que defender o no durare ni un segundo allá afuera... ¡Carajo!»
En medio de sus pensamientos un fuerte ruido seguido de pasos apresurados llego a sus oídos, y no solo él se dio cuenta que alguien venía si no también los tres niños.
—Retrocedan— ordenó, abriendo sus alas optando una postura defensiva.
A los segundos ya tenia de enfrente a un soldado con armadura de hierro y una espada escurriendo sangré, quien se detuvo abruptamente al ver un híbrido alado.
Podía verse que el hombre estaba cansado, con tierra y sangre embarrados en sus botas y telas dónde no cubría la armadura, cabello mojado y rastros con sangre difuminados en su rostro.
El soldado se abalanzó sobre él, balanceando la espada directo al cuello del híbrido, un ataque mortal sino tuvieras algo con que bloquear, pero no contaba que ese fenómeno fuera tan rápido en esquivarlo, lo que vio a continuación fue todo en cámara lenta, lo derribó contra el suelo, la espada reboto en algún lado y su casco fue arrebatado con ferocidad, lastimado en el proceso.
Sus ojos vieron la imagen feroz de una criatura parecida a un angel pero con una aura oscura y dorada, era inquietante, aterrador, y no supo en que momento vino el primer golpe en el pómulo izquierdo, luego el derecho, en la nariz, ojo, intento cubrirse pero eso alentó que fuera más doloroso y mortal. Con su único ojo bueno vio una espada balancearse.
La sangré se esparce por el suelo, sus nudillos estaban maltratados, pero poco le importa, ahora tenía lo que buscaba, miro sobre su hombro, sus crías estaban bien pero sus miradas eran como un papel en blanco.
—Ignoren esto, debemos salir de aquí — dijo con indiferencia, mirando adelante otra vez—. Rápido, antes de que vengan más— dictó con un tono autoritario.
La puerta estaba tumbada contra el suelo, los gritos de personas desesperadas, el metal chocar entre si y el temblor de algo pesado golpear el suelo. Tomo aire y salió.
Todo era un caos, había civiles corriendo por todos lados, cuerpos inertes de soldados, humo negro saliendo de las casa que se carcomen en llamas. También había uno que otro híbrido peleando contra los que se atravesaba en su vista.
Buscó por todos lados la salida de esta ciudad, entonces vio un grupo de persona salir por una estrecha entrada echo de rocas, no se podía ver a simple vista por los soldados luchando contra los invasores.
—De acuerdo, escuchen con mucha atención — dijo en voz alta —, voy a abrir un camino entre la multitud, quiero que se mantengan juntos y no se alejen de mí ¿Entendido?
Una vez finalizó su frase un jalón de su camisa blanca y un grito de confirmación de parte de Purple fue lo suficientemente para sostener su espada y avanzar.
Estaban cerca de la salida, en todo el transcurso empujo e esquivo a los que se ponían en frente, solo unos pasos más y al fin eran...
—¡No, vuelve Purpled! —grito el híbrido con cuernos.
Apenas logro verlo por dónde se fue, no sabía si su niño era consciente del caos a su alrededor, miro a la salida y luego a sus dos hijos, algo en su mente decía que tenían que continuar, que era mejor que lo de por muerto porque era muy riesgoso volver, pero luego está su lado materno que lo súplica a gritos que lo siga y lo regrese de vuelta.
Todo la situación cambio en tan solo segundos.
Purpled salió corriendo, pasando de todo a su alrededor, sabía que es peligroso pero no pudo, simplemente no pudo aguantar ver a un pequeño niño completamente vulnerable ante tanta violencia y sangre. El niño se escondía debajo de una carroza, cuando llego se tiró al suelo de rodillas, con el corazón a mil por segundo.
—¡Deprisa, ven conmigo si quieres salir de aquí!—grito, dando su mano. El pequeño lo miro con ojos lagrimosos, sus manos y pies estaban con lodo, su única prenda de vestir era un pantalón con agujeros y una manta marron que protegía en vano del frío por lo mojado de esta—. ¡Te prometo que no voy lastimarte!
Ambas manos estaban por tocarse, cuando los ojos del pequeño niño miro detrás del chico con horror, un soldado los había visto. Purpled lo noto y enseguida miro sobre su hombro, se quedo paralizado, el soldado ya está frente a él, era demasiado tarde para actuar, cerro sus ojos con fuerza, aceptando su destino.
—¡Ningún maldito toca a mis crías! — Gritó Quackity quién balanceó un hacha y le rebano la cabeza.
El cuerpo cayó, Purpled miró a su madre con el corazón a punto de darle un paro cardíaco, si no hubiera aparecido a tiempo podría haber muerto. Su madre se dio vuelta pero no lo miró, sino al pequeño debajo de la carroza, sin decir palabras se acercó y se puso de puntillas frente al niño pequeño.
Quackity sabía le tenía miedo pero no había tiempo que perder, así que no tuvo opción que meterse y sacarlo de allí. Era obvio que el niño dio pelea, pero era solo un cachorro frágil y débil y cuando lo tuvo en brazos miro con seriedad a su cría.
—Vamonos— le ordenó.
Al estar cerca de la salida Quackity lanzó un gritó en dirección a unos barriles, de dónde escondió a sus dos crías que al oír asomaron sus cabezas para luego salir y correr hacia él.
Y en tan solo segundos todos abandonaron la ciudad, siendo al fin libres de las cadenas que lo mantuvieron encerrados en ese infierno.
