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Pasaban las clases y Sakura no podía dejar de sentirse cansado, apoyando su mejilla en el dorso de su mano con su brazo sobre el pupitre veía pasar a sus compañeros al pizarrón para resolver un problema matemático.
Hasta que fue el turno de Suo, que se levantó con la calma que le caracterizaba.
Su saco pulcramente arreglado y las manos la espalda le daba esa sensación de tenerlo todo bajo control.
-El problema está en la ley de los signos –explicó levantando su índice antes de tomar el gis para corregir la operación-, positivo y positivo siempre es positivo.
Con su usual destreza corrigió el problema pero Sakura sólo podía ver cómo sus pendientes de borlas se movían al compás que escribía números deslizándose hacia un costado del pizarrón.
¿Desde cuándo comenzó a usarlos?
Sakura frunció el entrecejo y tocó su propios oídos, concretamente el lóbulo derecho.
¿Le habrán hecho las perforaciones… con anestesia?
-Y así es como queda –Suo completó la ecuación girándose sobre sus talones para mirar al resto de su clase, que no parecía entender mucho.
-Muy bien –dijo el profesor-, me parece que serás el único el aprobar.
-Es un poco confuso porque es la primera vez que usamos la ley de signos pero estoy seguro que todos lo dominarán pronto.
Suo hizo una pequeña reverencia ante el profesor para volver a su mesa.
-Aunque parece que a algunos no les interesa, ¿verdad, Sakura?
Todos voltearon a ver cómo se cubría ambos oídos porque seguía en su fantasía.
-¡¿Ah!? –exclamó al sentir las miradas- ¡Claro que no! Eso ya lo sabía.
Suo cerró su ojo a la par que sonreía ladeando su rostro, como es su costumbre.
-Sí –aseguró Suo-, nosotros estudiamos juntos.
La campana sonó indicando que era tiempo de receso por lo que todos se levantaron guardando sus cuadernos antes de salir rumbo a la cafetería.
-Ah, Sakura-chan es bastante malo –dijo Suo acercándose a su silla-, quería lucirme y me estabas ignorando.
-No te ignoraba.
-Rompes mi corazón –le tendió la mano para salir juntos pero Sakura negó completamente rojo del rostro.
-De hecho estaba pensando en ti –confesó.
-¿En mí? –preguntó extrañado, caminando tras Sakura -¿a qué se debe el honor?
-Tus aretes –contestó- me gustan.
Las cejas de Suo se alzaron y paró por un momento, luego se apresuró a alcanzar al bicolor.
-Entonces por eso creo que deberíamos hacerlo –Sakura al no darse cuenta de la impresión de Suo, continuó con su discurso-, pero ah, me da un poco de flojera.
Sin embargo, Suo se limitó a asentir.
Luego le diría de qué hablaba.
Llegaron a la cafetería, encontrando a Kiryu y Tsugeura que les guardaban un espacio en la fila.
-¿Nirei sigue enfermo? –preguntó el pelirrosa en cuanto llegaron.
-Sí –dijo Sakura-, le decía a Suo que sería buena idea llevarle los apuntes o estudiar juntos lo de los signos.
-Si hacen un grupo de estudio –Tsugeura se tomó por los hombros a Sakura y Suo-, -¡considérenme dentro!
Suo se rió desganado intentando escapar del abrazo.
Sakura escuchó un pequeño tintineo, entonces notó que los aretes de Suo hacían ese pequeño ruidito porque seguía luchando para que le devolvieran sus hombros.
-Iremos luego de clases –dijo Sakura-, les avisamos si Nirei nos recibe para que vayan.
Durante el almuerzo, compartieron mesa con sus amigos y hablaron un poco de sus preocupaciones escolares acordando estudiar juntos pero cada que Suo hablaba, Sakura miraba esas borlas.
Eran tan amarillas como el oro, ¿las lavara diario? ¿Tendrá varios pares? ¿Se los quitará para dormir o bañarse?
-Sakura-chan está muy distraído hoy –escuchó la voz de Suo.
-Sigo pensando en lo que te dije.
-Ah… -Suo no supo qué más decir.
-¿De qué hablan? –indagó Kiryu.
Por alguna razón Suo se sintió nervioso de lo que fuera a salir de los labios de Sakura, que en efecto, fue “los aretes de Suo”.
-¿Mmh? –susurró Kiryu- Me parecen geniales –dijo-, es parte del estilo de Suo-san.
-Te los dio tu Sensei, ¿no?
Suo se sintió tan abrumado que su energía abandonó su cuerpo reflejándose en su rostro.
-¿Te los dio tu Sensei? –repitió Sakura, descomponiéndolo un poco.
-Es que Kura-chan no se sabe esa historia –dijo Kiryu.
-¿Qué historia?
-De-deberíamos de guardarla para cuando esté Nirei-kun –se apresuró Suo.
-¿Qué historia? –volvió a preguntar Sakura.
-Hermano, es que tú eres de fuera –Tsugeura se rió abrazándolo por el cuello-, se dice que Suo fue entrenado por un misterioso Sensei.
-Ah, pero eso ya lo sabía –contestó tratando de alejarse del agarre del pelinaranja-, me lo dijo Nirei.
-Pero no sabías que el Sensei le hizo los aretes.
-Tsu-Tsugeura –susurró Suo nervioso.
-¿Los aretes o las perforaciones? –interrogó Sakura.
Kiryu notó la incomodidad de Suo.
-¿Por qué estamos hablando de eso cuando Suo nos podría estar explicando la ley de los signos? –arrojó un dardo- No sabemos si en la tarde nos juntaremos porque no sabemos si Nirei-kun estará dispuesto, deberíamos aprovechar este tiempo. Al fin, el profesor dijo que pocos pasarían su examen y Suo resolvió bien el problema.
-¡Ah! ¡Cierto, Suo! –Tsugeura iba a volver a abrazarlo pero el mencionado con un pequeño movimiento de su brazo lo esquivó, creando un pequeño silencio en la mesa.
Sin Nirei, la paciencia de Suo era relativamente poca.
-Que positivo y positivo es positivo –dijo Sakura para disipar el ambiente- y negativo con negativo es positivo.
-¡Excelente Sakura-san! –Suo aplaudió y todos volvieron a relajarse.
Durante la siguiente clase, como Sakura se sentaba hasta el fondo del aula y Suo en los primeros asientos, pudo ver más a detalle no sólo sus aretes, sino su cabello.
¿Cómo se sentirá tocarlo?
En su imaginación, las borlas son suaves así que deliró; tocaba el cabello de Suo desde donde se divida en su frente para deslizar su mano por la extensión de su mechón hasta terminar tocando las borlas.
¿Sería igual a como los chicos peinan el cabello de sus novias?
¿Alguna vez Suo bajaría la guardia para hacerle eso?
Quizá la mirada desigual de Sakura era más pesada, porque Suo volteó por encima de su hombro encontrándolo.
El bicolor se sonrojó e inmediatamente miró por la ventana.
Suo sonrió antes de volver a sus apuntes.
Cuando terminaron las clases, camino a casa, Sakura le extendió la mano.
-¡Oh! ¿Vas a llevarme? –bromeó rindiéndose para tomarlo- Qué caballero.
-También quería disculparme –entrelazaron sus dedos para comenzar a andar-. Hace rato estabas incómodo y no lo noté hasta que Kiryu lo hizo evidente.
-Pensé que te disculparías por ignorarme en clases.
-No te ignoré –corrigió-, creo que hoy te vi más que otros días.
Suo se rió nervioso.
-¿Por qué participé en el pizarrón?
-No, son tus borlas.
Entonces Suo sonrió con confianza.
-Dices que te gustan mis aretes pero nunca soy yo –se quejó.
-¿Qué no digo que me gustas? –preguntó Sakura mirándolo- ¿no es tácito? Si me gustan tus aretes es porque también me gustas tú.
-A mí me gusta la facilidad con la que dices las cosas –dijo Suo- y no te das cuenta de lo que provocas en los demás.
-¿Me estás llamando estúpido? –le reclamó poniendo su pose de pelea, no obstante, Suo no soltó su mano.
-Sakura-chan no se ha dado cuenta que hoy me ha confesado su amor al menos tres veces.
Ambos detuvieron sus pasos, quedando frente al otro.
Posiblemente, fue la primera vez que Suo se arrepintió de decir algo porque Sakura se había quedado en silencio pero con sus ojos desiguales clavados en el suyo.
Lo puso nervioso.
Sakura, inmerso en la atmosfera, levantó su mano libre que justo estaba en el punto ciego de Suo que por alguna razón no reaccionó, no le esquivó, no se quitó, no hubo ningún intento por detenerlo, es más, no supo en qué momento Sakura había llegado hasta su cabello.
Igual que su fantasía, o mejor que eso, Haruka tocó en donde se separa y nace su melena, deslizando sus dedos por sus mechones, confirmando lo suave que son.
Pasó saliva ligeramente asustado pero incluso si Suo lo tacleaba valdría la pena llegar tan lejos como pudiera, por lo que continuó bajando su mano llevándola al oído; tocó la bolita de su arete antes de hacer contacto con la borla.
“Suave”.
Casi se derretía en sus dedos.
Continuó deslizando su mano por la borla hasta el final, sobre el hombro de Suo.
Escuchó su corazón latir en sus oídos, seguramente tendría el rostro rojo.
Se llenó de valor, dando un corto paso al frente hasta tomar posesión de los labios de Suo.
Para Hayato, era la primera vez que estaba sintiéndose así.
Él no bajó la guardia, Sakura lo desarmó.
Lo peor es que no supo cómo.
Pero se entregó cerrando su ojo y disfrutando ese pequeño toque entre sus labios.
Un chasquido llegó a sus oídos y el calor del otro cuerpo se alejó.
-Me gustaría contarte algo sobre mí –dijo Sakura retomando el camino, tirando un poco de él que seguía absorto-, pero mi cabello y mis ojos siempre han sido así.
-Yo me gané estos aretes –dijo, haciendo que Sakura lo mirara sorprendido-, en mi ceremonia de graduación con mi Sensei.
El rostro de Sakura se llenó de sorpresa y asombro.
-¡¿De verdad?!
Suo soltó una pequeña risita que lo puso rojo.
-Si yo digo cosas sin saber cómo reaccionan los demás, tú las dices como si fueran una verdad única.
-¿Por qué crees que te miento? –Suo sonrió volviendo caminar a la misma altura que Sakura.
-Si no me lo quieres decir está bien, ya se lo dirás a Nirei y ahí voy a estar –afirmó-, pero…
-¿Pero?
-Tu cabello y las borlas son igual de suaves.
