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Characters:
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Language:
Español
Series:
Part 3 of Ship challenge
Stats:
Published:
2024-11-11
Words:
3,158
Chapters:
1/1
Kudos:
14
Bookmarks:
3
Hits:
170

Corazón de dragón

Summary:

Dos criaturas de mundos tan distintos se encuentran para formar un lazo único e inesperado

Crackship

Notes:

Historia 3: Ship hetero
Fandom: Naruto
Universo: Fantasía medieval / Universo alterno
Ship: Shisui x Hinata
Aclaraciones y /o advertencias: Ninguna

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

 El bosque eterno era protegido por los elfos lunares. Aquellas criaturas dominaban un tipo de magia que se conectaba con la naturaleza y la energía de los seres vivos, misma que se fortalecía con la presencia de la luna y fluctuaba según sus fases. Los Hyuuga eran el clan regente de la zona norte del bosque, se encargaban de mantener criaturas peligrosas lo más apartadas posible para que los otros residentes pudieran vivir en paz y armonía.

 

 Hinata, princesa heredera del clan, era conocida por su amabilidad y gentileza. Pasaba mucho tiempo practicando la aplicación de su magia, aprendiendo sobre la cultura de su gente, entrenando con su primo para volverse más fuerte y algún día ser una gran líder como su padre.

 

 En sus tiempos libres, procuraba estar con su hermana menor. Cepillaba su cabello y la escuchaba contar historias de como su maestra les enseñaba a canalizar sus habilidades, sobre los festivales de eclipses lunares, la historia de su clan, entre muchas cosas que ya sabía, pero que por su hermanita estaba dispuesta a escuchar tantas veces como fuera necesario.

 

 —La maestra Natsu siempre dice que lejos de la frontera pasan muchas cosas malas —decía Hanabi mientras su hermana mayor cepillaba su largaba cabellera marrón con delicadeza—¿Por qué les preocupan los humanos? Somos más fuertes que ellos, más que cualquier criatura, excepto los dragones.

—Tal vez sea porque nos superan en número, mejor es evitar riesgos innecesarios —acomodó la corona de flores en su cabeza y sonrió ante el resultado.

 

 Hanabi se acercó al cristalino manantial para ver su reflejo, sonriendo a gusto. Hinata se levantó y alisó su vestido lila, limpiando los restos de césped en él cuando un estruendoso rugido las alertó a ambas. Miraron el cielo en busca de algún cambio, pero nada más que la luna y las nubes fueron visibles por un momento.

 

 Los rugidos no cesaban y en la lejanía fue visible un intenso rojo amarillento, una señal de fuego en la distancia. Hinata tomó la mano de su hermana y regresaron juntas con el resto del clan. Todos parecían alarmados por aquellos intensos ruidos también, sin embargo, un anciano proclamó que aquello sucedía más allá de los límites del bosque y que debían guardar la calma.

 

—Algo debe estar ocurriendo más allá de nuestro límite del bosque —su primo Neji, el guerrero más fuerte de su clan, se acercó a ellas.

—Un ruido como ese solo puede significar una cosa —anunció un anciano—: dragones.

 

Pese a lo alarmante que aquello podría sonar, la comunidad élfica simplemente continuó con su rutina nocturna, porque no debían involucrarse en nada de lo que ocurriese fuera de su bosque. Aun así, Hinata no se sintió tranquila, especialmente cuando en algún momento, una inmensa criatura sobrevoló su aldea y cayó a varios kilómetros con estrepitosa fuerza.

 

—Dejemos que la naturaleza siga su curso, únicamente podemos intervenir si esa criatura representa un peligro para nosotros.

 

Las palabras del anciano debían ser su guía, ellos eran los más sabios y por sus enseñanzas era que su gente había vivido tanto tiempo. Si quería ser una gran líder algún día, entonces debía escucharlos, aunque una gran curiosidad y necesidad de dirigirse al lugar del impacto le tentaran con fuerza.

…

 

Contra toda sugerencia, Hinata se había levantado antes del atardecer. Los elfos lunares eran de hábitos nocturnos, así que la mayoría despertaba con la puesta del sol. Ella procuró hacerlo mucho antes, cuando el sol todavía se encontraba presente y el cielo seguía de un tono azulado.

 

 Haciendo uso de la habilidad natural de sus ojos que le permitía ver a varios kilómetros de distancia, buscó a la criatura que se estrelló en el bosque la noche anterior y se aventuró a aquella zona, intrigada por presenciar a una bestia como esa de cerca y saber qué le había hecho caer de esa manera.

 

Finalmente llegó a una zona más abierta, no había tantos árboles y se elevaba una pequeña colina. Había un inmenso cráter en lo que solía ser un pequeño prado de flores, sin embargo, no había rastro de la criatura. Le pareció extraño, algo tan grande como lo que vio en el cielo debió dejar algún rastro de destrucción si se alejaba del lugar del impacto.

 

 Todo lo que pudo encontrar fue un camino de sangre que se hacía más pequeño en comparación con los restos del cráter. Lo siguió hasta la colina, misma en la que se elevaba un gran y antiguo árbol, la sombra que daba era muy amplia y fresca. Fue junto al tronco que el rastro de sangre acabó, pero en lugar de una inmensa bestia, encontró a un muchacho inconsciente, con un raro atuendo hecho de escamas negras, cuero y pieles.

 

Se veía muy lastimado y aunque no estuviera consciente, tenía una expresión de dolor en su rostro. Hinata mordió su dedo, las palabras de los ancianos resonaban en su mente, que debía abstenerse y dejar que la naturaleza siguiera su curso. Sin embargo, su noble corazón le impedía irse y dejar al agonizante ser a merced de la muerte.

…

 

Abrió sus ojos pesadamente, le sorprendía poder hacerlo, había jurado que sucumbiría a la muerte tras arrastrarse débilmente hacia el tronco de aquel inmenso árbol. Sus ojos recorrieron lentamente el entorno. Las hojas del antiguo árbol susurraban con el viento y una luz suave se filtraba entre las ramas, pero lo que más lo desconcertó fue la figura que estaba frente a él.

 

Una mujer de largos cabellos oscuros, sus ojos de un suave tono lavanda, lo observaba con una mezcla de preocupación y curiosidad. Sus orejas largas y puntiagudas le hicieron saber de inmediato que se trataba de una elfa. Intentó moverse, pero un dolor agudo recorrió su cuerpo, recordándole la gravedad de sus heridas. "Estoy vivo" pensó sorprendido. Apenas podía creerlo, sin embargo, cuando intentó hablar, solo salió un leve gemido de sus labios.

 

Hinata, quien hasta ese momento había estado inmóvil, se acercó con cautela. Había usado su magia para curar lo peor de sus heridas, otra parte lo hizo con plantas medicinales. Sabía que la criatura frente a ella no era común, el poder y aura que emanaba, pese a estar debilitado, no se comparaba con el de ninguna otra.

 

—No deberías moverte —le dijo, su voz suave, aunque firme—. Tus heridas son graves. He hecho lo que pude para estabilizarte, pero necesitarás más tiempo para recuperarte. Llevas muchos días dormido.

 

Él cerró los ojos por un momento, tratando de procesar lo que estaba ocurriendo. Era evidente que esta elfa había decidido ayudarlo, ignorando el peligro que podría representar para ella de alguna manera.

 

—Gracias… —susurró con esfuerzo, su voz ronca y débil—No deberías haberlo hecho.

 

Ella lo miró sorprendida, no esperaba una respuesta tan inmediata. Aun así, mantuvo su compostura.

 

—¿Por qué dices eso? —preguntó, sentándose a su lado para examinar sus heridas con más cuidado—Todos merecen una oportunidad de vivir, si estaba en mis manos ayudarte, entonces no podía permitirme dejarte morir.

—No soy como los demás… —murmuró, luchando contra el peso de su cuerpo adolorido—. Soy un dragón. Un cambia formas. Mi existencia trae peligro a donde voy.

—Sé bien lo que eres y no creo que seas peligroso —dijo, presionando su mano contra su pecho para que se recostara de vuelta—, lo que necesitas es descansar y recuperarte.

 

Él obedeció finalmente, extrañado de que ella no sintiera miedo. Todas las criaturas le temían y por ello solo podía vivir entre los suyos -aunque ahora podía considerarse desterrado de su grupo-.

 

—¿Me dirás tu nombre al menos? —preguntó tras un breve silencio, notando como ella acomodaba algunas hojas peculiares en algunas de sus heridas aun expuestas.

—Hinata —respondió—¿Cuál es el tuyo?

—Shisui.

…

 

Hinata siguió yendo día tras día a cambiar sus vendajes y aplicar más de aquellas medicinas hechas a base de plantas. Ella parecía tener muchos conocimientos de ese tipo, lo que no le extrañaba dada su naturaleza élfica. También aplicaba su magia en él, tratando de restaurar así las zonas más dañadas de su cuerpo.

 

Era bastante gentil y amable a pesar de lo callada que solía ser, si él no iniciaba la conversación, entonces ella no decía mucho más allá de preguntar como se sentía. Shisui no podía evitar mirarla con atención, había escuchado que los elfos eran criaturas de gran belleza, no obstante, apenas podía comprobar que tan cierto era aquello y era una gran verdad a sus ojos, al menos ella se lo parecía.

 

Con el paso de los días, Shisui empezó a esperar esos momentos en los que Hinata aparecía silenciosa y serena junto a él, trayendo consigo el aroma de las hierbas frescas y el ligero resplandor de su magia. A pesar de su naturaleza reservada, algo en su presencia le resultaba reconfortante. Cuando ella se arrodillaba junto a él para revisar sus heridas, su toque era tan delicado que casi olvidaba el dolor y la carga que lo atormentaba.

 

—Tus heridas están sanando bien —le dijo una tarde mientras cambiaba el vendaje en su brazo—. Pronto podrás moverte con más libertad.

 

Shisui asintió sin apartar la mirada de su rostro. Los rayos del sol se filtraban entre las hojas, iluminando sus ojos lavanda y la calma en sus gestos. Era curioso pensar que una situación tan terrible le había llevado a conocer a un ser que le parecía tan gentil y dulce, no se creía merecedor de su atención, no cuando ni siquiera daba una explicación de como llegó allí para empezar, claro que ella tampoco se la había exigido.

 

—Aun pienso que debiste dejarme morir aquí, habría sido lo mejor —soltó ladeando un poco la mirada. Ella frunció sus labios en un gesto algo adorable.

—Los ancianos lo dijeron, que debía dejar la naturaleza seguir su curso —suspiró, ya algunas personas estaban al tanto de lo que hacía y no les agradaba la idea, sin embargo, tampoco hicieron nada por detenerla más allá de sermones—¿Qué harás cuando termines de recuperarte? ¿Volverás a tu colonia?

—Técnicamente estoy desterrado, vine aquí a morir.

—Lo siento…

—No te disculpes, es solo que alguien peligroso tiene el mando de mi colonia y por querer oponerme acabé así. Desafiar a un dragón alfa es algo que se paga con la vida si no ganas.

—Las leyes de los dragones son muy duras.

—Apuesto que las de tu clan son para protegerlos de peligros como yo ¿Por qué decidiste romperlas por ayudarme?

 

Hinata hizo una pausa, pero no pareció sorprendida por la pregunta. En lugar de responder de inmediato, se quedó en silencio mientras aplicaba una pomada fresca sobre sus heridas, dejando que la calma entre ellos llenara el espacio.

 

—He visto tu dolor —continuó ella, su voz suave pero segura— y nadie debería ser abandonado a morir en soledad. Aunque otros no lo entiendan, no puedo dejar que alguien que necesita ayuda sea olvidado. Creo que he aprendido a escucharte, aunque no digas nada.

 

Shisui guardó silencio, impresionado de sus palabras. Dentro de su colonia no era común ese tipo de gentileza o amabilidad, prevalecía la ley del mas fuerte y todos eran subyugados ante ella. Quiso rebelarse por el bien de su familia más cercana, aquellos que eran como sus hermanos menores, dragones más jóvenes que no debían involucrarse en guerras contra otras colonias y eso le costó casi morir en aquel bosque.

 

—Debe ser difícil para ti entender mis motivos —dijo ella finalmente, sin apartar la vista de la herida que estaba tratando—. Los dragones viven bajo reglas muy distintas a las de los elfos, y aunque nuestras leyes también pueden ser estrictas, creo que cada vida tiene valor.

 

Shisui exhaló un suspiro cargado y en su mirada apareció una sombra de tristeza.

 

—En mi colonia, la única vida que importa es la de mi tío Madara, el alfa, y aquellos que se someten a él —respondió en voz baja—. Quise desafiar a mi tío, proteger a los más jóvenes, porque vi que el rumbo que está tomando mi colonia los llevará a todos a la destrucción. No pude quedarme callado.

 

Hinata lo miró, sus ojos reflejando un entendimiento profundo.

 

—Y por eso estás aquí ahora —murmuró ella—, porque tu corazón no pudo ignorar el sufrimiento de los tuyos.

 

Shisui asintió, sorprendido por la claridad con la que ella entendía sus motivos, como si pudiera ver a través de él sin esfuerzo. Esa conexión invisible entre ellos lo desconcertaba, pero al mismo tiempo lo hacía sentirse menos solo.

 

—La fuerza que se necesita para oponerse a algo tan poderoso es un tipo de valentía que respeto profundamente —dijo ella, sonriendo con una ternura que iluminaba el ambiente—. Tal vez, al final, nuestras decisiones no son tan diferentes.

 

Shisui la observó por un instante más largo de lo que pretendía. Nunca hubiera pensado que una elfa podría compartir algo en común con un dragón exiliado como él. Y en ese momento no pudo evitar pensar que le encantaría quedarse a su lado más tiempo, alargar esa conversación, la estancia a su lado. Sin embargo, su orgullo como dragón le recordaba constantemente que debía recuperarse para enfrentarse al alfa nuevamente, si había sobrevivido, entonces aún tenía la oportunidad de intentarlo otra vez, por Itachi y Sasuke.

 

—¿Y qué pasa contigo, Hinata? —preguntó finalmente con voz suave—. Has estado cuidándome cada día ¿No tienes miedo de que tu clan te dé la espalda? Estás rompiendo las reglas por mí.

 

Ella se detuvo, sus manos aún sobre la venda recién colocada. Cerró los ojos un momento, como si estuviera eligiendo cuidadosamente sus palabras.

 

—Temo perder el respeto de los ancianos —confesó bajando la mirada—. Y sé que esto podría traerme problemas, pero creo que hay un equilibrio entre seguir las reglas y hacer lo que es correcto. Tal vez por ayudarte pueda aprender algo que mi gente no puede ver desde su visión rígida y cuando sea la líder pueda cambiar las reglas, hacerlas más flexibles.

 

Él sonrió de forma bastante genuina.

 

—Eres tan maravillosa —soltó sin pensarlo, acercando su mano para acariciarle con sutileza.

 

Ella se quedó inmóvil ante su tacto, se sintió tan gentil y suave pese a sus callosas manos. Miró aquellos rojos ojos que expresaban admiración y afecto hacia ella. Sintió sus mejillas calentarse considerable mas no se apartó, disfrutando de su toque. Shisui notó el leve rubor en sus mejillas y algo en su pecho se agitó, como un fuego que había permanecido latente hasta ese momento.

 

Sus dedos rozaban suavemente la piel de Hinata, notando la calidez que emanaba de ella. Sus miradas se encontraron y, por un instante, el mundo alrededor pareció desvanecerse; solo quedaban ellos dos, atrapados en la magia de aquel momento compartido bajo el árbol.

 

Él se inclinó, acercándose lentamente, dándole la oportunidad de apartarse si así lo deseaba. Pero Hinata no lo hizo, al contrario, cerró los ojos con un leve temblor, permitiendo que el suave roce de su respiración calentara el espacio entre ellos. Shisui llevó su otra mano a su mejilla, acariciándola con una delicadeza inesperada para alguien que había pasado su vida en combate. Lentamente, acortó la distancia y presionó sus labios contra los de ella en un beso suave y lleno de ternura.

 

El beso fue pausado, como si ambos quisieran prolongar aquel instante en el que se entendían sin necesidad de palabras. Shisui sintió la calidez de Hinata envolviéndolo y sus labios se movieron juntos con una sincronía casi natural, como si hubieran sido destinados a encontrarse desde el inicio de los tiempos. Hinata respondió, su propia inseguridad derritiéndose bajo la firmeza suave de aquel contacto.

 

—Me alegra tanto haberte conocido, Hinata. —susurró sin apartarse de un todo de sus labios.

—A mí también me alegra haberte conocido, Shisui.

…

 

Cuando Shisui terminó de recuperarse, la elfa pudo finalmente verlo en su forma de dragón. Inmenso, de color negro y ojos brillantes. Era una bestia magnifica. Acarició su escamosa cabeza y admiró sus grandes alas. A sus ojos él era magnífico, hermoso en todo aspecto, le costaba creer que fuera de las criaturas más temidas de su mundo.

 

 Aun así, volver a volar le tomó unos días más de recuperación, tiempo que siguieron compartiendo juntos. Deseaban aprovecharlo tanto como fuera posible, porque sabían que Shisui debía marcharse, aunque no lo quisiera, si su tío se enteraba que seguía con vida, entonces arrasaría con el bosque y no deseaba eso.

 

—Voy a extrañarte mucho, ten cuidado, promete que volverás.

—Claro que volveré y protegeré este lugar, no te angusties —le acarició el rostro con aquella dulzura que desarrolló solo para ella—¿Sabes? Los dragones somos monógamos, significa que solo tenemos una pareja a lo largo de nuestras vidas y yo te escogí a ti, así que claramente volveré para estar contigo.

 

Las palabras de Shisui la dejaron sin aliento y un profundo sentimiento de calidez y emoción la envolvió. Hinata nunca había imaginado que un vínculo tan poderoso pudiera formarse entre ellos, especialmente siendo de mundos tan distintos. Y mientras él acariciaba su rostro, sus dedos rozando su piel con una ternura que desmentía su naturaleza salvaje, ella supo que su corazón también le pertenecía.

 

—Entonces esperaré por ti —susurró, con los ojos llenos de una mezcla de esperanza y nostalgia—. Siempre estaré aquí, en este lugar, donde nos conocimos.

 

Él le sonrió, dándole un último beso antes de tomar su forma de dragón. Shisui inclinó su enorme cabeza, permitiendo que Hinata se acercara y le diera un último abrazo, uno que a ambos les costó soltar. Ella enterró sus manos en las escamas negras, sintiendo la calidez que emanaba de él, esa energía poderosa que la hacía sentir segura incluso en ese momento de despedida. Shisui le devolvió el gesto, acomodando suavemente su enorme hocico sobre sus hombros, cerrando los ojos y grabando ese instante en su memoria.

 

Con un último vistazo lleno de promesas, Shisui extendió sus poderosas alas, desplegándolas en todo su esplendor. El viento sopló alrededor, levantando hojas y polvo en una danza caótica mientras él batía las alas y despegaba. Hinata lo observó ascender, su figura recortada contra el cielo, majestuosa y libre, hasta que se convirtió en un punto negro en el horizonte.

 

A pesar de la tristeza que la embargaba, una sonrisa cruzó el rostro de Hinata. Sabía que este no era el final, sino un nuevo comienzo. Su corazón latía con fuerza, guardando las palabras de Shisui como un juramento compartido.

 

Pasaron días, luego semanas, y aunque el bosque permanecía en calma, Hinata sentía la falta de su presencia en cada rincón. No obstante, en sus meditaciones, cuando cerraba los ojos, a veces sentía el susurro de sus alas en el viento y el eco de sus palabras: “Volveré por ti.”

 

Y así, con paciencia y esperanza, Hinata aguardó el día en que, bajo la sombra de aquel mismo árbol, el dragón negro que le había entregado su corazón, volvería a su lado.

FIN

Notes:

Hace tiempo que quería dedicarle algo a este ship y apenas tuve la oportunidad, por alguna razón me gusta mucho. Esto es parte de un reto de escritura que hago, pero las historias no están relacionadas entre sí. Extrañaba escribir de Naruto jaja. Espero que les haya gustado, nos leemos muy pronto.

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