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My best enemy

Summary:

Pero si aún sigues buscando mi voz, olvídame. ¿Por qué me duele escuchar tu nombre? ¿Qué clase de emoción es esta? ¿Es odio o es la dulzura de escuchar tu nombre? Te había dicho que no siguieras mirando atrás. Tu pasado te seguirá y te llevará a la desgracia.
Te amo, te dejo ir. Te amo, te dejo ir.

Inspirado en Arcane, serie de Netflix.

Work Text:

Una fuerte corriente de energía aterrizó en el interior de los vasos neuronales de su cuerpo. Blitz abrió sus ojos repleto de horror y jadeó a punto de desfallecer por la falta de aire. ¿Qué es lo que le acababa de pasar a su cuerpo? Todo vibraba y retumbaba en su mente de la peor forma posible, como si acabara de bajar de la montaña rusa mas potente de todas.

—¿Qué...? —el imp observó sus manos y se alteró mucho más, ya que sus ropas se veían diferentes a las que llevaba puestas hacía minutos atrás.

—¿Por qué te ves como si estuvieras hablando con un puto fantasma, Blitzo?

Esa voz.

Barbie se cruzó de brazos ante su hermano, ya que estaban teniendo una conversación normal desde hacía al menos diez minutos. La chica no portaba los tatuajes y cicatrices de sus brazos, mucho menos la cruz que tachaba su marca de nacimiento en su frente. Incluso su forma de vestir no era agresiva, sino sutil y femenina en cuanto a colores claros.

Cuando Blitz contempló a su hermana frente a él, se espantó lo suficiente como para retroceder y mirar a su alrededor como un perro asustado en un ambiente desconocido. Comenzó a sudar y a sentir las pulsaciones de su corazón a mil por hora.

—¿Dónde... carajo estoy...?

—Eh, ¿Estás ebrio? ¿O qué tomaste? Nunca eres tan-

Pero su hermano no pudo reflexionar por mucho tiempo más, cayó de rodillas al piso, se sostuvo el estómago y comenzó a vomitar. Sentía el estómago revuelto por el tremendo viaje entre dimensiones que tuvo que atravesar para llegar hasta allí. Eso era, la piedra Asmodeana le jugó una mala pasada, pero no comprendía que fue lo que hizo mal para que algo de esa magnitud estuviera sucediendo.

Esa casa de madera situada en un prado extraño de vegetación oscura, esos cuartos limpios y ese hogar que parecía el de una familia típica... Todo se veía increíblemente extraño.

—Ew, esa resaca está pegando duro. Deja de combinar alcohol con ácido al menos una vez —Barbie, su hermana, lucía bastante joven a comparación de la última vez que Blitz la vio. Ella parecía acostumbrada a que su hermano se fuera de juerga seguido y terminase vomitando, al parecer no era nada de otro mundo.

Sin embargo, cuando Blitz se puso de pie secándose la boca y aún sintiéndose mareado por el viaje interestelar, volvió a observar su alrededor con sus pupilas temblando del pánico.

—¿Por qué tú...? ¿Dónde estamos? ¿Qué es este lugar?

Ante esas preguntas extrañas, Barbie amplió sus ojos y se le quedó mirando. Se preocupó por primera vez, se veía desorientado y perdido, más que de costumbre, casi como si hubiera perdido la memoria.

—Me estás asustando, estas muy pálido. ¿Quieres que llame a mamá? Ella siempre sabe que hacer.

Blitz se estremeció de una forma indescriptible, era demasiada información golpeando su pobre mente al misterio tiempo.

—¿A mam-

Fue entonces que la puerta del pequeño y acogedor hogar se abrió. Tilla cargaba consigo dos bolsas en cada mano y su expresión se veía bastantes molesta por la poca colaboración que le ofrecían sus hijos a la hora de ayudar. Es decir, ambos eran adultos de veinte años, podían comenzar a ser eficientes con el orden ya que eran un equipo de dos.

—¡Hey, vengan a ayudar con los preparativos! Le eché una mirada al poblado y no se ordenerá solo, aún no se ve bien —habló la mujer con un tono severo, pero suave, no estaba enojada realmente—. Les recuerdo que el carnaval es en menos de cuatro horas. ¡No queda mucho para el anochecer!

—No es nuestra culpa, mamá —le respondió Barb con algo de fastidio en su voz—. La mayoría de los chicos está trabajando. Terminaremos los últimos arreglos antes de que baje la luz del día. Te lo prometo, será una fiesta inolvidable. ¡No te preocupes tanto!

Mientras ambas mujeres hablaban, Blitz permanecía petrificado y sin habla en su lugar. Estaba en un total estado de shock.

Sus ojos llenándose de lágrimas... Su corazón conmovido hasta la médula. Era la voz de su madre, era la manera en como los regañaba, con dulzura, eran sus ojos gentiles y su voz angelical. Era ella... De verdad era ella.

—Oh, hijo, que bueno que te encuentro —le habló su madre por primera vez a su niño—. Me cansé de llamarte y jamás respondiste, ¿qué haré contigo? Como sea, ¿podrías ayudarme con-

Blitz corrió hacia su mamá, la abrazó y causó que ella dejara caer las bolsas que traía entre sus manos. Blitz la apretó con fuerza, enterró su rostro sobre su pecho, lloró en silencio y apenas pudo solllozar un poco, conteniéndose para no asustarla.

La amaba, la amaba, la adoraba. Tilla se quedó impactada, empezó a acariciar la espalda de Blitz y no supo cómo reaccionar adecuadamente. Él jamás era así de cariñoso de la nada.

"Es un sueño. No quiero despertar. No quiero despedirme. No quiero salir de aquí, nunca."

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Luego de unas horas, Blitz comenzó a indagar en su habitación. En la habitación que le pertenecía solo a él en ese mundo. Tomó libros, papeles y álbumes de fotos. Necesitaba saber el contexto de muchas cosas.

"Pero si estoy aquí, ¿qué es lo que habrá sucedido con Loona o con los chicos?... Y Stolas..."

Cuando estaba sentado sobre su cama y siendo iluminado por la luz de su ventana, observó una foto de su padre en blanco y negro y una especie de dedicatoria por parte de todos los de su familia de sangre.

"En esta realidad, papá fue el que murió en el incendio."

Ahogó una risa despiadada. Era era la razón por la que era un mundo mejor, la razón por la cual su hermana y su mamá se veían felices y saludables. El circo, el incendio, todo eso sucedió. Pero...

"¿Acaso del resto de los del circo están bien? ¿Es a eso a lo que le llaman poblado? ¿Es nuestra comunidad?"

El único que había fallecido era Cash. Su circo se volvió una comunidad imp que vivía lejos de la ciudad y por lo poco que veía por fuera del ventanal, todos parecían ser vecinos amigables, personas que tuvieron hijos y familias grandes y compuestas con casas simples y rústicas, era como su propio pueblo.

Entonces, en ese mundo, Blitz no arruinó la vida de las personas después de todo. Era un lugar feliz, un lugar tranquilo desde que su papá no estaba allí, jodiendo y jodiendo con su forma tirana de maltratarlos a todos.

"Es el límite de la ciudad con la zona campestre. Todos formaron un hogar aquí luego de lo que yo hice... Es como una comunidad de solo imps."

Miraba las fotos de uno de los álbumes luego de revisar la mayoría. Y era una realidad alterna en la que ese incendio mejoró la vida de las personas al alejarse del circo, en dónde nada estaba rodeado de muerte y dolor, en donde se llevaba bien con los de su raza fuera de la ciudad.

Cerró el álbum. Sacó la piedra Asmodeana de su bolsillo y se dio cuenta de lo fragmentada que estaba, una abertura la quebraba por la mitad y la hacia verse rota, como si fuera a partirse. Y con ese desperfecto, la magia no funcionaba. Tal vez esa anomalía fue la que causó que viajara a una realidad alterna desde un principio.

"Debo volver pronto. Pero esta puta piedra Asmodeana se desconfiguró o algo así. Está quebrada."

Blitz se abrumó. Ese mundo era hermoso, pero no era su mundo y sabía que debía volver a pesar de todo. Amaba a su madre, daría lo que fuera para que ella y su hermana estuvieran en su vida. Pero no podía acostumbrarse a eso, porque no era su verdadera vida. Ese cristal no solo lo llevó a un mundo alterno, sino que también lo rejuveneció. Nada estaba en su lugar.

"¿Y si no puedo volver a mi realidad? ¿Qué es lo que voy a hacer?"

Observó el cristal anaranjado entre sus manos. Jadeó sorprendido al ver como su quiebre se estaba unificando con sus fragmentos poco a poco debido a su propia magia. Estaba seguro de que ese proceso de reparación era automático, pero tardaría un tiempo.

"Sé está reparando por si misma. Debo esperar a que termine y luego podré volver."

Alguien entró a su cuarto sin golpear. Blitz ocultó la piedra en su bolsillo y alzó la mirada con nervios al ver a su hermana entrar a la habitación.

—Barbie...

—Oh, lo siento, no quise interrumpir. Sé que te duele que papá... —ella quiso tocar el tema de una forma sensible, ya que esos álbumes tenían fotos de su progenitor—. Es decir, él nunca fue el mejor padre, pero mamá lo quería a su manera. Era cruel, pero seguía siendo papá.

Bueno, Blitz no tenía ni el más mínimo aprecio por su padre. Pero quizá el de ese mundo, si lo tenía. Barbie se sentó a su lado y observó el exterior de la ventana, contemplando como los trabajadores imps estaban armando los últimos arreglos para la fiesta de esa noche.

—En parte, hacemos esta celebración cada año para recordar que pudimos salir adelante y progresar, tener una mejor vida en esta comunidad. El circo no lo era todo, nunca lo fue. No olvides eso.

Estaba de acuerdo en eso. Era como si desde que dejaron el circo, fuera o no por el accidente, sus vidas hubieran mejorado.

—¿Dónde está Fizz? ¿Volverá en la noche? —preguntó Blitz con una sonrisa nostálgica—. Escuché que todos trabajaban y...

No obstante, cuando Barbie cambió de semblante y mostró incomodidad y cierto tipo de ansiedad, miró a Blitz con temor, mordiendo sus labios.

—... Oh... No es necesario hablar de esto, ¿Si? No hoy.

Esa respuesta... Blitz sintió un nudo en su estómago retorcerse de manera dolorosa y cruel. De forma inmediata pensó lo peor, pero debía estar siendo un maldito paranoico, ¿verdad?

—¿Dónde están sus fotos? —recordó ver solo unas dos o tres, pero solo de cuando eran niños—¿Por qué hay fotos de todos nosotros y no de él?

—Blitzo —su hermana lo detuvo en seco con un rostro carente de emociones—. De verdad no hablemos de esto, sé que es doloroso.

—... ¿Doloroso?

Su hermano cerró la boca con sus ojos bien abiertos. Y todos sus miedos y sus pesadillas más horrorosas, se confirmaron.

---

"¿A quién mierda le importa papá?..."

Allí, en el inodoro del cuarto de baño de su habitación, Blitz estaba vomitando nuevamente y retorciéndose de agonía, pero esta vez era por la ansiedad y el ataque de pánico que lo estaba haciendo perder el control.

"¿En este mundo, del cual no tengo ni una puta certeza de poder salir... Fizzarolli... por mi culpa, él...?

Cuando dejó de vomitar, comenzó a toser mientras lloraba desconsolado. Sus lágrimas le nublaron los ojos y la razón, sollozó y gruño ante ese dolor, como si le estuvieran clavando un cuchillo en la garganta y no pudiese respirar de la angustia.

"Si Fizz ni siquiera... Si por mi culpa..."

Se cubrió el rostro entre sus manos y sollozó con más fuerza. Si Fizzarolli murió, no había manera en que pudiera lidiar con eso. Y si no podía regresar, esa sería su realidad por siempre.

"Prefiero que esté vivo y que me odie una puta eternidad antes que vivir con el peso de que él... De que él..."

Sacó el cristal Asmodeano de su bolsillo y comenzó a golpearlo contra el piso, sin darse cuenta de que solo la estaba resquebrajando aún más ante cada golpe cubierto de desesperación.

"Tengo que volver... Tengo que..."

—¡Blitzo! ¡CARAJO! ¿Qué te pasa?! —gritó Barbie en pánico al ver como Blitz parecía estar llorando como si estuviera a punto de morir. Abrió la puerta y lo jaló desde atrás agarrando su muñeca.

Lo apartó del baño, lo arrastró fuera del cuarto y lo obligó a sentarse sobre su cama. Colocó sus manos sobre sus hombros con el ceño fruncido y quiso entender que demonios le estaba pasando a su hermano.

—Necesito... ver... a Fizz... —articuló Blitz de una forma rota y desamparada, sin pensar en lo que estaba diciendo.

—¿Están peleados o algo? Oh, ahora entiendo porque estás siendo una perra dramática —le dijo Barb sin nada de tacto—. Siempre te pones todo estúpido y desequilibrado cuando discuten, como si tu mundo se fuera a acabar. Todo para que al final terminen juntos otra vez. Vaya idiotas.

Blitz no comprendía lo que le estaba diciendo. Levantó sus ojos llorosos y tristes hacia ella, quien se compadeció del sufrimiento de su hermano, suspiró y se cruzó de brazos al ponerse de pie.

—Lo lamento por Fizzarolli y por arruinar su regalo —terminó confesando—. Llega a la medianoche, ya sabes, a la hora del comienzo de la fiesta. Él quería darte una sorpresa, pero si te va a dar un ataque de pánico por no saber dónde está o si estuvo haciendo travesuras en algún otro anillo, es mejor decírtelo.

—... ¿Está vivo entonces? —cuestionó su hermano aún en shock.

—Pff, tal vez demasiado para tu gusto —ella sonrió de lado—. Sus fans no dejan de coquetearle cuando viaja con su equipo. Bueno, el entretenimiento y esa vida de mierda que eligió es lo suyo después de todo.

Mierda, el alma de Blitz volvió a su cuerpo. Se tranquilizó, fue una oleada de alivio que le azotó la cabeza como si hubiera tragado un frasco de calmantes.

—En fin, no le digas que te avisé. Vayamos a preparar la cantina —le dijo Barbie con una gran sonrisa—. Conseguí unos barriles de cerveza de muy buena calidad y el pueblo lo amará.

Ella era su hermana y odiaba verlo triste, preocupado o ansioso. No pudo evitar sentir ternura ante el Blitz que en ese instante parecía haber vuelto a tener la tranquilidad de siempre.

—¿Sabes? A Fizz no le gusta mucho mostrar sus cicatrices y por eso nunca deja fotos de él en ninguna parte. Pero... —la chica se arrodilló ante Blitz, sacó su billetera de su bolsillo y le mostró la foto que siempre traía con ella—. Si te tranquiliza, aquí hay una de cuando eramos adolescentes. Antes del desastre del circo.

Blitz enfocó su mirada con curiosidad. Si, ese era el Fizzarolli joven que recordaba. El que era jovial, enérgico y no poseía ni una sola herida en su cuerpo. Barbie mencionó que ahora llevaba cicatrices... ¿Habría perdido sus cuernos? ¿Habría perdido sus brazos? Esa noche... Lo volvería a ver, al menos aquella versión que aún no descubría de él.

"Al parecer... Nunca dejé de amar a Fizzarolli en este mundo."

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La celebración en mitad del pueblo de la comunidad de imps se llevó a cabo. Entre la música, los bailes y la comida que se repartía entre niños y adultos, todo parecía ser especialmente atractivo y bello aquel día. El cielo rojo era más oscuro que de costumbre y las estrellas doradas se veían brillantes e incandescentes.

Desde el centro del bar de la familia, Barbie estaba sirviendo jarrones de cerveza y abriendo algunas botellas de bebidas para entregar a los pueblerinos. Tilla estaba a su lado, limpiando la mesada del bar al aire libre y sirviendo aperitivos ocasionalmente. Ambas mujeres se miraron entre si, luego observaron a Blitz luchando con su celular y sentado desde el lado de afuera de la cantina. Al parecer, intentó desbloquear un millón de veces la clave de su aparato, pero no tenía idea de que clase de contraseña colocaría el "yo" de ese mundo alterno.

Tilla le encargó a Barbie que entregara unas bandejas con botellas y copas y cuando su hija se alejó, su madre rodeó el bar y tomó asiento al lado de su hijo, quien seguía luchando con su celular.

—No te sobrepases, siempre terminas haciendo alguna tontería absurda, hijo —advirtió de forma precavida—. Todos los años empiezas a beber hasta no poder más en esta fecha. Sé que eres un adulto y que nunca quieres escucharme, pero... Solo me gustaría que esta vez sea diferente.

Blitz dejó su celular, se petrificó. Volteó lentamente hacia el rostro preocupado de su mamá y, por unos segundos, se angustió al comprender que su otra versión era un idiota que no le hacía caso, probablemente porque se creía cool o inteligente. Y porque no tenía idea de lo valioso que era tener a Tilla como madre durante sus años más importantes. Blitz se levantó para llegar a ella y lanzarse en un efusivo abrazo hacia su madre, un abrazo lleno de sentimiento, de lo que siempre quiso tener de forma consciente, como si esa fuera su despedida real.

—Me cuidaré. Gracias, mamá.

"Si tan solo pudiera llevarme este pedazo de paraíso."

Tilla sonrió encantada y acarició la cabeza de su hijo. Luego, al separarse, tomó el celular de Blitz y colocó la clave de unos cuantos dígitos para desbloquearlo. Se lo entregó en las manos y sonrió con algo de gracia al ver como Blitz quedaba asombrado al ver como podía abrir el contenido del celular de esa manera.

—Una madre lo sabe todo. Tienes que tener cuidado de no olvidarla. Suele pasar —dicho esto, la mujer volvió a su puesto en la cantina. Estaba acostumbrada a que Blitz olvidara sus claves porque si no tuviera la cabeza pegada al cuerpo, ya la hubiera perdido.

Blitz casi gritó de la felicidad. Podía tener acceso a todo lo que había hecho sin que el imbécil de su padre le hubiera arruinado la vida. Y cuando entró al navegador de internet, su sonrisa se borró al ver el enorme cartel de la noticia del momento.

Un príncipe Goetia de nombre Stolas estaba en plenos trámites de divorcio. Una infidelidad, un escándalo, una salida de closet. Las fotos de los paparazzi eran borrosas, sin embargo, se veía la forma en la que Stolas salía de la puerta trasera de su mansión, tapado bajo el abrigo y el cuidado de otro hombre, un pájaro de su misma altura, pelirrojo y con un rostro encantador que quería tapar las lentes de las cámaras.

"En este mundo, Stolas ha conseguido a un hombre. Ese divorcio estaba destinado desde un principio."

Era mucha información que asimilar otra vez. Suspiró pesadamente y dejó el celular en la mesa del bar. Estiró su cuello hacia atrás y supo que necesitaba un trago. Cerró los ojos y sintió la brisa de la noche, fría y reconfortante.

"Todo esto no es más que un sueño. Cuando el cristal se repare, me iré pronto."

Por lo poco que pudo ver, los fragmentos se estaban uniendo por si mismos. Tal vez en un día podría salir de allí. No era su lugar, tenía que cuidar de Loona y de sus amigos, de su empresa y de Stolas.

La música lenta se empezó a escuchar, retumbando entre la multitud y haciendo que los jóvenes de su edad corrieran al centro a bailar con sus parejas o amigos.

Una silueta se asomó desde la lejanía, un cuerpo grácil, unos movimientos suaves y unos ojos brillantes y verdosos que dejarían encantado a cualquier ser en el infierno. Sus botas marcaron el paso, sus grandes cuernos intactos, sus piernas firmes de carne y hueso, al igual que sus brazos.

Blitz bajó su mirada y cuando lo vio... Su mundo se hizo trizas. Su corazón se detuvo, y dejó de respirar, sus ojos no podían creer lo que estaban viendo y tampoco su corazón.

Fizzarolli, llevando unos jeans rotos, cortos y ajustados y luciendo el color blanquecino de sus piernas con algunas manchas rojas, se acercaba al centro de la pista.

Con un top de color negro sin mangas, mostrando su precioso vientre, sus brazos de piel blanca que tenían un par de manchones rojos de lo que fue su piel natural, luciendo sus enormes y hermosos cuernos intactos. Fizz cubría con una pañoleta dorada parte de su frente y la unión de sus cuernos, solo para tapar las cicatrices cerca de sus cuernos y su rostro. Pero aún así, su pequeña nariz roja se notaba a la vista al igual que el resto de su piel blanca.

Ese accidente, esa maldición, no le arrebató los brazos, las piernas o los cuernos, solo quemó su cuerpo.

Blitz no podía salir de su asombro. Se levantó, corrió hacia él, y se encontraron en el medio de la pista, rodeados de la multitud de jóvenes que estaban bebiendo y bailando en la oscuridad de esa noche estrellada.

Se veía irreal... Ese mundo, era irreal.

Fizzarolli, de forma un poco coqueta, entrecerró sus ojos y lo miró de arriba a abajo. Se rio con suavidad, incluso su risa no era tan rasposa como la había conocido antes. Su maquillaje verdoso sobre sus ojos y repleto de glitter era sublime, lo hacía ver como una auténtica estrella.

—Llegué a tiempo, Blitzo, ¿pensaste que me perdería la celebración del pueblo? —Fizz sonrió y alzó sus brazos— ¡Ni de puta broma!

Blitz no podía sacarse una idea de la cabeza. Todo el dolor que le causó, todo lo que tuvo que sufrir, todas las mierdas con Mammon y con su papá luego del accidente... Todo eso nunca existió en ese mundo, en aquella realidad en la que podía ser feliz. Sus dolorosas cicatrices cubrían casi todo su cuerpo, pero no era nada a comparación de lo que sería vivir sin sus extremidades. Y además...

Además, Fizzarolli se había convertido en el imp más hermoso que había visto en toda su vida.

—Hey, sé que fue una sorpresa —le habló Fizz, tratando de hacer que saliera de su trance—. Pero no estás viendo a un fantasma, soy solo yo.

Arqueó una ceja y trató de alinear su maquillaje con su pulgar, con algo de molestia ya que quizá esa era la razón por la que Blitz lo veía como si estuviera viendo un muerto. De repente, una nueva canción comenzó a sonar desde los parlantes gigantes de la fiesta. Fizzarolli sonrió con mucho entusiasmo, le tomó las manos a Blitz y lo arrastró junto a él para llegar más cerca de la música.

—Baila junto a mi, es mi canción favorita —su sonrisa lo iluminó todo—. Y esta noche es nuestra, mi amor.

Blitz apretó fuerte sus manos, porque no recordaba la última vez que sintió su calor. La calidez y la suavidad de las manos de Fizz, tan pequeñas y hermosas, sus dedos finos y oscuros, sus palmas que encajaban perfectamente con las suyas.

Decidió dejarse llevar. Sonrió con la misma alegría que Fizz y ambos comenzaron a bailar en medio de la pista al aire libre, rodeados de otros imps de su comunidad, iluminados por las luces de los faroles, las estrellas y la luna. Voltearon y cada vez que sus ojos se encontraban, podían percibir que había amor. Los ojos de Fizzarolli se llenaban de brillo, su sonrisa se volvía dulce y tranquila, y cada movimiento que rodeaba a Blitz era solo con la intención de llegar a él.

"Estamos juntos."

Fizzarolli, luego del prolongado tiempo del baile, posó su mejilla sobre el pecho de Blitz y colocó sus manos sobre este. El contrario le rodeó la cintura con sus manos y lo apegó a su cuerpo. Blitz notó con nostalgia que, sin las prótesis, Fizz media unos cinco centímetros menos que él y que su cuerpo se acoplaba perfectamente entre sus brazos.

—Sabes... Tuve un sueño muy doloroso —empezó a relatarle Blitz con una voz apagada y triste. El contrario cerró sus ojos contra su pecho, aún descansando y estando atento para oírlo.

—Te perdía en ese sueño. Dejabas de amarme, nos alejabamos —mencionó con un nudo en la garganta—. Y... Luego del incendio, me dejaba invadir por la culpa y por el odio hacia mí mismo por lo que había causado. En ese sueño, me rendí con nuestra comunidad, con nuestra gente —Blitz llevó su mano a la mejilla de Fizz y la acarició con sus nudillos con demasiada angustia atravesando su corazón—. Me rendí contigo.

Fizzarolli levantó su rostro hacia Blitz y sus miradas se chocaron. Le negó y sonrió con tristeza, porque quería calmar el dolor de Blitz.

—Fue solo un sueño muy estúpido. Tú jamás te rendirías conmigo, porque sé que me amas —pronunció con gentileza—. ¿No es así, Blitzo?

Blitz apretó más fuerte el cuerpo de Fizzarolli, como si jamás quisiera dejarlo ir. Y entonces, quiso largarse a llorar.

—Es verdad —sonrió con amargura, comenzando a sentir como su alma se quebraba y caía a pedazos—. Te amo, Fizz.

Fizzarolli alzó sus cálidas manos, sujetó el rostro de Blitz y llegó a sus labios, ambos cerraron sus ojos y se besaron. La sensación más hermosa, el ser correspondido tan tarde, todo eso dolía como nunca antes. El dulce beso de Fizz, gentil y paciente y sin un rastro de lujuria.

Al separarse, Fizzarolli estaba sonriendo verdaderamente alegre. Pero... Su sonrisa se borró cuando vio como las lágrimas de Blitz caían sin parar por sus mejillas.

—¿Por qué lloras? —se asustó— Blit-

Sin embargo, Blitz fue el que tomó la iniciativa esa vez. Sujetó las mejillas de Fizzarolli con todo el cuidado del mundo, con sus grandes manos, y lo acercó para regalarle el beso que merecía. Con todo el amor y la pasión que siempre quiso otorgarle, con firmeza y seguridad, transmitiendo todo ese amor que alguna vez sintió por él en un mundo que era diferente a ese.

Se acomodaron, el más alto volvió a rodear sus caderas y a encajar sus dedos en su frágil cintura, Fizz jadeó acalorado y pasó sus brazos por encima de los hombros de Blitz para sostenerse con fuerza. Esa era su forma de amar.

---

Lo recostó en la cama, lo besó rápido y sus lenguas se entrelazaron sin parar. Apreció cada zona del cuerpo desnudo de Fizzarolli, deslizó la palma de su mano por cada centímetro de piel, sus piernas, sus muslos, su vientre. Todo hasta aprisionar su mano contra las sábanas blancas y entrelazar sus dedos con fuerza. Fizz tenía sus ojos llenos de lágrimas, observando excitado y caliente a un Blitz que estaba por arriba de su cuerpo y que se lo estaba comiendo con la mirada.

—¿Podemos hacer... como si fuera nuestra primera vez?

Suplicó el contrario mientras besaba el vientre de Fizzarolli y masajeaba sus muslos internos. Fizz no lo comprendía, se mordió los labios y estiró su cuello hacia atrás mientras gemía de placer al sentir como Blitz lo lamía con tanta experiencia. El imp subió, solo para atrapar a Fizz entre sus brazos y besarlo, se abrazaron con fuerza y comenzaron a moverse. Blitz solo sentía lo cálido que era su interior, quería grabarse esos gemidos y ese calor en su memoria por el resto de su vida.

Esos labios rojos, irritados y suaves... Su mirada sumisa, el sudor recorriendo su espalda, sus mejillas ardiendo y su forma de retorcerse ante cada orgasmo. Ese era el Fizz con el que tanto soñó por tantos años.

Blitz sabía que había llegado a ese lugar por alguna clase de anomalía de la piedra Asmodeana, no quiso creer que el destino le estaba regalando lo que le debía luego de todo lo que tuvo que atravesar.

—Pudo haber salido mal.

Luego de hacer el amor, Blitz se mantuvo abrazado a Fizzarolli desde atrás. Acariciaba sus hombros, la extensión de sus brazos, pasaba por su vientre plano y por su pecho. Le regalaba todo el cariño que siempre quiso darle como hombre. Apoyó su mentón sobre el hombro de Fizzarolli y entrecerró sus ojos de forma pensativa.

—¿A qué... te refieres? —preguntó Fizz en voz baja, tomando una de las manos de Blitz y llevándola a sus labios para besar sus nudillos.

—Si te encontrabas cerca de explosivos... Tus cuernos podrían haberse roto —Blitz deseaba que eso hubiera sido una pesadilla, pero fue lo que pasó realmente—. Y hasta en el peor de los casos, podrías haber perdido alguna extremidad.

El contrario esbozó una sonrisa irónica. Blitz estaba más nostálgico que de costumbre.

—Probablemente si algo así me hubiese pasado, hubiera muerto con facilidad. Mi cuerpo nunca fue tan fuerte, después de todo —se rio ya que pensar en esas posibilidades no tenía sentido a esas alturas.

Blitz lo abrazó con más intensidad desde atrás, como si quisiera protegerlo. Pero, por desgracia, no había mucho más tiempo para él, para ellos. Lo único que lo reconfortaba era que su versión de ese lugar, amaba y cuidaba a Fizzarolli de la forma en la que él hubiera querido hacerlo.

Pasaron horas completas.

Fizz se había dejando atrapar por el sueño y no pudo evitar quedarse dormido. No obstante, una sacudida en la habitación y un brillo cegador lo hizo abrir los ojos abruptamente. Se levantó de la cama y vio el cuerpo de Blitz desplomado en el suelo a metros de la ventana del cuarto.

—¿Blitzo?!

Fizzarolli se asustó al verlo, corrió y se arrodilló ante su cuerpo para tomarlo entre sus brazos. Y, entonces, cuando levantó su rostro para encontrar la causa del destello dorado...

Una silueta borrosa con la forma de Blitz, que parecía desvanecerse en el interior de un portal de magia, le sonrió por última vez. Saludó con su mano antes de introducirse en el interior de ese portal dimensional y despedirse.

—Gracias por la sorpresa de esta noche, fue la mejor.