Chapter Text
PRÓLOGO. ~Flores de amor~
La sociedad de almas, un lugar conocido por ser el hogar de los muertos, donde la mortalidad deja de existir y solo está la paz, un lugar donde puedes enamorarte por segunda vez, formar una familia incluso si no es de sangre, un lugar que muchos llaman paraíso.
—¡Por favor! ¡Mi esposa está cada vez peor! ¡Doctor tiene que ayudarla se lo suplico!—suplicaba de rodillas al único médico de todo el distrito Hokutan, desesperado por su ayuda y atención.
El médico ya harto de sus súplicas pateó sus manos con desdén, tomando su maletín médico. —Bien, si solo así te irás iré a verla—dijo ya resignado, sabiendo que era la única forma de librarse de aquel hombre que lleva frecuentando su consultorio desde hace semanas.
Los ojos del pobre hombre se iluminaron al escuchar sus palabras, no le importó si no parecía querer ayudarle en serio, estaba feliz de que aceptara ir a ayudar a su esposa, como pudo se levantó del descuidado piso de madera para tomar la mano de aquel médico entre las suyas, feliz por que aceptara ayudarle incluso si no tenía manera de pagarle. —Gracias, de verdad, gracias, por favor sígame.—
Sin esperar ni un segundo más guió a aquel médico a las afueras del distrito Hokutan, a una cabaña vieja y descuidada que parecía se caería a pedazos, había un par de niños fuera recolectando algunas flores silvestres, vestían unos kimonos simples que parecían viejos, el hombre pasó una mano por la cabeza de los niños antes de indicarles que fueran a jugar al bosque para que él y el médico pudieran entrar a la casa, los niños obedientes se fueron al bosque, permitiendo que tanto su padre como aquel médico ingresarán a la casa.
—Por favor sea paciente con ella, desde que su enfermedad inició se ha vuelto más sensible—explicó con calma el hombre, haciendo a un lado la tela sucia y rota que usaban como puerta.
Con disgustó el médico entró a aquella vieja y descuidada casa, adentro había un fuerte olor que le causaba dolor de cabeza, no era un olor de algo podrido o en descomposición, era un olor extremadamente fuerte a flores, un olor penetrante que era asfixiante, podía sentirlo entrando por su nariz hasta sus pulmones. Entre ese fuerte aroma había un leve olor a algo pudriéndose, pero el fuerte aroma a flores lo ocultaba tanto que apenas lo percibía.
—Que demonios es este olor, ¿Usa flores para ocultar el olor a podrido de su esposa?—preguntó con asco, cubriendo su nariz para no oler esa fuerte fragancia de flores.
—¿Qué? No para nada, en realidad esa es la razón por la que lo que lo busque, doctor por favor ayude la.—
La manta que se encontraba en el piso fue levantada, revelando la figura de una mujer joven de apariencia delicada, pero al verla los ojos de aquel médico se abrieron con horror, podía ver cómo del pecho y manos de la mujer comenzaban a brotar flores, cientos de ellas, de formas y colores que eran desconocidas. Los dedos de la mujer estaba casi completamente cubiertos por enredaderas al igual que su pecho, donde había un gran agujero, la piel tenía un tono negro y marrón, como si se estuviera descomponiendo, pero no había sangre, no una sola gota de ese loquito carmesí, lo único que había eran esas extrañas flores.
—Dígame una cosa, ¿Usted y su esposa se casaron cuando llegaron aquí, o llevan casados desde la vida?—
El hombre bajó la mirada, su mano sujeto la de la mujer de manera tímida, no había anillo alguno en su dedo, tampoco en el de él, algo normal siendo que carecían de dinero.
—No, nosotros nos conocimos aquí en la sociedad de almas, solía verla cuando iba a lavar su ropa en el lago de aquí cerca, nos enamoramos y decidimos casarnos, poco después adoptamos a esos niños. ¿Pero por qué es importante eso doctor? ¿Acaso eso tiene algo que ver con su enfermedad?—
Aquel doctor no sabía cómo responder, llevaba más de cuatrocientos años en la sociedad de almas sirviendo como médico en ese lado del Distrito Rukon y no era la primera vez que veía algo como eso, pero si la primera vez que lo veía tan avanzado.
—Me temo decir, que su esposa no tiene mucho tiempo.— Como podía trataba de mantener la calma, lamentándose el no haber acudido mucho antes, lamentando su desconsideración y su poca empatía.
—N, no, eso no puede ser verdad… ¡Por favor ayude la! ¡Se lo imploró! ¡Salve su vida por favor! ¡Le daré lo que sea! ¡Solo por favor salve la! ¡Ella es todo lo que tengo y lo que más amo! ¡Por favor!—
Podía escuchar sus súplicas, sentir como se arrodillaba a sus pies y sujetaba el borde de su kimono, podía sentir sus lagrimas caer en sus pies, podía sentirlo temblar debajo suyo y lo único que podía hacer era quedarse en su lugar estático, apretando los puños y sintiendo como su garganta se secaba con amargura.
—Lo lamento… Su esposa… ella… tiene la enfermedad de la flor del amor… Algunos la llaman Hanahaki… pero es más conocida como la flor del amor… Su esposa… sufre por un amor no correspondido o por un amor perdido… Lo lamento… No hay nada que pueda hacer por ella… Ya no… Solo le puedo aconsejar que se despida de ella… Su tiempo se acabó…—
La sociedad de almas, el lugar donde van a parar los espíritus de todos los seres que ya fallecieron, un lugar donde la mortalidad deja de existir, un lugar que algunos llaman paraíso. La sociedad de almas, uno de los tres mundos y el más pacífico, un lugar donde aquellos con una energía espiritual más fuerte que el promedio tiene la oportunidad de vivir una segunda vida, mucho más larga que la primera, pero al igual que la primera, es solo una, una última oportunidad, donde si mueres te conviertes en simples partículas espirituales que al final se convierten en parte de es que algunas vez conociste como hogar. Un lugar donde puedes reencarnar, amar sin restricciones, hacer lo que te plazca, pero un lugar donde las consecuencias siempre llegan a su medida, un lugar donde de hasta amar, tiene su precio.
