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Equinoccio.

Summary:

Para qué desea él su amor, para qué quisiera poseerlo, como si pudiera mantenerle a salvo mientras lo ama a la vez.

Work Text:

Cuándo llegará el momento en que él no rece más para ella, ni le cuente solo a ella los deseos de su corazón, cuál será la ocasión que le aparte los ojos de ella; porque él ya no lo soporta más, ya no puede ignorar a su piel blanca de porcelana que se llena de sombras bajo una luz que le han robado a él, no puede apartar la mirada de sus labios que piden ser amado y ya no puede alejar sus pensamientos de su cabello negro, con el viento flotando y rebelde. Cómo puede no darse cuenta, cómo puede no notar su calor sobre él para evitarle el frío y la luz intensa de sus rayos que le iluminan el camino sin que importe si es de noche, cómo es que puede él pelearle y llorarle a la luna por la falta de amor, cuando él siente que podría apagarse si una única vez no se le permite adorar su piel quemándose con la fuerza de sus rayos, de la pasión que provoca su sonrisa, cómo es capaz de simplemente ignorar a su amor que arde y enloquece tan solo porque respira. Cuándo será el día o cuándo llegará la noche en que él decida dirigir sus peticiones de amor más cerca suyo.

 

Como cada noche lo observa, su cabello cuelga de la ventana y en sus ojos se refleja la tristeza que le provocó un nuevo rezo ignorado, y es que él jamás lo rechazaría de tal manera despreciable, porque solo él es dueño de su tiempo y de su alma, solo él puede obligarlo, sin notarlo siquiera, a acortar las noches y alargar los días, solo él logra desatarle pensamientos de odio y muerte, y desear destruirla a ella que no lo escucha, que no le importa, que le estorba cada noche para poder mirarlo.

Y él se acerca a la ventana y la mira llena, sonríe ante su belleza y provoca los celos del sol, y una vez más pide, con fe reza, y cuando nota que no le escuchan, ruega; pero la respuesta no llega, nunca la escucha, y una vez más el desamor lo está haciendo llorar.

 

Pero, para qué querría el sol ser amado, para qué desearía poder adorar su cuerpo ardiendo al calor de sus rayos, para qué quisiera tenerlo; es que acaso lo llevará a él sin pretender que se deshaga en su fuego, es que cree que puede delinearle la piel sin que les separe distancias ilimitadas, podría ser que se haya ilusionado tanto y piense en sueños locos e ilusos sobre su amor correspondido.

Y Madara nunca se da cuenta, aunque se pregunte por qué el calor del sol parece caerle encima con más fuerza que a cualquiera, y porqué su luz obliga a la noche a brillar para él con tanta intensidad que hacía a la luna resplandecer solo en su dirección.

 

—¿Podrías enviar un amor para mí?  

Tengo mi propio amor para ti.

—¿Me escuchas?

Siempre te escucho.

—¿Por qué nunca me das lo que pido?

Le pides al ser equivocado.

—¿Acaso un amor es tanto pedir?

Nada es demasiado si es para ti.

—Un amor que me adore.

Yo soy lo que buscas.

—Un amor que no me haga daño

Podemos solucionarlo.

—Que se enloquezca de amor por mí.

Ya lo he hecho.

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