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ALL FOR LOVE

Summary:

Aemond y Floris llevan más de cuatro años de matrimonio y no han podido concebir.
La omega al parecer es infertil y lucerys al saber esto; es quién se ofrece a llevar el hijo de ambos.
Un gesto desintersado, sólo porque sigue Amando a su tío y quiere verlo felíz.

Notes:

El embarazo subrogado es un tema poco explorado la verdad.

Lucerys llevara en su vientre los hijos de alguien más, y por supuesto no será fácil para él, entregarlos.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter Text

 

 

 

¿Qué estarías dispuesto hacer por amor?

 

 


 

 

Era la cena de Navidad de los Targaryen. Después de dos años, todos se reunían para festejar la fecha, además el patriarca Viserys estaba muy enfermo; y quizás esa sería la última vez que estarían todos juntos.

 

Lucerys estaba sentado entre su hermano Joff y su tío Aemond. Por supuesto este mantenía conversación con su esposa, Floris Baratheon. No es que lo tilden de chismoso; pero había un tono de molestia en la conversación, pero antes de seguir escuchando, Joffrey lo distrajo mostrándole unos bosquejos que ha estado haciendo.

Ahora que es aprendiz de tatuador, su hermanito es muy dedicado y entusiasta con su arte. Lucerys como ilustrador gráfico (cursando el último año de la carrera), siempre le daba consejos sobre sus dibujos, por supuesto no es lo mismo; pero aprender a dibujar ayudaba mucho además de la técnica.

 

 

 

Y justo cuándo su tío Aemond había volteado sus ojos en su dirección, quizás para hacerle una pregunta, su abuelo Viserys lo interrumpe con una pregunta.

 

- Entonces, querido Aemond ¿Cómo salieron los resultados de los estudios que le hicieron a ti a Floris para poder concebir? –

 

Joffrey deja de mostrarle sus bocetos, e incluso Daeron que estaba inmerso en su teléfono lo deja a un lado para saber la respuesta a esa incómoda pregunta.

 

Aemond y Floris llevan tiempo intentando tener un bebé, pero nada ha resultado.

 

 

Lucerys ve como su tío, aunque incómodo abre la boca para responder, pero es Floris quien contesta 

 

- Señor Targaryen, la verdad es qué; no salimos bien en los resultados. Aemond está perfecto - Floris evita mirar a su esposo - Pero yo no. Tengo varios problemas que impiden que pueda gestar un bebé en mi marchito vientre.

 

Lucerys siente mucha pena por la mujer. Es una omega muy hermosa, pero muchas veces ha visto la tristeza y resentimiento en sus ojos.

 

- Querida, no quiero que te sientas mal por eso. No pregunté por molestar o presionar, pero realmente me preocupo por ambos. - Su abuelo se veía bastante apenado por eso, era la verdad, antes de que él patriarca siguiera con su discurso, Alicent lo interrumpió. Quizás quería evitar miradas de lastima hacía su hijo 

 

- Eso realmente no importa, querida, mi niño. -  la mujer los mira con una sonrisa amable - Hay muchos métodos ahora. Cuándo decidan si es lo que les convienen. No queremos presionar los – le había dicho Alicent.

 

 

Todos empezaron a darles palabras de aliento a la pareja. Tanto Rhaenyra como Aegon le dieron algunas opciones. Ambos como Alfas, habían concebido junto a sus omegas por fecundación in vitro a sus últimos bebés.

 

 

Lucerys solo podía ver a su tío.

 

Aquel hombre que por años estuvo enamorado. Aquel hombre que jamás lo vió con otros ojos qué no sea de sobrino, aquel que una vez lo rechazó cuando Luke le confesó su amor.

 

Se veía molesto y bastante estresado. El olor a madera quemada golpeaba su nariz haciendo que se sintiera intranquilo en ese momento.  Así que espero a que todos callarán y pidió permiso para retirarse. Justo en ese momento, Daeron lo siguió. 

 

- El viaje ha sido muy largo, de verdad me siento muy cansando. – Su madre le instó a ir a su habitación y le dijo que después de la cena lo alcanzaría para darle las buenas noches. Lucerys le dejo un beso en la mejilla a su hermano Joff, luego a Jace, se despidió de su padrastro y el resto de sus tíos. Con respecto a Aemond y Floris solo les dijo buenas noches evitando de verlos a la cara. Daeron hizo lo propio y siguió al castaño.

 

Aún podía sentir el olor a madera quemada fuerte a su alrededor.

 

 

 

 

 

 

 

 

Daeron le dijo que se iría a cambiar y que verían esa película que prometieron ver los dos en la noche. Así que bueno, Luke tomo un baño rápido, se colocó su pijama, esperó que su madre que llegara a la habitación, pero no lo hizo. El castaño salió para hacer algunas palomitas de maíz, buscar algunas golosinas y bebidas que compartiría con Daeron.  Mientras el microondas estaba reventando el maíz y Luke buscaba las botellas llenas de jugo, escucho unos pequeños murmullos al otro lado de la puerta de la cocina. Lucerys no quería escuchar, pero el tono elevado de la voz de Aemond lo colocó en alerta.

 

 

“No es necesario que tengamos que buscar una opción ahorita. Esto ya me está cansando”

 

“Mi padre me está presionando. Entiéndeme, si soy la primera de mis hermanas en tener un bebe, nuestro bebe será quien herede la compañía de mi padre”

 

 

“Ese es tu maldito problema, siempre estás buscando superar a tus hermanas o presionándome para obtener el maldito beneficio económico de nuestras familias. Según yo, te casaste conmigo por amor, no por un interés”

 

 

 

Luke se aleja, y sigue en lo suyo. Pero su mente sigue reproduciendo la conversación de su tío y su esposa, y a pesar de que se resignó a que Aemond no sería suyo, ni mucho menos el platinado lo iba a ver con otros ojos, Luke solo quiere la felicidad y tranquilidad para Aemond. Coloco todo en una bandeja y se fue hasta su habitación, mientras en su mente se estaba empezando a gestar un plan.

 

Al llegar a la habitación, su madre y Daeron estaban allí conversando. Luke dejó la bandeja en la mesa que había en esa habitación asignada para su estadía de los días que estaría en la Fortaleza, y fue a darle un abrazo a su madre. Se sentó en medio de los platinados, ambos lo abrazaron porque así fue siempre, cada vez que Dae se quedaba en Dragonstone. Y como de costumbre el impulsivo e impaciente que es, soltó como si nada la idea que se le había acabado de ocurrir.

 

- Escuché a Aemond y Floris discutiendo por el problema que tienen para concebir. La verdad me da mucha pena por ellos. Quizás deberían seguir tu ejemplo – Luke mira a Rhaenyra y sigue hablando. - conseguir un vientre subrogado, yo podría ofrecerme. Hace un par de meses me realizaron unos estudios y al parecer estoy muy bien y estoy en una etapa muy fértil. Claro que tendría que volverme a realizar los estudios que ellos consideren conveniente. –

 

Los dos lo dejaron de abrazar y su madre se levantó para mirarlo fijamente. Su mirada, bueno más bien su olor canela espeso inundando su habitación. Daeron incluso tuvo que taparse la nariz. – Lucerys Velaryon ¿No estás hablando en serio? – su madre se pasó varias veces la mano por la cara, claramente frustrada.

 

- Espero que no estés hablando en serio, Luke. ¿sabes lo que implica que prestes tu vientre. ¿Que se forme una vida en ti, para luego entregar a ese pequeño un pedacito de ti a alguien más? – Daeron no se había levantado, pero lo empezó a mirar como si le hubiera salido alguna otra cabeza, o tuviera algo extraño en su rostro.

 

- Daeron tiene razón mi dulce bebe, no es algo tan simple. Primero deben asegurarse de que eres compatible, luego hacer la inseminación y ver si eso resulta. Deberás cuidarte muy bien, mi niño tendrías que posponer un año por lo menos tus estudios, pero lo más importante de todo ello, no sería tan fácil entregar un pedacito de ti. Será doloroso, no solamente el momento del parto, sino en el momento que entregues a tu hijo. –

 

Lucerys quiere pensar en cada palabra que su madre y mejor amigo le dicen. Probablemente los dos tienen razón, pero el solo quiere ayudar a su tío. Sería un bonito gesto, algo muy desinteresado de su parte. Porque aun, de manera estúpida lo ama. Una parte muy egoísta en él, quiere pensar que un bebe de los dos, que se gestara en él, existirá para recordarle que Aemond siempre tendrá un parte de él, aunque ese bebe no sepa de su existencia.

Quiere hacerlo, quiere que Aemond este feliz, y está más que seguro que ellos serán unos padres maravillosos. Quizás el nunca más tenga la oportunidad de cargar con un vientre abultado.

 

 

Todos ganan

 

- Bueno, primero que nada, debo hablar con los involucrados, podría yo especular muchas cosas, pero está en ellos si aceptaran – Su madre iba a seguir con su retahíla, pero Dae la interrumpió y le ofreció ver la película con ellos.

 

- Le diré a Daemon que este pendiente de Egg y Vis por un par de horas, y ya regreso. Sé que quieren evitar el tema, pero es enserio lo que te digo Luke. –

 

Lucerys no respondió aquello, se levantó de la cama para colocar la película en la enorme Tv de la habitación. Buscó las palomitas y le insto a Dae a sentarse junto a él. - Tienes que pensar mucho lo acabas de decir. Sé que aún amas al idiota de mi hermano y que estas pensando en su “felicidad”, pero esto te puede afectar en muchas maneras. Tanto biológicamente y más que nada psicológicamente. –

 

- Lo sé Dae, solo veremos que sucede, quiero ayudar a tu hermano y que suceda lo que tenga que suceder. –

 

 

 

 

 

Lucerys había pasado todo el día en las piscinas aclimatadas de la Fortaleza. Por supuesto junto a Dae y todos sus hermanos. Sus padres aprovecharon para salir en una cita, bueno todas las parejas del lugar aprovecharon aquello. Incluso su abuelo Viserys había salido. Por supuesto que era el niñero, pero estaba junto a Dae y Joff, así que no le importaba mucho.

 

Mientras los hijos de Aegon y Hela estaban jugando con Egg y Vis, Luke aprovechó para llevarles algo de comer. De nuevo en la cocina estaba su tío, pero esta vez, solo.

 

- Luke –  El platinado lo observaba de arriba abajo, y el castaño se sintió bastante cohibido, ya que estaba en un pequeño short, y completamente húmedo. – Tío – fue lo único que le respondió. Lucerys fue directamente a la alacena para buscar las galletas y algunos jugos para los pequeños. - ¿A dónde llevas toda esa comida? – El castaño siguió dejando en la bandeja la comida, antes de contestarle a Aemond – le llevare a los pequeños, estamos todos en la piscina. Pensé que estarías fuera como todos los demás. –

 

- No salimos, de hecho, Floris está en la habitación bastante molesta por una estúpida discusión que tuvimos. Pero ese no es el caso, déjame ayudarte con la bandeja la llevare hasta la piscina. –  Lucerys no le cuestiona nada a su tío, gustoso le entrega la bandeja y va detrás del hasta el área de la piscina. De igual manera le gusta estar cerca del platinado, aunque tenga que esconder sus afectos, además quizás ese sea el momento ideal para hablar con él y plantearle su petición. Espera de verdad poder ayudarlo.

 

Luke llama a los pequeños a comer. Busca una de las mesas para niños y cuatro sillitas. Sienta a cada uno de los niños allí y les reparte sus jugos con las galletas. A Dae y Joff les había traído unas botanas y un par de cervezas. Bueno para ellos y también para Aemond.

 

Ellos cuatro buscaron una silla más, para que los cuatro pudiera degustar la cerveza.

 

- Qué bueno que nos acompañes, hermano. Ha pasado tiempo que no pasas un momento con nosotros – Aemond solo ríe y bebe la cerveza. Luego de unos minutos tanto Joff como Dae siguen la conversación que supone que tenían, incluso el olor de ambos se vuelve extraño, como si se mezclarán entre sí. Algo lindo y Luke solo espera que todo salga bien entre ellos. Dae y Joff han estado rondando uno detrás del otro, desde hace años, pero no llegan a nada formal; ahora que han crecido sus sentimientos se han cultivado y han sido más fuertes. Lucerys cree que de verdad ese para de tontos son el uno para el otro.

 

Luego su vista vuelve a los niños, pendiente de que ninguno derrame sus juguitos y no se llenen de comida. – Pareces una mamá oso pendiente de los pequeños. – Aemond se había acercado para hablarle, prácticamente susurrándole en su oído. Sintió un pequeño escalofrío que lo hizo sobresaltar. – Bueno, ellos se portan relativamente bien, pero hay que estar pendientes, el pequeño Vis puede ser un pequeño alborotador que puede incitar a los demás y pueden volverse un desastre. –

 

Aemond solo le tararea y le regala una bonita sonrisa. Esa hermosa sonrisa que pocas veces adorna su rostro. – Tío, hablando de otra cosa – Luke se giró para ver frente a frente a Aemond a pesar que estaba muy nervioso. – Dime sobrino. – Aemond da otro sorbo a su cerveza y el castaño sigue hablando – Hace dos noches, te escuché discutir con tu esposa y… -  Aemond deja escapar una risa triste y cansada, pero le responde - ¿Cuál de tantas, Luke? –

 

- Bueno estaban en la cocina, la noche después de la cena. No tenía intención de escucharlos, pero estaba allí haciendo unas palomitas para ver una película con Dae. La cuestión es que, - Luke respira profundamente y trata de hablar sin titubeos. – Sé que tu esposa desea un bebé, y que tú te ves muy triste por ello; así que, siguiendo las palabras de mi abuelo y tu madre, podría ofrecerme como su vientre subrogado. Si así lo desean claro, lo ofrezco de una forma desinteresada. Sabes que buscar un omega que se ofrezca hacer eso no es fácil y por supuesto que debe estar sana o sano. Hace poco me hice varios exámenes y estoy muy bien físicamente. –

 

Aemond frunció el ceño y se quedó mirándolo fijamente. Por lo que le parecieron unos minutos eternos el platinado no dijo absolutamente nada. Luke sintió que había jodido todo y quería irse de allí, no sin antes llevarse a los niños.

 

- ¿Me estás hablando en serio, Lucerys? –

 

- Por supuesto que sí, no voy a bromear con algo como eso. –

Aemond se terminó la bebida, y antes de que la conversación siguiera, los pequeños llamaron la atención de Luke. El castaño se levantó y fue hasta los niños. Querían ir a sus habitaciones porque tenían sueño. Lucerys les ofreció una sonrisa, limpio sus boquitas y les insto a entrar para que tomaran una ducha y ahí si luego irían a sus camas.

 

Aemond se levantó detrás del castaño y sin palabras algunas él ya le estaba ayudando con los gemelos de Aegon y Hela, mientras él se llevaba a Egg y Vis. En todo el camino de regreso a la mansión, solo escucharon los parloteos de los niños. Lucerys se siente muy nervioso, el olor a madera quemada, vuelve a impregnarlo y la ansiedad se apodera de él.

 

 

Rápido baña a los pequeños, los cambia y los acuesta en sus camitas. Deja salir su olor para arrullarlos y sale de la habitación que comparten los pequeños platinados.

 

Aemond lo estaba esperando afuera de la habitación de los niños y le insta a ir a la sala donde suele sentarse frente a la chimenea para beber o tener una reunión. El hombre le da una manta que está allí y le insta a sentarse en un sillón frente a él.

 

- Lucerys… yo… Me tomas por sorpresa la verdad. No me tomes a mal, no estoy molesto por ello, es más creo que podría ser una buena idea. Y me hace muy feliz que pienses en mí, pero, ¿estás seguro de eso? Estás estudiando, un embrazo podría complicar varias cosas en tu vida, sé que no estarás incapacitado. Estaríamos pendiente de ti, pero vuelvo y repito, ¿estás seguro? –  Aemond lo miraba con bastante preocupación en sus ojos. Y eso lo hizo sentir bien, por lo menos su tío no se molestó por su propuesta y menciono que se sentía feliz. Eso es lo que quiere, hacerlo feliz.

 

 

- Estoy más que seguro. Y si tu esposa acepta, estaré mas que encantado en hacerme los exámenes que esto requiere y lo que necesiten. – Aemond se levantó, le extendió la mano y lo atrajo hacia el para darle un abrazo. “Gracias” le susurro y Luke por un momento se permitido disfrutar el abrazo, quizás ya no vuelva a tener nada así.

 

 

 

 

 

 

Esa noche. Lucerys habló con Floris sobre su ofrecimiento de llevar al bebe de ambos. La mujer prácticamente grito y se abalanzo sobre el para abrazarlo. – Dioses de arriba, Luke, muchas, muchas gracias, no sabes lo feliz que me haces con esta noticia. Prometemos hacer todo lo que necesites, darte todo lo que necesites para que lleves un buen embarazo y, sobre todo, te prometo que querremos mucho al bebe. Nada le faltará y si lo deseas, puedes ser parte de su vida, creo que es lo mínimo que puedo ofrecerte, después de lo que harás por nosotros. -  Lucerys no le respondió, solo le dió una sonrisa. Deseaba con fervor que, todo estuviera bien, que todo saliera bien.

 

Tanto su madre y Daeron se resignaron al hecho de que, ya había tomado una decisión y que no habría como retractarse, ya que había hablado con Aemond y Floris. “te apoyaremos y cualquier cosa que necesites, no dudes en decirnos”.

 

 

En cuanto a los demás, Jace se molestó, pero no le reprocho, Joff le dio su apoyo. Su abuelo y Alicent se emocionaron por la idea. En cuanto a Daemon, lo miro con tristeza, pero solo le dijo que lo apoyaría.

 

 

 


 

 

 

 

Luego de que pasaran las vacaciones, se reunió con Aemond y su esposa en el centro clínico de fertilidad. Pasó por varias pruebas de compatibilidad con el esperma de su tío y luego de un par de semanas más, estaba allí preparado para la inseminación artificial, si todo saldría bien, daría a luz a un bebe con sus rasgos y los de Aemond. Algo muy hermoso si estuviera en otras condiciones, pero debe olvidarse de esos pensamientos, Floris es quién lo criaría junto a Aemond.

 

 

La pareja estuvo en todo momento con él. Luego de unas horas, el procedimiento estaba listo y solo esperaba que el dinero que había invertido su tío, valiera la pena. Lo llevaron a su casa, y Luke estuvo toda la noche con las piernas en alto, quizás así tendría resultado y habría fecundación.

 

Y Si que hubo resultado, ya que, luego de que paso tres semanas, Lucerys se hizo una prueba de embrazo de orina, bueno más bien unas cinco y en cada una de ellas le arrojaba resultados positivos. Tomó una fotografía a las cinco pruebas y se la envió a Aemond en un mensaje por WhatsApp.

 

 

“Siete de arriba, Lucerys… No lo puedo creer…

  seremos padres… digo, seré padre, junto con Floris”

 

 

                                                                                                                                                     “Felicidades a los dos.

                                                                                                                                                       Si desean, mañana me haré la prueba de sangre”

 

 

 

“Por supuesto, Luke. Mañana te paso buscando

  a primera hora”

 

 

Lucerys no respondió a aquello. Dejó el teléfono a un lado para luego dejarse caer en la cama, mientras observaba el techo. Al mismo tiempo se daba cuenta que, en nueve meses traería al mundo a un bebe (un bebe que no iba a criar). Suspira y se hace bolita en su cama. Busca su cobija y se queda allí, tratando de no pensar demasiado, para luego caer en un profundo sueño.

 

 

 

El sonido de su teléfono lo despierta. Tiene un aburrido tono de llamada, pero es muy escandaloso como para despertarlo. Busca a tientas su teléfono, y no se molesta en ver quién lo está llamando.

 

 

“- ¿Diga?” –

 

- “Luke, lo siento si te desperté. Pero ya estoy abajo en el edificio.”-

 

Lucerys se levanta rápido, y le dice a su tío que suba, aún no está listo, pero ya se está arreglando. Él castaño corre al baño, se cepilla, se lava el rostro se peina rápido sus rizos, busca el serum que usa cada mañana, usó algo de base para su rostro y luego colocó algo de color en sus mejillas.

 

Fue a su guardarropa y saco un conjunto deportivo, cuando escucho el timbre de su departamento.

 

 

Lucerys se quedó en King´s Landing después de tomar la decisión de ser el vientre que llevara el hijo de Aemond, sabía que ese año no podría continuar sus estudios como era propio. Daeron se fue a Driftmark, sin él y el castaño decidió utilizar el departamento que su abuelo Corlys le había obsequiado hace años, antes de que decidiera irse con Daeron a estudiar en Driftmark. Varias de sus cosas han sido enviadas, pero la mayoría las ha comprado, para que el lugar sea habitable y acogedor.

 

Aún en pijama, pero con su rostro maquillado y cabello listos, abre la puerta y ve a un Aemond diferente a los que suele ver. Su cabello siempre esta impecable recogido en una media coleta, y ahora lo lleva amarrado en un moño. Usa ropa deportiva negra y Luke bebe de la imagen más hermosa que jamás haya visto. El platinado lo mira y le da una sonrisa cálida.

 

- Discúlpame por venir tan temprano, pero me sentía muy ansioso. Por cierto, buenos días. - Lucerys le invita a entrar y le dice que se siente en el sillón de su sala. – No te preocupes, me dijiste ayer que vendrías temprano y no coloque alguna alarma para despertarme. Solo me cambio el pijama y estoy listo. –

 

 

- Esta bien Luke, yo espero no hay problema. Te invito el desayuno por supuesto. Después de la prueba y sus resultados, creo que sería conveniente de que vayamos al médico, para que nos indique que debes comer. -

 

Lucerys asienta, y antes de irse a su habitación le pregunta a Aemond por su esposa – Y ¿Floris? – Aemond miro su anillo antes de responderle. – Su padre necesitaba hablar con ella temprano, pero también está más que ansiosa, me pidió que la llamara después de que te realizaras la prueba. –

 

- Muy bien, entonces me cambiaré y nos vamos –

 

 

Lucerys sale del cubículo, de donde le extrajeron la sangre. La chica le dice que en una hora estarán listos los resultados. Aemond paga por los resultados y le insta ir hasta su auto para que vayan a comer.

 

- ¿Qué deseas comer? ¿Te dolió mucho el pinchazo? – Lucerys solo ríe y le responde que no le dolió. Y que le gustaría mucho café y huevos revueltos con pan. – Como desees, sobrino. - su voz se sentía melosa y algo grave. Incluso ese olor de madera, hace que su omega se inquiete, pero de una manera ridícula. Como si estuviera contenta porque tendrá un cachorro de ese Alfa. No hubo encuentro sexual, ni mucho menos una mordida, y su omega estaba engañándose.

 

 

 

Luego de la hora, y ya dentro del laboratorio, con la prueba en mano confirman las pruebas que se habían hecho la noche anterior. Una cuenta cuantitativa, que reflejaba tres semanas de embarazo. Le muestra a Aemond y el hombre se queda allí por unos segundos mirando el papel, algunas lágrimas salen de esos perfectos ojos y lo abraza, se puede acostumbrar a sus abrazos.

 

- Esto es real – le dice Aemond aun emocionado. – Tendrás a mi hijo, Dioses – Luke se dio cuenta que el platinado pretendía decir algo más, pero se detuvo. Sacó su celular se quedó mirando la pantalla, pero al instante lo guardó. – Vamos de nuevo al auto. Allí llamaré a Floris hay buscar una cita con el Obstetra y…- Aemond seca sus lágrimas y le vuelve a hablar – Haremos lo que esté en nuestras manos para que estés cómodo y todo salga bien en el embarazo. –

 

 

Dentro del auto, Aemond llamó a su esposa. Lucerys solo estaba mirando el papel, no quería escuchar que le respondía la mujer. Pero el tono de voz de Aemond le hizo prestar atención. Se oía algo irritado, “Deja de ponerle más interés a la maldita fortuna de tu padre. Es lo que querías. Se una persona adulta y responsable por una vez y asume tus decisiones y sus consecuencias”. Lucerys quería llorar en ese momento, que incomodo se estaba tornando todo y por un segundo se arrepintió de lo que estaba haciendo.

 

- Te dejo en tu departamento, Luke. Hablaré con el médico que atendió el embarazo de Hela, y te avisare cuando sea la cita. –

 

- Está bien, no hay problema. –

 

Todo el camino hasta su departamento, iban sumidos en sus silencios. Lucerys no tenía el valor de preguntar qué había sucedido, quizás tenía algo de miedo de saber la respuesta.

 

Luke le indicó a Aemond que se estacionara en la tienda cerca de su departamento. Quería comprar algunos alimentos para la hora del almuerzo.

 

- Luke, yo… déjame te compro algo que desees y te lo hago llegar en un delivery –

 

- No es necesario, a mi gusta cocinar y ya tenía algo en mente. No todo debes comprarme y hacer por mí. Estaré bien. Avísame lo de la cita y nos veremos ese día. – Lucerys no dejó que Aemond dejara que respondiera y salió rápido del auto. Ahora siente que ha hecho algo muy estúpido. No debió ofrecerse a hacer eso, dar un hijo a esa pareja pensando que estarían felices y no ha pasado un día de la confirmación del embarazo y ya tienen diferencias por eso.

 

 

Bueno, ya él bebe se está empezando a formar en su vientre, ya no hay vuelta atrás

 

 

 

En la noche llamó a su madre y luego a Daeron para darles la noticia. Ambos se escuchaban un poco preocupados, pero su madre, su hermosa madre le dijo las siguientes palabras:

 

“No puedo estar más orgullosa de ti, mi dulce niño, mi niño valiente. Estás haciendo algo tan hermoso, un gesto desinteresado, verás que la vida te recompensara por ello. Serás tan feliz, como él bebe que está creciendo dentro de ti, te amo mi niño, siempre recuérdalo” las lágrimas empezaron a salir mientras escuchaba a su madre, tenía el consuelo de que, estaba haciendo todo aquello en un acto desinteresado y que tenía el apoyo de su madre, pase lo que pase y el de Dae por supuesto.

 

 

 

 

 

 

 

____________________

 

Aemond junto a Floris lo acompañaron a cada cita. En el quinto mes, se dieron cuenta que tendrían gemelos. Un niño y una niña. Floris fué la primera en casi darle un ataque de pánico al verlos en el eco, pero la Doctora les aseguro que era algo muy normal, cuando el embarazo es por inseminación. Mientras el gel en su ahora abultado vientre y ese aparato frio mostraba a cada bebé, Luke por primera vez se sentía afectado. Desde que escuché el latido del corazón del bebé, cuando creían que era uno, no se había sentido tan emocionado y triste. Ambos estaban bien, con sus caritas que poco se le podía distinguir, sus brazos, las piernas… ambos prácticamente abrazados.

 

 

Era mucho, era demasiado.

 

 

Así que, Lucerys traro de tragarse el nudo y ofrecerles una sonrisa a los que, serían los padres de esos bebes.

 

 

Aemond no dejaba de ver la pantalla, tenía sostenido la mano del castaño y éste no se había dado cuenta que lo estaba apretando muy fuerte. El platinado se giró para verlo y Luke sintió como su corazón casi estallaba, al ver esos perfectos ojos morados, acuosos.

 

 

Los bebés serían tan amados por Aemond.

 

 

Floris también se veía emocionada, pero con el miedo a flor de piel. La mujer olía a moras y en ese momento su olor se sentía algo agrio. Y la madera quemada de Aemond calmaba su ya creciente ansiedad. Quizás sus hijos, bueno los hijos de Aemond podían percibirlo.

 

Y fieles a su palabra, la pareja ha estado pendiente de todo lo que ha necesitado. Floris le envía cantidad de consejos que busca para que no le afecte tanto el dolor la espalda y los ejercicios que debe hacer para que el parto sea rápido. Le mencionó que desea llevarlo a esos lugares de gimnasia para los embarazados y acompañarlo en los ejercicios. Incluso una noche, a eso de las once; Lucerys pretendía irse a dormir, pero un antojo de fresas con crema no lo dejaba dormir. Su madre estaba en ese momento en la Fortaleza, pensaba llamarla a ver si podía buscarle en la mansión algunas fresas y crema. Las tiendas a esa hora no estaban abiertas.

 

 

Pero antes lo llamo Aemond. Y aprovecho en ese momento para decirle que necesitaba urgente esas fresas y crema. El platinado encantado se ofreció a buscarle, además lo había llamado para ver si necesitaba algo, estaba saliendo de una reunión que se tardó horas, y sabe bien que ahora los bebés no lo dejan dormir como es debido.

 

 

“Gracias, gracias, gracias” fue lo que le respondió. Aemond solo se rio, y en menos de media hora apreció frente a la puerta de su departamento, con una cantidad ridícula de fresas y dos potes de crema y una de helado con vainilla. En ese momento se le olvidó las formalidades y le arrebató las fresas y crema, fue rápido a la cocina mientras le gritaba a su tío que entrara y se sentara. Sirvió para ambos y regreso a su sala, le dió el vaso a su tío con las fresas y él se sentó para devorarse el suyo. – Despacio, taoba – le dice su tío, - Mejor cállate o te lanzo el vaso en la cara – El platinado solo se carcajeo, y comió el suyo con tranquilidad, mientras Lucerys parecía un salvaje.

 

 

 

 

Al día siguiente, Aemond llegó a mitad de la mañana, mientras él estaba haciendo un curso online. Bueno más bien estaba adelantado algunas materias de su carrera, para cuando regresara no estuviera tan perdido y atrasado. Eso hacía en las mañanas y en las tardes solo dormía. No podía evitarlo, se recostaba en su cama y rápidamente el sueño alcanzaba. Su tío le había llevado, un frasco con capsulas de calcio, vitaminas y ácido fólico. Floris las había comprado, pero no había podido ir hasta su departamento para llevarle. Lucerys le agradece y el platinado le deja un beso en la mejilla y se va como si lo que acabo de hacer, no afectara al castaño.

 

 

 

Ahora tiene ocho meses de embarazo y va de camino a la Fortaleza. Allí esta Dae y su madre, los ha extrañado y necesita abrazarlos. Ha pasado un par de noches horribles, los bebés no dejaban de moverse y se sentía terriblemente solo. Quizás eran las hormonas.

Es verano, así que usa un vestido verde holgado. Su cabello trenzado porque le ha crecido bastante.

 

Cuándo llega a la mansión Dae lo recibe y lo abraza, aspira su aroma a coco y por un momento eso lo hace sentir tranquilo.

- Estás enorme – le dice su mejor amigo y le insta ir hasta una de las salas de la mansión. Una de las chicas que trabaja en la Fortaleza les prepara una mesa con aperitivos y Luke pide jugo de naranja.

 

- ¿Cómo te has sentido, Luke? –

- Me siento cansado, si te soy sincero. Pero es tan fascinante verlos moverse. Les he puesto música y les he contado algunos cuentos con eso parecen relajarse incluso creo que saben cuándo estoy molesto porque los regaño, en un tono muy dulce claro y se quedan quietos, son tan hermosos y aún no ha nacido – Daeron lo mira y tuerce su boca.

 

- ¿Estás seguro de lo que estás haciendo? Luke, son gemelos; en unas semanas puedes dar a luz ¿Estás seguro que podrás dárselo a Aemond y Floris? – Lucerys sabe que será difícil, muy difícil, pero le finge una sonrisa antes de contestarle – Yo me ofrecí, yo les di la idea. Seré feliz si ellos son felices, sé que amarán a los bebes y serán buenos padres. Estaré bien Dae. –

 

- No quiero que sufras, pero si aún quieres seguir con todo esto, lo respetaré. Sabes que te admiro por lo que haces, pero me sigues preocupando. –

 

Lucerys no quiere admitir que se está arrepintiendo. Él ha cargado con los bebes, las náuseas, dolores, antojos, cambios emocionales y sobre todo lo has sentido crecer en su interior.  Pero hace todo eso por amor a su tío y su felicidad. No puede ser egoísta ahora.

 

Pasó dos semanas en la Fortaleza con su madre. Estaba allí, por asuntos de trabajo y había ido sola. Así que por algunas noches durmió con su madre, su olor calmaba a los bebés, pero una noche después de cenar pizza, se sintió más pesado de lo normal, se había recostado entre las almohadas de la cama, cuando una punzada en su vientre lo hizo remover incómodo. Quiso acomodarse lo mejor que pudo, pero luego otra punzada lo hizo encorvarse y ahí se dio cuenta que había una húmeda entre su ropa interior y sus piernas. Llamó rápido a su madre y por supuesto al verlo así, se dio cuenta que había empezado la labor de parto.

Alicent estaba allí por supuesto, estaba cuidando a su abuelo, cuando su madre a alertó con la noticia. Dae busco la camioneta grande de Viserys. Alicent se sentó de copiloto, mientras su madre llamaba a Aemond y se sentaba con él en la parte trasera. Había llevado una maleta con ropa, pero solo para ella. Sabía que la ropa para los gemelos lA llevaría Aemond y Floris. Lucerys saldría del hospital sin los bebes.

 

 

 

 

 

Las contracciones y dilatación fueron rápidas. La doctora que lo había estado viendo durante su embarazo, era quién traería a sus…los hijos de Aemond y Floris al mundo.

 

En el momento de pujar, solo le permitían al padre estar, así que Aemond fue quien se quedó allí. Sabe que le dio palabras de aliento, pero no recuerda exactamente que le dijo. Sus contracciones eran insoportables y aún más cuando debía pujar.

 

Primero nació el niño, a pesar de la sangre, Lucerys podía ver que era igual a Aemond se le veía una pequeña pelusa blanca. Era perfecto, muy hermoso. Pero no pudo seguir viendo más al bebe, porque de nuevo llego otra contracción, y tuvo que pujar. Otro llanto resonó en el lugar y la bebé había llegado a éste mundo. Lucerys también pudo diferenciar una pequeña mata de cabello platinado, se veía más rellenita que su hermano.

 

 

Aemond le pregunto que, si sentía bien, Luke solo le asintió y luego la enfermera se acercó para mostrarles los bebes. El hombre se veía hermoso con los bebes en brazos y ellos muy tranquilos en sus brazos. Era tan hermosa la vista, que dolía.

 

 

Mientras la Doctora lo estaba limpiando, pensó que quizás el platinado saldría con sus hijos para mostrarlos y que no regresaría, ya eran suyos y de Floris. Pero no lo hizo, se quedó allí en la habitación con ellos en sus brazos, luego la esposa de Aemond había entrado a la habitación, con la ropa del bebe, y agradeciéndole por todo. Lucerys no le pudo responder, solo le dio una sonrisa cansada.

 

 

Los bebes fueron cambiados, pesados y una de las enfermeras les estaba dando leche en biberón, y antes de que oficialmente fueran dados a la pareja casada; la amable enfermera les entregó a los gemelos para que pudiera despedirse de ellos.

 

Se los colocaron en sus brazos. Se ajustaban perfectamente y ellos se veían tan lindos y tranquilos.

 

- Hola pequeños, me alegra por fin conocer a las personitas que no me dejaban dormir. Quizás no los vuelva a ver o quizás sí, pero quiero decirles unas palabras – Luke sabe que se ve en extremo ridículo mientras les habla a los gemelos, pero le da igual. - Si algún día los vuelvo a ver, espero ser su tío favorito, espero consentirlos como lo hago con mis hermanitos. Créenme que será muy difícil para mí dejarlos ir, pero sé que sus padres harán un buen trabajo y serán muy amados, por toda la familia. Sean buenos bebes y hagan lo que hagan en un futuro estaré orgullos de ustedes, los amo con todo mi corazón –

 

 

Lucerys le dejo un beso en la frente a cada uno, y llamó a la enfermera. No podía tenerlos más con él, porque sabría que no se los podría dar a Aemond y Floris.

 

 

 

 

Al día siguiente le dieron el alta y le pidió a su madre que lo acompañara a pasar los días de recuperación en su departamento, no han hablado de los bebes, ni Luke tampoco quiere preguntar. Sabe que su madre y Dae despidieron a los bebes junto a Aemond y Floris.

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

Aemond se despierta exactamente a las seis en punto de la mañana, uno de los gemelos; su niña Daenys es quien se despierta llorando. Casi en automático va hasta la cuna de sus bebes. Levanta a su niña y busca rápido el biberón para prepararle la leche. La sostiene contra su hombro e intenta callarla, pero ocasiones como esa, donde su bebé busca a alguien que no está. Sabe que busca a su madre omega y Aemond ya se siente miserable y arruinado.

 

 

Floris lo dejó hace una semana. La mujer no pudo con la responsabilidad de los bebés y actuaba como si, ella los hubiera dado a luz irritante, molesta y a veces triste. Quería comprenderla hasta cierto punto, pero se dio cuenta que sus hijos solo fueron un terrible capricho de la omega, uno del cual no dudo en descartar cuando todo fue un hecho tangible y estaban allí en su hogar.

 

 

Quiere sentirse mal y devastado; pero lo único que siente es alivio, alivio porque no estará más con ella, pero aún sigue ese sabor amargo en su boca, al saber que quizás, él le jodio la existencia a Lucerys.

 

 

 

Y aún peor, se enamoró de él, al verlo cargar con sus hijos. Ver lo fuerte que fue al traerlos al mundo y el alma hermosa y bondadosa que tiene al dejarlos ir, solo por verlo feliz, al él y a Floris. Estúpidamente pensó que Lucerys le diría que quería conservar a los gemelos y luego el, le diría que entre ambos los criarían.

 

 

 

Era un enorme estúpido, debió decirle algo antes; debió dejar a Floris, debió hacer tantas cosas. Pero sabe que es tarde.

 

 

Espera que el biberón este al clima, busca la silla de la mesa de la cocina, ajusta a Daenys en su brazo derecho y le da el biberón. Su niña casi en desespero agarra la chupa del biberón y toma rápido la leche, luego le ayuda a sacar los gases; pero su bebe sigue llorando inconsolable de nuevo

 

 

Quiere lloran con su bebé, pero trata de calmarse, respira profundamente y trata de pensar en que rayos hacer. Lo único que se le viene a la mente es llamar a Rhaenyra. No quiere molestar a su madre, sabe que ya tiene mucho encima con la enfermedad de su padre y su media hermana ya ha criado prácticamente siete hijos junto a su tío Daemon.

 

 

 

 

Al tercer tono, Rhaenyra le contesta.

 

 

 

 

“- Hermano, ¿Cómo estás? ¿Cómo están los bebés?”-  Aemond quiere responder, pero el llanto de su niña y el suyo propio le hace imposible. Quiere ser fuerte, pero ha llevado todo esto prácticamente solo, no ha hablado con nadie y necesita desahogarse y más que nada necesita a Lucerys.

 

 

“- Mal, Daenys no se calma, a pesar de que ya comió, le saque los gases, la cambie. Gracias a los Dioses, Aenys ha estado tranquilo y estoy solo con ellos, Rhaenyra...” –

 

 

 

 

“- Cambia a los bebés, y luego te cambias tú. Te buscaré, creo yo que sé lo que sucede con Daenys. Llegaré lo mas rápido posible” –

 

Rhaenyra llega media hora después de la llamada; Aenys se había despertado al igual que su hermana, inconsolable. Y Aemond estaba a punto de entrar en crisis. Nunca se había sentido así, jamás nada había estado fuera de su control, pero sus niños sacaron el temperamento testarudo de Lucerys.

 

 

Su media hermana entro a la casa, los vio a los tres en la sala de star hechos un desastre lloroso. Se dio cuenta que le dio una sonrisa comprensiva y cargo a Daenys.

 

 

 

- Mi cielo bonito, tranquila, tranquila, vamos a ir con tu muña. – Aemond se siente aliviado al escuchar eso y a la vez tan nervioso. - ¿Dónde está Lucerys? – pregunta mientras ajusta a Aenys en el canguro. – En su departamento. Aemond sé que Floris te dejó, ella habló con tu madre y mi padre. Ninguno quiso molestarte, porque saben lo cerrado que eres en tus asuntos. Me alegra que me hayas llamado, he estado con Lucerys todo el mes, y creo que él no se ve mejor que tú. También ha necesitado a los bebés y creo que también a ti. Me duele ver como se extrae toda esa leche que su cuerpo se niega en dejar de producir para sus hijos. Todo esto ha sido una decisión que se le salieron de las manos, mi dulce niño nació para ser mamá y él no lo puede negar. - Aemond de nuevo empieza a llorar y solo puede asentir a todo lo dicho por su hermana. Tiene toda la razón – Y tu- Rhaenyra se acerca para darle un apretón en su brazo. – lo estás haciendo bien, no es fácil. No lo es, todo esto puede ser más llevadero si estas junto a Luke. No sé si lo quieras como él lo hace. Aunque él no me lo diga, sé que te ama, nadie hace lo que hizo, solo porque sí. Pero vámonos Aem, no haremos esperar más a nietos, deben estar con su madre. –

 

 

 

 

 

Dentro del auto de su media hermana, los bebés se calman, solo mientras el auto va en movimiento, porque justo cuando estacionan frente al edificio, empiezan a llorar de nuevo. Rhaenyra le ayuda a sacar la pañalera, y entran rápido al edificio. Dentro del ascensor sus niños se remueven incomodos, trata de tararear alguna canción para calmarlos, pero nada funciona, ni siquiera su olor o el de Rhaenyra.

 

 

Ambos son Alfas y por supuesto eso no ayuda en ese momento, necesitan el olor de su padre Omega.

 

 

 

Cuándo entran al departamento, que por varios meses Aemond visitó, la visión de su Lucerys en un bonito pijama de conejitos lo llena en todos sus sentidos y su Alfa brinca emocionado por sentir el olor del omega. Fresas y chocolate. Lucerys los mira muy sorprendidos por supuesto.

 

 

- Buenos días, no esperaba verlos aquí, sino me hubiera cambiado antes – Luke mira a Rhaenyra dándole una mirada inquisitiva, preguntándole con la mirada que hacen allí.

 

 

 

- Tranquilo, mi dulce niño, estás hermoso y perfecto siempre –

 

 

 

- Me alegra que estén aquí. Y lamento lo de Floris, tío. Muña me comentó y la verdad creí que ayudarles a traer a los gemelos, arreglaría todo entre ustedes. –

 

 

 

Dioses, ¿Cómo podría ser tan lindo y considerado sabiendo que está destrozado porque no tiene a los gemelos?

 

 

- No te preocupes, Luke. Era algo inevitable, solo que no lo sabía. Pero estamos aquí porque mis hijos te necesitan, te necesitamos –   

 

 

- Mi dulce, los bebes necesitan a su padre omega. – le dice Rhaenyra y con los ojos algo acuosos Lucerys se acerca a él y sus bebes. Los mira como solo una madre podría hacerlo. Los mira cómo Floris nunca lo hizo. El castaño alza a Daenys, la coloca contra su pecho y en ese instante, su niña se calma. Luego camina hasta el sofá se acomoda y le pide que le pase a Aenys. Los gemelos empiezan a mover su carita contra el pecho algo hinchado de su sobrino y Rhaenyra le dice que se levante la blusa del pijama, los bebés quieren mamar leche. Y así sucede, su media hermana le explica cómo debe hacerlo y a pesar de que sus hijos no han probado la leche materna directamente del pecho de Luke, se adaptan a él como si lo hubieran hecho cientos de veces.

 

 

 

 

El olor de Luke se vuelve sutil y más dulce de lo normal, arrulla los gemelos mientras les da de comer, así que Aemond respira varias veces antes de hablar con Lucerys.

 

 

- Luke, quisiera hablar contigo –  Rhaenyra les dice que estará afuera buscando el desayuno. Se despide de Luke y los niños y luego a él, le deja un apretón en su hombro y sale del departamento.

 

 

- Dime, tío- Sus bebés se habían dormido, Aemond se levanta de su asiento le ayuda a levantar a Aenys y le indica a Luke como poner a Daenys para le saque los gases, podrán estar dormidos; pero de igual forma deben hacerlo. – Quiero ir al punto. Los gemelos te necesitan y te repito por si no me escuchaste hace unos minutos, también te necesito. No lo digo porque Floris me haya dejado, no. Te lo digo porque te he necesitado desde que supe, que llevarías a mi hijo, te necesite cada vez y creo que ya no podré, más bien no podremos vivir sin ti. Sé que una vez te rechacé, éramos unos niños; pero ahora somos padres y por favor – su voz se quiebra, pero no quiere despertar a su niño con su llanto. – No me digas que no –

 

 Lucerys mecía a Daenys. Se veía casi etéreo con su niña en brazos. Hermoso era la palabra correcta. El ser humano más increíble. Su silencio se prolongó y antes que Aemond volviera a decirle algo, el castaño le contestó

 

- No podría decirte nunca, que no. Son mis hijos y siempre te he amado –