Chapter Text
1.Revelación de la casta
No es que fueran los mejores amigos, pero con el pasar del tiempo Shark se había vuelto más cercano a Kaito.
Por sí solos tal vez no hubieran tenido la oportunidad de pasar tanto tiempo juntos para poder formar una amistad cercana, sin embargo, las amenazas a la paz de Heartland y la insistencia de Yuma en la vida de ambos volvió realidad esta unión.
Se podría decir que todo había iniciado luego de derrotar la amenaza del mundo Astral y regresar a la tierra. Los números que una vez los Barian habían invocado en la tierra para provocar el caos se estaban volviendo a materializar en personas de corazón oscuros y una voluntad débil alrededor de la ciudad. Como los responsables en primer lugar, los Emperadores Barian quisieron hacerse cargo de estos incidentes, pero tanto Yuma como Kaito se unieron a la misión sin permitir un no como respuesta. Así es como terminaban topándose en lugares donde la energía de los ahora nombrado “Números falsos” se había más fuerte.
Y podía ser coincidencia, pero se volvió casi una rutina que donde Shark encontrara un número, Kaito estuviera allí. Ni con Yuma, Rio o algún otro de los Emperadores Barian había cazado tantos números falsos como a lado del usuario del Dragón Fotónico de los ojos Galácticos.
Fue entre tantos encuentros que Shark no pudo evitar notar en Kaito algo más allá del frío exterior que lo caracterizaba. Aquellos momentos donde parecía estar a punto de perder el control antes de mostrar su fuerte y decidida mirada, pero especialmente aquella leve mueca, casi imperceptible, que aparecía en su rostro cuando al finalizar un duelo la persona que había sido poseída por el número tardaba en recobrar el conocimiento. Era una melancolía de la cual Shark jamás comentó, pero estaba seguro que Kaito sabía que el otro duelista había notado.
Y un día, simplemente lo sintió.
Sutil, pero electrizante.
Metálico y fresco, como el inicio de una tormenta. El olor a ozono. Y no tardó más que un momento en notar que aquel tenía que ser el aroma de Kaito.
-*-
—¡Kattobingu! — exclamó Yuma juntando sus manos para armarse de valor ante su nuevo desafío frente a él.
Un enorme cuenco de ramen frente a él, un temporizador a su lado y los ojos del mesero que esperaba que a que Yuma tomara el primer cuenco de ramen de la banda transportadora para iniciar el desafío. 30 minutos para comer la mayor cantidad de cuencos de ramen posible. El récord era 200, y de sobrepasarlo el duelista tendría su nombre desplegado en una pantalla en el lugar.
Luego de haberse enfrentado a unos trillizos poseídos por los números falsos, Kaito y Shark fueron arrastrados por Yuma para celebrar en un restaurante donde de cualquier forma el duelista más inconsistente de Heartland enfrentaría otro estúpido reto para probarse a si mismo.
—¿En serio vas a hacer esto por un llavero? — preguntó Shark a la izquierda de Yuma, incrédulo mientras abría sus palillos y tomaba uno de los cuencos que pasaban por la banda.
—¡Es más que eso! — dijo Yuma tan pronto tragó lo de su primer cuenco— ¡Sino me pruebo a mí mismo constantemente me oxidaré! ¡Además! ¡El llavero de Esper Robin es de edición limitada!
Dijo Yuma mientras proseguía su desafío, comiendo casi todos los fideos de un plato antes de casi ahogarse y soltarlo.
—¡Ah! Casi se me olvida, tengo que tomarme esto— dijo el apurándose, dejando el cuenco vacío entre la pila que se formaba frente a el y tomando un pequeño tuvo de pastillas. La acción hizo que un par de ellas cayeran sobre la mesa.
Kaito, quien se encontraba a la derecha de Yuma miró atónito al medicamento, tomando una de las pastillas que rodaron hacia él en su mano. Movimiento que la mirada de Shark también siguió.
¿Esos eran?
—Supresores.
Declaró Kaito y Orbital añadió incrédulo.
—¡¿Para alfa?!
—¡Ah sí! Tengo que tomarlas con la comida— respondió Yuma mientras masticaba, más preocupado por el desafío que por revelar su casta.
Shark miró a Yuma sorprendido, no podía creer que fuera un alfa. Aunque, con todo lo sucedido luego de la casa de los números y el duelo de Don Thousand, tal vez fue algo que debió haber visto venir.
—No te lo tomes a la ligera Yuma— sentenció Kaito severamente, dejando ir la pequeña caer la pequeña pastilla sobre la mesa— Si eres un alfa, tienes mucha más responsabilidad para cuidar a los demás, especialmente de ti mismo.
Yuma solo asintió mientras seguía comiendo, a lo que Shark alzó una ceja. Su mirada fija en el duelista rubio a la vez que sentía un nudo hacerse en su garganta y un vuelco en el estomago que lo obligó a dejar su plato en la mesa. Sin embargo, se obligó a sonreír mientras se recargaba hacia adelante. Talvez había otra explicación.
—Sabes mucho de esto, ¿podría ser que acaso el gran Kaito es un Ome…? — soltó Shark, mordaz y casi con veneno, pero de inmediato fue interrumpido por el robot faldero de Kaito.
—¡Para que lo sepas! ¡El amo Kaito es un poderoso alfa! — exclamó el robot saltando desde su lugar, tirando una de las torres que Yuma había hecho con sus platos de ramen.
Mientras Kaito inmediatamente silenciaba a Orbital con su mirada fría y Yuma junto al pobre mesero recogían el desastre Shark se quedó en completo silencio.
Que Kaito fuera un alfa no debió ser una sorpresa tan grande, siempre fue alguien que se imponía ante todos como un muro arrasando con todo.
Pero el problema era que, con el pasar del tiempo el olor a ozono que emanaba de su cuerpo era más y más notorio para Shark. El ozono debía ser su aroma y, conociendo lo disciplinado que era, debía ser de aquellos que jamás olvidaban el tomar sus supresores de hormonas.
La única manera en que Shark pudiera seguir percibiendo su aroma era…
—¿Pero entonces porque no te has casado?
Aquella pregunta regresó al joven a la realidad. El caos recién se había apaciguado, otra derrota para Yuma quien ayudaba un poco al mesero a limpiar con una toalla. No era de extrañar que preguntara aquello, los que revelaban la casta secundaria a menudo se casaban jóvenes, tan pronto encontraban en alguien de la casta opuesta un aroma que pudieran reconocer como compatible.
Como su destinado.
Los propios padres de Yuma se conocieron en la adolescencia y casaron en la universidad.
Pero la respuesta de Kaito fue un definitivo.
—Yo no voy a tener hijos, ni tampoco casarme. Lo sacrifiqué todo cuando empecé a cazar los números.
La atmosfera se sintió pesada ante tal revelación, sin embargo, Yuma siempre optimista intentó dar la vuelta a todo con una sonrisa.
—¡Pero todavía puede que oler a la persona que…!
—No. Yo ya ni siquiera puedo sentir el aroma de los demás, fue lo que di a cambio del poder del Galaxy eyes.
—Amo Kaito…— susurró Orbital en voz baja, como si esto fuera algo que ya había hablado anteriormente.
Yuma trató de replicar, pero la mano alzada de Kaito le indicó que debía parar.
—Esta bien Yuma, yo estoy bien así. Quiero dedicar mi vida a Haruto y Heartland, no necesito una pareja.
Respondió Kaito con una pequeña mueca que se mostraba más como una sonrisa de aceptación. Puede que Yuma mantuviera su espíritu alegre e inmadura con los años, pero incluso había crecido lo suficiente como para dejar de hablar de ello. Así que solo volvieron a hablar de los duelos e incluso Yuma intentó el desafío desde el inicio a pesar de ya estar lleno de los platos que se habían caído al suelo.
Y Shark no podía recordar nada más de esa noche.
-*-
Shark sabía perfectamente que, si deseaba saltarse las clases, lo mejor que podía hacer era permanecer en la escuela, tal vez encerrarse en la azotea. Sin embargo, en aquellos momentos se sentía tan frustrado y enojado que solo podía pensar en alejarse para tomar aire, poco le importaba si un policía lo detenía por ser un estudiante en uniforme que estaba caminando por las calles de Heartland como si nada en horario escolar.
Aún podía sentir los fuertes efectos de los supresores sobre él provocándole fuertes migrañas y una vez que llegó al banco del primer parque que encontró, Ryoga Kamishiro tuvo que aceptar una serie de dolorosas verdades.
Era un Omega.
Le gustaba Kaito, un alfa.
Probablemente su destinado.
Pero esa posibilidad había sido cerrada por el propio rubio sin dar una posibilidad a replica.
En la mente del joven ahora solo podía recordar aquellos momentos en los duelos donde se lo apreciaba, no solo su apariencia, sino su postura, la fuerza de sus movimientos, acciones que alguna vez consideró desquiciantes y hasta aterradores. Pero sobretodo, aquellos fugaces momentos donde sonreía de corazón.
Y lo agradable del aroma que desprendía, aún si le tomó algo de tiempo asociar con Kaito.
Había pasado un tiempo en que el respeto por el duelista del Dragón Fotónico se había convertido en algo más.
“Existe una persona que puede sentir tu aroma pese a los supresores, y esa es tu persona destinada”
Recordó haber escuchado por allí, entre las leyendas, mitos, cuentos, publicidad. Él jamás había pensado mucho en el amor. No le importaban las mujeres que sabía estaban enamoradas de él, nunca pensó demasiado en su futuro, pero, la idea de que Kaito fuera su destinado, repentinamente llenaba su corazón de una calidez y un dolor a partes iguales.
Fue entonces que Shark sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo cuando de la nada sintió la mano de alguien tomar uno de los mechones de su cabello por detrás. En el momento en que prácticamente saltó de la banca y cuando volteó su cuerpo para ver a quien se atrevió a tocarlo quedó pasmado al encontrarse el rostro de alguien que conocía demasiado bien.
—¿Me extrañaste Ryoga?
Fue en ese momento que el más joven directamente soltó un puñetazo hacia IV, quien por desgracia fue capaz de esquivarlo con aquella irritante sonrisa en su rostro.
—Eh tranquilo, ¿así me va a recibir mi fan número uno?
—Jódete.
Le soltó Shark, en ese momento no tenía tiempo ni la más mínima onza de paciencia para poder soportar las estupideces de IV.
—Oh Ryoga, me ofendes, ¿no éramos amigos?
—No cuando te portas así— dijo Shark rodando los ojos— ¿Por qué estás aquí? ¿No estabas estudiando en el extranjero?
—Ah, pero Ryoga, te había mandado en mi última carta que iba a volver pronto.
—¡No seas mentiroso!
—¡Caíste en mi trampa! ¡Entonces de verdad lees mis cartas! Me estaba preocupando que no hicieras porque no sueles escribir de vuelta.
Por supuesto que Shark no lo hacía, empezando porque IV escribía muchas estupideces en sus cartas como para que valiera la pena responderle algo. Y que por supuesto que IV tenía que escoger la manera más tediosa de
comunicarse con él. Aunque, tampoco es como que Shark le hubiera dado su número de teléfono para que pudiera contactarlo de otra forma.
Su amistad con IV era rara, pero tomando en cuenta la historia entre ellos, era un milagro que se pudieran llamar amigos en primer lugar.
Al final, Shark sólo gruñó molesto y comenzó a alejarse, algo que no funcionó del todo cuando IV comenzó a seguirlo.
—¿Y a qué viniste entonces? — dijo Shark finalmente a regañadientes.
—A ver a mi familia, a participar en un torneo de Heartland, y por supuesto que a verte a ti Ryoga— Shark rodó los ojos y IV soltó una corta carcajada— También me daba curiosidad ver qué casta serías, estaba contando los años
hasta que eso sucediera.
—Cómo un asqueroso acosador, típico de ti.
—Me declaro culpable.
Por un momento Shark esperó la obvia pregunta, sin embargo, alzó una ceja cuando se dio cuenta que el otro no la había hecho.
—¿No me vas a preguntar que soy?
—No, porque ya lo sé.
Shark detuvo sus pasos y volteó su cuerpo para ver a IV confundido. Estaba tomando supresores fuertes para el aroma y hormonas, no se suponía que alguien pudiera olerlo.
—Estas mintiendo.
—Claro que no. Lo he sabido desde hace mucho. Ryoga, tú y yo estamos destinados.
—¡No me hagas reír! — exclamó Shark volteando su rostro— Te puedo asegurar que tú no eres mi destinado.
—Ah, vamos Ryoga, no tienes que ser tan tímido. Lo he estado esperando por años. Así fue como te encontré— el joven Arclight dio un paso al frente, deslizando su brazo alrededor de Shark para acercarlo a su cuerpo y murmurar en su oído—Puedo oler el mar en ti.
El más joven se tensó tanto por la acción como por la afirmación de IV.
A la mañana siguiente que el joven Kamishiro descubrió que Kaito era un alfa, fue con su hermana a hacerse exámenes de emergencias para saber su casta. Usualmente estos se harían durante el promedio del segundo despertar sexual de la persona, alrededor de los 18 años, sin embargo, si había algún tipo de indicio antes de esa edad como con Yuma, se podían realizar estudios que forzaban a revelarse antes.
Esto con el objetivo de que los jóvenes no despertaran en medio de un celo que pudiera ponerlo a ellos o a otros en peligro. En especial para omegas.
Así fue como debieron tomar unos medicamentos que, de estar cerca el despertar, forzaban un mini celo que hacía al cuerpo expulsar hormonas y desarrollar algo de fiebre. En medio de ese estado, podían detectar los aromas incluso entre omegas.
Y Shark recordaba muy bien las palabras de Rio.
“Hueles a mar”
—Yo…no puedo oler nada en tí—
Respondió Shark en voz baja. No fue con una replica ni con un ira o veneno, solo había una honesta confusión en la voz del joven.
¿Cómo podía IV oler su aroma y él no?
La sonrisa en el rostro del mayor desapareció lentamente ante la seriedad de Shark. Se esperaba que tal vez lo rechazara por timidez, pero, no, esto.
—Estamos destinados. Sino puedes olerme aún debe ser porque…
Repitió el joven del mechón dorado y cabellos magentas. Shark finalmente lo empujó lejos.
—No, yo ya conocí a mi destinado. Y no eres tú.
Los ojos rojos de IV se abrieron y la mueca de dolor acentuó la larga cicatriz en su rostro por un momento, antes de calmarse y dejar de lado los celos que comenzaban a calarle en el pecho.
—Yo soy tu destinado. Sin importar cuanto lo quieres negar.
—Tu no hueles a nada para mí.
Respondió Shark. El olor de IV estaba apagado por los supresores que seguro debía tomar como alfa, y sin las feromonas un omega normal no podía detectarlo.
Por un momento el rostro de IV se contorsionó entre el dolor y desconcierto, pero finalmente cerró los ojos, y al abrirlos sonrió con honestidad.
—No me voy a rendir contigo— dijo el antes de dedicarle un sonrisa arrogante a Shark— No soy de los que se rinden. Seguro, es solo cuestión de tiempo.
IV se inclinó lo suficiente como para poder grabar en su corazón el aroma de Shark, que de ahora en adelante se convertiría en su favorito.
—Nos vemos pronto, Ryoga.
Se despidió IV, dejando a Shark mirándolo a lo lejos hasta que finalmente desapareció de su vista.
¿Se habría equivocado y en realidad IV era su destinado?
Luego de un momento descartó la idea y sacó los supresores de la bolsa de su pantalón para tirarlos a la basura. Seguro esas cosas estaban mal, ya luego irían a que le cambiaran la medicación.
Y con eso en mente es que Shark emprendió el camino de regreso a su casa.
