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8:00PM. Los jadeos desacompasados de los jugadores llenaban el silencio que se había apoderado de la cancha tras el último aviso del capitán. Era hora de poner rumbo a casa y descansar. Los entrenamientos estaban siendo algo más duros de lo habitual; era lógico, el torneo de primavera estaba cada vez más cerca y el Nekoma iba a tener que ir bien preparado para poder enfrentarse a los otros gigantes de la prefectura. Solo así podrían pasar a los nacionales y conseguir jugar el ansiado partido contra el Karasuno, rival y amigo, y dar al público una auténtica «batalla del basurero» tras tantos años de espera. Entre todos recogieron los balones desperdigados por toda la pista, pasaron la mopa y guardaron sus cosas, listos para partir y soñando con la cena, más apetitosa aún después de las largas horas de ejercicio. La mayoría había abandonado ya la nave, y Kuroo buscó a su amigo con la mirada. Kenma y él solían regresar juntos a casa, al menos la primera parte del camino, aunque Kuroo acompañaba a menudo a Kenma hasta la propia puerta, a pesar de que este insistiera constantemente en que no era necesario. Kenma estaba acuclillado frente a su bolsa de deporte, de espaldas a su amigo de pelo negro. Kuroo dijo su nombre en voz alta, tratando de llamar su atención, pero el otro no se dio cuenta. Acercándose hasta él, se asomó por encima de su hombro y descubrió al causante de la distracción de Kenma: este sostenía entre sus manos su consola y se disponía a enfrentarse al enemigo final. Kenma tenía por costumbre perderse entre los mundos de fantasía y las aventuras de los videojuegos, a menudo desconectando totalmente del mundo exterior. Kuroo a veces no podía decidir si aquello le resultaba adorable o terriblemente irritante.
—Eh, Kenma, es hora de irse —dijo, posando una mano sobre el hombro de su compañero.
—Estoy terminando —respondió escuetamente aquel.
—¡Eh, los lentos, salid ya! Tengo que cerrar el pabellón, así que vosotros decidís si es con vosotros dentro o no —gritó Yaku desde la puerta. A pesar de no ser el capitán, hubo consenso a la hora de entregarle a él la responsabilidad de abrir y cerrar el pabellón, quedándose la copia de las llaves, pues era sin duda alguna el más responsable.
—¡Ya va! —Kuroo se colocó detrás de Kenma, se agachó y, colocando sus manos por debajo de las axilas de este, le levantó y le puso de pie.
Kuroo cogió la bolsa del suelo, se la colgó al hombro y guió a Kenma hacia la entrada apoyando la mano en la parte alta de su espalda. Kenma levantó la vista para mirar a su amigo. Su rostro permaneció inexpresivo, como era habitual en él.
—Sé andar solo.
—Cualquiera lo diría. Creo que ese videojuego te ha robado parte de las habilidades motoras; solo te funcionan los brazos. —Kuroo le dedicó una sonrisa ladeada, gesto típico en él cuando bromeaba.
Kenma se limitó a sostener su mirada un segundo y devolverla acto seguido a la pantalla. Ambos salieron de la nave y el líbero cerró tras ellos.
—Anda que… Ya os vale, que tengo un delicioso plato de carne con verduras esperándome en casa —dijo Yaku, imaginando vívidamente su cena.
Kuroo y Kenma se despidieron de él y emprendieron su camino.
—He terminado —anunció Kenma, apagando la consola y guardándola en el bolsillo lateral de su bolsa.
—Fantástico. Ahora podrás prestarme atención: quiero comentar contigo algunas cosas que he pensado durante el entrenamiento de hoy.
Kuroo no perdía ocasión de hablar con su compañero sobre posibles estrategias, así como puntos fuertes y débiles del resto del equipo para poder organizar las mejores jugadas. Kenma aportaba su opinión en los puntos clave, pero, por lo demás, dejaba hablar a Kuroo; al fin y al cabo, era el capitán, y le mostraba el debido respeto en cuestiones de vóley.
—… y creo que, para lograrlo, Lev debería entrenar más con Morisuke. Hasta ahora les ha ido bien practicar juntos, Lev tiene mucho que aprender de él, y así Morisuke trabaja su…
—Ya hemos llegado —interrumpió Kenma, deteniéndose frente al muro de entrada de su casa.
—Oh, sí, estarás deseando darte un baño y cenar. Mañana termino de explicarte lo que he pensado sobre esto. ¡Nos vemos! —Saludó a Kenma con un movimiento de la mano mientras se daba la vuelta para deshacer el último tramo de camino y llegar a su casa.
…
—Ya estoy en casa —dijo Kenma al entrar por la puerta.
Dejó su mochila en la entrada, se descalzó y fue directo al baño. Se duchó y se metió en la bañera de agua caliente, cerrando los ojos para disfrutar de ese momento de relajación total. De pronto, echó de menos estar oyendo la voz de Kuroo; había pasado todo el camino escuchándole hablar animadamente, y ahora había demasiado silencio. Soltó un suspiro y sumergió la cabeza en el agua. ¿Acaso había algo mejor que un buen baño caliente?
La cena le había resultado exquisita, pero sospechaba que en parte se debía al hambre con la que se había sentado a la mesa. Definitivamente, estaba notando la subida de intensidad de los entrenamientos. Subió las escaleras despacio, entró en su habitación y se metió en la cama, pero se levantó enseguida; se sentó en la silla, sacó su libro de matemáticas y completó los tres ejercicios que no había podido terminar durante la pausa entre clases antes de regresar a su escondrijo bajo las mantas; cuantas más tuviera encima, mejor.
…
Kuroo estaba tumbado boca arriba sobre las sábanas con la mirada fija en el techo. No tenía ninguna tarea por terminar, ningún examen próximo y, aun así, no conseguía conciliar el sueño. ¿Estaría nervioso por el torneo? No, era un tipo bastante tranquilo, y tenía plena confianza en su equipo y en sí mismo. Sabía que, aunque no podían bajar la guardia, si mantenían el ritmo que llevaban en ese momento, tenían las de ganar. Entonces, ¿qué era? Se puso la almohada sobre la cara y el frescor de la tela le relajó un poco. Repasando mentalmente las jugadas que había ideado, terminó por quedarse dormido.
