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Lunes · [10:13 hrs]
Una explosión se oyó a lo lejos, un ligero temblor en la tierra se presentó y acto seguido se pudo vislumbrar una peculiar y delgada columna de humo oscuro que se erguía en los cielos. No muy lejos de esta se apreciaba una silueta humanoide que desprendía luces verdosas. No hacía falta ser un genio para saber que tenía que entrar en acción y no dejar que su rival se llevara toda la diversión.
Una sonrisa arrogante —y ciertamente espeluznante para la gente que caminaba en la calle— tomó lugar en su rostro y rápidamente se colocó sus brazales de granadas para, acto seguido, meterse en un callejón amplio y hacer uso de sus explosiones para propulsarse y volar hasta llegar al área del conflicto.
—¡Deku! —exclamó el rubio con su característico enojo (o más bien rudeza, pues ya ambos tenían claro que más que un estado de ánimo, era parte del temperamento de Bakugō) mientras aterrizaba con un estilo propio de él sobre uno de los aprendices de delincuente y lo inmovilizaba.
No tardó mucho en entrar en acción y entender la situación tras haberla evaluado desde el cielo rápidamente. Era sencillo y no debería costarles más de unos minutos resolverla, pues los enemigos eran ciertamente inexpertos y temerosos —a excepción de uno que otro que intentaba lucirse y tener su pequeño momento de protagonista—, el verdadero problema era que habían varias víctimas que les impedían utilizar correctamente sus habilidades.
¿Lo peor? ¡Eran todos niños de apenas cinco y seis años! ¡Los malditos atacaron una guardería a intentar secuestrar niños para quién sabe qué! Además de ello, ¿Qué era ese humo tan extraño? No picaba la nariz o los ojos como solía hacerlo el humo producido por fuego. A parte de eso, la tonalidad de este mismo era distinta, similar al morado oscuro.
—¡Ka-...! —Izuku guardó silencio cuando se dio cuenta de que no podía decir ni su apodo, ni nombre, ¡Ni siquiera su nombre de héroe porque Katsuki todavía no tenía! (Más bien, aún no quería decirla), por lo que, en su lugar, decidió dedicarle una breve sonrisa de alivio a su compañero junto con un asentimiento mientras retenía a otro de los secuestradores.
Midoriya supuso que habían estado patrullando por áreas cercanas la una de la otra mientras que Bakugō respondía el gesto con una mueca y un gruñido.
—¡¿Por qué todavía hay niños aquí, estúpido?! —exclamó mientras saltaba por encima de Deku, dando una voltereta y agarrando el rostro de un sujeto que planeaba atacar al héroe verde por la espalda. Luego de aterrizar se inclinó hacía adelante y lanzó al hombre propulsado con una explosión.
—¡Son muchos niños y muchos miembros de la organización! No puedo- —comenzó a balbucear, reprimiendo las ganas de sonreír y agradecer al rubio por haber cuidado su espalda, pues sabía que de hacerlo Kacchan no volvería a hacerle un favor, sin embargo se vio interrumpido por este último antes de terminar de hablar.
—Utilizar bien tu don, ya lo sé. Pero ya llegué yo, así que sácalos de aquí —completó el rubio, quien comenzó con un tipo de colección de "intentos de villano" en una esquina de la edificación. Todos inconscientes y amarrados con cosas que encontraba por ahí, sogas, cables e incluso con barrotes que doblaba con sus manos para hacer una prisión improvisada.
Izuku lo miró dudoso por unos breves segundos, pero esto era un percance bastante... cotidiano, si así podría llamarse. No les gustaría bajarle el perfil a los múltiples secuestros de infantes, pero era cierto que ya se habían enfrentado a situaciones más complejas. Así que, sin decir nada, se impulsó concentrando su don en sus piernas para poder aumentar su velocidad y fue sacando a los diversos niños repartidos por los escombros de la guardería a lugares seguros en donde había gente. Pronto llegaría la policía y los resguardarían mejor.
Lo que lo hizo tardar fueron los individuos que corrían, volaban o se deslizaban con uno o dos pequeños en brazos en diferentes direcciones. Eran molestos, pero nada que no pudiera manejar, además de que se encontraba bastante tranquilo.
Mientras continuara escuchando aquellos insultos de voz grave y las explosiones, sabía que contaba con alguien tan empecinado como él en no permitir que nadie se saliera con la suya.
—¡Deku, haz bien tu trabajo, inútil! —le gritó el rubio ceniza luego de ver que se le escapaba uno de los tantos enemigos que aún quedaban sueltos. ¿Estos sujetos eran cucarachas? ¿Cómo era posible que hubieran tantos?
Cuando atrapó a uno que era igualito a otro y que tenía además una herida de la que salía un relleno similar al de los peluches, fue que se dio cuenta; parte de los secuestradores eran marionetas y por ello no utilizaban sus peculiaridades como haría cualquier enemigo.
Dedujo rápidamente que quienes sí lo hacían eran personas reales, así que tras haberle dado esa información a Izuku —que por cierto, ya sabía, pero agradeció de todas formas por educación y por no hacer enojar a Katsuki—, comenzó a ser más violento y menos controlado con aquellos que quedaban y no utilizaban quirks.
—¡Lo siento, encárgate tú, estoy ocupado! —exclamó desde el otro extremo mientras llevaba consigo cuatro niños que pese al miedo intentaban no ser un estorbo, moviéndose lo menos posible y aferrándose al chico, quien a parte de llevarlos a ellos luchaba con dos enemigos.
Las marionetas se volvían más hábiles y escurridizas con el pasar del tiempo y cuantas menos había. Izuku, siendo todo un cerebrito obsesionado con los dones, entendió que había uno entre ellos que era el titiritero y que podía controlarlos mejor si tenía que prestarle atención a menos de ellos, además de que las marionetas por su propia cuenta parecían ser capaces de aprender en el momento y se adaptaban al combate.
Katsuki gruñó y tras dejar a los sujetos inconscientes bien dispuestos para los policías, salió volando con sus explosiones hacía el hombre que corría con una niña de rizos rojizos en brazos. La chiquilla pataleaba, golpeaba, mordía y pellizcaba al hombre, estaba furiosa y no lloraba o gritaba, pero el sujeto solo la acomodaba entre sus brazos para que se quedara quieta, imperturbable ante sus ataques.
El de ojos rubí se enojó de sobremanera, la niña estaba siendo sumamente valiente al intentar defenderse y que sus esfuerzos no dieran frutos lo llenó de una impotencia familiar... Una que sintió cuando fue atacado en la secundaria Orudera por el monstruo de lodo.
Impulsado por la empatía que desarrolló hacia la pequeña, llegó de inmediato con solo un par de explosiones muy bien calculadas en cuanto potencia y tiempo de ejecución. Estiró una de sus manos con la intención de agarrar al sujeto de la ropa y cuando estuvo a punto de hacerlo, este activó su quirk y cambió de posición con una de sus marionetas la cual se deshizo en relleno de peluches en el suelo cuando probó de primera mano la explosión controlada del héroe.
Para mala suerte del villano —y quizás un poco para Bakugō—, la niña no cambió de posición y en su lugar cayó en los brazos del rubio. Parpadeó confundida un par de veces, miró hacía arriba, buscando el rostro de su salvador y cuando este creó otra explosión para ir en busca del hombre, comenzó a llorar por fin, atemorizada por el fuerte sonido ser producido cerca de ella junto con el brusco movimiento.
La pequeña pelirroja se aferró fuertemente al traje de invierno de Katsuki y toda la adrenalina que recorría su pequeño cuerpo desapareció al sentirse a salvo entre los brazos del rubio, haciéndola sentir mareada y adolorida.
—¡No llores, niña! ¡Me lo debes! —exclamó sintiéndose estresado de inmediato al escuchar su llanto y deteniéndose por un momento para cargar de manera más cómoda a la pequeña. Cuando volvió a mirar, el último de los villanos repitió la acción de cambiar lugares con una marioneta, pero esta vez con una que, supuso, se encontraba fuera de la guardería como plan de escape, ya que no lo vio por ningún lado.
—Con ella ya serían todos los niños y los miembros de la organización, Kacchan —dijo Izuku, trotando hacía donde se encontraban ellos dos mientras señalaba con su pulgar hacía un lugar atrás de él.
Una vez estuvo con ellos, acomodó su gorro sobre su cabello, pues este había cubierto sus ojos por unos momentos al caer hacía el frente un poco más de la cuenta.
Katsuki omitió su comentario despectivo sobre el traje de héroe de Midoriya y en su lugar miró hacia afuera, observando cómo subían a los enemigos que habían amarrado a varias patrullas y otros vehículos para trasladar villanos.
—Fueron veintitrés villanos en total y veintiún víctimas junto con tres afectados —continuó el peliverde tras seguir la mirada rubí.
—Veinticuatro —corrigió el rubio—. Aunque no sé si estaban a la altura para llamarlos villanos. El último intercambió de lugares con una de las marionetas, pero la niña empezó a llorar y no pude atraparlo a tiempo.
—¡Waaah! ¡Me lele mucho la cabezha! —exclamó la pequeña con palabras mal pronunciadas de forma infantil y adorable. Ya no estaba gritando de miedo, si no de dolor.
—A ver, ven conmigo —dijo Izuku en un tono suave y amoroso que llamó la atención de Bakugō mientras extendía sus brazos en dirección a la niña—. Veamos qué sucede, ¿Sí?
«Ahora que me doy cuenta, yo también siento mi cabeza extraña», pensaron ambos chicos en simultáneo, haciendo contacto visual por unos momentos, como si hablarán telepáticamente; «¿Tendrá algo que ver con el humo?».
—¡Ño! ¡No quiero! —dijo, y agarró con más fuerza el traje de Bakugō, escondiéndose en su pecho y negando con su cabeza. Aparentemente le había desarrollado un veloz apego al chico.
Midoriya le dedicó una mirada entre enternecida y divertida al héroe de las explosiones y este simplemente gruñó estresado, diciéndole un silencioso "o me liberas tú o me libero yo".
—¿No te agrado tanto cómo Kacchan? ¡Ven, te llevaré con tu familia! —insistió el peliverde al saber que el rubio sería totalmente capaz, pues no le agradaban los niños en general. Izuku volvió a acercarse y cuando intentó tomar a la niña en brazos y separarla del rubio, esta exclamó nuevamente un decidido e infantil "¡No!".
Luego de eso, una pequeña e inocente explosión de un tono lila sucedió frente a sus ojos y ya no vio más a Kacchan.
La niña se sorprendió tanto como él al ver que el chico había desaparecido y cuando Izuku estaba a punto de comenzar a asustarse, escucharon un agudo ladrido que llamó su atención.
Ambos miraron abajo y se encontraron con un pequeño perro de colita enroscada con pelaje rubio, brillante y prominente que lo hacía lucir como un pompón.
Entonces ambos entendieron lo que sucedía.
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Lunes · [16:28]
—Así que eso fue lo que pasó... Ahora Kacchan es un perrito —comentó Izuku a sus compañeros en la sala común mientras jugaba con sus dedos.
Aizawa estaba a un lado de él y se veía visiblemente estresado, pero para nada sorprendido con la situación. Llevaba su típica expresión de "¿Desperdicio horas de sueño para esto?".
Bakugō estaba sentado en el suelo, al lado de Izuku, bastante tranquilo para sorpresa de todos, pues podría estar corriendo por todos lados y oliendo cosas, como haría un perro normal, o gruñendo y mordiendo, como se imaginaban que haría el rubio.
—¡¿Esto es en serio?! —exclamó Kaminari para después estallar en risas.
—Shhh, silencio, Denki. Bakugō se va a enojar contigo —se apresuró a decir Sero preocupado.
—Es un poco difícil creer que algo tan tierno en realidad sea alguien tan agresivo —comentó Tsuyu, mirando con curiosidad al llamativo can. Porque, aunque Bakugō ahora fuera un perro, seguía viéndose muy glamoroso y orgulloso, aunque por supuesto no le enorgullece en lo absoluto ser un perro ahora.
—¡Si no supiera que es Bakugō, lo abrazaría ahora mismo! —dijo Ochako viendo muy emocionada al pequeño ser vivo que los estaría acompañando por tiempo indefinido.
—¡Y además es un pomerania! —se unió Mina para después acercarse a Katsuki, quien retrocedió asustado de lo que podría sucederle a continuación. La chica alien, sin embargo, ignoró la evidente incomodidad del canino y lo tomó en brazos. Este se quedó estático por instinto—. Aunque sus ojos ya no son rojos, pero supongo que tiene sentido.
—E-eh, Mina, no creo que debas hacer eso, déjalo en el suelo —dijo Momo algo preocupada. El resto de la clase estuvo de acuerdo.
—A Kacchan no le debe agradar que lo tratemos como a una mascota —secundó Izuku, simpatizaba bastante con el rubio y sabía que este debía sentirse humillado, furioso e impotente ante la situación.
—Bien, aunque no pueden decirme que ustedes no quieren acariciarlo —contestó y cuando estaba por terminar de dejar a Katsuki en el suelo, este fue poseído por un ser del Inframundo y lanzó muchas mordidas a la velocidad de la luz en dirección a Mina acompañados de gruñidos. La chica alcanzó a escapar a tiempo, pero su corazón acelerado se demoró en acompasarse.
—¡Nop, definitivamente no quiero acariciarlo! —exclamó Jirou para después levantarse e irse de la habitación y rápidamente la siguió Momo.
—Yo creo que aún con todo y demonio incluído, sigue siendo lindo —comentó Shōto con bastante simpleza, como si no acabara de firmar su sentencia de muerte con eso en caso de que Bakugō recordara todo cuando volviera a ser humano.
—Bien, ahora tenemos otro problema —interrumpió el profesor de cabello negro mientras deslizaba su palma por su rostro totalmente hastiado.
Los estudiantes restantes miraron con atención a Aizawa. Se hacían una idea, pero quién sabe, la situación de por sí era absurda, podría ser cualquier cosa.
—Aún tenemos que averiguar cosas acerca del quirk con la familia y llevar a cabo las investigaciones correspondientes con el tema de los intentos de secuestro —comenzó a hablar Aizawa ahora un poco más serio—. Los padres de Bakugō están de viaje por su trabajo, así que no podrán cuidarlo.
«Tampoco creo que sería lo más apropiado», pensó Izuku. Quería mucho a los señores Bakugō, pero sabía que si ya con un niño eran agresivos, con un perro revoltoso y de mecha corta se estresarían demasiado, por algo nunca tuvieron mascotas.
—Por lo tanto, será el deber de toda su clase cuidarlo mientras tanto. No olviden que no es una mascota, es su compañero, va a ser un héroe y más importante; es una persona —recordó, dedicándole miradas serias sobre todo a quiénes estaban más emocionados con la idea de cuidar a un perro. Estos se encogieron en su lugar o desviaron la mirada al percatarse de ello.
—Ahora me voy, tengo que hablar con la policía. Decidan cómo se harán cargo mientras tanto —pronunció por último y después se dio la vuelta.
Tan pronto como Aizawa salió de la habitación se armó un caos. Había varios dispuestos a cuidarlo incluso por días completos, otros estaban pensando en que deberían turnarse por días y juntar dinero entre todos para comprar las cosas necesarias. Todos debatían y compartían sus opiniones, incluso Todoroki y Koda ocasionalmente.
Todos menos Izuku.
—¿Y tú qué piensas, Deku? Has estado muy callado —dijo Uraraka, mirándolo con curiosidad.
—¿Uh? ¡Oh! Perdón, ¿Cuál era la pregunta? —contestó avergonzado de que se notara su ensimismamiento, ni siquiera estaba murmurando, cosa extraña en él.
—Estábamos pensando en que Kirishima fuera quien lo cuidara la mayor parte del tiempo. Al ser su amigo más cercano, creemos que se sentirá más cómodo con él —recapituló Denki mirándolo con cautela. El rubio tenía fama de tonto, y a veces lo era, pero emocionalmente tenía mucha habilidad para percatarse de las cosas.
«Su amigo más cercano», esa frase se repitió en bucle en la mente del peliverde y varios lograron notar que con aquel detonante se volvió más pensativo.
—¡Bu-bueno! ¿Crees que sea buena idea? —se apresuró a consultar la chica de cabello castaño, colocando su mano en el hombro de este para intentar sacar a su amigo de su estado pensativo. Lucía triste, y si Izuku estaba triste, ella también.
—Estaba pensando acerca de eso y creo que tienen razón. Confía más en Kirishima —respondió siendo objetivo y realista. Realmente no se le ocurría ninguna otra persona con la que el rubio pudiera sentirse tranquilo y cómodo.
Quizás alguien silencioso como Tokoyami, Koda, Momo o incluso Todoroki, pero no era muy cercano a ninguno de estos y eso podría hacerlo sentir extraño, además de que Katsuki tiene un gran sentido de independencia, por lo que después sentiría que les debe algo —cosa que claramente no es así, pero él no parece estar al tanto—.
—¡Me halagan, en serio! Pero no estoy seguro de si podré cuidar de bien como se lo merece, no tuve ni siquiera peces, no sé nada sobre mascotas —comenzó el pelirrojo, sintiéndose nervioso de tal responsabilidad. Katsuki le gruñó y enseñó sus diminutos colmillos con fiereza al escuchar "mascota"—. Lo siento, bro. Solo era un ejemplo.
—Inténtalo por el momento hasta que descubramos cómo regresarlo a la normalidad, después de todo, todos vamos a ayudar de alguna forma. Así que no estés nervioso, Kirishima ¡Sería muy masculino ayudar a tu amigo ahora que lo necesita! —intervino Sero antes de que este continuara con su pesimismo.
—¡Tienes razón, Sero! —dijo Kirishima más motivado y convencido gracias a la última frase, luego caminó hasta donde se encontraba el ahora pequeño Katsuki y se hincó frente a este, mirándolo con su característica sonrisa puntiaguda—. ¿Tú qué dices? ¿Quieres que seamos roomies?
El pomerania pareció pensárselo por un momento, pero luego ladró sin connotaciones agresivas y se acercó un poco al chico mientras su cola se agitaba involuntariamente, para los presentes, este acto significaba que estaba de acuerdo.
—¡Está moviendo su colita! ¡Parece un pompón! —comentó Hagakure enternecida—. ¡Es tan adorable!
Katsuki no dejó pasar sus comentarios por alto y no tardó en comenzar a ladrarle a la ropa flotante de forma furiosa, con cada ladrido su cuerpo entero se movía y se desplazaba hacia adelante como si diera saltitos. Parecía que tanta furia no podía caber en un empaque tan pequeño y que este en cualquier momento explotaría.
—Vamos, bro ¿Tienes sed o hambre? ¿O quieres ir a dormir? —ofreció intentando distraerlo. El rubio se dio la vuelta, mirándolo con la cabeza inclinada hacía un costado—. ¿Sed? —repitió para averiguar qué quería y el pequeño perro caminó moviendo sus patitas tan rápido que ni siquiera se veían de forma definida mientras hacía sonar sus uñas contra el piso.
Tras ver como estos se iban a la cocina para que Kirishima le pudiera dar agua a Bakugō, los demás se miraron entre ellos de forma más seria y el ambiente se volvió más profesional.
—¿Dices que quién lo transformó fue una niña de una guardería? —cuestionó Iida agarrando sus lentes del marco con una de sus manos.
—Así es. Todos tenían entre cinco y seis años ahí —contestó Izuku más que dispuesto a colaborar para hallar una solución lo más rápido posible. Él mismo admitía que era adorable ver al de ojos rubíes así, pero no podían no contar con Kacchan, era de los mejores estudiantes en todo y ahora que tenían sus licencias de héroe lo necesitaban en las calles para disminuir la delincuencia.
—Eso quiere decir que... —el presidente de la clase comentó pensativo.
—Ninguno de ellos sabe utilizar correctamente sus dones, quizás algunos apenas los manifestaron, como la niña —continuó el peliverde.
—Así que hasta que la familia no quiera hablar, darnos pistas o que la niña descubra cosas sobre su don, no tenemos información útil —completó Ochako.
—¿No sabes su nombre? Es un poco raro decirle simplemente "la niña", es muy anónimo y ella es muy importante aquí —dijo Denki repentinamente, cambiando un poco el ambiente.
—Ah, sí me lo dijo, pero no sabía si era prudente decirlo —contestó Izuku—. Se llama Sankāru —terminó por revelar.
—Por cómo la describiste, le queda bien —comentó Mina con una sonrisa amigable.
—¿Y qué haremos? Si ni siquiera Sankāru sabe cómo funciona su don, ¿Cómo lo descubriremos nosotros? —cuestionó preocupada Tsuyu.
—No quería decirlo, pero supongo que tendremos que esperar a que Aizawa nos quiera revelar más información al respecto, o cuando la descubra —dijo Tokoyami cruzado de brazos.
—Eso sería lo menos productivo —murmuró Izuku con una de sus manos en su mentón, en su usual gesto pensativo.
—Pero lo más legal —añadió Shōto, dando su ocasional comentario oportuno.
—No nos torturemos mucho con esto, chicos. Seguramente a alguien se le ocurrirá algo cuando menos se lo espere —dijo Ochako con una sonrisa confiada y esperanzadora, pues había notado como la mayoría parecía estar estresados y ella presentía que el problema duraría al menos una semana.
—¡Tiene razón! Por el momento dejémosle esto a los profesionales y disfrutemos un poco de la calma y el silencio —dijo Denki apoyándose en el sillón con sus brazos cruzados detrás de su cabeza.
—No eres el más indicado para decir eso —le murmuró Mina con una sonrisa y una ceja elevada.
—¿Eeeh? ¿¡Qué quieres decir!? —exclamó el rubio frunciendo el ceño, ofendido.
Luego de otro breve intercambio de palabras, vieron a Kirishima pasear por al frente de ellos acompañado de un perro bravo y meterse a los elevadores mientras el pelirrojo le hablaba con naturalidad sobre quién sabrá qué cosas.
Izuku suspiró y comenzó a caminar fuera de la sala común hacia su propio cuarto, aún intentando idear algún plan que no los metiera en problemas, o al menos uno en el que no los descubrieran.
La situación lo preocupaba de sobremanera. Sabía que sus compañeros disfrutarían por poco tiempo el no escuchar las maldiciones y explosiones de Katsuki, porque su presencia se sentía mucho y pronto habría una sensación vacía en el edificio.
Aunque él ya sentía aquel vacío.
«Solo espero que todo salga bien. Ya lo extraño», pensó agotado y se acostó sobre su cama, mirando el techo mientras ordenaba sus pensamientos e intentaba pensar en alguna solución. Inevitablemente cayó dormido al poco rato, su mente se encontraba cansada de tanto pensar, por lo que no tardó en entrar al reino de los sueños.
