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Había terminado. La guerra había terminado y más le valía a las Moiras no agregar otra profecía durante un largo tiempo.
Estaban todos tranquilos, ningún peligro cerca.
Pero no pueden culparlo cuando su primer instinto al ver a otra persona sentada en su cama mientras él recién se despertaba fuera agarrar su espada y apuntarle.
—Hey, mon fantôme —aparto con un dedo la espada que apuntaba así cuello—. Cálida bienvenida.
Ah, este idiota…
—Eros —respondió dejando a un lado la espada y sentándose en la cama—. ¿Qué haces aquí?
—¿Qué? ¿No puedo visitar a mi espléndido novio luego de que haya ganado una guerra?—se acercó y lo alzó por las axilas como un gato. Nico no lucho—. Ah, no, no. Pienso visitarte mucho más ahora—se acomodo contra la cabecera de la cama y dejo a Nico en su regazo.
El semidiós revoleo los ojos. No habían tenido mucho tiempo durante su estadía en el Arco. Aún que se las habían arreglado para verse un par de veces.
En diferentes tipos de encuentros.
—Bueno, técnicamente no somos novio—le dio un pellizco en la nariz al dios—. Así que no, no puedes—sonrió con petulancia.
Eros bufo molesto. Alzó un poco a Nico para acomodarlo mejor en su regazo y se recostó contra las almohadas negras.
—Eso, es porque tienes una jodida familia que vive entre la Grecia antigua y los años cuarenta, cariño.
—Cuidado con decir eso en la cabaña de mí padre.
Eros sonrió con picardía y abrió la boca para decir algo. Pero Nico lo interrumpió.
—Ni se te ocurra decir su nombre, idiota—lo reprendió con golpe en el hombro. El dios rió divertido mientras su mano vagaba por la espalda del menor.
—Tranquilo, joli, no soy tan estúpido.
Nico hizo un sonido de duda.
—Lo que digas—murmuró con burla, pero perdió fuerza cuando se hundió sin vergüenza en el hombro del dios y envolvió sus brazos en su pecho.
Este rió de nuevo mientras jugueteaba con el dobladillo de su pantalón corto. Le dio un golpe en el pecho como reprimenda. Aún que luego simplemente se hundió en el.
Dirigió sin prisa una mano al cabello de Eros. Hoy tenía un largo cabello rubio anaranjado como un sol de tarde veraniega, con ondas que le recordaban al agua. Paso sus dedos entre las hebras, masajeó su cuero cabelludo despeinadolo un poco.
El dios emitió un sonido de satisfacción inclinándose hacia el masaje.
—Te he extrañado, mon fantôme—murmuró contra el cuello de Nico.
—Ow, yo también carino—se rió viendo de reojo a Eros.
—Me gusta cuando me dices apodos.
—Lo sé.
Se quedaron unos minutos en silencio, Nico disfruto del calor que emitía el otro. Sus brazos le daban la seguridad que tanto le había faltado durante estos meses, tanto había querido simplemente compartir un momento con Eros.
—¿Nico? ¿Qué hora…
Se levantó rápidamente del pecho del dios y quedó sentado en su regazo.
Hazel lo miro.
Él la miro.
Eros se rió.
—Hola cuñis~ —la saludó con los dedos mientras se recostaba nuevamente en las almohadas y aseguraba una mano en la cadera de Nico.
Suspiro conteniendose de pegarle un puñetazo al dios. Hazel los miraba con los ojos muy abiertos y la boca ligeramente abierta. No quería decir que su hermana parecía pez, pero…
—Eh… ¿Nico?
Mierda, sí, de vuelta al presente y su mala situación.
—Hazel, verás —salio del regazo de Eros, él cual se quejo como si fuera una desición fuera de lugar—, yo… tú ya sabes sobre mis… gustos.
—¿Gustos? Sí, tus buenos gustos —interrumpió Eros señalándose a si mismo.
—¡Sh! Cállate —Nico lo cayó con una desagradable mirada.
—Sobre que eres gay, sí, lo sé. Pero esto… —murmuró señalando a Eros estaba acostado en su cama como si estuviera en su casa—, esto no lo sabía.
Nico suspiro con cansancio. No sabía cómo explicárselo a su hermana ¡Nunca se lo había explicado a nadie!
Jason se habia enterado tan solo porque estuvo en su reconciliación. No porque se lo haya querido decir ni nada. Miro reojo a Eros, que se había sentado y lo miraba con una sonrisa alegre, le guiño un ojo para darle “ánimos”.
Maldito.
—Veraz, Hazel —su hermana lo miraba expectante—. Yo… yo he pasado por muchas cosas para aceptar y querer mí… orientación —miro a Hazel a los ojos. Este había sido un proceso juntos, ambos habían tenido que aceptar y respetar el mundo moderno. Romper con sus creencias para forjar nuevas—. Tu lo sabes mejor que nadie.
Le sonrió esperando que eso pudiera transmitir algo del incondicional amor que sentía por ella.
—Pero, no fuiste tú la única que me ayudó —miro a Eros una vez más—. Tuve… otras ayudas…
—Siempre te ves lindo sonrojado, mon fantôme.
—Jodete.
Hazel los miro largamente, con los ojos muy abiertos. Hasta que poco a poco fue calmandose, sus hombros se relajaron y sus ojos volvieron a su tamaño normal.
—Si eso es lo que quieres… —miro con duda a Eros—. Y, aún que no estoy segura de todas tus desiciones, espero verte feliz —le sonrió tentativamente.
Nico suspiro con alivio, había tenido miedo de la reacción de su hermana, tenía que fuera demasiado para ella. A veces era demasiado para él.
—Muy bien, conmovedor —aplaudió Eros con sarcasmo.
—No seas malo —lo reprendió—, no me gusta la gente grosera en exceso.
—Eso es mentira —lo señalo con un dedo—, y ambos sabemos eso —Nico revoleo los ojos. A veces era exasperante.
—Entonces… tendrás que contarme a detalle sobre esto —dijo Hazel con una ceja alzada.
—Oh, ¡por supuesto! —Eros se levantó de la cama y chasqueo los dedos. Luego de un brillo rosa, tanto Hazel como Nico estaban lavados, peinados y vestidos con ropa diaria en vez del pijama—. Te contaremos todo.
Nico no reconoció su ropa, no era algo suyo. Era una camiseta de color negro con un estampado de flores muertas en plateado. Unos pantalones holgados y una campera de un color magenta oscuro.
—Oye —llamo a Eros mientras salían de la cabaña—, ¿que me pusiste?
—Algo que te compre el otro día. No tuve tiempo de dártelo antes —lo descarto con un gesto de la mano—. Tenía ganas de sacarmelo de encima de una vez.
Nico lo miró unos segundos antes de reír.
—¿Qué? —Eros se giró hacia él— ¿Pasa algo? —preguntó con el ceño fruncido.
—No —le di un beso en la mandíbula—, nada, gracias.
—Ah —sus mejillas se tornaron rosas—. No fue nada, y lo sabes.
Hazel miraba la interacción desde atrás con una pequeña sonrisa. Puede que no esté muy contenta con la relación actual de su hermano, pero mientras él estuviera bien, ella no tendría ningún problema.
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—¡Hey! ¡Chicos!
Nico volteo al escuchar la voz de Jason. Se veía bastante despeinado, y se alegro de que Eros lo hubiera arreglado. Así podía burlarse.
—Lindas pintas, Jason.
El chico rodeo los ojos y paso a saludar a Hazel. Cuando se dio cuenta de la otra persona.
—Oh… cupido —paso la mirada de él a Nico—, que… sorpresa verte por aquí.
—Sí, decidí hacerle una pequeña visita a mí lindo niño —Nico bufo— y ver cómo es el lugar donde se está quedando —recorrió con la mirada el lugar—. Se podrían hacer varias reformas —dijo con disgusto.
Jason parpadeo incómodo pero asintió.
—Me alegra que su relación vaya bien.
Caminaron hasta el comedor para ir a desayunar. Nico podía sentir sobre si mismo las miradas, las miradas curiosas de los campistas, mirando a la nueva persona que caminaba junto al extraño hijo de Hades.
Un maldito dios, un bello dios que habia decidido pasar un rato con un mortal, un mortal raro hasta en los de su especie, un chico espeluznante que invoca esqueletos y se mueve entre sombras.
Sintió como un brazo rodeaba sus hombros.
—Tú no les hagas caso a esos idiotas —dijo Eros en voz baja—. Tan solo quieren estar en tu lugar, cher.
Nico se inclinó ante su toque.
—Sí, bueno —murmuró viendo de reojo a Hazel y Jason, que estaban enfrascados en una conversación—. Pero aún así, si quieres irte…
—Estoy bien aquí mientras tú estés aquí.
Nico le sonrió con una sonrisa. Si había algo que Eros sabía hacer, era darle seguridad. Cada vez que lo calmaba podía sentir un calor amoroso recorrer su cuerpo, se sentía como una perla preciosa siendo protegida por un fuego sacrificado.
—Esta campera es tuya, ¿verdad?
—Bueno, me descubriste —se rió Eros.
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Dionisio no estaba teniendo los mejores días. Se acababa de terminar una guerra, habían muerto varios campistas, uno de ellos se había sacrificado y al parecer el don de la profecía había desaparecido.
Preciosos días.
Pero, con diferencia, lo peor que había pasado era ver entrar al comedor al maldito dios del amor, Eros.
Eso, era una pesadilla.
—Tú —murmuró con rabia mientras se acercaba a la pareja.
—Dio —saludó Eros con una sonrisa pícara—, ¿qué tal?
—¿A qué te refieres con “qué tal”? —se indignó—. ¿Qué haces aquí? Por si no lo notaste, es un campamento para semidioses, los dioses no pueden simplemente aparecer.
No tenía ganas de lidiar con los dioses, mejor dicho.
—Oh, tranquilo, no seas amargado —agarro la mano de Di Angelo—. Tan solo estoy aquí para visitar a mí précieux novio.
¿Disculpa?
¿Qué esté pedazo de pervertido qué?
Miro a Di Angelo, intentando ver si parpadeaba pidiendo ayuda. Pero lo único que se encontró fue con su cara sonrojada y mirando con rabia a Eros.
Lo miró unos segundos y en chico le devolvió la mirada. Suspiro y asintió lentamente.
Que lo jodan.
—Eres un pervertido —murmuro mirando al dios—. Es un niño.
—Cállate, viejo.
—¡Soy más joven que tú!
Eros lo descarto con un gesto tirando de Di Angelo hacia la mesa de Hades. Pudo escuchar la risa ahogada del niño mientras seguía al dios.
Pequeña mierda.
Suspiro mientras volvía a su mesa. Estaba seguro que ese pervertido alado generaría problemas en su estancia, esperaba no tener que resolver nada.
No lo haría ni que se lo pidieran.
Pero si involucraba a Di Angelo…
Ese chico necesitaba menos problemas en su vida. Tan solo le quedaba rezarle a las Moiras para que no lo hagan sufrir más.
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Eros normalmente era alguien tranquilo en la vida. Los mortales eran divertidos para jugar, se ponían nerviosos con tan solo una flecha. Eran tan fáciles de leer.
Así que cuando ese chico rubio se acercó a Nico mientras se iban del comedor, supo al instante que sentía por su chico.
El pequeño cabrón simplemente se había acercado a Nico y le reclamó que no lo había visitado ni ofrecido su ayuda.
¿Quién se creía que era? Su novio era demasiado para trabajar en una simple y barata enfermería de semidioses babosos. Él iba por mucho más arriba, merecía más ¡Su padre era el maldito dios de las riquezas!
Que te jodan pobretón de Texas.
—¡Hey! —le ofreció la mano—. Hijo de Apolo, ¿verdad? —le sonrió cínicamente.
—Eh… sí —le apretó la mano—. ¿Tú eres?
—Eros, rubiecito —le guiño un ojo—, el dios del amor en persona.
El chico palideció y cuando soltó su mano dio paso para atrás.
—Oh… el dios Eros —miró furtivamente a Nico—. Entonces, si me permite preguntar, ¿qué hace aquí con Nico? —su tono era dudoso. Lo miró como si no entendiera porqué tendría que estar junto a Nico, como si no valiera la pena que un dios estuviera con él.
Petite merde blonde…
—¿Todos tienen tanta duda? —sonrió de manera casi forzada agarrando la cintura de Nico atrayendolo hacia él—. Tan solo estoy pasando unos días con mí lindo novio.
Le dio un beso en la coronilla. Nico le envío una mirada dudosa con el ceño fruncido. No le gustaban las muestras de afecto en público. Pero era un sacrificio necesario.
—Oh… —los hombros del niño bajaron miro dolido a Nico—. Claro, sí —dio un largo suspiro y desvío la mirada—. Me tengo que ir… sí, adiós.
Eros: 1
Pequeña mierda de Apolo: 0
Toma eso perra.
—Eros…
—¿Sí, mon fantôme?
—¿Qué fue eso?
Volteo los ojos mientras Nico se salía de su agarré.
—Tan solo tenía que ver si mí competencia valía la pena —Nico frunció el ceño—. Por favor, mon fantôme, es obvio que ese niño gusta de ti. Tenía que marcar territorio, no puedo dejarte ir.
—Estás siendo dramático —resoplo Nico—. No le gustó a Will.
—Sí lo hace.
—Oh cállate —le dio un codazo en su espinilla. Mierda, pequeña mierda—. Además, ¿qué es eso de marcar territorio? ¿Me vas a mear como un perro?
—Bueno… no es mí fetiche favorito. Pero si insistes —se encogió de hombros.
—¡Qué asco!
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Eros se quedo varios días, incluso Hazel se había ido. El dios había mencionado que ahora que tenían más privacidad podían aprovechar.
Lo haría esperar un poco más. Tan solo para molestar.
Durante esos días, la cabaña de Afrodita los veía de lejos susurrando, señalandolos y rondando cerca suyo todo el tiempo.
Hasta hoy, que los tiburones decidieron atacar.
—Eh, hola.
Nico levanto la vista y vio a una hija de Afrodita, Drew Tanaka, la reconoció.
—Hola, tendresse ¿Tanaka, debo decir?
La chica mira al dios con una ceja alzada.
—¿Me conoces?
—Eres mi media hermana —se burló Eros—, reconozco a cualquier hijo de Afrodita cuando lo veo.
Drew sonrió con sorna mientras le hacía un gesto al resto de la cabaña para que se acercarán. Los niños de Afrodita se amontonaron rápidamente, para murmurar entre ellos o hacerle preguntas curiosas a Eros.
Nico frunció el ceño, no era fan de estar estre tanta gente. Pero al ver lo intrigado que estaba Eros por conocer a sus medio hermanos mortales, lo soporto.
—Así que, Di Angelo —se acercó Drew—, has seducido tú mismo al dios del amor. Todo un logró.
—Tanaka —reconoció—, y, aún que así no es como describiría nuestro proceso pre-relación, sí, se podría decir que sí.
Ella rió y se sentó a su lado.
—Un hijo de Hades en una relación estable, quien lo diría.
—Con tantas posibilidades como un hijo de Afrodita.
—Muy cierto, cuñado, muy cierto.
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Will los miro desde lejos mientras, supuestamente, vigilaba a sus hermanos en tiro con arco.
Estaba con la cabeza en su regazo mientras hablaba de algo que a Will no le podía importar menos. Esos negros ojos lo miraban como si fuera lo más interesante del mundo, acariciaban su cabello rubio como si fuera una tela preciosa.
¿Por qué no era su cabello rubio?
Casi podía oírlo, esas palabras susurradas, el cantar del viento de sus súbditos, la pobre vida del pasto cediendo ante cualquier toque, el rápido palpitar de sus corazones.
Podía verlo, podía oírlo.
Pero no podía sentirlo.
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Nico estaba acurrucado en su cama en forma de ataúd, las mantas estaban desplazadas a los pies de la cama y usaba un abrigo de Eros como frazada.
Había habido diferentes reacciones ante su relación con Eros, algunos habían estado sorprendidos, otros se habían alegrado de que Nico tuviera compañía y otros habían querido matar a Eros (Dionisio).
Pero, la mayoría había tenido una reacción más de incredulidad. Cómo si no pudieran creer que un simple mortal pudiera estar con un dios como Eros, el dios del amor, hermoso por excelencia. Alguien que merecía algo mucho más.
Y Nico era tan poco.
Se removió molesto y apretó el abrigo. No eran los únicos que pensaban así, cada día que pasaba con el dios ese pensamiento calaba más su cerebro, los nervios se extendía por piel, esperando que Eros abriera los ojos y lo deje tirado como si no fuera nada.
No era nada.
—Mon fantôme —dijo una voz abriendo la puerta—, te estuve buscando, ¿qué haces aquí?
Nico alzó levemente la mirada, mirando a Eros atrás ves de sus pestañas. Se veía tan guapo como siempre, si cabello era corto ondulado, de color marrón oscuro con mechas rubias. De piel bronceada y sus ojos tan sangrientos como siempre.
Nico suspiro.
—¿Todo bien, mon amour?—se sentó a su lado en la cama, viéndolo con preocupación.
Nico odiaba darle ese sentimiento, alguien como Eros no debía tener que preocuparse por cosas tan insignificante.
—Estoy bien —murmuró—, tan solo, pensando.
—¿Y qué está pasando por esa linda cabecita tuya? —preguntó dándole caricias en la cabeza acercándose más.
—Mh… —se removió contra las caricias—, tan solo, en la gente —desvío la mirada—. Ya sabes, hemos interactuando con mucha gente últimamente…
—Sí… —frunció el ceño mirando a Nico con preocupación—, ¿pasa algo con eso? ¿Es demasiado para ti? Puedo transportarnos a otro lugar si lo prefieres.
—No, no, estoy bien con eso…
El silencio se acento en la habitación, Eros lo miro fijamente mientras se removía incómodo.
—Sabes que te amo, ¿no? —Nico asintió distraído—. No importa lo que diga la gente, menos lo que piense.
Nico alzó la vista confundido.
—No dejes que esa gente sin un cerebro decente te haga mal —le dió un beso en la frente.
No sabía cómo Eros sabía tan fácil lo que pensaba, pero no podía tener tiempo de enojarse cuando le daba caricias así.
Agarró por los hombros a Eros y lo tiró a su lado. El dios se rió mientras lo agarraba por la cintura, le dió besos en su cuello mientras Nico se subía encima suya.
—Ti amo così tanto tesoro.
—Moi aussi, belle. Je t'aimais comme je n'aimais presque personne.
Los besos pasaron a ligeros mordiscos, las caricias de su cintura pasaron a su cadera. Las manos de Nico recorrieron el pecho del dios mientras dejaba besos en su mandíbula.
Sus labios se unieron en un beso tranquilo, que poco a poco subió de tono. Sus lenguas jugaron y jadeos se escaparon entre sus labios.
En algún momento su ropa empezó a sobrar, así que acabo en el piso. Nico tiró del cabello de Eros mientras daba mordiscos. El dios jugo con sus pezones sacándole gemidos sofocados.
Sus pieles se tocaron, palabras y gemidos escaparon de sus lenguas, cabellos desordenados, gotas de sudor.
Oh, la forma carnal de demostrar amor.
Y por esa noche, Nico permitió que sus pensamientos inseguros se escaparan de su mente.
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Nico estaba acostado sobre el pecho de Eros mientras esté le daba caricias en el cabello.
—Tu cabello ha crecido —murmuró mientras jugaba con sus puntas—. Me gusta como te queda.
—A mí también —su voz amortiguada contra el pecho—, tú quieres que me crezca más para hacerme peinados.
—Oye —se rió Eros—, a ti te gusta, pequeño cabrón.
Nico resoplo una risa mientras disfrutaba de las caricias. Se puso a pensar lánguidamente en su anterior conversación.
Frunció el ceño al pensar en unas palabras de Eros. “Moi aussi, belle. Je t'aimais comme je n'aimais presque personne”
—Hey —apoyó su barbilla en el pecho—, ¿a qué te referías con que me amaste como a casi nadie?
—Oh —Eros se rió—, está Psique, ya sabes —dudo mirando a un lado con una sonrisa pícara—. Tal vez deberías conocerla pronto, ¿no crees?
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