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Language:
Español
Series:
Part 22 of Días de Omegacember
Stats:
Published:
2024-08-30
Words:
14,143
Chapters:
1/1
Comments:
1
Kudos:
17
Hits:
378

Nido

Summary:

Shura jamás pensó que llegaría a robar prendas de su Alfa para contruir un nido y ser descubierto por quien menos lo imaginó, sin embargo aquí se ve entre ese dilema.

Notes:

Créditos extras: La idea principal de este OS pertenece a @Nogu-Dreamers (en Wattpad) a quien agradezco mucho la iluminación en este OS.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Esto va más allá de sus propios deseos, su corazón se estremece al sentir los fuertes y firmes brazos de ese guerrero rodeando su cuerpo, la intranquilidad aparece y no es que no lo ame profundamente, todo lo contrario, lo ama de una manera que no Puede explicarse, pero todavía le pesan y le duelen las cicatrices de un pasado compartido donde uno de los dos salió cruelmente perjudicado.

El sentimiento cálido y abrazador que se regocija en su pecho en parte también es doloroso, no puede estar demasiado cerca de él sin sentirse culpable.
Adora el olor característico que desprende el cuerpo del mayor, lo provoca demasiado como para postrarse a sus pies como el miserable ser que es. 

Controla sus impulsos de querer adorarlo como a un dios benevolente y piadoso, aceptando por lo mucho esa cercanía en conjunto con sus nobles abrazos. 
Aioros de Sagitario es magnífico en toda la extensión de la palabra y él no puede permitirse algo más que eso, los besos no están anotados en su larga lista, el peso de su pecado se asemeja al peso que carga el titán Atlas al sostener a la Madre Tierra sobre sus hombros.


—Es suficiente.— trata que su voz no se escuche tan apagada y quebrada ante el trato que le está dando a su Alfa destinado. —¡Deja de abrazarme!— su súplica suena más a una orden dada.
Todo le causa dolor, mismo que se intensifica al punto de que sus ojos quieran soltar millones de lágrimas, todavía no puede perdonarse a sí mismo. 

Las majestuosas alas de la armadura de Sagitario brillan intensamente bajo los rayos del sol y eso lo martiriza aún más al recordar que un día su espada sagrada se atrevió a cortarlas de un solo tajo literalmente lanzando a un Aioros adolescente a un precipicio que no tenía otra. salida que los brazos de la muerte.

—Espera un poco más.— Es la respuesta que recibe.

Sus miedos, su ansiedad y prácticamente todos sus traumas no son desconocidos para Sagitario. 
El día que decidieron hablar para aclarar lo sucedido ambos dejaron en claro su sentir.

Aioros debía odiarlo en vez de amarlo y abrazarlo con tal ímpetu y dulzura. Él le arrebató la vida, frustró sus planes, sueños e ilusiones de convertir a la pequeña Athena en una diosa justa y poderosa que los guiará a una victoria asegurada de la mano de la Diosa Nike.

No merece el perdón ni el amor de Aioros. 

Maldice a Hades el cumplir su promesa de otorgarle nuevamente una vida, puesto que el señor del inframundo nunca le prometió una vida falsa a cambio de llevarle la cabeza de Athena en una bandeja de plata o tal vez este era el verdadero castigo de Hades al sentirse engañado.
Le otorgó un castigo mayor al hundimiento de su muerte en un sufrimiento eterno en la prisión más gélida del inframundo, el dios de la muerte quizá le otorgó el sufrimiento en vida, uno que tiene que afrontar para tratar de enmendar sus errores.

Hades aún después de muerto es el autor de su nueva vida en conjunto con las demás que le sirvieron por un lapso temporal de doce horas y Athena tan misericordiosa e ingenua los recibió con los brazos abiertos en un prometedor santuario, regresándoles sus títulos y sus templos a cambio de la muestra de su lealtad y compromiso con el Santuario con sus lágrimas de sangre.

—Me gustaría que estos momentos alargarán su duración.— el aliento tibio del Caballero chocó contra su mejilla.
Los cabellos castaños y un poco rizados se movieron por efecto del viento.

Su cuerpo tembló al sentir como Aioros lo aferra más a su cuerpo como si quisiera fundir sus cuerpos en esa cómoda caricia.
Su corazón estalló en un grito ahogado, necesitaba con extrema urgencia estás atenciones de su Alfa, pero como un Omega y caballero de oro es tan obstinado y reservado para clamar por su compañía recibiendo el consuelo que necesita.

—Aioros…— cierra los ojos y en contra de los celosos deseos de su razón que se enfrentan a los deseos de su corazón, se permite disfrutar un poco el afecto que le brinda el cuerpo del moreno.

No permite que está vez la culpabilidad gané y se apodere por completo de todo su ser.
 
—Espero que un día puedas corresponder a mis afectos como yo deseo, no busco dañarte, quiero que sanes y estés bien para entregarte todo este amor que siento por ti. 

El brillo que se refleja en los bonitos ojos de Aioros le delata que todas sus palabras son promesas verdaderas y que no hay ni una sola mentira en ellas. Aioros lo ama fielmente sin sentir remordimientos u odio hacia su persona por lo sucedido.
Los labios color carmín depositan un suave beso sobre su frente sellando por completo todo lo anterior.

—No tomaré más minutos de tu tiempo, esto ha sido suficiente por hoy porque al menos está vez no buscaste huir de mí.
Ve y cumple con tus deberes.

La cercanía desaparece y todo su ser anhela volver a sentir esos brazos protegiéndolo de sus propios demonios, necesita tanto de su Alfa, sin embargo, jamás lo demostraría por lo que fue más fácil darse la media vuelta y salir del templo de Sagitario hasta su morada llevando consigo los víveres que había bajado a buscar.

No detesta su casta de Omega por ser considerada una de las más débiles por ceder ante los demás porque sabe perfectamente que no es así, los omegas como él pueden controlarse gracias al poder del cosmos.
Tampoco odia que Aioros se presentará como su Alfa meses después de su regreso al santuario, aunque está noticia si lo sorprendió.

 


—Me encargaré de derribar cada una de tus barreras, Shura.— solo es un simple susurro que alimenta la esperanza del joven Sagitario de que un día esos preciosos ojos verdes vuelvan a brillar intensamente como hace años lo hacían ante su presencia. —¡Es una promesa!— una sonrisa permanece en su rostro mientras ve como la capa de Capricornio se ondea y se hace más pequeña a medida que Shura avanza hasta su templo por las escaleras que separan ambas casas zodiacales.

Tras un suspiro, entra a las inmediaciones de su templo para continuar con sus responsabilidades como caballero de Athena trazando estrategias por si en algún momento llegará a presentarse una nueva confrontación con algún otro dios porque bien es sabido que la reencarnación de la diosa Athena no es muy querida por muchos dioses del Olimpo y que todos tarde o temprano buscarían la manera de exterminarla.


Por el contrario, al llegar a su templo Shura organizó sus compras y después subió hasta su habitación para sentarse sobre su cama y llevar su mano derecha directamente al lado izquierdo de su pecho, justamente sobre su corazón; respiro profundamente y cerró sus ojos.

—¡Deja de latir como un loco!— las acciones de Aioros han provocado la aceleración de sus latidos. —Simplemente, él es solo Aioros…

Se siente derrotado por completo, no hay armas a su alcance que pueda utilizar en esta guerra en contra de sus propios sentimientos. Cada vez su relación con el noveno caballero de Oro se intensifica más y con ello la culpabilidad la siente como una soga al cuello.
Desearía que las cosas hubieran sucedido de una manera tan diferente a como realmente sucedieron, se ha reprochado una y otra vez hacer oídos sordos a las declaraciones del ángel dorado de santuario cuando le pidió ayuda e indulgencia, también se siente culpable por no huir a su lado como su corazón lo deseaba en medio de la tempestad de sentirse traicionado.

Si pudiera retroceder el tiempo cambiaría muchas de sus decisiones, escucharía directamente a su corazón y no las órdenes de otras personas.

—Es lindo sentir amor, pero no es lindo sentir culpabilidad por amar a alguien.— exhala con lentitud.

Espera que Aioros no haya notado la descompensación de su cuerpo ante sus afectos porque de lo contrario se sentirá sumamente perdido.

Por el momento se siente como un tonto adolescente, sus mejillas hormiguean, su corazón desea salir de su pecho y todo su ser está comenzando a girar más y más en torno a una sola constelación personificada, su destino, Aioros de Sagitario.

En el momento en que Aioros volvió a la vida por obra de Athena, él trató de alejarse por completo porque no deseaba que esos ojos de color del mar observarán al traidor en el que se convirtió a través de las mentiras y engaños de Saga de Géminis.
No deseaba recuperar aquella amistad perdida porque no tendría caso que dos personas enfrentadas entre sí como enemigos volvieran a retomar una relación demasiado quebrantada, pero grande fue su sorpresa cuando el ángel inmolado de alas de oro lo buscó para aclarar todo lo sucedido en aquella noche estrellada en la que sus corazones se hicieron añicos ante la pérdida de la confianza en medio de una supuesta traición.
Sagitario no lo odiaba, buscaba a toda costa recuperar ese tiempo que ambos habían perdido y en medio de todo ese caos entre ambos, lo inimaginable pasó.
Los dos se dieron cuenta del lazo que unía sus vidas, Aioros era su Alfa y él su Omega.

—¿Cómo es posible que después de todo lo ocurrido tu presencia me altere por completo hasta el punto de olvidarme de mi terrible pecado?

Sus suspiros son tragados por la fiel soledad que lo acompaña en esa neblina de pensamientos dispersos que se aglomeran en su mente junto con los recuerdos donde el protagonista principal es ese guapo castaño, el mismo que un día idolatro más que a un ser supremo, y cómo no hacerlo si durante su adolescencia Aioros se veía demasiado encantador con su armadura las pocas veces que la usaba durante las reuniones más importantes que tenían con el Patriarca Shion y que también usaba durante sus misiones.

Nunca debió desconfiar de Aioros, siempre debió serle tan fiel como una espada a un caballero en la edad medio, si eso hubiera sucedido de dicha manera ahora mismo no tendría miedo de lanzarse a sus brazos para recibir todo ese amor que Sagitario le ofrece.

Se abraza a sí mismo al no poder evitar sentirse tan miserable. Hades no debió cumplir su promesa, al contrario, debió dejarlo dormir eternamente entre los desgarradores vientos congelados y la humedad de la nieve de la prisión de inviernos perpetuos.
No se siente merecedor de sentir el calor del fuego ardiente del cosmos de Sagitario, simplemente no puede… Es un traidor, debe sufrir y no sucumbir ante el deseo de ser feliz, debe pagar por todo lo que hizo, Aioros merece a alguien que esté a su altura no a un simple bufón.

—Esto es más difícil de lo que yo creía.


Con el paso de los días se enfoca más en supervisar a cada caballero de plata en sus entrenamientos para así generar informes detallados de sus habilidades, mantener su mente ocupada en este trabajo solicitado por Athena lo ayuda a no pensar mucho en sus propias desgracias.


—Shura de Capricornio, he traído los libros que me has pedido.

La suave voz lo desconcentra, ha estado ocupado escribiendo todo lo solicitado en su libreta de notas que se olvidó por completo que a cierta hora Afrodita de Piscis vendría hasta su templo a entregarle algunos libros que él mismo le solicitó.

De una manera organizada deja de lado su bolígrafo junto a su libreta de notas para ir a recibir a uno de sus colegas.

—Me disculpo por no atenderte debidamente y hacerte esperar, estoy algo ocupado últimamente.— admite llegando al recibidor de su templo.

Afrodita le sonríe cálidamente y en el aire danza el delicado olor a rosas del Omega. —No tienes por qué preocuparte, todos estamos más ocupados que nunca con la reconstrucción completa del Santuario.— sus manos sostienen algunos libros sobre su pecho y otros más en una bolsa. —¿Necesitas mi ayuda en algo más? 

Shura toma todos los libros mientras medita sobre si debe aceptar un poco la ayuda de alguien como Afrodita, después de todo él no es un hombre al que le guste socializar mucho.
—Tus conocimientos en biología y herbolaria me serían de gran ayuda para comprender algunos temas que necesito estudiar, por favor pasa.

Piscis no es un Santo de su devoción, no es su amigo y tal vez está muy lejos de serlo, no tienen nada en común que los ayude a acercarse, solo son simples conocidos que no han cruzado más que un par de palabras algunas veces por simple cortesía o por su compromiso como Caballeros de Athena.

En lo poco o mucho que se llegan a parecer ambos es que los dos desean enmendar sus errores del pasado.
A lo lejos ha podido notar el esfuerzo que ha puesto el Omega y Caballero más hermoso del santuario en ayudar a la mayoría de habitantes del Santuario en lo que lo requieran sin importar si su bonito y sedoso cabello se arruinan por sus nuevas actitudes para con todos.

—Puedo saber, ¿por qué motivo me has pedido libros de biología, medicina y herbolaria?

Los hermosos ojos celestes observan por completo el espacio al que ha sido guiado por el anfitrión de la casa. 
Es una habitación que sirve más de estudio y un intento de biblioteca, esta es la ventaja que tiene el templo de Capricornio. Sus múltiples habitaciones son de gran ayuda y Shura puede utilizarlas como mejor le venga en gana.


—Sobre eso Athena planea que el sistema de salud en el santuario cambie y no está de más que muchos de nosotros adquirimos conocimientos sobre ello para ayudarnos entre nosotros mismos. Cómo sabrás en el periodo en el que Saga tomó el poder del Santuario el sistema de salud decayó demasiado, muchos aspirantes a caballero murieron durante su formación principalmente por la negligencia de no ser atendidos debidamente.

Recapitular algo como eso le proporciona mucha tristeza, nunca se dio cuenta de la usurpación de Saga, para él siempre fue Shion quien estaba detrás de la máscara del patriarca, grande fue la decepción que sintió al enterarse de todo ese engaño y sentirse atado de manos al no poder hacer nada porque la diosa Athena ya había perdonado al Santo de Géminis, pero fuera de ello ya no podía considerar a Saga como a un amigo, al menos no después de saber que fue orden suya matar a Aioros debido a sus celos y a sus propios beneficios.
Por ello cuando Saga le exigió que por favor lo escuchará lo único que hizo fue cortar todos los lazos de compañerismo que los unieron durante el asedio al Santuario en su batalla contra el dios del inframundo, Hades.

Él no le debía nada al caballero de Géminis, por el contrario, Saga le debía por completo una vida que no pudo vivir tranquilamente por trece años sin sentir remordimientos por las noches al saber que mató a la única persona que catalogó como la más importante en su vida.
De no ser por la intervención de Athena, él mismo hubiera retado a Géminis a un duelo aunque a medio combate perdiera su vida.

—Estoy al tanto de ello, muchos soldados murieron por infecciones en sus heridas o al contraer enfermedades virales.— tomó asiento en donde se le indicó. —Pero creo que no quieres hablar mucho sobre el tema de Saga siendo patriarca, es algo difícil para ti… para todos.

Solo el propio Piscis sabía en lo que se había visto envuelto al ser uno de los caballeros más cercanos al gran maestro.

—Tienes razón no me apetece mucho hablar sobre ese asunto, lo importante para mí ahora es adquirir mayores conocimientos para ayudar en lo que pueda.

El sueco asiente un par de veces, comprende que para todos es muy difícil recordar la manera en la que Saga les vio las caras de alguna u otra manera.

—¿Por dónde empezamos?

—Por un libro que hable de lo más básico del ser humano en conjunto con las castas, quiero aprender como funciona el organismo de cada casta. En estas últimas batallas el ejército de Hades tenía una gran ventaja sobre nosotros, ellos en su mayoría eran Alfas así que se aprovecharon de eso y de que más del 40% de la población del Santuario eran Omegas. Sería de gran utilidad si encontramos algunas plantas medicinales que actúen como inhibidores de feromonas o algo parecido para los caballeros de un nivel inferior al de Oro, nosotros podemos protegernos debido al séptimo sentido, pero ellos no y no todos pueden alcanzar ese nivel.

—Tenía entendido que Athena quería que la fundación Graad se hiciera cargo de crear dichos suplementos.

—No estaría de más que podamos nosotros mismos cultivar algo que nos ayude, Athena ya ha hecho suficiente por nosotros al aceptarnos nuevamente en sus tropas, cualquier otro dios nos hubiera revocado el título de caballeros.

—De hecho existió algo así como lo que mencionas en la antigüedad, pero hoy en día no. Se extinguió por completo en el siglo I, se llamaba Silfio.

La decepción estalló en su rostro. —Bueno entonces dejemos que la farmacología haga su trabajo, de igual manera supongo que hay algunas otras plantas que nos ayuden con las heridas de los soldados y cosas así. 

—Eso si es correcto.


Con paciencia ambos Caballeros comenzaron a hojear y leer los libros. 
De vez en cuando Shura trata de memorizar casi al 100% las líneas que le parecen más importantes y de gran ayuda, es algo propio y nato de su personalidad.
Por su parte Afrodita le ayuda a comprender algunas palabras que suenan desconocidas, otras veces se pierden hablando tratando de relacionar el contenido de los libros de texto con su propia vida diaria dentro del Santuario o dando sus propias opiniones al respecto.


—Muchas cosas han comenzado a cambiar dentro del Santuario después de la llegada de Athena tras derrotar a Hades.
Anteriormente, estaba esa absurda regla sobre las mujeres caballero que si les veías el rostro ellas debían elegir amarte o matarte. Cosa que generaba malos entendidos y se entrometía con las líneas del destino de cada quien, era algo injusto.

—Posiblemente con el tiempo muchas cosas cambien aquí, Afrodita y espero que sean para bien.

Athena tenía muchos planes entre manos, creció siendo la nieta de un aglomerado millonario japonés por lo cual tiene amplios conocimientos para incentivar cambios a gran escala dentro del Santuario.

—Si, todo aquí va por buen camino.— sonríe. —Mira, este libro de aquí contiene temas muy interesantes y va encaminado más a temas propios de los Omegas.

—"Comportamientos de un Omega a lo largo de su vida." Es un título interesante.— sonríe observando el índice que contiene el libro. —¿Nidos?— frunce sus cejas al encontrarse con esa palabra, ha escuchado muy poco sobre eso. 

—¡Uh! Eso es un asunto sumamente interesante. Hay un periodo en el que el Omega realiza un nido, justamente se da después de quedar en cinta, es decir, que ha tenido relaciones sexuales con su Alfa, por lo que busca pasar gran parte de su embarazo en un lugar donde pueda tener algunas pertenecías que tengan impregnado el olor de su Alfa, por ejemplo, ropa, zapatos u objetos que este utilice con frecuencia.

—¿Un nido como las aves?

Afrodita guarda sus propias ironías para sí mismo, Shura es alguien serio y no una persona con la que pueda bromear.
Además, se nota que no sabe mucho del tema y no lo culpa, todo esto es parte de las consecuencias de la ineptitud de Saga al frente del Santuario donde se les dio una nula educación sexual o reproductiva.
—Las aves construyen su nido en pareja la mayoría de veces, pero otras tantas solo uno de los dos la realiza. 
Si tal vez podemos tomar a las aves como ejemplo, pero en vez de tierra y paja, como ya te lo mencioné los omegas optan por construir sus nidos sobre su cama con objetos pertenecientes a su pareja.

Está sorprendido, desconocía eso de su propia casta. —Suena como algo absurdo, ¿Por qué alguien quisiera tener un desorden por no decir un caos en su habitación?

—Sucede por instinto.
Científicamente, la ciencia explica que esto se debe más a un nivel psicológico y emocional, el Omega se siente protegido, ya que terceras personas no invaden su espacio y se siente tranquilo durante el periodo de gestación.
Tras años de evolución hasta nuestros días se ha comprobado que esto ayuda mucho al Omega, evita una depresión postparto.

—Ya entiendo.— hojear el libro directamente a la página marcada que habla sobre ese tema.

—En algunas excepciones, los omegas realizan un nido antes de que el Alfa los logré fecundar. A estos nidos se les llama “Nido de tierra”, ya que el Omega solo marca su propio territorio en el que desea anidar, a veces por consecuencia su Alfa al ver esto se siente un poco más atraído y no importa si obtiene el permiso del Omega o no, este se unirá a él para lograr su cometido de reproducirse.

—Eso va en contra de los deseos del Omega… 

—No directamente, puesto que se ve seriamente necesitado, es como cuando se clama por ser marcado.

—Entonces hacen eso por instinto y no por necesidad propia.

—Efectivamente.

Las ilustraciones en el libro le dan una idea más clara de lo que es un nido.

—Si se actúa por instinto entonces debería existir alguna manera de suprimirlos en caso de que el Omega no esté en periodo de gestación.

—Así es, las píldoras anticonceptivas ayudan con eso.

Suspira ligeramente, supone que al igual que él otros Omegas dentro del Santuario desconocen mucha de esta información por completo, información que deben conocer sobre todas las cosas.

—Cambiando de tema…— la expresión facial de Afrodita se suaviza poco a poco hasta que sus labios formaron una suave sonrisa que concluyó con un suspiro. —Debes estar al tanto que durante todos estos años, no ha habido muchas generaciones de caballeros que dejen descendencia entre sí. Todos los caballeros se han enfocado prácticamente en proteger a la diosa Athena que se olvidan de su propia naturaleza, pocos fueron los niños que nacieron de esas pocas uniones.— Piscis sabe exactamente hacia donde está encaminada su conversación.

—Muchos caballeros murieron en combate siendo demasiado jóvenes, algunos podían considerarse unos niños y todo eso me hace pensar en que como Santos no tenemos un destino fijo en esta vida.— volvió la vista hacia el libro y continúo leyendo.

—Si tuvieras la oportunidad, ¿La tomarías? 

—Ya sabes, tener hijos. ¿No te gustaría ver a un niño corriendo por todo el Santuario con los rasgos físicos de Aioros combinados con los tuyos? 

Shura sabía que algún día no tan lejano las preguntas incómodas llegarían, Aioros y él son la primera pareja entre Caballeros de Oro que están unidos por el lazo del destino en esta era y obviamente por ello los ojos de muchas personas están puestos sobre ellos dos.

Antes de responder, trata de imaginar un pequeño ser nacido de su vientre con las características dadas por Afrodita, pero más parecido a Aioros. Su imagen mental es perfecta.

—Afrodita, no creo que eso esté en mis posibilidades.— responde con un nudo en la garganta. —Son muchos factores los que hay que considerar, más que nada en pareja y… Aioros y yo, estamos apenas conociéndonos nuevamente, vamos poco a poco y sinceramente nada nos garantiza que viviremos una larga vida.
Además, considerar tener un hijo es pensar en que ese niño o niña tendrá que crecer en este lugar, lo que para mí no es justo, un niño debe crecer en un lugar diferente al Santuario, uno en el que no viva en medio de guerras y entrenamientos violentos, sobre todo al saber que un hijo de una unión entre dos Santos de Oro daría como resultado a otro Caballero… El cosmos se hereda, tendría que encajar en los estándares de los demás y eso es lo último que deseo.

Expuesto de esa manera, Afrodita también lo considera cruel. Ellos mismos vivieron una infancia marcada por entrenamientos y deberes que debían cumplir al pie de la letra.
Las estrellas son las mayores enemigas en algunos destinos.

—Comprendo todo eso perfectamente, pero si tu entorno fuera diferente, ¿Desearías tener un hijo con él?

Sí, si todo fuera diferente lo desearía.

—Es demasiado aceptable que soñemos con algo diferente a lo que tenemos ahora.— expresa Piscis.

—No importa soñar Afrodita, además ya conoces una de mis respuestas, no en dado caso dé sino en la realidad.

—Bien, siento haber preguntado algo así.— respondió apenado por su falta de tacto en su pregunta. —Supongo que me deje llevar por la emoción de saber que ustedes dos están juntos a pesar de todo lo sucedido previamente. 
Aioros te ama intensamente y creo que tú también correspondes a sus sentimientos.

Afrodita no se equivoca, por supuesto que corresponde a los sentimientos de Aioros, pero no a como todo el mundo lo piensa

—Es demasiado aceptable que no me respondas ahora mismo, con lo que veo es suficiente. Amas a Aioros, pero tú mismo te limitas a expresarlo, sé lo mucho que has sufrido con todo esto, pero deberías darte la oportunidad de ser feliz, no pienses mucho en si morimos hoy o mañana, disfruta lo que tienes.
Olvida mi imprudencia por ponerte en medio de esta situación, me disculpo sinceramente.

—Descuida, al menos tú me lo preguntas por la curiosidad que sientes al saber de lo mío con Aioros más no con malas intenciones.

—No insistiré más en el tema Shura, solo quise traerlo a colación debido a los temas discutidos previamente.

A pesar de todo, se siente cómodo con la compañía de Afrodita por lo que no refuta nada en su contra, al contrario, quisiera agradecerle por lo útil que ha sido su presencia en su templo.

—Está oscureciendo, es mejor que pase a retirarme a mi templo.

—¿No gustas un té antes de irte? 

—No, Shura. Ya te he dado muchas molestias el día de hoy.

El tiempo se ha ido volando para ambos, es grato tenerse como compañía uno y otro.

—En ese caso está bien, también tengo que entregar una información a otra persona, pero sería agradable que pudieras seguir siendo una guía para mí en algunos otros temas que desconozco.

Afrodita le da una de sus mejores sonrisas, a Piscis le gusta sentirse útil y no ser simplemente visto como el Omega más hermoso dentro de la orden de oro.

—Será un placer para mí.

—Gracias por tu ayuda.

—No es nada, después de que termines de entregar la información que tienes, recuerda cenar y posteriormente dormir tus ocho horas de sueño, eso te ayudará a levantarte con mejores ánimos y a sentirte mejor.

¿Afrodita siempre ha sido así? No, Piscis al igual que muchos de ellos ha estado trabajando en cambiar sus actitudes, anteriormente solo se preocuparía más por sus rutinas de skincare que por sus demás camaradas.

—También descansa, Afrodita de Piscis.

El caballero de cabellos celestes asintió y pasó a retirarse, todavía con un semblante decaído por su gran metida de pata.

Él por su parte antes de ponerse a cocinar su propia cena, decidió subir hasta su habitación para volver a abrir su libreta y concluir su análisis en relación con los poderes de defensa y ataque de los caballeros de plata.
Había trabajado en este proyecto por meses y hoy finalmente lo concluyó con un comentario extra para entregar dicha información a Aioros.

Sin hacer uso de su armadura se dirige escaleras abajo hacia el templo de Sagitario.


“¿Cuántos escalones son los que dividen a nuestros templos?” 

“Son menos de trescientos, así que cuando me necesites puedes venir desde Capricornio a Sagitario. Estaré dispuesto a ayudarte sin importar si me encuentro durmiendo o no.
Tú tienes mi permiso de interrumpirme todo lo que desees, Shura.”

Espera que esas palabras que Aioros le dijo en el pasado sigan tan vigentes como en ese entonces cuando solo era un niño ingenuo idolatrando a su mejor amigo.
Con algo de prisa recorre esos escalones que los separan y unen al mismo tiempo.

En medio del anochecer, recuerda que alguna vez sus rodillas estuvieron lastimadas luego de un entrenamiento en la arena del coliseo, se había caído y lastimado al punto en que sus rodillas sangraron y Aioros atendió sus raspones entre palabras dulces llenas de tierno afecto. 
Sagitario siempre ha sido así con él, regalándole sonrisas amables y cariñosas.

“¿Puedes soportar el dolor?”

Antisépticos naturales, hisopos y benditas era lo que Aioros utilizaba para ayudar a sanar las heridas.

“Yo puedo soportarlo.” 

Era más valiente cuando era un simple niño que ahora que es un adulto, pero siendo sincero nunca pudo soportar el dolor, siempre quiso gritar ante la más mínima herida que se hacía, pero no fue hasta aquella noche estrellada que gritó de rabia y frustración al verse herido de la peor manera con la traición.
Sin duda algo peor que las heridas de sus entrenamientos fue tener el corazón partido por el engaño de su entrañable amigo.

—Doscientos cincuenta y…— suspira tomando aire y valor para adentrarse a ese templo por el que durante trece largos años sintió lástima debido a que este había albergado a un hombre sin escrúpulos como el moreno.
Tiempo después todos los insultos que empleó contra su memoria lo golpearon directamente en la cara cuando supo que Aioros no era más que un mártir que trataba de defender a la diosa Athena.

Con resignación, sostuvo la libreta conzra si pecho y se adentró a la cálida morada del noveno guardián.

—Doscientos cincuenta y cinco.

Sus pupilas en medio de sus iris verdes se dilataron y su boca se abrió un poco justamente cuando estaba por llamarlo, pues lo diviso a unos cuantos metros ejercitándose.

Aioros es tan imprudente como para realizar entrenamiento a esta hora del día en que Apolo los abandona para dar paso a la luminosidad de Artemisa.
No lo culpa, después de todo Sagitario apenas y tiene tiempo para sí mismo debido a todas las responsabilidades que Athena y el Patriarca Shion han dejado sobre sus hombros al nombrarlo general de sus tropas.

Se queda en silencio durante unos pocos segundos, su mirada está fija en el cuerpo de Adonis que posee el castaño. 
La perfecta musculatura de Aioros se tensa al ejecutar ese tipo de flexiones, y por ende se sonroja al imaginar cosas que ni siquiera deberían pasar por su cabeza.

—Estás aquí, Shura.— toma su compostura debida 

Al escuchar su nombre salir de esos labios se siente nervioso como si hubiera sido atrapado haciendo algo malo.

—¿Llevas mucho tiempo aquí? 

Humedece sus labios con su propia lengua y trata de apartar su mirada del cuerpo bronceado, es un mal momento para que Sagitario esté entrenando sin playera.

—Acabo de llegar recientemente.

Recibe esa sonrisa descarada y ladina, por supuesto que Aioros sabe el momento exacto en que llegó a irrumpir su espacio personal y por supuesto, se aprovecha de su presencia para modelar su escultural figura delante de él como si de un pavo real mostrando sus alas se tratara.

Por su parte, Aioros se siente orgulloso al ver ese tenue rubor en las mejillas del ibérico, su cometido ha dado resultados sumamente positivos.

—Vine a traerte la información sobre los caballeros de plata que Athena me pidió recaudar para ti. 

Sagitario no es ni siquiera capaz de secarse el sudor antes de acercarse a él.

—Me preguntaba si es verdad todo lo que dicen de ti.

—Según tú, ¿qué es lo que dicen de mí?

—Dicen que eres demasiado obstinado y responsable con el trabajo, ahora veo porque lo dicen, en lugar de venir mañana, vienes ahora aunque ya es tarde y posiblemente es la hora en la que cocinas tu cena.

¿Acaso lo está regañando? 
Sus manos aprietan su libreta de notas, esperaba algunas palabras ante su puntualidad o un “gracias”, pero ahora se siente molesto.

—No me malinterpretes, me gusta tu eficacia, pero pudiste venir mañana, afuera debe estar haciendo frío.

Traga saliva, la proximidad y familiaridad con la que Aioros lo sigue tratando es como si nunca hubiera pasado nada entre ellos dos. 
Ha pasado un año completo desde que están “juntos” y nunca ha sentido su rechazó.

—Me iré enseguida, solo quería entregarte esto.— extiende el pequeño cuaderno intentando que de esta manera el acercamiento de Aioros llegué a su fin, pero no es así, sus manos se tocan algunos segundos y sus ojos hacen contacto visual.

Shura nuevamente lucha con el sentimiento de su corazón palpitante.

El océano de esos ojos es tan basto que ni siquiera la misma eternidad le alcanzaría para apreciarlos debidamente.

—Yo… me tengo que ir.

Se da la media vuelta, pero la mano de Aioros sosteniendo su brazo le impiden avanzar.

—¿Aceptarías cenar conmigo? 

No estaba preparado para recibir una invitación apresurada y de casi último momento. —Yo dejé…— quería inventar cualquier excusa piadosa para librarse de dicha invitación. —¿Has cocinado algo?— la pena fue evidente en el rostro griego. —Olvídalo, me haces una invitación a cenar sin tener preparado algo previamente.— no tenía que mentir, no cuando conocía perfectamente a Aioros, este siempre preparaba algo de comer en el último momento o incluso se iba a cenar con el estómago vacío.

Avergonzado, el castaño se deshizo del toque que los unía y suspira cabizbajo, su imprudencia lo llevaría a perder una gran oportunidad.

—Yo…

—Si me voy ahora mismo, regresarás a hacer ejercicio y no harás nada de cenar hasta que el estómago te lo exija, después tomarás cualquier fruta y tratarás de engañarte a ti mismo, finalmente irás a la cama y dormirás.

Lo conoce demasiado bien, sabe sus rutinas y lo mal que se lleva con la cocina.

—En ese caso, prometo que la próxima vez que te invite, tendré todo preparado y será algo…

—Estoy seguro de que en tu refrigerador ni siquiera hay algo decente para preparar.— niega con la cabeza. —Cenemos en Capricornio.

No sabe exactamente de dónde sacó la fuerza necesaria para hacer un ofrecimiento de esa magnitud.

Aioros sonríe, Shura nunca lo había invitado a su templo y él estuvo respetando esa decisión de ir lento y despacio, por ello no invadió el sagrado templo de la cabra montes con su presencia.
Entendía a Shura más de lo que cualquiera pudiera considerar, nunca fue firme en sus decisiones y siempre huyó como un cobarde por ello no podía exigirle nada a su amado.
Recuerda como hablaron de todo lo ocurrido y la manera en la que Shura se desmoronó ante sus ojos hasta el punto de caer desmayado por la impresión de verlo con vida, todo los martirizó en ese momento y luego tuvieron que aceptar el lazo que los unía, sus aromas eran evidentes, sus dos cuerpos clamaban por estar juntos y fue una real tortura permanecer cerca y a la vez tan lejos aceptando sus propios destinos.

Su relación empezó después de digerir todo lo que sucedía a su alrededor, con miedos iniciaron esa relación rara donde sabían que estaban juntos, pero se seguían tratando como dos simples conocidos, todavía existía esa brecha de ser una víctima enlazada a su asesino, pero todo eso debía parar algún día… y quizá ese día es hoy.

—¿De verdad me estás invitando a cenar contigo?— pregunta con una felicidad invadiendo todo su ser.

—Lo digo en serio, tal vez tarde un poco en preparar un platillo que sea de tu agrado, pero estará bien si al menos sé que no te fuiste a dormir sin tener una cena decente.

—Puedes esperarme un poco.

Capricornio asiente pensando en que Aioros quizás quiera estar un poco más presentable y portar su armadura de oro, luego de lo sucedido entre ambos es mejor que Sagitario esté prevenido aunque le duela aceptarlo.

No quiere seguir siendo un verdugo para alguien tan noble, pero no tiene otra opción, el destino y sus propios sentimientos los unen.

Con los ojos acuosos por las lágrimas queriendo escapar de estos, se dio la media vuelta e intenta borrar cada rastro de ellas con el dorso de su mano.
Siente algo deslizarse y cubrir sus hombros, se paraliza enseguida, pero sabe perfectamente que el ataque de “Shadow arrow” no funciona con él debido a ese lazo que los une.

—Hace frío en el exterior, tus manos estaban frías hace unos minutos, así que traje esto para ti. 

Antes de que pueda responder algo, un tallo floral capta su atención, las pequeñas flores tienen pétalos de un suave color rosa. —La flor de la Acrópolis.

—Así es, hace unas horas tuve que salir del Santuario y me encontré con esta flor en particular y no dudé en tomarla para ti, sin embargo, no sabía si tendría la oportunidad de dártela.

Niega con la cabeza, no esperaba nada de esto. —Esta flor es tan deseada por muchos que nunca se ha revelado la ubicación exacta donde se encuentra, es una especie única.— acaba de ver cientos de flores en los libros de Afrodita que reconocer está flor no le es difícil. —Gracias, pero tú mismo lo dijiste alguna vez. Debemos tener respeto por todos los seres vivos que habitan este planeta, no debiste cortarla… tal vez con que posteriormente fuéramos a verlas florecer sería suficiente.

—Entonces guárdala como un tesoro único.

Por supuesto que la guardaría, no solo por ser única sino porque Aioros es quien está detrás de tal obsequio.

—¿Está es tú…?

Finalmente, se da cuenta de que la prenda que cubre sus hombros no es más que una pieza blanca.

—Es la capa que recibí cuando me convertí en el caballero de Sagitario, lastimosamente es algo innecesario para mí, la armadura tiene alas, ¿Cómo podría usarla? 

Ante esa lógica Shura no puede objetar nada en su contra. —Aioros esto es algo muy importante para ti y no tengo frío.

—Acéptala y no trates de mentirme con que no tienes frío.

Recibe una suave caricia en su mejilla derecha y se pregunta, por qué Aioros es tan fanático del contacto físico.

—¿Te irás así?— allí está una vez más observando ese pecho desnudo. —Quieres que yo no pase frío y mírate a ti mismo.

—Es diferente, un Alfa debe cuidar a su Omega.

Ahora mismo desearía cancelar su invitación, Aioros está siendo tan atrevido y él demasiado hablador.

—Si te da un resfriado no habrá nadie que te cubra en tus responsabilidades.

—Pero podría considerar que mi Omega me traiga un té caliente.

Tensa su mandíbula, si Aioros continúa provocándolo de esta manera no tendrá más opción más que salir corriendo escaleras arriba y dejarlo allí solo.

 

… Es todo lo contrario, Aioros permanece a su lado mientras suben cada escalón hasta su templo, de vez en cuando contemplando a las estrellas.

Tal y como Afrodita se lo comento, imagina las probabilidades de que su entorno sea diferente, contemplando en el hecho de que si Aioros hubiera permanecido a su lado esos trece años todo sería de una manera tan distinta que ahora no sentiría miedo de tomar su mano para caminar juntos y parar cada cierto número de escalones para compartir un beso teniendo como único testigo a la celosa diosa de la luna.

Sagitario se adelanta unos cuantos escalones más, de esa manera puede ver los músculos de su espalda y una curiosa cicatriz que le recuerda a su falta cometida.
La culpabilidad regresa una y otra vez, desea ser más fuerte y reprimir todo ese sentimiento de dolor como Aioros se lo ha sugerido para dar paso a una vida prometedora.
Sus ojos recorren esa cicatriz y se cuestiona si el castaño siente algún dolor sobre esta, pero ese surco de células regeneradas pasa a ser de menor importancia cuando vislumbra algunos pequeños lunares que adornan la piel bronceada.

Aioros contempla las estrellas en el cielo y él las adora en la anchura de su espalda.

—Cuando te traje por primera vez al Santuario me pediste que te mostrará la constelación de Capricornio, en ese momento te dije que un día iríamos al hemisferio sur y podríamos verla con una mayor claridad, espero un día poder hacerlo, por ahora podemos disfrutar de las constelaciones que está noche nos acompañan.

Su atención viaja a los puntos lumínicos en el cielo nocturno, admite que es un espectáculo maravilloso que solo pocas personas se detienen para apreciarlas.


Aioros no puede seguir conteniendo en una caja de Pandora todos sus sentimientos, necesita abrirse de manera sincera para sacar todo lo que tiene almacenado a flote.


—Shura.— susurra bajito, pero ya se encuentra demasiado cerca del español. —Me gustas más de lo que yo puedo imaginar.— se toma el atrevimiento de tomarlo del mentón delineando con su pulgar la comisura de esos labios carnosos de suave color rosado.
Se siente hipnotizado.
—Esto es algo que va más allá de lo que tengo permitido, me pediste que fuera paciente, que lleváramos esta relación poco a poco, pero no puedo contenerme más, quiero estar cerca de ti, sentirte… tocarte. 

Shura se queda rígido ante esa confesión y la verdad es lo peor que pudo haber hecho.

—Lo siento.

El pelinegro no sabe por qué Aioros le pide disculpas a un vulgar y ruin traidor como él hasta que siente la tibieza de sus labios sobre los suyos. Sagitario le está robando su primer beso.
Sus manos se posan en los pectorales, quiere apartarlo y a la vez pedirle que ese beso dure toda la eternidad.

Es un beso magnífico a pesar de que sus labios no hacen un movimiento atrevido, es un beso sencillo cálido y amoroso.

Su cintura es rodeada por las fuertes manos del arquero que le impiden escapar.
Claramente, no fue una buena idea pedirle que cenaran juntos en la tranquilidad de su templo, debió seguir marcando un límite entre ellos dos.

Es un beso torpe y cada uno siente los nervios a flor de piel.
La capa se desprende de los hombros de Shura y lo único que evita que caiga por completo al suelo es el agarré de Aioros.

Agua salada gotea de sus ojos esmeralda, es demasiado fuerte el sentimiento que tiene por el caballero de Sagitario como para seguirlo reprimiendo, cierra los ojos y se deja llevar por la sutileza del beso.
Por primera vez no quiere huir, al contrario, desea refugiarse de la oscuridad que se imprimió en su corazón por bastante tiempo, anhela volver a tocar la luz con la punta de sus dedos y sentirse digno del amor que Aioros siempre le ha profesado.

La magia del momento llega a su fin, el arquero se aparta de sus labios dejando un leve cosquilleo en ellos, ese malvado ángel no es más que un miserable ladrón que lo ha puesto fuera de órbita.

—¿Por… por qué lo hiciste?— el tartamudeo de su voz expone por completo lo afectado que está.

—Necesitaba hacerlo, me moría de ganas por probar tus labios.— admite sin pudor. —Shura…— con delicadeza remueve sus lágrimas con sus pulgares.

—No hablemos del tema, al menos no por ahora.

Se aparta y se cubre nuevamente con la capa blanca para continuar su camino, escucha los suspiros de Aioros, pero no le dice nada. Hoy ambos han dado un paso gigantesco en un abrir y cerrar de ojos.

—El día de hoy esa estrella de allá brilla de una manera hermosa.

Aioros no se refiere realmente a una estrella en el cielo, pero la utiliza de metáfora para decir lo piensa de Shura sin recibir un comentario negativo de su parte.

—Es la estrella Polar del Norte, siempre brilla con intensidad, no solo el día de hoy.

—Para mí su brillo es especial esta noche, además esa estrella es la que siempre ha guiado a muchas personas a encontrar su destino.

Sonríe sabiendo que su poesía deriva a decir de una manera más literaria que Shura es una guía en su camino, es ese punto luminoso que lo lleva de regreso a la realidad y que al mismo tiempo lo hace soñar despierto.
Si algún día debe morir nuevamente, espera que sean esas manos las que le den el golpe final, a Shura le pertenece su vida y todo lo que posee, a Athena simplemente le pertenece como Caballero de sus tropas.

—Las estrellas siempre te han fascinado, no es extraño que hables así de una de ellas.

—Hay una estrella en específico que me importa más.

Ambos entran en Capricornio, Aioros se toma el tiempo para admirar más de cerca el templo, contempla su decoración, la manera en que es más amplio que Sagitario y más ordenado.

Percibe un delicioso aroma dulce y amanerado a nueces, el olor de Shura está impregnado en cada rincón del templo.

Las lámparas de combustible líquido iluminan los pasillos, fuera del Santuario existe la electricidad, pero dentro de este todo se ha quedado atrapado en el tiempo, incluso Rodorio tiene que atravesar por cosas similares al estar en los límites que dividen al Santuario con el resto del mundo.

—Toma asiento y espérame algunos minutos en lo que preparo todo.

La capa blanca es dejada sobre el respaldo de una silla y el pequeño tallo floral es puesto sobre la mesa.

—Puedo ayudarte a cocinar.

—No es necesario y por favor no insistas, solo espera.

Aioros jamás imaginó que llegaría el día en que ese niño que conoció hace años en el invierno algún día le daría órdenes a un caballero de un rango tan alto como el suyo, ni tampoco pensó en que mansamente lo obedecería por completo.

—Supongo que mientras puedo leer parte de tu informe sobre los caballeros de plata.

El espadachín no supo en dónde había guardado el arquero su libreta para tenerla consigo en este momento sin que ni siquiera lo notará, pero no le dio mucha importancia así que paso a adentrarse en la cocina.

Ya en su discreta privacidad pudo soltar el aire retenido, todo lo que está viviendo es nuevo para él que no sabe como reaccionar debidamente, quiere correr, pero se siente atado por la felicidad que experimenta al lado de Aioros.

 

[...]


—Sin duda alguna esto es delicioso.— Aioros habla con la boca llena y apenas se puede entender lo que dice. —Durante todo esté tiempo la comida no ha tenido ningún sabor para mí, supongo que me acostumbré a que mi alma viviera dentro de la armadura de Sagitario, por eso pierdo la noción del tiempo o me olvidó de cenar o de comer.

La cena estaba transcurriendo de una agradable manera hasta que el castaño mencionó eso.
La culpabilidad vuelve darle una severa paliza, Aioros todavía continúa sufriendo las escuelas de su pasado.

Con la mirada baja y dejando los cubiertos sobre su plato, decide enfrentar lo que Aioros acaba de decir. —Realmente lo siento, si yo no hubiera hecho aquello tú no estarías en estas condiciones, tu vida seguiría siendo la misma que cuando tenías 14 años… Esa noche debiste ponerme un fin a mí, no al revés.

—Shura, no es tu culpa.

—Ambos sabemos que si lo es, además no sé porque halagas mi comida, no es un plato demasiado elaborado, solo son berenjenas asadas, no quise hacerte esperar demasiado.— muerde su labio inferior. —Pensaba preparar algo mejor.

Los ojos del color del océano se fijan en él como si fuera el centro del universo.

—¿Por qué elegiste preparar comida griega, por qué no un plato español?— lo sabe, está intentando cambiar el rumbo de su conversación.

—Incluso llevas ropa de entrenamiento parecida a la de los Caballeros griegos dentro del santuario.

No quisiera responder eso, pero debe hacerlo. —Desde que regrese de mi entrenamiento, se me prohibió salir del Santuario, perdí muchas cosas de mi identidad como español, a veces cocino uno que otro platillo que recuerdo, pero no más.
En cuanto a la ropa, me la proporcionaba… Saga, desconozco mucho si hay ropa más cómoda que esta o la que usa Afrodita o Milo.— está siendo sincero, pero detrás de eso también existe otra razón. —Creo que no me reusé tanto a estos cambios debido a que de alguna manera era una forma de recordarte, estupideces de un niño…— sonríe amargamente. —Había algo en mi interior que me decía que había obrado mal. 
Tú me enseñaste a amar Grecia, al Santuario y a la Diosa Athena, eso era lo mínimo que podía hacer para seguir honrando un poco tu memoria.

—No sé qué decir al respecto, pero me alegra saber que estuve presente de alguna manera en tu vida después de mi muerte. Sin embargo, sé que sufriste mucho con esto, aunque no lo demostraras.

En parte también Aioros se siente culpable, tanto que desea haber podido proteger con su armadura a Shura en su batalla con Shiryu antes de que este tomara la decisión de fundirse en polvo de estrellas, Shura nunca fue una mala persona, él con sus pésimas acciones lo orilló a tomar una decisión drástica esa vez que se enfrentaron a las afueras del Santuario.

—Me hace feliz saber que no me olvidaste y espero puedas disculparme por mis preguntas. 
Siempre tiendo a equivocarme al hablar contigo, nunca he deseado lastimarte, pero de alguna manera siempre es lo que terminó haciendo.

—Es algo inevitable.

Shura escucha el chirrido de la silla de Aioros y después, esos fuertes y protectores brazos lo abrazan brindándole esa seguridad que siempre ha necesitado.

—Shura, prometo que me esforzaré para convertir todo tu dolor en una felicidad permanente. Convertiré cada una de tus lágrimas en una sonrisa, una que espero me pertenezca durante toda la eternidad.— sus palabras son claras.

—No me gustan las promesas.

—Yo sé perfectamente lo que te estoy diciendo.— revuelve con cariño ese cabello oscuro con reflejos verdes. —Y haré de todo por cumplirlo, ¿Confías en mí? 

El tono azul se encuentra con el brillo esmeralda.

—Lo hago, está vez confiaré ciegamente en ti.

Sabe que no obtendrá ninguna decepción, solo hace falta que él mismo ponga algo de su parte para que las palabras de Aioros se concreten.

—Perfecto, ahora cenemos tranquilos, después te ayudaré a lavar los patos y por último regresaré a Sagitario

El plan suena perfecto y ambos lo llevan a cabo al pie de la letra, evitando tocar temas que sean sensibles para sí mismos, hablan del clima, de las estrellas, del mundo que los rodea; se pierden en sus miradas y luego actúan como si no supieran lo obvios que son uno y otro.

Al finalizar la pequeña cena, Aioros lava los platos, se despide y se marcha del templo que le ha abierto sus puertas.

Los recuerdos dolorosos pasan a segundo plano cuando se crean recuerdos magníficos que pueden atesorarse en el alma.

Shura toma la capa tan blanca como las nubes de un cielo azul en verano, cuidadosamente olfatea su olor.
Un aroma embriagante al igual que el ron de buena calidad, algo que resulta extraño, proviniendo de un Alfa como Aioros con una personalidad dulce y encantadora.
Con el misterio de ese olor en su mente, sube hasta su alcoba.

La felicidad hormiguea en cada parte de su cuerpo, detrás de todo lo que conoce sobre las capas de los caballeros de oro, ronda una leyenda que le da un significado preciado a entregar su capa a alguien más, se deja ver en todo su esplendor sus claras intenciones y deja latente el símbolo del amor, la confianza y el honor.

Aceptar esta capa por su parte no significa más que retomar el camino de la luz, esa que nunca debió dejar que se extinguiera dando paso a una oleada de tinieblas.
También, desde su perspectiva representa la elección de seguir siendo un caballero leal a Athena, después de todo Aioros recibió esta capa sagrada en conjunto con su armadura el día de su nombramiento como digno caballero de oro.
Aioros al cederle su capa le estaba regresando esa identidad que perdió durante trece años y le es inevitable no llorar si ata cabos y se da cuenta del simbolismo que representa entre ellos dos la entrega de un objeto tan puro.

A diferencia de sus lágrimas anteriores las que ahora llora son diferentes debidas al sentimiento alojado en su pecho, ama a Aioros, siempre lo ha amado. Ha comprendido que cuando era niño no admiraba al caballero de Sagitario, solo estaba aprendiendo a amarlo y por eso en aquel entonces lo veía de una manera tan celestial como un pecador a su Dios.


Deja la capa sobre su cama para realizar sus rutinas nocturnas antes de dormir, luego se recuesta y cubre su cuerpo con esa fina tela que desprende el olor a ron. 
Cuando era un niño, siempre sintió ese olor presente, pero luego de matar a Sagitario esté se esfumó y ahora nuevamente lo puede olfatear.

 

 

•

 


Aioros contempla la caligrafía cuidadosa de Shura en su informe, no hay ninguna falta de ortografía, ni manchones ni mucho menos tachaduras. Es un trabajo limpio y ordenado al menos en lo que ha podido revisar.

—¿Suspirando tan temprano?— Aioria se burla de él, ese jodido león que no deja pasar desapercibida ninguna reacción suya. —Esos suspiros tienen nombre y título, ¿Verdad? 

 Talla el puente de su nariz y sonríe al verse atrapado por su hermano menor.
—Por supuesto.

Desde que regresó de entre los muertos, Aioria ha estado a su lado, el león de oro fue quien lo ayudó a adaptarse nuevamente a lo que un día conoció y de un momento a otro pasó a ser desconocido.
Por supuesto, de antemano está orgulloso del joven en el que se ha convertido Aioria con el paso de los años, a pesar de no estar presente para darle un ejemplo a seguir, su pequeño cachorro de león supo exactamente en qué momento abrir los ojos ante las mentiras del falso patriarca.

—Sé que no estás de acuerdo con algunas de mis decisiones, entre ellas aceptar a Shura como mi pareja, pero deberías comprenderme. Este sentimiento que tengo por él va más allá de la razón.

—En verdad trato de comprenderte Aioros y en partes lo entiendo. Desde que éramos niños, tú lo veías diferente a él, lo elogiaste en lo más mínimo que hacía, le ofrecía la rebanada más grande de pan y la manzana más frondosa y roja que cortabas de los árboles. Llegué a sentir celos de Shura, en ese momento pensé que me estaba arrebatando a mi hermano.
Fui muy tonto al creerlo de esa manera, él te veía de una manera también diferente.

—Ante eso, debo recordarte que Shura siempre terminaba intercambiando todo lo que le ofrecía contigo, debido a tu pésimo carácter.— sonríe al recordar muy buenos tiempos.

—No es que no esté de acuerdo con lo suyo, solo se me hace difícil comprender que es tu naturaleza y tu destino enamorarte de él.
No soy quien para moldearlos a ustedes dos a mi gusto, yo mismo tengo que lidiar con mi propio destino, pero se me complica verlos como pareja, tal vez en un futuro me haga a la idea y pueda verlos como destinados.

Esto es algo complicado para Aioria, sufrió tanto en aquel entonces perdiendo a su hermano “traidor” a manos de su mejor amigo “héroe”, Shura. 
Todo pesaba sobre sus hombros al ser considerado “el hermano del traidor” y sentir como su estómago rogaba por un poco de comida, anhelando que ese estupido traidor regresara por él y lo llevará a un lugar mejor, pero eso nunca pasó, sin embargo, Capricornio se había encargado de seguir dándole la manzana más grande y un plato de comida digno hasta que pudo valerse por sí mismo, aunque no admitiría fácilmente que aceptó la ayuda que Shura dejaba a hurtadas a los pies de la puerta de su humilde casa en Rodorio.


—Ahora que he vuelto solo quiero recuperar la familia que un día fuimos los tres.

—Sí, aunque no creo que Shura quiera intercambiar la manzana más grande y jugosa conmigo. 

Ambos hermanos comenzaron a reír ante esa tontería, es bueno recordar los buenos tiempos que pasaron juntos durante su niñez.

—¿Al menos ya has tenido un avance con él? 

Tan curioso como siempre.

—Algo así, ayer cenamos en su templo y debo admitir que cocina delicioso.

—Me alegro por ti, espero que en verdad Shura pueda hacerte feliz, te lo mereces hermano.
Aunque si me pongo en sus zapatos, supongo que esto debe resultarle un tanto complicado, te apreciaba demasiado cuando era un niño y luego tuvo que hacer lo que hizo…— suspira. —Espero que pueda corresponder bien a tus sentimientos.

—Eso es lo que más deseo, no quiero cambiar su carácter ni nada de lo que es ahora, solo quiero entrar en su corazón.

—Shura debe perdonarse a sí mismo, antes que todo. Yo ya lo he perdonado y tú también, solamente falta que sane sus propias heridas.

Una cosa es haberlo perdonado y otra cosa muy distinta es poder llegar a verlo como su cuñado.

—Tomará algo de tiempo hasta que eso suceda, mientras tanto quiero hacerlo sentir amado y protegido.

—Con lo optimista que eres, seguramente lo lograrás.— sonríe brindándole consuelo a Aioros. —Tengo que retirarme, te veré después.

Aioros continúa leyendo el informe de Shura para seguir trazando líneas de defensa, después de todo tiene que comunicarle a Athena la futura organización del ejército para que le dé un visto bueno.

 


Shura toma el libro que ha dejado atrás para retomar su lectura, Afrodita no ha podido reunirse con él debido a que debe ayudar a Athena con algunos encargos.

—Nido Omega.— resopla, no entiende por qué de entre tantos temas sobre los Omegas, su mente tenía que crear una fijación directa con eso. —Un nido Omega suele utilizarse como refugio cuando el Alfa no está presente a su lado.
El Omega actúa de manera defensiva en torno a su nido, su comportamiento es agresivo si una persona se acerca demasiado a su “método de protección”.
Usualmente, los nidos son creados por el Omega previamente a su ciclo de celo.— sus mejillas arden.
Estos temas durante el régimen de Saga se tomaron como tabú, es normal que se sienta avergonzado por enterarse de algo tan íntimo que es sumamente normal entre los de su especie.

Hace cuentas de su calendario de “calor”, su celo no está demasiado lejos y de solo pensarlo siente un escalofrío recorrer todo su cuerpo. 
Debido a sus traumas del pasado su celo nada más se presenta cada seis meses y no cada tres como debería de suceder.

—Tranquilo, nada de eso puede pasar.

Confía en que su séptimo sentido lo ayude a aminorar esos instintos primitivos como la última vez, no quiere caer tan bajo como para que su cuerpo seda a la locura de realizar un nido o algo parecido.

Confía en su jerarquía, no como Omega sino como Caballero de Oro, tiene el poder de controlarse a sí mismo. Vivió sin su Alfa desde que cumplió los 16 años y se presentó como un Omega, si Aioros sale en una misión antes de su celo, todo, absolutamente todo estará bien con la ayuda del séptimo sentido. 
En palabras cortas, no necesita a un Alfa ¿O sí? 

Estudia más a fondo el tema, desde el comportamiento del Omega hasta el comportamiento del Alfa ante un nido.
Se sorprende al saber que un Alfa reacciona de una manera muy agradable y dulce, sin embargo, se engrandecen demasiado y su orgullo estalla hasta el cielo al ver a su Omega haciendo un “nido”.

—Existen diferentes tipos de nido: Los nidos terrarios cuando ocurren antes de que el Alfa fecunde al Omega, son los más comunes. Los nidos de incubación, cuando el Omega está preñado y pasa su embarazo la mayor parte del tiempo en su nido. Por último el nido de cuarentena, en el que el Omega se recupera del parto en 40 días.
Algunos estudios comprueban que cada 1 Omega de 1000 Omegas tienden a llevar a cabo los tres nidos debido a alteraciones emocionales.
Los nidos bajan la probabilidad de sufrir una depresión postparto.

Shura masajea el puente de su nariz, no puede creer que un Omega entre mil tenga que pasar por tantas cosas.

—Si tan solo todos pudieran obtener el séptimo sentido, no tendríamos que preocuparnos por nada de esto.

Se aleja de los libros para poner sus pensamientos en regla, si fuera un caballero de plata o de bronce estaría completamente perdido en un mar de lamentaciones, su Omega interno exigiría con franqueza todo lo que desea, estar con Aioros, sentirse de su propiedad, clamar por su marca, ronronear por su atención, estar a su total disposición en su celo… reducirse a sí mismo a un sirviente de su ferviente amo, dejarse consumir por ese fuego de sentimientos y quemarse en él.


Sale al patio trasero de su templo, ese que un día dividió en dos para marcarles un alto a los caballeros de bronce.
Realiza un calentamiento previo a su entrenamiento bajo los sofocantes rayos del sol griego.


“Este espacio de la casa se ve muy vacío, tú puedes decidir si quieres poner un jardín o plantar algunos árboles, eres su nuevo habitante. Capricornio te pertenece Shura.” 

“Da lo mismo, este lugar nunca se cubrirá de nieve como las montañas de los Pirineos, lo más cercano a eso es el niño de Acuario y su poder de hielo.” 

Aioros le había dado aquella sugerencia y aunque deseaba llevarla a cabo nunca lo hizo, si lo hacía el jardín le recordaría a ese terrible traidor, por lo que para él fue más fácil decorar cada espacio del interior de la casa de Capricornio que hacer el mínimo esfuerzo de al menos llevar a cabo la idea de Sagitario.

Ahora que ambos están vivos y que se ha aclarado hasta el más mínimo detalle entre ellos puede reconsiderar las palabras del castaño.


El sudor corre por su frente, bajando por sus sienes, acariciando sus mejillas, descendiendo por su cuello y finalmente impregnandose en su playera color crema.
Entrenar lo hace sentir revitalizado.

—¡Excalibur! 

El destello verde de su cosmos es magnífico y filoso a la vez, con algo más de entrenamiento seguramente puede alcanzar a superar su técnica para idear alguna otra que lo ayude en combate.

—Ten más cuidado la próxima vez.

Esa risa angelical es como el cántico de un ruiseñor en sus oídos, totalmente angelical.

—No era mi intención causarte algún daño.

—Lo sé, no hay nada de que preocuparse, no tengo ningún rasguño.

Aioros no mentiría que escuchar el nombre de la técnica de su amado nuevamente le erizo la piel y lo paralizó por completo. Es un trauma en el que debe trabajar ampliamente, para no sentir escalofrío por esa poderosa espada que un día marcó su final.

—¿Qué te trae por aquí?

—Debo mostrarle a Athena el avance de la formación de tropas de acuerdo a tu informe de técnicas. Te llamé en tu templo, pero estabas aquí… ¿Qué es eso?— es inútil que no se preocupe si ve que una de las vendas de Shura está manchada de sangre. —¿Estás herido?— hace a un lado su distanciamiento e inspecciona rápidamente lo que ha sucedido.
Los ojos verdes siguen cada uno de sus movimientos.

—No es nada.

—¿Te lastimaste lanzando ese ataque?

¿Qué puede decir? Son gajes del oficio. —De verdad, no hay nada de que preocuparse.

A Aioros no le importa si es algo superficial, su instinto protector de macho Alfa lo lleva a este nivel de preocuparse de la herida más mínima que pueda obtener su Omega en sus entrenamientos.
Por ello lo hace entrar en Capricornio para tratar debidamente la zona afectada y colocar un nuevo vendaje propio, está preparado para cada situación, es un Alfa precavido.

—No era necesario, yo podía cambiarme la venda solo y no tenías que darme tus propias vendas.

—Solamente se dice gracias, además siempre estoy preparado con vendas extras, ya sabes yo también me lesionó a menudo.

Por lo menos ahora Aioros viste de manera decente y no sin camisa como anoche.

—Dependiendo de Athena, regresaré en cuanto haya terminado de hablar con ella.

Ambos observan la estatua monumental en medio de Capricornio, tratando de distraer el fuerte latido de sus respectivos corazones y evitando encontrarse con la mirada contraria.
Ambos saben que ya es demasiado tarde para salir corriendo y escapar de lo que sienten, solo que no saben sobrellevar tal sentimiento sin cometer ningún error.

—Seguramente ella te felicitara, como siempre, haces un buen trabajo, Aioros.

—Gracias por los ánimos. 

Una sonrisa celestial y finalmente Sagitario continuó su propio camino, dejando su olor en cada paso que daba.
Aroma que cada vez hace que la situación se salga de las manos de Shura, porque todo su ser quiere arrodillarse a los pies de ese hombre en el que se convirtió su “mejor amigo.” 

 


Un mes después está preparando té en el templo de Sagitario, el exceso de trabajo finalmente le ha pasado factura al jovial centauro.

—De haber sabido que si estarías preparando té en mi templo, hace mucho que me hubiera preferido enfermar.— la intensa mirada verde le lanza una amenaza. —Únicamente estoy bromeando.

—Lo más importante siempre debe ser tu salud.— vierte el té en una taza. —Toma, Afrodita me dio la receta de este té, dijo que te ayudaría a relajarte, has estado tan estresado últimamente con los preparativos de tu nombramiento como el próximo patriarca y con los proyectos que Athena tiene en mente, más aparte también eres el general a cargo de los 88 Caballeros y soldados.

—Estaré bien.

—Además, debes alimentarte bien, no quiero que se vuelva a repetir el incidente que tuviste.

—Aioria es un exagerado, solo me mareé un poco, no es para tanto.

—Realmente lo es.

Ver la carita preocupada del décimo guardián no tiene precio, Shura es sumamente atractivo demostrando cualquier otra reacción diferente a su cara estoica.

—Me haré cargo de tus pendientes, no tienes que preocuparte por nada, son órdenes del actual patriarca.

—Gracias por preocuparte por mí.

La piel pálida de sus mejillas se ruborizó sin desearlo, el destino era un desgraciado por jugarle de esta manera en un momento en el que debía guardar la compostura, pero realmente sin desearlo se preocupa por el Alfa.

—Es lo menos que yo puedo hacer por ti.


Aioros subió su habitación dispuesto a tomar un descanso prolongado y ante eso, Shura no pudo más que ordenar los utensilios que había ensuciado, dejando todo en su lugar.

—A.S.— leyó las iniciales bordadas en un pañuelo que encontró en la sala, demasiado limpio como para saber que estaba completamente limpio, seguramente Aioros olvidó guardarlo.
Lo había visto utilizarlo sustituyendo su característico listón rojo.

Con los latidos del corazón retumbando en sus oídos ante el impulso de tomar lo que no es suyo y ocultarlo adecuadamente entre sus prendas, pero finalmente cede ante sus deseos.

—¿Dónde está, Aioros? 

Se sobresaltó al escuchar esa voz felina que conocía bastante bien, Aioria por poco y lo descubre robando las pertenencias de su hermano mayor.

—En su habitación.— respondió tratando de ocultar su nerviosismo. —Seguramente debe estar durmiendo.

—¿Y tú qué haces aquí? 

Parecía que a Aioria le gustaba verlo sufrir o ponerlo en apuros como en este momento.

—Yo… yo solo vine un momento, de hecho ya me iba, no tiene caso que permanezca aquí si Aioros está descansando, con tu permiso.

Aioria sonríe burlándose del pobre chico en apuros, por supuesto que lo había visto guardar rápidamente el pañuelo que él mismo le había dado a Aioros por su cumpleaños este año, sin duda Sagitario estaba logrando su cometido, enamorar a Shura al punto de que esté hiciera algo como eso.


En su habitación moría de vergüenza, debía regresar ese pañuelo lo más pronto posible, no era ético ni mucho menos moral extraer las pertenencias de otra persona.

Trato de tranquilizarse, pero enseguida el olor del pañuelo entre sus manos llegó hasta su nariz, Aioros es un Alfa en toda la extensión de la palabra, su olor fuerte y embriagante es como una adicción para un Omega como él.


—... Entonces el Santuario contará con mayores ingresos en medicamentos así como con medicinas especiales para los Omegas. Todo eso estará cubierto por la fundación Graad, Shura.

—Afrodita y yo trabajamos lo suficiente para encontrar algún método natural que se pudiera utilizar para suprimir algunos instintos en los Omegas, pero desafortunadamente no logramos encontrar nada.

—Tu propuesta era buena, sin embargo, lo único que se ha comprobado que ayude de manera natural a los omegas es que alcancen el séptimo sentido, algo que raramente pueden lograr los caballeros de menor rango.

Su armadura reluce bajo la luz del fuego de las antorchas que iluminan los pasillos del décimo tercer templo, perteneciente a Athena y al patriarca.

—Déjame ayudarlos un poco, todos han hecho tanto por mí, que lo menos que puedo hacer es mejorar el Santuario.

Ambos sonríen reconfortándose el uno al otro.

—En cuanto a lo demás que le corresponde a Aioros de Sagitario, todo está en orden, solo su entrenamiento con el patriarca sigue pospuesto.

Saori comprende la tristeza que reflejan esos ojos al hablar del futuro nombramiento de Aioros como el próximo Patriarca. —¿No te entusiasma demasiado que Aioros sea el próximo Patriarca? 

Busca una respuesta correcta en el fondo de su corazón. —Yo ya frustré una vez su futuro como patriarca, no lo volvería a hacer. 

—No es exactamente a lo que me refería.

—Me siento feliz por él, todos finalmente estaremos bien bajo sus órdenes.

—Su cargo como patriarca no se interpondrá en su relación, te lo aseguro.

De algún modo pensaba que era mejor así, volver a distanciarse y tomar cada uno su propio rumbo nuevamente, sin embargo, ya está acostumbrado a su presencia.

—Soy consciente de ello, solamente que hay veces que me preguntó si realmente lo nuestro funcionará.

—Las batallas nunca son fáciles, depende de nosotros ganarlas o no, ya ganaste lo más importante. Obtuviste el perdón de Aioros y también su amor, su futuro depende de ti.

En el fondo no puede creer que en el pasado su mano apuntará con Excalibur a la joven que tiene en frente, ni tampoco cree que ella esté dándole consejos sobre su relación con el arquero.

—Trataré de comprender sus palabras, señorita Athena.


Esas palabras no bastaron lo suficiente, así que busco consuelo entre las estrellas que podía observar en su recorrido entre Piscis y Acuario.
Dentro de poco tiempo, Aioros pasaría de ser su vecino a ser el hombre al que debía jurarle su lealtad y compromiso absoluto, cada una de las palabras que salieran de su boca él debía cumplirlas sin rechistar nada.


—Te lo puedo jurar Aioros, Shura tomó ese pañuelo que ahora estás buscando. 

Desde ese incidente habían pasado algunos días, lo extraño es que no solo faltaba el dichoso pañuelo, sino unas cuantas prendas más del joven Sagitario, pero eso no tendría que saberlo Aioria.

—Entonces debo estar tranquilo, no lo perdí como lo supuse.

Es muy propio de él extraviar sus pertenencias, por lo que si Aioria no le hubiera confesado la verdad de que Shura lo tomó seguramente estaría en un dilema tratando de encontrar el dichoso pañuelo por toda su casa zodiacal.

Una sonrisa adorna su rostro.

—¿Por qué sonríes? 

—Yo también debería robar alguna de sus pertenencias.— bromea. 

—Me pregunto si realmente sabes por qué lo tomó.

—Lo sé, prácticamente su celo se avecina y con ello su necesidad de crear un nido. De alguna manera me siento orgulloso de eso, así que de ahora en adelante puedo dejar todas mis pertenencias a su merced y que tome lo que desee.

Es una idea arriesgada para que su amado Omega mantenga su tranquilidad.

 

Acuario se volvió un lugar sumamente seguro para él, el frío de las paredes casi de hielo le recordaban lo que era estar en casa pasando un invierno crucial que helaba hasta sus huesos. 
En medio de tanta sofocación por el calor de Grecia, la onceava casa es un parque de diversiones.

—Te aseguro amigo mío que no estás pasando por ningún trastorno de cleptomanía. 

Camus lo observó con los ojos llenos de sinceridad.
En todo el santuario, el acuariano es el único que no puede mentirle.

—Tal vez estés experimentando la necesidad de crear un nido.

Una risa nerviosa salió de sus labios. —No digas tonterías Camus. Soy un caballero de Oro.

—Ser un Caballero de Oro no te excluye de seguir siendo un Omega común, Shura.

Hablar con Camus no era buscar un consuelo seguro.

—Bueno, pero puedo controlarlo.

—Entonces devuelve todas las cosas que has tomado del templo de Sagitario.

Tal vez no había sido una buena idea llegar a Acuario y hablarle sobre sus sospechas de un trastorno de cleptomanía, pero es que no encontraba otra razón por la cual tomar cosas a hurtadas de su legítimo dueño, ni siquiera porque había leído un montón de información sobre el tema lo relaciono con lo que estaba haciendo y es que una parte de él estaba 100% segura que nunca experimentaría tal caso solo por ser un caballero de oro.

—Eso me haría sentir vergüenza Camus, cómo puedo llegar y decirle a Aioros: toma, todo esto lo robé de tu casa nada más porque son cosas que te pertenecen y tienen tu olor en ellas.
Para ti es fácil decirlo, pero ponte en mis zapatos, hace tiempo no tenía cara ni para voltear a verlo a los ojos y ahora…

—Disculpa, pero no puedo darte otro consejo, soy simplemente un Beta, no puedo comprender mucho como te sientes en estos casos siendo un Omega.

—Eres afortunado amigo mío, no tienes que sufrir por la necesidad de sentir a alguien a tu lado… Yo tengo tan mala suerte.

—Ni tan mala, tu Alfa destinado es Aioros, creo que no pueda existir un Alfa mejor que él.


—Eso es lo que sucede, sé que es tan perfectamente bueno para mí que me da miedo, no lo merezco.

—Han arreglado sus diferencias, se están conociendo cada vez mejor… Es hora de que ambos dejen ir a sus fantasmas.

No lo concibe, jamás lo haría, no puede dejar en el pasado todo lo malo que cometió, cada día ver la cara de Aioros es revivir el recuerdo una y otra vez.
Su mente se aferra a ello y no lo deja soltarse y liberarse, no merece nada de lo que ahora tiene incluso si ofrendara su vida misma a Athena.

Su sangre… su ser no valen absolutamente nada o al menos eso es lo que piensa.
Se contradice una y otra vez cuando quiere deborar un destino feliz, al que en su subconsciente ni siquiera es selecto para algún día encontrar la felicidad.

No importan mucho las pláticas con Athena, con Acuario ni mucho menos con Aioros, siempre vuelve a caer en ese círculo vicioso de odiarse a sí mismo.


En un abrir y cerrar de ojos, su corazón lo lleva de vuelta a Sagitario, otra vez no puede huir, no hay ninguna escapatoria para él, ese hombre insuperable es su perdición y también su gloria misma, es como vivir entre el cielo y el infierno.

Aioros ya ni siquiera le pregunta lo qué hace en su templo, solo lo deja ser, no lo presiona, no lo evade, pero lo tortura de una manera descomunal.

—Vine a ver si no necesitabas nada.

—Tal vez solo un poco de compañía silenciosa.

La respuesta lo deja helado, no sabe cómo tomar exactamente esas palabras tan inverosímiles, no sabe si le reprocha por ser silencioso o si admira esa cualidad suya.

Elige tomar asiento un tanto apartado, Aioros está sumamente pensativo, últimamente no lo veía de esa manera, más bien nunca lo vio pensar demasiado en algo y mucho menos permanecer en silencio mientras las ideas que solamente él conoce fluyen por su mente. 
Seguramente busca la manera de decirle que ya sabe con absoluta verdad que el hombre al que ama es un miserable ladronzuelo, que se atreve a dejarlo en la miseria.

—Muy pronto la fase de entrenamiento de la señorita Athena estará concluido, por lo cual su poder se fortalecerá tanto que su verdadero cosmos divino despertará y su esencia autoritaria como una Enigma.

Siente un gran alivio, Aioros desconoce sus travesuras. —Ese era tu sueño ¿No?, verla convertirse en una verdadera diosa.

—Eso solamente era parte de mi sueño.— cada que Sagitario sonríe tontamente sabe hacia donde está encaminando sus palabras. —También soñaba con verte crecer a ti y a Aioria.

Otra irremediabilidad que no puede corregir.

—Entiendo que hayas querido ver crecer a Aioria, es tu hermano, pero ¿por qué verme crecer a mí? 

—Siempre quise permanecer a tu lado, eras mi mejor amigo, íbamos juntos a donde fuera, solo nos separamos durante tu fase de entrenamiento y...— sincero y directo con esos dos luceros azules de ojos. —Por trece años.

Los trece años de una oscuridad total en sus vidas. 

Un calor abrasador se extendió por todo su pecho. —No hay ninguna manera de regresar el tiempo.

—Por eso, trato de estar cerca de ti todo el tiempo que me sea posible.

Fingió no escuchar esas palabras, vivía con la penuria de que en cualquier momento algún dios se atreviera a apartar a Aioros de su lado. Sabía perfectamente que la misericordia divina no existía y menos para un simple mortal como él.

—Verdaderamente, no merezco a alguien como tú en mi vida y tú no mereces a alguien como yo.

Labios tibios y suaves se atreven a invadir los suyos, Aioros es alguien sumamente impredecible en estos casos.

—No vuelvas a decir algo como eso, los dos somos lo mejor el uno para el otro.

Esta vez es suyo el impulso de atraer al castaño a sus labios. Si el príncipe azul de los cuentos de hadas de los que había oído hablar existía en su realidad, seguramente ese es Aioros de Sagitario.

 

Con mucha tranquilidad observó el pequeño desastre en el que se estaba convirtiendo su habitación. Algo que no es sumamente propio de él, un amante de mantener todo exactamente en su lugar.

—Tengo que parar con todo esto.

Sentía que si continuaba así, en algún momento la locura llegaría para apoderarse de su persona.

Aioros por su parte le facilitaba las cosas dejando prendas perfumadas con sus feromonas a su alcance.

Cuando finalmente pensó que era suficiente y que tenía que hablar con Aioros del tema, allí estaba a su vista en Sagitario una suave manta color rojo, no es la primera vez que la ve porque hace un par de días observó cuando Aioros la estaba lavando.

Sin nadie en el templo y suponiendo que Aioros estaría con su hermano Aioria en el quinto templo, se le hizo fácil tomar la manta del sillón para llevársela.
Es la primera vez que toma algo grande que no puede esconder entre sus ropas por lo cual ruega infinitamente que nadie lo vea.

Con la victoria asegurada a punto de llegar a su templo se encuentra con un manto de cabellos lilas, Athena está observando con gran interés la cabra montés que reposa en la fachada de su templo.

—No hace falta que regreses por dónde has venido, puedo sentirte.

La voz jovial de la joven lo pone en alerta, sus mejillas compiten con el color de la fina tela esponjosa entre sus manos por su obvia vergüenza de verse descubierto.
Podría mentirle a todo el mundo, menos a ella.

—Señorita Athena.— baja la cabeza en cuanto esos ojos azules verdosos. 

—Caballero de Capricornio.

La intuición es algo nato en la diosa de la sabiduría.

—Yo…

Una sonrisa burlesca es suficiente para comprobar que los dioses si se divierten con la miseria humana. 
Saori goza de verle avergonzado.

—Planeaba visitar a Sagitario para decirle que ya puede volver a sus ocupaciones, pero lo que me he encontrado aquí no tiene precio.

Saga podía tener razón en algo, los dioses solo existen para atormentar a sus súbditos.

—Shura, ¿Has tomado eso del templo de Sagitario? 

Un dios puede encontrar la verdad incluso en un simple parpadeo, está claro que Athena siendo una Enigma tiene todo sumamente controlado, su olfato es más agudo incluso que él de un Alfa.

—Yo no… no lo diría de esa manera.

Saori guardo su compostura dejando de mostrar esa sonrisa característica de cuando algo le causaba gracia. 
Shura la estaba pasando muy mal, la vergüenza se cernía más y más en toda su persona y su bello rostro lo demostraba.

—Si así lo hiciste no pasa nada, Aioros es tu Alfa, después de todo yo siendo una diosa no puedo ir en contra de la naturaleza que los rige.

Serviría de mucho si Shura se tranquiliza, en ese estado casi tan rojo como el de una fresa y temblando por ser descubierto no es algo propio y digno de un caballero.

Capricornio bajo la cabeza, en su interior podía comprender lo que desde hace tiempo ha venido dando vueltas en su cabeza, tiene una necesidad tan grande de sentir a Aioros a su lado como su Alfa, debiéndose tal vez a que la separación de trece años le está pasando factura.

—No le diré nada a Aioros sobre esto, es más ni siquiera voy a entrometerme en lo que ustedes dos tienen, con ver su amor florecer desde lejos para mí es suficiente.

Ese es el propósito real de Athena en la tierra, proteger a sus habitantes y descubrir verdaderamente lo que es ese sentimiento llamado amor.

—Yo lo siento.

—No tienes por qué disculparte, no es necesario.

Si a Aioros apenas podía sostenerle la mirada a Athena no es capaz ni de voltearla a ver nuevamente.
 
—Ahora debo continuar mi camino.

Apenas y pudo ofrecerle una pequeña reverencia de despedida a Athena, lamenta no poder escoltarla hasta Sagitario, pero su vergüenza pesa más.

Llegó hasta su habitación y cerró la puerta, el asunto se está saliendo de sus manos por completo y ni siquiera Afrodita o Camus pueden ayudarlo, no quiere ser un fastidio hablando sobre el tema nuevamente.

Lágrimas surcan sus ojos, es un miserable ladrón, sé tan se siente culpable que lo único que hace es recostarse en su cama.
Está cansado de realizar cosas de las que después se arrepiente.

Tal asunto no debería afectarle demasiado, su prioridad debe seguir siendo Athena.
Maldice a Hades por cumplir con su promesa de otorgarles una “nueva vida” casi comparada con una vida eterna.

Cierra los ojos, lo tranquiliza el aroma que emerge de las telas que ha tomado y de la capa que Aioros le regaló, es un sedante natural que lo lleva a quedarse dormido al sentir paz y serenidad después de una tormenta de pensamientos.

 

Debieron pasar minutos u horas, no lo sabe, simplemente se encuentra con esos bonitos ojos con pestañas castañas y rizadas naturalmente al girar un poco su cabeza.

— ¿Qué haces aquí?— la manta roja los está cubriendo. — ¿Cuánto tiempo llevas aquí?

—No hace mucho.— los fuertes brazos de Aioros abrazan su cintura de una manera protectora y su voz aterciopelada acaricia sus tímpanos.

Lo sabe, ambos están en una posición un tanto comprometedora, la única manera por la que Aioros pudo entrar sin que sus sentidos se pusieran alerta es porque es su Alfa.

—Mi intención no era despertarte, te ves muy lindo durmiendo.

—Aioros.— se gira lentamente entre los cálidos brazos para apreciar mejor el rostro del hombre que ha amado toda su vida.
Esos ojos tienen un brillo travieso en ellos. —Puedo explicarlo…

—No es necesario que lo hagas, yo no debí tomarme el atrevimiento de entrar en tu cama… en tu nido.

La luz de la luna que entra por la ventana es suficiente para ver los gestos de Sagitario, un hombre completamente enamorado.

—Desde ahora puedes tomarte ese atrevimiento.— no sabe con exactitud lo que lo lleva a decir eso, solo siente su corazón palpitar rápidamente. —Voy a tomar mis responsabilidades completas como tu Omega.

Una linda sonrisa es la que recibe junto con unas cuantas caricias en su rostro. —Me hace feliz escuchar eso, pero si necesitas más tiempo yo sabré esperar.

—No quiero seguir esperando, no tenemos un futuro asegurado.

La ansiedad de Shura muchas veces lo llevaba a adelantarse al futuro.

—Lo que tú digas.

—Quédate conmigo está noche.

Nunca había suplicado y ahora lo hacía, necesitaba tanto de la presencia de Aioros a su lado.

—Toda la eternidad si es que tú así lo quieres.

Tras un beso sobre su frente se acurruca en el pecho desnudo de Sagitario, escuchando los latidos de su corazón y conciliando nuevamente el sueño. 

 

 

 

Notes:

Siento mucho la demora, han pasado cosas en mi vida unas un tanto agradables otras no tanto, pero finalmente aquí estoy actualizando nuevamente.
Espero les guste. ^⁠_⁠^

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