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¿Sonreirías para mí?

Summary:

Foolish es un caballero asignado a proteger la vida del príncipe Vegetta, quien no deja de preguntarle cuándo sería el día en que lo verá sonreír.

Notes:

Segundo día del SharkWolfBash!
Sé que es "Reyes&Caballeros" pero déjenme poner a Veg como príncipe pls, se me pasó por el sueño mientras escribía ayer :,v
¡Espero lo disfruten!

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

— ... Eres muy serio.

Foolish no sabía si debía tomar eso como un cumplido o no. La persona frente a él, el príncipe Vegetta de Luque, lo miraba de arriba abajo curioso ante su nuevo guardaespaldas. El reino donde ambos vivían estaba pasando por momentos tensos con el reino vecino, y el rey ordenó que su hijo necesitaría a alguien las veinticuatro horas del día para salvaguardar su seguridad.

El problema era que el príncipe rechazó a la mayoría de caballeros que su padre le ofreció.

Nadie sabía el por qué, pero Vegetta los observaba por unos instantes, hacía un par de comentarios y terminaba concluyendo que esa persona no era digna de escoltarlo. Ni los caballeros de confianza de años, ni los más fieros, o inteligentes, eran capaces de convencer al príncipe, teniendo al rey con los nervios a flor de piel con su hijo, quien parecía divertirse con todo esto.

— Debo mantenerme enfocado para que su vida no corra peligro, su alteza. — respondió, aun si le hubiese gustado refutar la afirmación del príncipe.

Vegetta asintió, sin dejar de mirarlo. Foolish no sabía por cuánto tiempo más podría soportar que ese hombre lo observase y no flaquear en su expresión, pero debía mantenerse firme si deseaba obtener ese puesto y asegurarse mejores comodidades en su vida. Era un caballero del reino, sí, pero no uno de alto rango y apenas llevaba un par de años en dicho oficio, por lo que tener la mínima posibilidad de servir directamente al príncipe lo ayudaría demasiado y estaba dispuesto a ser la persona más seria del mundo si eso le permitía conseguir el trabajo, aun si le costara fingir todo el tiempo.

— Enfocado, entiendo. — repitió — Y dime, caballero de brillante armadura… ¿sonreirías para mí?

¿Qué clase de pregunta era esa?

Foolish dirigió una mirada rápida al rey quien estaba aburrido como si ya hubiese visto esa escena una infinidad de veces, y volvió sus verdosos ojos a Vegetta. Apretó uno de sus puños, rogando que el príncipe no note lo nervioso que su cercanía le provocaba… ¡Claro! Quizá era eso; Vegetta debía estar probándolo.

Suspiró, aún sin una sonrisa en el rostro, y respondió con una voz calmada.

— Mi deber es protegerlo. — afirma, esperando convencerlo — Una sonrisa no es necesaria en este trabajo.

— Pero haría tu rostro más hermoso de lo que ya es.

El corazón del caballero dio un vuelco de la sorpresa. Vegetta parecía complacido ante el cambio en el rostro de Foolish; no era una sonrisa, pero si una expresión de estupefacción y vergüenza al haberlo hecho perder la compostura por unos instantes. El príncipe se alejó de él, acercándose a su padre y dando un último vistazo a Foolish antes de tomar su decisión.

— Sir Foolish Brown será mi caballero. — dice, y el aludido no puede creerlo — Ya no es necesario buscar más.

Dicho ello, el rey aceptó maravillado ¿o aliviado? Y Vegetta volvió al lado de su escolta.

— Acompáñame. — le dijo con confianza — Se preparará una habitación cercana a la mía. Así podrás estar bajo mi disposición cuando te necesite… a no ser que quieras dormir en mi habitación.

— No, su majestad. — Foolish aprovechó para ponerse su casco y así evitar que el príncipe viese su cara sonrojada — Una habitación personal es más que perfecto. Por otro lado, ¿me concedería el honor de hacerle una pregunta?

— Adelante.

— ¿Por qué me eligió?

Vegetta se detuvo, ya ambos en los pasillos que conducían a los dormitorios. El príncipe se paró frente a él, poniéndose de puntillas para acercar sus manos al casco del caballero y abrirlo, sonriéndole con picardía y volviendo, una vez más, a desestabilizar la mente de Foolish.

— Quiero verte sonreír. — le susurró, nervios recorrieron el cuerpo del otro — Si estás cerca de mí podré asegurarme de eso.

Dicho esto, Vegetta se despidió entrando a su habitación, con un Foolish más confundido de lo que estaba al ingresar al palacio.

El trabajo como escolta no era difícil. El príncipe despertaba temprano, eso sí, y Foolish lo acompañaba como su sombra en cada momento. Paseaban por los pasillos saludando a cada sirviente, hablaba con sus padres, atendía a clases y finalizaba sus tardes en el jardín. Vegetta parecía siempre en calma y a Foolish le gustaba admirarlo en silencio, no pudiendo evitar sonrojarse cuando sus miradas se cruzaban.

— Observe esto, mi caballero de brillante armadura. — dijo el de ojos morados, mostrándole un tulipán rojo — Su belleza es igual de comparable que la del rubí más hermoso.

— Qué hermosa. — respondió, curioso al tocar los pétalos — Mi amiga no me deja tocar las flores que vende en su florería.

Vegetta notó el interés genuino del rubio y sonrió.

— Si le entrego un ramo de estas, ¿sonreiría para mí?

Esa pregunta de nuevo. Foolish se alejó de la flor, notando la sonrisa divertida del príncipe, ¿se estaba burlando de él? No lo sabía, pero no debía distraerse.

— Su alteza, si me dedicara a sonreírle no podría avisar de si hay enemigos acechando.

— Estamos en el castillo, está bien. — le dio el tulipán, buscando uno de los asientos del jardín y pidiéndole a Foolish estar a su lado — ¿Por qué no se relaja un poco y me cuenta más sobre usted? La vida encerrado no es tan divertida, ¿sabe?

— Mi deber…

— Por favor, también es humano. — refutó — Veo en ti algo más que un simple caballero, y me haría el honor saber qué oculta dentro de tan bello ser.

— ¿Be-bello…?

— Porque lo es, sir Foolish, ya se lo había comentado. — el caballero terminó por sentarse a su lado, nervioso de la cercanía — Con una sonrisa lo sería aún más, pero me conformo con que me cuente su vida, al menos, por ahora.

Foolish terminó aceptando. En un inicio nervioso por si el rey lo veía descansando de sus obligaciones, pero por otro atraído ante la convicción del príncipe por saber más de él.

Su relación de caballero-príncipe terminó por convertirse en la de amigos con el pasar de los días. Foolish seguía sin sonreír, más porque adoraba ver los pucheros de Vegetta que el no querer hacerlo. Aun así, había entrado en confianza con él, contándole muchas cosas de su vida y pudiendo ver en Vegetta no solo al príncipe del reino, sino también a un amigo. El de ojos morados, por su parte, había mostrado una faceta que no pensó Foolish que tendría. Era alguien divertido, aguerrido y amable, conquistando quizá mucho más de lo que Foolish deseara admitir.

El caballero sabía que no debía bajar la guardia, por lo que esfumaba de su mente cada idea de querer acercarse a su alteza de otra manera que no sea la de protegerlo.

— Es muy bueno blandiendo la espada, príncipe. — le felicitó, aplaudiendo mientras se acercaba a él. — La tensión entre los dos reinos es más grande con el pasar de los días, debemos prepararnos para un ataque inminente.

— ¿Qué puedo decir? Tengo muchas cualidades. — se ordenó el cabello y Foolish contuvo las ganas de ser él quien lo hiciera. — Quizá en otra vida soy yo quien te protege a ti. — dijo, empuñando su espada y señalando a Foolish con ella — No dejaría que nada ni nadie te dañe.

— Confiaría mi vida a usted sin duda alguna. — Vegetta parecía complacido ante esas palabras.

— ¿Y tus sonrisas también? — preguntó, y el caballero evitó su mirada para no flaquear ante él.

— Quizá si sigue mejorando.

— Lo tomaré como un reto.

El príncipe sonrió, y Foolish hubiera amado hacer lo mismo y ver sus ojos brillar, mas pensó que una mejor oportunidad habría en el futuro, cuando las guerras terminasen y no necesite estar preocupado por la seguridad de su majestad.

Cierta madrugada, donde el caballero se encontraba en pijamas y practicando en su habitación, vio como un papel pasaba por debajo de su puerta, con un mensaje del príncipe pidiéndole que vaya a sus aposentos. No sería la primera vez que esto sucedía, siendo anteriores ocasiones donde Vegetta lo llamaba para preguntarle qué quería hacer al día siguiente, por lo que salió de su cuarto y tocó la puerta del príncipe quien le saludó con una sonrisa cansada, producto de lo tarde de la noche.

— Espero no haberte despertado. — le dijo, prendiendo una lámpara.

— Usted aparece hasta en mis sueños, por lo que no es un problema. — no estaba seguro si lo que dijo tenía sentido, pero la sonrisa de Vegetta fue suficiente para alegrarlo. — Dígame, ¿en qué puedo ayudarle?

Luego de esas palabras, Vegetta suspiró pesadamente, moviendo sus manos con nerviosismo.

— Debo ser sincero con usted, sir Foolish. — Vegetta caminó por su habitación acariciando los objetos que alcanzaban sus manos. — Cuando lo elegí como mi caballero, no solo fue el hecho de que deseara ver su sonrisa. —se detuvo y lo miró, con una sonrisa cálida — Siempre estuve rodeado de gente tan aburrida, tan recta… Me sentía solo aun si estuviese rodeado de tanta gente que juraba dar su vida por mí.

Foolish no entendía a donde quería llegar con eso, pero siguió escuchándolo.

— Usted en un inicio parecía ser igual, al menos, hasta que noté que no aguantaba las ganas de que dejase de verlo. — rio. Las mejillas del más alto se volvieron coloradas ¡sí que se había dado cuenta! — Pensé “quizá con un poco de ayuda pueda hacer que se suelte y así obtenga un preciado amigo”. No me equivoqué, jamás lo hago. Su compañía durante todos estos meses ha sido placentera.

— Es un honor que me considere así, su majestad. — quiso dar una reverencia, mas Vegetta lo evitó.

— Sin embargo, quizá es más placentera de lo que hubiese querido imaginar. — puso una mano en su pecho, pensando si valía la pena decir lo que su corazón ansiaba — El sentimiento de amistad hacia su persona creció sin poder callarlo. Yo creo que… me he enamorado de usted.

El caballero no supo qué decir. Si era honesto, esa era la mejor noticia que podía haber escuchado. Vegetta, el protagonista de sus sueños y amor que creyó imposible estaba frente a él, admitiendo compartir sus sentimientos. Quería gritar de la felicidad, forzándose a mantenerse firme frente a un príncipe cuyos ojos brillaban con solo verlo.

— Entiendo su posición como mi escolta. — continuó — Y si este sentimiento colida con su deber, entenderé si abandona su cargo. Le prometo proveerlo con todo lo que necesite para una buena y larga vida. Tan solo deseaba decirle… lo que una personalidad tan maravillosa como la suya logró en mí, incluso si nunca logré verlo sonreír.

— Su majestad. — fue Foolish ahora quien se acercó a él — ¿Me permitiría responder a sus sentimientos?

Vegetta alzó una ceja en confusión, pero asintió. Fue ahí que Foolish tomó el rostro del príncipe con delicadeza, agachándose y acercando sus labios a los de él, besándolo. Fue delicado y lleno de nervios, sintiendo el príncipe como Foolish no dejaba de acariciar su rostro y pasando una de sus manos por su cabello. Era una experiencia electrizante, adictiva, que dejó de ser dirigida solo a sus labios y se encaminó ahora a su cuello y manos, ansioso de explorar más partes de su cuerpo si así se lo permitía.

Foolish detuvo sus besos cuando Vegetta se alejó un poco, sonrojado y recuperando la compostura, y tomó una de sus manos. Le sonrió, complacido, y el caballero desearía que esa escena se quedara así por siempre.

— Lamento mi atrevimiento, su majestad. — dijo Foolish, más avergonzado que antes por su pasada acción — Pero no encontraba otro modo de demostrarle que mis sentimientos por usted son iguales.

— ¿Desde cuándo? ¿Por qué no me lo dijo antes?

— ¿Por qué usted no me lo dijo antes?

Vegetta rio.

— Touché. — respondió — Me hace feliz saber que no es unilateral, y que podré tener más de usted. — le guiñó un ojo, complacido del desvío de miradas del otro — Aunque… me pregunto si…

— ¿Sí?

— ¿Ahora sí sonreirás para mí?

El caballero ya no podía negarse. Asintió, volviendo a juntar sus labios con los de Vegetta para después dejar que lo vea realizar la tan esperada acción, mas repentinas explosiones interrumpieron su intimidad. El caballero decidió salir del dormitorio primero, notando como nadie se encontraba ahí, pero sin dejar de oír gritos desesperados y explosiones a lo lejos.

¿Un ataque? Decidió correr a su habitación y agarrar su espada, volviendo a la de Vegetta y descubriéndolo mirando la ventana con total terror.

— Foolish. — la voz de Vegetta era nerviosa, viendo junto a él por la ventana como el reino enemigo había preparado una emboscada en plena madrugada.

Los pueblerinos corrían e intentaban escapar de los caballeros que los asesinaban y quemaban las casas sin piedad. Foolish tomó la mano de Vegetta y salieron de ahí, en dirección al cuarto secreto del castillo donde se le indicó debía llevar al príncipe por si algún ataque sucedía.

Fueron sigilosos, mirando cada pasillo, cada salida, y notando como ningún guardia se veía a la vista ¿Dónde estaban todos?

Finalmente, cuando estuvieron cerca al salón principal, su respuesta fue dada.

Los cuerpos de todos los demás guardias y sirvientes yacían inmóviles y formando un montículo en el centro. No habían sido asesinados ahí, más bien, fueron arrastrados para servir como trofeo del bando rival. Vegetta tuvo que morderse el labio cuando vio a su padre sometido ante el rey enemigo, quien no dejaba de repetir que su reinado había acabado y que ahora ese reino le pertenecía a él. Los ojos de Foolish se encontraron con los de su rey, y supo por su mirada derrotada que no tendría sentido ir a esconderse y que la mejor opción sería huir del castillo junto a Vegetta.

— Mi príncipe. — susurró, dando media vuelta y buscando alguno de los caminos secretos que este le había enseñado en el pasado — Debo asegurar su protección.

— Lo sé. — aún estaba estupefacto por ver a su padre a punto de morir, siguiéndolo como una marioneta — Necesitamos huir.

— No se preocupe, lo mantendré a salvo.

Lograron meterse por un pasillo que conectaba hacia la cocina, y siguieron con sigilo hasta el jardín real, donde terminaron por lanzarse al lago que conectaba con el bosque. Ir por el pueblo era una muerte asegurada, por lo que no les quedaba de otra que guiarse por la aún visible luna y esperar no hallar algún animal salvaje u otro miembro del reino enemigo.

Sin embargo, cuando divisaron el bosque, parecía que más problemas los esperaban. Este, al igual que el pueblo, estaba invadido por las llamas. Foolish no estaba seguro de qué hacer, pero no podía dar marcha atrás. El bosque era lo único que lo separaba de un pueblo allegado donde podrían descansar por unas noches, así que tomó la mano de Vegetta y emprendieron el viaje por las zonas donde el fuego aún no llegaba.

— Estaremos bien. — repetía, queriendo tranquilizar al príncipe a la par que destruía algunos arbustos con su espada, haciendo un camino — Su majestad, solo debo hallar un escape del bosque.

Solo podía ver árboles y fuego. El humo quemaba sus pulmones, pero su única prioridad era buscar una salida para que el príncipe Vegetta pudiese escapar de ahí.

— Confío en ti, mi caballero de brillante armadura. — Vegetta tosía por el humo, alarmando a Foolish, mas el agarre de su mano con la suya le hacía entender que podía seguir — Solo un poco más y saldremos de las tierras del reino, lo sé.

— Será así. — afirmó — conozco a alguien en el pueblo más cercano, podrá darnos un hogar mientras vemos que haremos a continuación.

— Estoy ansioso por ello ¿Tendríamos que crearnos nuevas identidades?

— Probablemente, su alteza, pero bajo la privacidad de nuestro hogar podré seguir diciendo su nombre.

— Adoro la idea. — respondió — Podríamos cultivar vegetales, venderlos y vivir de ello.

— ¿Sabe sobre cultivos?

— Le dije que tengo muchas cualidades — se jactó — Además… podré verte sonreír más de ahora en adelante, ¿cierto?

Foolish volteó, como si tan solo esas palabras fuesen suficiente para ignorar el panorama que tenían frente suyo. Agarró ambas manos de Vegetta y las besó, provocando una sonrisa en el príncipe. Este parecía más tranquilo y eso lo alegraba, necesitaba mantenerlo así por unas horas más y de ahí Vegetta no conocería nada más que la felicidad, incluso si ya no era de la realeza.

— Sonreiré tanto que te hartaré.

— My love… — rio — ¿Cómo podría hartarme de ti?

Un sonido extraño sacó a ambos de su ensoñación. En menos de lo que podían esperar, un caballero del reino enemigo apareció detrás de un árbol y usó su arcó para disparar una flecha en dirección a Foolish. Este se dispuso a empuñar su espada, pero sabía que la velocidad de la flecha haría imposible que este realice algún movimiento sin recibir primero el disparo.

Su vida le daba igual, temía más por la de Vegetta si este quedaba a merced del enemigo. Sin embargo, todo parecía en vano, y al menos se alegró de que ver el rostro feliz de su amado haya sido lo último que…

La flecha no llegó a él, por el contrario, fue el cuerpo del príncipe el que cayó en su pecho, con la flecha atravesando el cuerpo del más bajo, quien hizo de su escudo.

¿En qué momento…?

— ¿¡Vegetta!? — aún respiraba, pero con pesadez. Lo dejó recostado en un árbol que aún no era consumido por el fuego y, con una furia creciente, miró en dirección del atacante y corrió hacia él, con la espada sedienta de sangre.

Siguió corriendo aun si las flechas se incrustaban en distintas partes de su cuerpo, aún si la sangre manchaba su ropa y comenzaba a ver borroso.

No estaba pensando estratégicamente, sino con el sufrimiento de su corazón dolido al ver a su amor al borde la muerte.

Foolish saltó, con dolor y rabia, clavando la espada de hierro en el cuello del enemigo, no dejando de moverla hasta que aquel cuerpo se separase en dos.

Al asegurarse de haberlo matado, volteó de nuevo hacia el príncipe y se dirigió a él, pasando de caminar a arrastrase en el piso, pues el dolor de las heridas por las flechas se hizo presente. Tosió sangre y se sentía demasiado débil, pero debía llegar a Vegetta, debía verlo aunque sea una última vez.

— Vegetta… Vegetta… — dijo, con dolor por el humo que entraba a su garganta y con las fuerzas que le quedaban aún.

— Foolish... — el hombre aún respiraba, pero lentamente. Si no eran las heridas, el fuego terminaría por consumirlos — ¿Puedes… sentarte a … mi lado?

Lo hizo, como si estuviese en automático. Haría lo que sea por él, incluso si la muerte lo acechaba en esos instantes.

— Lo siento… — arrepentido, Foolish no se sentía merecedor del príncipe, quien recostó su cabeza en su hombro mientras intentaba mantener la compostura — No me percaté de él, no lo vi… Fallé en protegerte…

— Yo me… metí… para salvarte. — susurra — Quería protegerte, aunque sea solo… una vez.

— Yo soy quien debió… protegerte…

— ¿Proteger mi corazón cuenta?

Foolish hubiese reído de no ser que el pecho le dolía.

— ¿Puedo… pedirte una última cosa, mi caballero? — Foolish asintió, observando a su príncipe, así como él así ahora también. — ¿Sonreirías… para mí?

¿Por qué no le sorprendió aquella pregunta?

Foolish quiso asentir, pero al ya no poder hacerlo simplemente procedió a realizar la acción. Una sonrisa que inició tímida, lenta y dolorosa, convirtiéndose en lo que más resaltó de su rostro manchado de rojo. Los orbes morados de Vegetta se agrandaron por unos instantes, asombrados ante el acto que rogó ver por tanto tiempo.

— Lo sabía… — susurró, su tono de voz cada vez más débil — Tienes una sonrisa hermosa. Tal vez… en otra vida, pueda verte sonreír más veces.

Acercó uno de sus brazos al caballero e intentó abrazarlo, sin importarle que el calor insoportable no los dejara en paz.

— Foolish…

— ¿Sí, su majestad?

Se recostó en su pecho, feliz.

— Te amo…

— Yo también te amo, Vegetta.

La visión del caballero se volvía más borrosa, pero juró ver una última mueca de satisfacción en su príncipe.

— Eso me hace muy feliz…

Después de ello, la fuerza del agarre de Vegetta se esfumó, al igual que su vida. Foolish podía jurar que el dolor de perder a su amado era más fuerte que todo lo que su cuerpo experimentaba ahora, llorando en silencio al saber que su final también estaba cerca.

Poco a poco, Foolish también caía a los brazos de la muerte, pensando en el final que no deseó para su amado y rogando que, en otra vida, puedan vivir su amor con mayor tranquilidad. Sin guerras, sin órdenes, solo dos personas enamoradas que estaban una junto a la otra sin lastimar a nadie. Donde Vegetta podría protegerlo todo lo que quisiera y él pudiese decirle lo mucho que lo amaba, donde no debía fingir ser un tipo serio y poder darse al fin el lujo de bromear y divertirse a su lado…

Donde sonreiría para Vegetta cada vez que se lo pidiese.

Notes:

¡Gracias por leer! Sé que no es un final feliz a como suelo acostumbrar, me la pensé mucho, pero me gustó el resultado uwu Si es que mañana logro terminar de formular la historia que espero publicar les prometo que no habrá más muertes (creo).

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