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No quiero a alguien más

Summary:

Tamaki y Mirio tienen una conversación que los ayuda a soltar sus sentimientos al fin.

Notes:

Historia 6: Ship que merecía ser canon
Fandom: My hero Academia
Universo: Canon / Post final
Ship: Togata Mirio / Amajiki Tamaki
Aclaraciones y /o advertencias: Ninguna, puro fluff

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

 

Mirio y Tamaki llevaban un tiempo compartiendo departamento, al menos al principio fue muy práctico en lo que ascendieron en el ranking de héroes y recibieron más ingresos de su trabajo como profesionales. Las cosas iban muy bien así, tal como siempre desearon, al menos así lo quería pensar Amajiki, aunque había momentos donde no dejaba de quemarse la cabeza con sus cuestionamientos.

 

¿Hasta cuándo sería eso? ¿Qué pasaría cuando Mirio decidiera seguir su propio camino? Cuando hubiera alguien más y él ya no pudiera seguir a su lado como deseaba.

 

Tendía a pensarlo por las noches, cuando el silencio llenaba la sala y Mirio ya se había quedado dormido en el sofá con la televisión encendida. En esos momentos, mientras apagaba las luces y lo cubría con una manta, Tamaki sentía que su pecho se encogía. Le dolía la idea de que esa rutina, tan sencilla, tan suya, pudiera terminar.

 

No era justo, no para alguien como Mirio, que merecía brillar en su propio mundo, sin ataduras. Y, sin embargo, egoístamente Tamaki deseaba que ese mundo siguiera incluyendo su presencia. Que su lugar en el sofá no fuera reemplazado por alguien más. Que las risas, las cenas improvisadas, las charlas nocturnas sobre villanos o programas tontos no cambiaran.

 

—Tamaki ¿Tamaki? Tamaki… —los llamados de Togata durante la cena finalmente le sacaron de su ensimismamiento. Cuando por fin se dignó a mirarle, el blondo le dedicó una amplia sonrisa —¿A dónde te fuiste? Te estaba contando lo de…bueno, no importa ¿Qué te tiene tan distraído?

—N-Nada importante —trató de restare importancia, jugando con los vegetales en su plato, mirándolos como si fueran lo más interesante del mundo.

—Oh vamos, no seas así, se supone que nos decimos todo —insistió, incluso haciendo una expresión similar a un cachorro rogando. Tamaki sonrió ligeramente, se veía tan tonto y lindo a la vez.

—Es una tontería —negó, tal vez le estaba dando demasiadas vueltas a algo que quizás no ocurriría pronto, aunque ¿Y si se equivocaba? —. Pensaba que me gusta vivir aquí contigo, aunque con todo lo que has escalado en el ranking, ya hasta podrías pagar un lugar solo para ti.

 

Togata le miró algo perplejo, como si tratara de conectar las ideas de lo que le estaba diciendo en ese momento.

 

—¿Quieres que me vaya? —cuestionó finalmente; le parecía una pregunta absurda, pero no pudo llegar a otra conclusión.

—¡No! —respondió enseguida, con los ojos muy abiertos y las mejillas enrojecidas por el súbito impulso.

 

Bajó la mirada de inmediato, como si acabara de delatarse. Se hizo un pequeño silencio entre ellos, no incómodo, sino denso, cargado de lo no dicho.

 

Tamaki se removió en su asiento, con el tenedor aún en la mano. Sentía los latidos retumbando en sus oídos. Había abierto la caja de Pandora con ese comentario, y ahora no sabía cómo cerrarla sin romper algo en el proceso.

 

—Solo pensé que en algún momento... podrías querer algo distinto —susurró—. Algo más tuyo. Una casa más grande, tal vez... alguien más a tu lado.

 

Mirio no respondió de inmediato, se quedó observándolo con una expresión más serena que antes, pero profunda, como si algo finalmente hiciera clic en su cabeza. Se levantó y rodeó la mesa, se detuvo junto a él y sujetó sus manos entre las suyas con cierta firmeza.

 

—Ya te lo había dicho una vez, la única vez por la que puedo brillar es porque tú estás ahí conmigo, motivándome para que pueda hacerlo —dijo con seguridad, buscando mirar sus ojos esquivos directamente.

 

El azabache le devolvió la mirada con cierta sorpresa. Claro que recordaba esas palabras, le habían hecho sentir especial y capaz de hacer lo que fuese. Sí, era difícil por su ansiedad y pánico social, pero las palaras de Mirio sin dudas lo alentaron mucho a querer ser un gran héroe en su momento.

 

—Tamaki, sé que dejé pasar mucho tiempo, pero es que en serio quería que esto fuera lo más cómodo posible —casi carraspeó al continuar hablando, sintiendo cierto nerviosismo—. No quiero algo más grande si no estás tú, no quiero a alguien más, quiero que seas tú quien siga siempre a mi lado.

—Mirio…—el aire pareció escapársele, apenas logrando pronunciar su nombre conforme su rostro iba enrojeciendo notoriamente.

—He querido decírtelo mucho tiempo, solo pensaba si tú querías escucharlo.

 

Amajiki, con las mejillas ardiendo y la garganta apretada, logró asentir muy despacio. No dijo nada más, pero su mano se deslizó en la del rubio, entrelazando sus dedos con torpeza, con nervios, pero también con decisión.

 

Togata sonrió ante el gesto y usó su mano libre para acariciar el rostro de su compañero. Su mejilla estaba algo caliente lo que le pareció gracioso y adorable. No lo pensó tanto antes de acortar la distancia para juntar sus labios, besándole afectuosamente. A pesar de los nervios, Tamaki le correspondió con afecto, con ese amor que había estado reprimiendo todo ese tiempo.


El beso fue cálido, sincero, lleno de años de sentimientos contenidos. No fue perfecto, ni coreografiado, pero eso lo hizo aún más real. Tamaki sintió cómo su pecho se aligeraba, como si una tensión invisible que llevaba arrastrando desde hacía tiempo finalmente se rompiera. Cuando se separaron, apenas unos centímetros, Mirio apoyó su frente contra la de él y soltó una pequeña risa.

 

—No fue tan aterrador ¿verdad?

—Tal vez un poco, pero no lo cambiaría por nada.

 

Esa noche la luz del pasillo quedó encendida más tiempo que de costumbre. Los platos de la cena quedaron sin lavar, olvidados en la mesa. Y entre sábanas tibias, palabras susurradas, besos húmedos y manos entrelazadas, Mirio y Tamaki descubrieron que el hogar no siempre era un lugar, sino alguien que te abrazaba tal como eras.

 

No fue necesario decir más. Al fin estaban exactamente donde querían estar.

 

Siguieron progresando juntos, apoyándose y amándose mutuamente. Mirio se convirtió en el héroe número uno, pero siempre tuvo en mente que fue gracias a Tamaki y su apoyo que pudo llegar tan alto.

FIN

Notes:

Retomo mi reto personal muy lentamente. Para mi sí, este ship tenía que ser canon, la forma en que se hablan esos dos, especialmente la manera en que Tamaki habla de Mirio es muy desde el amor romántico, en serio si hubiesen sido pareja nadie se habría sorprendido, pero Hori le tuvo miedo al éxito. En general me gustan muchos ships de BNH pero si hubiera tenido que decir cual tenía chances reales de ser canon, definitivamente este y lo merecía.
En fin, nos vemos luego en otra historia. Cuídense.

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