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En su dedo anular reluce una bella joya hecha a su medida que brilla como las mismas estrellas en el firmamento debido a una esmeralda incrustada en medio y varios diamantes a su alrededor. Esta debería ser la pieza que su amado le entregará para sellar su compromiso, pero aunque existe uno, el hombre detrás de esa sortija está lejos de ser el caballero al que le ha de entregar su corazón. No lo conoce y nunca lo ha visto, su padre el Rey es el que ha pactado dicho compromiso con el Reino del Sur, donde el sol brilla con más intensidad y el mar besa las blancas arenas.
Es como si estuviera comprometido con la nada, su unión es solamente geopolítica. El reino de Eolia tiene mayores conexiones marítimas para exportar los productos agrícolas que se producen en Cravenfield.
—Su alteza, el Rey consorte desea verlo en el salón del ala sur.
—En seguida iré, puedes retirarte.
Sus ojos finalmente dejan de observar la fina y costosa sortija para mirar a los ojos a ese hombre que ha sido su mayor confidente.
—No deseas hacerlo, ¿Verdad?
—No importa lo que deseé. Este es mi compromiso por nacer en el seno de una familia real, soy el príncipe y como tal debo cumplir con mis obligaciones.
—Puede creer en mi palabra alteza. Si existiera una manera de ayudarle lo haría, sin importar mi vida.
—Lo sé, pero por ahora es suficiente con el trabajo que ya haces por mí. Iré al estudio y después discutiré contigo lo que mi padre me diga, y sobre la clase de hace unos momentos... Lo siento, no entendí nada.
—Al menos eres honesto, repasemos la próxima vez tu lección.
Shura salió de la biblioteca directamente al salón de su padre, un recinto decorado con elegantes enredaderas de flores moradas, cuadros y textiles de la mejor calidad posible. Su progenitor se encuentra en completa soledad, observando el horizonte como siempre lo ha hecho desde la partida del Rey Cid.
—Me mandaste llamar.
—Así es, necesito hablar contigo, hijo mío.— ambos tomaron asiento. —Como sabrás yo no estoy capacitado para seguir dirigiendo este reino, soy simplemente un Rey consorte que adquirió el título por defecto. Hace años yo simplemente era un caballero en las filas del antiguo rey, tu abuelo.
Tu papá y yo éramos demasiado diferentes, él se negaba a seguir los rubros de su casta como Omega así que entrenaba con las tropas y hacia lo que su corazón le dictaba, no voy a omitir que se enamoró de alguien de su misma clase social, pero ese amor aunque era puro y un tanto genuino no pudo continuar debido a las mentiras y engaños. Tampoco voy a negar que el principio de mi historia con Cid fue por su despecho y por su dolor, pero después cambio todo, cuando el posó su mirada amatista sobre mí, decidí que mi único propósito sería cuidarlo, amarlo y lograr que viera que podía entregarle más que mi corazón. Lo amé hasta sus últimos días.
—Sé la historia, me la contaron juntos cuando era un niño. Sé que su amor no inicio de una manera poética y de cuento de hadas, sobre todo por mi abuelo y ese hombre, claro está. Padre, ¿A qué quieres llegar?
Oneiros suspiro y tomo las manos de su preciado hijo entre las suyas. —Me hubiera gustado que encontrarás el amor por tu propia cuenta, que fueras feliz con quién tú quisieras sin importar nada, pero el reino necesita alianzas. Confío en que con el tiempo el príncipe Aioria pueda luchar por tu amor tanto como yo lo hice por el de Cid.
Créeme Shura, yo no quisiera esto y menos unir nuestras tierras con las del Reino de Eolia, pero de todos los prospectos el hijo de la Reina Sasha y el Rey difunto Regulus es quien mayormente me inspira confianza.
—Los grandes reyes toman las mejores decisiones.
—Palabras de tu abuelo.
—Padre, yo sé las decisiones que tengo que tomar como príncipe.— mostró su mano en la que lleva su anillo con un fingido orgullo. —No importa si no conozco a ese hombre.
—A ese punto también quiero llegar, no quiero que este sea un matrimonio a ciegas para ti, eres el tesoro más grande que tengo y lo más maravilloso de Cid que conservo a mi lado, eres su viva imagen, por ello he pedido que el príncipe Aioria venga a pasar al menos una semana para que puedan conocerse.
—Está bien padre, no te preocupes. Haré todo lo que le pidas no solo por mí, también por la paz y tranquilidad de nuestro reino.
—Shura, si el príncipe Aioria no es de tu agrado no voy a sacrificarte cual cordero, si no hay ninguna conexión, ese compromiso lo puedo deshacer en cualquier momento.
—Déjame conocerle. Todos merecemos una oportunidad.
—Solo una oportunidad, recuérdalo, Shura.
El príncipe sonrió discretamente. —Entonces, ¿Cuando llegará?
—A más tardar deberían estar aquí la semana entrante, por ello también quisiera arreglar unos cuantos preparativos, ya sabes preparar una calida bienvenida.
—¿La Reina vendrá?
—No me ha confirmado del todo su presencia, pero supongo que vendrá.
—Regresaré a mis ocupaciones, Camus tiene todo una lección de Francés para mí esperándome.
—Ha resultado ser un joven con una mente brillante, me alegra que pueda guiarte en el idioma.
—Lo hace.
En cuanto Shura cruza el marco de la majestuosa puerta del salón que le pertenece, Oneiros dirige su mirada directamente al retrato de El Cid. —Si tu estuvieras aquí sabrías como mostrarle el verdadero camino que debe seguir. Desde tu partida, Shura hace todo lo que le pido y en el fondo se culpa por tu partida y aunque han pasado años no ha conseguido el consuelo.
Pasa la mayor parte del tiempo entrenando su cuerpo para mejorar sus habilidades con la espada y algunas artes marciales.— sonríe suavemente. —Él es mejor que tu en el dominio de la espada, sé que estás demasiado orgulloso de él donde quiera que estés porque en todos los aspectos es igual a ti, un Omega con un alma de acero.
( ...)
Con pasos apresurados un caballero se abre paso entre los sirvientes del Castillo real de Eolia, no tiene buenas noticias que anunciarle a la Reina.
—Lo lamento su excelencia, pero mis noticias no le resultarán gratas.
— Habla ahora mismo y sin rodeos.
Los cabellos lilas caen sobre sus hombros como hilos de seda, pero sus ojos verdes son tan severos como una daga. Cualquier ser del reino le tiene respeto por su imponencia y fortaleza, tal es el caso del caballero de cabellos azulados.
—El príncipe Aioria desapareció en conjunto con el general Saga.
La crudeza de la noticia se vio reflejada en Sasha, su único hijo era un rebelde sin causa, nada parecido a su difunto padre. No puede quejarse mucho del pésimo carácter de Aioria, pues es herencia meramente suya.
—Es increíble que lo hayan hecho juntos, si mal no recuerdo había destituido al general Saga Gemineas de su cargo precisamente por el hecho de querer corromper a mi hijo, es indigno que lo sigas nombrando un título que no merece.
Ordena buscarlos de manera inmediata, inventa un cuento, pero no dejes el nombre de mi hijo en entredichos.
Luego de que los encuentres, el exilio no será necesario para Saga, ordenó su ejecución inmediata por faltarle el respeto a la corona Eólica, solo así Aioria sentará cabeza y tomara el liderazgo que le corresponde. Este trono merece un heredero y dudo que con Saga pueda lograrlo, los dos son Alfas jugando a un romance fuera de su naturaleza.
Ya sabes que hacer y espero resultados efectivos esta misma noche.
El hombre asintió y luego de una reverencia se marchó llevándose consigo los secretos de un amor prohibido ante los ojos de la Reina.
—Dohko.— gentilmente llamó al hombre de su entera confianza, ese que siempre estaba situado a su lado izquierdo como una espada dispuesta a ser desenvainada.
—Si su alteza.
—Dudo que Kardia pueda encontrar a Aioria hoy mismo. Mañana debemos partir al Reino de Cravenfield, por eso voy a encomendarte una misión de mi entera confianza, solo tu conoces el secreto que envolvía a Regulus. Aioria se parece demasiado a él, así que ese bastardo debe hacerlo también. Tu sabes dónde están, por lo que ante los ojos de Oneiros y los de su intimidante hijo, ese bastardo podría hacerse pasar muy bien por Aioria, ¿Cierto?
Todo está en que sea un Alfa.
—Su majestad, ¿no cree que esto es demasiado arriesgado?
—Ese bastardo no puede reclamar el trono, es un hijo fuera del matrimonio. No tengas miedo de nada, ha llegado el momento de que nos pueda servir de algo.
El hombre de mediana edad bajo la cabeza, Shion se había encargado de entregar a Aioros a una buena familia que lo pudiera cuidar cuando su padre Omega fue enviado a las más recoditas mazmorras del castillo real, donde contrajo una enfermedad que lo llevo a su muerte.
Regulus nunca supo nada, para él Yato había desaparecido y jugado con su corazón que por ello tuvo que contraer nupcias con la duquesa de Hesperia.
—Puedes decirle que es un favor a la corona y que tendrá un buen pago a su acción, solo eso y que su parecido con el joven príncipe solo se debe a la divinidad de los dioses.
Esta misma noche lo necesito aquí, sé más servicial que Kardia y ponte en camino ahora mismo.
Dohko tomo las riendas del mejor caballo a su disposición, debía cumplir las órdenes de su reina con la misma precisión con la que se le habían ordenado.
Se adentro en el bosque ideando una manera en la que su presencia no pudiera importunar demasiado a Gestalt y a Izo, los cuales habían sido los elegidos por Shion para velar y cuidar del pequeño bebé que ahora debería tener al menos unos 27 años.
Las decisiones del antiguo Rey Ilias habían afectado demasiado el futuro de ese niño y quizá el futuro de todos.
—Sabía muy bien que este día llegaría, Dohko.
La cara un poco arrugada de Gestalt fue la que lo recibió tras la puerta de una cabaña en medio de las cubiertas montañas de árboles de cedros y pinos. El exquisito olor a especias orientales llegó a su nariz exactamente cuando la figura esbelta del Omega llegó a su campo de visión.
—Dohko.
Ante sus ojos son dos viejos amigos que había dejado atrás para obedecer las órdenes y leyes del Rey Ilias y ahora mismo de la Reina Sasha.
Para los ojos de los demás, Izo y Gestalt son dos ermitaños más.
—Siento que no es muy grata mi presencia, pero es un asunto importante... ¿Él?
—Salió a cazar, Gestalt le enseño habilidades con el arco y... Sea lo que sea es mejor que nos digas a qué has venido, así que entra. Cuanto más pronto te vayas será lo mejor.
Izo sigue siendo tan directo al igual que hace años y tan poco amigable. Cuando estuvo en el ejército era quien le ordenaba que hacer los entrenamientos y ahora los papeles han cambiado demasiado.
Paso directamente a la cocina, siguiendo la espalda de sus amigos que fuera de todo parecían un matrimonio como cualquier otro, sin embargo no conservan ese estatus más allá de cuidar un bebé juntos o al menos es lo que sabe.
—La Reina me ha pedido venir por Aioros.
—¡No, eso si que no!
—Gestalt, déjalo hablar.
La mirada severa del gran espadachín fue suficiente para que el Alfa guardara silencio, por supuesto en Izo predominan más sus genes dominantes.
—El príncipe Aioria ha desaparecido y debe viajar al Reino de Cravenfield, la Reina desea que Aioros lo sustituya en este viaje, solo eso, después Aioros regresará y estará bien, yo les puedo garantizar su seguridad, estaré a su lado firmemente.
—¿A qué irá?
—El joven Príncipe ha sido comprometido con el príncipe de Cravenfield.
—¿Y si el Rey consorte lo descubre?
—No lo hará, hace años que no ve a Aioria.
Les aseguro que Aioros no se dará cuenta de la verdad y después de este viaje todo regresará a la normalidad.
—Todo eso es la perfecta clave para el desastre y no, me niego a que Aioros vaya.
—Yo opino lo mismo.
—Sí no aceptan la Reina los enviará a...
—Directo a la horca.
—Y a Aioros también.
Ambos se miraron y en su silencio se comprendían, pasaron tantos años criando a un bebé que lo demás se dio por naturaleza e instinto.
—Ya he perdido a un caballo, no me voy a arriesgar a perder a mi hijo a manos de la corona, lo he protegido todo este tiempo y...
—Thanya murió hace tiempo Gestalt, mis ahorros los invertí en ese potrillo que adquirimos hace dos meses...— suspira con frustración. —Y Aioros es más importante que todo eso junto.
Dohko si mi hijo no regresa bien de ese viaje o algo le pasa, te juro que yo mismo seré quién te despedace vivo.
—Yo mismo te entregaré mi cabeza si eso sucede.
Los tres se quedaron en silencio cuando la puerta se escuchó anunciando la llegada del joven Alfa, Dohko pudo sentirlo en su olor a musgo mismo que debía ser suprimido porque el aroma de Aioria era diferente.
—No sabía que tendríamos visita.— su sonrisa era igual, solo por el color de su cabello y los músculos.
—Hijo, el es Dohko un viejo amigo a quien le haremos un favor.
Izo era más tenaz, para él no era difícil encontrar una salida.
—Gusto en conocerle. He casado esto, espero que te sirvan para el almuerzo de mañana, papá.
—Lo serán, hijo.
—¿Solo dos conejos?
—Afuera he dejado una cabra montés, no es muy común verlas por aquí y vaya que fue una osadía cazarla, son demasiado ágiles.
—Tienes razón muchacho, las cabras son demasiado difíciles, ¿verdad Izo?
El chiste de Dohko le causó más gracia a Gestalt pues conocía de principio a fin lo difícil que había sido entrar en el corazón de ese hombre de cabellos largos y pequeña cintura perteneciente al signo de la cabra.
—Dejemos eso. Aioros lávate las manos, cenaremos juntos y después Dohko hablara contigo, la Reina tiene un trabajo para ti.
—¿De verdad?
—Aioros, hazle caso a tu papá, las preguntas vienen después de la deliciosa cena que ha preparado.
Aioros está vez sintió su entorno diferente, delante del extraño sus padres se mostraban indiferentes como si no fueran la pareja amorosa que ve todos los días.
La cena fue agradable, pero no la noticia que vino después fue como la misma acidez. Aioros no conocía más allá del pueblo cercano y sus alrededores. "Pulir a un salvaje" fue la gota que derramó el vaso, la usurpación era un delito gravísimo, pero era la reina misma la que lo pedía y su deber como súbdito era obedecer.
Esa misma noche se despidió de sus padres, alquilando sueños e ilusiones que no deberían ser propias de él.
Los demás días fueron exhaustivos en el camino hacía el Reino de Cravenfield, Dohko y la Reina le hablan de clase y modales, enriqueciendo su lenguaje y le daban todo lo necesario para que aparentara ser el príncipe Aioria.
Acostumbrarse a las ropas reales dejando atrás sus ropas de campesino fue todo un desastre, no sabía exactamente como ponerse todas esas capas de ropa, pero en cuanto Dohko le brindó un espejo notó la diferencia en todo eso.
—Trata de impresionar al joven príncipe, lo demás será pan comido, cuidado en que menciones tu nombre en lugar del de Aioria y sobretodo no intentes seducir al príncipe, no eres nadie Aioros. Solo eres nuestra ayuda, quedan prohibidas las caricias subidas de tono y sobretodo toma tus supresores tal y como se te indique así mismo vas a rociar los perfumes cítricos sobre tu cuerpo, nadie debe descubrirnos.
—Así será, su alteza real. Sé cual es mi lugar y mi único trabajo es ayudarle en lo más que pueda. Descuide no causare problemas.
—Eso espero.
Su corazón palpita con justa razón, todo es desconocido para él, el olor a cítricos sobre su cuerpo lo está aborreciendo pero no puede hacer nada contra ello, debe usar todos esos aceites esenciales.
—El príncipe Shura es un claro ejemplo de perspicacia, en algunos reinos se le conoce por su gran entrenamiento en artes marciales y su destreza con la espada. Sin embargo no ha liderado grandes batallas al lado de su ejército, al ser un Omega su padre prefiere firmar tratados de paz no quiere exponerlo demasiado a problemas bélicos, por ello y la muerte del difunto Rey El Cid, todo pasa antes por cuestiones políticas y papeleo antes que armas.
Los pocos conflictos que ha liderado los ha ganado.
—Entonces no es un Omega común y es más como mi...
—Exactamente.
Dohko lo interrumpió antes de que pudiera decir que Izo lo ha criado en conjunto con Gestalt
—Debería doblegarse cuando pase a ser parte de nuestro reino.
—En ese caso creo que Eolia tendrá un gran reinado con la union de su hijo Aioria y el príncipe de Cravenfield.
—En eso tienes razón, por eso la alianza nos hará más fuertes. Ahora guarden silencio, quiero disfrutar el viaje.
Entre tantos caminos por los que se adentraba el carruaje, Aioros observaba los bastos árboles, teniendo en cuenta el tipo de Omega con el que se encontraría al llegar. La descripción no estaba lejos de lo que su papá Izo era, un Omega sin temores, fuerte y ágil con lo que se atrevía a nombrar "katana".
Muchas veces trato de mostrarle el arte de las espadas orientales, pero nunca se sintió tan atraído como cuando su padre Gestalt le dio uno de sus arcos y lo enseñó a casar cuando tenía 5 años.
La flecha disparada directamente hacia su presa lo era todo cuando esta caía al suelo sumamente herida.
Perdido entre sus pensamientos y en el movimiento del carruaje más un repaso de lecciones en silencio, finalmente pudo ver la gran belleza arquitectónica con la que un castillo se asomaba en el horizonte.
Su destino pronto lo llevaría a donde estaba destinado a pertenecer.
El cruce del puente levadizo fue lo que detonó que su corazón palpitara con más fuerza que antes y cuando sus pies tocaron la alfombra morada supo que nada volvería ser como antes, mucho menos cuando finalmente tuvo al joven príncipe frente a sus ojos despidiendo un agradable y fresco olor a melón verde.
Sus ojos son de un precioso verde intenso y tan brillantes como dos luceros en la infinidad de los cielos, su cabellos tan negros como el abismo que se queda sin luz, pero sus rasgos son delicados y suaves en ese rostro pequeño.
—¡Bienvenidos!
Todo en él resalta como un Omega, sobre todo su pequeña cintura y su voz que está en un tono adecuado
—El gusto es nuestro, príncipe Shura. Le presento a mi hijo, Aioria de Eolia.
Mentir nunca ha sido bueno lo sabe, pero la ilusión que ve en esos ojos son suficientes para que de un paso al frente con el presente que la Reina le ha dado.
—Es un gusto conocerle su alteza, príncipe Shura. Espero y este presente sea de su agrado.
Sus manos abren la caja rectangular que no contiene más que una pulsera de oro. Shura no le toma suficiente importancia, es simplemente un desconocido oliendo a cítricos, no es hasta que su mano es envuelta con tal joya que puede sentir el calor que emana el Alfa sintiendo un picor en su nariz.
—Es un presente muy interesante, gracias.
No tiene mucho que decir, las joyas no son muy de su agrado y preferiría algo diferente.
Las notas de cítricos son agradables, sin embargo eso no despierta en nada su interés, son esos ojos color océano los que generan que sienta una curiosidad sorprendente por saber quién es el príncipe Aioria.
Sus miradas no pasan desapercibidas por Oneiros que mantiene toda su atención en dicha escena.
—Vendrán cansados de su viaje, así que pueden instalarse de inmediato. Querida Reina, luego de que tome un descanso me gustaría hablar con usted, príncipe Aioria siéntase bienvenido. Si gustan también pueden conocer el castillo, Shura puede ayudarles con ello y si necesitan algo la servidumbre tiene instrucciones de cumplir cada una de sus órdenes.
( ...)
La luna nuevamente se asoma entre las colinas brindando una luz tenue.
—¿Cuánto crees que va a durar esta felicidad?
Saga logró bajar su mirada, sabía que no era buena idea huir como si el título monárquico de Aioria no fuera nada. El ejército completo de la Reina Sasha iría tras ellos, nunca tendrían paz ni podrían vivir tranquilamente la libertad de un amor prohibido.
—Sé que estás nervioso y que esto es demasiado nuevo para ti, en este momento no tengo nada que ofrecerte, tanto como lo mereces, pero...
—No digas nada más, esto va a terminar mal y aún así me estoy arriesgando, no quiero unirme a un matrimonio forzado, no quiero vivir bajo absurdos protocolos... Todo esto sería más fácil si tan solo fuese un Omega, así quizás mi madre aceptaría esto y no tendríamos que huir, de algún modo yo fui quien nos orilló a esto.
—Eres un Alfa y como tal me enamoré de ti, Aioria.— un beso casto es dejado sobre los labios abultados del menor. —Vamos adentro, te puedes resfriar si continuamos aquí.
La risa de león se escuchó en el silencio de la noche. —Algunas veces olvidas que también soy un Alfa como tú.
—Quiero cuidarte, mi alteza.
Sus manos rodean la cintura del príncipe abrazándolo en el acto. Su olor cítrico a mandarinas y limón lo atraía de una manera muy especial como si la creación del monarca se debiera a que los dioses lo crearon justamente para él y su deleite.
—Tu deber como general ha ido demasiado lejos.
—Solo quiero procurar tu vida.
Su relación comenzó en medio de los pasillos del castillo entre miradas cruzadas y traviesas, luego fueron las palabras, las escusas de los entrenamientos y las visitas a altas horas de la noche a la alcoba del príncipe para colmarlo de besos y elogios, pero el romance secreto que tenían desde hace años salió a la luz sin desearlo de una manera que la Reina catálogo como una abominación.
Los vio besándose cerca de las mazmorras del castillo y desde ese momento fue cuando el viacrucis de un matrimonio arreglado comenzó.
—Me amas mucho, ¿No es así?
—Más que a nada en este mundo.
—Vamos adentro, quiero convencerme de muchas cosas ahora mismo, Saga.
—Aioria...
—Vas a decir, que no quieres.— el de cabellos azules desvío la mirada un poco apenado de admitir que siempre está dispuesto a cumplir cada capricho y cada palabra de su adorado enamorado. —Saga, sé que ahora mismo somos como dos prófugos y que todos tal vez nos estén buscando. Aún así quiero tener agradables momentos contigo y quiero que sepas que voy a permanecer contigo sin importar nada, yo tomé la decisión de estar contigo.
—Te amo, Aioria. Te amo sin medidas.
Lo sabe, el general se lo ha demostrado infinidad de veces en las que ha arriesgado su olvida por él, por defenderlo y protegerlo más allá de lo que su posición lo permite.
—Y yo a ti Saga.
A la par que ellos entran a la pequeña casa que han conseguido en los límites del reino, Kardia se encuentra buscándolos en los rincones más cercanos al área del castillo.
—Los dos sabemos que ellos dos no están aquí, ¿Qué pretendes Kardia?
—No pretendo nada.
—Eso lo mencionas cuando estamos haciendo una búsqueda inútil aquí.
—Degel, soy yo quien está encargado de esta misión, soy yo quien da órdenes y los demás las siguen. Lamento decirte que eres de esos "demás"
El hombre con antojos no se ofende por sus palabras solo sonríe. —Los estás ayudando con tiempo, pero eso solo hará que nosotros seamos los que tengamos que morir en su lugar. Además es inevitable.
—La Reina partió con un impostor a Cravenfield, no sabemos cuándo regresarán.
—Aún así, el príncipe Aioria debe estar aquí lo antes posible para retomar su lugar, antes de que todo el mundo se entere de que ha escapado por tener un tórrido romance con el ex general.
—No repitas nada de eso en voz alta.
—Por qué no simplemente dejarlos amarse y no sé, permitir que el joven príncipe tenga algún concubino que engendre al futuro rey.
—Suena interesante tu punto de vista, pero debes guardar silencio no es algo fácil. Los grandes reyes han nacido de uniones conyugales de un Omega noble no de un concubino.
—Lo has olvidado no, a pesar de que fue criado por ti en sus últimos momentos abandonaste a Yato a su suerte.
—Por eso dije que era mejor que guardarás silencio, porque sabría que en un dado momento volverías hablar de él.
—Nunca te ha dado curiosidad saber, ¿Dónde está su hijo?
—Degel, no me importa y no me interesa. Fue decisión de Yato enamorarse del príncipe Regulus y todo ese enamoramiento lo llevó al desastre y a su propia muerte, no importaron mis palabras evitando a cualquier costa que eso sucediera.
—Si, tal vez por eso tu y yo nunca tuvimos nada concreto, eliges engañarte a ti mismo y llevarme la contraria.
—Mentira, lo nuestro nunca se concreto por muchas razones y es mejor dejar el tema aquí.
Ambos continúan sobre sus caballos portando las armaduras del reino y su escudo, guardando silencio, tratando de omitir los fuertes latidos de su corazón.
( ...)
Shura observa con detenimiento cada movimiento de su prometido, desde el nulo movimiento de sus rizos hasta el fino movimiento de su increíble musculatura al hablar durante la cena.
Aún no han tenido un momento a solas para hablar, pero sabe que pronto llegará ese momento en el que pueda conocerle de manera más profunda y sin tanta cordialidad.
Desafortunadamente esa noche no fue adecuada para ello, el hombre de mediana edad llamado Dohko fue el encargado de llevarse consigo al príncipe hasta su habitación asignada.
—Y bien, ¿Cómo es?
—Extraño, pensé que sería alguien más social, con más presencia.
—¿Y te ha llamado la atención?
—No voy a negar que tiene un atractivo visual muy impresionante, pero fuera de lo físico no me atrae nada, ni siquiera su olor a cítricos.
—Puede que use algún supresor y por ello su aroma no te provoqué nada. ¿Seguirá en pie lo acordado?
—No lo conozco lo suficiente para afirmar algo todavía. Mañana espero al menos tener un tiempo para conversar, sigue muy en pie que pueda romper este compromiso.
—Ten un poco de confianza en ti. Esa pulsera de oro...
—Su obsequio, aunque hubiera preferido su espada. Dios la empuñadura se nota demasiado buena.
—Hablamos de espadas, ¿verdad?
—¡Camus! —El calor subió a sus mejillas. —¿Por quién me tomas?
Sin respuesta alguna caminaron por los pasillos iluminados por antorchas y velas, hasta separarse en el cruce que lleva a las habitaciones reales del ala este.
Para el desayuno todo siguió igual, con excepción de que está vez la reina de Eolia llevaba sobre sus hombros la conversación. Mayormente hablando de los beneficios que traería a ambos reinos su unión.
Y no fue hasta que Shura estuvo bajo el sol entrenando con un caballero de la orden de Cravenfield que el príncipe de Eolia se despoja de su misticismo que lo rodea para observar el combate de espadas.
Si su padre Izo estuviera presente para él sería todo un deleite observar la belleza de una danza en donde ningun oponente quiere ser reducido a un perdedor.
—Vamos querido príncipe, ¿Es todo lo que tiene?
Para el de cabellos negros las palabras del caballero tientan su orgullo, así que sin importarle las miradas de por medio se dedica a sentir la espada como una extensión de su propio brazo para contrarrestar los ataques afilados de su contrincante.
"No puedes poner tus ojos tan alto, él no es Omega para ti." La palabras que Dohko le dio como un consejo le llegan a la mente, es un usurpador después de todo y debería mantenerse al márgen, pero no puede evitar como sus sentidos se abruman con la presencia de tan precioso Omega de encantadores ojos verdes.
Se distrae tanto en sus pensamientos que cuando sale de ellos, el caballero está con el filo de la espada del príncipe cerca de su cuello.
—Gané otra vez, tío Felser.
Una risa sale de los labios del hombre mayor. —Muy bien hecho, Shura. Me sorprendes cada día más.
La mirada fría se dirige hacia él. —¿No quisiera probar su habilidad con mi sobrino, príncipe de Eolia?
Vaya que Shura tenía una gran familia. —Sería un placer.
No sabe porque lo dijo, si hace años que no toma una espada y su entrenamiento es demasiado nulo, nada que ver con el verdadero príncipe Aioria que incluso se enfrentó a temibles bestias.
Los ojos de Shura brillan intensamente al ver el resplandor del sol en la hoja de la espada cuando el guapo hombre la desenvaina y la deja ver por completo.
—Será un duelo, ¿Está dispuesto a aceptar?
—Si de esta manera puedo conocerle mejor, lo acepto.
Malditos sean los impulsos que lo llevan a decir tanta palabrería porque en cualquier segundo el filo de esa espada estará sobre su cuello.
—Yo voy a ser medidor en este combate y déjeme darle un consejo, Príncipe Aioria, no sé deje engañar por esa apariencia de Shura, es como un demonio cuando tiene una espada entre sus manos, casi como el Gran Rey El Cid o peor aún.
El combate inicia y debió hacerle caso a su cobardía, pues Shura es rápido y agresivo con sus ataques, demasiado ágil para su gusto y difícilmente de derribar.
—¿Necesita un respiro?
—No creo que sea necesario.
El duelo siguió entre el choque de espadas, en dar pasos de atrás hacia delante y si, danzar en sincronía, en un momento los supresores ya no pudieron seguir surtiendo efecto y el verdadero olor del Alfa comenzó a desprenderse.
Las notas sutiles del musgo rápidamente llegaron al Omega lo que causó un descontrol en sí mismo, llevándolo a caer y sobre él el filo de la espada de Aioros a un costado de su cabeza.
Su respiración es errática y para Aioros es como volver a ver aquella cabra que fue atravesada por sus flechas, aunque es un cuadro más divino dado que el sol de medio día y los dos duelos han provocado que el rostro del príncipe de mirada afilada luzca de un tono rosado.
El tiempo se detiene y el único ruido que el castaño escucha es el de su propia espada cayendo, los labios carnosos del Omega sin aviso previo han tomado los suyos por sorpresa.
—Eso es nuevo.
Felser se ríe mientras que Camus luce algo perdido, Shura no es de los que reacciona de esa manera y menos ante una derrota.
—Demasiado nuevo, general.
Sin poder evitar nada, Aioros se deja llevar correspondiendo a como puede a los labios contrarios que más que besar parecen quererlo devorar.
El olor fresco a melón verde es tan adictivo que sus manos toman de manera fuerte la pequeña cintura del Omega, asegurándose de que su fuerza sea suficiente para dejar marcas, pero no para causar un potente daño.
Por fortuna ni la reina ni Dohko están presentes, ya que desde el desayuno han estado conversando con el rey Oneiros.
—Yo... Debo ir con mi profesor, esto... Hablemos después.
No puede ser que el primero en querer marcar un alto a ese compromiso sea él y sea quien se lancé a llenar de besos a su prometido en la primera oportunidad que tiene.
¡¿Qué Omega tan necesitado, es?!
Aioros se queda sumamente pensativo, no sabe que hacer y los demás presentes tampoco, pero al menos se dan la media vuelta para volver a sus ocupaciones.
Mientras tanto, la larga conversación continúa detrás de esas grandes puertas.
—La única razón de este compromiso sabes cuál es.
—La protección para tu hijo, lo sé. Muy pronto el lazo que te unía al Cid se desvanecerá poco a poco al igual que tu vida, Oneiros.
A diferencia tuya y tomando en cuenta que cosas como esta pueden pasar, yo nunca acepte una marca de unión.
—Muy pocos saben de esto, entre ellos mis hermanos y el propio Felser, el único caballero al que sé que Cid le confiaría la vida de nuestro hijo.
—Y aún así piensas en esto más que una simple unión.
—Shura estará bien, pero este compromiso sabes que seguirá en pie solamente si él está interesado en tu hijo, solamente así.
—No veo por qué no logren sentir algo, los has visto, Aioria es un gran alfa.
—No recordaba a tu hijo de tales rasgos, la última vez que lo ví tenía el cabello castaño claro al igual que su padre.
—Los años pasan, hace mucho tiempo que lo viste o simplemente en nuestro reino hay mejor iluminación, los rayos del sol son cálidos.
—¿Entonces tenemos un trato?
—Lo tenemos.
—Si tu hijo está dispuesto, la semana que viene podrá ir de visita a nuestro reino para pasar algunos días antes de contraer nupcias.
—Me parece bien.
Dohko fue testigo al igual que dos caballeros que no son más que hermanos del Rey.
—No estoy muy de acuerdo con esto, Oneiros.— en cuanto sale la reina, Phantasos da su opinión. —Shura podría quedarse al frente de todo esto con nuestra ayuda, no nece...
—Si necesita a un Alfa, los reinos enteros buscarán algún pretexto para invadir a Cravenfield.
—Esto no estaría pasando si no hubieras accedido a ese maldito lazo, vas a morir.
—Morir no me asusta, dejar a mi hijo a la deriva lo hace.
—Has dado demasiado por nada, Oneiros. Ni siquiera le has notificado esto a tu hijo, desconoce que morirás y desconoce muchas cosas.
—Yo iré con él a Eolia, voy a garantizar que todo esto siga en pie después de tu partida.— es Morfeo quien le da una esperanza a sus decisiones. —Sé que Felser irá con él al igual que Camus, pero necesitará algunos guardias más. Al igual que Phan yo no confío tanto en la política que está utilizando la reina Sasha.
—Bien, hagan lo que crean pertinente.
Salió de la sala de reuniones dirigiéndose apresuradamente a su habitación, la marca en su cuello se estaba desvaneciendo lentamente.
El paso de los años finalmente estaban cobrando su factura.
"Quiero que sepas que esto lo hago para no perder mi cara frente a todo el Reino de Cravenfield, no por otra cosa. Conozco tus sentimientos por mí, mismos que jamás serán correspondidos."
El corazón se le partió aquella noche en que los ojos amatistas en lugar de mostrar un sentimiento genuino solo estaban invadidos de rencor por aquel caballero del Reino de Eolia.
"Lamento no ser con quién tanto habías soñado, me duele tanto no poder ser Sísifo."
Nunca le importó no ser amado por El Cid, ni tampoco unir su vida con la suya en medio de uno de sus tantos celos, cuando el Omega fue quien lo mordió formando un lazo.
"La corona tendrá un heredero..."
"¿Estás?"
"Estoy esperando un cachorro."
Algunas cosas cambiaron con la llegada de ese pequeño bebé, ese que ahora mismo estaba a las expectativas de muchos monarcas.
•
Aioros delinea sus labios con la punta de sus dedos, nunca había experimentado una caricia de tal magnitud, pero no es un inexperto en el tema. Sus padres suelen besarse frente a él, claro Izo tomará una postura recta y dirá que esas muestras de afecto se dan en privado y Gestalt va a sonreír con desinterés en esas palabras y continuará besando al Omega en cualquier descuido.
—No está bien, esto no está para nada bien.
Sabe su postura como un usurpador, ese beso no estaba destinado para él sino para el verdadero príncipe Aioria.
Espera que pronto terminé la gran mentira antes de que pueda verse comprometido porque todos y cada uno de sus instintos como cazador Alfa que es, le imploran un acercamiento más al Omega de piel pálida.
Justamente cuando está a punto de cruzar la puerta para ir a buscar al azabache, Dohko entra sin siquiera tocar, supone que hay algo que molesta al hombre, pero todavía no sabe que es.
—Espero que el idiota de Kardia ya haya encontrado al príncipe Aioria, porque la semana que viene el príncipe Shura viene con nosotros.
Lo temido sucede, una semana no es nada cuando los días pasan tan de prisa. —Ve el lado positivo, yo regresaré al lugar que pertenezco.
—Si, si muchas gracias, Aioros.
Comenta el hombre sin una pizca de agradecimiento, es más lo hace con desdén y burla.
Camus niega con la cabeza al escuchar una y otra explicación absurda del por qué Shura cometió tal barbarie en pleno duelo perdido.
—Camus, de verdad... No sé que pasó.
—Paso que lo querías besar y ya, nada fuera de este mundo si me lo preguntas.
—Lo bueno es que solo me vio el tío Felser, si hubiera sido mi tía Phan o cualquier otro...
—Ellos deben comprender que el niño al que tanto mimaron, ahora está en la edad suficiente de enamorarse, así sea del primer tonto que aparezca.
—Gracias por darle porras a Aioria.
—Ya es simplemente "Aioria" ¡Eh!
—¡Camus!
Desde ese pequeño incidente, no hubo un nuevo momento a solas entre ellos dos, siempre estaban acompañados por Dohko, por la reina Sasha o alguno de sus tíos paternos Alfas.
Pero ese beso quedó plasmado en lo profundo del ser de cada uno.
La siguente semana llega como un fino parpadeo y Shura tuvo que despedirse para emprender su viaje a Eolia, claro de la mano de Camus, Felser, Morfeo y su escolta real.
—Es muy agradable el hecho de visitar nuevos horizontes.
—Por supuesto príncipe, Eolia le vendrá muy bien y podrá comprobar con sus propios ojos que es un reino sumamente próspero en la pesca y demás actividades que dejan una muy buena economía.
—Será todo un placer conocer Eolia, a su lado príncipe Aioria.
Morfeo suspiro desinteresado, ese hombre no era muy digno de convertirse en el consorte de su sobrino, por supuesto que no, hasta que demostrará tener verdaderas agallas.
—¿Crees que él es un buen Alfa para Shura?
—Querido señor Felser, confíe en ello, el príncipe de Eolia ha mostrado ser un buen prospecto.
Camus asintió tranquilamente, su amigo Omega tenía muchas personas a su respaldo, varias de ellas eran su familia, pero Felser simplemente era un amigo del rey Cid y Shura lo adoptó como su tío pues por parte de su padre Omega no tenía más familia, su abuelo murió antes de que él naciera, pero por lo que sabe, Ionia fue el rey drástico y sabio, mismo que moldeó el temple del rey frío -considerado así por los ciudadanos.- El Cid.
Dos días de camino son suficientes para que entre miradas y pequeños gestos comience a surgir algo más fuerte en medio de ambos "príncipes", una atracción que aunque es disimulada no pasa desapercibida por Dohko ni por Morfeo.
—Este es el castillo real de Eolia, siéntase bienvenido príncipe Shura.
La Reina es la encargada de dar los honores, mientras Aioros cortésmente tiende su brazo para que Shura pueda subir las escaleras.
Para él este es el momento más difícil porque probablemente a media noche, el príncipe tome el lugar que le corresponde.
—Me gustaría conocer el castillo en su totalidad.
—Dohko será el encargado de mostrárselo, necesito tener una larga charla con mi hijo, simplemente le daré algunos consejos para su vida de casados.
Las mejillas del Omega se ruborizan, aún no ha dicho nada en concreto, pero tal vez sus acciones han hablado más que su propia voz.
Cuando finalmente están instalados y Dohko ha partido, sin importarle la presencia de Camus, Shura logra detener al príncipe unos segundos más. —Sobre el beso que...
—No tienes que decirme nada, no aceptaré ninguna disculpa. Fue un buen beso.
El primero, el único y el último.
—Voy a aceptar el trato que mi padre ha hecho con la reina, voy a aceptar casarme contigo.
Que más alegría le hubiera dado a Aioros estar en su propio lugar, que Shura lo conociera como el plebeyo que es, como el simple cazador y no como un "príncipe" que no es.
Forzó una sonrisa y se atrevió a hacer lo que sus instintos le pedían, acaricio con suavidad el dulce rostro descubriendo la delicadeza y suavidad de su piel. —Te lo agradezco.— sus palabras no fueron las correctas, pero las remedio a como el contrario esperaba, lo besó sin importarle nada.
Si esta era la última vez que lo vería, tomaría solo un poco más antes de dejarlo atrás y olvidarse de él, aunque fuera imposible pasaría a ser su rey, pero no de la forma en la que adoraría lo fuera.
Fue un beso que le sabía a despedida y a las frutas que juntos habían degustado antes de llegar al castillo.
—Te veré después.
Mintió dirigiéndose fuera de esa habitación, yendo directamente a dónde la reina lo había citado y dónde lo esperaba no muy tranquila.
—Has hecho un buen trabajo hasta el día de hoy, viéndote bien no logro ni siquiera diferenciar a mi hijo de ti, si no fuera por tu cabello juraría que estoy viendo a Aioria.
Eso era algo que no entendía, como puede parecerse tanto al futuro rey sin siquiera ser familia.
—Ya habíamos hablado que regresarías a casa de tus padres luego de una semana, pero como verás todavía mi hijo sigue desafiando mi autoridad.
Te pediré que te quedes un poco más, ya encontraré una manera de que él regrese. ¿Tienes algún inconveniente con eso?
—Ninguno, su alteza.
—Bien. Para pasado mañana he planificado que lleves al príncipe a dar un paseo a caballo, le sentará bien y conocerá un poco más de nuestro amado reino.
—Así será.
—Me atrevo a confiar en ti, no hagas ni una sola tontería, Aioros.
—No tengo ninguna objeción con eso, su majestad.
—Bien, puedes retirarte.
Suspiró aliviado en cuanto salió, desear que el joven príncipe jamás regresará era egoísta, pero en el fondo lo hacía, así puede estar más cerca del bonito Omega.
( ...)
Aioria apretó los labios para callar un sonoro gemido, la manera en la que su general ponía tanto esmero en recorrer su piel lo volvía loco.
Saga sabe con exactitud como llevarlo a tocar las nubes.
—Si continuas haciendo eso te vas a lastimar, aquí nadie nos escuchará.
Sus dedos se movieron en la profundidad de las paredes, buscando tocar lugares exactos que complacieran al pequeño león que tiene en su poder.
—Saga, deja de jugar.
Tan demandante con esos ojos azules hundidos en el deseo, pero sin dejar de ser un hombre exigente y agresivo.
—Dejame divertirme un poco entre tus piernas.
Sus cabellos azules seguramente estarán desordenados y enredados, pero no le importa. Besa el interior de los muslos dejando marcas, escuchando los rugidos de satisfacción y cuando está sumamente preparado y sin aguantar más finalmente deja de hundir sus dedos para poner su trozo de carne.
—Hazlo más rápido y fuerte.
Sin cuidado besa esa boca que solamente sirve para darle órdenes y morderle los labios en medio de la intimidad.
—Eres exquisito Aioria.
Ambos siendo alfas son demandantes, Aioria no sé comporta de una manera dócil como lo haría un Omega, no, él pide más al sentirse insatisfecho y el gustoso le da todo lo que le pide.
Los movimientos de sus caderas son bruscos y sus olores entre el cítrico y el tabaco crean un olor inigualable de feromonas.
El sudor baja por los cabellos castaños casi rubios y mientras Saga se encarga de besarle el cuello el jala de esos cabellos tinturados de azul.
Entre ellos no hay pizca de dulzura, todo es parte de una lujuria incontrolable en medio de sentimientos correspondidos.
Viven cada momento como si fuera el último de sus días.
Dos días más pasan, Aioros se encarga de que la montura del caballo esté bien posicionada, no quiere que pase ningún incidente mientras pasea en conjunto con el hombre que le ha robado el sueño.
—Te lo digo tío Felser, no hay necesidad de acompañarnos, solo será un paseo, Aioria parece ser experto en caballos y yo confío en él.
Al igual tu tío, quédate tranquilo regresaremos antes de lo que imaginas.
—Confío en ti, pero no en él. Ten cuidado, Shura.— menciona Morfeo. —Me quedaría más tranquilo si Camus los acompaña.
—Estamos comprometidos tío, pero aún así no pasará nada entre nosotros todavía.
Camus le sonríe y le entrega una pequeña canasta. —Le pedí a la cocinera que me diera esto para ustedes, estarán bien si dan un paseo y comen algo.— baja la voz. —Tu celo está muy cerca y viendo que efecto tiene él sobre ti, decidí empacar tus supresores, deberás tomarlos ante cualquier primer síntoma de... Ya sabes.
—Gracias.
El moreno le quita la canasta de las manos. —Yo te ayudo con esto.— su atención se gana una suave sonrisa. —¿Nos vamos?
—Vamos.
Aún con la canasta en una mano, "Aioria" es tan atento para ayudarle a subir al caballo andravida de precioso color azabache.
Posteriormente y luego de atar la canasta en la silla de montar, el joven cazador es el siguiente en subir al caballo de pelaje color miel.
Ninguno de los dos sabe lo que les espera, pero aún así se dejan llevar por el galope de los caballos que salen disparados hacia el horizonte.
—¿Te gusta pasear a caballo?
—Claro, cuando era niño, mi padre me subía a un caballo que tenía llamado Thanya. Era un equino impresionante y bonito.
Información equivocada, no debía hablar de él mismo, tenía que omitir los detalles como ese porque si Shura los recordaba en un futuro sería algo que el príncipe Aioria no podía admitir.
—Aparte de tener una pasión especial por los caballos, ¿Qué más te gusta hacer?
—Me gusta cazar animales, es entretenido, su vida está en una flecha.
—Supongo que es divertido, nunca lo he intentado, espero un día me puedas llevar de casería.
—Ya lo veremos. Aparte de hacer arte con el filo de una espada...
—Supongo que planeas plantear mi misma pregunta, así que responderé. Mis pasatiempos son más bien mis responsabilidades, me encantan las artes marciales, por ello mi padre contrato varios maestros extranjeros para que hicieran de mí todo un guerrero.
—Eso es admirable, amas hacer lo que cualquier otro Omega quizá no haría.
—Los Omegas de Cravenfield son fuertes, algunos hacen trabajos pesados como un Alfa. En mi reino hay Omegas que dedican su vida a la herrería al lado de sus Alfas y muchas otras cosas más.
Entre más platicas llegaron a las orillas de una cascada donde decidieron darles un descanso a los caballos para que bebieran un poco de agua.
Ellos por su parte tomaron la canasta de frutas y comenzaron a degustarlas.
—Esa nube tiene forma de oso.
—Yo no le veo forma de nada.
—Solo debes imaginarlo, Shura.
—Ajá.
Asintió entre un quejido, Aioros supuso se debía a la mala postura ya que estaban recostados sobre el verde césped, pero había algo más. El olor a melón se propago como el olor a pan recién horneado y entonces hasta ese momento supo que algo andaba mal.
—Shura, ¿Estás bien?
—Lo estoy, solo...
Un espasmo dentro de su ser vino como en un abrir y cerrar de ojos.
Aioros se puso de pie para ofrecerle su mano para que se levantara, estaba claro que debían regresar lo antes posible al castillo.
El olor incremento y Shura solo podía moverse en el suelo de una manera sugestiva, moviendo sus caderas y abriendo sus piernas.
—Shura... ¿Estás entrando en celo?
Si, lo estaba haciendo y necesitaba tanto a un Alfa, al Alfa que provocaba tanto en él.
—¡Te necesito!
Lo hacía más de lo que pudiera admitir, aunque el olor a cítricos le generaba náuseas, necesitaba ese olor a bosque después de la lluvia.
Sus piernas apenas podían sostenerlo de pie, el dolor en sus entrañas era demasiado fuerte, pero aún así logro que sus brazos rodearán por el cuello al Alfa.
—Haz conmigo lo que desees.
—No lo voy a hacer, Shura. Estás en un estado en el que no podría...
—Escucháme por favor... Hagámoslo, ten piedad de mí como lo haces cuando cazas algún animal y está moribundo. Aioria... Ten misericordia de mí.
El Omega se restriega en su cuerpo necesitado de atención, desea arrancarle la ropa y hacer lo que sus bajos instintos desean, pero por otra parte no es su nombre el que sale de sus labios.
—No me llames así y deja de hacer lo que estás haciendo.
—¡Házme tuyo!
El aliento de joven de ojos verdes choca en su oído, cada movimiento suyo era peligroso, tentaba a su cordura y raciocinio.
De pronto el rostro del cuadro del verdadero príncipe Aioria apareció en su mente, imaginó como el Omega estaría con él, como ese tonto Alfa lo tomaría y sintió celos, celos de no ser quien lo marcará, quien formará una familia con Shura.
Todo se fue a la borda, desabrochó los botones de la chaqueta de bello color verde que combina con sus ojos pasionales.
—Te haré tan mío que dejaré mi verdadero nombre grabado en tu piel.
—¿Qué más harás, Aioria?
—No te lo diré, lo vas a sentir todo y deja de llamarme así. Para ti soy Aioros, llámame así.
—Aioros...
La neblina del celo que estaba experimentando no le permitía pensar de manera clara, todo lo que quería eran esas manos callosas en su cuerpo.
Lo dejó con esa camisa blanca de magas holgadas y plisados volátiles. Sus manos desabrocharon ese cinturón de cuero que no era más que un corset que desde luego no necesitaba en nada, su cintura es fina y perfecta con sus curvas.
La ropa termina regada por el verde pasto y ellos dos rodando en medio de caricias que los hacen experimentar la vitalidad de una entrega mutua.
Shura siente como es succionado su pezón derecho mientras el otro es ultrajado entre los dedos del moreno. —Tu comparativa fue acertada, pareces un animal clamando por atención.— cada palabra de esa boca sucia lo provocan más y más hasta el punto de jalar esos cabellos castaños para que esos ojos aguamarina lo vean.
—Destrozame, Aioros...
No indaga tanto en ese nombre tan parecido al otro, está perdido en el placer que se dirige al sur de su cuerpo.
—Abre tus piernas, guapo.
Es como una orden y la cumple, sus blanquesinas piernas se abren para la disposición y satisfacción del Alfa, que de inmediato toma su pene directamente en la boca y tal como lo hizo con sus glándulas mamarias, también succiona y chupetea como si de un caramelo se tratara.
El Omega se deshace en gemidos, moviendo su cuerpo, arqueando su espalda, sintiendo escalofrío y calor al mismo tiempo.
Tanto tiempo negándose a sentir tales placeres por hacer uso de los malditos supresores y hoy finalmente está conociendo el mismo cielo.
Sus piernas son acariciadas lentamente.
—Por ti Shura, podría morir si me lo pides.
Sus labios brillando por la saliva empleada lo besaron con desespero y su propio sabor.
Su mano pálida tomo la de Aioros llevando sus digitos a la comisura de sus labios. —Te ruego me tomes de una buena vez, quiero sentirte, Alfa mío.— su atrevida lengua lamió los largos dedos, dejando en ellos la suficiente humedad para ser usados de una manera brillante. —Te deseo tanto, aquí.— él mismo le indico que paso debía continuar colocando esos dedos en su entrada. —Toma todo lo que este tiempo había guardado para mí Alfa.
Aioros cerró los ojos ante la invitación, nunca había hecho algo parecido, pero su cuerpo le indicaba que movimientos continuaban. Su inexperiencia no sería la cruel sentencia que lo llevé a perderse de tal manjar, así que adentra uno de sus dedos notando los estragos que le causan al cuerpo ajeno.
—Esperabas esto desde el primer segundo que no conocimos, ¿Cierto?
Un gemido se escapa de sus labios como una afirmación que no es certera. Siente demasiado calor, pero no aparta las manos que lo llevan al cielo.
—Su alteza es demasiado desordenado.— se atrevió a burlarse en medio de los espasmos de una eyaculación. —Veamos hasta donde podemos llegar, preciosura.
Ese olor a musgo lo envuelve de una manera descomunal.
Aioros tomo sus piernas de manera fuerte y firme, quería que ese camino a la gloria estuviera despejado sin ningún inconveniente para que pudiera hacer una entrada triunfante.
Únicamente ha colocado la cabeza de su pene y el Omega trata de cerrar sus piernas ante ello, pero lo impide. —No bonito, no cierres las piernas, mantenlas abiertas para mí.
—Aio...
—Estoy teniendo la misericordia que me has pedido, querido. Lo que imploraste, mi majestad.
Shura se encuentra perdido sin saber que hacer, solo siente dolor combinado con una sensación que le produce placer.
—Te sentirás mejor después de esto.
Sin esperar un poco más, Aioros entro en la profundidad de esa cavidad, como respuesta su nombre en un grito que ahogo con sus labios.
—No sabes lo hermoso que te ves así, temblando por mí, gimiendo y olvidando por completo que perteneces a la realeza.
—Aioros... Deja de... decir tonterías.
—Ninguna tontería.
El calor del momento fue intenso, el cabello negro se le pega a la frente y su olor es más fuerte que nunca, más dulce... Más apetitoso y Aioros solo piensa en hacerlo sentir bien, en llevarlo al cielo que merece y en marcarlo en todos los aspectos, pero se detiene. Esta entrega no es para el cazador que hace días vivía recluido con sus padres en un bosque de Eolia haciendo uso de sus flechas.
Esa cortina de neblina nuevamente lo obligó a ir más lejos. Hasta que las lágrimas asomaron en el rostro contrario. Estaba teniendo celos estúpidos por alguien que ni conocía, pero que sabía que en cualquier momento podía quitarle todo eso que Shura le estaba ofreciendo.
Sus manos tomaron la fina cintura para acariciarla de manera lenta, dando ligeros apretones que de inmediato se tornaban de un color rosado y en la euforia del momento Aioros llegó a la cúspide de su propio rendimiento, su esperma fue liberado y él se dejó caer sobre el cuerpo del Omega que continúa temblando y tratando de regular su respiración.
—¿Cuántos días?— pregunto tras besar la mejilla del Omega.
—Siete... Siete días.
—Debemos regresar al castillo. Ahora que tú lucidez ha vuelto.
—He estado consciente todo este momento.— una de sus manos acaricio la espalda sudorosa del Alfa y con la otra sus cabellos rizados. —Ha sido increíble.
—¿Soy un buen amante?
—No lo eres, eres un buen prometido.
Descansaron unos pocos minutos, tomando tiempo para reponerse de lo que han hecho. —Estaré bien. Tomaré un supresor que... Debí tomar antes de subir al caballo.
Aioros se ríe. —Eres algo complicado. Pensaría que hiciste esto con justa intención de estar en mis brazos.
—¿Y si lo hice?
—Eres demasiado peligroso y me encanta.
Para cuando regresaron al castillo, ya con sus cuerpos lavados, Shura dormía sobre el pecho de Aioros debido a los supresores empleados, no había ninguna sospecha de lo sucedido entre ellos, no había marcas visibles en sus cuerpos ni nada que los comprometiera.
—En este momento, el príncipe Shura quedará bajo resguardo, bajo mi tutela.— fue Camus quien hizo valer su voz.
—El doctor más tarde se encargará de revisarlo.— dijo la reina mientras veía con recelo al joven castaño.
Dadas las órdenes fueron seguidas al pie de la letra, Camus se encargo de cambiar la ropa del príncipe, por algunas prendas más ligeras y fue cuando notó lo que realmente había pasado ese día.
Más tarde el doctor entró a la habitación. Un alfa corpulento de mirada azul al igual que su cabello.
—Los Alfas...
—Lo sé, un Alfa no debería entrar en territorio de un Omega en celo, pero tranquilo soy un médico y mi aroma no será un problema. Tengo todo controlado, ahora debo valorizar al príncipe.
No quería dejarlo continuar, pero no había nada de malo, Shura y Aioria estaban comprometidos, estaba más que claro que algo así pudiera suceder entre ambos.
Milo continúo su camino y examinó al paciente notando los chupetones y marcas en su cuerpo, esto no le iba a gustar en nada a la reina y quizá el impostor se iría directo a la ruina de los calabozos.
—¿Cuál es la duración de su celo?
—Siete días.
—¿Siempre lo medican con brebajes?
—No siempre, algunas veces son infusiones de té.
—Su fertilidad podría verse obstruida en un futuro si continúa así, el matrimonio le sentará bien, tendrá un Alfa que le brinde compañía y hará que los celos se presenten de manera esporádica.
Shura permanece tranquilo.
—Vendré en los días posteriores.
Camus asintió.
Todos los acontecimientos que sucedieron después de ello fueron como un torrente de caos dentro del castillo de Eolia.
El verdadero príncipe finalmente fue encontrado, no por Kardia sino por Degel y este mismo de manera discreta lo había trasladado al castillo junto con su amante.
Por órdenes reales Saga terminó en las mazmorras como un delincuente no sin antes ser brutalmente golpeado por varios soldados.
La transición de un "Aioria" a otro no fue del todo complicada, sobre todo cuando existe demasiado poder en manos de la todavía Reina.
La recompensa de Aioros que al principio era un dote de monedas de oro, ahora eran los barrotes de acero y la humedad de un reducido espacio, acusado de traición terminó en ese lugar dos días después de que el celo de Shura se presentó.
Dos días en los que se estaba volviendo loco de pensar como había labrado su destino, desde un inicio todo apuntaba a una desgracia, su propia desgracia, y por si fuera poco tenía que soportar las palabras sin sentido de un hombre de edad adulta.
—¿Qué tengo que hacer para que lo dejes en paz?
—Sabes lo que tienes que hacer Aioria, deja de comportarte como un adolescente enamorado y toma las riendas de este reino, sé el monarca Alfa que necesitamos.
—¡Déjalo ir!, Te lo imploro, si quieres te lo pido de rodillas.
—Deja de hacer berrinche, que si fuera por Degel ese infeliz ya estaría muerto.— no importa que ella sea una Omega porque tiene la fuerza necesaria para hacer que su pequeño león se levante del suelo. —Cásate con el príncipe de Cravenfield, brinda a la corona un heredero y después... Después puedes tener un harén o lo que tú quieras.
Por supuesto, no dejaría pasar el hecho de que tal príncipe estuviera en cinta de un bastardo por un maldito descuido.
Para ello tenía a Milo.
Con lágrimas en los ojos y pactando su destino tomo una decisión final. —Está bien, lo voy a hacer.
—Me parece perfecto, el rey Oneiros no tarda en morir, Cravenfield pasará a ser territorio de Eolia, pero ese es asunto para otro momento, por ahora te pondré al tanto de lo que necesitas saber sobre él.
Pasados los siete días, Milo arribo con una tasa de té humeante en la habitación asignada para el Omega que después de un celo atendido adecuadamente estaba presentable. —Es un té para que te sientas con más energía.— su amabilidad no fue bien recibida por el otro Omega.
—¡Gracias!
Estaba por tomarlo cuando Camus le hizo una seña para que no bebiera el contenido, para este momento Camus ya había reunido más información de la que creía pertinente saber.
—¿El príncipe Aioria...?
—Ocupado con los deberes reales, su majestad, pero en un momento vendrá a verlo. Si me permite, pasaré a retirarme, cualquier cosa puede enviar a su asistente.
Camus simplemente hizo que no escucho nada, no le interesaba en nada experimentar un amorío que terminaría tan pronto como hablara con el príncipe de Cravenfield.
—¿Por qué no debo beber esto?— pregunto luego de que el médico saliera. —Huele muy bien.
—Lo hace, pero es una infusion que produce un aborto. Lo sé porque cuando vivía en Selem muchas curanderas daban estos tés a Omegas que habían sido tomados por la fuerza o que simplemente no deseaban un hijo.
—Eso es imposible... Yo no estoy embarazado.
—Eso todavía no lo podemos afirmar todavía. Tu y yo lo sabemos, estuviste con él de una manera muy íntima, tranquilo que a parte del doctor espero nadie más lo sepa.
—¿Por qué?
—Muy pronto te darás cuenta tu solo, yo solo confirmaré tus sospechas.
Shura no lo comprendió del todo.
—Sé lo que digo. Ahora bien, Felser y tu tío Morfeo han decidido que nos quedemos aquí unos días más para tu recuperación.
Con los riesgos que suponía aquello, le quitó la taza de té de las manos para beberlo él mismo.
—No aceptes nada de lo que te ofrezcan, sobre todo si son bebidas, evita los vinos y demás bebidas embriagantes y presta atención a todo lo que está a tu alrededor.
Shura se levantó de la cama sin saber porque Camus lucía tan preocupado, pero no tardo tanto en saberlo cuando en su habitación se presentó un Alfa con aroma cítricos con las mismas facciones que... había olvidado.
—Aioria.— su nombre salió de sus labios y corrió a abrazarlo como si se tratara del mismo alfa con el que paso una tarde excepcional en la cascada.
El recibimiento no fue el que esperaba y mucho menos ese olor intenso a cítricos, combinado con tabaco como si hubiera una unión entre ambas esencias, pero ese toque a musgo no estaba.
—Me alegra que ya estés en condiciones de ponerte de pie, debemos arreglar los preparativos de nuestra boda cuanto antes.
El color de su cabello había cambiado y hasta el de sus ojos, su voz sonaba tan diferente.
—Me parece perfecto.
No hay emoción en el rostro del Alfa, ni algún detalle que le haga sentir tan especial como la última vez que lo vio y lo tuvo entre sus brazos.
Por la noche cuando la mayoría duerme, Camus se las ingenia para pasar desapercibido por los pasillos, escuchando su propio corazón palpitar a mil. Se está jugando el todo por el todo en una corazonada, pero sabe que aquí hay algo muy turbio.
Cuando está a punto de adentrarse a la profunda oscuridad que lleva a las mazmorras unas manos lo sujetan de manera fuerte y le cubren la boca para que no grite.
—¿A dónde pensabas ir?
Es la voz varonil del médico la que susurra en su oído. Su olor a menta le confirma su presencia.
—Te voy a quitar la mano de la boca y me dirás la verdad.
Los ojos del hombre titubean, pero en medio de la oscuridad ni siquiera se nota. —Gracias al cielo por ser tu.— su puesta en escena debe ser mejor que la de un titiritero y más convincente que la de un cuentacuentos. —Me perdí, yo quería ir a buscarte porque mi celo se acerca y me gustaría que me dieras alguna infusion para bloquearlo. Mis suministros se fueron con el príncipe.
—¿Y me buscas en las mazmorras?
—No, estoy diciendo que me he perdido, pero da lo mismo si igual te he encontrado.
Su plan se ve frustrado, pero en algún momento lo hará. Descubrirá si sus sospechas son ciertas.
—Hace días me dijiste que me darías un paseo por el castillo para conocerlo mejor, ¿Podemos?
—No veo problema alguno.— Si Aioria quiere que Saga continúe con vida tiene que hacer todo lo que este Omega le diga, por ello accede a cada petición aunque sea a regañadientes.
Recorren los pasillos, el jardín, Aioria evita hablar de cualquier tema o cortar de tajo cualquier conversación, pero no puede controlar que sus instintos noten ese olor dulce que desprende el cuerpo del Omega.
—Me dijiste que cuando eras niño tu padre te enseñó a montar a caballo.
Si, Regulus había sido un padre excepcional.
—Claro, era el mejor. Le gustaba tanto cabalgar y todo lo relacionado con los caballos, claro no tanto como a mi tío Sísifo.
—¿Sísifo?
—Si, nunca se habla de él. Mi madre dice que enloqueció y cometió terribles crímenes que lo llevaron a la muerte.
—Supongo que es difícil, pero debes recordar cosas lindas ¿no? Tu padre adoraba mucho a un caballo llamado Thanya, ¿Qué raza era?
Aioria lo miró algo confundido. —Tenía tiempo que no me acordaba del nombre de ese caballo, pero no, no era caballo, era más bien una yegua blanca.
"Muy pronto te darás cuenta tu solo, yo solo confirmaré tus sospechas."
Camus fue demasiado claro con esas palabras, pero necesitaba comprender si esa extrañeza se debía a lo que posiblemente Camus dio a entender.
—Si algo así me dijiste.
Sus manos no son iguales cuando las toma entre las suyas, hay una diferencia demasiado grande más que solo 7 días.
Sus labios rozan los contrarios queriendo encontrar esa pasión, pero no está, es un beso insípido sin ningún tinte de amor o algo parecido tan siquiera al deseo.
—Shura...
—Lo siento, debo dejar de sorprenderte.
Ya lo sabe, finalmente lo sabe ese hombre no es el mismo que lo hizo finalmente ser un Omega completo y deseado.
Debe recordar más de ese momento no solo las manos del castaño recorriendo cada parte de su cuerpo y fundiéndose en lo más profundo de su ser, debe recordar sus palabras.
"Para ti soy Aioros, llámame así."
—¡Aioros!— en medio de la noche despierta susurrando ese nombre. —Si, su nombre es Aioros.
Ha soñado con él, lo ha visto en sueños y aunque es parecido al príncipe Aioria no es él.
Es un hombre tan diferente, un Alfa con unos ojos de ensueño.
Necesita encontrarlo, decirle todo lo que siente y deshacer el compromiso antes de que esa farsa continúe escalando más y más. Sí fueron capaces de hacer pasar a otra persona como tal no quiere imaginar de qué más son capaces los monarcas de Eolia.
—He estado ganando terreno con el doctor, antes de ponerte en peligro, prefiero ser yo quien sufra las consecuencias.
—¿Por qué?
—Una remuneración por salvar mi vida, convertirme en tu mano derecha y ser tu amigo.
—Camus...
—Yo estaba en medio de la nada, siendo perseguido por todos esos tipos, me habían condenado a un exilio aparente cuando habían planeado mi muerte.
—De igual manera no tienes nada que retribuirme, somos casi un igual a igual, nadie debería sufrir los horrores que cometieron contigo y no pongas tu vida por la mía.
—Felser y Morfeo lo saben, les comenté las diferencias de ambos, les dije que fueran sigilosos y se cuidarán de Dohko. Morfeo partió a Cravenfield cinco días después de que tú celo Omega comenzó, pasado mañana debería estar ya aquí tu padre o algunas tropas.
—¿Crees que Aioros sigue vivo?
—Más le vale que siga vivo porque tiene que darte muchas explicaciones. Por lo tanto no dejes que ellos piensen que los hemos descubierto.
( ...)
Los siguientes dos días fueron más que una tortura descomunal, la reina lo veía con malos ojos, quizá por su pecado, pero no había sido culpa suya, él creyó entregarse al príncipe más tarde se dio cuenta que no era así.
—La boda se llevará a cabo en el salón real de Eolia, vendrán invitados de muchos reinos,será una boda de ensueño.
El solo tema le causaba incomodidad y asco, demasiados ascos que debía disimular demasiado bien porque desde luego que ha notado un cambio en su cuerpo. No necesita ser un gran experto en medicina o tener bastos conocimientos para sentir que dentro de su cuerpo se está generando una nueva vida, misma que debe proteger a toda costa y por supuesto debe trazar algún plan para ver si Aioros continúa con vida o ha sido castigado severamente.
Su corazón alberga la esperanza de que realmente siga con vida porque de lo contrario no sabe que es lo que hará, solo y con un bebé en camino.
—Regresaré a Cravenfield, únicamente con la intención de hablar con mi padre sobre la fecha ya establecida.
—No es necesario querido, escribiré una carta para notificarle todo.
—He pasado ya unas semanas aquí, debe estar preocupado y...
—Tu padre pronto estará aquí, Shura.
Ni siquiera la mano de Aioria sobre la suya fue suficiente para calmar sus malestares. A pesar de tener gran parecido con Aioros, no era él y no podía continuar con tal farsa.
—¿Qué hiciste para estar aquí, Regulus?
Aioros suspiro profundo, el alfa con el que comparte celda está demente como para confundirlo con el antiguo rey.
—Señor ya le he dicho que ese no es mi nombre.
—Eres tu Regulus, ella también te hechizo y te hizo tan miserable como yo... Odio haberla amado.
—Tranquilo, no se sobresalte, yo no soy ese que su mente recuerda, mi nombre es...— murió en sus labios esa confesión.
—Tu nombre ni siquiera puede ser pronunciado en las mazmorras de este castillo.— la voz de Dohko lo interrumpió, ese hombre sin escrúpulos le había prometido tanto y a la vez le brindo una terrible condena.
—¡Tu!— El hombre andrajoso lo señala una y otra vez mientras repite lo mismo. Se cubre los oídos y murmura cosas que para Aioros suenan extrañas.
—Si no salgo de aquí sabes que mis padres vendrán. Mi papá te odia y esto...
—¿Izo podrá con un ejército?
No, lo haría, no podría hacerlo.
—¿Por qué Dohko?
Una simple pregunta fue suficiente para hacerlo dudar, su lealtad pertenece a Eolia, sus padres estuvieron al servicio del rey Ilias y él seguirá firme en seguir los pasos de sus antepasados.
—No te entiendo Aioros, te querías beneficiar de algo que no estaba en nuestro trato, pensé que respetarías que solo estabas tomando un lugar prestado en la corona no un lugar vigente.
Lo sabe, realmente la corona le pertenecía a él a Aioros, desde luego que si Regulus hubiera sabido del embarazo de Yato, lo hubiera reconocido y todo sería diferente, si tan solo Ilias y la madre de Sasha no se hubieran empeñados en aquellas alianzas.
—Fue algo que se me salió de las manos, necesito remediarlo. Él necesita saber la verdad.
—El príncipe Shura se va a casar con el príncipe Aioria. Ni siquiera noto el cambio de uno por otro, el príncipe de Eolia ahora es quien está a su lado.
El solo imaginarlo le dolió y le partió el corazón, qué podía hacer un simple plebeyo para recuperar el amor que le habían puesto enfrente y luego se le arrebató en un abrir y cerrar de ojos.
—No puedes intentar nada y si lo haces tus padres sufrirán las consecuencias.
Que gran mentira ha vivido toda su vida Aioros, una vida que no le pertenece, pero una que le permitió seguir con vida. Shion había hecho un gran trabajo al entregarlo a Gestalt y a Izo.
—¡Maldito infeliz!
Quiso golpearlo, pero no pudo alcanzarlo debido a la celda que los separaba. Sus lágrimas salieron a relucir, la tristeza y el orgullo lo invadieron. Shura no podía haberlo olvidado, le dijo su nombre, para este momento debería estar al tanto de lo sucedido, aunque le partiera el corazón era mejor que haya encontrado la verdad y no continúe ese matrimonio absurdo.
—Es un secuaz de ella, siempre hará lo que ella le ordene. Esa mujer, esa mala perdición mía...
Deseo indagar sobre el tema ya que esos ojos azules tan opacos guardaban una historia que comenzaba a llamar su atención.
—Ni siquiera le preguntes, es un viejo demente que enviaron aquí por faltarle el respeto a la actual reina.
Esa voz provenía del caballero que había llegado un par de días en unas condiciones más precarias que las suyas, sobrevivió de puro gran milagro. No podía verle el rostro ni saber exactamente quien era, era un tipo desconocido que apenas se había presentado como el antiguo comandante al cuidado del príncipe Aioria, Saga.
—Tu fuiste quien tomó el lugar de Aioria todo este tiempo, ¿Cierto?
—Así es.
Saga sonrió ante la desdicha que los marcaba a ambos. Los dos estaban enamorados de dos monarcas que van a contraer matrimonio antes de que ellos vieran nuevamente la luz del sol para poder impedirlo.
El príncipe de Cravenfield no puede ocultar sus náuseas cuando Aioria habla sobre la administración de los recursos del pueblo y como ha contribuido a su desarrollo.
—¿Estás bien?
No, no tolera demasiado su olor de Alfa, ese diminuto ser que se está formando en su vientre lo rechaza de sobremanera y apenas lleva unos días de gestación.
—El desayuno me ha causado espasmos, no tienes por qué preocuparte.
La palabra preocupación no cabe en el enriquecido léxico del joven de ojos azules que comienza sospechar de ese olor tan dulce como la miel que desprende el extranjero monarca.
—Deberías ir a descansar un poco si te sientes mal.
—Te voy a tomar la palabra.
Se retira de los jardines principales acompañado de su fiel servidor, dejando atrás al próximo rey con miles de preguntas y dudas. Dudas que también lo llevan a caminar directamente de vuelta al castillo para externar sus cuestionamientos a su madre.
—¿Shura y ese hombre tuvieron algo que ver?
Si la respuesta era positiva haría lo imposible para que ese matrimonio no continuará en pie, pero si lo hacía las leyes tomarían al príncipe de Cravenfield como un desleal a la corona de Eolia aunque su matrimonio todavía no se concretará.
—¿Es un reclamo?— los labios de su madre se alzaron en una curva burlesca. —Descuida Aioria, Milo ya se está encargando de ese pequeño problemita. Mejor ahora enfócate, tu celo se presentará dentro de poco.
Los omegas que tienen un aborto espontáneo son propensos a embarazarse casi al instante, si tienes suerte solo una vez será suficiente para que quede en cinta y después puedes hacer de tu vida lo que prefieras.
El príncipe no daba crédito a lo que estaba escuchando, su madre una figura recta y demasiado familiar estaba coludida con el doctor para librarse de esa criatura que no tenía culpa alguna del gran engaño en el que el príncipe de Cravenfield se había visto envuelto por su culpa.
—No me veas así, tu provocaste todo esto y ese idiota que había contratado de pasó de listo, pero no estoy dispuesta a pasar por algo similar dos veces.
—¿A qué te refieres?
Sasha hablo de más que todo lo que hizo fue disculpar arreglar un jarrón de flores.
—A nada, así que ya sabes lo que tienes que hacer, de lo contrario lo sabes, Saga se va directamente a la horca.
Otra vez está atado de manos por la manipulación de su propia madre, tanto que no puede hacer más que obedecer cada palabra suya y agachar la cabeza, si fuera más valiente iría a la mazmorra del castillo para liberarlo e irse lo más lejos que puedan.
—Está bien, madre. Haré exactamente lo que tú me pides.
Shura observa esa taza humeante que el doctor nuevamente le presenta, está vez Camus no está cerca para que pueda impedir que el hombre corpulento se quedé esperando a que se termine la última gota del té.
—Le hará bien, es un té con amplias propiedades para su recuperación después del celo.
Maldice que el de cabello rojizo haya ido con Felser en busca de que Morfeo haya regresado con buenas noticias de su tierra natal.
—Huele bien, solo esperaré un momento a que se enfríe.
Aunque lo observa sabe que está buscando a Camus, lo nota ansioso, así que en ello está su salida.
—Salió a caminar un poco, lo noté estresado y le sugerí que me dejará solo.
—No busco a nadie, me quedaré aquí observando que se tome el remedio.
Esta vez no iba a poder hacer algo, si tiraba la taza era probable que ese hombre no creyera en que ha sido un accidente.
Sus manos tiemblan al llevar la taza a sus labios, huele exactamente que las últimas veces que Camus le arrebató la taza y bebió su contenido.
No quiere hacerlo, no puede hacerle daño a su propio hijo, lágrimas salen de sus ojos y miles de oraciones se dirigen a los dioses, ellos tendrán que velar por el bienestar de esa pequeña semillita que se ha alojado en su vientre.
—¿Le pasa algo?
—Es que, lo he probado anteriormente, el sabor no es muy agradable y... Lo siento, después de mi celo tiendo a estar muy sensible que gestos nobles de su parte me provocan lágrimas, sin duda usted debe ser un doctor con grandes estudios y por eso la reina le tiene tanta confianza. Es una labor muy digna la que hace, salvar vidas.— sus palabras deben persuadir al médico de una manera y otra. —Me recuerda tanto a mi padre, él también estudio medicina.— mintió para darle más sentimentalismo a sus palabras que no son suficientes para provocar algo en el semblante del médico.
No había escapatoria.
Bebió el contenido implorando que tal veneno no logrará su cometido y que su hijo fuera tan fuerte como ese Alfa que le hablaba de su amor por la cacería.
—Cualquier síntoma que presente no dude en avisarme.
Finalmente lo dejó tranquilo y se marchó.
Sus lágrimas salieron como dos riachuelos de sus ojos, era imperdonable lo que acababa de hacer y debía pensar cuidadosamente en lo que vendría después.
Su instinto protector lo llevó a tomar una vasija y en medio de sus lágrimas hizo todo lo posible para provocarse el vómito para devolver la infusion que acababa de tomar, era lo único que le quedaba por hacer, de lo contrario su alma se apagaría ante la perdida del fuego de su amor por ese impostor a quién no debía amar por haberle engañado, pero su corazón pesaba más para hundirlo en ese abismo profundo del que buscaba salir.
—Me gustaría que pasáramos mi celo juntos.
El mundo se le vino abajo cuando escucho esa propuesta cuando el casi rubio se sentó a su lado y beso su mejilla.
—Aioria, nada me haría más feliz.
Mientras volvía Camus debía ser lo más convincente y después se preocuparía.
—En dos días te esperaré en mi alcoba, dejaré mi puerta abierta para ti.
Tenía que huir lo más pronto posible, pero no sin saber exactamente nada de Aioros.
Al día siguiente, Camus regresó y lo puso al tanto de todo, cosa que salió contraproducente porque el enojo se apoderó de él junto con la decepción de no haberlo podido proteger como Oneiros se lo había pedido.
Debió ser más precavido y quizá solo dejar reunirse a Felser con Morfeo, pero todo era importante, sobre todo esa reunión en la que comprobó el estado desahuciado del gran Rey, así que con dicha información debía ser muy suave al comunicarla al Omega real.
—¿Estás bien? ¿Has tenido algún sangrado?
—He estado bien, solo los ascos son los que no me dejan. Este bebé tan chiquito que es todavía y empieza a manifestar su presencia con gran fuerza.— acaricio su abdomen aún plano. —Ningún sangrado se me ha presentado.
—Hiciste bien al provocarte el vómito, de ahora en adelante voy a vigilar a ese maldito doctor alacrán.
—¿Tienes algo con él?
Sus mejillas lo delataron, pudo verlo en la sonrisa del pelinegro y es que realmente Milo tenía un magnetismo impresionante sobre todo para bajar cada una de sus defensas, sacarlo de sus casillas y besarlo como nunca nadie lo había besado antes.
—Solo me gusta, pero después de que sepa todo mi pasado no querrá acercarse a mí, además ha puesto la vida del futuro príncipe de Cravenfield en peligro.
—Camus mereces ser feliz, Milo solo obedece órdenes de la reina, no es que el quiera hacerlo, de igual manera estoy bien. Yo te apoyaré en cualquier decisión que tomes.
Esas palabras lo hicieron llorar y lo transporta a aquel día en que tan solo con 16 años había sido una víctima de un Alfa que se aprovechó de él y sus sentimientos para luego darse cuenta que era casado y tenía una maravillosa familia conformada por tres lindos niños y por si no fuera poco era un duque de Salem.
A esa edad confiaba en el amor puro y se entregó sin medidas, teniendo como resultado un embarazo que fue interrumpido por órdenes del padre de la criatura. Ese mismo que también se encargo de quitarlo de su camino presentándolo ante la corte como un adúltero que quiso seducirlo, por tal agravio fue condenado al exilio, pero por órdenes del duque debía ser eliminado por completo por el único pecado de amarlo profundamente sin saber su cargo, posición social y edad.
Echado como la peste y con la gran fama que se atrevieron a darle, los soldados Alfa lo utilizaron como un vil juguete con el que se divirtieron hasta casi matarlo, por el destino, el príncipe y el rey de Cravenfield pasaban por los límites, escucharon el alboroto y el príncipe fue quien lo ayudó pagando 70 monedas de oro para que lo dejarán en libertad y dijeran que había muerto.
Los soldados aceptaron, después de todo lo daban por muerto. Phantasos fue quien se encargo de curar cada una de sus heridas y darle brebajes preventivos para no estar en cinta, claramente todo con su vital consentimiento.
Pasaron años para que pudiera estar tranquilo y se convirtiera en casi un hermano adoptivo del ilustre príncipe. A cambio de todo eso y los estudios que le brindaron en el palacio de las espadas, él juro dar su vida si fuera necesario por el bienestar del monarca.
Shura jamás le había pedido esa gratitud, pero habían crecido desde ese momento como hermanos del alma, que su fidelidad era absolutamente para él.
—Esta noche voy a adentrarme a las mazmorras para investigar si ese hombre que dice llamarse Aioros está allí.
—Gracias por hacer todo esto, pero debes tomar en cuenta tus sentimientos.
Ahora tengo otro problema, Aioria quiere que pase su próximo celo que es mañana con él.
—No, ni siquiera te atrevas a acercarte a él, con tu estado él se dará cuenta y te atacará, sentirá que hay algo creciendo dentro de ti y sabiendo que no es suyo, intentará hacer lo peor.
Un Omega en cinta no debe estar con un Alfa que no sea el padre de su hijo en celo.
—¿Entonces?
—Yo veré que puedo hacer, no te preocupes.
Esas palabras fueron su sentencia porque sabía perfectamente que iba a hacer.
Esa noche debía haber custodios en las mazmorras así que se vistió como un guardia real, no fue gran trabajo, Milo era un idiota demasiado guapo y había caído en sus encantos, lo emborracho después de reclamarle y casi matarlo con sus propias manos en su cuello.
"Eres un maldito por querer asesinar al próximo heredero al trono de Cravenfield, tu mismo lo sabes. Estás enterado que toda esta mierda se debe a la reina, no te hagas tonto y juro que si el futuro gobernante que espera mi hermano del alma se muere yo mismo no tendré piedad de ti."
Se puso la armadura que el médico guardaba tan celosamente pues antes de convertirse en lo que es fue un temible caballero.
Busco en medio de la oscuridad después de pasar el primer filtro de seguridad. Sin duda alguna dios estaba de su parte y aún no lo había abandonado.
Las antorchas encendidas apenas iluminan la fila de celdas, escucha a un hombre quejarse y otros más insultarlo, finalmente lo encuentra en una de las celdas más recoditas y escondidas, con ropas de campesino, con la cara sucia y compartiendo celda con el loco que grita.
—¿Eres Aioros?
El castaño se sobresalta al escucharlo, pero se alegra, sus dedos de las manos abrazan los barrotes de acero. —¿Camus?
Efectivamente él reconoce su voz, por desgracia también lo quiere matar por mentir.
—¿Cómo está Shura? ¿Se encuentra bien? ¿Él se ha dado cuenta de la verdad? ¿Sabe que lo engañé? ¿Él...?
—No es de mi agrado venirte a buscar, pero supongo que tendrás tus motivos para haber hecho algo así, no eres una mala persona, puedo sentirlo.
—¿Shura?
—Él está bien, no necesitas preocuparte y si, lo sabe todo. No es un niño para caer en esa farsa.
Lo que vengo a decirte es que el rey Oneiros enviará tropas para llevarse a su hijo de aquí, no sé si tú también estés incluído en el plan. El rey está hecho una furia y ha tomado la decisión de invadir Eolia. Una guerra se avecina y yo no sé si Shura y tú puedan seguir unidos, él no sabe nada de esto.— habla bajito. —No sé sí para ese momento yo tenga las armas suficientes para sacarte de aquí.
—Dile que nunca quise mentirle y que mi amor es sincero, si no nos volvemos a encontrar dile que no me olvide, que lo amo y que hasta en mi último aliento lo amaré.
—Así será, ahora debo irme, si no regreso ya sabes lo que sucederá.
Al menos Shura sabía la verdad y todo lo que le dijo Dohko debía ser una gran mentira.
—No se va a casar, ¿verdad?
—Hasta el día de hoy, la boda sigue en pie, sin embargo él solo está fingiendo. Si todo sale a como espero y logró sacarte de aquí, Shura te confesará algo que solo él puede hacer.
Ten esto.— de entre su ropa saco un anillo de los que Shura solía llevar en sus manos para demostrar su estatus como príncipe, ese anillo con una amatista. —Él también te ama Aioros, tanto como para recordar tu verdadero nombre.
Las lagrimas bajan por el rostro moreno del impostor y a Camus no le queda más que darse la media vuelta e irse.
Saga quien hubiera querido escuchar algo de esa conversación se muestra decepcionado, está claro que el hombre que acaba de entrar es un Omega y los Omegas tienen prohibido perfilarse en el ejército de Eolia.
•
—Oneiros está muriendo, si no nos llevamos rápido a Shura es probable que el rey no alcance a verlo por última vez.
—El rey lo sabía, por ello se despidió de su hijo de esa manera, sabría que tal vez no volvería a verle.
—El ejército tardará en llegar, pero en cuatro días estarán aquí. Albergo la esperanza de que mi hermano pueda resistir un poco más, Felser.
—Si lo que Camus dice es verdad, entonces tenemos que hacer lo imposible para garantizar su integridad.
Los dos hombres continuaron una larga plática a las afueras del castillo, trazando planes y estrategias, viendo los puntos débiles del castillo, aunque parece impenetrable las grandes barreras están para romperse.
Camus observa con detenimiento la infusion que debe tomar para inhibir su celo, el vapor trae consigo el perfecto rostro del médico, sus ojos tan azules y profundos como el océano, sus cabellos rubios y levemente rizados. Milo es excepcionalmente guapo y su toque es tan cálido como el de los finos hilos de seda.
Tuvo la oportunidad de ser tomado entre sus brazos, sentir sus labios recorriendo su cuerpo y la desaprovechó.
El doctor es el único que ha logrado encender en él una chispa que creyó muerta. Tantos años pasó cohibido ante la incertidumbre de volver a pasar por sus mismas desgracias que ahora que puede terminarlo todo, elije nuevamente un camino de espinas.
¿A quien engaña? Un Omega usado no puede tener una esperanza de un amor recíproco, Milo merecía a alguien diferente y quizá el tiempo no había sido el suficiente para conocerse bien.
Con todo eso en mente terminó desechando el té en una maceta cercana.
Su deber como caballero de la corte imperial de Cravenfield tenía más peso que nada y su repentina decisión era la mejor para todos, lo supo al ver al príncipe dormir más tranquilo luego de decirle que Aioros estaba vivo.
Al día siguiente, Aioria no estuvo presente en el desayuno y Shura fingió malestares abdominales así como dolor en todo el cuerpo, se mostró sin ánimos de nada y todo eso le provocó una sonrisa en el rostro de la reina.
—No salgas de esta habitación por nada del mundo, omite bajar a cenar, solo así la reina pensará que aceptaste la invitación del Príncipe Aioria.
Ya me he encargado de dejarte suficientes suministros para que pases los siguientes días aquí.
—¿Tu?
—Tengo que vigilar que todo salga como espero, así que cuídate muy bien. Dohko no debe verte. Felser se encargará de buscar la manera de ayudar a Aioros, no te preocupes.— Le dio un abrazo sumamente fraterno con la gran determinación que su plan llegará a termino con gran éxito. —¡Cuídate!
—Camus...
—Nada Shura, estaré bien.
Con una sonrisa se marchó y cuando la noche cayó, su cabello largo y rojizo fue cortado por el filo de una espada. Así como engañaron al Reino de Cravenfield, él le daría la vuelta al acto de los bribones.
Sus pasos se dirigieron a esa puerta de madera con la figura de un león, estaba entreabierta lo cual era sumamente peligroso para cualquier Omega que oliera esas feromonas Alfa de cítricos.
Trago grueso en medio de la oscuridad y cuando esos ojos estuvieron fijos en él, toda la valentía escapó de su cuerpo.
—Te estaba esperando.— la voz del príncipe fue más como un gruñido contra su oído.
Lo apreso entre esos fuertes muros y revivió todo lo ocurrido, de esa misma manera había sido tomado años atrás por una jauría de lobos hambrientos de placer.
Se mantuvo sereno y obligó a sus propias lágrimas a no salir de la cuenca de sus ojos.
Aioria sufre los estragos de su propio celo, no logra reconocer el rostro que besa con demasiado ímpetu, su mente divaga, la explosion que hay en sus sentidos al olfatear las feromonas frutales son imposibles de explicar. Nunca deseo la compañía de un Omega en sus celos, Saga era quien lo domaba y le entregaba todo sin ninguna consideración.
El anheló en el fondo de su alma cuando Saga le hacía el amor era querer ser un Omega como el que tiene entre sus manos ahora mismo. Los odiaba tanto por tener todo lo que el deseaba ser, poder procrear cachorros que se parecieran a ese hombre que tanto amaba.
Camus no pudo retener sus lágrimas y finalmente se quebró en cuanto ese Alfa lo desvistió para tocarlo sin la plena delicadeza. Su entrada fue perpetrada por esos dedos largos y odio que su estúpido cuerpo goteara ante la necesidad de sentir algo más como cuando estaba en manos de aquel maldito duque.
Sus uñas se clavaron en la amplia espalda y los sonidos más vergonzosos salieron de su boca. Para los Omegas era una maldita desgracia que en su celo no importará quien tomara su cuerpo porque responderían naturalmente a esos estímulos dejándose llevar por las penetraciones.
—Necesito más...
Hasta tal punto, no había descubierto la verdadera razón por la que Aioria y la reina habían recurrido a contratar a Aioros, pero pronto lo descubriría.
Su espalda se arqueo cuando fue puesto sobre la cama y Aioria se fundió en él. —Es mi primera vez con un Omega, no voy a ser delicado contigo.
Por lo menos esto duraría tres días, 72 horas en las que su cuerpo debía resistir a un Alfa con un lívido elevado que nunca había mantenido alguna relación sexual o al menos eso creyó en tal momento.
Dos días después, Shura no podía seguir un minuto más en medio de esa habitación, el silencio lo torturaba más. De pronto sentía esa necesidad afectiva de estar al lado de su Alfa, de sentirse protegido, de poder oler su aroma tan siquiera.
"Nadie puede verte."
No puede hacer nada, prometió quedarse en ese lugar y debe hacerlo, Camus pronto regresará y todo estaría bien, debe confiar y debe mantenerse sereno ya no tanto por el sino por ese bebé que sabe está esperando.
—Finalmente te encuentro muchacho.— menciona Felser con una pequeña sonrisa al observar dentro de esa celda.
—¿Señor Felser?
—¿Felser?
El hombre que padece de sus facultades mentales, lo empuja a un lado para confirmar si lo que ha escuchado es verdad, no le importa nada ni siquiera cuanta fuerza emplea en quitarlo del camino.
—Sísifo...
Su voz es solo un susurro, pero si no existiera esa barrera ahora mismo Felser estaría matando a ese maldito Alfa.
—Felser tienes que ayudarme, ella... No es una buena persona, ¿Dónde está Cid?
—¿Conoce a este hombre?
El caballero quisiera vengar a aquel joven que en su pequeña y vaga ilusión había puesto sus ojos en el hombre equivocado, ese que lo hizo sufrir desmedidamente al punto de elegir contraer matrimonio por el despecho de una traición.
—Es el hermano del difunto Rey Ilias y alguien sumamente detestable que merece pudrirse aquí.
—Felser... Ayudame, ¡Me quieren matar!
Hay voces que me dicen que voy a morir y...
El caballero corpulento no se inmunta y toma a Sísifo de la ropa vieja que usa para dejar algunas cosas en claro. —Cid está muerto y yo no voy a ayudarte. No mereces mencionar su nombre, maldita escoria y si la reina Sasha te tiene aquí creo saber por qué es.
Su fuerte voz no pasa desapercibida para Saga quien realmente no se sorprende porque lo sabe, conoce ese secreto.
—¡No es verdad!— dice con una sonrisa. —Quieres engañarme, él vendrá por mi. Me sacará de aquí y entonces le pediré perdón. ¡Él me ama!
Antes de que continúe haciendo un escándalo mayor, Aioros mismo es quien lo golpea haciéndole perder el conocimiento, a él le importa saber lo que Felser tenga que decirle de Shura no eventos del pasado.
—Te has ganado mi confianza por eso. De verdad, que no le soporto.
—¿Qué hace aquí?
—Camus me ha informado de todo. Me costó creer que no fueras tu el verdadero príncipe, pero eso no es lo que importa. Shura está bien, pronto lo sacaremos de aquí y a ti también. Los soldados pronto estarán aquí y esto se convertirá en un campo de guerra y he aquí mi pregunta, ¿Qué tanto estarías dispuesto a hacer por Shura?
Antes de que pudiera contestar algo, Saga junto a otros dos presos comenzaron a gritar.
—¡Traidores, hay traidores aquí! ¡Eolia corre peligro!
—Tiene que irse, es mejor que se marche. Tenga en cuenta que por él soy capaz de todo.
Los gritos no iban a ser un impedimento para que expresará todos sus sentimientos en cortas palabras, porque Shura llegó a poner su mundo de cabeza. Fue amor a primera vista, sintió desmoronarse ante esa mirada verde y afilada, tanto que ahora no le importa entregar su vida por la del hombre que más ama.
Ve a Felser marcharse antes de que lleguen los soldados de Eolia a preguntar, por qué hay tanto alboroto.
—Has traicionado a toda Eolia y te juro que lo vas a lamentar.
Fue una sentencia que vino de esa voz rasposa, la cual iba a ignorar.
Milo entra a atender la emergencia en el cuarto del príncipe Alfa, solo para que su corazón se parta en mil pedazos al ver quién es el Omega que yace en la cama de Aioria, lleno de marcas y con el cabello corto. La última vez que se vieron su cabello todavía estaba por debajo de sus caderas.
—¿Está muerto?
Sale de su trance cuando escucha la preocupación del monarca, así que con todo y su evidente dolor, se atreve a revisarlo. —Sé ha desmayado quizás por el sobreesfuerzo físico.— suspira. —¿Tu...?
—No. Hice lo que mi madre me ordenó, le dije a Shura que pasaramos juntos mi celo, yo no sé que hacía él aquí. ¡Milo tienes que ayudarme!
Mal momento para que la Reina estuviera en la puerta de la habitación del príncipe junto con su leal secuaz, Dohko.
—¡¿QUÉ?!
En su frente se dibujaron arrugas por lo que acaba de escuchar. Venía dispuesta y contenta a corroborar que todos sus planes habían salido mejor de lo que había esperado. Pero ante sus ojos verdes lo único que ve es a un Omega pelirrojo en la cama de su hijo algo agonizante.
Lo sabe, los han descubierto y por ello intercambiaron lugares. —Ve a buscarlo.—sus palabras se dirigen al hombre castaño. —En cuanto a este que yace en la cama de mi hijo debes deshacerte de él.
Milo aprieta los puños y suspira de manera pesada. —Lo siento, pero no creo que eso sea lo que usted quiera realmente.
—¿Te atreves a ir contra mis órdenes?
—No, no lo hago. Sabe que si pudiera hacerlo cumpliría sus deseos...—aunque eso signifique matarme a mí mismo.— Aioria marco a este Omega, su vida está atada a la de él desde ese momento.— reprime todos sus sentimientos, quiere llorar, gritar, su lobo interior aulla por la perdida de lo querido. El príncipe ha tomado al ser con el que se sentía completo y no puede hacer nada para cambiarlo.
La marca reluce de un bello color escarlata.
Sasha siente más odio en ese momento, ni siquiera ella que albergó sentimientos por el rey Regulus fue capaz de insinuarle su cuello para que creara una marca.
Aioria no hace nada más que bajar la cabeza ante su madre que lo ve con desprecio y desdén. —Tu serás el único culpable de que Eolia se desmorone a pedazos. Tus tonterías de fugarte con ese patán han traído estás consecuencias y ahora sí este Omega muere tu lo seguirás.— rechina sus dientes ante la frustración.
El legado que Ilias dejó está a punto de desmoronarse y eso se confirma en cuanto escucha los gritos de su nuevo comandante, Degel. —Su majestad necesito hablar con usted de manera urgente.
—En un momento Degel, espérame en el salón de reuniones.
El caballero muestra su respeto para después marcharse.
—Cuida a este Omega Milo, a partir de hoy será tu responsabilidad que permanezca con vida. No importa si Aioria lo ha marcado, él no subirá nunca al trono de Eolia.
En cuanto a Saga, te juro Aioria que no verá nunca más la luz del sol.
—¡Madre!
—Tu así lo elegiste, Aioria.
Dohko no encuentra por ningún lado al pelinegro, siente un poco de miedo al pensar que el joven Príncipe haya sido sustraído del castillo los días anteriores, espera que ese no sea el caso, justamente cuando está por informar a la reina ve a un hombre con una capa que cubre su cabeza tomar las escaleras, así que supone se trata de ese joven y va detrás de él.
Shura por su parte simplemente sigue sus propios presentimientos. Necesita asegurarse de que Aioros esté bien y después buscar a su tío Morfeo o a Felser para que lo ayuden. Claramente no tiene idea de que todo un ejército se prepara para su rescate, Camus no le dio suficiente información sobre eso.
—Ni siquiera trates de ir más allá.
El filo de una espada lo amenaza antes de que finalmente tome el camino que lleva directamente a las mazmorras. —Dohko.— susurra ese nombre al reconocer esa voz.
—No debieron jugar con fuego y mucho menos tentar el odio de la reina.
—Si me dejas ir ten en cuenta que puedo hacerte llegar una recompensa para tu solo beneficio.
—Soy leal, Príncipe Shura.
Había salido de peores conflictos, el filo de una espada no era suficiente para él, así que en un movimiento rápido logró darle la vuelta al hombre y desenvainar su propia espada.
—Ustedes fueron los primeros que mintieron a la corona de Cravenfield, llevando a un impostor en lugar del verdadero príncipe.
El choque de espadas resonó sin llamar la atención de nadie, para este momento varios soldados ya habían sido convocados por la reina.
—Es gracioso que lo eche en cara cuando su alteza se atrevió a ir demasiado lejos con él.
—Algún motivo tuvo que mover a qué Aioros se prestará a semejante bajeza.
—Tienes razón, Aioros se vio muy motivado ante las piezas de oro que la reina puso sobre la mesa.
Un dolor se instaló en su corazón, Aioros no era un hombre interesado, no lo era.
—Por eso está justamente donde tiene que estar, piénsalo querido príncipe. Te envolvió y te habló demasiado bonito para escalar más alto de lo que la reina le prometió, ¿Qué es el oro comparado con ser rey de un reino entero?
No quería creer en esas palabras, Aioros había sido demasiado sincero aún si utilizaba el nombre de Aioria, ese hombre era excepcionalmente noble y ese amor no podía ser una mentira, tampoco esas caricias que lo llevaron al mismísimo cielo.
—¡No te atrevas a hablar así de mi hijo, maldito!
No sé lo esperaba, Dohko jamás imaginó que volvería a ver a ese Omega que tanto aborrecía, pero el único en el que Shion pudo confiar aquella maldita noche.
—¿Tu hijo?— lo dijo con gran ironía. —Un Omega con un vientre podrido jamás puede ser padre.
Shura lo observó, ese hombre era delgado, bajo de estatura y su cabello largo estaba atado con un cordón. Sus ojos cafés expresaban gran determinación y su espada era una raramente conocida, pero increíblemente hermosa para matar a cualquier hombre sobre la faz de la Tierra.
—Tus palabras no pueden dañarme Dohko y Aioros se convirtió en mi hijo desde que Shion lo puso en mis brazos.— se acercó más y presto atención unos momentos al rostro que hace tiempo había estado cubierto por la capa. —No dudes un poco de él, es sincero.
Shura supo que se refería a aquel castaño que había robado su corazón.
—Estuve esperando con toda mi vida este momento Dohko. Yo seré tu oponente.
—Con gusto terminaré contigo.
—Sigue tu camino, yo me encargo desde aquí.
El príncipe estuvo un poco indeciso, pero finalmente su espada volvió a ser guardada en la funda al costado de su cintura y siguió su camino.
La mujer de cabellos lilas golpeó la mesa con toda la frustración que se había acumulado, finalmente las noticias de una conspiración en su contra habían llegado a sus oídos cuando casi estaba atada de manos.
—Espero que nuestras bajas no sean tantas, si Cravenfield quiere entrar en una guerra en contra de Eolia, entonces la tendrá, prepárense para luchar.
Kardia asintió, desconocía el pasado que la corona escondía al igual que Degel, ellos simplemente estarían defendiendo por completo las tierras que les habían sido heredadas durante generaciones.
—... Saquen al general Saga y denle un lugar en la primera fila, es mejor a qué lo maten ellos a que sean mis manos las que se manchen de sangre.
—Así será su majestad.
Shura finalmente da con la celda, las lágrimas en sus ojos no se pueden detener y se siente malditamente culpable ante el hecho de que dudo unos segundos sobre el amor que Aioros le ha profesado con cada pequeño detalle mientras estuvieron juntos en Cravenfield.
—Mi vida.— el hombre con una tela roja amarrada sobre su frente, inmediatamente acuna sus mejillas cuando están lo suficientemente cerca. —¿Estás bien?
No puede siquiera contestarle, tiene tanto de que hablar que el nudo en su pecho no lo deja y solo hay lágrimas de por medio, que muestran su dolor su vulnerabilidad y también su miedo latente a que no salgan ambos con vida de las garras de la reina.
Con gran trabajo, se atreve a recorrer uno de esos mechones castaños a un lado, una caricia sumamente significativa para observar esos hermosos ojos que ama.
—Shura, por favor, ¿Dime qué no te han hecho nada?
Guarda silencio, Aioros no debe preocuparse demasiado, ya tiene suficiente con lo que está pasando.
—Han venido unos soldados y se han llevado a un hombre, los rumores dicen que era el general a cargo del cuidado del príncipe Aioria.
Shura por favor respóndeme, dime qué nadie de ellos se ha atrevido a hacerte daño.
Su mirada se encuentra y sabe que hay algo que se oculta detrás de esa mirada que aunque brilla guarda un poco de tristeza.
—Aioros... Aunque me mentiste sobre tu verdadera identidad, ¿Nunca me has mentido al decirme que me amas?
Una sonrisa escapa de los labios del moreno. —Jamás mentiría con algo así, toma esas manos tan blancas como las nubes y deja un suave beso en ellas. —Te amo Shura, me enamoré de ti. Incluso si no fueras un monarca, yo me enamoraría una y otra vez de ti sin importar nada.
—Nos tranquiliza saberlo.
—¿Nos?
—Es muy pronto para saberlo, pero lo siento, puedo notar los cambios y... Eres un alfa tan tonto que no lo has notado.— Sus lágrimas se detienen para llevar las manos del hombre a tocar su abdomen aún plano. —Si estoy en lo correcto, pronto seremos padres.
La noticia fue lo suficientemente grande para que el cazador, quisiera besarlo y arrodillarse ante él. —No sabes cuánto te amo y...
—¿Cid? ¡Eres tú! ¡Cid! ¡Mi querido Cid!
La felicidad fue rota por ese hombre, ese hombre que Shura desconocía.
Aioros gruñó cuando ese hombre de cabello largo y castaño claro tomo las manos de su amado príncipe.
—Tienes que ayudarme, El Cid. Te lo pido, por favor, ¡Ten piedad mía y perdóname! ¡Ruego me perdones!
Los ojos verdes lo vieron con gran temor, pero escuchar el nombre de su padre le causó un gran dolor.
La historia de sus progenitores comenzaba sobre las cenizas de un hombre cuyo nombre no conocía, jamás había tocado ese tema, pero seguramente era él, ese hombre desalineado que besa con ímpetu su mano e implora perdón de rodillas.
—Podemos vivir felices ahora, he descubierto quien es ella realmente. Ella es mala y ruin.
Cid, podemos hacer lo que siempre soñaste, puedo aprender a quererte y tener hijos contigo. Cid, seré tu perro si me lo pides.
Esos ojos verdes lo miraron con desprecio, él nunca lo vería con ese desprecio y jamás soltaría su mano.
—Lo siento.
—Él no te merece.— dice dirigiendo su mirada al Alfa que desea matarlo con sus propias manos por atreverse a tal bajeza de besar a su Omega. —Yo si, siempre me has amado... Soy yo con quién sueñas.
El Omega comienza a sentir ese olor a musgo más intenso de lo que desea y ese otro olor a Tierra húmeda, tan parecidos y tan diferentes entre sí.
—Yo no puedo perdonarle, porque yo no soy El Cid.— retiene lágrimas en sus ojos, no quiere llorar nuevamente por la memoria de su padre. —Y dudo que mi padre pueda hacerlo.
—¿Padre?
—No mientas Cid, tu padre no eres tú. Ionia no...
—Posiblemente este hombre ha estado por mucho tiempo aquí que ha perdido la noción del tiempo.— aunque quiere enviarlo directo al infierno no puede y ni siquiera es capaz de volverle a asestar otro golpe que lo deje inconciente por molestar a Shura.
—Yo no soy El Cid, soy su hijo, hijo suyo y del rey consorte, Oneiros.
—No, eso es mentira. Deja de inventar.
—Mi padre está muerto y si no lo ha notado aunque me parezco lo suficiente a él, mis ojos no son del mismo color que los suyos, violetas.
—No, no. No se pudo casar con él, me amaba a mí, no pudo tener hijos con alguien a quien no amaba, no... Eres un mentiroso o... Ella te ha enviado, si, quizás quiere volverme loco... Ella...
Fue suficiente Aioros no lo tolero más. —A quien estás viendo enfrente de ti, es al príncipe Shura. No a nadie más.
Lo apartó con gran dificultad.
—¡ES MENTIRA! ¡CID SOLAMENTE ME AMA A MI!
—Shura temo que este hombre pueda ser peligroso para ti, por favor vete. Me duele decirlo, pero debes ponerte a salvo, por ti y el bebé que viene en camino... Si en los planes de la reina está mi muerte yo... Recuerda que siempre te amaré.
—Tu padre está aquí, no seas tan negativo y yo haré todo... Para que regreses conmigo a Cravenfield.
—¿Mi padre?
—Un Omega.
—Izo...
—Apartate un poco.
—¿Qué piensas hacer?
—Lo único que tenía pensado hacer.— sonríe. —Deten a ese hombre, no quiero hacerle daño.
El primer golpe a la cerradura llegó, preciso y casi limpio, con gran precision, pero solo alcanzo a hacer vibrar el metal.
Los demás presos no se atrevían a hablar ni siquiera un poco, temían que les fuese a suceder lo mismo que al hombre que se acaban de llevar por lo que ellos supusieron un hablador, él había iniciado a gritar sobre la conspiración.
—Shura no lo hagas en tu estado es muy peligroso, no hagas sobreesfuerzo.
—Tengo que poder.
En los cuentos y leyendas siempre era un plebeyo salvando a la princesa, nunca un príncipe salvando a un plebeyo como él.
Por un instante a Aioros volvió a recordar los últimos alientos de aquella cabra que había cazador en el bosque, tan débil y con un sufrimiento agonizante, sufrimiento al que le puso fin con otra flecha.
No quería ver a Shura así, no quería que se hiciera ningún daño por él.
—Una espada no será suficiente.— la voz de Izo fue suficiente para que los jóvenes voltearan a verlo. —Por favor, permítame ayudarlo alteza.
Aioros supuso que se refería a Shura. Quizás su padre con lo listo que era ya había descubierto la relación que se había dado entre ellos.
—¡Papá!
—¿Qué pasó con Dohko?
—Lo que tenía que pasar tarde o temprano.— dijo tras dar un suspiro. —Ahora bien, háganse a un lado.— sus manos sostuvieron fuerte y firme el hacha que había encontrado en su camino.
Sísifo observó aquello, él mismo sabía que su mente distorsionaba el tiempo, los mañanas se volvieron eternos y los días que iba contando a partir de unos meses fueron suficientes para olvidarlos. Se sentía tan culpable que al ver ese mismo rostro nuevamente joven corrió a implorar su perdón.
La última vez que vio al Cid fue cuando se atrevió a partirle el corazón luego de tres largos años de relación, pero jamás supuso que tal hecho había arrojado a El Cid a los brazos de aquel caballero que siempre agachaba la cabeza al verlos juntos y quién por mandato del rey Ionia era el guardaespaldas del príncipe.
Lamenta tanto que aquellos ojos amatistas hubieran retenido sus lágrimas cuando dijo aquellas palabras.
La cerradura fue abierta y ante sus ojos los dos jóvenes se abrazaron, esos pudieran haber sido ellos si sus sentimientos no hubiesen cambiado drásticamente.
—Es tan parecido a él.
—¿Sísifo?— es Izo quien lo observa. —Príncipe Sísifo.
—¿Lo conoces?
Aioros no podía notar ese gran parecido que se asemeja en ambos, las barbas crecidas del segundo príncipe y su cabello largo y desalineado no le permiten ver sus rasgos casi idénticos, después de todo son familia.
—Es hermano del difunto rey Ilias y tío del gran rey Regulus.
—Entonces no podemos dejarlo aquí.
Aioros le dio una mala mirada. —Puede venir con nosotros con la condición de que no se acerque a Shura.
El ejército de Cravenfield tomó el castillo antes de que los soldados de Eolia pudieran desplegar a sus soldados, como principales comandantes del ejército, Felser y Morfeo habían dado órdenes estrictas de no dañar a los habitantes, únicamente lo que les interesaba era recuperar al príncipe y a su hombre de confianza, Camus. Para la libertad de Aioros, negociarán estratégicamente con la reina.
... Pero todo no fue como lo planearon.
A pesar que fueron la advertencia los soldados de Eolia decidieron luchar, así que unos bajaron de sus caballos para luchar cuerpo a cuerpo con el ejército contrario y otros se abrieron camino aún montados en sus caballos.
Saga fue puesto en la primera fila y aunque tenía la esperanza de que podría ver un poco al príncipe Aioria, eso no sucedió. Iba a morir sin poder verle una última vez.
Sabe que nunca debieron escapar abruptamente del castillo, era mejor la propuesta de que Aioria se esposara con alguien más y continuarán sus encuentros furtivos a mitad de la noche.
—Así que realmente te enamoraste de él.
Aioria ni siquiera se preocupo demasiado en contemplar la gran similitud que tenía con el hombre que sostenía firmemente el cuerpo de ese Omega que tanto daño le ha causado.
Con el enojo es incapaz siquiera de reconocer al hombre de cabellos casi cenizos.
—No voy a esconder algo que es evidente y lo siento demasiado.— como si fuera culpable de enamorarse sin desearlo se disculpa ante los feroces ojos azules. —Yo no pedí nunca esto, pero fue lo que tú madre y tu me entregaron, desconozco sus motivos de ambos para llevar a Aioros hasta Cravenfield.
—Todo esto siempre será tu culpa Shura, por aceptar algo que tal vez en un principio no querías, tu decisión arruinó mi vida y todo lo que tenía.
—No solamente es mi culpa.
Aioros se rehusa a soltar a Shura, pero en cuanto ve la determinación de ese hombre hace un movimiento rápido para que Izo sea quien lo proteja para comenzar a librar una batalla con el príncipe del que usurpó su identidad.
La espada de su amado es la que sostiene firmemente para defenderse de los ataques sigilosos y cubrir su cuerpo en cuanto lo requiere.
—Por favor, príncipe Sísifo cuide con su vida si es necesario a Shura, yo debo poner fin a esta batalla absurda, Aioros no puede enfrentarse a su medio hermano.
Shura no entiende, ni siquiera puede procesar todo lo que está pasando y cuando desea preguntar sobre tales palabras, el Omega de cabellos largos los abandona para ir a ese campo de batalla que se han convertido las escaleras del castillo.
Izo mantiene la esperanza en su pequeño corazón de que Gestalt haya podido burlar bien a esos guardias cuando lo obligó a continuar con la misión. A ese hombre le debe la dicha más grande y aunque al principio cuando todavía no eran relegados de su cargo, solía aborrecerlo por lo bribón que podía ser.
El destino se encargo de reunirlos y ser ellos quienes criaran al verdadero primogénito del rey Regulus.
Gestalt lo enamoró con su personalidad elocuente, sus malos chistes y su gran responsabilidad, porque él no era de los que se dejaba guiar por una cara bonita y músculos enormes. Él era de los que se enamoran de la personalidad, sentimientos y profundidades del alma.
Su corazón le pertenecía a ese domador de caballos y sabía de antemano que este también hacía tiempo que le había entregado el suyo.
—Por favor, tenemos que reunirnos una última vez.
Limpio unas cuantas lágrimas traicioneras y se dedicó a ir tras Aioros.
—Aborrezco que seamos tan similares físicamente, no logro entenderlo, pero ten por seguro que voy a matarte y después de terminar contigo acabaré con él.
El metal de las espadas resuena cada vez que estás se encuentran en el aire, Aioros no es un experto a comparación del contrario que desde niño se le instruyó el esgrima.
—Podemos llegar a un acuerdo, Shura regresará a su reino y tú serás feliz con quién tú decidas. Es un trato justo.
—Las tropas del Rey de Cravenfield están aquí, nada puede arreglarse con la paz, pero si con su muerte.
Aioros piensa en eso, su amado no puede morir a manos del que creyó un gran monarca. —Él no va a morir si yo puedo impedirlo.
La batalla se prolonga más tiempo del que desearía, Aioria busca la manera de cansarlo de hacerlo sentir poca cosa de insultarlo en medio del duelo, pero nada puede contra él, los insultos que le da no le importan, pero cada vez que esa boca sucia se atreve a decir algo de Shura, entonces su fuerza crece. Su espíritu Alfa renace y lucha por proteger lo que es suyo.
—Fue un Omega que se te ofreció en pleno celo, ¿Que te hace pensar que si hubiera estado con otro alfa no lo haría?
No, ni siquiera eso lo hace dudar, Shura se entregó a él.
—Dime, ¿Él estuvo contigo sin mencionar mi nombre? ¿Realmente él pensó que eras tú y no yo quien lo tocaba?
Al principio así fue, el Omega lo volvió loco durante su celo, lo llamaba como "Aioria" hasta que le dijo su nombre.
—Mi nombre fue el único que salió de sus labios.
Llegó la desestabilización para el príncipe que cayó al suelo, con un ego Alfa herido por caer ante un plebeyo con la justificación de pelear por un Omega.
—Shura y yo nos pertenecemos el uno al otro y no dudaré de pasar por encima de su majestad para pasar el resto de mi vida y mi eternidad con él.
La espada apunto directamente al cuello del Alfa monarca, solo bastaba con un simple movimiento para que Shura o el rey Oneiros tomaran las tierras de Eolia en una conquista espontánea.
Siempre ha sido un cazador por excelencia, matar a un animal nunca le tento el corazón, es como si todo eso estuviera en sus genes. Su padre Alfa se lo enseñó y siempre estará tan agradecido con él porque su recuerdo es el que hace que no le tiemble para nada la mano para que esa cuchilla se deslice para degollar a su víctima.
—¡Nooooo...!
Esa voz la reconoce muy bien, es la de su padre Omega el mismo que un día se empeño tanto en que fuera un gran Alfa.
—¡No puedes matar a tu hermano, Aioros!
—¿Hermano?
No lo entiende y duda unos segundos en quitar la cuchilla que ha hecho un daño leve sobre el cuello del príncipe.
Aioria abre enormes sus ojos celestes, los nombres son demasiado parecidos tanto como sus rostros. —¡Mátame, yo no puedo ser tu hermano! ¡Mátame!
—Aioros no, te lo explicaré después, pero no lo mates, lleva tu sangre, es tu hermano.
Siente su pecho desgarrarse nunca había deseado decirle la verdad por el peligro que eso manifestaba, pero no iba a dejar que los descendientes del rey Regulus pelearán hasta que uno de los dos saliera victorioso con las manos manchadas de sangre de su medio hermano.
—Eso no es cierto, Gestalt y tú son mis padres y...
—Lo siento tanto.— murmura. —El difunto Rey es tu verdadero padre.
—¡Mientes!— Aioria aprovecha que Aioros está tan distraído con ese Omega que logra levantarse del suelo para irse directo a los golpes al Omega mayor.
No teniendo nada más que hacer, Aioros simplemente lo golpea para que pierda el conocimiento, no puede hacerle daño si es su familia.
Sus ojos llorosos se dirigen a Izo. —Regresemos por Shura y vámonos de aquí.
No puede reclamarle nada a su padre Omega, al contrario quizá le debe su propia vida, siente horrible que se le haya ocultado esa terrible, pero no tiene ningún derecho a reclamarle nada.
Cuando se vuelve a reunir con su Omega, este se lanza a sus brazos supervisando que se encuentre bien. Encuentra una paz abismal en esos ojos verdes, lo ama con gran intensidad y sabe que no le alcanzará la vida para poder demostrarle día a día el gran cariño que le tiene.
—Me preocupe tanto al no verte regresar.
—Estoy bien. Ahora tenemos que irnos.
—No, no puedo irme sin Camus. La última vez que lo vi fue hace aproximadamente tres días.
—Shura es mejor irnos, Camus seguramente está comandando la rebelión de las tropas de tu padre.
Con esa esperanza el Omega agachó la cabeza y asintió, debía ser positivo y pensar que su hermano del alma estaba bien.
—Es bueno saber que estás bien, Aioros.— es Gestalt quien le dirige una mirada apenada quizá por apenas hacer acto de presencia o porque Izo ya le ha informado que le ha confesado la verdad.
—En medio de una cacería, el cazador es el que sobrevive.— bromea aún abrazando a Shura.
( ...)
Morfeo observa a la reina sin un toque de miedo observar por la ventana cuántos de sus fieles caballeros son asesinados en ese campo de batalla que se ha formado en los jardines y el espacio frente al castillo.
—Yo nunca quise que esto sucediera.— responde con frivolidad. —Lo único que quería era el bienestar de mi hijo.
—¿Dañando a otros?
—Tal vez es lo que parezca, pero en este mundo, mi hijo es lo único que me importa. Fui obligada a ser la reina de este lugar, quise su prosperidad y ahora veo que estoy a punto de perderlo todo.
Soy una víctima mas de las circunstancias y si me matas me sentiré tan libre como jamás lo he sido.
—Mi fidelidad está con mi hermano y con mi sobrino.
—Un sobrino que nació del despecho y desprecio.
Yo le di la oportunidad a Oneiros para que subiera al trono, por mí Sísifo fue capaz de deshacer su compromiso...
—No importa lo que le has hecho a El Gran Cid, importa lo que planeaba hacer con mi sobrino y el próximo descendiente de la familia real.
Camus fue quien investigó todo, Oneiros ya lo sabe, si tú muerte no sucede hoy sucederá más adelante.
—Esa pequeña rata la han entrenado muy bien para que les sea tan fiel como para meterse en medio de la noche a seducir a mi hijo.
Y de ese bastardo... Lamento decírtelo, pero ten por seguro que ya no significará problema alguno para mí, así como su padre lo fue años atrás.
No hay más tiempo de conversación. Morfeo es codicioso y ambicioso, sabe que la muerte de la reina beneficiará más a Cravenfield, el príncipe Aioria no estará seguro por mucho tiempo y la corona de Eolia caerá. Solo espera Shura no sea tan tonto y desaproveche la oportunidad de adjudicar ese reino a sus propiedades ante una aparente "conquista".
La hoja de su espada se mancha de un color carmesí al igual que el vestido blanco de la reina que se mancha con su propia sangre.
—Por Cravenfield...
•
Después de ser llevado nuevamente a las puertas de aquel castillo de banderas moradas con el emblema de las espadas, el joven Omega corrió hasta la habitación de su padre con la esperanza de tan siquiera despedirse de él.
Felser había sido quien lo había puesto al tanto de la delicada salud del rey.
—¡Padre!— lo llamo antes de ir directamente a arrojarse a sus brazos tal y como el día en que su papá Omega había fallecido.
—Has regresado, ¿Estás bien?
—Lo estoy.
—Tu tía Phantasos me ha informado que vienes acompañado de más personas.
—Eso...— le es difícil contestar, el corazón se le ha partido al observar como su progenitor respira cansado.
—Puedes decirle que pase, no tengo nada en contra de él, es un buen hombre según lo traté.
—¿Lo sabes todo?
—Por supuesto. Sé que voy a ser abuelo.— a penas y puede sonreír un poco. —Finalmente has encontrado tu felicidad, lamento que todo sucediera de esta manera y que hayas tenido que sufrir en el proceso... Cid decía que si el amor no dolía, no era amor. Tonto de él, me hizo sufrir demasiado, pero al final comprendí sus palabras.
—Papá sobre ello, el príncipe Sísifo viene con nosotros, todo este tiempo estuvo preso y sus condiciones mentales...
—Estoy a punto de morir y mencionas a mi rival de amores, tan a la ligera, Shura.
—Me disculpo por eso.
—Son tus decisiones, eres el próximo monarca y no voy a ir en contra de ellas. Después de mi ausencia los ancianos de la corte y tus tíos sabrán guiarte.
—No digas eso... No puedes morir.
—Mi más grande amor ha sido tan misericordioso por dejarme vivir más de lo que un enlace lo permite. Quería asegurarse tanto como yo de que te dejaría cuando hubieses encontrado un camino no elegido por tu título.
Ve por Aioros, necesito hablar con él.
Aioros esperaba afuera de manera educada, lo único bueno que Dohko hizo por él fue mostrarle los modales y protocolos que debía seguir en determinados momentos.
Cuando Shura salió a llamarle tomo su mano y se adentro a esa inmensa habitación.
—¿Recuerdas lo que te dije muchacho?
—Lo hago su majestad.
—No me importa tu nombre o quién eres, solamente sé que lo único que te importa es mi hijo y por ello puedo estar tranquilo de morir y dejarlo en buenas manos. No tienes ansias de riqueza, sin embargo has tomado algo con más valor que el oro y mis tierras, a mi hijo.
Por favor, cuídalo y cumple cada uno de sus caprichos.
—Puede estar tranquilo, amo a Shura con mi vida misma y no permitiré que le hagan un solo rasguño.
—Eso es un alivio para mí.
Esa misma tarde el reino se vistió de luto.
Finalmente la era del reinado del rey frío y su fiel caballero terminó para dar paso a la siguiente generación.
Cinco meses después.
Año 1732
Yo, Aioria Sagnar Tenori, príncipe real del Reino de Eolia, dirijo está carta al Reino de Cravenfield ofreciendo una disculpa de antemano por todo sucedido.
Por medio de este escrito me dirijo al próximo rey de Cravenfield, para notificarle que he decidido abdicar al trono cediendo por completo la corona al hijo primogénito del difunto Rey Regulus, Aioros Samneil Katsíka, quien deberá tomar el mando así como deberá tomar el apellido Sagnar en los siguientes 30 días.
ATT: AST
Shura observó la manera imprecisa en la que el sello real fue colocado, quiso pensar que era una trampa para ir en contra del primogénito del rey Regulus y eso no lo iba a permitir por nada del mundo hasta que una segunda carta se deslizó hasta el suelo. La tomo en sus manos y comenzó a leerla, a diferencia de la anterior tan formalmente escrita está estaba diferente aunque venía del mismo remitente.
Verano del año 1732
Yo Aioria, dirijo está carta al príncipe de Cravenfield no de la manera más formal que quisiera.
Esta sera mi tercera carta que recibas, Shura, sé que le tienes gran aprecio a Camus, por ello debes saber que tiene los mismos meses de gestación que tú, la diferencia es tan solo de una semana si no me equivoco.
Él mismo no me permitió hablarte de esto en mis anteriores escritos, no quería que supieras que aquella noche de mi celo fue él quien estuvo conmigo tomando tu lugar.
Sabes que las decisiones de mi madre no fueron las mejores y debes estar enterado de cuando me arrepiento de eso.
Agradezco que Aioros me haya dejado con vida aquella noche, sin embargo, hubiera preferido mejor mi muerte que cargar con el peso de todas las acciones que mi madre cometió en vida. Gracias al cielo Dohko pudo recuperarse del encuentro que tuvo con el padre adoptivo de mi hermano y me ha contado toda la verdad.
Por eso Shura, llegando hasta este punto quiero que seas el único de quién me despida, cuando estás cartas hayan llegado a tu poder yo ya no estaré más en este mundo.
No temas por Camus, quedará en las manos de Milo, él lo tomará como su Omega en cuanto de a luz y mi mordida haya desaparecido.
Ante todo, debes saber que Camus estuvo de acuerdo en llevar a su vientre a mi hijo, hijo que no veré crecer y mismo que no quiero que me conozca más que de nombre, no quiero que se entere que su padre fue el peor de los cobardes.
Shura, tal vez pienses que mis problemas no eran tan gigantes para tomar está decisión absurda, pero para mí era necesario, esa noche en la que te salvaron fue la misma noche en la que a mí me arrebataron todo, hasta el amor de mi vida. La persona por la cual me escape del palacio días antes de emprender mi viaje con destino a Cravenfield, por eso Aioros tomó mi lugar.
Mi madre sabía de su existencia.
Velen y cuiden de todas las personas que viven en Eolia.
Convence a Aioros que reclamé lo que por derecho le pertenece, es mejor que el hijo que ustedes dos están esperando sea quien dirija ambos reinos el día de mañana, no quiero que mi descendiente tenga que lidiar con problemas políticos o que tenga que pasar por una situación igual a la mía.
Si nos hubiéramos conocido en diferentes circunstancias tal vez podríamos haber sido buenos amigos.
ATT: AST
El sello también está disperso e inclusive el papel tiene ligeras manchas de tinta, no puede evitarlo, la sensibilidad de su embarazo lo golpea.
—Shura, mi amor, ¿Todo bien?
Aioros que ha estado al otro lado de la habitación observando por la ventana se gira rápidamente al escuchar los sollozos de su prometido.
—¿Sucede algo con nuestro pequeño?
Sus pies lo llevan lo más cerca que puede de su Omega, acaricia sus hombros, para después ponerse en cuclillas a contemplar ese vago silencio en el que se ha hundido el monarca.
—¿Mi amor?
—Aioria... El príncipe Aioria está muerto.
El alfa lo atrae a sus brazos para brindarle consuelo a su amado. —Yo no se que decir.— ni siquiera sabe que sentir. Aioria y el nunca convivieron como hermanos, ni nada por el estilo.
—Debemos ir a Eolia y...
—Tranquilo, sí.— limpia sus lágrimas. —Por tu estado actual no creo que podamos ir. Mi vida, tienes 5 meses de embarazo, tu tía Phan dijo que debías mantenerte sin preocupaciones.
—Sé lo que ella dijo, pero... Hay algo más, Aioria dejo todo arreglado para que asumas el trono de Eolia como legitimo heredero, el apellido...
—No, Shura. No puedo hacer eso, no puedo reclamar algo que nunca supe que me pertenecía y no puedo hacerle eso a mis padres. Gestalt e Izo han sido mi verdadera familia, me acogieron como a un hijo sin serlo, me protegieron y... Sé que mis verdaderos padres me hubieran amado, pero no pudieron estar juntos, Sísifo me lo ha dicho.
—Te ruego lo pienses, es mejor que toda Eolia sepa que tienen un príncipe a que piensen que Cravenfield conquistó sus tierras.
—Lo pensaré si eso te hace sentir con menos pesares, pero por favor ya no llores.
—No me pidas eso, Aioros. Me duele la muerte de él y no sabes cuánto, me siento tan culpable por no poder haber hecho algo por él, por no tener la oportunidad de hablar antes de que todo se detonará. Él no quería el compromiso, pudimos haber buscado juntos una salida, yo tampoco quería esposarme a él.
No te muestres tan insensible con algo así, era tu medio hermano.
—Sí y el hombre que quiso matarte a ti y a mi cachorro.— respiro profundo. —Bien, llora lo que debas llorar y después hablaremos de esto con más calma, no puedo discutir contigo.
Decidió no hablar más, simplemente se dedicó a abrazar por un largo lapso de tiempo el cuerpo de su adorado Omega.
Un recuperado Sísifo fue quien habló con él durante casi toda la noche, haciéndole ver porque era más que conveniente que tomara el trono que siempre había estado destinado para su persona, además de ser más beneficioso para la tranquilidad de Shura, pues de esa manera los habitantes de Eolia no buscarían una venganza directa.
Luego siguieron los consejos de sus padres adoptivos haciéndole ver que tomar su verdadero apellido real y el de Yato era lo mejor que podía hacer.
—Los apellidos no importan Aioros, siempre seremos tus padres, pero tienes derecho a reclamar todo lo que el rey Ilias impidió que fuera para ti.
—Yo creo que no es una decisión fácil y yo no sé cómo dirigir un reino. Hace meses yo solamente era un cazador en medio del bosque y...
—No debes de temer, pronto tendrás a tu lado a un monarca y él te guiará. En un determinado momento podrían consolidar ambos reinos en uno solo.
Todo era demasiado abrumador, en menos de un año su vida dio un giro de 180°, ya no era el cazador que amaba los arcos y las flechas, su ropa cambio... Todo, pero el amor que sentía por Shura era más inmenso que nada de eso importaba, si con eso su precioso príncipe estaría a salvo lo haría, pero no por sí mismo ni por avaricia ni siquiera porque le importará.
Así fue como con todas las comodidades del mundo posible Shura y el emprendieron un viaje de tres días nuevamente al Reino que habían jurado no regresar.
—Estoy muy nervioso, yo... Yo no sé nada de esto y preferiblemente siempre había querido vivir una vida tranquila.
El Omega toma sus manos entre las suyas para brindarle confort. —Yo estaré a tu lado, no te voy a dejar solo.
—Esto es demasiado superior a mí.
Sus manos morenas fueron directamente a acariciar el abultado vientre, sintiendo ligeros movimientos.
—¿Crees que se parezca a ti?
—No lo sé, sería una injusticia que no se pareciera a mí, se está gestando dentro de mí.
—Sería hermoso si pudiera tener tus bonitos ojos verde primavera, tu belleza... Que fuera idéntico o idéntica a ti.
En cuanto llegaron a Eolia fueron recibidos por Camus y Milo, Shura podía jurar que él que se había encargado de mantener el reino estable y de dar la noticia tanto del fallecimiento del antiguo príncipe como la promesa de que aún vivía dos monarcas de la familia real, un hijo no reconocido por el difunto rey Regulus por desconocimiento de este mismo. Si había alguna duda de que perteneciera al linaje real estaba Sísifo, quien fue testigo de la dura vida de su querido sobrino.
—¡Bienvenidos!
Shura pudo notar evidentemente que Camus también estaba en cinta, su cabello estaba corto hasta la mitad de su espalda, desconocía todavía mucho de lo que había pasado con él, pero le dio mucha alegría verlo de la mano de Milo, su semblante no era triste, pero tampoco muy sonriente, pero se veía encantador con esa ropa adecuada a su estado.
—Han sido momentos difíciles, no todo fue hecho por mí. Antes de que Aioria tomara esa abrupta decisión, él mismo fue quien convocó a todos sus súbditos a escuchar lo que debía decirles, habló de ti Aioros, dijo que eras su hermano, un hermano que había perdido hace muchos años atrás y que apenas conocía, pero que sabía que tú sabrías guiar a Eolia.
—Yo había pensado que mi tío Sísifo fuera quien ocupará el trono, no me siento capaz y... Me es imposible quedarme aquí, cuando mi lugar está al lado de Shura.— besa el dorso de la mano del príncipe.
—No es lo conveniente y la coronación está prevista dentro de una semana. Los súbditos no dudaron de las palabras de su príncipe y esperan con ansías conocerte.— se levanta de la silla con la ayuda de Milo. —Todos están al tanto de la union de ambos reinos planeada por la difunta reina, eso fue algo que también Aioria arreglo muy bien.
Así que dentro de una semana todo esto te pertenecerá justamente.
—¿Qué hay del hijo que esperas, Camus?
—Aioria, quiso que llevará su apellido, pero no sus responsabilidades. Además siendo Aioros el hijo primogénito del rey Regulus, la corona recaerá en el hijo de ustedes dos.
Una semana después, Aioros está frente a una multitud de personas que gritan su nombre con gran efusividad. En su cabeza reposa la corona que han llevado los grandes reyes de Eolia, en su mano derecha el centro real y en su mano izquierda en el dedo anular el anillo con el emblema de la realeza.
—¡SALVE AL GRAN REY AIOROS!
•
En invierno es cuando los nervios lo carcomen, caminando de un lado al otro por el pasillo, dentro de la habitación real, Shura lucha con todas sus fuerzas para dar a luz a su precioso hijo.
—Tranquilo hombre, todo estará bien.
Es Gestalt quien le muestra su apoyo en un momento tan crítico en el que se preocupa tanto para la salud de su esposo como del bienestar de su cachorro.
—Sí hijo, deberías tranquilizarte. Shura es fuerte, ha pasado por mucho...
—Yo necesito estar allá adentro con él, brindándole fuerzas, pero su tía Phantasos y Milo no me permiten entrar... Y, quiero verlo, saber que está bien.
Escucha el ruido, los gritos desesperados de su Omega y quiere tirar la puerta para encontrarse con él, pero justamente esta por girar la perilla cuando escucha los lloriqueos de un bebé, sus ojos se llenan de lágrimas de infinita felicidad y abraza a sus padres adoptivos.
—¡Ya nació! ¡Mi hijo ya ha nacido!
Camus sostiene a la pequeña Saori en sus brazos, tratando que no se despierte por los efusivos gritos de su tio Aioros.
Es un milagro que sostenga a esa bebé en sus brazos pues ni siquiera pudo llegar al octavo mes ya que nació prematura. —¡Felicidades, Aioros!
La puerta se abre después de unos minutos y Milo luce demasiado sonriente. —Rey Aioros, puede pasar a ver a sus dos cachorros que han nacido.
—¿Dos?— su sorpresa es evidente y no puede esperar más.
Phantasos ha cobijado a sus hijos y los ha dejado a cada lado de su preciado Omega a quien mira con mucho amor.
—Mi vida... No puedo creerlo, esto es... No sé ni qué decir.— besa su frente sudorosa. —¿Te encuentras bien?
—Son nuestros cachorros, la prueba de nuestro amor. Me siento un poco cansado, pero feliz de tenerlos conmigo, son mellizos.
Aioros suelta algunas feromonas para marcar territorio, es su momento de estar con su amado después del parto, con cuidado toma a un bebé entre sus brazos. —Hola cachorro, yo soy tu papá.— sonríe. —Se parecen bastante a mi, mi amor.
—Me tomó nueve meses darlos a luz, pase náuseas y durante el último mes apenas y podía con mi vida para que dé mi linaje no heredarán más que únicamente los ojos de mi querida abuela...— se queja. —Pero son preciosos.
—Mira a este pequeño, es tan lindo. —acaricia la mejilla de su otro cachorro ya que no puede tomarlo entre sus brazos.
Seiya y Jabu llegan a alegrar sus vidas y a completar la familia que se han propuesto formar.
—Te amo, mi vida. Gracias por traerlos a este mundo, prometo que seré un gran padre para ellos, un gran esposo para ti y un Alfa responsable.
—Yo también te amo, Aioros.
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