Chapter Text
Mi mundo está oscuro hasta que abro los ojos y una intensa luz blanca me ciega.
Mierda.
¿Dónde estoy?
Me siento como en una nube.
Cierro los ojos, y todo está oscuro otra vez.
No sé cuánto tiempo ha pasado cuando los vuelvo a abrir, esta vez menos mareada.
Me tapo la cara con las manos; hay demasiada luz. ¿Es esto lo que hay después de la muerte? ¿De verdad ha funcionado? Espera. Si puedo pensar estando muerta, ¿lo estoy realmente?
Poco a poco, mis ojos se van adaptando y lo que veo me produce una horrible decepción. Estoy en una camilla, con un gotero en una habitación de paredes verdes. A mi izquierda hay una silla vacía con una chaqueta en el respaldo y en la pared de detrás una ventana con barrotes.
¿Qué se supone que es esto? ¿Una cárcel?
Casi me da un infarto cuando, de repente, se abre la puerta. Un hombre de mediana edad, prácticamente calvo y con pinta de no haber dormido en años, entra. Lleva un café en la mano y debajo del brazo. Cuando se da cuenta de que estoy mirándole, me mira sorprendido y acto seguido corre a abrazarme.
ꟷPapá, que me ahogas ꟷdigo, tosiendo. Él se aparta murmurando una disculpa.
ꟷ¿Cómo te encuentras, cielo? ꟷpregunta, al tiempo que me coge de la mano.
ꟷUn poco mareada, pero bueno ꟷrespondo ꟷ. ¿Dónde estamos?
ꟷEn el hospital, Lils. Llevas cuatro días ingresada.
Todo se me viene a la mente de golpe. Los cortes, las pastillas, mi madre intentando entrar en mi cuarto.
ꟷLlegamos al hospital demasiado tarde como para hacerte un lavado de estómago ꟷsusurra mi padre ꟷ. Afortunadamente, la cantidad que tomaste no fue letal.
Joder. Debería haberme tomado la otra caja también. Ojalá lo hubiera hecho.
De mis ojos comienzan a brotar lágrimas y para cuando me doy cuenta estoy sollozando. Mi padre me abraza, pero me aparto de él, furiosa.
ꟷ¿Por qué, papá? ¿Por qué me trajisteis aquí?
El enmudece y su mirada me transmite un mar de tristeza.
ꟷTe queremos, Lils, no vamos a dejarte morir.
Esas palabras provocan mi llanto de nuevo. Necesito que lo hagan, necesito que me dejen irme.
No puedo seguir viviendo. No puedo.
***
Hay momentos en los que me hago consciente de que soy una persona. Ahora, mientras las pastillas van perdiendo efecto en mi cuerpo, es uno de ellos. Me observo a mí misma desde fuera; mis ojos me muestran una realidad que parece de otra persona. Mis sentidos lo captan todo. Noto el líquido del gotero entrando en mis venas, el latido de mi corazón en el pecho, el roce de las sábanas contra mi cuerpo.
Lo único que quiero es volver a casa; volver a intentarlo. Los enfermeros le han dicho a mi padre que tengo que estar una noche más en observación, así que se ha ido a por otro café.
Cuando vuelve, vienen con él otras cuatro personas.
ꟷHola ꟷme saluda un hombre joven que creo que es enfermero ꟷ. Soy Marcos, uno de los psiquiatras.
Fallo mío.
ꟷQueremos hacerte un par de preguntas, ¿te parece bien?
Asiento, no muy convencida. No creo que tenga otra opción.
ꟷBien, ¿puedes decirme tu nombre completo? ꟷpide, y así comienza lo que parece un interrogatorio interminable.
Después de una buena media hora y un millón de preguntas demasiado complicadas, por fin me dejan en paz.
ꟷVamos a hacer la valoración y os comentamos después ꟷle dicen a mi padre al salir.
El me mira y se sienta a mi lado. No dice nada, pero veo como una lágrima resbala por su mejilla. Otras comienzan a resbalar por las mías.
A eso de las cuatro de la tarde, llaman a la puerta y entra Marcos acompañado de una mujer.
ꟷBueno, Lillith, vamos a trasladarte a la quinta planta, a la unidad de psiquiatría infanto-juvenil.
¿Qué?
ꟷ¿Perdón? ꟷsusurro. Me empiezan a quemar los ojos y se me oprime el pecho.
¿Cómo que me ingresan? No, eso no es posible. No, por favor.
Mi padre me abraza, tratando de tranquilizarme, pero yo no dejo de negar con la cabeza.
ꟷPapá, por favor, no. No, no, no, no, no. Por favor.
Él me mira, con los ojos llenos de lágrimas.
ꟷEs lo mejor, cielo. Ya lo verás ꟷ me abraza.
No tengo alternativa, así que me levanto y comienzo a andar hacia la puerta, todavía llorando y con el palo del gotero en la mano. Intenta acariciarme la espalda cuando paso, pero me aparto de él.
Al parecer, tengo que ir en silla de ruedas por no se qué protocolo. El panorama soy yo entrando a la unidad con la cara hinchada, roja y llena de mocos, cubierta con una manta porque tenía un frío de cojones, llorando y con una vía en el brazo.
Una chica sentada en mitad del pasillo se me queda mirando, intrigada. Seguro que por dentro se está riendo de mí. Quiero decir, solo hay que mirarme.
Me meten a la habitación seis, donde me quitan el gotero porque en teoría no se puede entrar con vía a la unidad. Me siento en la cama, esperando a que Marcos y la enfermera se vayan. En cuanto lo hacen me lanzo a los brazos de mi padre y empiezo a llorar a moco tendido.
ꟷPapá, por favor, no quiero estar aquí ꟷsuplico ꟷ. No me dejes aquí, por favor.
No puedo quedarme aquí. No con toda esta gente desconocida intentando ayudarme. No, porque eso significa seguir viva y no puedo soportarlo. Sólo quiero que me dejen en paz.
ꟷTengo que hacerlo, Lils ꟷmurmura él contra mi pelo ꟷ. Estarás bien, confía en mí.
Me abraza más fuerte, apretándome contra su pecho.
Se abre la puerta y entra un enfermero bastante alto, con unos ojos azules preciosos, el pelo rubio corto y con gafas.
ꟷHola, yo soy Michael ꟷsaluda, sacudiendo la mano y con una gran sonrisa oculta bajo la mascarilla ꟷ. ¿Cómo estás?
ꟷDe puta madre ꟷrespondo, secándome las lágrimas que siguen brotando. Él se ríe, igual que mi padre.
ꟷBueno, el humor lo sigues teniendo intacto ꟷdice. Yo sonrío sarcásticamente.
Michael se apoya en la pared.
ꟷEl papá se tiene que ir ya, Lillith, así que si queréis os doy unos minutos para despediros.
Asiento, así que sale de la habitación y vuelvo a abrazar a mi padre.
ꟷTe quiero, Lils. Nunca lo olvides.
ꟷYo a ti también, papá.
Cuando se va, miro a mi alrededor y me siento más sola de lo que me había sentido en toda mi vida.
***
Todos tenemos algo que nos impide ser del todo felices. Un muro que nos corta el paso. Para algunos es el dinero, para otros su pareja, incluso la familia. Para mí, es la comida. Esa necesidad básica de alimentarnos para poder vivir me mata por dentro. Me corroe.
Asi que, hace unos meses, llegué a la conclusión de que lo mejor era dejar de hacerlo. Sentía que comía demasiado, así que paré. No fue de golpe, sino poco a poco. Sin embargo, cuando se hizo más visible ya casi ni comía.
Por eso ahora, con el plato de tortilla en las piernas, me siento incapaz de coger el tenedor. No puedo meterme ni un bocado a la boca sin sentirme asquerosa y gorda. Además tengo también una manzana, lo cual no ayuda para nada.
ꟷLillith, tienes que comer ꟷme dice una auxiliar, creo que se llama Clara. Está sentada al lado de mi cama ꟷ. Vamos, venga.
Miro el plato y mis ojos se humedecen. Las lágrimas empiezan a caer por mis mejillas al mismo tiempo que cojo el tenedor con la mano temblorosa. Pincho un trozo de tortilla, pero no soy capaz de moverme. No quiero hacer esto.
Suelto el tenedor y me tapo la cara. Una oleada de frustración me invade, porque sé que estoy obligada a comer, pero me siento como si subiera unas escaleras mecánicas que van hacia abajo. Me es imposible.
Al final, Clara acaba dándome de comer como si fuera una niña pequeña y, tras unos larguísimos cuarenta y cinco minutos, he acabado. No sé cómo. Me siento tan llena que creo que en cualquier momento voy a explotar y tengo ganas de vomitar. Ojalá pudiera.
ꟷ¿Puedo ir al baño? ꟷpregunto, dubitativa porque me imagino la respuesta.
ꟷNo, cariño. Los baños están cerrados hasta después del reposo.
ꟷ¿El reposo?
ꟷDespués de cada comida (excepto el almuerzo y la merienda) tenéis entre una hora y media y dos horas de reposo en las habitaciones. Luego, podéis salir y hay tiempo libre. Bueno, excepto entre semana que tenéis clase por la mañana.
Joder, encima hay instituto. Suelto un sonoro suspiro, lo que hace que Clara me mire de una forma que no acabo de entender.
ꟷVale, te dejo hasta la recena, ¿te parece bien? ꟷasiento despacio. Necesito desesperadamente derrumbarme y llorar hasta que me duelan los ojos.
No sé cuánto tiempo ha pasado cuando alguien me acaricia la espalda. Abro los ojos y veo a un hombre mayor mirándome con unos ojos repletos de amabilidad. Me da unas palmaditas en el brazo y me hace un gesto para que me levante.
ꟷHola, soy David y soy uno de los enfermeros. ¿Vienes a la recena?
No tengo muchas opciones, por lo que me levanto y le sigo hasta la sala multiusos, donde me encuentro con unas cinco chicas que se me quedan mirando con curiosidad. Me siento observada y no me gusta, así que, sin decir palabra, me acerco al fondo de la sala y me siento en una silla verde con pinta de romperse muy fácilmente.
Echo un vistazo a la sala. Las chicas están sentadas alrededor de lo que parece la mesa común. Hay una puerta justo enfrente, con armarios pequeños al lado y una televisión enorme encima de ellos. Detrás de mí hay un cartel con normas de las comidas, como el tiempo que tenemos o que no se puede hablar de la comida. Observo también a la gente que hay, tanto pacientes como personal. No distingo quién es enfermero de quién es auxiliar, pero la verdad es que ahora mismo no podría importarme menos.
Mis ojos se posan en una chica sentada en una esquina, leyendo un libro. Tiene el cabello negro recogido en una trenza, las gafas doradas casi en la punta de la nariz y juega con el piercing del labio, distraída. Me fijo en sus brazos, cubiertos de cicatrices al igual que los míos, y una parte de mí se siente un poco menos sola. Ella siente mi mirada y se gira hacia mí con cara de pocos amigos.
ꟷ¿Qué coño miras? ꟷespeta. Me quedo de piedra; no me esperaba esa dureza. Aparto rápidamente la mirada, avergonzada. Empezamos bien, pienso.
El personal trae la recena, que consiste en una taza de leche con colacao y galletas. Vaya putísima mierda. Me quedo mirando fíjamente mi taza de plástico azul mientras el resto comienza a comer. Algunos más lentos que otros, pero todos comen.
No es sorpresa de nadie que termine la última, y cuando acabo todos suspiran. No tengo claro si es por cansancio o por fastidio, pero sí sé que no les gusto, al menos de momento.
Me dispongo a volver a mi habitación cuando alguien choca conmigo.
ꟷTen cuidado, joder ꟷsuelta la chica de pelo negro. Menuda borde, la verdad. No sé, al menos un poco de amabilidad no la iba a matar, digo yo. Que estamos en un hospital, por el amor de dios, ya tengo suficiente mierda como para que venga la chavala esta a amargarme todavía más aquí dentro.
Por lo menos de momento tengo una habitación individual (el resto son dobles, pero supongo que me han puesto sola porque acabo de llegar) y no tengo que soportar a ningún gilipollas.
Me tumbo en mi cama con la mirada fija en el techo blanco, vacío. Debería tener sueño, son como las once de la noche, pero estoy totalmente despejada. Y no puedo dejar de pensar. Para cuando me doy cuenta, tengo las mejillas empapadas y las lágrimas no dejan de fluir. Dios, no quiero hacer esto. No soporto estar aquí.
No sé cuanto tiempo ha pasado cuando finalmente mis ojos se cierran pero, antes de caer en la oscuridad del sueño, un último pensamiento cruza mi mente.
Por favor, por favor, si hay alguien escuchándome, no me despiertes mañana. Déjame dormir para siempre.
Por favor.
