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Language:
Español
Stats:
Published:
2024-10-31
Words:
3,385
Chapters:
1/1
Comments:
4
Kudos:
71
Hits:
365

you and I got lost in it

Summary:

En una noche de Halloween, Paul tiene que elegir entre una fiesta de Halloween o quedarse a ver películas, su mundo da un giro inesperado al cruzarse con Álvaro.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

- De verdad que no te entiendo. ¿Por qué no te unes a nosotros? - dijo una pelirroja dejándose caer a en el sofá.

- Rus, sabes que no soy muy fan de esta fiesta. - Contestó Paul dejándole espacio a su lado.

Pero eso era mentira. A Paul le encantaba Halloween. Era una de sus festividades favoritas junto a la Navidad. Pero a él le gustaba pasar la noche del 31 de una manera diferente. Aquello de disfrazar-se y salir de fiesta no iba con él. Prefería estar tranquilo en casa viendo películas de terror.

- Paul, es Halloween ¡Ha-llo-ween!- enfatizo la pelirroja - No puedes simplemente quedarte aquí viendo películas como si fuera una noche cualquiera - concluyo cruzando los brazos con fingida indignación - Cada año, lo mismo, y cada año te pierdes las mejores historias de la noche.

Paul sonrió, divertido, mientras miraba la pantalla en busca de alguna de sus películas favoritas.

- Créeme, Rus, me sé todas esas historias. Pero me gusta más vivir Halloween a mi manera. Sin gritos, sin multitudes. Solo yo y mis películas.

Ruslana bufó. Sabía que intentar convencer a su compañero de piso de salir con ellos era una causa perdida.

- Eres un caso imposible. Voy a hacer palomitas - dijo levantándose de nuevo - Pero entonces … ¿Podemos hacer la previa igualmente aquí?

Paul la miró con escepticismo, pero la sonrisa divertida en sus labios no desapareció.

- ¿Una previa aquí? ¿Con todos tus amigos disfrazados y música a todo volumen? - dijo, tratando de sonar serio.

Rus puso cara de inocencia y juntó las manos en señal de súplica.

- Te juro que no notaras ni que estamos aquí y en una hora nos vamos.

Paul la miro fijamente a los ojos. Le era imposible decirle que no.

- Vale, pero antes de que os vayáis lo quiero todo recogido.

Ruslana soltó un pequeño grito de triunfo y desapareció en la cocina para hacer las palomitas. Paul sonrió para sí mismo, sacudiendo la cabeza mientras regresaba su atención a la pantalla.

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- ¿Estás seguro?, you don’t want join us - dijo una morena con un acento inglés que intentaba enganchar unas orejas de elfo a Ruslana.

- Eso Paul, Kiki y yo te ayudamos a hacerte un maquillaje rápido si hace falta - insistió la pelirroja, que llevaba toda la tarde intentando convencerlo.

- Rus, ya te he dicho que no. Gracias por invitarme, de verdad, pero quiero estar tranquilo. Ya saldremos otra noche.

Ruslana puso los ojos en blanco, resignada. De verdad, no había forma de hacer cambiar de opinión a su amigo.

- Vale, vale, chico aburrido. Quédate aquí - la voz de la pelirroja mostraba bien lo molesta que estaba con la situación.

- Quién sabe, quizás luego nos arrepentimos de no haberte convencido y aparecemos con todo el grupo a ver películas contigo. - dijo la británica haciendo reír a ambos.

- Lo dudo mucho

Quedaban apenas unos minutos para que los amigos de la pelirroja aparecieran, así que Paul decidió que era momento de retirarse a su habitación. Se levantó del sofá, les dio un abrazo a ambas, despidiéndose entre risas y, antes de irse, pasó por la cocina a por algo de picar para acompañar su sesión de cine.

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Paul sabía que no podía confiar en la palabra de su amiga. El reloj marcaba más de las doce y el grupo seguía con la fiesta y no parecía que fuera acabar pronto. Música a tope y muchas risas llenaban el ambiente. Frustrado, Paul intento disfrutar con su segunda película de la noche, pero con todo el escándalo de fuera ni con los cascos se pudo concentrar.

Pauso la película y se dejó caer sobre la cama mirando al techo. Paul necesitaba paz, quería poder disfrutar de su noche, pero no quería tampoco cortarle el rollo a su amiga. Intentó pillar alguna palomita, pero, al notar que quedaban apenas migajas, decidió arriesgarse a una escapada rápida a la cocina. Si tenía suerte, llegaría sin que nadie notara su presencia.

Así que decidido se levantó para llevar a cabo su misión. Cuando abrió la puerta se encontró cara a cara con algo que no esperaba.

Frente a él se desplegaban unas alas blancas enormes que le bloqueaban la vista. Sorprendido, Paul dio un paso hacia atrás justo cuando el dueño de aquellas alas se giró, rozándolo accidentalmente. Era un chico de su misma altura, con el cabello castaño y rizado. Pudo intuir que iba disfrazado de ángel. Pero lo que más llamó la atención de Paul fueron los ojos del aquel chico. Brillaban de más, y no por el maquillaje. Paul tardó solo un segundo en darse cuenta: el chico estaba llorando.

Sin saber muy bien qué hacer ante esa situación, a Paul se le escaparon las palabras de su boca

- ¿Estás bien? - pero apenas se escuchó por encima de la música.

El chico parpadeó sorprendido, como si no hubiera esperado encontrarse con alguien en ese momento, y rápidamente se pasó una mano por el rostro, intentando borrar las lágrimas.

- Lo siento - dijo con una voz entrecortada, intentando esbozar una sonrisa mientras ajustaba las alas - No quería ... Estoy bien.

Paul notó que había algo más en su mirada, una tristeza que las luces de la fiesta no lograban disimular. Sin pensarlo demasiado, le ofreció una leve sonrisa.

- No hace falta que te disculpes. A veces necesitamos un momento para nosotros mismos, incluso entre todo el bullicio. Y eso está bien. - Paul hablaba calmado, sin levantar la voz, casi susurrando.

El chico se sorprendió por las palabras tan comprensivas que le había dedicado Paul.

- Gracias - Le sonrió suavemente. - soy Álvaro, por cierto, tú debes ser Paul, el compañero de Rus. - extendió su mano en forma de saludo.

Paul asintió con la cabeza mientras tomaba la mano del rizado. Sintió un escalofrío cuando sus pieles se rozaron.

- Voy a ir a por algo de picar a la cocina, si quieres esconderte del ruido en mi habitación adelante.

Álvaro dudó por un segundo. Paul se arrepintió al instante de haber hecho esa invitación. No sabía quién era esa persona.

- No se si debería - murmuró Álvaro, bajando la mirada, como si temiera incomodarlo - tampoco quiero ser una molestia.

- A mí no me molestas - insistió. Porque estaba haciendo eso. Realmente no conocia a ese chico, pero había algo en él que le hacía confiar. - A veces, la mejor compañía es alguien que solo esté… en silencio, sin presiones.

Álvaro lo miró a los ojos, evaluando su sinceridad, y al final asintió con una leve sonrisa.

- Vale. Pero solo hasta que la cosa se calme allí afuera - dijo, como si necesitara una excusa para aceptar.

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Álvaro inspeccionó con mucho esmero la habitación. Se fijó minuciosamente en cada detalle.

Las paredes estaban llenas con pósteres de películas, pero destacaba uno que se encontraba enmarcado. Era de La la land. Conocía aquella película, había llorado a mares con ella la primera y única vez que la vio. No le traía muy buenos recuerdos.

Paseo su vista por la estantería, un poco desorganizada. Había blu-rays, libros de cine y muchos cds de música. Eran una gran cantidad, había muchos artistas de muchos géneros variados.

La cama era bastante grande, lo que le quitaba un poco de espacio a la habitación. En ella descansaba un ordenador portátil que estaba encendido.

Álvaro sintió que podía conocer mucho de Paul solo con mirar esa habitación y por un momento sintió que estaba entrometiéndose demasiado.

- Puedes sentarte si quieres - dijo de repente Paul, asustando al rizado.

Este último se giró para mirar al dueño de la habitación. Llevaba un bol con palomitas hasta arriba. Le sonreía de una forma tan tierna, que hacía remover algo dentro de él.

- No quería entrometerme demasiado - contesto avergonzado mientras dejaba que Paul se hiciera paso hacia su propia cama.

- Te he dejado pasar, así que, como si estuvieras en tu casa. - dio un par de golpes en la cama invitándolo a sentarse con él. Álvaro aceptó la invitación, dudando un instante, dejando un gran espacio entre ellos. La luz tenue que emanaban unos leds colgados envolvió la habitación en un resplandor cálido, casi íntimo. El silencio que se formó era más molesto que todo el ruido que había fuera.

- ¿No te molestan? - dijo el moreno en un intento de romper el hielo, señalando las alas.

- Casi ni las noto que las llevo.

- Te quedan bien - confesó en un susurro Paul. Se arrepintió enseguida de sus palabras. No es que no lo pensara, pero se le habían escapado esas palabras de su boca y ahora sé moria de la vergüenza.

- Gracias - apenas pudo decir el rizado.

Álvaro notó como el calor se le subía a las mejillas. Se había ruborizado por aquellas palabras. Se dejó caer de espaldas a la cama mientras se le escapaba una risa nerviosa.

- Sabes, todo esto es una mierda - dijo una vez que había calmado su risa. Paul le miraba fijamente - llevo meses diciéndole a Ruslana que me presente a su compañero de piso y justo consigo hablar contigo cuando peor estoy

- ¿Qué? - Paul no se esperaba escuchar eso salir de la boca del rizado.

Paul miraba con incredulidad a Álvaro, sin saber si lo que acababa de escuchar era una confesión o el intento de una broma muy mal gusto. El rizado ocultaba su rostro con los brazos, y Paul notó que sus hombros temblaban ligeramente, quizá por el peso de la emoción contenida o por la risa nerviosa que intentaba ahogar.

- ¿Meses? - preguntó Paul en voz baja, casi como para confirmar que no había escuchado mal.

Álvaro asintió, aun sin mirarlo, dejo salir su voz amortiguada por sus propios brazos.

- Justo ahora que finalmente logro hablar contigo, aparezco así… medio llorando por cosas sin importancia.

Paul se quedó en silencio, asimilando lo que acababa de escuchar. Había algo tan frágil y genuino en el tono de Álvaro que se sintió incapaz de responder con una broma para aliviar la tensión, como solía hacer. En cambio, se limitó a observarlo, tratando de captar cada detalle: la manera en que el rizado mantenía los ojos cerrados y los brazos sobre la cara, como si se sintiera expuesto y vulnerable.

- Bueno… - dijo finalmente Paul, su voz suave, casi un susurro - no creo que sean cosas sin importancia. Si te han hecho llorar, algo deben significar.

Álvaro se descubrió un poco el rostro, lo suficiente para mirarlo de reojo con una mezcla de vergüenza y gratitud. Paul aprovechó ese pequeño gesto y le sonrió, una sonrisa que intentaba transmitirle que estaba bien mostrarse así, que él no lo juzgaba.

- Si necesitas hablar o simplemente… olvidarte de todo por un rato, aquí estoy - ofreció, con total naturalidad.

Álvaro asintió y, con un nuevo brillo en sus ojos, dejó escapar un suspiro, esta vez mucho más relajado.

- A veces los momentos no son como los planeamos - continuó Paul con sinceridad - pero eso no significa que sean menos reales, ¿no?

Álvaro se quedó mirándolo, sorprendido. Aquellas palabras parecían que habían calado hondo en él, y por primera vez, esbozó una sonrisa más abierta, menos tensa. Se sentó un poco más derecho en la cama, como si el comentario de Paul le hubiera dado el espacio para respirar.

- Tienes razón - admitió en voz baja, jugando con el borde de su disfraz - Supongo que… es solo que no quería parecer así de vulnerable. Quería causarte una buena impresión.

Paul soltó una pequeña risa, honesta y suave, que hizo que Álvaro lo mirara con algo de curiosidad.

- Mostrándome quién eres de verdad, ya has causado una mejor impresión que cualquier otra persona - Paul lo miró, sin dejar de sonreír. - Además, yo tampoco soy tan bueno en estas cosas de primeras impresiones.

Álvaro se sonrojó, intentando disimular al mirar hacia otro lado, pero Paul ya había notado el leve rubor en sus mejillas. En un impulso, Paul alargó la mano, como un gesto de complicidad, y le dio un suave apretón en el hombro.

- Supongo que tienes razón… - murmuró el de rizos, con un tono más suave.

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El tiempo pasó sin que ninguno de los dos lo notara, como si se hubieran encerrado en su propia burbuja. Las palabras fluyeron fácilmente entre ellos, y en algún momento, ambos se dieron cuenta de que incluso la música de la fiesta en la sala había cesado, como un eco lejano que se desvanecía. Una vez roto el hielo, la tensión que los había rodeado al principio se disipó, dejando solo una conversación íntima y sin pretensiones.

Álvaro, sintiéndose más a gusto, se permitió relajarse un poco más, estirando las piernas sobre la cama y mirando a Paul con una sonrisa cómoda. Compartieron historias, gustos y pequeños secretos que parecían resonar en ambos como viejos conocidos. Fue en algún punto de la noche que Álvaro le confesó el motivo por el cual lloraba.

- Antes de venir aquí, me encontré a alguien. - Tragó saliva, como si al decirlo aún le doliera - A mi ex. Después de tanto tiempo sin verlo.

Paul asintió, no dijo nada y esperó pacientemente, dándole espacio.

- Ya lo he superado en verdad, pero … - continuó Álvaro con una risa amarga - Él… me engañó. Me trató como si no fuera nada, y volver a verlo me descolocó por completo. No esperaba que, después de meses, aún me removiera tanto por dentro.

Paul escuchaba en silencio, como si con solo estar ahí pudiera aliviar un poco del peso que Álvaro estaba compartiendo.

- Es normal que te haya afectado, Álvaro. Cuando alguien nos lastima, dejamos partes de nosotros en esa herida. Puede sanar, pero la cicatriz sigue ahí, y a veces duele cuando menos lo esperamos.

Álvaro asintió, sin apartar la mirada de Paul, como si esas palabras le dieran permiso para sentir lo que sentía sin culparse. Aún había una mezcla de vergüenza y vulnerabilidad en su rostro, pero también algo nuevo: un alivio tímido, como si el peso de su historia se hiciera un poco más llevadero al compartirla.

- Ya que estamos de confesiones … - empezó el de cabello rizado. - La verdad es que…- tomó un respiro profundo, sintiendo que había llegado el momento de abrirse un poco más - Hace un tiempo, te vi en una charla sobre cine en el campus. Te escuché hablar con tanta pasión sobre una película que me encanta. La forma en que te expresabas y cómo hacías que los demás se interesaran fue impresionante. Desde entonces, me llamaste la atención y no me he perdido ninguna de tus charlas.

Paul lo miró, sorprendido por la confesión.

- Oh, ¿en serio? No pensé que alguien se podría fijar en eso —respondió, un poco tímido. Sonrió, sintiéndose halagado por las palabras del contrario. Sin embargo, en su interior, sentía un torbellino de emociones, un eco de inseguridad que solía aparecer cuando alguien lo elogiaba. A menudo, se preguntaba si realmente era digno de la atención de los demás.

- Es que hay algo en ti que me parece fascinante - continuó Álvaro, con una mirada sincera - Pareces tener un mundo interior tan bonito.

Las palabras de Álvaro tocaron una fibra sensible en Paul. Siempre había sentido que su mundo interior era un laberinto complicado, lleno de luces y sombras que le costaba compartir. La forma en que Álvaro lo veía, como si en su vulnerabilidad hubiera belleza, lo sorprendió.

- Gracias - dijo Paul, sintiendo un leve rubor en sus mejillas.

Y volvieron al silencio incómodo del principio. Como si hubieran dado un paso hacia atrás. Paul bajó la mirada, jugando con el borde de la sábana entre sus dedos. Sentía que el espacio que acababan de compartir, se había cerrado momentáneamente. A pesar de eso, había algo diferente en ese silencio, algo más cargado de significado, como si ambos estuvieran procesando lo que acababan de revelar.

- Maldita Ruslala, todo esto es culpa suya - maldijo el rizado mientras se volvía a dejarse caer de espaldas a la cama, cayendo ahora más cerca del moreno, dejando salir el aire de sus pulmones.

Paul soltó una risa suave por la forma en la que se había referido a la pelirroja, y miró a Álvaro, quien ahora estaba tan cerca que podía percibir el leve aroma de su colonia. Se sentía extrañamente cómodo, a pesar de la situación, como si el silencio entre ellos no fuera algo que debiera llenarse con palabras forzadas.

- ¿Así que todo esto fue idea de Ruslana? - preguntó Paul, arqueando una ceja con una sonrisa divertida - Y yo pensando que esta noche solo sería otra fiesta ruidosa de Halloween, ahora entiendo que insistiera tanto en que me uniera a vosotros.

Álvaro soltó una carcajada, mirando al techo, todavía recostado junto a él.

- Ruslana tiene esta extraña habilidad para meterse en la vida de los demás… para bien o para mal. Me insistía en que te conociera porque, según ella, “haríamos buena pareja”. - Rodó los ojos, mientras hacía unas comillas en el aire.

- ¿Pero no eras tú que querías que nos presentara? - le recrimino con un toque pícaro. Su tono era suave, pero con una chispa juguetona, como si intentara provocar una reacción en Álvaro. Sonrió levemente, inclinando un poco la cabeza mientras lo miraba directamente a los ojos.

Álvaro se sonrojó un poco y, por un momento, evitó la mirada de Paul.

- Bueno … No sabía cómo acercarme a ti sin parecer un idiota. - confesó mientras se volvía a incorporar.

- Entonces … Admites que eras tú el que quería que nos presentaran. - dijo, arqueando una ceja, como si estuviera desafiándolo

- Sí, lo admito - respondió en un murmullo, levantando los ojos hacia Paul. - Pero, sinceramente, no pensé que íbamos a acabar así, en medio de una encerrona y hablando de nuestros dramas. Bueno … mis dramas.

- No eres el único con dramas, créeme - respondió, encogiéndose de hombros. - Pero bueno, ¿Quién lo hubiera pensado? - respondió, encogiéndose de hombros con un tono ligero. - Una fiesta de Halloween y aquí estamos, compartiendo secretos.

Álvaro sonrió, sintiendo cómo la tensión se desvanecía un poco más.

- Es raro, pero me siento más cómodo aquí contigo que en muchas otras fiestas - admitió, su voz más sincera.

Paul lo miró con una media sonrisa, acercándose un poco más. Sus manos se rozaron por un momento, entrelazando sus meñiques. Álvaro sintió que se le aceleraba el corazón. Paul, por su lado, estaba igual. Había visto al rizado alguna vez que Rus montaba fiestas o reuniones en el piso, pero no había interactuado nunca con él y aquí estaba ahora con el corazón tan acelerado que se le iba a salir del pecho.

- Entonces, ¿qué sigue? - preguntó en voz baja, dejando la pregunta en el aire, con una sonrisa que dejaba abierta cualquier posibilidad.

Álvaro lo miró, sorprendido, y dejó escapar una risa tímida.

- No sé… Supongo que eso depende de nosotros, ¿no? - respondió, sin apartarse.

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- En serio Paul, te vas a negar a venir de fiesta con nosotros otro año más. - le recriminaba Ruslana mientras se dejaba caer en el sofá.

Paul que estaba sentado en la mesa del comedor trabajando en el ordenador fue a contestar, pero alguien que venía de la cocina se le adelanto.

- Este año me he encargado personalmente a que venga - dijo Álvaro mientras abrazaba por la espalda a Paul - ¿A que sí? Cariño

Paul resopló, resignado, pero divertido, mientras sentía el cálido abrazo de Álvaro.

- Supongo que no me queda otra opción que ir - admitió, recibiendo un corto beso en los labios que lo hizo sonreír.

- ¡Sois tan cursis! - exclamó la pelirroja, fingiendo desagrado mientras se tapaba los ojos con una mano.

- Si no nos hubieras tendido una encerrona, no tendrías que aguantarnos - bromeó Paul, lanzándole una mirada divertida. Ruslana le sacó la lengua en respuesta.

- ¿Entonces cuento contigo? - preguntó emocionada la pelirroja.

- Está bien, está bien - dijo Paul, cediendo con un suspiro, pero no pudo evitar sonreír. - ¿A qué hora empieza la fiesta?

- ¡A las diez! Así que tienes tiempo para arreglarte - respondió Ruslana, saltando del sofá con entusiasmo.

Álvaro, que había estado mirando a Paul con una sonrisa cómplice, se inclinó un poco más cerca.

- Y no olvides que tengo algo especial preparado para nosotros: un disfraz conjunto. - dijo, sus ojos brillando de emoción.

Paul lo miró con curiosidad.

- ¿Un disfraz conjunto? ¿De qué?

- No puedo revelar todos los secretos todavía - respondió Álvaro, riendo suavemente. - Pero te prometo que será divertido y seguro que llamará la atención.

Paul sintió una mezcla de intriga y emoción. Este año, parecía que la fiesta iba a ser muy diferente y estaba más que encantado de aquello.

Notes:

¡Feliz Halloween!

Seguramente estéis saturados y saturadas por tantas historias sobre esta noche, pero es que me vino esta idea a la cabeza hace unas semanas y quería escribirla.

Espero que os guste <3 (si me decís vuestra opinión en los comentarios os lo agradecería) y nos vemos en la próxima historia, que ya estoy planeando y a lo mejor cae en las próximas semanas.