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Aquella noche, Giyuu Tomioka, ex hashira del agua, de (ahora) 25 años, esposo y padre de familia, había ido a dormir más temprano de lo usual. Su esposa decidió no preocuparse, pues si bien no solía retirarse a su dormitorio tan temprano como aquella ocasión, Giyuu sí solía dormir bastante por algún motivo que ella desconocía, y por el que no ha querido preguntarle; la mujer simplemente asumía que luego de lo acontecido hace un par de años, el cansancio físico había marcado profundamente a su esposo, y el dormir excesivamente se había convertido en una constante de su vida.
La realidad es que desde la batalla final contra Muzan Kibutsuji, librada y ganada hace ya lejanos cuatro años, los días del ex pilar del agua se resumían a esperar con ansias la hora de dormir. Desde aquella fatídica noche en donde se perdieron tantas vidas de cazadores, incluyendo la de la mayoría de sus compañeros hashira, por algún extraño motivo, cada cierto tiempo Giyuu solía soñar con las personas que perecieron en la batalla. Y en aquellos sueños, Giyuu podía conversar con quien se le aparecía, tal como lo haría con una persona viva, y de paso podía decir adiós apropiadamente a aquellos de quienes no se pudo despedir en su momento.
Luego de más de cuatro años teniendo estos sueños de reencuentro y despedida, Tomioka ya había soñado con muchas personas que fueron parte de su camino como cazador. Todos entregándole algún mensaje, entablando alguna conversación, o haciéndole preguntas sobre las vidas que llevan aquellos que sobrevivieron a la batalla.
Mitsuri Kanroji e Iguro Obanai le habían contado la promesa que ambos hicieron antes de morir, pidiéndole amablemente a Tomioka que rezara por el amor de ambos… y que, de paso, perdonara a Obanai por haber sido tan grosero con él en el pasado.
Genya Shinazugawa, el joven hermano de Sanemi, ofreció disculpas en nombre de su hermano debido al mal carácter del albino para con Tomioka, y además le pidió al ex hashira que no dejase solo a su querido hermano mayor.
Muichiro Tokito le comentó que después de morir, pudo reunirse con sus padres y con su gemelo Yuichiro, a quien extrañaba tanto.
Kyojuro Rengoku, el pilar de la flama, quien había perecido tiempo antes de la batalla final, también hizo aparición para agradecerle a Giyuu el haber cuidado y protegido al joven Tanjiro Kamado durante la batalla final, además de pedirle disculpas por robarle a su tsuguko. Sabía que Tanjiro sería sucesor de Giyuu, pero debido a su cambio de respiración aquel chico terminó solicitándole entrenamiento a Rengoku. Oh, si tan solo Akaza no hubiese hecho acto de presencia aquella noche...
Incluso oyakata-sama, Kagaya Ubuyashiki, junto a su esposa Amane y sus dos hijas mayores, fueron sus invitados más recientes, todos ellos habían venido para despedirse de él. Tomioka se sintió profundamente conmovido por las palabras de aquella familia, y especialmente de oyakata-sama, quien le agradeció profundamente por todo lo que hizo en su periodo como cazador, hashira del agua, y sobreviviente de la batalla final.
Después de tanto tiempo y tantos sueños, Giyuu pudo despedirse de muchas personas, lo cual lo ayudaba a sentirse en paz con el pasado. Pero en el fondo, aquel hombre estaba preocupado porque ella aún no aparecía.
Sabía que él moriría pronto. Era más que consciente de que, a excepción de Yoriichi Tsugikuni, todos los cazadores que habían despertado la marca fallecían a los 25 años. Tomioka había cumplido esa edad hace meses, era cosa de tiempo que llegara el momento en que él dejaría este mundo. Y era precisamente eso lo que lo asustaba, a Giyuu le aterraba la idea de morir sin haberse despedido de ella. Shinobu Kocho, la hashira del insecto.
Había conocido a aquella chica cuando Kanae aún estaba viva, y su carácter no era solo una imitación del de su hermana. Hasta el día de hoy sigue sin comprender cómo nacieron los sentimientos que llegó a tener por ella. Tomioka recuerda que cuando la mayor de las Kocho falleció y Shinobu ascendió a pilar, comenzó a ser enviado a misiones con ella frecuentemente. Más de lo que le hubiese gustado, la verdad.
El carácter bromista de Shinobu chocaba con su personalidad estoica, llegando a ser algo molesto para él. Pero después de varias misiones, eventualmente llegó a acostumbrarse a la chica, llegando a disfrutar las conversaciones que establecía con ella (incluso llegó a comentárselo al hashira de la roca). Y ahí es donde Tomioka dejó de comprender sus sentimientos, pues no sabe en qué momento pasó de aceptarla, a quererla. Al principio creyó que simplemente era camaradería, el tipo de aprecio que sentirías por quien se sienta a tu lado en el trabajo, casi a diario. Pero luego supo que no era eso, era un cariño diferente, uno mucho más grande.
Le preocupaba lo pálida que se veía, la forma en que escondía su enojo, el exceso de trabajo al que a veces se veía sometida debido a su doble responsabilidad como hashira y como encargada de la finca mariposa, el principal hospital de la compañía cazademonios. Pero, por sobre todo, le aterraba la idea de perderla. No soportaba la idea de que Shinobu fuese a una misión de la que nunca volviera, tal como le había sucedido a Kanae. Después de tanto tiempo, no se imaginaba una vida sin Shinobu Kocho. Giyuu quería protegerla, Giyuu quería estar con ella, Giyuu quería hacerla sentir mejor.
Estaba enamorado de ella.
Y así como no supo en qué momento desarrolló aquel cálido sentimiento por la bella mariposa, menos aún supo cuándo Shinobu comenzó a corresponderle, queriéndolo de la misma forma que él la quería a ella. La respuesta de Shinobu fue sencilla: “Simplemente pasó”.
Ella también estaba enamorada de él.
Aquella confesión tomó a Giyuu por sorpresa, pero definitivamente estaba más que feliz de ser correspondido por la mujer que lo había enamorado.
Giyuu y Shinobu se acercaron lentamente, pero una vez que ambos aceptaron sus sentimientos, no hubo freno para estos. Amarse en aquella era plagada de peligros era como estar en medio de una tormenta, sin un lugar en el que refugiarse. Para ambos hashira, su amor se convirtió en el refugio que tanto anhelaban. Y decidieron atravesar juntos aquella tormenta, de la mano, como la pareja que eran.
Ambos pasaron meses maravillosos en donde compartían tiempo, besos y caricias. Sabían que su trabajo era peligroso y corrían el riesgo de que cada beso, cada abrazo, cada visita a la cama del otro, fuese la última vez. Por eso mismo, decidieron amarse sin límites, porque sí, ambos se amaban.
Con el tiempo, Giyuu quiso avanzar con aquella relación. Incluso se atrevió a visitar a Tengen Uzui, el retirado hashira del sonido, para pedirle consejos sobre cómo avanzar con Shinobu.
Después de todo, aquel hombre tenía tres esposas, algo debería saber con respecto al amor.
“Si la amas tanto como dices, pon un anillo en su bendita mano”. Eso fue lo que Uzui dijo, y Tomioka no comprendía cómo es que lo convenció.
El herrero que había forjado la espada de Tomioka quedó muy extrañado cuando Kanzaburo, el viejo cuervo de aquel hashira, llegó hasta él con una extraña petición, que poco y nada se relacionaba a una katana: Un anillo de compromiso, eso es lo que Tomioka amablemente le había solicitado.
Y hasta ese punto, la historia de amor entre el hashira del agua y la hashira del insecto iba bien, pero entonces llegó aquella noche en la que una llamada de emergencia por parte de sus cuervos los llevó hasta la mansión Ubuyashiki, la cual explotó antes de que los hashira pudieran si quiera llegar.
La batalla final había comenzado.
Giyuu no recuerda mucho de lo que sucedió aquella noche debido a todos los eventos traumáticos que tuvo que vivir, uno tras otro. Pero hay un recuerdo que no se ha borrado de su mente, y que probablemente no lo hará nunca. Se encontraba corriendo por el castillo infinito, seguido de Tanjiro. Estaba preocupado por Shinobu, pues habían caído en puntos diferentes y ya había pasado un rato. No sabía nada de ella, no sabía si estaba bien, y quería encontrársela para pelear a su lado.
Esos pensamientos fueron cruentamente interrumpidos por el graznido de un cuervo.
Muerta, Shinobu Kocho está muerta, murió después de enfrentarse a la luna superior dos.
En aquel momento, Giyuu sintió que el mundo se había congelado. Fue incapaz de reaccionar, incapaz de emitir sonido, incapaz de llorar, aunque sabía perfectamente que su corazón acababa de romperse al escuchar que la mujer que tanto quiso, la única que amó, aquella a la que le pensaba pedir matrimonio, ahora estaba muerta.
Fue similar al shock en el que quedó después de la muerte de su hermana Tsutako, y a la tristeza en la que se hundió después de enterarse de la muerte de su amigo Sabito. Excepto que este dolor era aún peor, y no podía expresarlo debido a las circunstancias en las que se encontraba. No podía parar a llorar, ni gritar, y mucho menos retirarse de ahí para poder enfrentar aquel duelo a solas, de manera apropiada. Aunque lo quisiera, estaban en medio de la batalla final contra Muzan Kibutsuji, el mayor enemigo de la compañía cazademonios. Estaba más que consciente de que todos los cazadores dentro de aquel castillo infinito eran extremadamente necesarios en aquella pelea. Más aún la presencia de los hashira, los cazadores más fuertes que la humanidad poseía.
Giyuu no podía salir de aquel lugar, o detenerse a llorar, o pensar en desertar. La muerte de su amada compañera le dolía en el alma, sí, pero no podía rendirse ahí. No es lo que Shinobu hubiera querido.
El hashira del agua no puede recordar muchos otros detalles de aquella noche infernal, ni siquiera el momento en el que perdió su brazo derecho mientras se enfrentaba a Kibutsuji.
Volviendo al presente, Tomioka de a poco comenzaba a quedarse dormido, cerrando y abriendo sus ojos una y otra vez, esperanzado de que esta vez fuese ella quien se presentara en sus sueños. Llevaba meses rogándole a Dios para que así fuera, pues no toleraba la idea de morir sin haberse despedido de Shinobu, sin haberla visto una última vez. Durante los cuatro años posteriores a la batalla, aquel hombre había intentado rehacer su vida. En algún punto de sus días junto a la hashira del insecto, ambos hashira se habían prometido el uno al otro que, de fallecer uno de ellos, el otro seguiría adelante, encontraría a alguien más, y formaría la familia que ambos deseaban.
Giyuu cumplió aquello por la promesa, más no porque lo deseara realmente. En el fondo, Tomioka no deseaba otra esposa, u otra madre para sus hijos, aparte de la bella mariposa que tanto había amado. Pero por respeto a su memoria, encontró a una buena chica con la que se casó y tuvo dos hijos. La quería y apreciaba, sí, pero no la amaba como llegó a amar a Shinobu. Se sentía mal consigo mismo por eso, creía que en el fondo su matrimonio era algo extremadamente cruel.
Lo que hacía las cosas aún más tristes, es que un par de meses después de la batalla final contra Kibutsuji, su herrero le hizo llegar los anillos que había solicitado para pedirle matrimonio a Shinobu. Aquel día, Giyuu se desmoronó en lágrimas. Ha guardado sagradamente aquellos anillos desde entonces; mandó a hacer un par nuevo cuando le pidió matrimonio a su actual esposa, pues se le revolvían las entrañas de solo pensar en darle a alguien más el anillo que estaba destinado a su preciosa Shinobu.
Antes de irse a dormir, Tomioka había cambiado su anillo de bodas, quitándose el que compartía con su esposa, y reemplazándolo por el que hubiese compartido con la hashira del insecto. Se sentía mal por hacer eso, pero al mismo tiempo lo reconfortaba enormemente. Necesitaba que ella apareciera en sus sueños, necesitaba sentirla cerca.
La vista de Giyuu se hizo cada vez más y más borrosa, pues ya estaba prácticamente dormido. Cerró los ojos una última vez, mientras le rogaba a Dios por verla una vez más.
