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¿Por qué está en un bucle donde tiene que saltar de una dimensión a otra con un solo propósito: matar a Aioros de Sagitario?
Era absurdo que con la infinidad de dimensiones paralelas no hubiera ninguna en la que Aioros y él se llevarán bien, siempre había algo de por medio y él debía ser su asesino, nunca de otra manera.
—Shura por favor, escúchame.— estas eran las palabras que habían quedado marcadas en su memoria de manera permanente, como palabras en papiro que a pesar de años se puede conservar su legibilidad.
Es con él con quién comienza todo el sinfín de piezas del rompecabezas intentando coincidir entre ellas, sin embargo nunca terminan de hacerlo.
El ingrato de Saga lo ha condenado a esto, a un sufrimiento eterno conducido siempre al camino de la muerte. ES UN TRAIDOR en el plano donde empieza todo, pero en los demás suele ser un héroe.
—Quería creer en ti, en el héroe, Aioros.
Fuerte y poderoso, así se lo encontró en otra dimensión del vasto universo que había pisado. Siendo quien hubiese tenido que ser en su universo original, El Gran Maestro.
Sin embargo no era el hombre puritano, sus ideales no eran idénticos y sin embargo en todos esos universos seguía siendo él, el mismo Aioros de Sagitario que parecía perseguirlo en la infinidad de universos, hasta que rendido a los pies de Athena lloró de manera incontrolable.
Saori Kido tuvo gran compasión de él, la misión fue cancelada y regresó al Santuario, a la comodidad de su décima casa.
Era increíble como después de ver a Aioros en tantas dimensiones, en esta que era su realidad siguiera muerto.
Fue a dormir con el doloroso pesar en su corazón, después de beber una copa de vino de la botella que Milo de Escorpio le había obsequiado como una disculpa después de lo sucedido en la batalla contra el Dios Hades en el arribo a las 12 casas.
La dulzura del vino fue reconfortante para su paladar, amargo después de cortar todas esas marañas de dimensiones existentes en las que Athena siempre salía victoriosa.
La meta: lograr encontrar la manera en la que el espíritu de Aioros de Sagitario regresará así como lo hizo en el muro de los lamentos y en Asgard, porque después de haber aparentemente ganado la Guerra Santa contra Hades, Athena con la intervención del Dios Nórdico Odín los había regresado a la vida a todos excepto a él.
Al menos Aioria ya no le tenía tanto resentimiento, pero era palpable su desilusión al saber que Aioros no regresaría después de verlo en dos batallas.
Por ello para aliviar las penas de ese pasado doloroso, Shura se hizo cargo de la misión de adentrarse a dimensiones, buscando alguna manera en la que Aioros no muriera, pero en todas las que había visitado, tenía que morir porque de lo contrario Athena moriría o la Tierra se vería dañada por cataclismos inimaginables terminando con toda la humanidad.
Aioros era un sacrificio en todas, un sello que marcaba un veredicto final, un cordero... un martir que debía morir.
Esa noche cerró sus ojos con la imagen clara de su espada empapada por sangre inocente maldijo a Saga infinidad de veces por dejar que el mal se manifestará en su interior.
—No daré mi misión por perdida, solo necesito tiempo.
Se cubrió con la suave tela de seda para tiempo después quedar a dispuesta disposición de Morfeo, el dios del sueño.
Las manecillas en la torre del Santuario siguieron su curso, las estrellas brillaban de manera majestuosa en el cielo nocturno, todo era paz, menos la mente de los caballeros.
Por la mañana un olor característico llegó a su nariz, el olor de la mantequilla y azúcar, incluso gimió cuando sintió el olor en su nariz, despertó encontrando todo tan igual, pero en cuanto se giro, observó una bandeja de desayuno lista y preparada de manera apetitosa.
Era extraño si nunca había permitido que las sacerdotisas de Athena y sirvientas de los caballeros estuvieran a su disposición, es más nunca aceptó a ninguna dentro de su templo, él podía atenderse solo, preparar su propia comida incluso comprar algo de víveres o cosechar algunas legumbres del huerto que con gran pesar acepto que Afrodita colocará en la ladera de su templo.
Teniendo en mente que todo se debía al hecho de que Athena quería de alguna manera compensarlo, se atrevió a tomar un pan ligeramente tostado al que le untó un poco de mantequilla y le espolvoreo azúcar.
Gran error, al primer bocado sintió náuseas, tan terribles que tuvo que salir corriendo al baño a devolver. Pensó que el vino le había hecho daño, que había alterado su flora intestinal, pero no, era algo más que crecía poco a poco en sus entrañas.
—Mi señor, se encuentra bien.
La voz delicada a quien reconocía como Marin de Águila le hablaba, ¿Qué hacía ella en el templo de un caballero dorado y por qué le hablaba de manera tan delicada?
—¿Quiere que llame a su excelencia?
Una mejor pregunta, ¡¿Qué hace en su dormitorio?!
Al momento de verse en el espejo se sorprende, es más joven de lo que recuerda, en su rostro no hay cicatrices de heridas de la Guerra, su cosmos se siente potente como siempre ha sido, pero hay algo sobre su pecho colgando desde su cuello. Un collar particular que recuerda no haber tenido nunca, una piedra de jade cubierta alrededor de lo que parece ser oro y el hilo marrón del que cuelga está tejido con un bonito patrón.
—No, nuevamente...— susurra para sí mismo.
Supone que ha cruzado otra dimensión, pero es algo más terrible que eso.
—Estoy bien, no necesito nada. Estaré ocupado en la ducha, márchate.
Escucha los pasos de Marin para salir de su habitación.
Debe averiguar de qué se trata todo esto antes de que meta las manos donde no debe.
Se quita las prendas para tomar una ducha y entonces es cuando nota algo sumamente fuera de lugar, su abdomen marcado ya no se encuentra, ahora está un poco abultado, se sorprende debido a que en todas las dimensiones que ha cruzado, siempre tiene un porte regular al de su realidad.
Teme que en esta era pueda estar enfermo y por ello la Athena de esta dimensión se preocupa tanto por él.
No importa, ni esa particularidad lo hace que se quede pensando demasiado. Toma un baño de agua tibia porque no soporto el agua fría, cuando termina se dirige a su armario para buscar prendas limpias, pero se topa con una foto que lo deja boquiabierto, una fotografía a color donde Aioros y él posan sin ningún remordimiento, se notan felices y eso causa que se estremezca.
En este universo no puede suceder tal cosa, en todas las dimensiones posibles Aioros siempre tiene que morir, supone que tal vez en este mundo, Aioros ya ha pasado a mejor vida y que los recuerdos que existen en papel fotográfico son tal vez más dolorosos que los de un niño de 9 años.
Se dispone a cambiarse con ropa que encuentra demasiado cómoda y un tanto formal, nada de la ropa de entrenamiento que suele usar, pero quizá es mejor que las chaquetas de cuero, camisas floreadas y lentes.
—Shura, no has desayunado nada.
Afrodita ha entrado como si no hubieran leyes en el Santuario que respetar.
—Ahorita no quiero, he tenido unas náuseas horribles.
Trata de que no se den cuenta de que no encaja en esta dimensión.
—Debiste haberlo dicho antes, ¿dónde está ese caballero que ostenta y se levanta el cuello diciendo que es tu Alfa?
—¿Alfa?
—Debía suponerlo. En cuanto entre, tu olor a lavanda está un poco apagado y no se siente ni un poco el aroma a menta de ese descuidado hombre.
Ahora que lo analiza mejor, huele demasiado a rosas, más que nunca, mejor dicho lo cual hace que sus náuseas continúen, pero al menos logra disimular y no tiene nada que devolver.
—Shura, Aioros debe ser más precavido contigo y con ese pequeño milagro que estás gestando.
—¡¿Qué!?
La palidez es mayor e incluso casi se desmaya al escuchar tal barbaridad.
—Aioros se comprometió a cuidarte cuando tomaste la decisión de llevar a Athena en tu vientre, como el omega que eres.
Ven Shu...— pareció comprenderlo y lo ayudó a sentarse sobre su cama. —Sabías que comprometerte a esto, sería algo sumamente difícil sobretodo porque podrías morir en el parto debido al poderoso cosmos de Athena.
Se ha quedado sin palabras. No sabe ni que diablos es lo que está diciendo Afrodita.
—Si esto que ha preparado Marín no te apetece, podrías haberle dicho que te preparara algo diferente, ¿Quieres algo diferente?
Niega con la cabeza.
—Te traeré algunos frascos de hierbas aromáticas, puedes usarlos en cuanto te sientas mareado o algún malestar, igual puedes pedirle ayuda a cualquiera de nosotros. Tu vientre lleva a nuestra querida y esperada Diosa, nuestra misión por el momento es que te sientas bien, que estés protegido y tengas una alimentación adecuada para dos. Estás culminando el primer trimestre, pronto los malestares pasarán.
Asintió sin comprender nada.
Justo cuando estaba por preguntar sobre algo más, Aioros y Aioria entraron en su habitación, todos se habían pasado las reglas y su privacidad por el arco del triunfo.
—Hasta que por fin te apareces Aioros, Shura ha tenido náuseas horribles que ni siquiera te imaginas. Dijiste que no estarías celoso de que Shura llevará en su vientre por primera vez a la pequeña Athena y no a un hijo suyo.
—Al menos no va a nacer de mi cabeza...
Shura bajo la cabeza no quería encontrarse con esos ojos que tanto le quitaban el sueño, pero Aioros tenía otros planes.
—Lo siento, Aioria me entretuvo de más preguntándome cosas sin sentido.
Afrodita fue remplazado rápidamente, sus brazos ya no abrazaban al caballero de Capricornio, ahora era Aioros quien lo hace.
—A mí no me metas en tus responsabilidades, Aioros.
Shura sintió las manos del joven Sagitario ir directamente a su abdomen acariciando de manera lenta y delicada el pequeño bulto, por primera vez sintió la calidez del santo de Sagitario y no sus golpes en defensa.
—Pequeña Athena, todos te queremos, sobre todo Shura, por favor no le des tantas molestias para que pueda estar cómodo y te alimente de manera adecuada.
La suave voz le hizo cosquillas en la nuca, el olor a menta se intensificó, Aioros lo estaba impregnando con su olor, cubriéndolo y brindándole una barrera de protección al mismo tiempo que calmaba sus malestares como las náuseas.
—Shura la última vez que vine te dije que usarás ropa más cómoda como la que Camus consiguió especialmente para Omegas en gestación.
Te aseguro que estarás más cómodo que con eso que llevas puesto.
—Por ahora mi ropa sigue siendo cómoda.— no puede evitar el sonrojo en sus mejillas, tener a Aioros así de cerca sin puñetazos o palabras grotescas de por medio era más agradable que nada.
—Bueno, ya que al fin has llegado Aioros yo pasaré a retirarme, solo venía a ver si Shura estaba bien, pero ahora que se queda en tus manos sé que todo irá perfecto.— suspira. —Por la tarde traeré los frascos de hierbas aromáticas, Shura.
—Gracias, Afrodita.
—Y yo continuaré mi camino hacia la sala del patriarca, hay una misión para mí.
La habitación de Capricornio se despejó de las no tan gratas visitas, solo quedando el único caballero que deseaba no se quedará un momento más.
—¿Cómo estás, mi amor?
Los colores no podían subir más a su rostro, Aioros le habla de una manera demasiado delicada, con cariño y sigue acariciando su abdomen.
Se aparta un momento, este universo no es a lo que está acostumbrado un guerrero como él, ni siquiera a tratos delicados y demasiada atención.
—Deberías continuar en reposo, tu estado es un tanto delicado, aunque seas un guerrero de élite sigues siendo un Omega.
Un beso en su frente lo descolocó por completo, ¿Cómo es posible que exista un universo en el que él y Aioros son pareja y no solo eso también dieron su consentimiento para que Athena fuera concebida en su vientre?
Este universo no podía ser de lo más caótico, hombres embarazados, aromas dispersos, Alfas y Omegas. No entendía nada, pero la calidez es demasiado increíble.
Sus ojos se encuentran con esos agua marina, tan brillantes como no los recordaba. Un deseo extraño se retuerce en lo profundo de su corazón.
—Pero antes de que continues reposando deberías comer algo, siempre te ha gustado el pan con mantequilla.
—Supongo que en mi estado debería considerar más la comida, esa cosa me ha dado náuseas tremendas.
Aioros sonrió y el corazón de Shura colapso, tal vez esto era lo que siempre quiso, tener a Aioros a su lado no como pareja, pero si que fueran esos grandes amigos que un día fueron.
—Entonces, déjame prepararte una rebanada de pan con mermelada, quizá las frutas te sienten mejor a ti y a nuestra pequeña.
Eso se escuchaba empalagosamente bien, pero la pequeña Diosa no es del todo suya según lo que ha entendido.
—Procura dormir bien.
—Aioros...
—Si.
—Podrás volver a hacer lo que hiciste hace rato cuando llegaste.
—Con gusto.
Le dio la rebanada de pan y al siguiente segundo toma asiento a su lado, lo abraza, pero esta vez no toca su vientre.
—¿Cómo lo haces?
—Es algo natural.
Lo impregnó de aroma nuevamente, una deliciosa combinación de lavanda con menta.
—Te ves demasiado lindo embarazado y con las mejillas ligeramente rojas como dos manzanas.
Esto debía ser un maravilloso y encantador sueño, claro que sí porque lo último que había hecho y que recordaba era haberse quedado dormido luego de lamentar su vida.
Seguramente su inconciente había generado tales incongruencias, pero la mermelada de frutos rojos en su paladar se sentía agradable tanto como el vino de anoche.
Había lágrimas retenidas en sus ojos que en determinado momento dejó escapar, ¿Por qué aquí todo es diferente?
Aioros lo notó y con un pañuelo limpió esas lágrimas, no eran por el embarazo, no eran de felicidad, eran de lamentación, de sentirse perdido y frustrado. No merecía tales atenciones del Santo de Sagitario.
—Son la hormonas del embarazo, mi vida.
Con gran carácter podía aceptar que esto bien podía tratarse de un engaño, de un sueño tejido por los malvados dioses del sueño o algo así, pero todo lo que sentía era tan real.
—Es que... Me gustaría hablar contigo sobre...
—¿Algún malestar?
—No, bueno realmente nada en particular, solo... Olvídalo.
Este Aioros parecía estar adecuadamente en su línea temporal de espacio y tiempo, no era el Aioros que conocía, no lo era, por ello, era mejor callar que decir algo que pudiera alterar esa línea.
—Sabes que puedes hablarme sobre lo que sientes.
—Me preocupa el parto, no saldra de mi cabeza, ¿Cierto?
Cuanta ternura le causó a Aioros escuchar eso, Shura es divinamente encantador estando embarazado. —Todo estará bien, pequeño niño de las montañas.— a Shura se le contuvo el aliento, ese apodo era único y especial, del Aioros que alguna vez conoció, ¿Podría ser posible? —Athena no nacerá por tu cabeza, está aquí, en tu barriguita y tal vez el patriarca hará una buena cesárea cuando sea el momento adecuado.
Es normal que sientas ansiedad por el nacimiento, eres un Omega de 19 años con una responsabilidad inmensa.
Por eso se veía más joven. De 23 ahora nuevamente repetía 19 y este Aioros tenía 24.
Edades tan perfectas y tan inusuales para ser "padres" de una Diosa.
—Gracias por estar conmigo.
—Es todo lo que siempre he soñado.
Una mirada perdida entre el azul de los océanos y el verde de las praderas fue interrumpida por el Gran Maestro, Shion.
Como patriarca del Santuario debe velar por el bienestar de todos, pero sobretodo de la pequeña Diosa Athena.
—Lamento ser inoportuno.— quizás él ya sabía más de lo que cualquiera pudiera saber, por ello Shura bajo la mirada.
Esta vez estaba siendo un gran impostor tomando una línea de tiempo y espacio que no le pertenecía.
—¡Gran maestro!— ambos caballeros rindieron respeto ante el sumo pontífice que portaba sus vestiduras tan blancas como las nubes en un cielo azul.
—No es necesario. ¿Te has sentido bien Shura?
El menor asintió. —Solo un poco mareado.
—Todo se debe a que estás en el primer trimestre, luego de un tiempo las náuseas serán reemplazadas por otros síntomas como dolor en la espalda, agotamiento...
Su entrada a este universo debería repararse lo antes posible, no sabía como se regían las reglas del tiempo y espacio en ese lugar, así que no podía quedarse mucho tiempo, por lo que debía arreglar un asunto que estuviera fisurado y el Shura de este universo no pudo reparar, para volver a sus lugares, aunque adoraba el trato que Sagitario le estaba dando.
—Tu mismo elegiste ser quien llevará en su vientre a Athena en la bendición del sol y la luna.
¿Qué era eso?
Estaba seguro que Athena no fue concebida como en la época del mito, ni Zeus sería tan despreciable como para tomar a un Caballero de la orden de su propia hija para cometer tal delito, o bueno... Después de todo era Zeus podía hacer lo que quisiera, pero esa ceremonia a la que se refirió Shion nunca la había escuchado.
—Todo se alineó para que fueras tu quien cargará con ese gran milagro, aún no entiendo porque Athena no descendió de los cielos como anteriores veces lo hizo y quiso reencarnar de manera humana.
Tan humana no era, al menos para él, un hombre no podía concebir del mundo del que venía.
—Eres tan fiel a tus convicciones Shura.
Solo pudo asentir, todo era demasiado raro, pero incluso si lo sentía de esa manera, había algo que lo llevaba a no revelar su verdadera identidad multiversal.
—Lamento que tus entrenamientos como caballero tuvieran que posponerse, pero entenderás que es lo mejor para ambos.
Asintió y le brindó una calida sonrisa a la jovial figura de Shion, le recordaba tanto la vez en la que lo siguió fielmente siendo un espectro de Hades. —Me gustaría saber más detalles sobre el nacimiento, sobre si su cosmos al nacer será riesgoso para mí. No me malinterprete, simplemente quiero estar abierto a esa posibilidad de morir ya sabe, dando a luz.
Shion no podía verlo más que como a un padre a un hijo temeroso. —Camus y Mu se están encargando de averiguar si hay una manera en la que el cosmos de Athena no te afecte directamente en cuanto nazca.
La plática se prolongó más de lo esperado, pero en algunas ocasiones cuando se sentía mal, Aioros le daba su mano en señal de apoyo.
—... Todo estará bien, Shura.
UNIVERSO SS02A, 1986
El sabor en su boca al despertar era amargo, no recordaba sentir algo parecido, pero mientras no fueran las benditas náuseas estaba bien. Se levantó de su cama y por primera vez desde que acepto fielmente los designios divinos no encontró la bandeja de plata en la que Marín solía llevarle el desayuno.
Aioros tampoco estaba al lado de su cama acompañándolo, lo cual fue un golpe fuerte sobre su pecho, pero eligió no darle tanta importancia, seguramente Sagitario obtuvo una misión, los caballeros de bronce a penas estaban naciendo y debían mantener vigilado su futuro.
—Pequeña Athena, ¿Cómo estás?
Sus manos bajaron a su vientre encontrándose con nada, el bulto que crecía en su abdomen no estaba, al contrario sus abdominales estaban incluso más trabajados que cuando eligió dar ese importante paso.
Alarmado se levantó inmediatamente buscando alguna respuesta, quitándose la playera de entrenamiento, olfateandola solo para encontrarse con que no había un olor impregnado en ella, el olor a menta no estaba, solo olía a cítricos del suavizante de telas.
Su corazón no podía con más, sentía que estaba fallando en su misión o que era una pesadilla lo que lo estaba atormentando.
Para su suerte estaba en Capricornio, su templo, tal y como lo recuerda solo con algunas cosas movidas de lugar.
Encontró sobre la mesa del comedor una copa usada que en su asiento tenía un poco de vino seco, algo imposible que el hubiera tomado, seguramente Death Mask había entrado y al verlo durmiendo decidió buscar entre sus cosas algo de alcohol y lo encontró.
Solo que en la botella tenía un año de caducidad que ni siquiera había pasado todavía.
Sin entender nada regreso a su habitación y notó entonces un cuaderno de tapas de bonito color verde, algo discreto y pequeño.
Lo tomo entre sus manos y comenzó a revisarlo.
Se tratan de notas con fechas, fechas del futuro, tres años más de lo que debería.
"Ha sido inútil, no importa cuántos universos cruce con ayuda de Saga. Lo encuentro a él, pero su alma está corrompida. Me duele saber que yo provoqué todo esto, yo lo maté, yo hice que el desequilibrio de los universos fuera así, él y yo siempre debemos enfrentarnos como enemigos.
El final sigue siendo el mismo, mi espada debe hacer trizas a la flecha dorada."
No lo entiende y ante su incertidumbre, sin saber nada y con los pies descalzos recorre los escalones que conectan los templos de Sagitario y Capricornio.
Se encuentra desesperado y en cuanto cruza sin pedir permiso, lo encuentra a él, al castaño que le ha robado el corazón, el mismo que lo hace suspirar, aunque hay algo raro, su olor característico no está, el olor a menta se ha esfumado.
—Aioros...— dice en un mar de lágrimas mientras lo abraza por la espalda, notando terribles cicatrices que sabe no tiene. —¿Qué está pasando?
El hombre no se mueve, ni siquiera con su presencia, solo mira fijamente a la pared donde se despliega un mensaje sobre la pared grabado en una pieza de oro.
"A ustedes caballeros que ha llegado hasta aquí, les encomiendo la vida de Athena."
—¡Aioros!
Sus lamentos son escuchados y el caballero finalmente se gira, su torso desnudo contiene pares de cicatrices. —Shura.
—Tengo miedo Aioros, yo me desperado y...
—¿Estás bien?
—No, no me comprendes, mírame...
Los ojos azules observan la pálida piel que contiene cicatrices de rasguños, Shura está semidesnudo con lágrimas en sus ojos y todo es tan caótico.
—Trató de comprenderlo, mi vida, pero ni siquiera yo lo entiendo. Mi templo está vacío, no hay nada, no existen pruebas de los recuerdos que creamos juntos y... No siento tu aroma.
—Estos cuerpos ni siquiera son nuestros, no recuerdo tener cicatrices y Athena...
—¡Imposible!
Tal vez fue porque Milo era el caballero más cercano al templo de Sagitario o porque quizá así lo quiso el destino, pero él fue el primero en verlos de esa manera tan íntima.
—¡Aioros estás vivo!
La mención de eso los hizo separarse, no sabían exactamente en que extraña bruma estaban parados.
—Es un milagro, Aioria se pondrá muy feliz en cuanto lo sepa.
Al escorpión no le extraño nada verlos abrazados, con el pecho desnudo y descalzos, supuso que todo se trataba de una escena de redención, los ojos llorosos de Shura podían confirmarlo.
Más tarde cuando ambos estuvieron presentables, los dos fueron convocados a la cámara de Athena, sin creer por supuesto lo que estaban viendo, la diosa que ellos dos esperaban estaba frente a ellos con 16 años de edad con cabellera lila y un cosmos sumamente sorprendente.
—Shura, lo has logrado.
La joven dama, le sonríe de una manera tan encantadora, su carácter es alegre y tiene unos ojos sumamente brillantes y verdes azulados.
—¡Aioros, bienvenido a casa!
UNIVERSO SS01O, 1983
|3 meses después.
Nadie ha descubierto que es un impostor ni siquiera el Aioros de este universo, lo cual es un gran alivio y a la vez un dolor demasiado fuerte en su pecho. Las atenciones de Sagitario han sido la pieza importante por la cual ahora tiene sentimientos encontrados, lo cual es sumamente doloroso porque la ilusión nunca dura para siempre, en cuanto descubra cuál es su misión en este universo todo se derrumbara, el verdadero Shura regresará y quizá tenga reclamos con el Sagitario.
—El Patriarca dijo que ya no es un embarazo riesgoso.
—Eso es increíble, pero de todas maneras debes cuidar tu salud, así que no creo que sea prudente bajar al campo de entrenamiento en tu estado.
—Aioros, desde que estoy en este estado no he visto nada más que este templo, estás paredes y...
—Por suerte, tu templo es inmenso Shura, ahora que si quieres te puedes mudar a mi templo.— con su dedo índice palpó la nariz del Santo de Capricornio. —Te puedo llevar en brazos.
—Entiendo tu punto, pero tampoco es como que quiera ser un peso más en tu templo.
—Nunca lo serías, si tuviera que elegir entre mi vida y la tuya, eligiría la tuya, siempre y en todos los universos.
Fue la gota que derramó el vaso, Shura comenzó a llorar sin consuelo alguno.
Podría ser...
Quizas...
Tal vez...
Tal vez... Sí, existiera la posibilidad de que el Aioros de su tiempo y espacio pensará de la misma manera en cuanto se lo volviera a encontrar, sería encantador.
—¿Shura?
Aioros no soportó verle llorar e inmediatamente lo abraza.
—¿Por qué dices eso?
—Porque lo siento. Sí un día llegaramos a enfrentarnos, yo elegiría dejarte vivir, después de todo mi corazón seguiría viviendo...
—¿Así es como me ves, como tú corazón?
—Eres mi vida misma, no me malinterpretes. Athena es parte de mis convicciones y de mi lucha como guerrero, pero tuya es mi vida, Shura.
Los ojos verdes siguieron sin poder contener las lágrimas y Aioros solo quería pensar en que en un futuro cercano en algún lugar podría decirle esas palabras al verdadero Shura que ama.
"SI TAN SOLO FUERA EL SHURA
QUE CONOZCO"
"SI TAN SOLO FUERA EL AIOROS
QUE CONOZCO"
El dolor de sus lágrimas fue remplazado por una suave caricia en sus mejillas, sus ojos conectaron y por un momento toda preocupación se esfumó, no existían bandos, no había peleas ni puñetazos, golpes o palabras hirientes, solo esa conexión que iba más allá de lo que ambos quisieran.
—¿Puedo?
—¿Hacer qué?
Shura lo mira con inocencia, no sabe exactamente a lo que se refiere el joven de cabellos castaños.
—Esto.
De manera lenta, pero segura se acerca hasta que sus respiraciones pueden sentirse, durante todo este tiempo no hubo tales muestras de afecto, lo cual había mantenido tranquilo Shura y ahora no sabe como responder.
Solo siente los labios del moreno sobre los suyos en una caricia que recorre hasta el alma misma, no tiene manera de expresar como algo estalla dentro de sí y no, no es la pequeña Athena. Es el amor que ha permanecido dormido por tantos años, ese mismo que alguna vez en su adolescencia sintió como un puñal sobre su pecho , eso que se obligó a reprimir por la culpa, quién puede enamorarse y amar a un muerto.
Los labios del Sagitario son suaves y se mueven con la misma torpeza que los suyos, pero fuera de ello es cómodo sentir como esas manos acunan su rostro acariciándolo de una manera encantadora.
El rubor en su rostro lo dice todo, el beso le ha encantado, pero sus lágrimas salen a reflejar lo que su corazón reclama, no es el AIOROS que quiere que sea. Un hombre de un universo diferente lo ha besado por primera vez.
—Te quiero Shura eso es algo que siempre tengo presente...
Lo corta de tajo, no quiere seguir escuchando más maravillas de un amor que no es el suyo.
—Reunamonos esta noche, hay algo que debo confesarte.
Aioros notó esa mirada triste y un tanto ausente, si hubiera más señales pensaría que es él, el SHURA de su universo, ese que se atrevió matarlo con gran saña y sin esperar una explicación de su parte, pero no podría ser verdad, de lo contrario ya lo hubiera enfrentado y tal vez todo terminaría como las anteriores veces con él dando su vida.
No, no podría ser, por supuesto que no, este es el Shura Omega que pertenece a su tiempo y espacio, el que valerosamente ha ofrecido su vientre para engendrar a Athena.
Puede ser que la verdad que quiere confesarle es que ha descubierto que él no es su verdadero Alfa.
—Está bien esta noche hay que reunirnos aquí en tu templo.
UNIVERSO SS02A, 1986
Aioros no puede soportar escuchar a Aioria quejarse sobre su relación con Shura y mucho menos digiere la sola idea de que en este universo al que ha viajado sin explicación su Capricornio lo haya matado de una manera tan vil y cobarde.
No entiende demasiado y todos lo señalan como un hombre tonto que se enamora de la misma persona que lo ha asesinado años atrás.
Ni que decir de su prometido, su precioso Omega que a tenido que soportar un montón de humillaciones por parte del santo de Leo.
—Solo quiero regresar a nuestro universo, no pido más.
—Lo sé, yo también quiero volver a nuestro hogar. Extraño tu olor, tu ilusión, y tu felicidad.
—Todos los días me voy a dormir con la esperanza de que al despertar nuevamente seremos quienes somos, sin tener que fingir arrepentimientos, sin sentirnos culpables por lo que sentimos, sin escondernos para besarnos y amarnos.
Shura se acercó hasta que unió sus labios en un beso desesperado y demandante, lleno de frustración, tanto que provocó un gemido de Aioros y una pequeña herida en su labio inferior.
—Yo también anhelo lo mismo.
Esa misma noche, Shura antes de dormir tomo aquel diario que pertenecía al Santo de Capricornio y comenzó a escribir los sucesos más relevantes durante su estancia resaltando algo:
"Lo siento, AIOROS y yo no pudimos fingir ser simplemente los caballeros fieles a Athena, a pesar de las cicatrices y las fisuras de un pasado comprometido. Mi amor por él fue más fuerte y no me importó si me llamaban doble cara por ello, por amarlo.
No voy a juzgar tus motivos sobre lo sucedido años atrás con el caballero de Sagitario de tu universo.
Solo quiero comentarte que Aioros y yo en este universo nos seguimos amando y tus compañeros de armas lo saben, por ello si logras regresar junto con él pueden fingir una ruptura o lo que ustedes deseen.
Aioria de Leo es un verdadero dolor de cabeza en este universo ¡Que la diosa Athena te dé fuerzas para soportarlo!
Si ambos intercambiamos universos, tal vez sepas cosas de mi universo, espero hayas cuidado bien a la pequeña bebé en mi vientre.
ATT: S. "
"Si has estado en mi universo sabrás que me gusta escribir parte de mi día a día, no tienes nada de que preocuparte en cuanto vuelvas a tu universo sabrás que pude actuar de la mejor manera posible sin levantar ninguna sospecha.
Lamento si tuviste malas experiencias donde quiera que haya quedado tu conciencia, si ocurrió algo malo ruego me perdones.
He aprendido mucho de tu mundo, el cual es sumamente interesante.
Att: Shura."
Shura observó en el reloj del santuario la hora, justamente quedaban cinco minutos antes de que llegara Aioros a su cita. Una cita donde hablaría directamente, con el corazón en las manos esperando ser comprendido por un hombre tan noble como Sagitario.
En todo este tiempo nunca hubo algo existente con lo que pudiera luchar más que con sus propios pensamientos y la culpa como todos estos años.
Siente sus pies como gelatina en cada paso que da a la entrada de Capricornio, la pretuberancia de su abdomen lo hace dar pequeños pasos mientras pone una de sus manos en su cadera.
—¡Shura!
Cuando menos lo espera Aioros ya está en su templo con una sonrisa inmensa y ese cabello rizado muy bien arreglado. El olor a menta impregna el ambiente con cada paso que da, para la suerte de el Omega perteneciente a esta dimensión, Aioros es un alfa dominante con una singular personalidad noble.
—Tenemos que hablar— evita que Aioros bese sus labios.
Capricornio lidera el camino y que mejor que hablar con la verdad delante de la estatua de la diosa de la justicia.
Su corazón quiere hablar,pero sus labios permanecen un tanto sellados. No puede aguantar un poco, su garganta arde en una danza de fuego por intentar articular una sola palabra.
Aioros quiere intervenir no importa si es su Shura o no, eso es lo de menos, solo quiere proteger a cualquier individuo que se le parezca.
—¿Alguna vez has estado en una ensoñación profunda, algo tan irreal como un cambio de dimensiones?
Aioros sonríe, efectivamente ha estado en miles de ellas. —Shura.
—¿Qué sucedería si te dijera que no soy quién crees que soy?
Aioros no lo comprende, no entiende nada y esta vez no hay un solo rastro de que el Shura que ama lo haya seguido hasta este universo.
—Yo no soy quién crees, no soy el Omega que debería ser, tu omega... Simplemente no.
Hace meses me fui a dormir en mi propio templo, mi propia soledad y mis propios sentimientos de culpa y después desperté con la ironía de despertar en un cuerpo que no me pertenece en un mundo de Alfas, Betas y Omegas.
Aioros abre la boca, es su Shura, está seguro.
—¿Qué es lo que sucede?
—No te has vuelto loco en lo que eso significa, no tanto como yo teniendo que soportar tu aroma a lavanda, tan penetrante que debo controlarme para no cometer una tontería.
—¿Aioros?
—Comprendo lo que dices, eres Shura, el asesino, el hombre que alguna vez se atrevió a retarme innumerables veces, el que terminó conmigo en más de una ocasión. Ese eres, ¿Cierto?— no puede controlarse sus manos viajan a los brazos de Shura y aprietan fuertemente. —Eres ese que ahora a estado correspondiendo mis besos fingiendo ser el verdadero Omega.
Lágrimas de cristal bajan por sus mejillas, este quizá era el encaramiento que necesitaban, finalmente en un universo que ni siquiera es el suyo.
—Si, soy ese o al menos mi espíritu lo es.
No hay más palabras solo los labios de Aioros besando a un impresionado Shura que a duras penas puede encontrar lugar entre la estatua de Athena a su espalda y el cuerpo del fornido caballero delante de él.
—No tengo nada que decirte, porque estoy en tu misma posición, teniendo que aguantar cada respiración tuya. Viviendo y esperando el momento adecuado en que fueras tu, tu a quien besaba... Por quien me estaba volviendo loco.
El olor de ambos se intensifica impregnando el templo de Capricornio von sus olores combinados.
—A pesar de todo no puedo odiarte y en todos los universos he elegido tu vida por la mía.
—¿Por qué... Nunca más te manifestaste... aunque fuera solo tu espíritu?
—¿Para qué? Si cada vez que te veía eras tú tratando de asesinarme, de llevarme la contraria, de estar al otro lado del bando...
—Por eso aquella vez lo dijiste... Que escogerías mi vida sobre la tuya y ahora lo vuelves a hacer.
—En ningún maldito universo me habías dejado hablar tanto como ahora que exiges respuestas y en ninguno había reflexionado sobre todo lo que siento por ti.
—Aioros no está...
Trata de evitar ser prisionero de esa boca que es experta en besar la suya.
—¿Quieres decir que no está bien? Yo puedo decir lo contrario, hemos actuado bien en este universo que presiento que todos los besos que me correspondiente fueron reales, dime qué tu también querías que fuese yo. Tu presa eterna.
—Aioros por favor paremos esto.
¿Qué tipo de súplica era esa?
—¿Por qué ahora que un universo nos presta su misericordia?
—Porque yo no esperaba esto. Este no es mi cuerpo y tus feromonas me están mareado... ¡Estoy embarazado!
—Está bien, guardaré mi compostura, pero al menos dime qué si esperabas que fuera yo.
—Lo quería creer. Me hacía iluciones pensando que si eras tú.
—Adoro escuchar eso.
UNIVERSO SS01O, 1983
—Vamos a dormir Shura, ya verás que estando más tranquilos podremos pensar mejor lo que debemos hacer para regresar a nuestro hogar.
Yo seré tu escudo en cualquier lugar y si es necesario voy a velar tus sueños, eres todo lo que me importa en este mundo. No quiero ver qué nadie te dañe ni nada.
—Estaré bien, no tengo que cargar con culpas que no me pertenezcan. Confío en ti y en nuestro amor, podemos superar todo, ya lo verás.
El universo lo hizo, esa misma noche en medio de sueños nuevamente se alinearon las dimensiones, el salto fue efectivo para los cuatro y cada uno regreso a donde debía regresar.
No fue una rareza para Shura despertar envuelto en los brazos de su víctima.
El olor a menta ya no persistía, ni el de la lavanda, su estómago ya no estaba abultado, no había nada creciendo dentro de él.
—¿Hemos regresado?
—Si eres el mismo Aioros desafortunado que huyó valerosamente hace años llevando a Athena en sus brazos entonces sí, hemos regresado.
La risa del castaño fue suficiente para que pudiera saber que efectivamente ambos habían regresado.
—Es cómodo que ellos hubieran ido a dormir en esta posición, no como nosotros que después de tan dulces palabras de amor cada uno fue a dormir en su templo.
—Aioros...
—Mis palabras no han cambiado en nada Shura, así que lo mejor será que cooperes conmigo. No me importa todo lo sucedido, hablamos bastante de eso same una oportunidad.
—Yo debería ser quien deba pedirla.
Se dio la media vuelta quedando frente al castaño, acaricia sus pequenas cicatrices y luego Aioros estaba sobre el exigiendo un beso de buenos días.
Si fueran así todas sus mañanas al despertarse entonces si, firmaría la condena de unir su vida al caballero que un día asesinó.
