Work Text:
En recuerdo al amor de mi vida, mi gato Pipi.
En la ciudad de Detroit, en el condado de Michigan, Estados Unidos, la familia Stern era conocida por ser los guías espirituales, médiums y tarotistas favoritos de los ciudadanos. Amanda Stern había abierto un consultorio hace unos años, a pesar de las críticas sobre la falta de validez científica de su negocio. Después, su hijo menor, Nines Stern, siguió sus pasos y se convirtió en el heredero y principal Médium de la ciudad después de su fallecimiento.
Las personas continuaron yendo al consultorio y cada vez eran de más estados, luego de otros países. Así que no había día en la semana en que Nines no tuviera un turno reservado. Hablando un poco de él, si bien las personas confiaban en él médium, en cierto punto temían su apariencia: sus ojos claros y celestes como el cielo mismo un día nublado, su piel pálida y brillante daba la impresión de que estuviera muerto. Tampoco era muy expresivo, decía lo justo y necesario, y solía mantener una posición por mucho tiempo escuchando atentamente a la otra persona.
Su consultorio tenía dentro de sí un pequeño jardín zen de arena, junto a un porta sahumerio y distintas piedras de cuarzo con valores energéticos. También un par de cartas de tarot y un porta pañuelos que ofrecía a los clientes cuando estos se emocionaban en el encuentro.
No hacía, sin embargo, rituales ni alguna clase de brujería. Quizás limpiezas energéticas, pero su especialidad era comunicarse con el plano al que mayormente los humanos no tienen acceso.
En ese aquel momento, él se encontraba en el consultorio.
Sus largas y finas pestañas estaban bajas, mientras aguardaba a su siguiente cliente. Un sahumerio estaba encendido en ese momento, consumiéndose lenta y armónicamente. Escuchaba el dulce sonido del agua fluyendo en la pequeña cascada de su estantería.
Pero, de repente, su ceño se frunció levemente y sus ojos se abrieron para ver la arena del jardín zen desordenarse con una ráfaga de viento y el humo del sahumerio desordenarse hasta convertirse en espirales violentos.
Su mirada con rapidez se fijó en la puerta, la cual se abrió bruscamente como si de ventisca se tratase.
―Hum, hola ―un hombre que apareció frente a él le saludo con nerviosismo. Tenía puesto una sudadera verde oscura y una chaqueta negra desgastada, como la mezclilla de su pantalón vaquero―. Hombre, lo siento por venir sin turno, pero escuché que eras bueno en tu trabajo y... ¿Sinceramente? Necesito ayuda.
El médium pestañeó lentamente mientras seguía los movimientos del hombre que procedió a sentarse en el lugar de consultante frente a su escritorio.
―Yo no creo mucho en estas mierdas de... ―entrelazó sus manos con nerviosismo y jugueteo con sus dedos―. Espectros y esas cosas ―soltó una risa nerviosa, sin verlo a los ojos. Luego, acarició su nuca―. Pero creo que... ―su tono de voz se redujo a un susurro y levanto su mirada para mirarlo seriamente―. ¿Me estan pasando cosas súper paranormales?
Se formó un silencio entre los dos. Nines no respondió, lo continúo observando fijamente, como si estuviera viendo un fantasma. Por lo que el hombre bajo se cabreó y su expresión nerviosa rápidamente cambio a una de enojo, impaciencia e ira. La aurora de energía de su alrededor se volvió roja.
―¿Me estás escuchando? ―preguntó el hombre, ofendido ante la mirada―. ¿Qué tengo? ―bajo su propia mirada a su cuerpo―. ¿Por qué me miras como si estuviera loco? Jodido hijo de puta, tú trabajas de ESTO.
El hombre enojado cruzó sus piernas y sus brazos sobre su pecho.
―Oh, entiendo. No quieres atenderme porque no tengo turno ―frunció su ceño y chasqueó su lengua―. ¿Sabes quién soy yo? ―se señaló a sí mismo y se inclinó hacia el escritorio para lucir amenazante―. ¡Soy el Detective Gavin Reed! Quién que pasa todos los días de su puta vida cuidándote el culo a ti y a esta ciudad de mierda. Lo MÍNIMO que espero es que cuando necesito su puta ayuda me la den.
Por fin, luego de varios minutos en silencio, Nines finalmente habló:
―¿Estás perdido? ―preguntó con calma ante la ira del otro, confundiendo y desconcertando al hombre.
―¿Qué? ¡No! ―negó―. Un momento, ¿No es... este el consultorio Stern de espiritualidad, médiums y esos curros?
―Dime ―Nines interrumpió, como si no estuviera escuchando en lo más mínimo las palabras de Gavin―. ¿No recuerdas tu propia muerte…?
Gavin se echó hacia atrás con un brinco debido a la sorpresa que le generó esas palabras.
―¿Qué?
―Está usted muerto, Detective Reed.
―Si esto es un chiste... tienes un humor BASTANTE retorcido.
Nines volvió a guardar silencio y a mirarle como si estuviera escaneando su cuerpo. Gavin se sintió incómodo y molesto por esto.
―Debe haber sido reciente y por eso tienes amnesia post-muerte... pero no hay lugar a dudas, está usted muerto.
―¡Deja de bromear! ―Gavin se enojó aún más, un rojo intenso rodeo su cuerpo―. Dices que estoy muerto, pero es imposible... yo...
―Lo siento.
Ahora fue Gavin quien guardó silencio.
―Necesito que te retires de mi consultorio, tu energía y presencia está alterando la paz y armonía de aquí...
―Espera, no, ¿Qué cojones quieres decir con que «estoy muerto»? No, yo no estoy muerto.
―Lo siento, señor Reed.
Gavin se levantó del asiento y se inclinó en el escritorio con una expresión de molestia, intentando intimidarlo.
―Vuelve a decir eso una vez más y te volaré la cabeza ―Gavin buscó rápidamente el arma de su cintura, pero no la encontró allí. Frunció el ceño confundido.
―Si continúas avanzando, me veré en la obligación de neutralizarte ―le advirtió el médium.
―¿Me estás diciendo que aunque pueda sentir mis latidos de corazón estoy muerto? ¿Qué clase de mierda poética o metafórica es esa? ―chasqueó su lengua.
El Médium rápidamente tomó el sahumerio que se había apagado y lo rompió entre sus dedos, luego se acercó al espíritu y le sopló los restos del sahumerio en el rostro. Gavin cerró los ojos por instinto y comenzó a sentir sus pulmones picar.
Y de repente...
―¡Achis! ―estornudó el espíritu, para luego rascarse la nariz―. ¿Qué mierda se supone que haces? ¿Te volviste loco?
El médium entrecerró los ojos y ladeo su cabeza hacia su hombro con confusión. Por más poderosos que fueran energéticamente los espíritus, siempre lograba ahuyentarlos con el polvillo del sahumerio que ellos apagaron.
―Permíteme un momento ―el médium aprovechó la cercanía del cuerpo del espíritu y atravesó el pecho del hombre con su mano, cerrando sus ojos y sintiendo su corazón entre sus dedos.
―¿Uh...? ―el hombre vio al médium atravesar su pecho y jadeo sorprendido.
―Oh, tenías razón ―Nines retiró su mano y lo miró― Felicitaciones, sigues vivo. Aunque aun no comprendo como llegaste aquí.
―Ya te lo dije, necesito tu ayuda, por esto estoy aquí ―respondió rápidamente a la duda del médium―. Y eso acaba de sentirse jodidamente extraño, pregunta la próxima vez antes de tocar mi corazón, gracias.
―Jamás había visto algo así antes...
―¿Me estás escuchando? ―Gavin negó con la cabeza.
―Tu corazón continúa latiendo, tu cuerpo se mantiene con vida, aunque tú estés deambulando por aquí con tu espíritu. ¿Tal vez un viaje astral? ―el hombre de ojos celestes comenzó a caminar alrededor del espíritu, observándolo atentamente. Gavin volvió a ponerse de pie correctamente.
―Mira, no sé tú, pero yo no consumo ningún tipo de drogas ―susurró lo último.
―¿Sabes dónde está tu cuerpo...?
―Creí que aquí ―Gavin palpó su propio cuerpo para mostrar su punto―. Pero me estás diciendo que no soy yo ¿Sino una clase de casper? Espera, ¿Quizás si me drogue? ¿La cafeína se considera droga? ―divagó en voz alta.
―Deseo que tenga éxito en la búsqueda de una respuesta a sus preguntas ―Nines sonrió cortésmente y señaló con su mano la puerta―. Ahora lo invito a retirarse, por favor. Tengo pacientes que atender.
―¡No! ―negó Gavin y la sonrisa de Nines cambio a una mueca―. Tienes que ayudarme, por favor cabrón.
―¿Por qué debería ayudarte?
―No lo sé, tú dime. ¿Será que eres el único que puede verme porque soy un jodido fantasma? ―preguntó sarcásticamente―. Mira, si no me ayudas, vendré y espantaré a TODOS tus putos clientes y, ¡Es más! Si llegó a morir, JURO POR DIOS, que no voy a dejar de molestarte hasta que te tires del puto puente ―dijo seriamente―. Una vez muerto, te arrastraré al maldito infierno conmigo.
Nines suspiró ante la amenaza del hombre. No era la primera vez que se enfrentaba a un espíritu testarudo, pero esta vez era diferente. Si su cuerpo seguía allí, con vida, solo bastaría regresarlo allí. Además, si Gavin trabajaba para el departamento de policía, probablemente era el compañero de una persona que él estimaba y actualmente se encontraba trabajando allí.
―Si te ayudo ―Nines comenzó, sintiendo que se arrepentiría más tarde por ello―. ¿Prometes no volver aquí?
―Joder, por supuesto ―Gavin estiró su mano para sellar el trato―. Sabes que no creo en estas estafas…
◣◥◣◥◤◢◤◢◣◥◣◥◤◢◤◢
Nines no entendía si el espíritu era estúpido o si él no había sido lo suficientemente claro. Pero ahí estaba él, siguiéndolo sin disimulo alguno a su casa. Habían acordado comenzar a buscar su cuerpo mañana por la mañana. Pero Gavin lo siguió, con sus manos metidas dentro de los bolsillos de su chaqueta.
―¿Por qué estás siguiéndome? ―a unos pasos de llegar a la puerta, Nines decidió enfrentarlo. Se giró de forma inesperada y logró sorprender a Gavin, casi chocando con el espíritu.
―¡Casi me matas del puto susto! ―el hombre dio un grito y colocó su mano sobre su corazón.
―Escucha... Necesito recargar energías para...
―¿Te refieres a dormir? ―Gavin interrumpió y levantó una ceja.
―Es una forma de decir, sí ―Nines asintió―. Puedes hacer lo que quieras, pero NO podrás entrar a mi casa. No sin mi permiso ―sacó las llaves de su bolsillo y abrió la puerta de su casa, ingresando allí.
Por supuesto, Gavin intentó seguirlo e ingresar, pero no pudo avanzar. Era como si algo detuviera sus pies.
―¡Ey!
―Te lo dije ―Nines cerró la puerta y dijo antes de que lo hiciera por completo―. Hasta mañana Detective Reed.
Gavin parpadeó cuando la puerta se cerró frente a su rostro y murmuró:
―Cabrón.
◣◥◣◥◤◢◤◢◣◥◣◥◤◢◤◢
Nines había preparado una cena liviana y luego se dio una ducha, vistiendo su pijama negro para recostarse en su cama. Normalmente dormía boca arriba, con las manos a sus costados y mirando fijamente el techo hasta quedarse dormido.
Ignorando la voz y el berrinche del espíritu fuera de su casa, cerró sus ojos para conciliar sueño.
Cuando dormía, no era común para él tener sueños. Si los tenía, eran encuentros con su difunta madre en ese jardín zen que tenía en su escritorio, pero como si este adorno fuera un lugar y paisaje real. Conversaba con ella, dando vueltas por el jardín y de en vez en cuando le hacía preguntas sobre que debía hacer.
―¿Entonces? ―le pregunto la madre de Nines en sus sueños.
―¿Entonces que, madre? ―él ladeo la cabeza.
―Me preguntaba si ya te habías decidido a ayudar a ese detective a regresar a su cuerpo ―ella regó suavemente las flores en el rosal.
―Si... ―respondió.
―Entonces hazlo.
―Si, lo voy a hacer.
―Hazlo, pero hazlo ahora ―repitió con insistencia―. Esa alma perdida está alterando la paz de todo el vecindario.
Nines abrió los ojos abruptamente y miró el techo de su habitación, despertando del sueño. Se reincorporó y escuchó nítidamente ladridos y gruñidos de perros. Rápidamente se colocó su bata y salió para ver lo que estaba sucediendo...
Luego de que lo dejará fuera de su casa, el espíritu del detective comenzó a dar vueltas y a asustar el perro del vecino de al lado de su casa por mera diversión. Riendo como un niño malicioso cuando los vecinos regañaron al perro, Gavin se recostó en el suelo del jardín, cerca de las rosas.
Cuando Niles abrió la puerta del pateo, notó no solo la mirada del detective sobre él, sino también la de cuatro gatos que se habían acercado al espíritu para rodearlo y mirarlo fijamente con los ojos bien abiertos y curiosos.
―Entra ―dijo con un suspiro cansado y Gavin sonrió.
◣◥◣◥◤◢◤◢◣◥◣◥◤◢◤◢
A la mañana siguiente, apenas el sol se asomó por el reflejo de las ventanas ambos comenzaron a planificar una estrategia para encontrar la ubicación del cuerpo de Gavin. El detective recientemente había estado siguiendo el rastro de un seudocientífico que hacía experimentos no éticos, engañosos y sin consentimiento consciente en personas de la calle o jóvenes que necesitaban dolares para salir de algún apuro.
―Estoy seguro de que él tiene mi cuerpo ―Gavin dijo, seguro de sus palabras.
El principal sospechoso de su investigación: Neil Franklin. El detective Reed se encargó de dar con él, arrestarlo y llevarlo a la comisaría para hacerle un interrogatorio, sin embargo, lo liberaron el mismo día por falta de pruebas.
Para el detective era obvio que era el culpable. Su instinto se lo decía y ahora también. Franklin debió haberlo secuestrado y haberlo llevado a su maldito laboratorio en dónde seguramente hacía experimentos con las otras personas que secuestraba.
―¿Por qué estás seguro?
―Asistí a una conferencia que dio hace unos meses. Una mierda sobre la espiritualidad, ciencia y algo sobre alcanzar el potencial humano. Lo supe en cuanto vi sus ojos, esa expresión de soberbia ―Gavin entrecerró sus ojos con disgusto―. Ese hombre debía estar metido en algo peligroso.
―Si es así, ¿Por qué seguirías vivo? ―le preguntó Nines, buscando en su laptop la grabación de la conferencia de la que Gavin hablaba.
―No lo sé ―Gavin suspiró frustrado―. Seguramente este experimentando conmigo. Joder, ni siquiera sé si esto es real o alguna alucinación producto de una inyección de alguna mierda en mi cerebro...
◣◥◣◥◤◢◤◢◣◥◣◥◤◢◤◢
El espíritu de Gavin paso más allá de la puerta principal del departamento de policía y detrás de él lo siguió el médium, abriendo con calma la puerta de cristal para ingresar al lugar.
―¿Estás seguro de que esto es una buena idea? ―Nines le preguntó en un susurró.
―Confía en mí ―Gavin asintió con la cabeza―. Ellos van a creerte, diles todo lo que hablamos y te ayudaran a encontrar mi cuerpo ―dijo con confianza―. Encuentra a Hank. Hank Anderson.
El médium le preguntó a la mujer de recepción si el teniente se encontraba allí en ese momento y la mujer le dijo que si, entonces le dijo que tenía información importante sobre la desaparición del detective Gavin Reed y ella lo dejo ingresar.
Pronto, Hank se paró frente a él y lo miró con los ojos entrecerrados.
―Eres igual a mi compañero...
―¿Qué se supone que haces aquí, Nines?
Nines giró su cabeza hacia la voz de su hermano mayor, Connor, quién había decidido dejar el consultorio espiritual y estudiar criminología en la universidad de Detroit para volverse un detective. Connor se había alejado de los médiums y los sahumerios, así también cómo de su madre y hermano menor.
Hace meses no se habían visto.
La última vez fue en el funeral de su madre.
―Hola, Connor.
―¿Tienes un hermano? ―preguntó Hank, incrédulo.
―Es... mi hermano menor.
―Puto cristo, son idénticos ―Hank abrió los ojos, sorprendido.
―ESPERA, ¿Tu eres el hermano de ese gilipollas? ―Gavin, al lado suyo, también se sorprendió por la información nueva.
―¿Qué haces aquí, Nines?
―Tengo información sobre el paradero del detective Reed ―explicó, yendo al grano tal cómo le había dicho Gavin que lo hiciera.
Hank lo miró seriamente.
―¿Qué es lo que sabes, chico? ―Hank se cruzó de brazos para escucharlo atentamente.
Algunos policías habían escuchado la conversación y se habían acercado a ellos, formando una gran ronda que miraban y escuchan atentamente a Nines.
―Reed... él es un espíritu que actualmente está conmigo, aquí ―señaló a su lado, dónde realmente se encontraba Gavin―. Me dijo que Franklin lo tiene secuestrado en su laboratorio y que necesita ayuda para poder arrestarlo y regresar a su cuerpo.
Se armó un silencio enorme en el recinto. Lo único que se escuchaba eran las llamadas telefónicas al 911... y, de pronto, luego de mirarse entre sí, TODOS comenzaron a estallar de la risa. Nines parpadeó ante la reacción grosera de los policías.
― ¡REALMENTE LO DIJISTE! JAJAJA ―Gavin también había comenzado a reírse, sosteniendo su estómago―. ERES UN MALDITO IDIOTA, NINES, NO PUEDO CREER QUE ME CREYERAS.
Nines mantenía una expresión neutra en su rostro, aunque si lo veías bien lucía extremadamente molesto por el engaño del espíritu. Connor lo agarró de su antebrazo bruscamente y forzó una risa también, arrastrándolo lejos de sus compañeros que aún continuaban riéndose a carcajadas.
◣◥◣◥◤◢◤◢◣◥◣◥◤◢◤◢
―¿Qué se supone que haces? ―Connor soltó su agarre en su antebrazo y lo miró como si estuviera loco.
―Lo siento, no fue muy inteligente de mi parte creer en un espíritu ―admitió, sintiéndose avergonzado por creerle a Gavin.
―Creí que con la muerte de mamá ya no continuarías con el negoció de la familia ―Connor suspiró―. Por favor, hermano, ya no está aquí para obligarte a hacer lo que ella quiere.
―Lo siento si te avergoncé, Connor. No era mi intención y tampoco habría venido a irrumpir en tu trabajo si no fuese algo importante... sé que no te gusta que tus compañeros sepan de mí.
―No quise decir... ―su voz flaqueó y relajó su postura con un suspiro―. No lo haces, solo... ―masajeó su entrecejo.
―Está bien, de todas formas, no me quedaré mucho tiempo. Necesito encontrar el cuerpo del detective Reed y guiarlo a él. Tenemos un trato ―Nines explicó resumidamente la situación en la que se encontraba―. Una vez terminé con esto, ya no tendrás que verme...
―Espera, no tienes que hacerlo solo… Te ayudare ―Connor lo interrumpió.
―Creí que no querías involucrarte ―Nines ladeó su cabeza.
―Es... Nosotros no somos muy amigos con Gavin y creo que, de hecho, no le caigo bien. Pero es mi compañero de trabajo y si dices que puedes encontrarlo, entonces te ayudare. Únete a mi como mi ayudante, esta vez.
Nines asintió.
―Pero tienes que prometerme que NO mencionaras nada de fantasmas, energías ni esas cosas.
Nines volvió a asentir.
―Y también... ―Connor miró de reojo al espíritu de Gavin deambulando y buscando a Nines con la mirada―. No le digas a Gavin que también puedo verlo.
◣◥◣◥◤◢◤◢◣◥◣◥◤◢◤◢
Gavin no conocía a Nines, pero al poco tiempo comprendió que era una persona... extraña. Deambulo por la casa del médium mientras él se realizaba algo que le llamaba "limpieza energética", que no era más que una maldita ducha común y corriente. Y cómo no tenía restricciones físicas, podía ver y pasar más allá de los cajones y habitaciones sin la necesidad de abrirlos para husmear.
Si bien había estado trabajando en el mismo lugar que Connor hacía más de dos años y medio, jamás creyó ni paso por su cabeza la idea de que él pudiese tener un hermano menor. Eran espeluznantemente idénticos, aunque Nines era unos años más jóvenes para sorpresa de todos, quién si no fuese porque lo sabía, supondría que Nines era el mayor.
A decir verdad, no había llegado allí porque alguna vez hubiera escuchado a Connor hablar del consultorio espiritual de su hermano menor, primero porque ellos no se llevaban para nada bien y segundo... Connor no había mencionado la existencia de un hermano en absoluto.
Cuando despertó, había llegado a la puerta del consultorio de Nines. Fue casi de forma automática. Aunque claro, no tenía sentido ni lógica alguna para él. Porque Gavin no mentía y, de hecho, no creía en nada de lo que estaba ocurriendo...
¿Fantasmas? ¿Almas? ¿Energía? Todo eso no era más que un engaño para él, aunque tampoco era fanático de la ciencia en sí. Digamos que solo creía en lo que podía ver con sus ojos y era muy testarudo al respecto.
Miro el cuadro colgado en la sala de estar de la casa. Era una fotografía de Amanda y los dos hermanos Stern de niños. Ellos lucían unidos en aquel retrato, tomados de la mano con una gran sonrisa en sus rostros... ¿Entonces porque ahora no se hablaban?
La puerta del baño se abrió y Gavin apartó su mirada de la fotografía familiar para ver a Nines a contraluz del baño.
―¿Terminaste de hacer esa... extraña limpieza energética?
―Sí ―Nines asintió, acomodando un mechón mojado en su cabello. Tenía puesto su pijama de siempre, una camisa y un pantalón para dormir de color negro, sus mejillas ruborizadas por el calor del agua de la ducha―. Tengo que recargar energía pronto ¿Vas a quedarte aquí esta noche también?
―Si... ya sabes ―Gavin acomodó su voz nerviosamente al darse cuenta de que lo vio quizás un poco de más―. No me gusta estar allí afuera.
―Oh, ¿Tienes miedo? Parecías estar divirtiéndote con los perros de los vecinos hace unos días.
―¿Miedo? ¿Yo? ¡Por supuesto que no! ―Gavin negó rotundamente con la cabeza, lucía avergonzado y su energía se volvió de color rojo.
Nines casi sonríe, porque él podía ver a través de la energía y la extraña conexión de ellos dos que ese hombre mentía. La energía de Gavin, que normalmente era roja, se volvió amarilla y luego roja otra vez.
―Solo... no estoy acostumbrado ―dijo entre dientes con vergüenza.
Nines negó con la cabeza y pensó que ese hombre era demasiado testarudo y obstinado.
◣◥◣◥◤◢◤◢◣◥◣◥◤◢◤◢
Gavin miró fijamente a Connor en el departamento de policía y se acercó para soplarle la cara, provocándole un escalofrió y molestándolo. Connor agitó su mano en el aire, pero no dejó en evidencia que podía verlo y Gavin no tenía idea tampoco.
Habían comenzado a trabajar en encontrar su paradero, pero no tenían mucha información y el pseudo científico había desaparecido del mapa por completo. No tenía un buen pronóstico, pero iban a intentarlo de todas formas.
En su última publicación, Franklin propuso un ambicioso proyecto para trascender las limitaciones del cuerpo humano y aprovechar al máximo nuestro potencial. Su objetivo era separar la conciencia humana, el espíritu, el alma de sus limitaciones físicas, superandolas de alguna manera. Aunque el articulo no exponía claramente cómo planificaba lograrlo, dejaba entrever que Franklin encontraría las pruebas necesarias y publicaría una actualización que respaldara su teoría con nuevos conocimientos y argumentos.
Aunque le costaba admitirlo, quizás realmente estaba funcionando de alguna extraña y bizarra manera. Porque Gavin se había separado de su cuerpo físico, aunque mantenía la apariencia, él ahora no era más que destellos de energía. Nines tenía que cuidarse de no mirarlo demasiado porque podría incomodar al detective, pero era algo fascinante. Era la primera vez que veía algo así.
Gavin continuaba siendo él, aunque no lo conocía, Nines podía darse una idea de quién era. Cuando lo perdía de vista, Gavin aprovechaba para provocarle escalofríos a sus compañeros de trabajo o para espantarlos y divertirse con eso.
Y así, comenzó la búsqueda.
Al principio había sido paciente, pero con el pasar de los días comenzaba a ver a Gavin desesperarse, lucía ansioso y cada vez más apagado. Con el tiempo dejó de bromear con sus compañeros y simplemente se quedó al lado de Nines, con sus brazos cruzados y su ceño fruncido.
―¿Cuánto tiempo va a tardar esto? ―Gavin murmuró, impaciente.
―Lo siento, detective. Pero puede que tarde un tiempo.
Gavin pasó sus manos por su rostro, frustrado.
◣◥◣◥◤◢◤◢◣◥◣◥◤◢◤◢
Regularmente Niles dormía ocho horas, ni más ni menos. No le gustaba dormir siestas, tampoco salir de sus horarios rutinarios. Se iba a dormir a las diez en punto y despertaba a la mañana siguiente con las energías recargadas. No era una persona friolenta, por lo que tampoco utilizaba muchas frazadas ni tampoco se despertaba a mitad de la noche.
Pero, ese día, lo hizo. Fue la voz de Gavin interrumpiendo en su jardín zen lo que le hizo despertar. La voz del detective sonaba angustiada y despertó de forma abrupta. Cómo si no pudiera evitar hacerlo.
―¿Gavin? ¿Qué sucede? ―Nines observó las manos de Gavin temblar y su energía brillar tonos rojos oscuros.
―¿Te acuerdas cuando dije que... no tenía miedo? ―le preguntó hablando rápidamente, tropezando con sus palabras. Espero que Nines asintiera para continuar―. Bueno, en realidad estoy cagado de miedo ―confesó, temblando y acercándose más al borde de la cama―. Creo que no siento mis latidos... Nines... creó que... que estoy muerto.
Nines se reincorporó y giro su cuerpo en dirección a Gavin para luego ponerse de pie. Con permiso y viendo la expresión de angustia del hombre, el médium dirigió sus dedos al pecho del espíritu, hasta alcanzar dónde debería estar el corazón y cerrar sus ojos.
Como una gota golpeando el agua, pudo sentirlo... era débil, pero la frecuencia de sus latidos continuaba allí. La respiración se marcaba en el pecho del espíritu, asustado, aunque Nines no dijo nada. Se quedó allí, con sus ojos cerrados, sintiendo ese latido en su propio corazón.
Había una conexión, allí. Sentía su propia piel derretirse en ese toque y la pureza de Gavin abriéndose lugar en su alma, cómo si encajara. Cómo si…
―Di algo, joder ―Gavin, sin embargo, habló y lo obligó a abrir los ojos y saliera de esa conexión.
Quizás solo él la había sentido... Quitó rápidamente la mano cómo si quemara y abrió sus ojos.
―Es débil, pero continuas con vida.
Gavin se relajó y suspiro de alivio.
―Joder... ―bajo su mirada por un momento y luego volvió a mirar a Nines, sintiéndose repentinamente avergonzado. Él rasco su nuca―. Lo siento por... ―giró su otra mano en el aire―. Por interrumpir tu recarga energética… Puedo ser un poco… paranoico, a veces ―se rio con nerviosismo.
―Está bien, no te preocupes.
Gavin asintió y se giró para irse de la habitación, pero Nines habló, interrumpiendo su retirada.
―¿Quieres quedarte? ―le preguntó, sentándose en el borde de la cama e invitándolo al lado suyo―. Aquí, puedo hacerte compañía si quieres.
◣◥◣◥◤◢◤◢◣◥◣◥◤◢◤◢
Connor vio de reojo a su hermano bostezar y la pregunta simplemente surgió.
―Te ves cansado últimamente. ¿Tienes problemas para dormir?
―No... simplemente he estado modificando mis horarios de sueño normal.
―¿Oh? ―Connor parpadeó con incredulidad y alzó sus cejas―. ¿Y eso es por qué…?
Su hermano siempre había tenido su rutina organizada de una forma continua y sin fluctuaciones.
―He estado acompañando a Gavin en las noches, solemos tener conversaciones largas y.… es una persona muy interesante. Tiene tantas historias… ―Nines soltó una risita suave, recordando la vez que Gavin le contó el caso del ladrón de pepinos.
Connor abrió los ojos por la sorpresa.
―¿Gavin se está quedando en tu casa? ―vio a Nines asentir y frunció su ceño―. ¿Te está hostigando?
―No, de hecho, yo le di el permiso.
Connor abrió aún más los ojos.
―¿¿Qué??
―¿Por qué te sorprende tanto? Te dije que teníamos un trato ―Nines no comprendió la exagerada reacción de su hermano mayor.
―Si, pero nunca permites que ningún espíritu extraño ingrese a tu casa y sabes que cuando regrese a su cuerpo él…
―Gavin no es un espíritu extraño ―corrigió tranquilamente, interrumpiendo lo último con disimulo.
Connor lo miró con sospecha e iba a decir algo al respecto, pero vio a Gavin acercarse a ellos y cambio de tema rápidamente. No quería que sepa que él también era médium y luego divulgue eso. Había recibido burlas y despreció del mismísimo Gavin por esa razón.
―Ugh, aún no puedo creer que eres hermano de este idiota ―Gavin comentó, acercándose a Nines―. No me llevo bien con él, es el perro faldero del viejo Hank y creo que tiene alguna clase de relación extraña con el viejo. Apostaría que tuvieron sexo... seguro que sí.
La ceja de Connor hizo un tic, pero fingió que no escuchó eso.
―Preferiría no escuchar tus hipótesis sobre la vida sexual de mi hermano, gracias ―Nines murmuró, girando su cabeza levemente hacia la dirección del espíritu.
Gavin encogió un hombro.
―Por lo que mí respecta, que le den ―apunto su dedo medio a Connor―. Lo siento por ser yo el que te lo diga, pero tu hermano es un jodido ―le dijo―. Tuvimos una pelea una vez... ¿Sabes?
Gavin simplemente comenzó a hablar, mientras Connor fingía que no podía verlo y escucharlo hablar de él, leyendo y analizando la información que habían encontrado de su principal sospechoso.
―Cuando lo vi por primera vez, joder... dije: es un bueno para nada. Y luego... ―le contó a Nines―. No... él es jodidamente bueno en su trabajo.
Connor levantó su cabeza en dirección a Gavin, pero la apartó rápidamente. Gavin siempre había sido testarudo, cerrado y odioso. Pero, sentía que era fácil ser sincero con Nines.
―Eres diferente a él ―le dijo―. Tu... tú lo quieres, pero él ni siquiera te ha mencionado una vez. Cómo si no existieras y eso... es una mierda.
Connor y Nines se quedaron en silencio. Después de decir eso, Gavin le dijo que iría a dar unas vueltas hasta que tuvieran que regresar a casa. Nines sabía que Connor sentía algo de vergüenza, que no le gustaba admitir su pasado cómo médium y que odiaba recordar la enseñanza de su madre.
―Nines... yo...
―No ―Nines negó, interrumpiendo―. No necesitas disculparte o preocuparte por esto, puedo ver tu energía alterada por las palabras de Gavin ―señaló el color que rodeaba el cuerpo de Connor―. Fui yo quién interrumpió aquí.
―Lo siento... ―Connor se disculpó de todas formas, masajeando su nuca―. No es que hayas interrumpido nada, yo solo... luego de la muerte de mamá y de haberme alejado de ustedes tenía... me sentía culpable. No sabía cómo afrontarte.
―Tenías que hacer tu camino ―Nines comprendió, de hecho, no se sentía mal ni angustiado― Yo elegí el mío también.
―Aun así, yo... ―Connor suspiró y lo miró a los ojos con tristeza y cariño―. Te extrañe.
Nines sonrió con suavidad.
―También yo.
◣◥◣◥◤◢◤◢◣◥◣◥◤◢◤◢
Nines se apoyó del marco de la puerta, con sus brazos cruzados, observando con detenimiento al espíritu en su casa. Gavin estaba debajo de la lluvia de la ducha, vestido, con los ojos cerrados y su cabeza mirando hacia arriba.
―¿Qué haces, Gavin?
―Shh ―Gavin lo calló y Nines levantó una ceja―. Es de mala educación interrumpir el baño de otro hombre.
―No necesitas bañarte, eres un espíritu.
Gavin hizo oídos sordos y continuo debajo de la ducha. Este comportamiento no era nuevo, luego del primer mes que no hubo avance en la investigación, Gavin comenzó a comportarse de forma extraña. Intentaba comer, dormir o hacer las cosas que normalmente hacía. Y su humor había empeorado.
Se había vuelto un poco más gruñón y reservado, no quería pasar la noche en la habitación de Nines y lucía ansioso por alguna razón. No, más bien, lucía triste. Nines había intentado preguntar el motivo más de una vez, pero Gavin simplemente lo ignoraba.
Quería ayudarlo a sentirse mejor, pero sabía que la idea de ser un espíritu no era fácil de digerir y menos de aceptar. Así que solo continuo a su lado en silencio...
◣◥◣◥◤◢◤◢◣◥◣◥◤◢◤◢
Gavin estaba sentado en el jardín de la casa de Nines, rodeado de gatos que lo miraban y se refregaban en el pasto cerca de sus pies. Gavin les sonreía, por momentos se olvidaba que era un espíritu y se agachó sobre sus talones para acariciar a uno de ellos, pero no pudo hacerlo. Su mano atravesó el pequeño peludito y Gavin agitó su cabeza confundido.
Nines lo observó por la ventanilla de la cocina, preparando un té para su hermano mayor quien había pasado algunas tardes allí para continuar con la investigación. Su relación había mejorado gracias al comentario de Gavin y ahora Connor sonreía mucho más. Y él también.
Mientras, Gavin comenzaba a angustiarse por todo: no poder comer, no dormir o sentir calor. Su vida había sido solitaria desde pequeño, por lo que estaba acostumbrado a estar solo. O lo estaba por lo menos, hasta que conoció a Milo. Él era un pequeño gato de pelaje oscuro y ojos grises como los suyos, que encontró en una de sus tantas vigilancias nocturnas cuando aún era policía.
Aunque, sinceramente, pareciera que Milo fue que lo encontró a él. Y había sacado a Gavin de la oscuridad, guiándolo a lados de sí mismo que no conocía. Preocuparse por la temperatura de la casa, comprar juguetes coloridos y ruidosos, cuidar de no fumar dentro y de buscarlo siempre que se escapaba por los tejados. Quedarse allí, arriba mirando el atardecer juntos...
Cuando lo encontró en el pavimiento, luego de haber hecho horas extras en el trabajo y que sintiera que el tiempo pasará demasiado rápido, fue cómo si eso que venía de forma rápida se detuviera de pronto y simplemente cayera por inercia.
Milo falleció en la veterinaria, dentro de una incubadora que habían colocado para que recuperara el calor luego de dos meses de tratamientos para que se recuperara. Allí su corazón se detuvo. Gavin estaba en el trabajo cuando recibió la llamada.
Recuerda decirle, antes de irse a trabajar, que se cuidara y que no sea estúpido y se recuperara. Y conociendo a Milo, a quién le gustaba hacer la contraria siempre y continuar arañando el sofá, quizás ni siquiera lo había entendido.
Después, el tiempo solo continuo.
No lento, tampoco rápido. Solo que esta vez se daba cuenta de su paso.
Si no hubiera sucedido esto, de haber estado en una clase de trance, en el patio de un médium que apenas conocía quizás hubiera continuado regresando a casa y subiendo al tejado, para ver si quizás el pequeño regresaba.
―Connor ya se fue ―Nines mencionó, saliendo por la puerta trasera para dirigirse hacia él. Gavin parecía despertar de un recuerdo, uno profundo desde el punto de vista del médium y levantó su cabeza para mirarlo―. ¿Te encuentras bien?
―Si... ―respondió vagamente y sobó su nariz―. De hecho... ―Gavin apartó la mirada por un momento y se puso de pie―. Dijiste que eras médium, ¿no?
Niles asintió, aunque la respuesta fuera obvia.
―Entonces... quizás puedas ayudarme a ver a un viejo amigo.
◣◥◣◥◤◢◤◢◣◥◣◥◤◢◤◢
―Deja de preocuparte por que piensen que eres un ladrón. Mis vecinos son unos hijos de puta que nos les interesa nada más que sí mismos. Como yo, así que sé que no le importará que entres a mi casa ―Gavin rodó los ojos, lucía impaciente por entrar a su casa. Aunque podría hacerlo, ya que simplemente podría atravesarla.
Pero, por alguna razón, no quería entrar solo. No porque creyese que Milo fuese un espíritu malo, solo que no sabía cómo iba a reaccionar si lo volvía a ver. ¿Debería disculparse por llegar tarde a casa esa noche? ¿Debería abrazarlo? ¿Y si se sentía solo? Milo siempre había sido muy dependiente de compañía.
Nines, ajeno a los recuerdos y peleas internas de Gavin de las que este no había trasmitido, decidió levantar la piedra en la que el detective solía esconder una llave extra e ingresó al domicilio.
Era una casa típica. Deteriorada, quizás sí, fría y de paredes blancas. Un sofá desgastado y arañado, platos y vajillas acumuladas en la cocina y una vieja taza de café abandonada en la mesada. La energía de ese detective estaba por doquier (como estelas de autos en la carretera), que creía que podía leer por completo la vida de Gavin: sus malos hábitos y sus lugares favoritos en dónde estar.
―Ugh, olvide eso ―Gavin miró los platos en su cocina,―. Puto asco, esos platos tienen hongos ―dijo con disgusto y el médium lo miró con una mirada juzgadora―. No me disculpare por mi mierda.
―No lo hagas, entonces ―él encogió un hombro.
―¿Y bien? ―Gavin se detuvo en el comedor de la casa y abrió sus brazos a hacia los costados, mostrando sus palmas―. ¿Puedes verlo?
―¿A quién? ―preguntó con curiosidad ante la repentina pregunta del detective.
―A Milo ―le respondió como si fuera algo obvio―. Es un gato, negro y pequeño... ¿Necesitas algo de él para verlo? Tengo... tengo... sus juguetes aún en mi habitación ―Gavin se movió rápidamente hacia allí.
La habitación era un desastre y la energía que rodeaba la habitación era triste y oscura. Gavin intentó abrir los cajones, pero su mano atravesaba el mueble y finalmente no podía recoger ninguno de los juguetes.
―Espera, ya se. Ven conmigo ―nuevamente se movió, esta vez se dirigió al pateo de su casa y guio a Nines hacia la tumba en dónde había enterrado a Milo―. Aquí, ¿Puedes verlo?
Nines miró a Gavin a los ojos, lucía desesperado por su respuesta. Por lo que tomó unos segundos en darle la respuesta a ese hombre frente a él. Este, al no obtener una respuesta rápida resopló con una mirada incrédula.
―Lo sabía ―retrocedió en sus pasos, alejándose de la tumba y de Nines― Sabía que solo eres un estafador más, como los otros. Lo sabía, joder ―lucía herido por alguna razón.
―Aún no te he respondido, Gavin ―le dijo con calma.
―Pero por tu expresión, sé que la respuesta es no. Soy un maldito detective, Nines― le recordó― No necesito pensarlo demasiado... y viendo tu puta expresión se que al igual a todos los malditos médiums que he contratado para ponerme en contacto con él, tú eres un estafador más... como ellos.
―Gavin ―Nines, sin embargo, sabía que esas palabras y ese odio, resentimiento, no era dirigidos hacia él. Por lo que relajo aún más su expresión e intento ser lo más comprensivo.
No conocía a ese detective. Quizás el ir a la casa, compartir su miedo por la muerte y esta extraña situación en la que estaban envueltos los había hecho sentir cercanos, pero... aún estaba buscando las palabras adecuadas para decirle todo lo que veía allí.
―No sé si estas preparado para escucharlo y temo que eso te duela ―Nines confesó.
―He visto cosas horribles en mi trabajo, hombre. ¿Qué puedes decir que me lastime? Solo dilo, joder ―exigió, cruzando sus brazos sobre su pecho.
―Milo no está aquí...
―Lo sabía ―Gavin dijo entre dientes.
―En este momento ―terminó de decir.
―¿A qué te refieres con "en este momento"? ―él lo miró confundido por su respuesta.
―Milo ha estado aquí ―le contestó, ―. Todos los días, después de su muerte, por alguna razón su espíritu quedó ligado a ti. Y puedo ver sus pasos, sus huellas cerca de todos los lugares en dónde te gustaba estar. El sofá, la ventana... en la encimera en dónde tomas café.
Los brazos sobre el pecho de Gavin cayeron ante la revelación del médium.
―¿Qué quieres decir...?
―Que, aunque no pueda verlo ahora, siempre te siguió. Ven, déjame mostrarte algo ―Nines le indicó y el detective lo siguió.
Gavin no podía ver lo que él... pero las huellas estaban allí. Todos sus pasos estaban acompañados de unos pasos pequeños y torpes. En dónde Gavin fuera, ese espíritu iba con él. Intento explicárselo lo más suave posible, pero aun así... no detuvo las lágrimas del hombre.
Nines se mantuvo a su lado, dejando que Gavin llorará lo que necesitara. Había intentado acercar su mano al hombro de él, pero recordó que no podía tocarlo más allá de su corazón. No era la primera vez que veía a un hombre llorar, pero fue la primera vez que sintió la necesidad de abrazarlo y consolarlo. Por alguna extraña razón, sentía el dolor de Gavin suyo.
Le recordó cuando falleció su madre y por más que pudiera ver todos los espíritus del mundo, a ella jamás volvió a verla. Ella se había ido en paz... y eso es lo que hay que se supone que deseamos a quiénes se van. Pero el deseo de verlo, despedirse y todos los arrepentimientos de Gavin habían terminado por retener el espíritu de Milo allí.
―Él era mi vida ―Gavin dijo con la voz quebrada por el llanto.
―Él es parte de tu vida ―Nines habló, con voz suave.
Gavin dejó de llorar por un momento y gimoteó. Lo profundo de esa afirmación lo había llevado por sentir sus propios latidos de su corazón en su pecho. Todos sus recuerdos juntos, los felices, locos y divertidos pasaron por sus ojos. Aunque ahora estaba perdido de su propio cuerpo, pudo sentir el calor de sus propias lágrimas caer por sus mejillas.
Poco a poco, pudo dejar de llorar y una sensación de calma y tranquilidad rodeo su espíritu. Se sentía ligero, determinado a continuar con vida. Otra vez, sentía que Milo le estaba enseñando a vivir.
―Qué vida de mierda ―Gavin carcajeo suavemente, mirando los alrededores de su casa. Desordenada, sucia y descuidada.
―Bueno... eso puede arreglarse ―dijo Niles y se arremango las mangas de su camisa negra.
―Espera, ¿Qué vas a hacer...?― Gavin lo siguió con su ceño fruncido.
◣◥◣◥◤◢◤◢◣◥◣◥◤◢◤◢
Gavin no reconocía su propio hogar: después de arremangarse y sonreírle, Nines paso toda la tarde limpiando el lugar. Tiró bolsas y bolsas de basura, movió los muebles, lavo los platos acumulados y abrió las ventanas. La luz ingresaba por todos lados, tanto que los rayos de sol atravesaban su espíritu.
―Sabes que... no va a durar ni una semana cuando regrese ―Gavin negó con la cabeza, sonriéndole a Nines.
―No lo creo ―respondió él.
―Eso lo veremos... ―Gavin lo tomó como un reto y se determinó a hacerle la contraría una vez que regresará.
Ambos se sonrieron y se dirigieron al pateo de la casa, en dónde Milo estaba enterrado. Y se quedaron allí, esperando la llegada de la noche, compartiendo un silencio cálido. Gavin se veía mejor.
―Oye.
Nines lo miró― ¿Sí?
―Me da curiosidad... si dijiste que Milo siempre estaba conmigo, ¿Dónde estará ahora?
―Mm ―el médium pensó en voz alta―. Buena pregunta, en realidad es extraño que se haya alejado.
―O quizás no y él esta con mi cuerpo ahora... ―Gavin reflexionó―. ¿Te imaginas eso?
Lo había dicho de broma, pero de repente tuvo sentido para los dos. Ambos abrieron los ojos y se miraron fijamente por un momento. Y rápidamente se dirigieron hacia la entrada y Nines vio las huellas del gato salir de la casa y dirigirse a una dirección.
◣◥◣◥◤◢◤◢◣◥◣◥◤◢◤◢
―¿Cómo sabes que las huellas que estamos siguiendo es de Milo y no de cualquier otro gato fantasma? ―Gavin le preguntó, observando a Nines seguir el rastro de las huellas con concentración.
―Simplemente lo sé ―respondió convencido.
Era de noche entonces, pero no podía dejar pasar un día más con esa nueva posibilidad. Si bien, nada le aseguraba que el espíritu de Milo siguiera al cuerpo de Gavin, necesitaba comprobarlo.
―Ey, ey ―el espíritu de Gavin se paró frente a Nines―. Detente, escúchame―él colocó su mano en el pecho del médium, atravesándolo―. Es peligroso para ti ir allí, nos estamos alejando de todo y no quiero... no quiero que te suceda nada por culpa de mí.
―Gavin...
―¡No! Tienes que hacer lo que te digo. Llama a Connor y dile que has encontrado algo, pero no te enfrentes a ese hombre solo ―Gavin lo miró fijamente, preocupado―. Por favor.
―Está bien. Llamaré a Connor.
◣◥◣◥◤◢◤◢◣◥◣◥◤◢◤◢
El médium avisó a la policía y Connor estuvo allí en dos segundos, cómo si hubiera estado pendiente del teléfono todo ese tiempo. Las huellas de Milo lo llevaron a un lugar abandonado, una especie de hospital antiguo que había sido clausurado desde 2010.
La policía rodeo el lugar y la persona que había estado escondida allí intento escapar. Connor rápidamente pudo atraparlo y lo reconocerlo: era el sospechoso principal de Gavin que habían liberado por falta de pruebas.
Dentro del hospital, encontraron encerrados a muchos adolescentes desaparecidos y a vagabundos, tanto, así como cadáveres de otros desaparecidos. El cuerpo del Detective Reed fue dificil de encontrar, este se encontraba escondido en una habitación en el piso más alto del hospital. Allí lo encontraron en una especie de coma inducido, y al lado suyo estaba toda la maquinaria que monitoreaba su actividad. Además, tenía tubos conectado a él y había sobrevivido esos meses debido a que era alimentado por vía intravenosa.
Gavin estaba por entrar en la habitación del hospital con nerviosismo, Nines lo acompaño y con un gran respiró ingreso. El médium pudo ver que las huellas del pequeño gato recorrían el ingresó y terminaban en la camilla. El espíritu pudo ver a su pequeño amigo a quién no había visto hace tiempo... Milo se encontraba con su cabeza apoyada en el pecho de Gavin, mirándolo fijamente, cómo si esperara a que despertará y lo cuidará con delicadeza.
―¡Ey, bebé! ―Gavin lo llamó con alegría y nostalgia. El espíritu del gato movió su oreja en dirección al llamado, reconociendo la voz de su amigo. El maulló y saltó hacia él en sus brazos.
Gavin lo agarró en el aire y lo tomo entre sus brazos con cariño, chocando su frente contra la del pequeño gato negro y haciendo un suave mimo con su cabeza.
―¿Estuviste aquí todo el tiempo? Si que no puedes pasar un minuto sin mí, lo supe desde que eras bebé ―le dijo, mirándolo con los ojos brillosos. El gato no respondió, simplemente ronroneó y se acomodó entre sus brazos para cerrar sus ojos despacio―. Descansa Milo y.… gracias.
Y una vez que sus ojos se cerraron por completo, el espíritu del gato se desvaneció con un pequeño resplandor. Gavin sonrió y apoyó su propia mano en su corazón una vez que Milo se fue en paz. Nines miró la escena con ternura y observando en silencio como el alma de Gavin regresaba a brillar y sus ojos se encontraban.
―Sus signos vitales son correctos ―habló Connor, observando con detenimiento y dedicación las máquinas que estaban conectadas a Gavin―. Allí, no logro identificar que sustancia es esa de color... ―Connor miró el suero a su derecha―. Azul... La ambulancia está en camino, debemos aguardar.
Nines asintió.
◣◥◣◥◤◢◤◢◣◥◣◥◤◢◤◢
Neil Franklin confesó luego de ser arrestado.
―¡NO ME ENTIENDEN! Las limitaciones, el hambre, el tiempo, todo lo que limita al ser humano puede ser superado... solo dividiendo el cuerpo de la conciencia ―explicó, con sus manos atadas en la mesa de interrogatorios―. Mi investigación puede cambiar al mundo, ¡Podemos convertirnos en dioses!
―¿Y por eso debió asesinar a más de veinte personas? ―Connor cuestionó con dureza, deslizando las fotografías de los fallecidos.
―La ciencia siempre conllevo sacrificios... Esas personas no tenían futuro, no eran NADIE. Y, sin embargo, ahora pueden ser recordados por haber ayudado a la humanidad a transcender ―dijo con entusiasmo―. Mi intención nunca fue matarlos, pero sus mentes eran débiles y no pudieron soportar mis experimentos.
―Entonces confiesa que usted los asesino.
―En el nombre de la ciencia, por supuesto que si ―confesó con soberbia, sonriendo.
Connor negó con la cabeza ante la actitud del otro hombre y miró el espejo de la sala de interrogatorio y levanto su dedo pulgar. Del otro lado estaba Nines y el espíritu de Gavin, escuchando la confesión de Neil con otros policías.
◣◥◣◥◤◢◤◢◣◥◣◥◤◢◤◢
Gavin tardó en poder limpiar toda la anestesia y quién sabe lo que fuese ese líquido azul que inyectaron en su cuerpo... los médicos aún continuaban buscando explicación y Gavin seguía sin despertar.
Pero pronto lo haría, supusieron ellos porque el espíritu del detective comenzaba a desvanecerse de a poco junto al médium quién continuaba haciéndole compañía y esperaba al lado del cuerpo dormido de Gavin con paciencia.
―Creo que... bueno, es extraño, pero siento que estoy por despertar ―le dijo al médium―. Como cuando tomas conciencia dentro del sueño y luego abres los ojos.
―Me alegro por ti, Gavin. Eres un buen detective ―Nines se acercó a él, quitando su vista del libro entre sus manos y dejando este en la mesa de luz―. Fue un gusto conocerte, si hubiera sido en otras circunstancias siento que hubiéramos sido buenos amigos.
―No te despidas de mí, idiota, yo aún no me he ido ni he terminado de decir lo que tengo que.
Nines parpadeó ante las palabras del espíritu.
―Hombre, realmente… gracias.
El hospital central de Detroit tenía varios pacientes, pero Gavin se encontraba en una sala privada, por lo que Nines no tenía problemas de hablar y que lo internaran a él también.
―¿Por qué me agradeces, Gavin? ―preguntó sinceramente.
―Porque salvaste mi puta vida amigo, quién sabe qué hubiera pasado ―Gavin le agradeció con honestidad―. Y por... por ayudarme a encontrar el camino a Milo y ayudarme a despedirme de él apropiadamente. Siento que hay algo dentro de mí que dejo de doler...
―Teníamos un trato... yo solo... ―Nines no sabía cómo afrontar la repentina sinceridad del detective. Tampoco sus sentimientos internos: porque claro, al principio fue un trato. Pero dejarlo involucrarse en su vida e involucrase el también en la suya, no un requisito necesario para terminar su trato.
Además… esa extraña conexión entre ellos. Aún siente los latidos de Gavin en los suyos.
―A la mierda con eso ―Gavin negó con una sonrisa en sus labios―. Se que te prometí que cuando todo estuviera en su lugar me iría, pero... de hecho, no quiero irme. Quiero… conocerte ―le confesó.
Nines supuso que, si fuera Gavin en su cuerpo y con las limitaciones que normalmente nos ponemos, no hubiera escuchado esas palabras de su parte. Su espíritu comenzó a difuminarse como rayos de sol y el médium aún podía ver su corazón, latiendo. Sin saber como responder ante su confesión, solo continuó mirándolo.
―¿Conoces el Mentalista?
―¿Creo que sí?
―Esa, la del psíquico detective...
―Ah, sí. La conozco, ¿Qué pasa con esa serie? ―Nines frunció su ceño.
―Eso. Quiero... que te unas a mí, que seas mi ayudante. Tienes potencial, Nines y me gustas, me gustaría que cuando despierte, continues aquí.
―Me encantaría ―Nines aceptó su propuesta y sonrió, ambos compartieron una sonrisa mientras Gavin se desvanecía de a poco y su cuerpo comenzaba a abrir los ojos.
Nines rápidamente llamó al personal del hospital.
◣◥◣◥◤◢◤◢◣◥◣◥◤◢◤◢
―Joder, sabía que ese hijo de puta era el culpable ―Gavin despertó, su cuerpo había perdido masa muscular y se sentía como la mierda, pero estaba vivo―. ¡Y me llamaron loco, idiotas!
―Si, tenías razón...
―Gracias por decir lo OBVIO, Connor― Gavin lo miró con mala cara―. Y por quedarte con el crédito de toda mi puta investigación ―murmuró con recelo.
―Gavin... ―su amiga, Tina Chen lo regañó y golpeó su cabeza con una margarita. Le habían llevado flores y donas para cuando se recuperara.
―Oh, si, también por salvar mi culo.
Connor suspiró ante el agradecimiento a regañadientes de su compañero de trabajo.
―De hecho, respecto a eso último... en realidad, no tienes que agradecerme a mí. Fue Nines quién salvo tu vida y te encontró.
Gavin entrecerró sus ojos con confusión y recelo.
―¿Y quién carajos se supone que es Nines?
―¿No conoces a Nines? ―Tina abrió los ojos con sorpresa―. Es un médium muy reconocido de la ciudad…
Gavin pestañó como si fuera idiota.
― ¿Médium...? Pf ―él contuvo la risa por un momento y comenzó a reírse con fuerza―. ¿Un MEDIUM me encontró? JAJA, como debe ser de mierda nuestro sistema de seguridad que tuvo que intervenir un jodido estafador para encontrarme.
―Cree lo que quieras, pero Niles te encontró y le debes la vida ―Tina le dio un golpe en la cabeza nuevamente con la margarita y Gavin se quejó.
―Espera, ¿No estas bromeando? Nines te buscó como un loco, parecía que ustedes se conocían... hasta creí que te estabas cogiendo al hermano menor de Connor ―susurró Chris lo último a su oído para que Connor no escuchara. Sin embargo, este lo escuchó de todas formas e hizo una mueca.
―Joder no ―Gavin se burló de la expresión de Connor y negó―. No lo conozco a ese tal... Nines. Pero si es hermano de él, debe ser un dolor de culo.
◣◥◣◥◤◢◤◢◣◥◣◥◤◢◤◢
Gavin odiaba los hospitales, pero tenía que admitir que estaba pasando el mejor momento de su vida. Había estado durmiendo por meses y ahora comía las cuatro comidas diarias, ¡Con postre!
Le habían dado su celular y la mayoría del tiempo se la pasaba viendo videos en las redes sociales y disfrutando de descansar luego de haber estado toda su vida corriendo de aquí para allá.
Le dieron el alta poco después de un tiempo, pero le dijeron que por el momento solo se dedicara a realizar trabajos de escritorio hasta que consiguiera ganar masa muscular y volver a tener la movilidad de su cuerpo por completo.
No recordaba nada de su extraña aventura con ese par de ojos celestes, pero lo soñó una o quizás todas las noches siguientes. Pero ese hombre nunca fue a buscarlo. Si hubiera sido verdad, que ellos se conocían tal como Connor le había dicho, entonces era un maldito estúpido por no visitarlo en el hospital.
Bueno, Gavin siempre estaba solo. No le sorprendía. Aunque por alguna razón... Gavin acarició su pecho pensativo... sentía que estar solo no dolía como antes. Tina lo llevó a su casa y lo dejó allí.
Gavin ingresó a su casa y se quedó perplejo: no solo por el frio que entraba por la ventana abierta, sino también porque todo lucía tan limpio, limpio y tranquilo. Camino despacio por los rincones de la casa cómo si estuviera en una especie de sueño profundo, vio los rayones de Milo en el sofá y los acarició, sus juguetes favoritos y se dirigió casi por inercia a su tumba en el pateo de su casa.
Caminó allí y miró su collar de Milo en su muñeca.
El viento revolvió su cabello y.… por alguna extraña razón ese día no tenía ganas de llorar ni su pecho se hundía ni dolía desgarradoramente. No podía describirlo con exactitud, pero se sentía como aquellas noches en dónde encendía un cigarrillo y se tiraba en el sofá, mientras Milo se subía a su pecho para escuchar sus latidos y comenzaban alguna pelea absurda.
O esa vez, en el tejado mirando el atardecer, luego ese amanecer en dónde desayunaron en la misma mesa y le compartió de sus tostadas...
Esa tranquilidad y calidez la sentía ahora. Así que, sin pensarlo, desabrochó el collar de su muñeca y la colocó arriba de las margaritas sobre la tumba de Milo.
―Esto es tuyo, amigo mío.
◣◥◣◥◤◢◤◢◣◥◣◥◤◢◤◢
Gavin cambio los canales de la televisión y todos decían lo mismo: “psíquico ayuda a encontrar a un asesino”. “Psíquico salva a detective”... “psíquico participa con el departamento de policía de Detroit y halla los cuerpos desaparecidos”.
La curiosidad picaba su espíritu, necesitaba saber si era verdad. Si ese tal... Nines realmente había salvado su vida. Y aunque no sabía cómo lo había hecho, seguramente se trataba de algún estúpido engaño.
Gavin se puso de pie, tomó su chaqueta y buscó rápidamente en internet la dirección del psíquico. Se sorprendió al darse cuenta de que tenía su dirección guardada en un bloc de notas, junto a muchas otras tachadas con el nombre de Milo.
Ah, cierto. Antes de que todo esto sucediera, había buscado a médiums para contactarse con su gato. Si, de hecho... había renunciado luego del tercer médium le dijo que tenía que dejarlo ir y le había quedado pendiente conocer a este supuesto y reconocido médium.
Gavin subió a su motocicleta y condujo hasta el lugar, según Google aún estaba abierto así que aprovecho el impulso y la determinación para ir en ese momento.
Por su parte, Nines estaba sentado en su consultorio.
Con sus ojos cerrados y la respiración suave, esperando a su siguiente cliente del día. Susana, de 54 años que quería consultarle por su esposo o algo así le había mencionado cuando pidió el turno por teléfono.
Pero, de en vez de ser ella, un hombre entró a la consulta con un portazo. El viento que produjo su interrupción desordenó el jardín zen de arena y revoloteó el humo del sahumerio. Nines no necesitaba levantar su cabeza para darse cuenta de quién era...
Sonrió y sus ojos celestes se abrieron para mirar los ojos de ese hombre.
―Hola, Gavin.
FIN.
