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—¡Saul!
El abogado sinalizó que estava en llamada, pero Walter no quiso esperar y le quitó el cel de la mano, después lo puso entre sus pectorales y lo rompió en miles de trocitos.
—¡Guau, Walter, estás puro músculo!
—Saul, hice algo terrible. Algo que puede poner en riesgo toda nuestra operación.
Oyendo esto, Saul se puso serio. Planeaba comprar una Mercedes en los próximos meses, y para tanto necesitaba de su parte en el negocio de metanfetamina.
—¿Qué hiciste? ¿Tiene que ver con el cartel?
—¡Es peor, mucho peor! Una cajera de Los Pollos Hermanos dijo que le puse un bebé, y ahora Gus anda encabronado y Skyler no me deja usar el dinero de la gasolinera.
—¡Que rayos, para eso son los condones!
—Juro que no lo hice, Saul, juro por Dios. La audiencia es mañana y necesito que seas mi abogado.
—¡Mierda! Que sea, Walter, estaré allá. No tengo escoja.
En el día siguiente, estaban cinco personas en la sala de audiencias: la juez, Saul, Walter, la chica con su panza ya bastante grande y su abogada, que Saul no podía dejar de mirar.
Era la mujer más bella que había visto jamás. Su pelo rubio tenía un corte chanel y su tailleur negro se ajustaba perfectamente a su cuerpo. Miró a los documentos que traía consigo y así descubrió que su nombre era Ana Maria Polo. Sonrojó: le gustaban las latinas.
—Empezemos la audiencia — dijo la juez. — Es una demanda de reconocimiento de paternidad aliada a un pedido de pensión alimentícia valorado en mil dólares mensuales. ¿Qué dice la acusación?
—Traemos nuestro primer testigo.
Mike Ehrmantraut adentró la sala y se sentó en una silla al lado de la juez.
—¡Mike, traidor! — gritó Walter — lo hiciste porque no te di el dinero de la...
—Gasolinera — emendó Saul — donde mi cliente trabaja honestamente movendo la economía de Albuquerque. Señoría, pienso que este testigo no tiene nada que hablar a este tribunal, puesto que raramente está en el restaurante donde habría pasado esta inexistente "seducción".
—¡Objeción! — dijo la seductora abogada de la demandante. — No creo que es adecuado que el abogado de la parte contraria haga juicios de valor sobre los testigos.
—Queda acogida la objeción. No sé que pasa con usted hoy, Dr. Goodman; normalmente eres tan avispado...
Saul sabía qué se pasaba. Eran los lindos ojos castaños de la Dra. Polo.
—Señor Ehrmantraut, ¿podría usted decirnos cuál era la relación entre el señor White y la demandante?
—Eran muy cercanos, me parece. Un día vi a Walter apalpando sus chichis.
La cajera sonrojó. Walter también.
—¡No lo hice!
—Tranquilo, Walter. También lo haría si pudiera. Son muy hartos, redonditos...
Mike apalpó el aire. La juez golpeaba con el mallete pidiendo orden.
Saul se estaba poniendo cachondo con toda esta charla de chichis y la dra. Polo pareció darse cuenta de eso, pues lo miró de un modo raro, pero no sentencioso. De hecho, él pensó ver una pequeña sonrisa en sus labios maquillados.
Saul desvió los ojos. Necesitaba concentrarse o perdería esta demanda y, por consecuencia, su Mercedes. Fue cuando recordó una charla íntima que tuvo con Walter había tiempos, y un plan se formó en su mente.
—Walter, dame tu cel.
—¿Para qué?
—Rompiste el mío, pendejo. Escucha, confía en mí, ¿ok? Soy tu abogado y sé qué estoy haciendo.
Reluctante, Walter obedeció. Saul envío un mensaje a su contacto y aguardó. Era su única esperanza.
Gus Fring fue llamado a hablar perante el tribunal. El agente de seguridad en la entrada sacó de él un cortacajas, que Gus traía en su bolsillo.
—¿Por qué necesita usted de un cortacajas? — preguntó la juez.
Gus encaró a Walter.
—Necesito cortar una caja.
Walter se meó un poco.
Gus sentó y empezó a hablar de la vez en la que Walter pidió a la cajera una porción de pollo frito, empanadas, nachos y un english muffin para el postre.
—¿Qué tiene que ver eso con el presente caso?
—Pollo-Empanadas-Nachos-English. P-E-N-E.
Un suspiro de sorpresa ecoó por la sala. La dra. Polo se levantó y gritó:
—¡Caso cerrado!
Saul miró Walter, que estava llorando.
—¡Bien, lo admito! Me gustava esta muchacha, flirteamos un poco, ¡pero jamás, jamás tuve relaciones sexuales con ella! ¡Skyler me hubiera muerto!
La dra. Polo le dirigió su mirada impiedosa.
—¿Tiene medios de probarlo, señor White? El tribunal trabaja con pruebas, no súplicas.
Se oyó un toque en la puerta. Saul se levantó de pronto y fue a hablar con el hombre que allá estava. Ganó de él algunos papeles, los leyó y sonrió triunfante.
—¿Qué es esto? — la dra. Polo se puso nerviosa.
—Señoría, ¡tengo pruebas cabales! Presento al tribunal el informe médico del urologista del señor Walter White.
—¡Imposible! — la doctora leyó el informe, después lo devolvió a Saul que le entregó a la juez.
—Pues sí, señoras y señores. — dijo Saul. — Mi cliente simplemente no puede ser el padre de este niño, porque...
Walter cubrió la cara, averguenzado.
—¡Es impotente!
—¡No! — gritó la demandante. — ¡No deberían saber de esto!
—¿Es verdad eso? — la doctora miró a su cliente, obviamente sin saber de este hecho.
—Sí, doctora. — dijo Saul, coqueto — Ni una gota de semen ha pasado por el pene de mi cliente por los últimos cinco años.
Entonces, acercándose de ella, dijo:
—Caso cerrado.
Saliendo del tribunal, Walter miró a Saul con un misto de rabia y gratitud.
—No me mires así, Walt. No había alternativa. Salvé tu matrimonio y nuestro negocio.
—Lo sé, Saul. Gracias.
Oyeron el sonido de tacones bajando las escaleras. Saul giró y vió a Ana Maria Polo acercándose apresadamente de ellos.
—Walt, ¿podrías dejarnos solos un rato?
—Claro. Nos vemos, Saul.
La doctora estaba ahora en frente de Saul, mirándole a los ojos con admiración.
—Es un gran abogado, doctor Goodman.
—Igualmente, doctora Polo. Puedes tutearme.
—Siento por haber sido tan dura contra tí y el señor White en la audiencia. De haber sabido que mi cliente me había mentido, jamás la defendería.
—Tranquilo. Todos tienen el derecho a ser defendidos por un abogado. Creo que hasta que se pruebe lo contrario...
—Todo hombre, mujer y niño en este país es inocente.
Saul sonrió. Esta mujer sí le gustaba mucho.
—De hecho — continuó ella — no pude dejar de notar que estabas raro durante el testimonio de Ehrmantraut.
Saul se puso rojo como un chile. Ella sonrió.
—Me gustó.
La doctora le dió un trozo de papel con su teléfono y se afastó, acenando.
Saul rió, orgulloso de si mismo, y guardó el papelito en su bolsillo.
