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Las luces de la ciudad se distorcionan por la lluvia que escurre en las ventanas. Arrastra los colores de las lámparas que adornan las banquetas y los destellos de los coches que cruzan sobre el pavimento. Las calles están llenas de vida, pero él se siente aislado, como si flotara entre la multitud.
Cada noche, se detiene en un pequeño bar de un mercado nocturno, donde ahoga su agotamiento en una botella de whisky. El tiempo parece detenerse mientras se acerca, el bullicio de las personas se convierte más en una sinfonía que se mezcla en el viento. El letrero del local parpadea y las luces de color verde neon iluminan su rostro.
Entra y camina casi arrastrando sus pies. El ambiente no es ruidoso, es un lugar acogedor, pero el bar esta lo suficientemente lleno que tiene que moverse con agilidad para evitar chocar con las personas. Se sienta en el primer lugar libre y pide el primer trago. Su teléfono vibra pero inmediatamente lo apaga y aparta la vista del reloj en la pared. No quiere recordar el día que se acerca. No tiene nada que celebrar.
Sus hombros se sienten pesados al igual que sus piernas. Un vaso tras otro, el licor quema su garganta pero no le importa. Escucha a la gente hablar a su alrededor pero todo parece volver a desvanecerse.
Esa noche, algo cambia. Al fondo, ve una figura familiar. La había visto antes, cuando el alcohol nublaba su vista y comenzaba a soñar con ella. No sabe si es real o un espejismo, hasta que el brillo rojo de su vestido corta su fantasía como un cuchillo, y cuando parpadea, ella sigue ahí. Sentada en una esquina, con la mirada perdida y una copa en su mano que se acerca lentamente a sus labios.
Leon la observa desde el otro lado del bar. Aunque quiere acercarse, algo en su pecho lo retiene, una mezcla de resentimiento y dolor. Pero no es lo suficientemente grande para detenerlo. Y como si un hilo invisible lo atrajera, se decide y se acerca.
Ella no parece sorprenderse, está perdida en sus propios pensamientos. Leon duda en hablar, no parece haber un truco, solo es ella. Agotada pero igual de resplandeciente.
Se sienta a su lado y Ada deja caer lentamente su cabeza sobre su hombro, demasiado cansada para hablar. Dejan que las palabras se pierdan en el fondo, entre las luces y el humo. No las necesitan, no en ese momento.
El bar comienza a vaciarse, es entonces que Ada lo mira, como si de una invitación se tratase. Ella se levanta y camina lentamente hacía la parte posterior del bar, donde sube las escaleras seguida por Leon. Lo conduce hasta unos apartamentos, ella abre la puerta de uno y se adentran.
El lugar es pequeño, apenas una cama y una mesa con una televisión frente a ella. La habitación está desordenada y las paredes parecen cerrarse mientras ambos siguen en silencio. Ada se quita los zapatos y los arroja hacía un lado, se sienta al borde del colchón y él hace lo mismo.
Leon toma su chaqueta y se la da, ella se la coloca sin decir nada. No es una de esas noches. Ada se desliza hacía el suelo, se recarga en el colchón y jala su mano para que él haga lo mismo. Se estirá para tomar el control remoto y enciende la televisión.
Permanecen en silencio, compartiendo ese momento tan mundano. Sus manos se entrelazaron, buscando algún significado, algo que siempre a estado ahí. Saben que ese momento entre ellos es efímero, pero no les importa. Aun así, logran encontrar consuelo en la compañía del otro.
Ada vuelve a recargarse en su hombro, cierra los ojos y, por primera vez en mucho tiempo, descansa.
Leon admira su rostro, sin máscaras y sin enigmas. Solo el rostro de la mujer que ama.
Entonces, se queda dormido.
Cuando se despierta, aún es de madrugada, el cielo está oscuro y las luces nocturnas siguen en su lugar. Está recostado sobre el suelo y ella sigue a su lado, con el cabello desordenado y una respiración tranquila. En ese momento, no hay nada más que ellos dos.
Finalmente, apaga el televisor y se mueve con ciudado, colocando una sábana sobre ella. La observa un instante más antes de levantarse y salir en busca de aire fresco. Sube las escaleras en silencio, y al llegar a la azotea, deja que la ciudad lo envuelva. La brisa le llena los pulmones, y por primera vez en mucho tiempo, siente que puede respirar. Después de todo, es un nuevo día.
Cuando regresa, el lugar está vacío. Todo está ordenado y su chaqueta está sobre la cama, al lado de una nota. Sonríe y la toma entre sus dedos.
Lejos de ahí, Ada avanza hacia su proxima misión. Quizá sea la última, no lo sabe. Antes de seguir caminando, se detiene un segundo para mirar hacia atrás.
Y continua su camino.
"Feliz cumpleaños, novato"
