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Efímeros Instantes

Summary:

Un encuentro fugaz entre dos almas errantes, Jeno y Jaemin, comparten sus sueños, miedos y deseos más íntimos. En la magia del instante, se entrelazan en un amor que desafía el tiempo y la distancia.

Notes:

Espero les guste, es una pequeña historia inspirada en la película Before Sunrise (1995). Una película muy bella ojalá la vean <3

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

A bordo de un tren que serpentea a través de Europa, Jeno está sentado junto a la ventana, observando con una mezcla de aburrimiento y curiosidad a los pasajeros. Su mirada se detiene en Jaemin, un joven con cabello castaño que parece absorto en un libro. El silencio del vagón se rompe abruptamente cuando una pareja mayor cercana a ellos comienza a discutir en voz alta, intercambiando palabras en un tono tenso que capta la atención de todos. Jeno sonríe ligeramente, incómodo pero divertido, mientras sus ojos se encuentran por un breve momento con los de Jaemin. Él también sonríe, una mezcla de complicidad y resignación ante el momento incómodo.
Cuando la pareja finalmente se calla, Jeno aprovecha la oportunidad para iniciar una conversación.

—¿Te imaginas cómo será su vida en casa? —bromea, señalando discretamente a los dos ancianos.

Jaemin cierra su libro, inclinándose un poco hacia él.

—Quizá griten así todo el tiempo, pero se aman de una manera extraña. O tal vez solo están juntos por costumbre.

Jeno asiente, intrigado.
—¿Crees que es posible amar a alguien y seguir discutiendo así toda la vida?

El lo considera por un momento, con una ligera sonrisa.
—Sí, pero creo que esas peleas son más sobre uno mismo que sobre el otro. Es como... la frustración de la rutina. —Hace una pausa y añade—. Aunque también podrían odiarse.

Ambos ríen suavemente, y la tensión inicial desaparece. La conversación fluye de manera natural hacia temas más personales. Jaemin le explica que está regresando a París después de visitar a su abuela en Budapest.

—¿Qué tal está tu abuela? —pregunta Jeno, inclinándose ligeramente hacia adelante.

—Está bien. Bueno, es un poco excéntrica —responde Jaemin con un destello de ternura—. Siempre me cuenta las mismas historias. Dice que son para recordarme lo importante que es vivir cada momento.

Jeno sonríe. —¿Y tú lo haces? ¿Vives cada momento?

El se encoge de hombros. —A veces lo intento. Pero, ¿y tú? ¿Qué haces en Europa?

—Ah, estoy en una especie de "viaje de despedida". Mi novia, bueno, mi exnovia, vivía aquí en Madrid. Nos separamos hace poco. Vine a distraerme y... ya sabes, tratar de entender qué hago con mi vida.

Jaemin lo mira con una mezcla de curiosidad y compasión.

—Las rupturas siempre son complicadas. Pero, a veces, son la forma en que algo nuevo empieza.

—¿Esa es tu filosofía? —bromea él, aunque parece considerar sus palabras.

—Más o menos. — ríe ligeramente y luego mira por la ventana—. Creo que siempre estoy buscando algo... no sé qué, pero lo busco.

La conversación continúa, saltando de temas ligeros a reflexiones profundas. Hablan de libros, música y lugares que han visitado, descubriendo en el proceso que comparten una curiosidad innata por las personas y el mundo. Jaemin le menciona que le gusta observar a los pasajeros en los trenes, imaginar sus vidas.

—¿Y qué imaginas sobre mí? —pregunta Jeno, levantando las cejas con un toque de humor.

Jaemin lo mira con ojos entrecerrados, evaluándolo. —Tú... eres un escritor frustrado que quiere escribir sobre grandes aventuras, pero se siente atrapado en su propia vida. Jeno se ríe, sorprendido por la precisión de su observación. —¿Cómo lo supiste?

—No lo sabía. Solo... parecía encajar contigo. —Sonríe con satisfacción, y él no puede evitar devolverle la sonrisa.

El tren finalmente comienza a disminuir la velocidad mientras se acerca a Viena. La sensación de inmediatez invade la atmósfera. Jeno sabe que tiene que bajar pronto, pero no puede dejar de mirar a Jaemin. Es entonces cuando toma una decisión impulsiva.

Cuando el tren se detiene en la estación de Viena, el anuncio de llegada corta la conversación entre Jeno y Jaemin, aunque no el hilo de su conexión. Jeno se levanta con su mochila al hombro y una mirada que mezcla urgencia y duda. Gira hacia Jaemin y, con una sonrisa un poco nerviosa, suelta la propuesta.

—Sé que esto es una locura, pero... ¿y si te bajas conmigo? Viena es hermosa de noche, y mi vuelo sale mañana temprano. Podríamos pasar unas horas explorando, hablando. No sé... algo me dice que deberíamos hacerlo.

Jaemin, sorprendido, lo observa por un momento, analizando tanto la propuesta como a Jeno mismo. Finalmente, con una sonrisa tímida y una chispa de emoción en los ojos, asiente.

—De acuerdo. Pero si resulta ser una trampa, prometo gritar muy fuerte.

Ambos ríen mientras descienden del tren. Afuera, la ciudad los recibe con su aire fresco y su atmósfera mágica.

💫

Caminando por las calles empedradas iluminadas por faroles antiguos, Jeno y Jaemin se pierden en una conversación que fluye como si se conocieran de toda la vida.

—¿Alguna vez te has preguntado qué pasaría si tomaras decisiones completamente al azar? —pregunta Jeno mientras cruzan un puente.

Jaemin lo mira, intrigado. —¿Cómo qué?

—Como... esto. Tú podías haber dicho que no. Pero ahora estamos aquí, caminando por Viena, y no tengo idea de a dónde vamos.

El sonríe, pensativo. —Creo que nuestras vidas están llenas de esos pequeños momentos. Decisiones que parecen insignificantes, pero terminan marcando todo. Es como... una especie de caos organizado.

Jeno ríe suavemente. —Suena poético. ¿Eres poeta o algo así?Jaemin sacude la cabeza. —No, pero me gusta escribir. Es una forma de ordenar lo que pienso. Y tú, ¿escribes?

—Quiero hacerlo, pero... no sé. Siempre me detengo. Es como si tuviera miedo de que no sea lo suficientemente bueno.

Jaemin se detiene y lo mira fijamente. —¿Y si nunca es lo suficientemente bueno? ¿Qué importa? Lo importante es que lo hagas.

Jeno asiente, pensativo, mientras reanudan su caminata.

Llegan a un pequeño café que aún está abierto. Se sientan frente a frente, con una vela entre ellos iluminando sus rostros.
—¿Crees en el amor? —pregunta Jeno, repentinamente serio.
Jaemin se inclina hacia atrás, sorprendido por la pregunta directa.

—Creo que sí. Pero no en el amor de las películas o los cuentos de hadas. Creo que es algo más... complicado, menos perfecto—¿Y qué pasa con el amor eterno? ¿El que dura para siempre? —insiste Jeno, mirándolo con genuina curiosidad.

El se encoge de hombros. —Creo que las personas cambian con el tiempo. Lo que sientes por alguien puede transformarse, y eso está bien. Pero... ¿eterno? No lo sé. Quizá es más sobre los momentos que compartes, como este.

Jeno sonríe, impresionado por su perspectiva.
—Me gusta eso. El amor como algo que vive en los momentos.

 

💫

 

Más tarde, mientras recorren un parque tranquilo, el tema gira hacia la muerte.

—¿Alguna vez te has sentido realmente consciente de que vas a morir? —pregunta Jaemin, rompiendo el silencio con una voz suave.

—Todo el tiempo —admite Jeno, sorprendiéndose a sí mismo con su sinceridad—. Pero más que miedo, siento como... presión. Como si tuviera que hacer algo significativo antes de que se acabe el tiempo.

Jaemin lo mira con empatía. —A veces creo que esa idea de "hacer algo significativo" nos atormenta. ¿Y si simplemente vivir y conectar con otros es suficiente?

La noche sigue avanzando, y mientras las calles vacías de Viena los envuelven, su conexión crece con cada palabra. La ciudad parece un testigo silencioso de dos almas que se encuentran en el momento justo, en el lugar perfecto.

 

💫

 

Después de caminar por el parque y sumirse en la quietud de la noche vienesa, Jeno y Jaemin llegan a un pequeño mirador con una vista parcial de la ciudad. Las luces de Viena titilan a lo lejos, y un leve viento juega con los mechones de cabello de Jaemin. Se apoyan contra una barandilla oxidada, descansando un momento.

—¿Sabes? —dice Jeno rompiendo el silencio, mirando las luces en la distancia—. Siempre pensé que viajar solo sería algo triste, pero ahora... estoy empezando a pensar que puede ser algo increíble. Es como si, al estar solo, estuvieras más abierto a... todo. Como esto.

Jaemin sonríe, girando su rostro hacia él. —¿Entonces crees que viajar solo es lo que te llevó a hablarme? Jeno se ríe, consciente de su momento de audacia. —Probablemente. O quizá fue tu libro. Siempre me atraen las personas que parecen realmente absortas en algo.

—¿Qué pensaste que estaba leyendo? —pregunta Jaemin, divertido.

Él finge considerarlo seriamente. —¿Un tratado filosófico? ¿O algo romántico y trágico?

El sacude la cabeza con una risa ligera. —Era un libro sobre la guerra.

—¡Por supuesto! —exclama Jeno, sonriendo ampliamente—. Ahora todo tiene sentido. Por eso no dudaste en debatir conmigo.

Jaemin ríe y lo empuja ligeramente en el brazo. —¿Debatir? Apenas fue un desacuerdo. Podría haber sido peor.

Siguen caminando, dejando atrás el parque, y se pierden en calles más estrechas y menos iluminadas. Al doblar una esquina, se encuentran con un hombre mayor que toca una guitarra, su música llenando el aire frío de la madrugada. El músico parece acostumbrado a la soledad, pero al verlos, les dedica una leve sonrisa y sigue tocando.

—¿Sabes? Me pregunto cuántas historias como esta ha visto esta ciudad —dice Jaemin, sentándose en un banco cercano mientras el músico toca.

Jeno se sienta a su lado, observándolo más que al guitarrista. —¿A qué te refieres?

—Historias de dos personas que se encuentran por casualidad, pasan unas horas juntos y luego desaparecen en la vida del otro, como si nunca hubiera pasado.

Jeno lo estudia con una mezcla de curiosidad y algo más profundo. —¿Y qué pasa si esas historias son las más importantes? No porque duren, sino porque te cambian, aunque sea un poco.

Jaemin lo mira, pensativo. —Es posible. Pero también pueden ser un poco tristes, ¿no crees?

El guitarrista termina su pieza y se acerca a ellos, extendiendo la mano con una sonrisa cálida. Jeno mete la mano en su bolsillo y saca algunas monedas.

—Eso fue hermoso, gracias —dice mientras le entrega las monedas.

—¿Les gustaría que les toque otra? —pregunta el músico con un acento pesado.

Jeno mira a Jaemin. —¿Qué dices? El sonríe. —¿Por qué no?

El hombre empieza a tocar una melodía lenta y melancólica que parece resonar con la conversación que acababan de tener. Jaemin cierra los ojos un momento, dejándose envolver por la música. Jeno, sin apartar la mirada de el, se da cuenta de cuánto aprecia este momento.

Cuando la música termina, Jaemin se levanta y se inclina ligeramente hacia el guitarrista.

—Merci beaucoup. Fue precioso.

El músico asiente y se despide con un gesto, dejando a los dos solos de nuevo.

—Creo que deberíamos seguir —dice Jeno, y el asiente.

 

💫

 

Poco después, encuentran un bar peculiar con luces de neón parpadeantes. Desde la puerta, se escucha un murmullo de voces mezcladas con música suave. Dentro, el ambiente es cálido y acogedor, con paredes forradas de madera y mesas pequeñas donde las personas charlan en voz baja. Se sientan en la barra, y Jeno pide dos copas de vino.

—¿Así que, según tú, esas historias fugaces son las más importantes? —retoma Jaemin, girándose hacia él mientras juega con el borde de su copa.
Jeno asiente, tomando un sorbo de su vino antes de responder.

—Sí. Creo que las cosas que no planeas tienen un tipo especial de significado. No sé cómo explicarlo... es como si fueran más reales porque no hay expectativas.

Jaemin lo observa con una mezcla de diversión y admiración. —Tienes una manera interesante de ver las cosas.

—¿Y tú? —pregunta Jeno—. ¿Qué tipo de historias crees que son las más importantes?

El se queda en silencio por un momento, pensativo.

—Las que te dejan marcas. No importa si son largas o cortas, pero si logran quedarse contigo, entonces son importantes.

Sus miradas se cruzan en ese instante, como si ambos se dieran cuenta de que están viviendo una de esas historias.

La noche sigue, llena de pequeños momentos que, aunque aparentemente simples, se sienten extraordinarios. Desde conversaciones sobre cómo serían sus vidas en diez años hasta confesiones sobre miedos y sueños que nunca han compartido con nadie más, todo parece vibrar con la magia de lo efímero. Viena, con sus calles tranquilas y su atmósfera atemporal, parece conspirar para que ambos olviden que su tiempo juntos tiene un límite.

Después de salir del bar, Jeno y Jaemin regresan a las calles de Viena, ahora casi desiertas. La madrugada se siente cercana, y el aire es más frío, pero ninguno de los dos menciona regresar.

Parecen impulsados por un deseo mutuo de exprimir hasta el último instante de esa noche.

Se detienen frente a una iglesia, cuya fachada está parcialmente iluminada por la luz de un farol. Jeno, con una sonrisa curiosa, mira hacia las escaleras que conducen a la entrada.

—¿Alguna vez has querido colarte en un lugar como este en medio de la noche? —pregunta, señalando la iglesia.

Jaemin lo mira con incredulidad, pero con una chispa de emoción en sus ojos. —¿Colarnos? ¿Qué americano de tu parte?

—Lo digo en serio —responde Jeno, riendo mientras comienza a subir los escalones—. Podría ser interesante.

—Si nos arrestan, diré que fue idea tuya —dice mientras lo sigue, aunque claramente divertido por la travesura.

Cuando alcanzan la puerta, descubren que está cerrada, pero Jaemin encuentra una pequeña área lateral con bancos al aire libre, rodeados de arbustos. Los dos se sientan allí, mirando hacia la torre de la iglesia que se eleva sobre ellos.

—Es extraño, ¿no? —dice Jaemin después de un rato en silencio—. Estar en un lugar así, tan lleno de historia. Pienso en todas las personas que han pasado por aquí, rezando, pidiendo algo, buscando respuestas.

—¿Crees en algo más grande? —pregunta Jeno, inclinándose hacia el, claramente interesado en su respuesta.

El se toma su tiempo antes de responder. —A veces. Creo que hay algo... no sé si llamarlo Dios o destino o energía, pero siento que hay algo que nos conecta a todos. ¿Y tú?

Jeno sonríe, mirándolo con una mezcla de admiración y ternura.
—Quiero creer en algo, pero... supongo que me cuesta. Siempre estoy buscando pruebas, como si necesitara que el universo me dé una señal.

Jaemin inclina la cabeza, reflexivo. —Tal vez esta noche es una señal.

Sus palabras quedan suspendidas en el aire. Jeno parece querer responder, pero algo en su expresión indica que está considerando lo que acaba de decir. Finalmente, sonríe. —Tal vez lo es.

Se quedan allí un rato más, en silencio, dejando que la quietud de la madrugada los envuelva.

 

💫

 

Mientras continúa la noche, llegan a un pequeño parque con un carrusel antiguo. Aunque está cerrado, el lugar tiene un aire mágico bajo la tenue luz de las farolas. Jaemin camina hacia el carrusel, pasando los dedos por los caballos de madera pintados, como si fueran frágiles recuerdos de una época pasada.

—Cuando era niño, siempre soñaba con subirme a un carrusel así —dice, con una sonrisa nostálgica—. Mi abuela me llevaba a uno parecido en París. Creo que me gustaba porque me hacía sentir que estaba en otro mundo.

—¿Y si volvemos a ese otro mundo por un momento? —sugiere Jeno, subiendo al carrusel con un salto ligero y fingiendo que cabalga uno de los caballos.

Jaemin ríe, subiendo también, mientras ambos se mueven lentamente en círculo, simulando el movimiento del carrusel. La risa llena el espacio vacío, y por un momento parecen niños, libres de cualquier preocupación.

Cuando finalmente se detienen, Jaemin lo observa, su expresión más suave.

—¿Alguna vez has tenido la sensación de que un momento no es real? Como si estuvieras soñando.

Jeno asiente, acercándose un poco más a el. —La estoy teniendo ahora.

Sus miradas se encuentran, y por un instante, el tiempo parece detenerse. La cercanía entre ellos crece, y aunque ninguno de los dos dice nada, el silencio está cargado de significado.
Pero en lugar de un beso, Jaemin rompe la tensión con una risa nerviosa y salta del carrusel.

—¡Es tarde! Deberíamos buscar algo para comer antes de que amanezca.

Jeno sonríe, siguiéndolo sin insistir. —De acuerdo. Pero si encontramos un lugar abierto, lo llamaré un milagro.

 

💫

 

Encuentran una pequeña panadería que está preparando sus productos para la mañana. El dueño, un hombre de mediana edad con un delantal manchado de harina, los deja entrar con una sonrisa amable al ver sus caras cansadas pero felices. Les ofrece dos croissants recién horneados, que ambos comen sentados en un banco frente al local.

—¿Te das cuenta de que probablemente nunca olvidemos esta noche? —dice Jeno, mirando cómo Jaemin se limpia las migas de los labios con una servilleta.

—Espero que no —responde, con una sonrisa ligera—. Pero a veces me preocupa que los recuerdos cambien con el tiempo. Que lo que vivimos ahora no sea exactamente lo que recordemos después.

—¿Y si hacemos un pacto? —propone Jeno, dejando su croissant a un lado—. Prometamos recordar esto exactamente como es. Sin adornos, sin cambios.

Jaemin lo mira, divertido pero intrigado.—¿Cómo planeas hacer que eso funcione?

—No lo sé. Solo quiero que, pase lo que pase, ambos recordemos esta noche como algo único.
El asiente, aceptando su propuesta con una sonrisa.

 

💫

 

Después de terminar sus croissants en la pequeña panadería, Jeno y Jaemin vuelven a caminar por las calles de Viena. Las primeras luces del amanecer comienzan a teñir el cielo de un azul pálido, pero la noche aún no se rinde del todo. Siguen hablando, como si quisieran abarcar todo lo posible antes de que el tiempo los obligue a separarse.

Al llegar a un pequeño parque, Jaemin lo señala con una sonrisa.

—Entremos. Siempre he amado los parques de noche. Me hacen sentir como si estuviera en una película antigua.

Jeno asiente, siguiéndolo a través de la entrada de hierro forjado. Los árboles, aún envueltos en sombras, proyectan formas ondulantes sobre el suelo. Un banco de madera cerca de una fuente parece invitarles a sentarse, pero Jaemin camina hacia el centro, donde un claro se abre bajo el cielo nocturno.

Se detiene y mira hacia arriba, observando las pocas estrellas que todavía brillan débilmente.

—¿Te das cuenta de lo raro que es ver las estrellas en las ciudades? —pregunta en voz baja.

Jeno se detiene a su lado, siguiendo su mirada. —Sí, pero creo que es lo que hace que sean especiales. Aparecen cuando menos lo esperas.

Jaemin baja la mirada hacia él y sonríe. —Eso suena como algo que diría un romántico.

—¿Lo soy? —pregunta Jeno, alzando una ceja con un gesto juguetón.

—Creo que sí —responde Jaemin, dando un pequeño giro, como si bailara, antes de detenerse frente a él—. Y creo que eso no es algo malo.

Por un momento, ambos quedan en silencio, mirándose. La brisa mueve el cabello de Jaemin, y Jeno parece querer decir algo, pero no encuentra las palabras. En cambio, da un paso más cerca.

—¿Sabes? Creo que esta noche ha sido lo más espontáneo y... perfecto que he vivido en mucho tiempo.

Jaemin lo observa, y su expresión, normalmente juguetona, se suaviza. —Yo también siento lo mismo. Es extraño, ¿no? Apenas nos conocemos, pero...

—Pero parece que nos conocemos desde siempre —completa Jeno, sin apartar los ojos de el.

Jaemin asiente lentamente, su mirada fija en la de él. Ninguno de los dos dice nada más. La tensión entre ellos se siente tangible, como si el mundo entero esperara ese momento.

Finalmente, Jeno da un paso más y, con suavidad, coloca una mano en la mejilla de Jaemin, asegurándose de que el esté de acuerdo. Cuando no se aleja, sino que cierra los ojos con una pequeña sonrisa, él se inclina y lo besa. El beso es lento, tierno, lleno de todo lo que no han dicho. Bajo las sombras de los árboles y con el murmullo distante de la fuente, el tiempo parece detenerse.

Cuando se separan, Jaemin abre los ojos y lo mira con una mezcla de sorpresa y calidez.

—Eso fue... inesperado.

Jeno sonríe, todavía cerca de el.

—¿Para bien o para mal?

Jaemin ríe suavemente.

—Definitivamente para bien.

Se sientan en el banco cercano, aún en silencio, como si no quisieran romper la magia del momento. Jaemin apoya su cabeza en el hombro de Jeno, y él pasa un brazo alrededor de sus hombros, mientras observan cómo el cielo se aclara poco a poco.

—Creo que esta noche será mi recuerdo favorito —dice Jaemin, apenas en un susurro.

Jeno lo mira, inclinando ligeramente la cabeza para hablarle al oído. —El mío también.

Y así, bajo las últimas sombras de la noche, los dos comparten un momento de calma, sabiendo que el amanecer traerá consigo la inevitable despedida, pero eligiendo disfrutar lo que aún tienen.

 

💫

 

El tiempo avanza lentamente mientras los primeros rayos del sol comienzan a filtrarse entre las copas de los árboles. La luz del amanecer pinta de oro las hojas que se mueven suavemente con la brisa. Jeno y Jaemin permanecen en el banco, abrazados en silencio, como si el mundo se hubiera reducido a ese único instante compartido.

—¿Sabes? —rompe el silencio Jaemin, su voz tranquila—, es curioso cómo un momento como este puede hacer que todo lo demás pierda importancia.

Jeno mira hacia el horizonte, donde el cielo pasa de un tono pálido a un azul claro, como si no quisiera enfrentarse a la realidad del nuevo día que está llegando.

—Es cierto. Es como si toda mi vida estuviera aquí, en este momento. Como si no existiera nada más.

Jaemin lo mira, tomando una de sus manos con suavidad.
—Lo mismo me pasa a mí. Pero también sé que todo esto va a desaparecer. Que esta noche... este momento... será solo un recuerdo.

Jeno gira su cabeza, con una leve expresión de tristeza en sus ojos.
—No tiene que ser solo un recuerdo. Podemos hacer que algo de esto perdure.

El se ríe suavemente, negando con la cabeza.
—No se trata de eso. Es que los recuerdos se desvanecen, incluso los más hermosos. Lo que importa es lo que vivimos en el instante. Y este momento... es suficiente.

El sol ahora ha despejado las sombras del parque, iluminando todo con su luz dorada. Ambos se levantan lentamente del banco, sin querer apresurarse a dejar este pequeño rincón de tiempo. Jaemin toma una última mirada al entorno, como si se estuviera despidiendo.

—¿Adónde vamos ahora? —pregunta Jeno, su voz llena de una mezcla de duda y esperanza.

Jaemin se toma un momento antes de responder, observando el horizonte.
—No lo sé. Tal vez a ningún lado. Tal vez solo caminar, hasta que tengamos que decir adiós.

Jeno lo mira con una mezcla de amor y resignación, sabiendo que el adiós está cerca, pero sin querer pensar en ello.

—Entonces caminemos.

 

💫

 

Recorren las calles una vez más, pero esta vez la ciudad parece más ajena, como si estuvieran en otro lugar, un espacio suspendido entre la noche y el día. La ciudad comienza a despertarse, los tranvías pasan con sus luces parpadeantes, los primeros turistas comienzan a aparecer, y las cafeterías abren sus puertas para recibir a los madrugadores.

Ambos caminan juntos, sin hablar demasiado, pero con una complicidad tácita que se entiende con cada gesto. Las palabras ya no son necesarias.

Cuando llegan a un puente que cruza el río, el sonido del agua bajo ellos se mezcla con el susurro del viento. Jaemin se detiene, apoyándose contra la barandilla del puente, mirando el agua. Jeno lo observa por un momento, luego se acerca y se queda a su lado.

—¿Qué piensas, Jaemin? —pregunta, en un susurro.

Él suspira, mirando las aguas turbulentas.

—Pienso que a veces las cosas no están hechas para durar. Tal vez esto es justo lo que teníamos que vivir, unas horas juntos, sin más.

Jeno lo mira, su mirada profunda y sincera. —No quiero que termine.

Jaemin se gira lentamente hacia él, con una sonrisa melancólica en los labios.

—Yo tampoco. Pero eso no depende de nosotros. El tiempo no espera.

Ambos se quedan en silencio, observando el río que fluye sin cesar, como la vida misma.

 

💫

 

Finalmente, el momento que ambos temían llega. Jaemin mira su reloj, y la expresión en su rostro se suaviza con una mezcla de tristeza y aceptación.

—Mi tren sale pronto.

Jeno lo mira, sin saber qué decir. Sabe que la despedida es inevitable, pero aún no está listo para soltarlo.

—¿Y si... no te vas? ¿Qué pasaría si te quedaras un poco más?
Jaemin lo observa con una ternura casi dolorosa.

—Lo he pensado, pero... no puedo. La vida sigue, Jeno. Nos tenemos que dejar ir.

Jeno asiente lentamente, aunque su corazón no lo acepta del todo. —Entonces, ¿esto es todo?

Jaemin lo toma de las manos, mirándolo a los ojos. —No, esto no es todo. Nadie puede decidir qué será de nosotros después de esto. Pero lo que viví contigo, esta noche... eso será algo que siempre guardaré. Y eso es suficiente.

Se acercan, y sin palabras, se abrazan por última vez, como si quisieran que ese gesto se quedara con ellos. La despedida es dolorosa, pero también está impregnada de la belleza de lo efímero. El abrazo dura lo suficiente como para que ambos se den cuenta de que, aunque se vayan, algo de lo que compartieron jamás desaparecerá del todo.

Jaemin se separa primero, sonriendo suavemente mientras toma una respiración profunda.

—Adiós, Jeno.

Jeno lo observa por última vez, su rostro lleno de emociones que no sabe cómo expresar.

—Adiós, Jaemin.

Y sin más palabras, el se aleja, perdiéndose entre la multitud que comienza a llenar la estación. Jeno se queda allí, mirando cómo desaparece, pero dentro de él, un pequeño rincón de su alma siempre llevará la marca de esa noche mágica.

A lo lejos, el sonido del tren arrancando se mezcla con el murmullo de la ciudad, mientras Jeno, con una leve sonrisa triste, comienza a caminar en dirección opuesta, hacia su propio destino.

Notes:

Agradezco un montón que leyeran hasta el final, todo su apoyo es bien recibido, espero les haya gustado <3