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Cables y Vendas

Summary:

"Tras la alianza entre Gokkan y N'Kosopa, Rita esta abierta a recibir algunas actualizaciones muy mínimas en su oficina, cosa que a Yanma no le gusta, forzándola a que sea la propia Rita quien instale cada mejora, sin saber el efecto que causaría este desafío en la Juez."

One-Shot del reto "Flufftober 2024" de "Es de Fanfics" en Facebook.

4/31
"Curar Heridas"

Notes:

Este fic pudo ser escrito gracias a mi TokuPana Terra_NotYourDad , que fue quien me dio la idea <3

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

La guerra contra deidades espaciales había acabado hace unos meses, lo que trajo consigo una época de paz para todo el mundo de Terra.  Los reinos lograron forjar alianzas, apoyándose mutuamente y complementando sus conocimientos y recursos entre sí. Hubo acuerdos bastantes esperables, debido a la buena relación que existía entre algunos de los reyes. Sin embargo, incluso aquellos gobernantes que tenían cierta aspereza lograron llegar a un acuerdo y colaborar.

Esto incluía a Gokkan y N'Kosopa.

El aporte del reino del frío y la justicia a la ciudad futurista era notable a simple vista. Guardias que actuaban como policías patrullaban las calles entre los altos edificios, vigilando y controlando la delincuencia. Al principio, adaptarse fue difícil, especialmente cuando el propio rey sabio era conocido por resolver las cosas a puñetazos cuando la situación se volvía tensa. Pero nada que el tiempo no pudiera resolver.

No obstante, los aportes del reino de N'Kosopa hacia Gokkan… eran mucho menos visibles.

A simple vista, los civiles, e incluso los demás reyes, podrían pensar que no había rastros de modernidad en la fortaleza de hielo. Y, en realidad, muy equivocados no estaban.

Rita siempre había sido una persona reservada, y no permitiría que algo que no considerara absolutamente necesario invadiera sus tierras sin su previa autorización. Por esta razón, las visitas de Yanma a Gokkan habían aumentado considerablemente desde que ambos reinos comenzaron a cooperar.

— Entonces… — habla Yanma, apoyado contra el escritorio de Rita, cruzando los brazos, mientras ella permanecía sentada en su silla, impasible. — ¿Ahora sí estás dispuesta a que implementemos algo en tu reino?

— Sí — responde la siempre seria juez, con frialdad en su tono. — Después de analizarlo por un tiempo, estoy abierta a considerar unas pocas modificaciones en el castillo.

El rey de N'Kosopa inclina su cuerpo levemente hacia atrás, emitiendo un extraño sonido que era una mezcla entre un suspiro, un gruñido y una expresión de satisfacción

— ¡Ay! ¡Al fin, bruja! ¿Sabes lo agotador que es venir aquí todas las semanas solo para que me tengas explicando los beneficios de simplemente agregar un par de cables a tu cárcel, solo para después mandarme de regreso como si nada?

Rita levanta sus cejas, sin dejar de observar al rey de N’Kosopa,

— Cuando acordamos estas reuniones semanales, parecías entusiasmado.

— ¡Pues sí! — respondió Yanma casi gritando, mientras agitaba los brazos — Porque me encanta instalar mis creaciones en otros lugares y demostrarle a gente como tú que la tecnología hace más fácil el 90% de las cosas.

Frustrado, chasquea la lengua y patea un objeto invisible, dándole la espalda a Rita mientras caminaba por la oficina, moviéndose de un lado a otro como si buscara liberar su energía contenida.

— Si hubiera sabido que me tendrías aquí esperando tres semanas seguidas — continúa — mejor no habría aceptado este trato. Ni siquiera es que me guste pasar tiempo aquí.

— Si me permites decir — irrumpe Rita, sin variar su tono — me sorprende que no hayas desistido antes. Eres más perseverante de lo que creí.

El rey gira su cabeza, mirando a la juez por encima del hombro, desconcertado.

— ¿Acaso me estabas rechazando solo para ver si me rendía?

— Jamás dije eso.

Yanma rueda los ojos, y se da vuelta por completo, metiendo las manos en los bolsillos de su pantalón.

— Si me rechazabas una semana más, iba a mandar a la mierda estas reuniones. — La mirada del rey era acusatoria, con los ojos entrecerrados.

— Pero eso no ocurrió — responde Rita, con calma. — Así que te sugiero que tomes asiento y escuches mi propuesta, si es que realmente quieres avanzar.

A regañadientes, Yanma acepta, acomodándose en la silla que estaba al otro lado del escritorio, prestando atención a las peticiones de Rita, con evidente molestia

La conversación que siguió fue… interesante, por decir algo. Rita enumeraba las modificaciones que estaba dispuesta a aceptar: calefactores para el castillo, un escáner para digitalizar documentos y… ¿Una máquina de escribir moderna?

— ¡Ay, por favor! — El rey de N’Kosopa mira incrédulo. — ¿No es más fácil instalarte un computador? ¿De qué te sirve un escáner sin uno?

— Lo usaré para los documentos que te mande directamente a ti, así dejas de quejarte de que te envío "correo obsoleto”, como te gusta llamarlo.

El sarcasmo en su voz era innegable, y aunque la monotonía persistía, la burla era evidente. Yanma sintió como si una vena estuviera a punto de explotar en su cabeza.

— Rita, sabes que ese no es el punto.

— Esas son las modificaciones que estoy dispuesta a aceptar por ahora, Yanma. ¿Aceptas estas condiciones para ayudarme, o no?

El rey guardó silencio unos segundos, procesando lo que acababa de escuchar. Un gruñido de pura frustración resonó en su pecho antes de suspirar pesadamente.

— Bien. — dice finalmente, con los ojos en blanco. — Pero, por todas las molestias que me hiciste pasar, te haré instalar toda esa chatarra tú misma.

— No hay problema — dice Rita con su habitual tono gélido — No será difícil.

— ¡¿No será d-...?!

Los ojos de Yanma se abrieron de par en par por el estrés. Su paciencia se estaba colmando peligrosamente. Inhaló y exhaló con fuerza, controlándose para no perder los estribos y cometer una locura, como abalanzarse sobre la juez y estrangularla, cosa que seguramente lo llevaría directo a la prisión.

— Bien. Que así sea.

Yanma se puso de pie abruptamente.

— Nos vemos mañana, “querida juez”

Y, sin más, se va de la oficina de Rita, echando humo por las orejas.

El día siguiente llegó, y con ello, las pequeñas reformas e instalaciones que se harían en Gokkan. Yanma entró al cuarto privado de Rita, guiado por ella. Llevaba una caja que ella asumió que contenía las máquinas que había encargado.

— Bien. Haz lo que tengas que hacer. — habla la anfitriona con seriedad, sin variar su entonación.

Pero el rey de N'Kosopa recordaba bien lo que se había hablado el día anterior.

— ¡Ja! No sé de qué hablas — responde con una sonrisa triunfante. — Mi trabajo aquí ya está hecho.

Rita mira de reojo a Yanma, sin entender a qué se refería. Su expresión de confusión solo divertía aún más al hombre, quien estaba complacido de responder a todas sus dudas.

— ¿Acaso olvidas que TÚ ibas a instalar todo esto? — dice con una sonrisa que solo podía describirse como un poco hijo de puta.

Y, apenas termina de hablar, Yanma suelta la caja con nula delicadeza, dejándola caer con un estruendoso ruido. Apenas toca el suelo, su contenido se reparte a su alrededor, mostrando lo que parecían ser máquinas eléctricas o mecánicas, todas en piezas desarmadas, junto con bolsas de tornillos y algunas herramientas dispersas.

— Yanma. ¿Qué es esto? — pregunta Rita, con una mirada indignada.

— Esto, mi querida Rita, es para que lo armes tú sólita. — responde el rubio burlonamente — ¿has escuchado el concepto de “hazlo tú mismo”?

La juez, con cautela, se agacha junto a la caja y examina el contenido. Toma una de las piezas entre sus manos, observándola con detenimiento mientras intenta entender su funcionamiento. Al levantar la mirada, se encontró con la sonrisa satisfecha de Yanma, quien la observaba desde arriba, claramente disfrutando del momento.

Finalmente, Rita se levanta y suelta un leve suspiro.

— Puedo hacerlo — dice con firmeza, mientras observa el contenido de la caja que muy pronto tendría que manipular.

El rey de N'Kosopa levanta una ceja, divertido.

— Ajá, sí, ya lo creo — dice con cierto tono sarcástico.

Sin añadir más, se gira hacia la puerta. Al llegar al umbral, levanta una mano en un gesto de despedida.

— Me pregunto cuánto demoraras antes de darte cuenta de que no es tan fácil como crees… — murmura, más para sí mismo que para ella, con una sonrisa autosuficiente.

Y con eso, salió del cuarto, dejando a Rita sola con el desafío frente a ella.

No iba a negar que, en parte, disfrutaba de molestarla. Empujar sus límites y darle un castigo por su terquedad, haciéndola armar una máquina sin instrucciones, debía bastar para que finalmente asumiera que él era el mejor.

Fue así como, por unos días, Yanma mantuvo sus actividades reales, preocupándose solo de su reino y de sus asuntos, esperando pacientemente a que Rita finalmente admitiera su derrota y lo llamase pidiéndole ayuda, ansioso de así poder demostrar su punto. El primer día después de regresar a su torre, se divirtió con Shiokara, contándole sobre su gran hazaña, convencidísimo de que la siempre Soberana Inmutable estaría obligada a romper su fachada para pedirle ayuda, cosa que su asistente coincidió, chocando sus botellas de cola en señal de celebración anticipada.

El segundo día fue más tranquilo. El líder de N’kosopa estaba concentrado en sus propias labores reales, frente a su escritorio y a las múltiples pantallas. Sin embargo, de todas las que tenía, la que más miraba era la de su comunicador, que descansaba sobre el mueble de vidrio. Ocasionalmente, tomaba el objeto, viendo si tenía una llamada perdida, o algún mensaje de la juez, pero nada.

Finalmente… Tres días pasaron… Y su comunicador, hasta entonces, jamás sonó por parte de ella…

¿Acaso… de verdad ella lo había logrado? ¿Habría podido instalar todo sin su ayuda? “Nah. Si lo hubiese logrado, ya me había avisado para presumir” pensó. Entonces... ¿Por qué Rita no se había comunicado con él? No es que fuese tan difícil armar tres máquinas y ya…

Algo, muy en el fondo, le decía que algo no estaba bien.

Algo le sabía mal…

No se dio cuenta cómo ni cuándo, pero, de repente, ya estaba arriba del God Tombo, camino a Gokkan.

Apenas aterriza en las frías tierras y pone un pie en la nieve, un fuerte y gélido viento lo recibe, haciéndolo temblar de manera inconsciente. Sin embargo, su mente ignora cualquier estímulo externo, mientras sus piernas se mueven de manera automática hacia el castillo, al cual se adentra sin siquiera pedir permiso. Sube las escaleras que lo llevan al pasillo donde se encuentra el cuarto de Rita. 

Al llegar, se encuentra con la figura de Morfonia, que está escondida detrás de un muro, mirando fijamente la puerta a la que él tiene intenciones de dirigirse. Su expresión no parecía despreocupada o perezosa, sino más bien… triste.

Cuando la asistente fue consciente de la presencia que tenía a su lado, se sobresalta un poco a la vez que emite un leve chillido, pero de inmediato se recompone y sonríe, intentando ocultar su inquietud. 

— ¡Yanma! — dice la albina, inclinando su cabeza en señal de saludo.

— Morfonia… — La voz de Yanma suena más brusca de lo que había esperado. — ¿Cómo está Rita?

Esto extraña un poco a la asistente, que no estaba acostumbrada a ver a Yanma, específicamente, estar tan interesado en el estado de la juez. Al notar la confusión en su rostro, este carraspea, buscando una excusa que le permitiera ocultar su verdadera preocupación.

— Solo… Solo quiero saber si los implementos de N’Kosopa han sido instalados.

Pero Morfonia se queda en silencio unos segundos, antes de negar lentamente con la cabeza, agachando la mirada.

— No, no se han instalado. De hecho, Rita no ha salido de su cuarto en días. — Morfonia hace una pausa, como si las palabras la incomodaran. — Me dejó todo el papeleo a mí, y no ha habido juicios que la obliguen a salir.

— ¿A qué te refieres con que no ha salido? — Yanma frunce el ceño, cada vez más confuso. — Mínimo, habrá salido para comer, ¿no?

Morfonia ladea la cabeza de un lado a otro, mostrando una respuesta dubitativa.

— Me ha exigido que le deje la comida afuera de la puerta. Al menos puedo confirmar que ha recogido las bandejas porque las encuentro vacías después, pero fuera de eso… no he visto nada de ella.

Mientras más oía, el rostro de Yanma se deformaba, pasando de la inquietud a una pura ansiedad. ¿De verdad Rita no había hecho nada más que trabajar en las máquinas que él trajo?

No… Rita era testaruda y orgullosa, pero hasta ella sabía cuándo debía detenerse… ¿Verdad?

La asistente gira su rostro para volver a mirar la puerta, dando un suspiro desganado.

— Es normal que Rita esté encerrada varios días. Me gusta dejarle su espacio cuando lo necesita. Estoy acostumbrada a ello, pero… Algo está mal…

El rey lleva su mano a su nuca, rascándose con ansiedad mal disimulada mientras continúa oyendo a Morfonia, que ahora parece más preocupada. Antes de que pueda continuar analizando la situación, la voz aguda, pero inquieta de Morfonia irrumpe una vez más, sacando al rey de sus pensamientos.

— Yanma…

Al fijar su vista en la asistente, nota su expresión oscurecida y triste.

 — No sé qué ocurrió la última vez que viniste, pero desde que te fuiste, Rita ha estado así.

Esas últimas palabras fueron como si una de las flechas de Rita le pegase directo en su pecho, oprimiendo el corazón de una manera dolorosa.

“Mierda… Esto es mi culpa…”

Esto era su responsabilidad, por su tonto desafío, por querer castigarla por su terquedad, sin darse cuenta de que él también había sido igual de terco… o incluso peor…

Eso era todo. Yanma no soportaba más la ansiedad.

— Morfonia. — su voz se vuelve autoritaria. — Llévame hasta Rita, derriba la puerta si es necesario.

— Pero Yanma… — responde la albina con un volumen bajo — no creo que sea buena idea qu-

— ¡Solo hazlo! Necesito hablar con ella, ¡Ya!

El grito final hace que la asistente salte del susto, antes de darse la vuelta y caminar por el pasillo, buscando lo que parece ser sus llaves en su bolsillo, con Yanma siguiéndola de cerca. Una vez que ambos llegan a la puerta, Morfonia prueba una de las llaves, intentando abrir la cerradura sin éxito. Mira al rey, esperando a que desista, pero al recibir una mirada intensa y decidida, Morfonia sufre un escalofrío y vuelve a enfocarse en la puerta. Esta vez, saca de su bolsillo unas herramientas poco convencionales, usándolas para forzar la cerradura hasta que suena un clic, anunciando que la puerta está abierta.

Yanma la mira desconcertado por unos segundos, recordando vagamente los rumores sobre el pasado de Morfonia y su tiempo como prisionera de Gokkan. Sin embargo, no tenía tiempo para pensar en ello justo ahora.

Lentamente, la joven abre la puerta, preparándose para asomarse y ver por fin qué estaba ocurriendo con su mejor amiga, lista para intervenir ahora que ya había llegado lo suficientemente lejos como para invadir su habitación sin permiso, pero antes de que pueda hacer un mínimo movimiento para entrar, Yanma ya se le ha adelantado, pasando frente a ella y entrando al cuarto de Rita. Cierra la puerta detrás de sí, dejando a Morfonia afuera, que, tras quedarse congelada unos segundos, hace un puchero frustrado.

Una vez dentro, el hombre se queda de pie frente a la puerta, preparándose para escuchar a Rita gritarle por entrar sin permiso.

Sin embargo, lo que encontró, lo dejo atónito.

El ambiente del interior era… frío, y no solo por el clima de Gokkan.

El calefactor y la máquina de escribir estaban a medio armar. En el centro del cuarto, Rita dormía sentada frente al escáner desmontado, tal cual como se lo había entregado el primer día. Los cables expuestos y dispersos a su alrededor revelaban un intento de ensamblaje incompleto. A su lado, se apilaban varios documentos antiguos, instrucciones de máquinas obsoletas, probablemente sacadas de la biblioteca del castillo.

Pero, de todo lo que encontró, lo que más llamó su atención fueron los guantes que la juez siempre portaba, junto con el brazalete que lucía el emblema del reino, ahora en el suelo. Cuando se agachó para recoger la prenda, se dio cuenta de que estaban rotos, como si hubieran sido desgarrados durante el trabajo. Sus ojos viajaron automáticamente a las manos de Rita, que sostenían una de las piezas del escáner.

Sus manos desnudas, ahora llenas de pequeños cortes y heridas, eran las mismas que Yanma recordaba tener en su juventud, cuando trabajaba con la chatarra de una N'Kosopa destruida, mucho antes de convertirse en rey. Aquella imagen le trajo una oleada de culpa que nunca creyó llegar a sentir en su vida.

— Mierda… ¿Qué he hecho…?

.

.

.

 


 

El peso de sus tareas había sobrepasado las energías de Rita una vez más, haciéndola caer dormida de puro agotamiento mientras trabajaba en uno de los artefactos que había encargado. Sin embargo, el ardor en una de sus manos comenzó a molestarla, forzando sus ojos a abrirse lentamente. Lo primero que ve fue el escáner desarmado frente a ella, aún incompleto. Entre sus piernas descansaba su mano derecha, pero la izquierda… ¿dónde estaba?

Su visión periférica detecta un movimiento, haciéndola girar el rostro con dificultad, apenas pudiendo reaccionar por el agotamiento.

Lo que vio… la confundió…

“¿Yanma?”

El rey de N’Kosopa estaba sentado a su lado, sujetando su mano izquierda y limpiándola con uno de sus guantes rotos, que ahora estaba húmedo. Intentó hablar para decirle que se detuviera, pero sus palabras no salían de su garganta debido al cansancio, por lo que solo se resignó a observar mientras él desgarraba el otro guante, convirtiéndolo en tiras de tela improvisadas para vendar sus heridas, que luego usa para envolver los cortes de Rita, envolviendo tres de sus dedos y parte de la palma y dorso, para luego dejarla descansar en el suelo. Fue entonces que, al alzar la mirada para buscar la otra mano, que se da cuenta de que ella estaba despierta.

— ¡Rita! — exclama de golpe de manera involuntaria, como si el haber sido descubierto fuera lo último que esperaba.

— Yanma… — responde lentamente, evidenciando su agotamiento. — ¿Qué estás…?

Las palabras se quedaron atascadas en su garganta. En lugar de terminar la frase, levanta su mano recién tratada, observando lo que una vez fue su guante, ahora cumpliendo la función de vendas.

— No sabía que también tenías habilidades médicas — murmura Rita con voz ronca por el cansancio, sin dejar de mirar sus manos ahora cubiertas de tiras de tela.

Yanma chasquea la lengua mientras se rasca la nuca, desviando la mirada, algo incómodo.

— Antes de ser Rey, solía tener ese tipo de heridas, y considerando que N’Kosopa ni siquiera tenía un sistema de salud básico ni los recursos para ir a otro país a tratarnos… Solo nos quedaba curarnos a nosotros mismos con lo que pilláramos 

Tras escuchar esto, la mirada de Rita se posó en la mano de Yanma que descansaba en su pierna, como si esperase poder ver alguna cicatriz o marca, aun si sus ojos apenas podían mantenerse abiertos. Al no poder alcanzar a divisar nada, simplemente suspiró.

— Ya veo…

Un silencio algo incómodo se hace presente en ambos reyes. Yanma está visiblemente afectado por esta interacción. En cambio, el semblante serio de Rita y su evidente agotamiento le permitían ocultar lo conmovida que estaba por la inesperada ayuda de Yanma.

Con lentitud, levanta su otra mano, observando los cortes que aún quedaban sin tratar. El rubio, al notar el gesto, deja escapar un suspiro exasperado.

— Deja te ayudo con eso… — dijo con un tono indiferente que realmente no sentía.

Yanma mueve su mano con rapidez, como si su instinto lo empujara a actuar con brusquedad, pero, una vez que está por tocar la diestra de Rita, sus gestos se hacen inusualmente delicados, tomándola con un cuidado impropio de él, como si estuviese tocando las alas de una mariposa.

En silencio, la juez observa como Yanma vuelve a pasarle el guante húmedo para limpiarle las heridas, para luego vendar los cortes visibles con las tiras que quedaron de antes.

— Listo — dice finalmente el rey, antes de sacudirse las manos entre sí, como si acabara de terminar un trabajo cualquiera.

Rita lo miró por unos segundos más antes de inclinar levemente la cabeza.

— Gracias….

Yanma chasquea la lengua de nuevo, como si quisiera restarle importancia a lo que había hecho. Desvía la mirada, y sus mejillas se enrojecen levemente. Aunque ella no sonrió, el gesto le resultó... divertido. Si no estuviera tan cansada, tal vez lo habría hecho.

Nuevamente, ambos callaron, sin que ninguno supiese que más decir. Por ello, Rita simplemente decidió volver a enfocarse en el trabajo de antes, tomando una de las piezas que tenía en frente, y comenzar a manipularla, cosa que Yanma de inmediato nota.

— Hey, hey. ¿Qué haces?

— Terminar de armar el escáner.

— Espera, deja te ayudo.

Y, antes de que la juez pudiese siquiera reaccionar al hecho de que Yanma se hubiese ofrecido voluntariamente a ayudar, este ya se había arrastrado por el suelo, sentándose aún más cerca de ella.

— Déjale esto a un experto, que no quiero que pierdas un dedo o algo así.

Y, permitir ninguna negativa por parte de Rita, rápidamente toma las piezas y herramientas, mientras explicaba sin parar cómo se armaba el escáner. Le enseñaba con intensidad sobre el funcionamiento de cada cable, tornillo y pieza que lo componía.

Rita, en silencio, simplemente lo escuchó, intentando prestar toda la atención posible a sus enseñanzas, al menos lo que su cerebro poco descansado le permitía.

— Entonces, si conectas este cable aquí y lo pasas por esta pieza para que-…

Pero sus clases apasionadas de electrónica fueron interrumpidas cuando sintió un peso en su hombro derecho. Al girar el rostro, nota que Rita había caído desmayada. Sus ojos permanecían cerrados y su respiración era lenta y acompasada.

Yanma… Solo supo mirarla con ternura.

— Eres una terca…

Mira a su alrededor, buscando algo que pudiera servir para cubrir a Rita, hasta que encuentra una manta sencilla con un par de dibujos de Moffun en una esquina, a pocos centímetros de él. Con cuidado de no molestar a quien dormía sobre él, estira los brazos para alcanzar el objeto. Una vez que lo tiene en sus manos, lo coloca sobre el cuerpo de Rita, quien responde con un suspiro y una sonrisa.

Esto, solo enterneció aún más a Yanma

Tras mirarla fijamente en silencio, admirando su rostro tranquilo, sus párpados cerrados y sus labios levemente entreabiertos, se permite sonreír, aliviado.

— Lo siento, Rita... — dice desde el fondo de su pecho, incapaz de negar más su responsabilidad sobre el estado actual de la jueza, pero aliviado de que, al menos, esa bruja amargada finalmente esté descansando.

Tras suspirar y acariciar el brazo de Rita por encima de la manta, vuelve a concentrarse en el escáner que tiene frente a él, intentando avanzar en su armado y haciendo el menor movimiento posible para no despertar a su carga durmiente.

Notes:

Ultimo Fanfic diario que subiré. Seguiré escribiendo One-Shot inspirado en el desafío del Flufftober, pero ya no podre completarlo de manera diaria. Aun así, espero que, eventualmente, en las siguientes semanas o meses, pueda completar los 31 prompt Flufftober 2024 (y algunos del Kinktober 2024)

Ya saben, lo de siempre. Cualquier muestra de amor que me quieran dar, desde kudos, comentarios e incluso Bookmarks será muy bien apreciadas. Quiero saber que no soy la única fan del YanRita aquí (?