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Según Julián, la mejor palabra para describir a Enzo era “pelotudo”. Y que no se malinterprete, Julián quería muchísimo a su mejor amigo, pero había ocasiones en las que la palabra tan sólo se le salía de la boca antes de que lo pensara.
Enzo es un increíble amigo, atento, alegre y mil adjetivos más positivos, pero Enzo era un pelotudo.
No era una mala persona, tan solo que… A veces actuaba sin pensar, y eso solía traerle consecuencias.
Y este era uno de esos casos.
Julián suspiró antes de tocar el timbre de la casa de Enzo. Hace pocos días habían regresado de Argentina a Inglaterra junto a otros jugadores que también jugaban en la Premier League y luego cada quien regresó a su casa para comenzar con sus vacaciones, con el pequeño detalle de que Enzo aún no se había podido relajar. Pasó de estar en la cúspide de la felicidad, levantando la Copa América, a estar con un pie afuera del Chelsea.
Enzo abrió la puerta rápidamente y suspiró aliviado cuando vio que era su mejor amigo —Ay Juli, sos vos boludo. Me quiero re matar. Vení, pasá.
Julián pensó en putearlo, incluso reclamarle, pero tenía el pánico en todo su rostro y le dio un poquito de pena —Sos un pelotudo amigo, ¿qué querés que te diga?
Enzo caminó hasta llegar al living y se dejó caer en el sillón —Ya sé boludo, me quieren rajar.
Julián alzó ambas cejas sorprendido y se sentó al lado de él —¿Cómo que te quieren rajar? Es un video de mierda, Enzo. No mataste a nadie.
—Ya sé pero les cayó para el orto. Pedí disculpas y todo pero me dicen que no quieren quedar con una mala imagen y yo qué sé. Además hay un montón de franceses re calientes, me están re puteando en el grupo de WhatsApp.
—¿Pudiste hablar bien con ellos? Capaz no lo entienden como nosotros…
—Lo intenté, pero no me dan ni pelota. No sé qué voy a hacer… Me están presionando para que sea yo el que se vaya del equipo, ¿pero a dónde mierda me voy? Con el quilombo que se armó no me van a querer en ningún lado.
Juli suspiró, preocupado por su amigo, y levantó su mano para hacerle unas caricias en el pelo. Era una costumbre que tenían desde hace muchos años cuando estaban solos, desde la época de River Plate. Enzo se acercó casi al instante y apoyó su cabeza en el hombro de su amigo, necesitando relajarse.
—¿Hablaste con el DT?
—Si, pero poco y nada… —murmuró mientras desbloqueaba su celular y se lo pasaba a Julián— No es como Pochettino, este no me da ni pelota.
Julián rodó los ojos viendo el último mensaje de su entrenador que decía “That’s not my problem, Fernandez.” De reojo pudo ver que tenía más de mil mensajes en un grupo del Chelsea y después muchas conversaciones individuales sin responder, incluído su representante.
—¿Y si haces un vídeo? Capaz una historia en Instagram les parece poca cosa y quieren algo más… No sé, algo más serio.
—No tengo porqué disculparme de una mierda, Juli. Éramos como veinte en ese micro cantando esa canción pedorra.
—Pero sos el único pelotudo al que se le ocurrió filmarse en un Vivo. Sabes cómo están con el tema del racismo y eso acá en Europa, son re densos.
—Si, ya sé… Que bronca loco. Todo por un pelotudo que lo subió a Twitter.
—No quieras hacerte el inocente, Enzito. Ya sé que para nosotros las canciones de cancha mueren en esa, pero para los franceses les dijiste inmigrantes vende patria. Y cometrabas a Mbappe.
—¿Mentí?
—Enzoo —se quejó Julián, tirando de un mechón de pelo.
Enzo se rió y se dejó caer sobre su amigo, un poco más relajado tras hablar con él.
—Igual viste que Mbappe no está enojado, Leo dijo que se cagó de risa.
—Mbappe es medio argentino, es un capo.
—Si… Pero eso no quita que tenés que buscar club nuevo si no queres insistir. Y si fuera vos, empezaría por responderle a tu representante.
Enzo iba a responder pero Julián lo interrumpió.
—Treinta y siete mensajes tenés de él boludo. Por lo menos da señales de vida.
Enzo suspiró —Uriel no sabe una mierda. Si es por él, me vende por dos pesos con cincuenta a China. Para eso, mejor cuelgo los botines y listo.
Julián detuvo las caricias en el pelo de Enzo y se enderezó, viéndolo a los ojos.
—No vuelvas a decir semejante pelotudez —soltó, ofendido—. ¿Cómo vas a colgar los botines? ¿Estás loco vo’?
—Yo no quiero terminar en ninguna liga de un país falopa, Juli —se lamentó—. Imaginate irte a jugar a Asia o a Arabia Saudita, es horrible.
Normalmente lo corregiría a Enzo, diciéndole que Arabia Saudita está en Asia, pero por única vez lo dejaría pasar.
—No te vas a ir a un lado que no quieras, tranquilo. Mirá qué te ofrecen, que seguro hasta encontrás algo acá en Inglaterra y a bajar cabeza con el tema salario y eso. No hay más que eso.
Enzo resopló y agarró el celular de nuevo, viendo los mensajes de Uriel, su representante. Julián aprovechó e hizo lo mismo, buscando a uno de sus contactos.
“Tengo un problemita, después te llamo” escribió.
Mientras tanto, Enzo hablaba con Uriel que lo puteaba en mil idiomas por no contestarle antes.
—Bancame que lo voy a llamar mejor.
—Dale, ¿me armo un mate?
—Si si, mandate —respondió Enzo mientras se ponía de pie y se alejaba para tener un poco más de privacidad.
Julián aprovechó para ir a la cocina. Conocía ese departamento como la palma de su mano de tantas veces que había estado allí. Durante el año solían aprovechar cuando tenían un tiempo libre y viajaban las cuatro horas que los distanciaban, o también cuando sus clubes se cruzaban en cualquier competencia. Ahora que estaban de vacaciones tenía pensado quedarse un par de días, pero sabía que estos no serían muy calmos. La situación de Enzo le preocupaba, pero más aún que cometa una locura cómo colgar los botines por no lograr entrar en un club de élite.
Suspiró mientras se ponía de puntita de pie y alcanzaba la yerba que Enzo guardaba para cuando venía él.
Su amigo era un jugador de la re puta madre. Incluso si se mandó una cagada así, que el Chelsea lo quiera directamente sacar del plantel le parecía sobreexagerado. Podía llegar a entender una sanción, económica o de partidos, o lo que sea. Pero llegar a este punto para “limpiar su imagen” le parecía absurdo.
Preparó el mate como sabía que a Enzo le gustaba y puso el agua a hervir mientras lo veía en la habitación de al lado caminar de un lado al otro, nervioso.
No era por alardear, pero Julián sentía que conocía a Enzo mejor que todo el mundo. No todos sabían cómo reaccionaba cuando se estresa, cómo ayudarlo a liberar estrés, cómo acompañarlo en este tipo de momentos. Y sabía muy bien lo mucho que Enzo odiaba los cambios abruptos, y su salida del Chelsea no era sólo un cambio en sus compañeros de equipo, seguro también implicaba una mudanza a otra parte del país o incluso cambio de país. Ni hablar si se tenía que ir a algún sitio como Alemania o Italia, porque tendría que aprender otro idioma y apenas estaba agarrándole la mano al inglés como podía.
Cebó el primer mate y se lo alcanzó a Enzo justo cuando cortó su conversación.
—Lo voy a rajar a Uriel, está re pelotudo.
Julián sonrió con los labios apretados, abrazando el termo —¿Qué te dijo?
—Me dice que o Arabia Saudita o volver a Argentina, está en pedo.
—No puede ser Enzo, ¿acá en Inglaterra nada?
—No está buscando, está esperando que le lluevan las ofertas, tirado en el sillón de su casa. ¿Qué se piensa?
Julián suspiró mientras le cebaba otro mate —¿Y qué te dijo?
—Que va a preguntar en algunos clubes de acá, pero la ve medio complicada con el tema contrato.
—Claro… Bueno, tranqui. Se va a solucionar. Con el Chelsea ya nada, ¿no?
—No, olvidate. Yo ofrecí mis disculpas y aceptar una multa económica, pero algunos pelotudos del plantel presionaron y bueno, no sé, se ve que no me quieren por ahí. Ya está, me voy a la mierda.
—Que compañeros de mierda, boludo. Para mi te re hicieron la cama.
—¿Vos sabes que si? No lo entiendo sino…
Se quedaron en silencio un par de minutos, tan sólo mirando por el ventanal del gran living y disfrutando del mate que había preparado Julián. Éste fue a buscar la mochila con la que vino y sacó un alfajor que sabía que a Enzo le encantaba, y más para momentos como estos.
—Fa, como me conoces eh —sonrió Enzo, aceptando el regalo de su mejor amigo—. ¿No te queres casar conmigo?
—Dale pelotudo —sonrió Julián—. Te conozco un toque, sé que son unos días horribles pero ya van a pasar. Si te puedo ayudar… yo encantado.
Enzo sonrió un poco conmovido y abrazó a su amigo con cariño —Gracias… No sabes lo que me hacía falta un Juli estos días. Menos mal que viniste.
Julián abrazó la espalda de su amigo y le dio un par de palmadas, queriendo relajarlo —Siempre estoy para vos amigo. ¿Querés jugar un FIFA? Capaz se te pasa después de perder un par de veces.
Enzo se rió y movió sus manos, haciéndole cosquillas a su mejor amigo. A este casi se le cae el termo e incluso mojó con algunas gotas de agua caliente a Enzo, pero no podía soportar las cosquillas.
El día se les pasó muy rápido. Jugaron a algunos videojuegos en el living, cocinaron juntos, se reían viendo estupideces en TikTok y cuando ya era la hora de irse a dormir, Julián partió a la “habitación de invitados”. Solo Julián lo llamaba así, para Enzo ese era el cuarto de Julián, hasta cosas del City tenía.
—¿Trajiste para dormir? —preguntó Enzo desde la puerta.
—No… pero creo que me había quedado ropa de la última vez que vine —respondió mientras se ponía de pie y buscaba entre los cajones, hasta que encontró una remera de algodón con un estampado de River.
—Boludo, estoy por hacer un cartelito que diga "Juli" y ponerlo en la puerta. Tranquilamente podes venirte a vivir.
—O vos conmigo, si vas para Manchester.
Enzo soltó una risita —Si… tenes razón. Estaría lindo irme para el United.
Julián se estaba cambiando de remera cuando escuchó a Enzo nombrar a su rival directo —¿Qué decís boludo? Al City tenes que ir.
—Dale Juli, ni en pedo me llaman del City. Tienen un plantel de la re puta madre, no creo que quieran meter a nadie nuevo. Además ya tenían un quilombo los dirigentes, no me acuerdo porqué…
—¿Vos sos consciente que valiste más de cien palos o te haces el boludo? Sos un genio amigo, eras de los pocos que jugaban a algo en el Chelsea… No te tires tan abajo, no está bueno.
Enzo sonrió y se dejó caer en la cama de Julián —Ya sé boludo, pero no puedo hacerme el pelotudo. Ahora con lo que pasó, si algún club paga diez palos ya es un montón.
Julián lo codeó, tirado al lado de él —No seas pelotudo. Estoy seguro que algún club acá en Inglaterra te va a fichar, así que no aflojes. Si algo bueno tenemos los argentinos es que tenemos el autoestima por el cielo. Además que no me gusta verte tan bajoneado.
Enzo giró su cabeza, viendo el perfil de su mejor amigo. Juli solía ser muy callado, pero cuando hablaba lo hacía con el corazón, y era hermoso.
—Supongo… Gracias.
—No me agradezcas, vos también me ayudaste un montón de veces. ¿Te acordas el año pasado? Apenas habíamos llegado los dos a Inglaterra, no sabíamos un carajo de inglés, no teníamos departamento ni nada… Fue un desastre.
A Enzo se le escapó una risa —Menos mal que el Dibu está re canchero con el idioma, sino estaríamos los dos viviendo en los vestuarios de nuestros equipos.
Juli sonrió, de acuerdo con eso —Si te soy sincero, a mi me gustaba mucho más España. Imaginate jugar en el Barcelona o en el Madrid… O en el Atleti con Moli, Rodri, Angelito…
—Además que no te tenes que preocupar por este idioma de re mierda.
Julián sonrió de acuerdo y se quedó en silencio, escuchando a su amigo sobre sus quejas, sus preocupaciones y todo lo que le cruzaba por la cabeza, mirando su perfil.
A pesar de que intentaba ser el más calmado de los dos, no iba a mentir; la idea de no ver a Enzo hasta la próxima fecha FIFA le generaba un alto grado de ansiedad. Enzo era mucho más que un amigo para él, y no verlo por tanto tiempo le preocupaba muchísimo. Por momentos no entendía del todo la relación entre ellos, porque podía pasar varios meses sin ver a su familia y obvio que los extrañaba e intentaba verlos cada que iba a Argentina, pero con Enzo todo era diferente.
De solo imaginar que no lo volvería a ver hasta que hubiera un amistoso o eliminatorias con la selección, se le hacía una presión en el pecho que le llegaba a doler.
—Boludo, me olvidé de llamar a mi vieja —lo interrumpió, mintiendo—. Vengo en diez.
—Ah si, si, obvio. Mandale un saludito a mi suegrita.
Julián soltó una risita antes de irse de la habitación. Caminó hasta el living y se aseguró de que Enzo no estuviera cerca antes de llamar a su representante.
—Fer, ¿cómo estás? ¿Te desperté?
—Hola Juli, no, no, son las ocho. Decime, ¿qué pasó? ¿Qué decías de un problema?
—Escuchá, tengo que pedirte un favor gigante. Te juro que después te lo recompenso, pero estoy de los nervios.
—Tranquilo Juli, decime en qué te puedo ayudar.
—Necesito que hables con el representante de Enzo, yo te paso el número, viste que con todo lo que pasó se va a ir del Chelsea. Quiero que puedas convencerlo de que se quede acá de Inglaterra o no sé, pero no quiero separarme mucho de él.
Se hizo un silencio un poco largo y Julián tuvo que verificar que no se había cortado la llamada.
—¿Hola?
—Juli, ¿vos y Enzo están saliendo o algo? No es de chusma pero, bueno, ya sabes cómo son con esas cosas.
—¿Qué? No, no, es mi mejor amigo.
—Ah, si, por supuesto.
—Si… Bueno, te encargo eso. Y en el peor de los casos, si se va del país… Quiero que sigas presionando con lo del préstamo o de rescindir contrato. Si preguntan, ya sabes, por falta de titularidad.
Fernando suspiró del otro lado de la línea —Voy a hacer lo posible… No quiero prometerte nada.
—No, está bien. Y que Enzo no se entere en lo posible, sé que suena raro, pero te juro que no tengo otras intenciones.
—No tenes que explicarme nada Juli, anda a dormir que veo que hago, ¿dale?
—Gracias Fer, te lo agradezco.
—No hay de que, Juli. Descansa.
—Gracias, igualmente.
La llamada terminó y Julián respiró pesadamente. La angustia en su pecho disminuyó un poco pero seguía ahí, latente.
Se había vuelto Enzo-dependiente. No quería admitirlo en voz alta porque, bueno, decir que sos dependiente de tu mejor amigo sonaba raro, Fernando tenía razón, pero era solo una amistad, nada más.
Al menos, así lo sentía Julián.
Decidió que mucho más no iba a poder hacer, así que regresó a su habitación y se encontró con Enzo viendo boludeces en el celular. Se quedaron charlando un ratito más hasta que pensaron que lo mejor sería terminar el día.
Enzo se retiró a su habitación, no sin antes darle un gran abrazo a su amigo acompañado de un “Gracias” y se fue a dormir.
Julián sentía que el corazón le iba a mil por hora.
Amigo, mejor amigo…
Habían pasado un par de semanas. Dentro de otro par comenzaría la Premier League y Julián sentía que el corazón se le estaba por salir del pecho de los nervios.
Su representante todos los días le respondía que “hacía todo lo que podía”. Enzo le decía que no tenía que preocuparse por él, que su representante hacía lo posible para que se quede en Inglaterra, y ya estaba empezando a recibir llamadas de parte de Guardiola para hablar sobre la temporada entrante. Encima, todos los medios de fútbol que conocía decían algo completamente diferente, así que no podía fiarse de nada.
Con su mochila en mano terminó de guardar todas sus cosas y suspiró —No puedo no preocuparme… Por más que me lo pidas, ¿qué vas a hacer? En dos semanas empieza la temporada Enzo, ¿qué vas a hacer?
Enzo se acercó a él y le tironeó los cachetes —Ay que lindo que sos, ni mis viejos se preocupan tanto por mi como vos. Quedate tranquilo Juliancito, ya se está cerrando algo pero todavía no está confirmado, por eso no quiero hablar.
—¡Ah! Pero a mi me podes decir, no voy a andar ventilando. ¿Qué club? ¿Acá en Inglaterra?
—Si, es acá en el país, pero no te quiero decir nada, es sorpresa.
A Julián casi se le para el corazón —¿Cómo que sorpresa culiado? Hace dos semanas que me tenes con los huevos en la garganta. Decime, no seas forro.
Enzo se rio y Julián no le pudo sacar ni siquiera ni una pista en todo el tiempo que le quedaba allí. Lo único que sabía era que era un equipo de primera división de Inglaterra y Enzo parecía feliz, así que suponía que debía ser un club grande. Podría ser el Tottenham, United, Arsenal, Liverpool…El City no porque sino se hubiera enterado, además de que el club andaba con algunos problemas económicos y el mediocampo estaba bastante bien cubierto. También podría ser el Aston Villa que juega la Champions League y compartiría plantel con el Dibu. Suponía que cualquiera de esas opciones estarían bien y salvo el Arsenal tenía un compatriota argentino, así que por lo menos se pudo relajar un poco.
Regresó a su hogar con el corazón un poco más tranquilo, con un par de kilos de más por la cantidad de porquerías que se cocinaron con Enzo -porque entre los dos no hacían uno- y la alegría que le quedaba en el cuerpo tras pasar tanto tiempo junto a su mejor amigo.
Una vez en su hogar decidió concentrarse en lo que debería importarle más (aunque no era así), la nueva temporada de la Premier League. Debutaban el domingo 18 justamente contra el Chelsea de locales. Tal vez pudiera ver a Enzo antes o después del partido…
Concentración Julián, concentración.
Dejó sus cosas y se cambió lo más rápido que pudo para llegar al primer entrenamiento del plantel. Saludó al resto del equipo, recibiendo algunas felicitaciones por la Copa América y él felicitó a Rodri por la Eurocopa. El tema de la expulsión de Enzo del Chelsea era noticia furor y obviamente le preguntaron a él, pero intentó hablar lo menos posible. Si no había noticia en los medios, prefería no ser él quien hablara de más.
—And where is he going? —le preguntó Haaland en uno de los ejercicios que hacían juntos. (¿Y a dónde irá?)
—No idea —respondió Julián, encogiéndose de hombros.
—You are keeping it a secret, I get it. That is really cute. (Lo estás manteniendo en secreto. Lo entiendo. Eso es muy tierno.)
—I really don’t know… He didn’t tell me —respondió, un poco inquieto—. He said something about a surprise. (Realmente no sé... No me dijo. Dijo algo sobre una sorpresa.)
Haaland sonrió —Oh, I see. (Oh, ya veo.)
Julián estuvo desconcentrado todo lo que restó del entrenamiento. El asunto de Enzo lo preocupaba, porque a pesar de que le dijo que estaba prácticamente cerrado aún no tenía nada cien por ciento seguro y el tiempo le corría en contrarreloj.
Una vez llegó a su casa, se dio un baño y decidió llamar a su amigo.
—Enzoo.
—¿Qué onda Juli? ¿Ya me extrañas?
Si.
—Jaja. Recién vuelvo del entrenamiento, ¿vos qué onda?
—Estoy guardando mis cosas, para la mudanza.
A Julián le costó unos segundos entender —¿Eh?
—Me mudo Juli, voy a firmar contrato, me dieron el “si”
—¡¿En serio?! Ay boludo menos mal, me tenías re preocupado.
—Si, si. Enzito se queda en Inglaterra nomás. Al final no zafo de tener que aprender inglés.
Julián se rió —Sos, eh. ¿Y? ¿Me vas a decir a dónde o seguis con esa de que es secreto?
—Ya te vas a enterar, tranqui. Primero quiero ir a firmar, y después hablamos bien. Tuve que aceptar un salario medio regular pero antes que nada…
—Si, olvidate —respondió, tirando la toalla por ahí—. Ya dentro de poquito arranca la temporada, así que te van a poner a entrenar como loco.
—Pero si estoy re en forma, olvidate —se rió Enzo del otro lado de la línea—. Hace poquito que terminó la Copa América además.
—No sé eh, a mi acá me dijeron que subí unos kilos. Es un peligro quedarme con vos.
—Ah no seas cara dura, cocinamos los dos eh.
—No sé, no sé, yo te digo nomás —respondió Julián con una sonrisa—. Bueno, te dejo seguir con la mudanza. Suerte Enzurri.
—Gracias Juli, posta. Nos hablamos, chau chau.
La llamada terminó y Julián se dejó caer en el sillón de su living. Sentía que al menos por ahora podía respirar un poco más tranquilo.
Le surgió una duda y buscó en su celular un mapa de Inglaterra. Se puso a pensar, si Enzo se estaba mudando, tan solo podía venir más cerca. Puede que si viniera a Manchester, o tal vez a Liverpool o Birmingham. Sea cual sea el club, Enzo iba a estar más cerca que antes, y eso lo ponía realmente feliz.
Suspiró.
A veces le gustaría poner en palabras las cosas que le pasaban con su mejor amigo, pero para ser sincero le daba miedo hacerlo.
Así estaban bien las cosas, ya está.
Faltaban apenas tres días para el inicio de la temporada y cinco para el partido del City contra el Chelsea. Desde la última llamada con Enzo no habían hablado demasiado, pero Julián no quería molestarlo. Entendía lo complicada que era una mudanza y lo último que quería hacer era ponerlo de mal humor.
Julián no era consciente del poder sanador de su voz ante Enzo, como Enzo tampoco sabía lo mucho que su amigo pensaba en él.
Así en la ignorancia, pasaron los días y Julián estaba regresando de su último entrenamiento. Estaba con la cabeza en cualquier sitio últimamente, y sentía que no estaba del todo atento a las indicaciones que Pep le daba, pero no podía evitarlo. Cuando su DT se ponía hablar sobre tácticas que repetiría antes de cada partido, solía desconectar la cabeza y pensar en su mejor amigo. ¿Cómo la estará pasando? ¿Ya habrá entrenado con sus compañeros? ¿Ya habrá firmado? ¿Por qué aún no había ninguna noticia sobre su presentación?
Con esa nube de pensamientos regresó a su departamento, un poco cansado. Se dejó caer en el sillón de su sala y sin darse cuenta se quedó dormido. Volvió a despertar a eso de las cuatro de la madrugada, completamente desorientado. Como pudo, se acostó en su cama y volvió a dormirse, sin siquiera mirar su celular.
Al día siguiente se despertó y comenzó su rutina de cada día. Desayunó, corrió un poco en la caminadora eléctrica y una vez listo, manejó hasta el estadio, con la mente en el partido de ese día.
Cuando había un partido no solía mirar su celular porque lo distraía y quería sólo enfocarse en el rival y nada más.
Si hubiera mirado el celular antes de entrar al vestuario, no se hubiera llevado la sorpresa que se llevó, viendo a Enzo con la camiseta del City.
Si no hubiera desayunado, estaba muy seguro de que se habría desmayado.
En estado de shock total, su mejor amigo se acercó a él y lo abrazó, casi levantándolo por el aire.
—Fa boludo, parece que viste un fantasma.
—Enzo no es joda, ¿no? —soltó, saliendo de su estupor.
—Obvio que no boludo, mira, me dieron la trece, como la que usaba en Benfica.
Julián terminó de salir de su shock cuando vio la camiseta de su amigo que decía “FERNÁNDEZ 13” y lo abrazó con ganas, como si no pudiera creer la buena suerte que tenía.
—Que lindo boludo… Con razón no me querías decir —sonrió ampliamente.
—Obvio, era sorpresa.
El resto del vestuario también se acercó para darle la bienvenida a Enzo, quién los saludó en un inglés un tanto pobre, sin soltar la espalda de Julián en un medio abrazo.
Pep Guardiola llegó poco después, entablando una conversación rápida con Enzo, quién estaba agradecido de hablar en español. El DT le explicó que le gustaría probarlo a él como dupla con Julián, y ambos parecían más que encantados, por más de que eso significara que irían al banco de arranque.
—Bienvenido a mi mundo —le susurró a Enzo.
—Al menos ahora vas a tener un buen compañero ahí en el banco —le respondió, dándole un empujoncito por la espalda, saliendo del vestuario directo a la entrada en calor.
Allí Enzo le comentó a Juli que el anuncio se hizo ayer por la tarde y que intentó comunicarse con él, pero jamás le contestó el teléfono.
—Boludo, llegué ayer del entrenamiento y me desmayé. Me desperté a la madrugada y ni pelota al celu, perdón.
—No pasa nada, tranqui.
—¿Y dónde te estás quedando?
—Por ahora en un penthouse, después te paso la dire, pero me quiero comprar una casa como corresponde y acomodarme, pero tranqui.
—Si boludo, yo estoy en la misma. Entre una cosa y otra me terminé quedando en el depto y fue. Me da una paja pensar en la mudanza.
—Uh si, fue horrible. Ni yo sabía que tenía tanta pelotudeces.
Julián estaba por responder cuando les llegó un reto por parte de Pep y no les quedó de otra que separarse, al menos hasta que les toque sentarse en el banco.
El calentamiento finalizó y llegó la hora de que comience el partido. Julián se sentó junto a Enzo en uno de los bancos del lado del City y lo veía un poco incómodo.
—¿Qué pasa?
—Nada, es raro ver al Chelsea de afuera así. Los forros que se cansaron de bardearme en el grupo ni siquiera me miraron cuando me los crucé en el pasillo, son unos caraduras.
Julián soltó una risa irónica —Lo hicieron a propósito, olvidate. Pero no te hagas mala sangre, es al pedo. Ahora estos son tus colores y toca defenderlos, no queda de otra.
Enzo pasó un brazo por atrás y le revolvió los rulos, sin dejar de ver el partido —Gracias, Juli.
Julián se tensionó, porque jamás habían hecho eso en público y sentía que se podría ver raro, pero aún así le encantaba y se dejó mimar.
—No hay de qué…
El partido siguió hasta que llegó al entretiempo, con un empate 1-1 con goles de Foden y Sterling. Durante el tiempo antes de volver a la cancha, Pep dio un par de indicaciones en el vestuario, pero realmente estaba conforme con el funcionamiento del equipo, y el gol del Chelsea había sido de penal, por lo que no haría cambios por el momento.
Julián suspiró. Tal vez la gente tenía razón, y estaba perdiendo su tiempo en ese club. Pero miró a su lado, viendo a Enzo charlando con Rodri, haciendo amistades rápidamente. ¿Cómo podría irse, ahora que Enzo estaba en el mismo club que él, como cuando estaban en River? Iban a pasar todo el bendito día juntos, ¿cómo sería capaz de pedir irse a préstamo ahora?
El entretiempo se terminó y los jugadores volvieron a salir para el segundo tiempo del partido. Los minutos pasaban y la pelota iba de un lado al otro de la cancha, sin llegar a una jugada destacada.
Era el minuto setenta cuando los mandaron a calentar, y Julián casi se para de un salto, harto de estar sentado.
Los cambios eran los que se esperaban; entró él por Haaland y Enzo por Kovacic. Los hinchas del City corearon los nombres de ambos y Julián sentía esa adrenalina que le corría por el cuerpo cuando estaba ansioso. Llegó a escuchar algunas puteadas de algunos de los jugadores del Chelsea hacia Enzo, y le preocupaba que su amigo reaccione mal, pero se lo estaba bancando como un campeón.
Eso, o no entendía una mierda de lo que le estaban diciendo, que era lo más probable.
El partido siguió, llegando hasta el minuto ochenta y nueve. Rodri y Enzo parecían entenderse bastante bien, pero aún no habían tenido la suerte de lograr una jugada que terminara en gol.
Al haber entrado por Haaland, Julián estaba un poco obligado a quedarse bien arriba, esperando que le llegue la pelota, pero Enzo había hecho un pase fenomenal y Grealish se había quedado demasiado atrás. Corrió hasta que llegó a agarrar la pelota antes de que de vaya por la línea. Enzo siguió corriendo y Julián se la pasó rápidamente, logrando su primera asistencia hacia Enzo con la camiseta del City. El estadio estalló gritando el gol que Enzo clavó al ángulo, éste corrió y gritó el gol mientras estiraba su camiseta, eufórico.
Julián corrió detrás de él y se trepó en su espalda gritando el gol con él. Enzo se besó su nuevo escudo y se giró para abrazar a su amigo con fuerza.
—¡DALE JULI! —gritó, agarrándolo de los cachetes y dándole un beso eufórico en la frente antes de soltarlo.
Julián se quedó sonriendo como un boludo, viendo cómo Enzo volvía trotando a su sitio en la cancha, recibiendo cumplidos de sus demás compañeros.
Al final las cosas habían salido más que bien. Julián deseaba que Pep pudiera valorar a Enzo como se lo merecía y no lo tuviera pegado en el banco como le pasó a él durante tantos meses, porque se moría por celebrar mil y un goles junto a su mejor amigo.
Y que le dé muchos besos en la frente, de ser posible.
El partido se reanudó y habían agregado apenas dos minutos. Con el partido 2 a 1 se intentó mantener ese resultado hasta que finalice, pero el Chelsea seguía presionando, cada vez más violento, y en una contra Julián consiguió quitarle la pelota a Caicedo. Corrió y corrió como él sabía y casi logra patear al arco cuando uno de los defensas le pegó una patada mortal directo en la pierna, justo debajo de la rodilla.
Cayó al piso agarrándose la pierna recién golpeada y escuchó cómo el árbitro pitaba para pausar el partido, pero tenía los ojos cerrados con fuerza del dolor que sentía. Escuchaba varias cosas a la vez, como algunos compañeros preguntando si estaba bien, gritos dentro y fuera de la cancha, cómo alguien llamaba a los médicos, pero no escuchaba a Enzo, y eso le preocupaba aún más que su propia pierna.
Aguantando el dolor unos míseros segundos, abrió los ojos y lo primero que logró visualizar fue a Enzo encajándole una piña al central que lo había pateado.
Se llevó ambas manos al rostro, suspirando con ganas. Recién ahora caía en cuenta que el central era el mismísimo Fofana, el que había subido la historia a Instagram.
Pelotudo, pelotudo, pelotudo.
Los médicos lo asistieron y terminaron el partido poco después. En el resumen del partido se podía ver cómo Enzo había metido un gol al minuto ochenta y nueve, y al minuto noventa y uno lo expulsaron con una roja.
—Sos un pelotudo —soltó Julián, una vez en su departamento.
Enzo suspiró, acomodando la bolsa de hielo sobre la pierna de Julián, y se sentó mejor en el sillón.
—Y bueno boludo, ¿vos viste cómo te pateó? Es un mala leche, lo hizo a propósito.
—Me chupa un huevo, Enzo. ¿Vos te das cuenta de la cagada que te acabas de mandar o todavía no sos consciente?
—Y a mi me chupa un huevo la roja, te podría haber quebrado.
Julián se enderezó en su lugar —Enzo, te pueden romper el contrato por esto. ¿No te das cuenta? Estuvieron como un mes rompiendo las pelotas diciéndote racista, te rajaron del Chelsea por todos esos rumores y en el primer partido vas y le encajas una trompada justo a un negro. ¿Vos sos o te haces?
—¡¿Y qué culpa tengo yo de que Fofana sea negro?! Me da igual eso.
—Ya sé pelotudo. Pero yo no soy todo el mundo, y no quiero que se te vuelva a complicar las cosas. Yo- —suspiró— Enzo, cuando dijiste que querías colgar los botines yo casi me infarto. No quiero- no, no puedo jugar tranquilo si vos no jugas también.
Enzo se quedó en absoluto silencio. Julián solía decirle cosas hermosas, pero nunca algo como eso.
—En algún momento no voy a jugar más…
—Si, pero no ahora. Tenes muchos años para jugar, no te cagues la carrera tan temprano, no seas tan pelotudo haceme el favor.
—Si… perdón —se disculpó sinceramente.
—A mi no me lo digas, hablá con Pep y los del City, están re calientes Enzo.
—Ya sé, ya sé. Después voy a hablar con ellos, quiero que entiendan que no lo golpeé por lo que dijo. Viste que pueden hablar y hablar que a mi me chupa un huevo, yo quiero demostrar lo que valgo en la cancha. Pero ese hijo de puta… Vos no lo viste, pero después de que te pateó, te puteó diciendo “Argentino hijo de puta” o algo así, no sé francés. Pero por culpa mía ese pelotudo casi te lesiona, y me re calente. ¿Vos entendes que te pateó a propósito? ¡Y a mi me sacaron roja, y a él no!
Julián llevó su mano a la de Enzo y la apretó antes de abrazarlo. Éste se dejó caer sobre el hombro de su amigo y suspiró, descargando toda su frustración.
—Gracias… —murmuró Julián, subiendo su mano hasta el pelo de Enzo. Estaba todavía mojado por una reciente ducha— No sabía.
—Yo lo mato si te pasa algo boludo. No sé cómo explicarlo, pero sos muy importante para mí, más que cualquier otro amigo. Como un familiar, pero diferente. Quiero estar todo el día con vos, cuidarte, mimarte, ayudarte en todo lo que puedo, no sé. Cuando me contactó mi representante para decirme que tenía una oferta del City lo acepté sin fijarme el valor del traspaso ni el salario ni nada. Pensé en vos y yo jugando juntos como cuando estábamos en River y me emocioné como un pelotudo.
El corazón de Julián iba a mil por hora y Enzo lo podía sentir, con su mano pegada al pecho de Juli.
—Creo que me gustas —admitió de golpe—, y no sé qué tan bueno está que te lo diga, pero sabes que a mi no me sale guardarme cosas.
Julián soltó una risa nerviosa, breve.
—Sos un pelotudo, Enzo.
Éste levantó la mirada, encontrándose con los ojitos marrones de Julián, brillantes como nunca.
—Bueno che…
—Sos el pelotudo más lindo que conocí en toda mi vida, te juro.
Enzo sonrió y se lanzó sobre Julián, dándole un beso sonoro en los labios. El primero de tantos.
—Vos también.
—¿Soy un pelotudo?
—No, que sos muy lindo —dijo Enzo sin poder dejar de sonreír.
—Más te vale —respondió Juli.
Enzo se rió y se quiso acomodar mejor, pero sin querer le tocó la pierna lastimada a su reciente novio, quien soltó un grito lastimero.
Era un pelotudo, efectivamente. Pero un pelotudo bueno.
Se quedó todo el resto del día y el siguiente haciendo su actividad favorita: mimar a Julián Álvarez. Solo que esta vez incluía besos, lo cual le parecía fantástico.
Tras varias disculpas y alguna que otra explicación breve, Enzo pudo seguir jugando en el City junto a Julián sin problemas, con la advertencia de que no aceptarían otra actitud como aquella.
Decidieron por el momento mantener la relación lo más privada posible, para evitar a la prensa y momentos incómodos, aunque no contaban con lo chusma que sería el Dibu en un City-Aston Villa y los iría a buscar al vestuario, encontrándolos in fraganti.
Tal vez, le terminaron contando a sus compañeros de la selección, a su familia, y a algunos compañeros del plantel del City. Por algún lado se terminó filtrando pero no le daban mucha pelota a los comentarios negativos, total su rendimiento en la cancha seguía siendo el mismo e incluso había mejorado.
Tal vez, lo más lindo de todo era que se podían tomar de la mano en cualquier lado y decir en voz alta que ese era su novio a toda honra.
Tal vez, el Dibu y varios jugadores más de la selección los cargaban todos los benditos días, pero sabían que tenían un respaldo con muchísimo huevo detrás de ellos.
Tal vez, se deberían haber dicho que se gustaban mutuamente hace muchísimos años atrás, pero Enzo no era el único pelotudo de la relación al parecer.
Da igual.
Final feliz para todos, salvo para Fofana que terminó con la nariz rota.
