Work Text:
Desde la altura que le da el montón de libros sobre el escritorio de Ford, Bill lo observa practicar boceto tras boceto partes suyas por separado como su ojo, o su forma, sus manos y pies, así hasta perfeccionar los detalles. Balancea sus pies, emocionado, pues su mente retorcida le aplica jugarretas y… de pronto le es tremendamente emocionante pensar que ésto es lo más cercano a un escenario donde su mascota lo abra por la mitad, separe sus partes y lo diseccione vivo.
Suspira, llamando la atención de Ford, así que se acomoda en una pose tan sugerente como lo permite su forma angular y parpadea varias veces, haciendo sus pestañas revolotear.
— ¿Algo que te guste, Fordsy?— y su color amarillo transiciona a un suave y extraño naranja.
Ford lo mira extrañado, levanta una ceja y vuelve la mirada casi con desdén a sus dibujos.
— ¿Porqué sigues aquí, mi musa?— pregunta sin mirarlo y volviendo a pasear el lápiz por las interminables hojas blancas.— Ya tengo la información que requería, cuando despierte podré detallarte tal cual he estado practicando…— suelta el lápiz, que se aleja flotando por el cosmos que inunda toda la mente de Ford.— …¿no nos convendría más que despertara?
A Bill no le gusta mucho su tono. Pero sabe que no debe premiar éste comportamiento insolente de su mascota y también adopta una actitud indiferente.
— Sí, nos convendría a ambos que vuelvas manos a la obra con ése portal.— y observa unos destellos de formas revueltas en algo que tiene en sus manos.
Ford parece esperar algo, pero como no pasa nada se pone de pie y mira directamente al triángulo.
— ¿Y bien?— pregunta, algo impaciente.— Sabes que no puedo despertar mientras estés...— y hace un gesto, señalándolo completo.
Bill ríe sin ganas y lo mira desde abajo por entre las largas pestañas de su único ojo.
— No te avergüences, cerebrito: he estado en cada rincón de tu mente y conozco todo de ti.— le da una palmadita suave en la mejilla, rasposa por la barba incipiente de adulto joven.— Puedes despertar, me da igual tu pijama de Adán, las poses extrañas que eliges para permanecer en reposo o tu complejo de inferioridad agravado por el pliegue de piel que te removieron en el extremo de tu…
— ¡Clave!— grita Ford para interrumpirlo, tan avergonzado en su pudor humano que se sonroja hasta las orejas.— ¡Me refiero a que tienes, literalmente, mi estado de vigilia consciente en tus manos!— y señala a la mano de seis dedos dorada con la que Bill juega hace un rato.
Bill frunce el ceño y toma la mano dorada con más fuerza, como un niño malcriado que no quiere compartir.
— Bueno, ¿y qué quieres que haga, seis dedos?— reprocha, ofendido.— ¿Cómo diablos hablaría contigo si te quedaras ésta cosa todo el tiempo?— y hace grandes aspavimentos sacudiendo la mano dorada en el aire.
— ¡Musa!— y Ford se sujeta la cabeza con una mano, mientras con la otra intenta sujetar el pequeño brazo oscuro del triángulo para que deje de mover la materialización conceptual de su consciencia.— Por favor, eso es importante ¿sí?
— ¡Yo soy importante, Ford!— chilla, herido y se zafa de los dedos del humano para darle la espalda y cruzar los brazos, en berrinche.
Hace unas horas, cuando Ford aún estaba estudiando su forma, su atención era atrayente y emocionante. Le hacía sentir cosquillas, adorado y divino. Pero cuando se acabaron las cosas que no conocía de él… ¡ugh! su mascota no sabía comportarse: Ford estaba demasiado mimado.
— Ya déjame despertar, Bill.— y había frustración en el tono antes dulce y admirativo.— Mis notas están completas, sólo me falta pasarlas en limpio y…
Completas y faltar. Esas eran las claves para recuperarlo. Algo que no haya visto.
— ¡Oh, Ford!— y se dobló sobre su forma para mirarlo a los ojos.— ¿Completas? ¡Te entretuviste tanto en tus bocetos que nunca miraste más profundo!
— ¿Cómo que más profundo?— se mostró escéptico.— Pero si recorrimos todo tu sistema digestivo, endocrino, linfático…
— ¡Y no exploraste la parte más morbosa de Bill Cipher para los humanos de ésta dimensión!— se quitó el sombrero y el moño, para entregárselos a Ford.— Sostenme ésto, amorcito.— le ordenó con cierta picardía.
Bill flotó detrás de una estantería flotante y chillidos infernales inundaron el lugar en lo que carne, vísceras y algunos dientes en desorden asomaban o se pegaban a las cubiertas de los libros más cercanos.
— ¿Me extrañaste?— y unas manos grandes y algo regordetas apretaron los hombros de Ford con firmeza mientras unos labios oscuros se estamparon cerca de su oído.
— ¿Pero qué ca…?— gritó asustado, volteándose rápidamente, no encontrando nada.— ¿Qué?
Su mente se oscureció, una risa terrorífica resonó desde todos lados. Ford se cruzó de brazos y rodó los ojos con una semisonrisa, esperando a que terminara la “gran entrada” de su musa con lo que sea que quería mostrarle.
— ¡Ya!— pronunció con sencillez una cabeza recién aparecida a unos centímetros de la suya, con una sonrisa feroz y antinatural.
Ford miró de arriba a abajo: la cabeza estaba unida a un cuerpo que vestía un traje vistoso y usaba guantes y botas largos de color negro.
— ¡Cada vez eres más amargado, Ford!— se quejó el cuerpo y la boca se movía articulando las palabras con ¿la voz de Bill Clave?— Si trabajas conmigo debes ser capaz de divertirte ¿lo sabes, no?
La sonrisa no se iba de ésta cara. Ford, incrédulo, pellizcó una de las mejillas y se asombró al sentir su suavidad, carnosidad y tibieza.
— Esta forma me encanta.— al hablar, la piel se estiró muchísimo y se aferraba a los dedos de Ford, volviéndose pegajosa.— Los humanos débiles no la soportan y los de buen gusto, como tú, no pueden apartar la mirada.— le guiñó un ojo... de alguna forma.
Sonó algo así como “snap” y la piel se cortó, volviéndose una masa horrible que trepó por el brazo de Ford. Entre el shock y el terror intentó sacudírselo mientras su mirada iba de la masa al cuerpo animado que imitaba la forma de la de uno humano y de vuelta a la masa.
A la cara de… bueno, sin duda era Bill. A la cara le faltaba un pedazo que fue regenerándose lento y en lujo de detalles capa por capa y fibra por fibra hasta volver al estado original como si nada, mientras el único ojo seguía los movimientos de Ford.
— ¿Puedes…?— dudó el humano, sintiendo la masa expandirse hasta cubrir casi todos sus brazos y volverse más pesada.— Mi musa, ¿puedes quitarme tu…?
— ¡Por supuesto!— respondió alegremente.
Aunque se deleitó un poco más con la mirada aterrada de Ford y la forma de mirarlo ¡oh! cómo si no existiera nada más. Humedeció sus labios, la atención era exquisita y la que Ford le daba, casi adictiva.
— ¿Aún quieres irte, seis dedos?
Y, sin esfuerzo, despegó la masa de un sólo movimiento para comérsela de un bocado. Era una locura, una imposibilidad biológica y física... y por eso mismo Ford, con un brillo de nueva emoción en la mirada y una sonrisa casi demencial negó enérgicamente y se arrodilló en el suelo para empezar a examinar otra vez a Bill desde la suela de sus zapatos hasta el último cabello sobre su cabeza.
