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Entre cambios y constantes

Summary:

Zoro nunca fue fanático de los cambios, pero la vida no dejó de ponérselos en el camino. Desde descubrir su verdadera casta hasta elegir su futuro, cada etapa lo obligó a adaptarse. A lo largo de los años, entre entrenamientos, amistades y decisiones difíciles, hubo algo que siempre permaneció constante: Trafalgar Law. Y aunque ambos tomaron caminos distintos, siempre encontraron la manera de volver el uno al otro.

Notes:

Historia 5: Ship M/M
Fandom: One piece
Universo: Alterno / ABO
Ship: Roronoa Zoro / Trafalgar Law
Aclaraciones y /o advertencias: Dinámicas omegaverse, cambios en las edades, referencia a los omegas como madre, slow burn
Temáticas usadas para el Lovers Letter: Amistad, amor juvenil, amor no correspondido (inicialmente), eventual romance

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: One

Chapter Text

Los cambios empezaron cuando se mudó a una ciudad más grande y tuvo que empezar en una nueva escuela. Para cualquier niño de diez años eso no tendría que ser tan complicado, socializar y adaptarse a un nuevo ambiente seguía siendo parte de sus capacidades naturales a determinada edad.

 

Sin embargo, Zoro nunca fue precisamente como el resto de los niños, muy probablemente por los rasgos autistas que heredó de su madre. No que estos le bloquearan totalmente, pero si dificultaban a veces las interacciones con otros o la expresión típica de sus emociones. Como iba a extrañar a Kuina, su mejor y única amiga de su vieja escuela, todo era más fácil estando con ella.

 

—¿Seguro que no quieres que te acompañe hasta tu salón? —la voz de Mihawk le sacó de sus pensamientos. Levantó la cabeza y vio sus poco expresivos ojos dorados por el retrovisor del auto.

—No, puedo ir yo solo —respondió con simpleza, tomando su mochila para bajar del auto—. Te veo más tarde.

—Vendré por ti a la salida.

 

Su relación con su progenitor era peculiar, parecía distante e indiferente a comparación de cómo eran otros omegas con sus cachorros. No le molestaba en particular tampoco, lo apreciaba tal como era.

 

Miró la entrada llena de niños uniformados ingresando en pequeños grupos. Algunos se despedían de sus padres y luego avanzaban a encontrarse con sus amigos. Se jaló la corbata en un gesto ansioso, no quería sentirse abrumado tampoco.

 

—Zoro —la voz de su madre le sacó de su ensimismamiento. Le sorprendió verlo junto a él y más aún que se agachara y le abrazara, cubriéndole con su aroma a uvas y sándalo, lo cual le transmitió un poco más de tranquilidad—. Ten un buen día, ranita.

—Gracias, mamá.

 

Mihawk le acomodó algunos de sus mechones verdes antes de apartarse para regresar al auto. La relación con él era compleja, pero no era mala. Tenía vagos recuerdos de cuando su familia estaba plenamente bien, pocos pues conforme seguía creciendo estos se iban desvaneciendo de su mente.

 

Todo venía a raíz de la muerte de su padre, la cual se dio por un accidente cuando tenía solo seis años. Tal perdida sumió al omega en una depresión muy fuerte, tanto como para que no fuese emocionalmente capaz de cuidarle a él ni a su media hermana. Por tal razón, ella pasó a vivir con su padre biológico y él quedó al cuidado de sus abuelos paternos.

 

Fueron tres años de distanciamiento con Mihawk, tres años que marcaron su infancia de una manera que apenas comenzaba a entender. Aunque ahora ya tenían un año viviendo juntos de nuevo, las cosas estaban tomando su tiempo en ser las mismas, sin embargo, su hermana seguiría viviendo con su padre. Mihawk había regresado a él con la misma expresión tranquila y distante que siempre lo había caracterizado, pero también con un aire de fragilidad que Zoro, incluso a su corta edad, podía percibir.

 

Claro que no era que su madre no lo quisiera, porque eso estaba lejos de la verdad. Zoro podía sentirlo en pequeños gestos: cómo preparaba su comida favorita, como sacaba el tiempo necesario para que practicaran kendo juntos o cómo le cubría con su aroma cuando notaba que se sentía nervioso y le llamaba con apodos cariñosos, como aquella mañana. Gracias a eso, había decidido llamarlo “mamá” otra vez en lugar de por su nombre.

 

Apretó la correa de su mochila y avanzó hacia la entrada. El pasillo principal era inmenso y la mayoría se distribuía hacia las zonas de casilleros o los pisos superiores. Había estudiantes de todas las edades, después de todo esa escuela contaba con niveles de primaria, secundaria y preparatoria. Quizás por eso Mihawk le había inscrito allí, para no tener que hacerle pasar por más cambios en el futuro.

 

Miró la nota que le había hecho con la información de su casillero y salón de clases, la cual le dieron el día de su registro. Hizo una mueca ¿Salón 205? No tenía idea de donde quedaba eso, las puertas en la planta inferior solo tenían números que empezaban por 1 o eran laboratorios. La campana sonó y antes de que pudiera enterarse, los pasillos empezaron a vaciarse y seguía sin encontrar su salón.

 

—¿Estás perdido?

 

Alguien le preguntó, aunque no supo que responder, no quería decir que sí.

 

—Oh eres el nuevo vecino, así que también estás en esta escuela.

 

No sabía su nombre en ese momento, pero conoció a Trafalgar Law al mudarse a su nuevo departamento, pues su familia vivía en el mismo piso y sus padres les dieron la bienvenida al poco de terminar su mudanza. Era un niño dos años mayor, aunque no lo parecía, incluso tenían la misma estatura; de piel morena, cabello negro y ojos grises. Tenía su uniforme pulcramente arreglado, aunque usaba un gorro que no era parte de este y quizás fue lo que más llamó su atención en ese momento.

 

Fue una cuestión de segundos, pero una sensación extraña se albergó en su estómago al verlo a los ojos ¿Gases tal vez? No tenía idea y tampoco le gustaba en lo absoluto. Además, un tenue olor a té negro le provocó picor en nariz. Conocía ese olor porque su madre siempre tomaba té en las mañanas ¿Habría alguien bebiendo en la cercanía?

 

—No lo estoy —negó orgullosamente.

—A mí me parece que sí —insistió, quitándole el papel de la mano para mirar su contenido—. Tu salón está en el segundo piso —dijo, notando como había desviado la mirada.

—Bien —murmuró de mala ganas antes de seguir avanzando por el pasillo.

—Las escaleras no están por ahí.

 

Zoro sintió sus orejas calentarse por la vergüenza, sin embargo, solo se detuvo en su lugar, encogiéndose un poco en sus hombros. El otro niño se acercó y le tomó de la mano para guiarle en otra dirección hasta las dichosas escaleras, gesto que le hizo ruborizar todavía más. Subieron juntos y luego le dejó frente a la puerta con el número 205.

 

—Este es tu salón, deberías pedir ayuda si no conoces el lugar, es normal si eres nuevo aquí.

—Estoy bien —gruñó aun con orgullo, aunque sí agradecía que le hubiese traído y sabía que era de mala educación no decirlo—. Gracias…

—Tu apellido es Dracule ¿Cierto? Lo escuché de mis padres.

—No, es Roronoa, ese es el apellido de mi mamá.

—Ya veo, bueno soy Trafalgar Law, si necesitas ayuda con algo más puedes decirme, mis padres siempre dicen que sea agradable con los vecinos. —se encogió un poco de hombros al decir eso—¿Y cuál es tu nombre?

—Trafalgar —la voz de otro niño más alto impidió que le respondiera—¿Qué haces? Llegarás tarde a clases.

—Ya voy, ayudaba a un niño nuevo —respondió secamente—. Bueno, nos vemos después Roronoa-ya.

—Zoro —se apresuró a decir—, mi nombre es Zoro.

—Oh, entonces nos vemos después, Zoro-ya.

 

Dicho eso, se alejó junto al otro niño que eventualmente supo su nombre era Drake, y al igual que Trafalgar, iba dos años arriba que él, ya en el último año de primaria. Zoro se sintió algo más relajado por alguna razón, al menos su nuevo vecino no parecía alguien molesto.

…

 

Habría creído que una nueva escuela sería complicada, difícil de manejar o adaptarse, pero la realidad fue sorprendentemente distinta. En primera instancia gracias a un niño que no se le despegó desde el primer momento por mucho que trató de apartarlo. Luffy era como una garrapata molesta, o al menos fue la primera impresión que tuvo de él. Quien diría que se convertiría en su mejor amigo.

 

Si logró tener más amigos eventualmente fue por a él, porque atraía a todos con una energía muy peculiar. Gracias a Luffy conoció a Usopp, Nami, Vivi y Chopper, que pese a ser un año menor a ellos era parte de su grupo. También conoció a Sanji, quien no le agradaba demasiado, pero ahí estaba y muchas veces iban al restaurante de su padre con la excusa de estudiar -solo terminaban comiendo por caprichos de Luffy-.

 

Se sentía bien con ellos, se volvieron sus amigos eventualmente, pero con ninguno de ellos sentía la peculiar picazón en la nariz que le daba cada que se cruzaba con Trafalgar Law en los pasillos del edificio o la escuela, o en el club de kendo al que ambos asistían. No obstante, ignoraba eso y se llevaba bien con el niño mayor, tanto como para que a veces regresaran juntos a casa.

 

Entrenar juntos kendo le gustaba, le recordaba un poco cuando lo hacía con Kuina; incluso le había hablado de él en sus conversaciones por correo y lo bueno que era. Podría decirse que también se hicieron amigos, pese a que se hablaban más en el club o el edificio que la escuela en general, allí era más probable que iniciaran conversaciones solo porque Luffy era demasiado sociable con gente de todos los grados.

 

Se suponía que el único aroma que podía detectar era el de su madre, y su padre anteriormente, como tal no debería poder oler nada más, así que llegó a la conclusión de que ese aroma a té debía provenir de otro lugar.

…

 

Poco después de cumplir once años, Mihawk le llevó a una consulta médica bastante peculiar. Era distinta de las otras pues le harían un examen para determinar su casta. Dada la naturaleza de sus genitales externos, las posibilidades estaban entre ser un beta o un alfa.

 

El consultorio tenía un ligero aroma a desinfectante y hierbas, una mezcla que no le desagradaba, pero tampoco le resultaba del todo cómoda. Sentado en la camilla, observó cómo el médico con peinado de piña revisaba los resultados con expresión neutral antes de mirar al omega.

 

—El test de sangre y los distintos exámenes que le hicimos a Zoro nos dan una confirmación del 98.99% que es un alfa —explicó el doctor—¿Su padre lo era?

—Sí —respondió Mihawk—, su padre era un alfa, también su abuelo.

—En ese caso si era muy alta la probabilidad.

 

Zoro parpadeó, sin sentir ninguna diferencia en su cuerpo ni en su mente. Alfa. Esa palabra no significaba mucho para él en ese momento.

 

—Aún eres joven, pero en los próximos años empezarás a notar ciertos cambios en tu percepción sensorial y emocional —continuó el doctor, acomodando un poco sus lentes en lo que volvía su atención al omega—. No será inmediato, pero su sentido del olfato se agudizará. Comenzará a detectar feromonas fuera del círculo familiar y, eventualmente, podría desarrollar una reacción a ciertas personas con quienes tenga o no compatibilidad.

 

El comentario le causó un leve escalofrío. No debería poder oler nada más que a su madre aun, pero sí olía algo más.

 

El aroma a té, tan molesto como persistente, regresó a su mente. Era una de esas cosas que intentaba ignorar, pero cada vez que se cruzaba con Law en el club de kendo o en los pasillos de la escuela y el edificio, ahí estaba. Apretó un poco sus labios, ignorando la conversación entre el hombre rubio y su progenitor, era incómodo en muchos sentidos ¿Entonces ese era el olor de Law? ¿Por qué de todas las personas que conocía era al único que percibía?

…

 

—¿Te sientes bien? ¿No quieres entrenar hoy? —la voz de Trafalgar le sacó de sus pensamientos. Estaban descansando durante su entrenamiento en el club, había tenido un combate de practica con otro niño de su grado y, pese a haberle ganado, no estaba muy concentrado como usualmente.

—No es eso, solo estaba pensando —respondió—. Torao… —le llamó, usando el apodo que Luffy prácticamente les contagió a todos—¿Tú ya sabes a que casta perteneces?

 

La pregunta dejó perplejo al mayor, incluso se ruborizó ligeramente. Pasó una mano por sus cabellos, rascándolo ligeramente. La respuesta era simple, aunque el tema demasiado incómodo para hablarlo en el dojo de kendo. Siendo sus padres médicos, había sido muy sencillo saberlo desde hacía tiempo.

 

—¿A qué viene eso tan de repente, Zoro-ya? —decidió desviar un poco la respuesta.

—Solo me preguntaba si las cosas cambian cuando lo sabes —dijo, enfocando su mirada en su espada de madera. Law suspiró, seguía pensando que no era el lugar para ello.

—Sí, las cosas cambian —respondió apartando la mirada—, pero solo cambiarán tanto como tú quieras que cambien. Quiero decir, habrá algunas que serán nuevas o tal vez no las habrá, sea como sea, aprendes a vivir con eso, al final solo importa quién eres por ti mismo, no debes pensar en eso más allá de un simple cambio biológico, es parte de crecer.

 

Tal vez le estaba dando demasiadas vueltas a algo que no era tan importante. Se había preocupado de más cuando todo lo que pasaba solo era otro proceso, parte de crecer, seguro pronto empezaría a percibir a los demás como dijo el doctor Newgate. No necesitaba angustiarse tanto, ya no le daría más vueltas.

 

—¿Te vas conmigo cuando salgamos o irás a jugar con sombrero de paja? —decidió cambiar el tema de un todo.

—Debo ir a casa, mi hermana llegará hoy de visita y mamá quiere que estemos ahí.

—Cierto, tienes una hermana mayor, en ese caso nos iremos directo a casa.

 

Roronoa asintió antes de volver su atención al combate que se daba frente a ellos. No le daría más vueltas a nada, no había nada extraño con Law, solo era él creciendo y eso estaba bien. Ellos ahora eran amigos y eso también estaba bien. No habría más cambios innecesarios en su vida.

Al terminar su entrenamiento, tomaron una ducha en los baños de la escuela -no le gustaba, pero Law siempre insistía en que lo hiciera- y tras cambiarse salieron juntos. Caminar al edificio en el que vivían no era tan complejo o aburrido, se entretenían hablando de muchas cosas, especialmente esos comics que a Trafalgar tanto le gustaban. Resultaba que ambos tenían muchos gustos en común: el kendo, los ninjas, las historias de acción.

 

—¿Tienes tareas hoy? ¿Necesitas ayuda? —preguntó mientras iban caminando.

—No, estoy libre, los profesores quieren que estudiemos para los exámenes.

—Ya veo, bueno, puedo ayudarte a estudiar y luego vemos una película.

—Eso suena bien ¿Cuál podemos ver?

—¿Sora el guerrero del mar?

 

Zoro hizo una mueca de pesadez, esas no le gustaban tanto.

 

—Mejor veamos Transformers.

—Creo que por mí está bien.

 

Adaptarse a su nueva vida y su nueva rutina no estuvo tan mal, acostumbrarse a como estaba todo en ese momento de su vida no era nada malo.

Continuará…