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Bedivere se encontraba recorriendo el castillo, como parte de sus trabajos como caballero; Aquella noche le tocaba hacer guardia, era bueno que estuviera fresco por lo que no tenía que preocuparse por el calor del verano. Sigue su recorrido cuando pasa por una de las torres abandonadas al oeste del castillo… es cuando escucha un sonido. Se acerca a la puerta, toca, espera un par de segundos y nada; abre la puerta y mira que no hay nada más que una pequeña luz en la cima, recorre la torre y tanteando la pared va subiendo con cuidado, Al llegar a la luz, nota que no hay ni un alma, solo una cama, una antorcha y una vieja rueca.
Explora un poco más, pero en realidad no hay nada más que los tres objetos que se encuentran en el lugar; esta por irse cuando un nuevo ruido lo hace ponerse en guardia y sacar su espada. Busca la fuente del ruido y la encuentra, se ríe guardando la espada al darse cuenta que solo se trata de un pequeño ratón asustado “es una tontería” piensa para sí, está por regresar cuando mira un brillo raro venir de la rueca; Vuelve a acercarse y con cuidado limpia un poco, la vieja rueca parece ser más de lo que aparentemente al parecer, decide limpiar un poco más para ver si puede encontrar a quien pertenece hasta que sin querer pincha su dedo con la aguja.
Se lleva el dedo a la boca como un reflejo, entonces decide verlo, hay un pequeño punto de sangre pero no parece ser más grave, decide que se va a levantar pero entonces empieza a sentirse mareado, cae al suelo y mientras todo se está volviendo borroso cierra los ojos apenas escuchando el sonido del ratón asustado; Todo se vuelve oscuridad.
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Con el caballero al fin bajo su hechizo se deja ver, acaricio su mejilla y suelta el cabello dorado de aquellas trenzas. Lo admito, es hermoso, es raro poder ver una belleza humana tan única e inocente. Ahora entiende porque Merlín se siente tan fascinado por este caballero, una rareza en si misma que para su propia fortuna nunca nadie volverá a ver; usa su magia y lo hace desaparecer como una venganza dirigida al mago tenga claro que nadie juega con sus sentimientos.
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Merlín es el primero en notar su ausencia, camina por los pasillos hasta que llega a los aposentos de Bedivere; uno, dos, tres golpes a la puesta pero nadie responde, intenta poner atención para ver si escucha algún sonido y toma la decisión de usar su magia para forzar la cerradura… Nada, absolutamente nada, todo el lugar esta ordenado como siempre y hasta inquieta tanto cuando entra encontrar polvo.
Busca algún indicio que le dé una pista, cualquier cosa que le diera al menos un indicio de su paradero; no obstante, no hay nada, ni aun con su magia que funciona; no podía ser que el caballero fuera una simple ilusión ¿o era así?
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Cualquier búsqueda parece inútil, mientras más lo busca más parece como si no existiera, el rey Arturo no puede hacer más porque aunque considere al caballero uno de sus amigos; toda busqueda del mismo resultado. Todo empeora cuando, sin que nadie lo esperara, el romance prohibido entre la reina Guinivere y sir Lancelot sale a la luz; Aun con toda la magia de su lado no es suficiente para detener el caos que se desata sobre Camelot.
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Odia la guerra, odia la sangre, por algo había hecho aquella treta para que Uther se acostara con la bella Igraine; todo con tal de evitar de alguna forma el derramamiento de sangre y ahora, mientras camina por el montón de cadáveres de caballeros que alguna vez conoció en busca de algún superviviente se pregunta si fue lo correcto.
Solo hay sangre solo hay muerte, solo cadáveres, buscar cada vez es más pesado, no tiene heridas, ni golpes, la sangre en su túnica y armadura es la de otros que ahora yacen en el suelo, el arma que su mano ha usado tampoco es suya y la tiro en algún punto. Esta tan cansado y cuando alza la mirada a la colina se deja caer de rodillas ante la imagen que ve, la dulce infante inocente que carga, la dulce niña sonriente y soñadora que le buscaba fascinada, la adolescente decidida que se esforzaba para ganarle cuando usaba la espada, la joven que por su deseo de ver a la gente sonreír saco la espada de la piedra y se volvió rey, la hija que aunque no compartieran sangre amaba más que su vida.
Todo eso, manchado por la imagen de su querida Altria atravesada por la espada se su enemigo; su vida aunque aún siga en este mundo ya no tiene voluntad. Con sus piernas temblorosas corre para poderla sostener en sus brazos, intercalando la escena entre las imágenes de la niña recién nacida y la guerrera moribunda que no tiene voluntad a la que aferrarse más.
Merlin tararea la única nana que conoce, como un intento por reconfortar lo más posible al rey… no… este no es el rey, esta es la hija a la que ha tenido cariño.
La hija a la que no supo guiar por un mejor camino, la hija que dejo sufrir por años en favor de un rey ideal, al que cargo con un propósito más grande y, ahora que se encuentre los límites de la muerte, lamenta el haber puesto en sus hombros la esperanza de toda una nación.
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Deja el cuerpo reposar bajo un árbol, tiene una cosa que hacer antes de darle un entierro digno; en sus manos tiene en sus manos a excalibur la vida misma de Altria, sin su funda y espera que al menos esto sea suficiente; no regresara a buscar una funda que probablemente ya fue robada a estas alturas. Se interna en el bosque hasta llegar al lago, camina hasta tener el agua hasta la cintura y deja ir la espada… no lo duda, porque nadie mejor que él sabe lo que es vivir una vida demasiado larga.
—Ven conmigo Merlin—
La voz es seductora, dulce, la conoce mejor que nadie tras tantos años de enseñanza y pasión; Estaba por salir del lago, por lo que gira y la ve, ella está ahí hermosa y etérea como solo un ser como ella puede ser. Ella alza su mano, como una señal de que espera que se una, su mente se pierde en ese gesto pero al final… al final solo niega con la cabeza y comienza su camino de vuelta.
— ¿Así termina Merlín? — su voz se escucha herida, lo que hace que se detenga, tal vez por simple reflejo.
—Ya no me queda nada que ofrecer— murmura, avanza y por cada paso avanza más lejos del lago, es verdad, ya no siente que tenga nada que ofrecer, es mejor que se aleje del mundo y de los que amo o pueda llegar a Amar.
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Años pasan, estaciones, generaciones, reinos caen, nuevas formas de gobierno se alzan; amaneceres y atardeceres surcan los cielos que mira cada mañana que ninguno de aquellos a los que llego a querer o tener algo de simpatía volverán jamás; nunca ha deseado nada luego de tanto dolor y errores que sabe no podrá cambiar. Cada día despierta en los bosques y retoma su camino que no conoce pero es mejor quedarse solo en un lugar para pudrirse. Ya solo quería vagar por el mundo y perderse, de vez en cuando a veces pensaba que podría encontrar alguna esperanza pero con el tiempo la dejo ir.
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Un día mientras recorría sin un rumbo encontró una torre, puede sentir su magia rodeando una gran parte del bosque que está a su alrededor; Es extraño pero al no tener más que hacer, decide explorar. Busca una puerta termina usando magia para poder encontrarla, sube las escaleras hasta que llega a una puerta en el techo; es difícil, pero logra empujarla; el sol cala en sus ojos, usa su brazo para bloquear la luz directa y mientras se va acostumbrando a la luz entra en la habitación.
La habitación estaba casi vacía, con la excepción de una única cama... sus ojos se abren al ver a la persona que tanto había buscado y que creyó perdida durante tanto tiempo, pensó que jamás le volvería a ver ahora estaba ahí, como si el tiempo. se hubiera congelado para él y nadie más.
Toca su mejilla, su muñeca buscando alguna señal de vida y si... vive, bajo un hechizo de sueño eterno, pero está vivo; ha estado tan solo que tener este pequeño consuelo es suficiente para sentir un poco de alivio; se recuesta a un lado y duerme, esta tan cansado que al menos por un instante en el que siente paz.
Busca como romper el conjuro luego de que despierta, pero es inútil, Bedivere duerme, su sueño sigue y puede que sea así por la eternidad. Si no puede romperlo, entonces ¿Qué?, no siente que sea justo; al final, tal vez es lo mejor, con tantos cambios sir Bedivere tal vez no sea capaz de aceptar o adaptarse… además, imagina el dolor que tendrá al saber que el rey al que tan lealmente sirvió había muerto.
Esto no es propio de sí, pero acerca sus labios a los del caballero y deja un solo beso, casto, sin otra intención de al menos no tener otra culpa más en su espalda y corazón; una vez que se alejó de aquellos labios una lágrima cae. No espera nada, al menos se siente mejor al saber que Bedivere está a salvo y es suficiente, está por irse, dando pequeños pasos hacia la puerta.
— ¿Merlin?—
Los ojos del mago se abren, cree que es solo su imaginación, pero al girar ve aquellos ojos comenzando a abrirse; Algo confuso, pero despierto. Corrió hasta él y lo abrazo.
—Bienvenido de nuevo, Bedivere—
Aleta
