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Category:
Fandom:
Relationship:
Additional Tags:
Language:
Español
Collections:
Tetones week
Stats:
Published:
2024-07-26
Words:
736
Chapters:
1/1
Kudos:
1
Hits:
78

A la m... con el destino

Summary:

Tetones Week

Tabla 1 / Prompt 5: Ropa ajustada.

 

Elain no quiere saber nada de romance; pero hay veces en casi lo olvida - en especial cuando cierto "cantor de sombras" está con sus cueros ilyrios..

Work Text:

Elain había sido una princesa toda su vida. La princesita de papá, de mamá, de Nesta, de Feyre… incluso la princesita del “compañero” que no había pedido y que no quería. Y no era que no fuera guapo, ¡por el maldito Caldero! Por supuesto que era apuesto ese despampanante alto Fae de cabellos de fuego y ojo de oro, un zorro de cuerpo exquisito. Pero no podía aceptar la posibilidad que Lucien Vanserra ofrecía.
Una parte de ella lo había intentado. Una parte de ella aseguraba que Lucien podría hacerla feliz. Pero otra –la que más alto gritaba- chillaba que el puto Caldero había metido la pata.
Para empezar, esa cazuela de mal gusto se equivocaba: no precisaba un macho para sobrevivir. Sí, todo el mundo pensaba que sí – y ella misma casi llegó a creerlo. Pero no era así. Ella fuera quien matara al Rey de Hibern, así que tan inútil no era. Quizás… quizás había olvidado que era más que un adorno.
Excepto por él.
Por supuesto que también la trataba como si fuera una flor tan perfecta que se fuera a romper si respirara a su lado. Pero Elain era consciente de que eso no era amor. Él no lo sabía; pero sus sentimientos por Morrigan destellaban. Y tal vez por eso ella lo habría elegido. Porque era seguro. De la forma en que sabía en que no le rompería el corazón porque no intentaría robárselo.
Ella sabía lo que él pensaba: tres hermanas para tres hermanos. Feyre y Rhysand, Nesta y Cassian, Elain y… ¿Lucien? Estaba furiosa. Cual si hubiera una fiesta y la dejaran fuera, y la recordaran a última hora. Eso solo aumentaba su rechazo hacia Lucien.
Así que sí. Los dos pensaban lo mismo, aunque fingían que no. El Caldero se equivocó.
Mas, estaba bien. Sabía que la existencia de ese lazo no deseaba la protegía. De los halagos, de los requiebros, del romance, de la amistad…

—Mi señora Elain está silenciosa hoy.

Elain pestañeó repetidamente y sacudió las manos enharinadas.

—Estoy horneando galletas, Nuala —señaló.

La “sombra” intercambió una mirada con su gemela.
—Ah, sí. Esa es una labor muy concienzuda —reafirmó Cerridwen.
—¡Bien! Ya veo que han decidido mofarse de mí —suspiró.
—¡Para nada!
—A menos… que nuestra señora considere que hornear galletas sea motivo de burla.
—O…! O que nuestra señora esté pensando en algo que no sean galletas —indicó Nuala elevando una confitura cortada con forma de un par de alas de murciélago.

Elain bajó la vista y descubrió con espanto que toda la bandeja estaba llena de masa cortada en parejas de alas.

—A… Feyre le encantarán —aseguró.
—¡Ah! Son para la Alta Señora.
—Por supuesto. ¿Para quién más?

Dejó de hablar cuando alguien más entró en la cocina.
Por un segundo, Azriel quedó inmóvil apenas traspuesto el umbral. Las doncellas se retiraron unos pasos, esperando las órdenes del “cantor de sombras”; pero él dudó antes de explicar:

—Buscaba un poco de agua.

Elain se adelantó a las gemelas mientras se limpiaba las manos y fue ella quien le tendió al fae una jarra de agua fresca, que él bebió apresuradamente.
Frente a frente, la joven comprobó una vez los muchos detalles que alejaban al Maestro de Espías del resto de los machos de todas las razas. Hermoso y oscuro, su cuerpo esbelto y musculoso delineado por el cuero ilyrio. La mirada de Elain dibujó los hombros anchos, los pectorales firmes, los brazos fuertes… En ese pecho ella descansaría sin temor a nada. Se arroparía en las sombras y aspiraría el aroma de su piel, de sus cortos cabellos oscuros… y recorrería con caricias lentas cada detalle de su anatomía de macho poderoso y besaría cada cicatriz de sus manos, de su cuerpo… Le despojaría de ese cuero provocador y lo vestiría de locura y deseo.

—Gracias.

La voz ligeramente ronca de él la volvió a la realidad. Elain asintió, recuperando la jarra y las sombras se enroscaron a sus dedos, en una tenue caricia que casi ya no estaba.
De inmediato, Azriel se marchó.

—¿Más galletas? —propuso una de las gemelas.

Elain parpadeó.
Sí, ese vínculo que no deseaba la protegía del romance, de un corazón roto. Pero no la guardaba de sí misma, de la atracción deliciosa que las sombras ejercían sobre ella.
Sus dedos – donde la oscuridad del “cantor de sombras” le acariciaran – cosquillearon.
El Caldero se podía ir al carajo.