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Cambio de Perspectiva

Summary:

"Tras un paseo por N'Kosopa, Yanma se encuentra con la Juez de Gokkan, quien es muy abierta sobre sus opiniones de su reino. Yanma no esta dispuesto a que alguien hable mal de su esfuerzo."

One-Shot del reto "Flufftober 2024" de "Es de Fanfics" en Facebook.

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"Atardecer"

Notes:

Día 2, y con eso, un nuevo fic YanRita porque nunca es suficiente Yanrita (?

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

La rutina de Yanma, a diferencia de lo que los civiles podrían pensar, era relativamente sencilla. El líder de N'Kosopa solía dedicar gran parte de su tiempo a cualquier tipo de invento o mejora, ya fuera para su propio armamento, el de los demás miembros del Ohsama Sentai, o para su reino en sí. Si no estaba en ello, se entretenía en actividades recreativas, ya fuera solo, con su asistente y mejor amigo Shiokara, con algún otro subordinado, o con cualquier civil dispuesto a retarlo. Ya fuera jugando videojuegos o enfrentando batallas de hackeo, su victoria estaba prácticamente asegurada, aunque se enfrentara a todos los habitantes del reino él solo.

Otra cosa que le gustaba hacer era simplemente vigilar y recorrer la futurista ciudad que gobernaba. No era algo que hiciera muy a menudo, ya que, hasta cierto punto, no tenía mucho sentido. Desde que Gokkan había establecido una especie de policía patrullando la ciudad, prácticamente era innecesario que Yanma supervisara su reino de esa manera. Pero… no es que solo quisiera custodiar N'Kosopa y ya.

Yanma… simplemente disfrutaba observar su reino. Ver a los civiles paseando, conversando entre sí, jugando o incluso peleando, en conjunto con los altos edificios y la tecnología de punta en cada rincón. Todo eso lo había construido él, desde cero. Lo que antes era basura, edificios destruidos, gente hambrienta y peleas por sobrevivir, lo transformó con su inteligencia y esfuerzo. Llevó a N'Kosopa a la cima, y estaba orgulloso de ello. Por eso, cuando necesitaba momentos de introspección o sentía estrés, disfrutaba escaparse de su torre para pasear por su mayor logro, bajo la excusa de que solo estaba vigilando su reino.

Curiosamente, parecía que él no había sido el único en tener esa idea aquella tarde.

Desde la distancia, Yanma observó cómo dos guardias hablaban con alguien que no podía distinguir bien, ya que su figura era cubierta por las figuras encapuchadas que le daban la espalda. Intrigado, se acercó. Tal vez uno de sus ciudadanos se había metido en problemas, y como rey, debía asegurarse de que todo estuviera bien. Sin embargo, mientras más se aproximaba, más detalles lograba distinguir de la tercera persona.

Ropa negra, demasiado formal, y con evidente falta de estilo para los estándares de N’Kosopa…

Cuando estuvo lo suficientemente cerca para, finalmente, alcanzar a divisa algo del rostro del extraño, una voz se dirigió a él.

— Yanma Gast.

El joven rubio dio un par de pasos más, y allí la vio.

Rita Kaniska, en persona.

— ¿Y a qué se debe su visita, queridísima juez? —preguntó Yanma con los brazos cruzados, ambas cejas levantadas y un ligero tono sarcástico.

 

— Trabajando — respondió la aludida con su frialdad habitual.

— Pero por supuesto… ¿qué más estarías haciendo?

Yanma se quedó en el lugar, observando cómo Rita entregaba un par de papeles a los guardias, quienes hicieron una leve reverencia antes de marcharse. La juez lo miró de reojo, claramente incómoda con su presencia.

— No hay nada que ver aquí. — dijo Rita — Puedes retirarte.

— ¿Retirarme, yo? — cuestionó el rey, apuntandose con fingida indignación — Recuerda que estás en mi reino. Yo puedo estar donde y cuando quiera.

Rita rodó los ojos y soltó un gruñido gutural.

— Sí, es verdad. Y como ya he terminado con mis deberes, no deseo estar aquí más tiempo. Así que me retiraré.

Dicho esto, se da la vuelta, lista para regresar a sus frías tierras. Sin embargo, Yanma, ligeramente ofendido por su desdén, se apresura a detenerla, sujetándola de la muñeca.

— ¡Un momento! ¿A dónde crees que vas?

La rey de Gokkan giró el rostro en dirección al contacto, y luego alzó la vista para mirarlo directamente.

— ¿Qué estás haciendo? — pregunta Rita con su impasible mirada.

— No hables de mi reino como si fuese un lugar horrible para estar, estimada “vivo en una fortaleza de hielo”.

— Tengo derecho a tener mis propias opiniones.

Yanma frunce el ceño, molesto por la actitud fría de la juez. ¿Quién se creía esta para menospreciar el reino que él había forjado con tanto sacrificio? No iba a permitir que uno de los Ohsama Sentai, y especialmente Rita, se fuera con una imagen negativa de N'Kosopa.

— Sí, tienes derecho a tus opiniones, —respondió el rey, con un tono decidido— pero yo también tengo derecho a hacerte cambiar de opinión.

Antes de que Rita pudiera responder, Yanma comenzó a caminar, jalándola de la muñeca sin darle más explicaciones.

— Yanma, ¿qué estás haciendo?... Yanma… ¡Yanma!

Ambos gobernantes caminaron en silencio por las futuristas calles de N'Kosopa, con la juez algo confundida, pero no alarmada. Quizá por eso no hizo un mayor esfuerzo por liberarse. Había algo en la actitud de Yanma que la mantenía intrigada. A pesar de su irritante arrogancia, no sentía peligro, solo curiosidad.

Después de unos minutos de caminata rápida y silenciosa, el par de reyes se adentraron en un edificio a medio construir. No había nadie vigilando, pero, aun si lo hubiera, Yanma era el rey de N'Kosopa y podía meterse donde quisiera. Rita observa el entorno con atención. El edificio estaba completamente estructurado, pero aún faltaba el toque estético. Todo era gris, sin iluminación, incluyendo las escaleras que subían, lo que le daba un aire lúgubre

— Yanma, creo que es hora de que me digas a dónde me llevas — dice Rita con voz autoritaria.

— Deja de quejarte. Me lo vas a agradecer cuando lleguemos al último piso.

La gobernante de Gokkan, aunque algo irritada, suspira y opta por seguir a su simil de N’Kosopa. Sabía que sacar su espada no sería necesario, aunque ganas no le faltaba.

Finalmente, cuando Yanma llegó frente a la puerta que daba a la azotea, respiró hondo, algo agotado por subir tantos escalones a pie. Ya recuperado, y sin perder su sonrisa arrogante, miró por sobre su hombro.

— Veamos si sigues hablando mal de mi reino después de esto.

Con esas palabras, abrió la puerta, llevándose a Rita consigo.

De repente, ambos reyes se encontraron envueltos en una vista que parecía sacada de un sueño.

N'Kosopa, una ciudad futurista llena de tecnología y de colores fríos, estaba teñida por el intenso tono rojizo del atardecer. Las luces azules de la ciudad contrastan bellamente con el cielo anaranjado. Un espectáculo que no tenia para nada que envidiar a los otros reinos.

Rita observa la escena que tenía frente a sus ojos, anonadada. Jamás había pensado que una ciudad tan ruidosa y excéntrica, fiel reflejo de su rey, pudiera ofrecer una vista tan hermosa.

Yanma, aunque no podía ver bien el rostro de su compañera por el cuello que le cubría medio rostro, sabía perfectamente que estaba disfrutando de lo que veía.

— ¿Y? — dijo, con una sonrisa satisfecha— ¿Sigues creyendo que mi reino es un lugar horrible?

Con un gesto relajado, Yanma suelta la muñeca de Rita, para así levantar su brazo, y rodearla por los hombros, sin perder esa expresión orgullosa.

— Admítelo, juez. N'Kosopa no es un mal lugar para vivir

Rita mira de reojo la mano de Yanma sobre su hombro, sonriendo levemente. De inmediato, volvió la vista al frente, contemplando el sol ponerse.

— Nunca dije que N'Kosopa fuera una ciudad horrible. Eso es algo que asumiste tú.

— ¿Crees que no me doy cuenta de lo que sientes solo porque pones cara de amargada 24/7?

Ambos se miraron, con Yanma sonriendo de manera más genuina y Rita sufriendo un leve sonrojo, que, para su suerte, no era visible gracias a su cuello alto.

— Deberías hablar menos — dice Rita, desviando la mirada.

— Y tú deberías ser menos amargada, bruja — replicó Yanma con una risa ligera.

La soberana inmutable rueda los ojos, mientras el rey sabio deja escapar una leve sonrisa. Tras esto, ambos vuelven a observar el horizonte.

Yanma, en un movimiento casi imperceptible, hace un poco de fuerza en su brazo, aprovechando para acercar a Rita un poco más a él, mientras desliza suavemente el pulgar sobre su hombro en un gesto inusual de cariño. Para su propia sorpresa, la juez simplemente lo permitió, sin mostrar ninguna emoción, al menos no de manera visible, pues, bajo su cuello, escondía una leve sonrisa.

Ambos simplemente permanecieron en lo alto del edificio, de pie y en silencio, observando cómo el sol se desvanecía lentamente detrás del horizonte y los edificios de la capital tecnológica de Terra.

Notes:

Espero que esta historia les haya gustado, y, si llegaron acá de casualidad, pero quieren leer más de este par, puedes visitar mi perfil, que ya tengo varios escritos de ellos.

Comentarios, kudos, bookmarks o cualquier muestra de cariño se agradecen. <3