Work Text:
Ochako era actualmente lo más lindo de su vida y vaya que le encantaban las cosas lindas. Ella era muy especial, le hacía feliz cuando todo parecía en contra pues nunca le consideró un fenómeno y no repetía esa tontería de “una vida normal” a cada rato como lo hacían sus odiosos padres.
Conocía a Ochako desde que eran pequeñas, siempre estuvo a su lado como una gran amiga, aceptándola tal y como era. Eventualmente se hicieron pareja y era muy feliz a su lado, la chica más linda que conocía le amaba tanto como ella lo hacía. Haría cualquier cosa por su adorada Ochako, por mantenerla a salvo.
Por eso, cuando aquellos matones aparecieron a amenazar a su familia por temas de dinero de su pequeña empresa constructora, ver como la calma de Ochako y su familia se esfumaba, le produjo muchas sensaciones desagradables, no era justo para ninguno de ellos. Los señores Uraraka le brindaron apoyo y un hogar temporal cuando sus propios padres le echaron de la casa por ser “demasiado extraña”, incluso cuando no eran las personas más adineradas.
No soportaba verlos ser atormentados por eso jodidos cobradores ¿Qué se creían molestando de esa manera a la familia de su amada Ochako? No les perdonaría nunca todo el estrés y angustia que les estaban haciendo pasar.
Deseaba que ellos estuvieran en paz y decidió darles esa paz ella misma.
…
Conoció a Jin un tiempo después de vivir con la familia Uraraka. Él era como el hermano mayor que siempre deseó, incluso a pesar de sus problemas mentales, la acogió como una hermana pequeña con mucho cariño y juntos empezaron a tener una vida más tranquila. Vivir con él les hizo un bien a ambos.
Adoraba tanto a Jin y él la adoraba, la apoyaba sin juzgarla de ninguna manera. Claro que para personas como ellos era difícil mantener un trabajo estable. Himiko nunca ni quiso aspirar a algo después de la preparatoria, quería encontrar su propio camino y dudaba que la sociedad como tal le brindara alguna clase de oportunidad en estudios superiores. Ya no podía seguir usando la máscara de “normalidad” que portaba en la escuela.
Gracias a Jin conoció a los demás. Todos parecían rechazados por la sociedad de una u otra forma y estaban dispuestos a hacer lo que no cualquiera haría. Por trabajar con ellos ganaba dinero, el necesario para comprarse las cosas que le gustaban y hacerle lindos regalos a Ochako.
En el bajo mundo se conocía bien a la mafia de All For One. Incluso si nadie nunca había visto su rostro, era un hombre muy temido y nadie se metía en sus negocios de tráfico de armas. Bueno, había alguien que conocía su identidad y ese era Tomura. A través de él recibían ordenes directas de All For One para acabar con individuos que se interponían en sus asuntos.
Siempre cumplían muy bien con sus trabajos, lo que ayudaba mucho a mantener la reputación de su temible y misterioso jefe. A Himiko no le importaba conocerlo, cumplía con lo que se le ordenaba y mientras no se metieran con su vida privada, estaba bien.
Los miembros de mafias o pandillas no solían hacer otros trabajos a menos que fuese por dinero, pero la relación con ellos había crecido en un peculiar tipo de amistad. Podían hacerse favores cada tanto y ella necesitaba un favor. Así como golpearon a muerte a los que se burlaron de Magne por no reconocerla como mujer, ahora ellos iban a encargarse de esos miserables que atormentaban a su adorada Ochako y padres.
La noche de la emboscada fue tan calculada como sus trabajos oficiales. Todo tenía que salir perfecto. Jin, Tomura y Dabi se unieron a ella en aquella oscura calle donde los cobradores solían esperar para intimidar a los deudores. Los coches estaban estacionados de forma que no había vía de escape posible. Atsuhiro se había asegurado de que todos llegaran a donde quería y de impedir que la policía o terceros intervinieran.
—¿Estás segura de esto? —preguntó Jin mientras ajustaba sus guantes. Había una pizca de preocupación en su voz, pero también una confianza ciega en su elección.
—Más segura que nunca —respondió ella con seguridad. No soportaba ver la expresión triste en la cara de su linda Ochako cada que esos bastardos iban a exigirle a sus padres pagos desmedidos que no tenían, que no debían.
—¿Qué pasaría si tu noviecita se entera de lo que haces? —cuestionó Dabi con aquel tono burlesco que siempre usaba.
—Ella no va a enterarse —respondió con simpleza.
—Exacto y nadie se lo dirá ¡Yo se lo diré! —exclamó Jin con su brusco cambio de personalidad.
—Ya llegaron, comencemos con esto para que nos vayamos pronto —ordenó Tomura.
La sangre manchó el pavimento mientras los gritos de los matones se ahogaban en la noche. Cada golpe, cada herida infligida, era un recordatorio de que no se juega con los sentimientos ni con la seguridad de los que uno ama.
—Esto es por mi linda Ochako y su familia —dijo antes de clavar su cuchillo en la garganta de uno de esos sujetos, dejándole morir desangrado.
La paz había sido restaurada. Al menos por ahora.
…
La familia Uraraka parecía perpleja por la desaparición de aquellos bribones, aunque también mucho más tranquilos. Procuraban continuar con su negocio, esperando que sin la presencia de aquellos estafadores que exigían intereses ridículos, este pudiera crecer y las ganancias fueran mucho mayores para poder seguir cubriendo la universidad de su hija.
Himiko estaba satisfecha con su trabajo, mancharse las manos de sangre no le importaba en lo absoluto, especialmente para proteger lo que era importante para ella.
—Auch, tonto papel —un quejido de su novia le sacó de sus pensamientos, notando el corte que se había hecho en su mano al sacar una hoja de su impresora.
—Debes tener más cuidado, Ochako-chan —dijo, tomando su mano para ver el pequeño corte que empezaba a sangrar—, tienes dedos muy delicados si te cortas tan fácil.
—Lo sé, cortarse con papel es lo peor, en serio duele —lloriqueó de forma algo dramática.
Toga rió antes de llevarse su dedo a la boca, succionando la poca sangre que salía de este. La castaña se ruborizó ligeramente, aunque solo sonrió dejándose hacer. Al terminar, Himiko le colocó una bandita y dio un beso a su dedo afectuosamente.
Ambas se recostaron en la cama de Ochako, la rubia abrazándole contra si cariñosamente, sintiendo el rico olor a rosas de su champú. Hasta su aroma era tan lindo, estar a su lado le hacía tan feliz, no había nada que deseara más que estar a juntas y protegerla de todo lo que pudiera dañarla.
—Te amo tanto Ochako-chan —murmuró cerrando sus ojos, aquella amplia sonrisa fija en su rostro
—Yo también a ti, Himiko —respondió, acurrucándose en ella.
La pregunta de Dabi rondó su cabeza por un instante ¿Ochako dejaría de amarla si se enteraba de lo que hacía? A diferencia de ella, no podía aspirar a entrar a la universidad por mucho que se esforzara, no había nada que le ofreciera, en general el mundo no le ofrecía mucho porque no todos eran como su dulce Ochako.
Trabajar para Tomura al menos le daba una oportunidad de ser ella misma, de tener dinero, de estar con personas que le agradaban. A veces quería tener algo más, pero fuera de Ochako, el mundo común no estaba hecho para ella ni ella estaba hecha para el mundo común.
Su teléfono sonó y tuvo que revisar el mensaje a regañadientes. Era Dabi. Tal vez los había invocado mentalmente.
—Tengo trabajo…
—Quisiera que me hablaras más de tu trabajo, entender más de lo que haces.
—Es muy aburrido, pero al menos Jin está conmigo —respondió, evasiva como siempre que preguntaba—, ya te lo dije, solo entrego recados y paquetes, soy una mensajera, es aburridísimo.
—¿Y no quieres un mejor trabajo? Seguro mis papás no tendrán problemas en ofrecerte algo que puedas hacer en el negocio.
—No te preocupes por eso, no me sentiría cómoda aceptando algo a tus papás, aunque lo agradezco —se separó un poco para sujetarle el rostro cariñosamente—. Estoy bien con este trabajo, me da suficiente dinero y nadie me molesta por como soy.
Le dio un beso en los labios, buscando de esa manera ya dar por cerrado el tema. Ciertamente lo que hacía no podía considerarse bueno, pero que más daba, si lo pensaba, al eliminar personas malas aseguraba un poco que su querida Ochako no corriera tantos peligros.
Estaba dispuesta a hacer lo que sea por garantizar su seguridad y felicidad, incluso si eso implicaba mancharse las manos de sangre ¿Y que importaba? A fin de cuentas, la sangre le gustaba mucho.
FIN
