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El pastel de Draco Malfoy.

Summary:

Todos los viernes, sin falta, una rebanada de pastel aparece en la cena de Draco.

Era un pastel único y nadie más sabia porque solo a él se lo daban, pero nadie cuestionaba porque ese pastel era la alegría del pequeño dragón.

El dulce tejón era feliz disfrutando de su postre sin siquiera tener idea de los ojos de la serpiente que lo observa.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: 1.-

Chapter Text

Draco Lupin Malfoy era bastante conocido desde su primer año en Hogwarts, no sólo por ser el hijo de Lucius Malfoy, conocido por ser un fiel seguidor de las ideologías de la supremacía de la sangre que se terminó enamorado y casando con un mestizo sin apellido de renombre, y para terminar, un licántropo llamado Remus Lupin.

 

Sino que también era conocido por ser el primer Malfoy en toda la historia de su familia en quedar en la casa de Hufflepuff.

 

Se hizo un escándalo por parte de los reporteros y el resto del círculo de los sangre puras, puesto que nunca esto había sucedido. Desde luego, estaba el caso de Sirius Black, conocido por ser el único Black en toda su historia que ha terminado en la casa Gryffindor, pero hablamos de la familia de los Malfoy. Su historia era tan infame como respetada, sin mencionar de que todos los miembros de ella habían terminado en la casa Slytherin desde el momento de la fundación de la escuela, era un escandalo inimaginable...

 

Aunque para la pequeña familia estos eran unos comentarios sin importancia, ambos padres, les habían dejado de lo mas claro a su unico hijo, que sin importar en la casa que terminara ellos lo apoyarían, no importaba de que color fuera su túnica o en que casa estaba, para ellos, siempre sera su cachorro y no lo dejarian de amar por algo tan ridiculo como eso. Desde luego, el pequeño Draco se sintio de lo mas amado y agradecido con su familia.

 

También recibió mucho apoyo de su padrino Severus, que era el jefe de la casa Slytherin y lo adoraba, también, para su sorpresa, había recibido una carta de parte del amigo de su padre y el esposo de su padrino, Sirius Black, que le contó que no tenía porque avergonzarse de estar en la casa de los tejones. Ya que el también fue escarchado cuando entró a Gryffindor.

Afortunadamente Draco tuvo mucha suerte de que la casa de Helga Hufflepuff fuera tan amable y es que lo recibieron con los brazos abiertos.

 

Draco, era pequeño y muy bonito, demasiado bonito, delgado, un poco bajito para su edad, cabello hasta los hombros de color platino, ojos grises como el mercurio, piel pálida, mejillas y labios rosados, era la cosita más adorable de todas y los de grados mayores no tardaron en "adoptarlo", Draco sin duda había heredado la belleza de Lucius, pero el enorme corazón y la amabilidad de Remus.

 

Desde luego, nunca faltaron los que intentaron meterse con el, ya sea por que su papi abandono sus creencias por su papá, porque entró a Hufflepuff, por su apariencia, por mil cosas más, pero él pequeño dragón, era fuerte y había desarrollado una habilidad increíble para tratar con personas molestas con solo una sonrisa... ademas de que siempre podía acusarlos con su padrino Severus y las cosas se pondrían muy feas... para ellos claro.

 

Se había hecho amigo rápidamente de una niña bonita llamada Hannah, Susan, Justin y Zacharias, pero también había hecho amigos en otras cosas, como Terry y Cho Chang de Ravenclaw, Lavander, Neville, Hermione y Seamus de Gryffindor, Blaise, Theo, Pansy y Daphne de Slytherin, el rubio siempre había llamado mucho la atención por su naturaleza amable y pacifica, era fácil encariñarse con el y desarrollar un sentido de protección, no en vano era bastante sobreprotegido en Hufflepuff.

 

Los años pasaron y la vida en Hogwarts todo iba transcurriendo normal y feliz, no podía desear nada más, tenía amigos leales, notas excelentes, una familia amorosa, compañeros amables, profesores comprensivos. Nada podía ir mejor.

 

Sin embargo, a partir de su cuarto año, algo empezó a ser diferente y es que, en la cena, a la misma hora, una rebanada de pastel aparecía en su plato.

 

Todos los viernes, sin falta, a la misma hora.

 

Al principio creyó que habían sido sus amigos, pero todos aseguraron que no fueron ellos, luego, pensó que era un regalo de sus padres pues era normal que le enviaran dulces (Aunque normalmente le enviaban chocolates, no pasteles.) así que simplemente pensó que los elfos eran demasiado amables.

 

La primera cucharada se sintió como probar el cielo con glaseado.

 

Era un sabor indescriptible, tan delicioso, suave, cremoso y dulce sin ser empalagoso. Era el postre más delicioso que había probado en su vida. Era como probar un pedazo de nube esponjosa dulce con una cubierta glaseada tan suave que parecía seda. simplemente increíble.

 

Se lo terminó demasiado rápido para su gusto pero aún así estaba feliz, como si comer ese pastel le había llenado aún más de alegría.

 

Desde entonces espera el viernes sin falta con ilusión, con sus ojitos brillando como estelas cuando su postre aparece y con una sonrisa se lo come con todo el gusto del mundo.

 

Todo esto, sin ser consciente del par de ojos verdes que lo miraban con una sonrisa, feliz de verlo degustar su regalo.