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Al parecer, era un rumor que corría por todo el colegio. En todas las casas. Algo que, aparentemente, todo el mundo había oído y a lo que nadie daba importancia. Algo de lo que Sirius acababa de enterarse y que era tan ridículo, tan grotesco, tan raro que podía creer que circulara por ahí.
Resulta que la gente hablaba de Remus y Lily.
Lily Evans.
Con Remus Lupin.
La Lily de James. Con su Remus. O sea, con Remus o lo que fuera.
La gente no solo hablaba de ellos. La gente decía todo tipo de cosas sobre ellos y Sirius no podía entender cómo no lo había oído antes, pero entendía mucho menos cómo podía todo el colegio pensar algo así.
Era como para perder la fe en la humanidad que ni siquiera sabía que tenía.
Remus y Lily, a quién coño se le ocurre.
Qué asco, joder.
Sirius supuso que James se sorprendería y doy por hecho que se ofendería. Pero no. James no tuvo la decencia de hacer lo primero ni el buen gusto de hacer lo segundo. Se limitó a decir, "sí, ¿no lo sabías? Hay gente que hasta cree que me gustan los tíos y trato de disimularlo saliendo con Lily".
Al parecer, le parecía gracioso. Se rió como si fuera gracioso. El muy idiota.
Peter tampoco se indignó demasiado. No se indignó nada, la verdad. Puso cara de sorpresa, eso sí. Pero era más sorpresa tipo "¿no lo sabías?"
Sirius dio media vuelta sin dignarse en contestar.
O sea, que Peter lo sabía. Peter. Jodido Colagusano.
¿Y Remus?
Bueno, lo de Remus fue lo peor. Reaccionó como si el asunto le resultara vagamente familiar. Como si tuviera que hacer memoria para recordar si era algo que había sabido en algún momento y olvidado o algo de lo que acaba de enterarse. En todo caso, nada digno de su valiosa atención a juzgar por lo poco alterado que parecía.
Se encogió de hombros y dijo "qué más te da".
–Me da igual.
Era verdad.
Bueno, casi verdad.
A ver, le daba igual porque era mentira y, además era imposible, pero bueno, también era raro. Toda esa gente pensando que Remus y Lily salían juntos. Como si no fuera bastante horrible que James saliera con ella e hicieran juntos todas esas cosas de novios. Como tardar quince minutos en despedirse cada noche, hacer planes para las vacaciones o dar la murga besándose interminablemente. Lo que faltaba es que la gente se imaginara que Lily hacía lo mismo con Remus.
No es que le importara que lo hicieran.
Porque no.
Pero bueno, un poco.
O sea, cuanto más lo pensaba, más indignante le parecía.
Remus con Lily.
Remus.
Con Lily.
A quién coño se le había ocurrido algo así.
Menuda idea.
Como si no fuera suficiente que Remus y Lily tuvieran esa especie de rollo entre ellos de ser los favoritos de los profesores y contarse cosas y escuchar juntos música que no molaba en absoluto. Imaginarse que además hicieran planes para el verano o tardaran una eternidad en despedirse cada noche o se besaran durante quince minutos era, francamente, lo que faltaba.
Besarse.
Remus y Lily.
Que sus amigos parecieran tan tranquilos con todo el asunto no era ni medio normal.
Lo de Remus era particularmente desquiciante.
–No entiendo qué perra te ha entrado con eso ahora, Canuto.
Lo dijo tan tranquilo. Sin dejar de leer del todo. Con su puta calma de siempre. Y utilizando la palabra perra con toda la intención del mundo, obviamente.
–Qué gracioso, Lupin.
Pero la verdad es que no tenía gracia.
Pasaban las horas y la poca gracia que hubiera podido tener al principio, cuando pensó JAJA QUÉ GRACIOSO porque supuso que era broma, se le había pasado del todo. De pronto, solo quería que la gente dejara de decirlo. Y de pensarlo. Porque si la gente lo pensaba también él tenía que pensarlo. Era inevitable. Y pensar en Remus besando interminablemente a Lily era algo que no tenía ninguna gana de hacer. Ni a Lily ni a nadie, la verdad. Porque, bueno, en fin. Era una idea desagradable. Remus y algún payaso contándose cosas y oyendo música juntos y haciendo planes sin él y... bueno, besándose.
¿Durante quince minutos!
Venga ya.
Cómo iba a parecerle eso bien.
Y cómo podía parecerle bien a Remus.
Si eso le parecía bien era tanto como decir que quería que sucediera, ¿no? O sea, que quería tener un novio. Estaba claro. Quería salir con ese tío. Y besarle. Y vete a saber qué más. Seguramente quería llevárselo a la casa de los gritos. Desnudarse con él, como si fuera la primera hora de la mañana el día después de la luna llena. Dejar que se relamiera con sus cicatrices. Acostarse con él allí mismo, en la guarida de los merodeadores. Follárselo contra el colchón hasta arrancarle más gritos que a la casa. Dejarse follar.
Por ese tío.
Ese payaso al que Sirius ni siquiera podía ponerle cara para partírsela.
Se lo dijo a Remus tal cual. Cuando llegó de la biblioteca, con el pelo casi revuelto de cansancio y los libros bajo el brazo.
-Ni se te ocurra tener novio.
-Qué.
Remus parecía confuso.
-Que no quiero que beses a nadie, joder. Y mucho menos durante quince minutos.
Remus parecía muy confuso.
Sirius supuso que iba a decir qué otra vez.
Le besó antes de que ocurriera. Allí mismo. Contra la puerta de la habitación de los chicos. Durante mucho más de quince minutos.
