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Cinco motivos para ser supersticioso

Summary:

A Don le gusta pensar que no es supersticioso, es realmente un poco escéptico a todas estas cosas porque, bueno, aquello de que el universo te habla y toda la paranoia nunca ha ido mucho con él. Nunca había esperado nada del universo y cree que este último de él tampoco. Sin embargo, hoy podría jurar que el universo en persona le estaba gritando en la cara, con pancartas y un megáfono que no pisara Nueva York ni mentalmente. Pero, en su defensa de nuevo, dirá que tampoco podía hacer mucho más y, reitera, que no es supersticioso.

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AU un poco ¿Qué pasaría si Don conociera a Loki en 2012?

Notes:

Hello, hello!

Antes de nada, pedir absoluto perdón por no haber actualizado mi otro fic, pero me quedan un par de fantásticos exámenes en julio que me estas consumiendo por dentro. Y, antes de continuar con un nuevo capítulo, me gustaría arreglar un par de cosillas tanto de lo anterior como de lo que tengo escrito nuevo.

Peeeroo, en mis ratitos de descanso, he ido escribiendo esta idea poco a poco. Todo empezó cuando me pregunté que hubiera pasado si el Don que nos presentan en la serie, en lugar de encontrarse en 2022, se hubiera encontrado en 2012. Y bueno, ha salido esto que no pensaba compartir, pero al final me he animado.
Por cierto, no sé si he acertado con la calificación porque se mencionan temas, aunque muy muy de pasada, algo delicados. Aviso por aquí de todas formas, leve mención implícita a la tortura psicológica y al suicidio. No es nada gráfico, pero me quedo más tranquila avisando.

Espero que si alguna personita llega a leer esta pequeña historia la disfrute. Un abracito virtual <3<3<3

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Cuando su jefe le llamó el domingo por la mañana para decirle que tenía un vuelo destino Nueva York en menos de veinticuatro horas, Don sabía que era una mala idea. Y espera que no se le malinterprete, estaba muy orgulloso de ser elegido como representante de Piranha Powersports en la convención de motos de agua más grande de los Estados Unidos, pero desde el momento en que sonó el teléfono tuvo un escalofrío persistente. Por un lado, tío, era un domingo por la mañana y, aunque no se lo diría a su jefe, estaba ligeramente molesto por la decisión prematura que le rompió su desayuno en dos. Ni siquiera había pensado en poner una lavadora y, claramente, su ropa arreglada necesitaba una plancha de forma urgente. Sin embargo, la sensación que empezó con un erizamiento de los pelos plateados de su nuca mientras hablaba por teléfono, no había sido tan notable en un principio. Hasta el día siguiente. 

¿Sabéis esos días donde parece que el mundo ha decidido que te deberías haber quedado en la cama, porque al poner el pie en el suelo te has condenado involuntariamente a sufrir una sucesión de infortunios que roza la vida en el inframundo? Bueno, pues eso le había pasado a Don. Al principio, había sido un lunes normal, teniendo en cuenta que a las nueve de la mañana tenía que coger un avión, pero los pequeños detalles se fueron acumulando hasta hacerlo creer que, en otra vida, se había dedicado por diversión a destrozar castillos de arena de niños pequeños en la playa.

Don, que no era una persona muy matutina, había hecho el increíble esfuerzo de poner una alarma a las cuatro de la mañana para evitar cualquier problema que pudiese desembocar en la pérdida de su vuelo y, por consecuencia, de su trabajo. Y es a partir de este punto donde se acontece una línea de sucesos que, posteriormente, Don iría poniendo en una lista mental para intentar averiguar si había gastado toda su mala suerte y podía comprar un décimo de lotería.

Lo primero fue la graciosa alarma de las fantásticas cuatro de la mañana. Obviamente, esa alarma no había sonado, pero, ni esa, ni las cinco siguientes, porque el magnífico invento llamado teléfono móvil que Don había actualizado no hace más de tres meses había decidido quedarse sin  batería en mitad de la noche. Y no es como si no hubiera previsto ese ligero error, más bien es que lo había dejado cargando por la noche pero uno de sus vecinos, se enteró más tarde, había dejado sin luz a todo el vecindario al intentar jugar al electricista a la una de la mañana. Así que su día había empezado dos horas más tarde de lo previsto, a las seis de la mañana, cuando el teléfono fijo de su casa había sonado hasta parar antes de que pudiera procesar qué estaba pasando.

En este momento, entramos en el segundo punto. Después de despertarse abruptamente, mirar el reloj, acordarse hasta de su propia sombra, buscar un cargador portátil que tenía preparado para el viaje, conectar el móvil y bajar las escaleras corriendo, no sin antes tropezar con una tabla del escalón suelta, intentó devolver la llamada. Resulta que era Mary, su exmujer, que después de soltarle un sermón de por qué era importante coger el teléfono a la primera, imagina que Sean o Kevin estuvieran en el hospital y necesitaran un donante de órganos compatible con su vida y tú durmiendo, bla, bla ,bla, bla… Concluyó con que Kevin había olvidado su cuaderno de Mates y que lo necesitaba para entregar los deberes obligatorios. Y mira, Don quiere a sus hijos más que a su propia vida, pero a veces le encantaría que Kevin no hubiera utilizado la excusa de 'mi perro se ha comido los deberes' tantas veces que, sin tener perro, ya era uno más de la familia. Aguantando un suspiro le dijo a Mary que se lo llevaría antes de ir al aeropuerto y luego colgó. Todavía tenía tiempo.

O no, porque el tercer movimiento del universo contra él en su macabro juego que había empezado involuntariamente, fue que seguía sin haber luz. Lo cual, a priori, uno piensa siempre en temas como la leche del frigorífico, la televisión, la falta de café caliente, el frío o el calor, pero ¿el agua? bueno, nadie piensa en el agua como primer problema. Seguramente, cree Don, es porque sigue habiendo agua pero, lo que sin duda no hay, es electricidad para el termo. En este momento pasan dos cosas por la cabeza de Don, la primera es que se va a tener que duchar con el agua fría a lo que aparenta ser una sensación térmica de setenta grados bajo cero; la segunda, es que debería haber puesto las malditas placas solares. Ahogando un gemido de frustración y pensando que si los osos polares podían, él también, se metió en la ducha repitiendo 'el frío es psicológico' en bucle. 

Cuando salió, ya vestido con un jersey azul y unos pantalones caqui, la luz volvió automáticamente, lo que le hizo, de forma bastante poco adulta, querer tumbarse a llorar un ratito. A pesar del sentimiento, no lo hizo, convenciéndose de que el mundo había dejado de reírse de él. Así que se echó colonia, agarró su maleta ya preparada, cogió un café frío de la nevera, el famoso cuaderno de Matemáticas de Kevin y llamó con su móvil a Mary para decirle que iba para allá. Miró el reloj, las siete y cuarto, un poco justo pero la casa de su exmujer estaba de camino al aeropuerto y la distancia desde su casa a su destino final no era muy larga de por sí. Con estar a las ocho y media, a estas alturas, le parecía una pequeña victoria. 

Cuarto inconveniente para bingo, había atasco. Pero no un pequeño atasco de esos que en quince minutos sientes la libertad de poder acelerar de tres kilómetros por hora a setenta, no. Era un señor atasco, posiblemente rivalizando con su nivel doscientos cuarenta del Candy Crush donde llegaba un punto que no podía hacer nada y se sentía tan inútil que parecía que podía escuchar a los pequeños caramelos reírse de él. Ahora le pasaba lo mismo con el reloj, cada segundo que pasaba siendo remarcado en su pantalla del coche que aún no entendía del todo, burlándose de Don. Sinceramente, quería gritar porque ¿de dónde habían salido tantísimos coches? Era la primera vez que veía algo tan sumamente bestia en esta carretera, y el estrés que se estaba acumulando junto a la cafeína de su pésimo desayuno estaba empezando a darle una migraña de campeonato.

Para cuando llegó a casa de Mary, eran casi las ocho. Quinto detallito que casi lo hace pegarle una patada a sus billetes de avión e irse a casa a dormir, su ex mujer no estaba contenta con su tardanza. Resulta que Don y Mary nunca se habían entendido del todo, pero después del divorcio y de que ella conociera a John, la persona que ahora le daba toquecitos en la espalda mientras le decía que, por llegar tarde, ahora tendría que ir él a llevarle el cuaderno a Kevin al colegio; la cosa había empeorado ligeramente. Y mira chico, Don era una persona muy tranquila que prefería sonreír y asentir con la cabeza, pero ahora mismo jura que le va a explotar el plexo cervical al completo. Así que lo único que pudo argumentar es que él también hubiese preferido que su coche volara para no comerse el atasco, muchas gracias, pero que era 2012 y, seguramente, él no viviría para ver eso. Con esto último y dejando a John, barra mister cuñado, con la palabra en la boca, volvió a montarse en su coche poniendo la radio de fondo.

Al llegar al parking del aeropuerto y, después de dar tres vueltas, pudo aparcar, coger sus cosas y salir corriendo para llegar medio ahogado a la terminal. Eran las ocho y media cuando logró pasar la puerta de embarque y casi las nueve cuando se sentó a escuchar que su vuelo, de hecho, se retrasaba una hora y media. 

A Don le gusta pensar que no es supersticioso, es realmente un poco escéptico a todas estas cosas porque, bueno, aquello de que el universo te habla y toda la paranoia nunca ha ido mucho con él. Aunque una vez en la universidad casi reza para que lo que sea ahí arriba le dictase si era la opción A, la B, la C, A y B son correctas, A y C son incorrectas, B y C son inversas o la D; en su defensa dirá que no podía ir a otra convocatoria de la misma asignatura porque tendría que vender un riñón. Pero fuera de eso, nunca había esperado nada del universo y cree que este último de él tampoco. Sin embargo, hoy podría jurar que el universo en persona le estaba gritando en la cara, con pancartas y un megáfono que no pisara Nueva York ni mentalmente. Pero, en su defensa de nuevo, dirá que tampoco podía hacer mucho más y, reitera, que no es supersticioso.

Así que cuando el avión despegó, no se cayó, dato bastante importante y que le había estado preocupando las horas de viaje, llegó al aeropuerto de Nueva York, cogió un taxi y se plantó en la recepción del lujoso hotel en Manhattan; juró que se le habían saltado las lágrimas. Sensación que se profundizó cuando se vio inmerso en las lujosas sábanas de su cama. En serio, a veces aseguraba que no entendía por qué su sueldo era tan normal si su empresa podía permitirse estos hoteles, quizá es porque él tampoco se había quejado nunca, quién sabe. 

Y es aquí donde empieza su propio error, suyo y de nadie más, decidió desconectarse del mundo hasta el martes por la mañana para centrarse en los puntos que tenía que estudiar para la convención de por la tarde. Por lo que, durante el resto del día, puso su iPhone en modo no molestar, no tocó el mando de la amplia televisión HD de su habitación y, por supuesto, no se enteró de cierta entidad que había decidido llevar a cabo su plan de conquista en su humilde y pequeño planeta. Un proclamado dios que causó muerte y destrucción, que hizo arrodillarse ante él, en Alemania, a cientos de personas y que, de hecho, iba a culminar la partida de ajedrez que Don y el universo habían estado jugando con un gran jaque mate. 

Definitivamente, debía haberse quedado durmiendo en Ohio.

 

Un gran alboroto que provenía de la calle le despertó. Al principio lo único que notó fue, por un lado, el dolor de espalda que indicaba que se había quedado dormido en la silla del escritorio, lo segundo, que había babeado todos los papeles que estaba estudiando y, lo tercero, que no lo había despertado su alarma. Por un momento frunció el ceño confundido aún por la somnolencia mientras se estiraba y sus huesos crujían. Se levantó para mirar la hora en su móvil que estaba en la mesita de noche y lo que vio, aparte de que eran las diez de la mañana, lo dejó petrificado por un segundo. Veinte llamadas perdidas de Mary, diez de Sean, ¿cuatro de John? y quince de su hermana. Por un momento su corazón se paró para luego elevar su pulso, recordando su móvil en silencio, un impulso de angustia recorriendo todo su ser y un ligero temblor en sus piernas. Sus hijos. Dios mío, ¿les había pasado algo a sus hijos?

Rápidamente devolvió una de las llamadas de Mary mientras su alrededor se oscurecía y el sonido desaparecía. Se sentía como cuando estás demasiado tiempo debajo del agua y sólo puedes escuchar el sonido palpitante de tu propio corazón; el de Don iba extremadamente rápido ahora. Solo sonó un tono antes de que la voz de Mary se oyese al otro lado.

“¿Don? ¿Don? ¿Dios Santo, Don, estás ahí?” su ex mujer sonaba demasiado angustiada y el cerebro de Don se sentía cada vez más nublado.

“¿Mary?” fue lo primero que pudo formular. “¿Qué ha pasado? ¿Sean y Kevin, están bien? Dime que están bien por favor…” esto último fue apenas un susurro audible, estaba empezando a notar cómo la angustia le bloqueaba la garganta y, de repente, no podía respirar.

La voz de Mary fue tan estridente que lo sacó de su shock. “¿Se puede saber qué dices? ¡Tus hijos están bien, asustados, pero están bien!” y Don pudo sentir cómo el aire volvía a entrar en sus pulmones y lágrimas de alivio le difuminaban parcialmente la visión. “¿Don, dónde estás? ¿Estás en Manhattan? Tienes que salir de ese hotel, ya” su voz desesperada le devolvió al presente, esta vez, instalando una gran confusión.

“¿Qué?” Don juraría que escuchaba a sus hijos preguntar por él de fondo pero antes de poder decir nada, un estruendo de fuera lo sacó de su intento de razonamiento. “¿Qué coño ha sido eso?” su corazón volvió rápidamente a elevar sus pulsaciones, podía notar la adrenalina corriendo por su sistema circulatorio. ¿Qué estaba pasando? 

“¡Jesús, Don, pon las noticias!” y él le hizo caso casi automático.

Cuando encendió la televisión, podría jurar que sabe el momento exacto en el que su mandíbula cayó al suelo. Ataque alienígena en Manhattan, Nueva York. Se ruega evacuación inmediata de todos los civiles.

Las bocas de ambas presentadoras se movían, pero Don no podía oír nada, le pitaban los oídos y solo pudo escuchar la voz distorsionada y desesperada de Mary antes de que la comunicación se cortase junto a la emisión televisiva. Sin conexión. Joder, ¿qué coño significa ataque alienígena?

“Vale, bien, Don, un… un ataque alienígena, un ataque alienígena ¿en Manhattan? Un ataque alienígena en Manhattan donde tú estás ahora mismo. Joder… joder, joder, ¡joder!”

¿Estaba teniendo un ataque de pánico? Porque le parecía uno en toda regla. ¿Estaba justificado un ataque de pánico en estas situaciones? Le parecía que sí pero, por muy justo que pareciera, no era coherente quedarse hiperventilando en mitad de la habitación, tenía que salir de aquí ya. Ir con... ¿la policía?, ¿el FBI?, ¿los militares?, ¿el Gobierno? Maldita sea, ¿con quién narices se iba en estos casos?

Le estaba costando respirar, pero se movió hacia la ventana para evaluar la situación. Las vistas casi lo hacen vomitar la cena que pidió en el bar del hotel anoche. Alienígenas, montados en lo que sea que es eso , y una especie de ¿portal? en el cielo que no paraba de traer más de esos bichos a las calles. Inclinó un poco la mirada, la acera destruida, sangre que no podía identificar, ni quería, de quién era. Los gritos de pánico empezaron a marearle, él quería gritar también, quería tumbarse y despertarse de esta pesadilla para ir a su estúpida convención de motos de agua, quería volver a casa, con sus hijos, quería abrazarlos y decirles que los quería. No quería morir aquí.

Vale, tenía que moverse, tenía que volver a casa, por él, por sus hijos, por verlos crecer. Quería desesperadamente volver a su hogar, a pisar todas esas piezas de lego que Kevin dejaba tiradas por los pasillos, a aguantar las súplicas de Sean para que adoptasen a una pequeña serpiente. Tío, había tantas cosas que quería hacer, que quería ver, que quería vivir. Quería ver a sus hijos graduarse, quería verlos felices, quería enseñarles a conducir, quería darles esos consejos que en un primer momento no escucharán pero que luego le agradecerán con los años. Dios Santo, su vida estaba pasando a cámara rápida y, a pesar de sus casi cincuenta años, le estaba pareciendo exageradamente corta.

Se estaba arrepintiendo de muchas cosas, de no haber escuchado lo suficiente a sus padres cuando estaban con él, de haberse distanciado de su hermana por haberse visto inmerso en la rutina de trabajo y de vida, de no haber besado a ese chico cuando era un adolescente porque tenía miedo, de haber tenido miedo en general y haber tardado tanto en aceptarse, de no haber superado su trauma a pesar de pensar que tenía las herramientas, de no haber sido quizá el mejor padre del mundo por mucho que lo haya intentado, de no haberle podido dar a sus hijos la vida de familia perfecta que el resto de niños presumen de forma absurda en el colegio, de no haber podido despedirse.

A quién quería engañar, iba a morir aquí. Estaba sin comunicación ninguna, ni teléfono, ni televisión, ni Internet; en un hotel rodeado de seres que vuelan y un puto portal del tamaño de Saturno que no parecía cerrarse pronto. No tenía suficiente información de lo que había pasado, lo que estaba pasando y, definitivamente, no sabía nada de lo que iba a pasar. Esto era una pesadilla, una muy real, que le estaba dejando pocas vías de escape. Con el móvil aún en su mano, escribió un pequeño mensaje al móvil de Sean para él y para Kevin, esperaba que, aunque él no estuviera, de alguna forma su teléfono recupere la señal en algún momento y el texto se envíe. Con ello, dejó el móvil en el lugar más seguro y a la vez accesible que pudo encontrar. Iba a salir de la habitación, al menos lo intentaría.

Pero antes de que pudiese dar más de tres pasos, el increíble estruendo de una explosión resonó en las paredes de la habitación, seguido de un objeto que rompía la ventana que daba a la avenida principal y que ahora se situaba justo delante de la puerta de salida. Don se había tirado al suelo, el humo, el ruido y los cristales rotos llenaban la habitación. Por un momento estaba demasiado aturdido para reaccionar, pero cuando se levantó temblando y logró enfocar la vista supo que se había equivocado. Aquello que casi le vuela la cabeza no había sido un objeto, había sido… ¿una persona?

Don estaba mareado, quería vomitar, la cabeza iba a estallarle y su brazo se sentía demasiado entumecido. Sentía que no podía pensar con claridad, pero había una persona que había volado hasta la parte delantera de su habitación. Él no era médico, de hecho, cree que a duras penas podría intentar hacer una RCP ahora mismo, pero no podía quedarse inmóvil, esa persona seguramente necesitaría ayuda sanitaria. Con dificultad se movió hacia la persona desparramada en el suelo y lo primero que notó fue que respiraba, lo que era un milagro sinceramente.

“¡Oiga!, ¿se encuentra bien?” Don le tocó ligeramente el hombro, no sacudiendo muy fuerte por si tenía una lesión, pero se dio cuenta de que había sido una pésima idea tan pronto como la persona abrió los ojos y ese color verde azulado chocó contra el azul profundo de Don.

Antes de que pudiera disculparse mientras se ponía de pie y se alejaba lentamente, la ¿persona? estaba de pie detrás de él sosteniendo una daga en su garganta. Mierda, mierda, mierda. El pánico volvió a inundar a Don. Esto no era una simple civil, ahora que podía fijarse de reojo, su ropa no era normal. Había reflejos de un traje verde, dorado y negro de cuero, con una capa verde que le estaba rozando el tobillo. Un destello reluciente con la luz que atravesaba la ventana rota le cegó momentáneamente, un gran casco dorado con cuernos inmensos adornaba la cabeza de su visitante. Joder, no es un ser humano, ¿es otro alienígena?

El silencio se extendió por la habitación, el sonido del exterior amortiguado por el pulso elevado de Don contra la daga de su cuello. Sentía que si tragaba lo más mínimo, le iban a cortar la yugular. Intentó moverse ligeramente, casi desapercibido, pero la daga se apretó y juró que notó como un hilo fino de sangre se deslizaba por su garganta. 

“Shhh, shhh, shhh, shhh, shhh. No, no, mortal, yo que tú mediría tus movimientos aquí, ¿no quieres hacerte daño, verdad?” la voz fue profunda, en un susurro amenazante que hizo que un sudor frío recorriera la espalda de Don. “No se juega con los dioses, insignificante midgardiano”.

¿Dioses? ¿Midgardiano? Don sintió que se desmayaba. En otras circunstancias, habría pensado que esto era un farol, que esto no era real, que tenía una oportunidad de moverse, de desarmarlo, que estaba tratado con un civil más. Pero, esta vez, Don se lo creyó, esto no era un ser humano, no. Estaba hablando de un ser que había atravesado una ventana y que en menos de dos segundos tenía a Don acorralado a su merced con una daga apretada en su carótida. Un dios, un dios que parece no haber venido al rescate de la Tierra.

Don reunió todo el coraje que pudo, sabiendo que, por mucho que quisiera, el final de esta historia iba ser el mismo que si no hacía nada; al menos pensaba resolver sus dudas. “¿Qui- quién e- eres tú?” Estaba temblando, su voz salió más ahogada de lo que esperaba y le había costado horrores pronunciar esas tres palabras con la daga apretada.

Una risa inundó sus oídos y juró que se tensó aún más en el sitio. “Soy Loki, Príncipe de Asgard y vengo a cumplir mi Glorioso Propósito”.

Y si Don hubiese estado más centrado en el dios y no en el pensamiento de que este tal Loki tenía algo que ver con el ataque alienígena a Nueva York, habría notado que la voz de Loki era cada vez más forzada y que una mueca de dolor recorrió su rostro. Para cuando Don se percató del cambio, la daga de su atacante había aflojado su presión y él lo aprovechó para moverse y empujar al dios hacia la puerta. Loki se tambaleó pero rápidamente recuperó la compostura apuntando a Don con la daga. Sin embargo, este último había cogido uno de los hierros del marco de la ventana que se había soltado con el golpe inicial de la situación, y combatió al dios cuya expresión fue de sutil asombro.

“Muy bien, Loki,” Don jadeó mientras limpiaba el hilo de sangre de su cuello “ahora es cuando podemos hablar” su corazón martilleaba contra su pecho, un impulso de adrenalina que le hizo agarrar el hierro con más fuerza. “Soy Don, y no sé qué significa ese Glorioso Propósito del que hablas, pero no pienso dejarte cumplirlo o, al menos, te lo voy a poner difícil” intentó sonreír, asustado, aturdido, con un dolor de cabeza que amenazaba con matarlo y ante un dios que apretó los puños con ira. Porque iba a luchar, aunque fuera lo último que hiciese.

Loki apretó la daga en su puño mientras su mandíbula se tensaba. “No tienes ni la más remota idea de a lo que estás jugando, mortal” siseó entre dientes enviando un escalofrío directo a la columna de Don.

Efectivamente, no tenía ni puta idea de lo que estaba haciendo. Estaba sin salida, con un dios taponando su única vía de escape que era la puerta de la habitación y con un agujero inmenso en la ventana de la décima planta detrás de él. No podía salir, lo que le estaba generando tal movimiento del contenido de su estómago que estaba empezando a hacer un esfuerzo para retrasar las fuertes náuseas que estaba sintiendo. Estaba encerrado con un dios narcisista que cada vez tenía más papeletas de estar involucrado en la masacre de la ciudad. Don apretó el hierro, notando cómo se hincaba dolorosamente en la palma de su mano. Pero antes de que pudiese responder o hacer un movimiento estúpido de ataque, la televisión se encendió. Había vuelto la conexión.

“Un grupo de personas que se hacen llamar los Vengadores están actuando como rescate y freno del ataque a Nueva York” la tensión en la habitación era palpable, Don tragó duro y Loki parecía cada vez más preparado para partirlo en dos.

“El grupo, entre el que se encuentra el mismísimo multimillonario Tony Stark, parece estar buscando al principal sospechoso” Don no giró la cabeza, pero por la reafirmación de la postura del dios, sabía quién estaba siendo expuesto en la pantalla.

“Si lo ven, huyan, la situación es extrema, se recomienda que se esperen órdenes de las autoridades y que, bajo ninguna circunstancia, se-” y la emisión volvió a cortarse bajo el sonido de una nueva explosión y lo que parecía ser el sonido gutural de un animal gigantesco.

La habitación se quedó en silencio, Don estaba petrificado. Estaba claro que Loki quería salir de aquí tanto como él, sin embargo, los planes del dios no eran correr amablemente hacia la ventana por donde había entrado. Porque Don lo había visto, sabía dónde estaba, sabía quién era,  joder, había hablado con él.  Loki no saldría de la habitación sin sumar a Don a su lista de muertes. Tenía que retenerlo aquí, si quería volver a casa, esos Vengadores eran su única esperanza. Tal vez si aguantaba el tiempo suficiente, los encontrarían. Loki había entrado con una explosión, definitivamente algo lo había mandado volando hasta aquí. La presentadora lo había dicho, era el principal objetivo, lo estaban buscando, sea quien sea el que le mandó a través de la ventana, conocía el radio de la explosión y hasta dónde había podido aterrizar el dios. Si quería volver a ver a sus hijos, tenía que distraer a Loki.

Don no relajó su postura, pero intentó que su voz sonase más tranquila. “Bueno, así que… has sido tú” podía escuchar su pulso subir a la par que Loki soltaba lo que parecía un gruñido bajo. “¿Qué tiene de especial, eh? ¿Qué tiene de importante este minúsculo planeta? ¿Por qué nosotros?”

No hemos hecho nada, ni siquiera sabíamos que esto podía pasar. Quería añadir esto último, pero se vio sin fuerzas para expresar su lástima. ¿Por qué, por qué, por qué? La pregunta rondaba su cabeza, ¿cuál es la razón para que un dios se preocupase por unos simples mortales?

“Porque soy un dios” Loki se acercó y Don retrocedió. “Porque se me debe un trono” otro paso y él pudo sentir el aire que entraba por la ventana en su nuca. “Porque yo he nacido para gobernar y tú has nacido para ser gobernado”. Mierda, se estaba quedando sin espacio detrás de él, los cristales que estaba pisando haciendo un ruido desagradable que aumentaba su dolor de cabeza.

Pero así, tan cerca, es cuando lo vio, otra mueca. Un dolor atravesó la cara del dios, exactamente igual que cuando había aflojado su agarre de la daga en su cuello. Las piernas de Loki temblaron y sus ojos se encontraron con los de Don por un segundo. Miedo, había miedo en esos ojos magnéticos, Loki estaba asustado. ¿Por qué estás asustado?

Don quería preguntar, ya que, claramente, no era por él. Oh vamos, ¿a quién quería engañar? Ni siquiera cree que fuera capaz de mantener el equilibrio al golpear con esta cosa. Entonces, ¿qué estaba pasando? Los engranajes de la cabeza de Don comenzaron a girar, y todo el conocimiento que tenía se puso a su disposición. 

 

Hay un pequeño detalle de la vida de Don que no mucha gente sabía, él mismo se había dedicado a ocultarlo, de hecho, por el miedo de que el mundo le recordase constantemente su fracaso. Don había estudiado psicología, no solo eso, sino que se había graduado con matrícula de honor y, con solo veintitrés años, había comenzado sus prácticas en unas grandes consultas privadas. Chico, estaba enamorado de su carrera; siempre quiso entender la mente humana, tan retorcida, tan compleja, tan misteriosa. Cuando era niño, siempre era el amigo elegido para ser ese pilar moral, esa persona con la que puedes hablar y que iba a escucharte sin reproches ni juicios. Sus amigos solían decir que sería un gran psicólogo, siempre fijándose en los pequeños detalles y descifrando a las personas como enigmas. Y, aunque a mucha gente no le gustó, él disfrutó de ofrecer su ayuda a los demás, de escuchar, entender y ponerse en el otro extremo receptor del palo.

Pero todo cambió con esas malditas prácticas. Pronto se vio desbordado por diferentes factores, el primero de ellos fue la incapacidad de sus compañeros para entender a sus pacientes, solo pensando en el dinero y en lo que ganarían con uno u otro. Y claro que a su yo joven le preocupaba su propia economía, pero chico, eran personas, personas que necesitaban ayuda, que necesitaban comprensión; eran vidas humanas. Lo segundo fue su empatía exacerbada. Don no era capaz de separar el trabajo de su vida privada, siempre pensando en el último paciente que vio, si lo que dijo fue suficiente, si le ayudó, si parecía estar mejorando, si estaría bien. La angustia que le causaba no poder ayudar a todo el mundo, le llevó a centrarse única y exclusivamente en su trabajo, dejando de lado su vida social. Había perdido amigos, familia y momentos, sin embargo, el detonante había sido mucho peor. 

Con uno de sus pacientes llevaba varios meses con sesiones intensas donde Don acabó pidiendo consejos, siempre desde el anonimato de la persona, a otros colegas del gremio. Nada parecía mejorar, todo lo que intentaba deshilachar llevaba a una marea de hilos aún más enmarañados. Don sabía que el caso se le estaba escapando de las manos, él mismo le había recomendado a diferentes especialistas que podían ofrecerle su ayuda, incluso por su orden directa se concretó una cita con un psiquiatra. A pesar de las dificultades, después de mucho trabajo, la cosa parecía mejorar, Don incluso empezó a pensar que el alta llegaría pronto, sin embargo, quizá no supo verlo lo suficientemente bien. Dos meses después del alta, su ex paciente había sufrido una sobredosis de pastillas, los médicos dictaron suicidio y a Don se le cayó el mundo. 

Aunque intentó llevarlo lo mejor que pudo, pidió ayuda y se centró en repetirse que no podía autoflagelarse con la culpa, que nunca sabría por qué lo había hecho, que sus compañeros de profesión también habían estado de acuerdo con el alta; no pudo superarlo. Ir a su consulta le generaba tal estrés que se quedaba bloqueado, no podía hacer nada, había dejado de poder ayudar a las personas. En ese momento lo comprendió, no podía seguir con eso. Dejó su puesto en la consulta y se dedicó a cuidar de sí mismo, a intentar aprender a vivir con las cicatrices invisibles que cubrían su cuerpo. 

Un año después encontró un trabajo que lo hacía muy feliz en la tienda de motos de agua cerca de su casa, unos años más tarde conocería a Mary. 

 

Pero aquí estaba, otra vez, aunque ahora en una situación de vida o muerte, donde no estaba tratando con un ser humano, precisamente. Después de muchos años, iba a utilizar sus conocimientos con un dios que había asesinado a personas. Sin lugar a dudas, debería haber mandado a la mierda a su jefe el domingo.

“¿Estás bien?” su plan no tenía ningún sentido, estaba aflojando su agarre en el metal y estaba adoptando una postura que mostraba relajación. Claramente él no estaba bien, pero esperaba que su suposición de que Loki tampoco fuera cierta.

La confusión se mezcló con el dolor en la cara del dios que había perdido sutilmente su postura de ataque. Una risa forzada acompañó a una frase que intentaba ser dicha con seguridad, pero que Don sabía que era puro teatro. “Cállate, te mataré si no lo haces, no te dignes a dirigirte a mí como si me conocieras de algo. Solo eres una simple y patética mota de polvo en mi plan”.

Don se dio cuenta rápidamente de que este dios no había parado de insinuar su muerte desde que aterrizó en su habitación y que, sin embargo, seguía vivo. No puede matarte, le faltan fuerzas, está herido. Su mente le señaló y rápidamente estuvo de acuerdo. Loki no era tan fácil de romper, si era un dios de verdad, su límite, seguramente,  estaba muy por encima de atravesar una ventana. Sin embargo, algo no estaba bien, quizá no fuese único daño físico el que Don había supuesto en un principio, había algo más, mucho más profundo.

“No lo harás” y Don se sorprendió tanto como Loki de su afirmación involuntaria así que intentó arreglarlo. “Estás herido, si hubieras podido matarme ya estarías fuera de aquí. No puedes”. Vio la mirada de pánico casi imperceptible de Loki y decidió que, a pesar de que se negó a volver a hacerlo durante muchos años, iba a confiar en su instinto.

Soltó el metal, que cayó al suelo haciendo un ruido sordo que rompió el jaleo del exterior. Eso parece que sorprendió aún más al dios que parecía estar luchando para no llevar sus manos a su propia cabeza con la finalidad de intentar amortiguar el dolor.

“Podemos hablar” Don tragó, si su idea original salía mal estaría muerto en menos de dos segundos, pero tampoco tenía ninguna otra salida. “Vamos, suelta eso, no voy a hacerte daño, va en contra de lo que creo ético como persona”.

Con cuidado intentó acercarse mientras levantaba los brazos en signo de paz, pero Loki retrocedió al instante y Don se detuvo. El dios no soltó su daga, pero sí se deshizo de su posición de ataque. Ahora que Don podía examinarlo mejor, se daba cuenta de las profundas ojeras moradas y el sudor que corría por su frente que no estaba siendo tapada por el casco.

“¿Te duele la cabeza, verdad? Tal vez mejore si te quitas ese armatoste, amigo” los ojos de Loki se agasajaron de forma fulminante.

“¡Silencio!” y sonaba tan distante que hubiera jurado que no iba dirigido a él. “No soy tu amigo, no te atrevas a llamarme así” Don tembló en su sitio, había tenido un desliz que no podía volver a permitirse.

“Vale, lo siento, es solo… es solo una expresión, no volveré a llamarte así, Loki. Ahora, quítate el casco, por favor, prometo que te sentirás algo mejor”.

La cara de Loki reflejaba un claro 'métete tu estúpida promesa por donde te quepa' pero lo hizo, el casco desapareció con un humo verde ante el movimiento de la mano del dios. Don tragó, tal vez la daga si había aparecido de la nada como en un inicio su shock había pensado por él.

“¿Mejor?” Loki no contestó, pero se veía más relajado. 

Don se detuvo a observar detenidamente antes de continuar. Los ojos cansados y distantes de Loki eran quizá demasiado azules, más de lo que Don considera normal, pero, bueno, estaba hablando de un dios, no podía discernir qué y qué no se encontraba en la media. A pesar de eso, sus ojos se veían demasiado reales, demasiado humanos. Quizá Loki no se estaba dando cuenta, pero le estaba regalando el juego a través de su mirada. Evaluando el conjunto, Don volvió a tensarse, este autoproclamado dios no estaba bien.

La expresión de dolor, esos ojos que irradiaban miedo, desconfianza y tristeza. Por mucho que este tal Loki estuviera intentando mantener una fachada, no lo estaba consiguiendo. No tenía fuerzas, temblaba suavemente, como si tuviera un frío incontrolable que lo consumía. Las profundas ojeras acompañadas de pequeños moretones que parecía estar prácticamente curados y que eran imperceptibles si no sabías lo que estabas buscando. Loki era claramente un asesino ahora mismo, pero Don cree que si alguien le diera a elegir, este dios no estaría en la Tierra. Todo el ser de Loki gritaba ayuda y, por un momento, Don pensó que lo entendía, que sabía que estaba sufriendo, que sabía que, sea lo que sea, no podía salir de allí. Él quería salir de esta habitación y volver a su casa en Ohio, pero no podía hacerlo sin ofrecerle su ayuda a Loki, quería pensar que era completamente necesario, porque si seguía mirando a esos ojos aterrorizados su corazón iba a romperse dentro de su caja torácica.

“Probemos otra vez, ¿vale?” su voz tranquila sin apartar los ojos de los del dios. “¿Por qué haces esto?”

“¿Es que no lo entiendes? Te lo he dicho, vengo a reclamar mi trono, merezco ser alabado. La libertad es una idea desagradable y preconcebida por vosotros, los midgardianos, pero la libertad no vale para nada, es una ilusión. No es un secreto que imploráis la subyugación. Habéis sido creados para ser gobernados y yo seré el que os dé ese privilegio”.

“Estás mintiendo” definitivamente, no estaba midiendo sus palabras.  

“Soy el Dios del Engaño, es mi especialidad” Loki sonaba demasiado seguro, pero es ligeramente gracioso, se dice Don a sí mismo, como esa fachada imperceptible era tan evidente una vez que la encontrabas.

“Mira, no sé qué haces aquí o cuál es ese Glorioso Propósito del que alardeabas antes, pero claramente, no quieres, estar aquí” una explosión sonó pero ninguno de los dos hizo por moverse. “Tienes miedo,” si Don iba a ser directo lo haría a lo grande “y no es de mí porque tú y yo sabemos que no puedo ganarte en nada. Tú lo has dicho, soy un simple mortal” hizo una pequeña pausa. “Pero, si no soy yo, ¿qué es?”

Loki no contestó y ahora parecía casi aturdido. “Puedo ayudarte,” afirmó Don “y voy a hacerlo, pero necesito que me digas cómo porque estoy perdido”.

Por un segundo, solo por un mísero instante, la mirada de Loki pareció volverse más consciente. Sus ojos fijos en los suyos, implorando un perdón que debería ser indigno para un dios. Pero, tan pronto como apareció, se evaporó.

“Tú no puedes ayudarme, nadie puede. He ido demasiado lejos, no puedo pararlo ahora” sonó tan miserable que Don sintió que su corazón se detenía. “Vete,” y la petición lo dejó de piedra “he matado a cientos de los tuyos, no quiero tu estúpida lástima, vete”.

Don debería haberse movido, joder, ya debería de estar en los pasillos del hotel. Pero ¿qué iba a hacer, salir ahí fuera solo? Ni siquiera sabía cómo estaba la situación en las calles con el transcurso de su charla. Y, lo peor de todo, iba a dejar aquí a Loki. Si se iba, tal vez habría una pequeña posibilidad de sobrevivir, pero si se quedaba, quizá pudiese salvarse a él, al mundo y a Loki. Visión de conjunto. Sólo tenía que esperar a cualquier equipo de rastreo que estuviera detrás del dios, solo eso. 

“No creas que se me ha olvidado, pero una vez me enseñaron que todo el mundo necesita ayuda, que todo el mundo merece una segunda oportunidad y que, sobre todo, una posibilidad de explicarse y cambiar” si no estuviera tan mareado por la situación, Don habría podido asegurar que los ojos de Loki estaban ligeramente acuosos. “No pienso irme, así que tú decides si tomas o no la opción que te estoy dando”.

El dios no se pronunció, no se movió, no cambió su expresión, la daga no desapareció. Y, a pesar de eso, Don supo el momento exacto en el que había quebrado a Loki.

“Yo… bueno, sé que soy un ingenuo humano y que eso es lo que concretamente piensas de nosotros, que somos precisamente simples. Pero te equivocas, las personas somos tan complejas que a veces impresiona. Puede que no sepa exactamente lo que pasa por tu cabeza ahora mismo, pero yo también he tenido miedo. Por el amor de Dios, he tenido miedo tantas veces que me es imposible contarlas con las manos. Y es normal, el miedo en ocasiones solo es una señal de que estás vivo, que estás viviendo y que sientes, tienes derecho a sentir. Pero que tengas derecho a hacerlo, no significa que debas encerrarte en él. El miedo es una emoción, pero tanto tú como yo somos más fuertes que él” su corazón golpeaba contra su pecho frenéticamente mientras hacía una pausa para evaluar a un Loki que seguía petrificado en el sitio.

“Estás cometiendo un error terrible y estoy seguro de que, en el fondo, lo sabes; no quieres hacer esto. Es horrible, Loki, son personas y la libertad es lo más bonito que tiene el ser humano. Ya tenemos alcaldes, presidentes e incluso reyes, y algunos son escorias que pisotean los derechos de personas y colectivos, pero otros son buenos. Para mí un buen gobernante nunca debe pisotear a los suyos, nunca. El fin no justifica los medios, Loki, y estoy seguro de que tu título debe ir acompañado de un trono, pero no está en la Tierra” la tensión en los hombros de Loki fue el único indicativo de que lo estaba escuchando. “Por favor, sé que has hecho cosas nefastas aquí, pero nunca es tarde para recapacitar. Por favor, para esto, sé que puedes hacerlo, frena esta masacre sin sentido. Por favor ”.

Eso finalizó su discurso, lo último había sido una súplica apenas audible que había sonado con una voz más rota de lo que Don pretendía. Pero ya no podía más, quería irse a casa, quería ver a sus hijos y cada segundo que transcurría en esta maldita habitación de hotel le daba claustrofobia. Cada minuto que pasaba sin moverse, los gritos y estruendos de la calle amenazaban con atormentar sus pesadillas si sobrevivía. Esta era su última baza y esperaba haberla utilizado decentemente porque no tenía más opciones.

Cuando Loki habló su voz sonó ahogada. “No puedo…” ahora el pánico en el dios era creciente y Don reprimió el impulso de acercarse e intentar calmar su respiración errada. “Él- Él no me dejará, él me dijo que…” y Loki ahogó un gemido de dolor mientras mordía su labio inferior hasta que sangró.

Obviamente Don se estaba perdiendo aquí, ¿quién es él? Tenía que haberlo imaginado en cuanto vio el desgaste físico y mental de Loki, hay un abusador en esta historia y tiene el presentimiento de que el dios era en parte tan víctima de este ataque como él. Don quería preguntar, quería gritarle a Loki que parara, que le dijera qué estaba pasando, quién coño era la amenaza real que había logrado esclavizar al mismísimo Dios del Engaño, esa que estaba atacando su planeta sin piedad. Pero sabía que Loki no necesitaba eso ahora. Por el contrario, se acercó al dios mientras le agarraba el hombro suavemente. Loki pegó un ligero salto aterrorizado, pero no se movió al encontrar los ojos de Don.

“Loki, puedes ser quien quieras, o lo que tú quieras ser, incluso alguien bueno” los ojos de Loki mostraron un tornado de emociones diferentes que Don se vio incapaz de descifrar en el momento. “Tú eres el dueño de tu destino, esta es tu historia, eres tú el que la escribe, nadie más” Don se separó y dejó de presionar el hombro del dios. “No estás solo, estoy aquí, te tengo”.

Sus palabras habían escapado de su boca antes de procesarlas, dejando a Don igual de paralizado que el propio Loki. Tenía la costumbre de decirle eso a sus amigos, pacientes o familia cuando lo necesitaron, porque a él es lo que le hubiera gustado oír en muchos momentos aterradores de su vida. Pero nadie se lo dijo nunca. Se le había escapado, un desliz, pero se sentía tan natural que ni siquiera pensó en corregirse.

Loki parecía que iba a abrir la boca para decir algo pero inmediatamente sonaron unos pasos en los pasillos de su planta.

“Tiene que estar aquí, estoy seguro” la voz de un hombre resonó en la habitación en una conversación que no podía escuchar al completo. “Sí, Capitán, te aviso en cuanto lo encuentre. No pienso darle un respiro en cuanto lo tenga delante, que lo sepas, Thor, me da igual que sea tu hermano”.

Don estaba muy confundido ahora, pero la mirada de Loki hacía algo detrás de él lo volvió a centrar. Rápidamente torció su cabeza para ver que la mirada del dios se dirigía a la ventana rota detrás suya y Don comprendió que tenía dos opciones. La primera era tan obvia como respirar, y podía jurar que era la que dictaba la sinapsis de información de su cerebro, haz lo que sea, pero páralo hasta que este extraño que debe ser un Vengador llegue. Sin embargo, como siempre en la vida de Don, el traqueteo de su corazón estaba opacando el resto de sus sentidos y, por un momento, esperó no arrepentirse de lo que iba a hacer.

Lentamente se desplazó hacia la derecha dejando el espacio libre para que Loki llegase a la ventana. La mirada que el dios le dio de vuelta le rompió el alma, pero aguantó su posición mientras Loki, que había comprendido su acción casi de forma consecutiva, pasaba a su lado. Si alguien podía parar esto, era el dios asustado que tenía a su lado.

Los pasos del extraño cada vez sonaban más fuertes y Loki iba a saltar, cosa que asustó un poco a Don en un principio, pero suponía que tenía un plan, aunque esperaba que fuera completamente diferente al inicial antes de su conversación. Pero previo a que se fuera, Don se giró completamente y agarró su brazo.

“No hagas que me arrepienta de la decisión que he tomado” susurró, dotando a sus palabras de un peso que cargaba desde hace muchos años. “Por favor, Loki, no lo hagas. Confío en ti” con eso Don soltó su brazo y Loki desapareció con un semblante en blanco.

 

La puerta sonó derribada y sus rodillas finalmente cedieron. Lo último que recuerda Don, antes de desmayarse del repentino cansancio por la bajada de adrenalina, del estrés, el dolor constante de su brazo derecho que había estado ignorando completamente y las punzadas que daba su cabeza; fueron las palabras de un tal Clint Barton que buscaba al Dios del Engaño.



Notes:

Pues hasta aquí, si veo que no ha sido una idea horrible subiré quizá otra parte que tengo escrita jijiji.

Varias cosas a comentar:
1. Pensé MUCHÍSIMOS nombres para la ex mujer de Don, en serio, pero no sé porque al final se quedó el de Mary, quizá es un poco mi trauma con Sherlock y John jajajaja.
2. El teléfono fijo de Don tiene batería, es decir, que aunque no haya electricidad esta cargado de haber estado enchufado a la corriente antes. Que igual soy yo que le estoy dando muchas vueltas, pero juraría que en algún momento de mi vida he tenido un fijo así.
3. Don juega al Candy Crush, definitivamente.
4. Creo que Mobius, en este caso Don, hubiera estudiado Psicología en algún momento de su vida, ya sea por interés propio o como elección de carrera. Y, haciendo algo de similitud a su trauma en la serie por su antiguo puesto de cazador, lo terminaría dejando. Cabe destacar que no estudio nada relacionado con la Psicología, así que espero no haber ofendido a nadie con lo que he escrito <3.
5. Para mí, Don sería la típica persona que, en una situación de vida o muerte, tiende a irse de la lengua porque no sabe cuando callarse. Así que toda su interacción con Loki puede verse desde el punto de vista de la valentía o, por el contrario, de una gestión pésima de la situación.
6. Siempre diré que Loki necesitaba más comprensión en la película de Avengers. Vamos, ¿de verdad me estás diciendo que es el malo malísimo? Nunca se ha profundizado en lo que tuvo que vivir con Thanos, ni siquiera en la serie. Me parece absolutamente terrible y sé que la película solo necesitaba al "tipo malo" pero nadie me va a hacer cambiar de opinión respecto a que Loki solo necesitaba un mínimo de confianza. Y no solo las palabras de Thor rápidas que claramente no iban a hacer nada con tanto resentimiento y miedo acumulados. En fin, Loki también fue una víctima del Ataque a Nueva York de una forma u otra.

Y ya está, ya paro de escribir jijijijiji. Lo dicho, en algún momento terminaré las convocatorias y, si la cosa sigue igual de bien que con las anteriores, escribiré un próximo capítulo para mi otro fic muy pronto.

Hasta entonces, espero que a las personitas que hayáis llegado hasta aquí os haya gustado. Muchísimas gracias por leer.

Un súper abrazo, queridos lectores <3<3<3

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