Actions

Work Header

Entre colmillos y acero

Summary:

Durante la guerra entre vampiros y hombres lobo, Dracule Mihawk finalmente encuentra un oponente que le da sentido a su inmortal vida, quizás más de la que habría esperado.

Shanks/Mihawk
Esta historia participa en el One piece week 2024 del grupo One piece ships: Oda nos humilló

Notes:

One piece week 2024
Día 1: Criaturas míticas, amor prohibido
Personajes: Dracule Mihawk, Shanks
Aclaraciones y/o advertencias: Relación Hombre x Hombre, sobrenatural, Universo Alterno

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

La guerra entre hombres lobo y vampiros dejaba a su paso innumerables bajas de ambas partes de manera impresionante. Desesperados, el lado de los bebedores de sangre había creado ejércitos de neófitos obedientes -vampiros jóvenes o recién creados por un vampiro superior-, dispuestos a sacrificarlo todo por sus creadores, o ghouls -monstruos de limitado raciocinio que funcionaban como fuerza militar-.

 

Los campos de batalla estaban teñidos de rojo, las tierras eran ahora eran terrenos baldíos marcados por los restos de los enfrentamientos. Los aullidos de los lobos y los gritos desgarradores de los vampiros resonaban en las noches interminables.

 

La rebelión que llevó a las interminables batallas buscaba la independencia de los hombres lobo, anhelaban liberarse del yugo opresor de los vampiros, quienes los esclavizaron por generaciones como simple mano de obra, tratados como bestias sin consciencia alguna, incluso por debajo de los ghouls.

 

 Dracule Mihawk era un vampiro primigenio, es decir, de los primeros de su clase, aunque más joven en comparación a otros. No pertenecía a ningún clan en específico, era un solitario que había sobrevivido durante siglos gracias a su habilidad con la espada y su mente analítica, siempre había hecho todo a su manera. Despreciaba la creación de neófitos y ghouls por igual, por lo que nunca en su longeva vida se permitió crear alguno; los consideraba herramientas sucias y desesperadas.

 

 Sin embargo, había aceptado unirse a la guerra a regañadientes, no por lealtad a su especie, sino en búsqueda de un desafío que le diera sentido a su inmortal existencia. Estaba aburrido de todo, luego de vivir tantos años la tranquilidad y el poder absoluto pueden tornarse abrumadoramente aburridos.

 

Caminaba entre las sombras de un bosque desolado, sus pasos silenciosos sobre el suelo ennegrecido. Su misión aquella noche era simple: localizar un campamento de hombres lobo que se decía estaba liderado por un guerrero feroz conocido por su astucia y brutalidad. Según los informes, este líder había aniquilado una legión entera de neófitos, demostrando ser una amenaza seria para los vampiros. Era necesario investigar y eliminarlo, debían acabar con cualquier ventaja que pudieran tener.

 

Lo que Mihawk no esperaba era lo que encontró al llegar al campamento. Los rastros del enfrentamiento aún eran frescos, los cuerpos de neófitos yacían esparcidos por todas partes, sus ojos vacíos mirando al cielo nocturno mientras los lobos caídos descansaban en su forma humana, cubiertos de sangre y tierra. No obstante, el campamento en sí estaba desierto. Mihawk avanzó cauteloso, sus sentidos agudizados para detectar cualquier movimiento, listo para desenvainar su espada en cualquier instante.

 

Fue entonces cuando lo sintió: un pulso, una presencia poderosa, inconfundible. No estaba solo.

 

Desde las sombras, un hombre emergió. Su cabello rojo fuego parecía arder bajo la luz de la luna y una sonrisa burlona adornaba su rostro. Tenía una postura relajada, casi despreocupada, como si no considerara a Mihawk una amenaza real. Era un lobo, eso era evidente, pero había algo más en él, algo que no encajaba con la brutalidad ciega de sus iguales.

 

—Supongo que viniste a terminar lo que tus neófitos y ghouls no pudieron ¿Eh? —dijo el hombre, su voz cargada de un tono burlón.

 

Mihawk lo observó en silencio, sus ojos dorados clavados en el desconocido. Si no había restos de Ghouls era porque se volvieron polvo al ser masacrados; lo mismo pasaría con los cadáveres de neófitos al amanecer. Entonces este era el guerrero que le estaba dando la victoria a los hombres lobo.

 

—Si fueran míos, no habrían caído tan fácilmente —soltó aun con una expresión serena y altiva—, aunque me disgusta la idea de crear cualquiera de los dos, son patéticos intentos desesperados de otros vampiros por cubrir más de lo que realmente pueden abarcar.

 

El hombre rio, un sonido bajo y gutural que resonó en el aire nocturno.

 

—Bueno, parece que al menos hay un vampiro que no depende de cadáveres sin cerebro. Déjame adivinar ¿Eres de los que prefieren ensuciarse las manos por cuenta propia? —cuestionó mientras daba un paso hacia el pelinegro, no se mostró intimidado por su pesada aura en ningún momento.

—No perderé el tiempo con palabras, lobo —respondió, desenvainando su espada lentamente. La hoja relució bajo la luz de la luna y el aire entre ambos se volvió tenso.

—Que lástima, yo quería conversar, pero ya que insistes.

 

 Habría jurado que tomaría su forma de lobo y se lanzaría contra él salvajemente, como todos en su especie. Sin embargo, eso no sucedió, era un luchador formidable, contaba con su propia espada que empuñaba perfectamente y, no solo se cubría de sus ataques, los devolvía con una fuerza descomunal que nunca había experimentado.

 

El sonido del metal resonaba en la noche como un coro de violencia que retumbaba en el bosque desolado. Cada golpe y choque de las espadas parecía una melodía frenética y precisa, una danza mortal entre dos guerreros que no conocían la palabra rendición. Mihawk observaba a su oponente con atención fría, calculadora, buscando una apertura, un error. Pero este lobo era diferente, no atacaba con la brutalidad característica de su especie, ni se dejaba llevar por la rabia ciega que había visto innumerables veces en otros hombres lobo. No, este luchador era disciplinado, metódico y su fuerza era mayor que la de cualquiera que hubiese enfrentado.

 

El vampiro deslizó su espada hacia abajo en un golpe rápido, buscando desarmarlo, pero el lobo bloqueó con maestría, contraatacando con un movimiento veloz que obligó a Mihawk a retroceder un paso. Una ligera sonrisa apareció en el rostro del vampiro. Era la primera vez en siglos que alguien lo obligaba a retroceder.

 

—No luchas nada mal, lobo.

—Tú tampoco lo haces mal, aunque preferiría que me llamaras por mi nombre, no soy solo un animal —respondió el hombre, su respiración pesada pero sus movimientos aún fluidos.

—¿Y cuál sería ese? —nunca antes se había molestado en preguntar el nombre de su oponente, porque no lo encontraba necesario o relevante, pero esta vez era distinto, estaba demasiado intrigado por aquel pelirrojo.

—Shanks. Llámame Shanks. Y estoy Seguro que tú eres al que todos llaman Hawkeyes ¿Es ese un nombre?

—Mihawk, Dracule Mihawk.

 

El intercambio de golpes continuó, cada uno empujando al otro al límite de sus habilidades. Con cada impacto, con cada movimiento, Mihawk sentía algo que no había experimentado en siglos: emoción. Este lobo no era simplemente un rival, era un oponente digno, alguien que lo hacía esforzarse más allá de lo que estaba acostumbrado.

 

El agotamiento comenzó a hacerse presente, no por debilidad, sino por la intensidad de la lucha. Ambos eran criaturas excepcionales, con habilidades que superaban con creces a las de cualquier ser común, pero incluso ellos tenían límites. Finalmente, después de otro choque de espadas, Mihawk saltó hacia atrás, poniendo algo de distancia entre ellos. Su pecho subía y bajaba ligeramente; pese a las creencias de muchos, los vampiros aun requerían de oxígeno, simplemente en menor medida que muchas especies.

 

—Eres impresionante, pero no voy a seguir entreteniéndote toda la noche.

 

Shanks bajó su espada ligeramente, mas no la soltó del todo. Su sonrisa seguía allí, aunque ahora parecía más sincera, menos desafiante.

 

—Lo mismo podría decir de ti, Hawkeyes. Podríamos seguir peleando hasta que uno de los dos caiga, pero ¿no sería más interesante que nos tomáramos un descanso y habláramos como adultos civilizados?

 

Mihawk lo miró fijamente, evaluando sus palabras. Aún podía sentir la adrenalina del combate corriendo por su cuerpo, pero también sabía reconocer cuando alguien no tenía intención de matarlo, al menos no de inmediato. Y, aunque no lo admitiría en voz alta, había algo intrigante en este lobo, algo que lo hacía dudar de eliminarlo ¿Por qué acabar con su fuente de entretenimiento en una misma noche?

 

—Hablas demasiado —respondió finalmente, envainando su espada con un movimiento elegante.

 

El pelirrojo soltó una risa gutural, bajando su propia espada.

 

—Y tú hablas muy poco. Supongo que es una buena combinación.

 

El vampiro giró los ojos levemente, mas no dijo nada. En lugar de eso, comenzó a caminar hacia un árbol caído que había cerca. Shanks lo siguió con la misma relajación que había mostrado durante toda la noche, como si no acabara de enfrentarse a un combate a vida o muerte.

 

—¿Qué es lo que quieres, lobo? —preguntó Mihawk finalmente, sentándose sobre el tronco con gracia sobrenatural.

 

El hombre lobo se sentó frente a él, cruzando las piernas como si fuera un simple viajero descansando después de un largo día.

 

—La verdad, estoy cansado de esta guerra. Estoy cansado de perder a mi gente, todo lo que deseamos es ser libres, pero si no queda nadie, entonces esto ya no tendrá sentido. Y por alguna razón, creo que tú tampoco estás muy entusiasmado con todo este asunto.

 

Mihawk lo miró en silencio por un momento antes de responder.

 

—Tengo mis razones, pero concuerdo con que esta guerra dejó de tener sentido hace mucho. Los vampiros son muy orgullosos para aceptar que han perdido su poder sobre tu especie.

—Entonces estamos en el mismo barco —dijo con una sonrisa melancólica—. Quiero convencer a mi manada y las otras de detener esto antes de que no quede nada de nosotros, ni de ustedes.

 

Dracule no respondió de inmediato. Sus ojos estudiaron al lobo con intensidad, buscando señales de mentira o manipulación. Pero no encontró nada. Shanks parecía genuino, algo que era raro en un mundo donde la traición y el engaño eran moneda corriente.

 

—Si eso es cierto, entonces eres un iluso —Mihawk cruzó los brazos, mas no desvió la mirada de Shanks—. Esta guerra no terminará porque tú lo quieras.

—Tal vez, pero alguien tiene que intentarlo ¿No? Y tal vez tú puedas ayudarme —soltó encogiéndose de hombros.

—No deberías confiar en mí, soy un vampiro, soy tu enemigo —se levantó de inmediato de su lugar ¿Cómo podía ser tan tonto ahora?

—Puedes pensarlo, eres muy fuerte y estoy seguro que tienes mucha influencia en los clanes vampíricos por eso.

—Esto es una tontería. Será mejor que me retire, si me lo preguntan, eres una amenaza mucho más terrible de lo que consideraban.

 

El pelirrojo le vio alejarse, era una locura pensar que dos miembros de especies enemigas se hablaran como si nada, sin embargo, aquella pelea parecía haber hecho nacer un sentimiento de respeto mutuo entre ambos.

 

Aquella no fue la única vez que se encontraron y, conforme se enfrentaban, era difícil pensar que habría una última, porque ambos lo disfrutaban más de lo que deberían, era divertido descubrir alguien que les igualara en fuerza de esa manera. Mihawk estaba maravillado con aquel lobo y, si no fuera por la estúpida guerra, podría seguir escuchando sus desvaríos a gusto después de una buena pelea.

 

Sin embargo, en algún punto luchar dejó de ser una excusa necesaria para encontrarse y conversar. Shanks seguía insistiendo en acabar la guerra mediante algún tratado de no agresión, que ambas partes se rindieran. Las tropas de neófitos y ghouls habían disminuido considerablemente, desde que las manadas de hombres lobo aprendieron a controlar voluntariamente su transformación era claro que todo estaba perdido para los vampiros, no tenía sentido alguno continuar, Mihawk lo sabía.

 

—¿Alguna buena noticia esta vez? —Shanks siempre parecía demasiado ilusionado cuando le veía aparecer en aquel sitio que acordaron, donde sabían que nadie de sus bandos les encontraría.

—La matriarca del clan Donquixote parece de acuerdo con la propuesta —soltó tras tomar asiento a su lado y podría jurar que el brillo de emoción en sus ojos fue como el de un cachorro—, pero los otros clanes son más complicados, tomará tiempo o su completa aniquilación.

—¿No piensas seguir defendiendo a los tuyos?

—Solo me interesa luchar contigo, es divertido.

—A mí solo me interesa verte.

 

Si tuviese suficiente sangre recorriéndole el cuerpo, seguramente se habría ruborizado con las palabras del pelirrojo. El silencio que siguió fue más elocuente que cualquier respuesta que el vampiro pudiera dar. No era frecuente que alguien lo dejara sin palabras, pero el lobo parecía tener un talento especial para desarmarlo, no con su espada, sino con esa sonrisa tan genuina y esas palabras directas que siempre lograban sacarlo de su centro.

 

Mihawk estaba acostumbrado a la frialdad, al control absoluto de sus emociones, pero con Shanks todo se sentía distinto. Extrañamente cálido.

 

—Tus palabras son tan imprudentes como tú, lobo —su tono seguía siendo el mismo, frío y neutral, aunque había algo en su mirada, una leve suavidad que delataba la agitación interna que trataba de ocultar.

 

Shanks soltó una carcajada, clara y despreocupada, como si el mundo no estuviera al borde del colapso.

 

—Solo estoy diciendo la verdad —el pelirrojo se giró hacia él, apoyando un codo en su rodilla mientras lo observaba con una mezcla de diversión y sinceridad—. Si eso te incomoda, entonces puede que no seas tan frío como te gusta aparentar, Hawkeyes.

—¿Qué buscas con esas palabras, Shanks?

 

El lobo se encogió de hombros, como si la respuesta fuera tan obvia que no valía la pena decirla.

 

—No hay nada oculto, quiero seguir viéndote y, si la guerra entre especies acaba, entonces ya no lo haré en secreto.

 

Dracule guardó silencio, como si tratara de procesar todo aquello, como si no sonara plenamente imposible en esos momentos lo que pedía. Desde que había comenzado a encontrarse con Shanks, la guerra le parecía todavía menos relevante, menos significativa. Por primera vez en siglos tenía algo que esperaba con ansias, una razón para romper la monotonía de su existencia. Y esa razón también era peligrosa. Shanks era un lobo y él un vampiro. Sus mundos estaban destinados a colisionar, no a coexistir.

 

—Mi raza esclavizó a la tuya por años —trató de ser racional.

—Tú eres diferente, nunca lo hiciste.

—Tampoco hice nada por hacer una diferencia.

—Lo haces ahora. Tú mismo dijiste que esta guerra no tiene sentido, que no luchas por los tuyos. Entonces dime, Mihawk ¿Por qué seguimos aquí, enfrentándonos bajo esta luna si no es porque queremos algo más?

 

El vampiro cerró los ojos por un momento, dejando escapar un leve suspiro. Cuando los abrió de nuevo, su mirada estaba fija en Shanks, llena de una determinación que pocas veces mostraba.

 

—Tal vez porque soy un necio, como tú.

 

Su acompañante sonrió ampliamente, como si esas palabras fueran todo lo que necesitaba escuchar. Se inclinó hacia adelante, acercándose al pálido rostro del vampiro, admirando aquellos ojos dorados con cierta adoración mientras llevaba su mano a su mejilla para acariciarla con suavidad. Mihawk no le apartó.

 

—No me odies por esto, Hawkeyes—susurró, cerrando la distancia entre ellos.

 

Sus labios se encontraron con los de Mihawk con una delicadeza que contrastaba con todo lo que representaban. Era como si ambos hubieran olvidado la guerra, sus diferencias, sus naturalezas opuestas. En ese momento, solo existían ellos dos. Dracule permitió que el momento se prolongara, sus ojos cerrándose lentamente mientras correspondía al gesto con una reserva inesperada. Había algo en ese beso que hacía que el mundo pareciera menos sombrío, menos solitario.

 

—Sabía que no me rechazarías —dijo, aunque su voz tenía un leve temblor.

 

Mihawk lo miró en silencio durante unos largos segundos, sus ojos dorados brillando con una intensidad que Shanks no pudo descifrar. Finalmente, el vampiro habló, su voz tan baja que casi fue un susurro.

 

—Eres un idiota —no había verdadera dureza en sus palabras, solo una resignación tranquila, casi afectuosa.

 

El pelirrojo sonrió triunfante, como si con aquello hubiese ganado algo más. Tal vez el futuro aun era demasiado incierto para ellos, tenían cosas por las que luchar o esforzarse demasiado, tal vez cuando todo terminara, podrían encontrar la manera de permanecer juntos en su propia eternidad.

¿FIN?

Notes:

No es el fin porque esto es básicamente el preludio de una historia que tengo en proceso y pretendo empezar a publicar cuando la One piece Week termine. Claro que la historia estará ambientada muchos años en el futuro, pero pues esto es relevante (¿?) Espero les haya gustado, nos leemos.

Series this work belongs to: