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Las campanas comenzaron a sonar suavemente, anunciando la llegada del novio a la boda.
Izuku Midoriya y Bakugo Katsuki esperaban ansiosos a su prometido, pero cuando las puertas se abrieron, no encontraron a nadie. Los padres de Todoroki Shoto se miraron confundidos, y su madre fue la primera en levantarse de su asiento para salir al pasillo a buscar a su hijo, pensando que tal vez estaba nervioso.
Sin embargo, no encontró a nadie. Bakugo frunció el ceño con un mal presentimiento, mientras Izuku negaba con la cabeza, incapaz de creer lo que estaba ocurriendo.
Kirishima soltó una ligera carcajada, y todos lo miraron. Aunque molestos, entendieron la razón de su burla.
—Todos sabíamos que esto pasaría —dijo Kirishima, rodando los ojos.
—Tenemos que buscarlo, esto es demasiado extraño —dijo Midoriya, pero Bakugo le sujetó el brazo, impidiéndole moverse del altar—. ¿Kacchan?
—No pienso buscar a nadie, no hoy. Hoy es nuestro día. Mi único objetivo es casarme con las personas que amo, y si uno de ellos decidió que no somos lo que busca, entonces no lo necesito, no lo quiero.
—Pero… No puedo, Kacchan. Lo siento, no puedo.
—¿No me amas lo suficiente? —preguntó Bakugo, herido.
—Te amo, siempre te he amado.
—Yo también te he amado, incluso antes de conocer a Shoto. Entonces no lo necesitamos —dijo Bakugo, aunque Izuku sabía que sus palabras nacían de un corazón roto.
—Yo también te amé antes de Shoto, pero... ¿acaso alguna vez tuvimos una oportunidad sin él? —preguntó Izuku, sintiendo la ansiedad apretar su pecho. Asimilaba que sin Shoto no podrían seguir juntos—. Estamos destinados a estar con Shoto.
—No lo acepto. No quiero estar atado a alguien que no me elige —respondió Bakugo, con su orgullo de alfa herido tanto como su corazón. Izuku lo entendía bien y, por eso, no se enojó. Sabía que tenía que razonar con él.
—No hables así de nuestro Shoto. Nada nos ata a él, lo elegimos, y él nos eligió a nosotros. Tienes que calmarte. Vamos a buscarlo juntos, estaba en el segundo piso con sus damas de honor.
Bakugo suspiró, sintiendo que el estrés se desvanecía ligeramente con las dulces palabras de su omega y sus feromonas cálidas. Decidió no decir más y se dirigió a buscar a su prometido.
Los hermanos de Shoto también los siguieron en la búsqueda. Cuando llegaron a la habitación, solo encontraron la ropa de repuesto de Shoto. Ni siquiera estaba la maquillista, aunque las damas de honor sí permanecían allí. Ambas afirmaron que Shoto había ido al baño un momento y no había regresado.
—Dividámonos. Tal vez solo se escondió por el estrés —dijo Fuyumi, preocupada por su hermano. Todos estuvieron de acuerdo y se dispusieron a buscar.
—¡Shoto! —gritó Izuku, seguido por Bakugo.
—¡Shoto!
—Shoto... —2 años atrás, Tokio, Japón—. ¡Reacciona de una vez, no te quedes ahí! —gritaba un héroe profesional al joven aspirante de 17 años, quien estaba aturdido, mareado, viendo borroso, y sintiéndose realmente mal.
El viento fuerte golpeaba su rostro. Aún aturdido, pero consciente de que estaba en medio de una batalla, Shoto vio a Inasa luchando en la distancia, causando la ventisca. De reojo, alcanzó a ver a algunos de sus compañeros.
Un monstruo estaba causando estragos en la ciudad y había atacado directamente la casa presidencial, por lo que todos acudieron a ayudar. Pero Shoto no sabía qué lo había golpeado. No recordaba cómo había terminado en el suelo.
Intentó levantarse, pero al hacerlo, volvió a caer, vomitando sangre mientras un dolor intenso retorcía su estómago. Incapaz de pelear, se dejó caer completamente, quedando inconsciente.
Cuando despertó, estaba en una cama de hospital, conectado a máquinas, con las manos atadas con cinta anti-quirk.
—¿Qué está pasando?
